Lectio Divina – Jueves XXII de Tiempo Ordinario

“Jesús se sentó y enseñaba a la gente desde la barca”

1.- Oración Introductoria.

Señor, en este evangelio, lo único que me pides es que yo me fíe de Ti, como lo hizo Pedro. Muchas veces nos toca echar las redes al mar y no conseguimos absolutamente nada. Y viene el desánimo, la tristeza, la duda de si estaremos en la verdad. Lo que importa es echar las redes “en el nombre del Señor”. Y fiarnos plenamente de Ti, Jesús.

2.- Lectura reposada del Evangelio.  Lucas 5, 1-11

Estaba Jesús en cierta ocasión a orillas del lago de Genesaret, y de repente se juntó un gentío para oír la palabra de Dios. Vio entonces dos barcas a la orilla del lago; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la separara un poco de tierra. Se sentó y enseñaba a la gente desde la barca. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema hacia dentro del lago y echa las redes para pescar». Simón respondió: «Maestro, estuvimos toda la noche intentando pescar, sin conseguir nada; pero, sólo porque tú lo dices, echaré las redes». Lo hicieron y capturaron una gran cantidad de peces. Como las redes se rompían, hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se postró a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador». Pues tanto Pedro como los que estaban con él quedaron asombrados por la cantidad de peces que habían pescado; e igualmente Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús dijo a Simón: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres». Y después de arrimar las barcas a tierra, dejaron todo y lo siguieron.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Con esta bella imagen de la barca, el Señor nos habla de los elementos necesarios para un auténtico seguimiento de Jesús.

1) Jesús provoca una situación absurda. Él sabe muy bien que la pesca se hace de noche y no de día. Pero, en nombre de Jesús, Pedro echa las redes de día en el mismo sitio en que no había pescado nada de noche. Y las redes se rompían de la gran cantidad de peces.  ¿Qué pretende el Señor? Que nos fiemos de su Palabra.

2.) Humildad. Pedro al ver el milagro y comprobar que Jesús es Dios, tiende a retirarse. No es que quiera irse, sino retirarse en gesto de humildad. No merezco estar con este hombre tan maravilloso.

3) Jesús le quita el miedo. ¡No tengas miedo! El que está con Jesús no tiene miedo a nada ni a nadie.

4) Le da una tarea: ser pescador de hombres. Y esta es la bonita tarea de la vocación cristiana: recuperar al hombre en su integridad. Dejar que los hombres sean plenamente hombres y no poco-hombres; o medio-hombres. Lo mismo al hablar de las mujeres. El evangelio nos humaniza. El que está cerca de Jesús está cerca del hombre ideal, del modelo perfecto de hombre.

Palabra del Papa

“Los mismos demonios confesaban que Jesús era el ‘Hijo de Dios’, pero como los doctores de la Ley y los malos fariseos no tenían la capacidad de asombrarse, estaban cerrados en su autosuficiencia, en su soberbia. Pedro reconoce que Jesús es el Mesías, pero confiesa que es un pecador. Los demonios llegan a decir la verdad sobre él. Mientras que los doctores de la Ley si bien dicen es inteligente, es un rabino capaz, hace milagros, no dicen somos soberbios, somos autosuficientes, somos pecadores. La incapacidad de reconocerse pecadores les aleja de la verdadera confesión de Jesucristo” (Cf Homilía de S.S. Francisco, 3 de septiembre de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito. Durante todo el día pensaré quién es ese Jesús que me ha llamado. ¿Sé valorar lo que llevo entre manos? ¿Caigo en la cuenta de lo maravilloso que es trabajar con Jesús?

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, perdóname. Hasta ahora no he caído en la cuenta de que el estar contigo, el trabajar por el reino, es lo más grande que me ha podido pasar en la vida. Y lo veo lo más normal. Yo hoy también te digo con Pedro: No merezco estar contigo. Eres demasiado para mí. Yo te prometo el estar siempre asombrándome de Ti, fiándome de Ti, y sintiéndome muy orgulloso de la bonita tarea que me has encomendado: la de ser pescador de hombres.

ORACIÓN POR LA PAZ

Señor Jesús, ten piedad de nosotros y concédenos la paz y la unidad, no permitas que nos soltemos de tus manos y danos un corazón capaz de amar como tú nos amas. María Madre nuestra, auxílianos en estas difíciles horas de la tribulación, se nuestra fuerza y consuelo. Cúbrenos con tu manto y que la sangre de tu bendito Hijo nos proteja de todo mal.

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No puedo con mi vida

Son muchas las personas adultas que, en un momento dado, piensan: “No puedo con mi vida”. No se trata de una frase hecha que decimos tras unos días de más o menos trabajo y agobio. Es un sentimiento más profundo y más serio, por la certeza de haber llegado a un punto en el que no se ve futuro. Unas veces se debe a circunstancias externas más o menos repentinas (crisis económica, ruptura de relaciones, enfermedades graves…) que rompen todos los proyectos. Pero otras veces ese sentimiento surge al constatar que, durante muchos años, ha habido una serie de decisiones y actitudes tomadas de forma irreflexiva, que nos han ido metiendo en ese callejón sin salida.

Las personas no tenemos nuestra vida planificada de antemano; debemos ir escogiendo, con libertad, el camino que queremos seguir, y somos responsables de las decisiones que tomemos. Por eso la Palabra de Dios de este domingo nos invita a la reflexión, a pensar las cosas antes de hacerlas, para poder tomar una decisión lo más adecuada posible: ¿Quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Porque la falta de reflexión a la hora de tomar decisiones tiene consecuencias negativas: no terminar el proyecto de vida, la derrota y el fracaso… y sentir que ya “no puedo con mi vida”.

Y es cierto que no podemos tener nuestra vida totalmente planificada y controlada, menos aún en esta época de cambio y de transformaciones aceleradas en todos los ámbitos. Pero el Señor nos acompaña en nuestro proceso de reflexión y discernimiento para que “podamos con nuestra vida”. Él se nos ofrece como el Camino, la Verdad y la Vida (cfr. Jn 14, 6) y nos invita a que tomemos libremente y responsablemente la decisión de seguirle, recordándonos las exigencias de su seguimiento, para que no tomemos la decisión a la ligera y luego sintamos que ya no podemos con nuestra vida: Si alguno viene a mí y no pospone a su padre… e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Posponer no es rechazar ni abandonar, es dejar de hacer algo momentáneamente, con la intención de retomarlo más adelante. ¿Estoy dispuesto a posponer asuntos familiares, laborales, intereses personales… por seguir a Jesús como discípulo suyo? ¿Qué me cuesta más?

Seguramente seremos capaces de posponer muchas cosas para seguir a Jesús, pero no es suficiente:

Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. ¿Estoy dispuesto a cargar con mi cruz cada día? ¿Qué o quién conforma esa cruz? ¿Acepto la “cruz” que supone seguir a Jesús?

Cargar con la propia cruz y con la cruz que conlleva ser discípulos de Jesús ya cuesta mucho más, sería muy humano echarnos atrás, pero nos quedaríamos como la torre del Evangelio: sin terminar.

Pero Jesús lo que quiere es que “podamos con nuestra vida” y podamos “terminarla”. Por eso nos dice: Todo aquel que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. No se trata de vivir en la pobreza, pero quizá parte de ese sentimiento de que “no puedo con mi vida” viene porque he dado a mis “bienes” (en su sentido más amplio) un espacio demasiado amplio, ocupando incluso el lugar de Dios; les he dado excesiva importancia y llega un momento en que “me pesan”. ¿Estoy dispuesto a “renunciar” a todo lo que me estorba e impide seguir a Jesús como discípulo suyo?

¿He experimentado que ya “no puedo con mi vida”? ¿A qué creo que se debe? ¿Hubo decisiones que tomé de forma irreflexiva y tuvieron consecuencias negativas? ¿Quiero “poder con mi vida”? ¿De verdad, en la práctica, muestro con obras y palabras que Jesús es mi Camino, Verdad y Vida? ¿Estoy dispuesto a ser discípulo y apóstol de Jesús y seguirle con libertad? ¿Estoy dispuesto a posponer, cargar o renunciar a todo lo que dificulta ese seguimiento?

Son muchas las personas, cada vez más, cuyos proyectos se han visto truncados, fracasados y sienten que ya “no pueden con su vida”, y debemos acompañarlas y ayudarlas. Para eso, nosotros debemos tomar libre y responsablemente la mejor decisión de nuestra vida: posponer, cargar y renunciar a lo que sea necesario para ser discípulos y apóstoles del Señor, el único Camino, Verdad y Vida, que se hace compañero de camino para que todos “podamos con nuestra vida”.

Comentario – Jueves XXII de Tiempo Ordinario

Lc 5, 1-11

Jesús se encontraba a la orilla del lago de Genezaret. La gente se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios. Escena viva, concreta. Trato de imaginarla. ¿Tengo yo esa misma avidez?

Vio dos barcas junto a la orilla: Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Jesús subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la retirara un poco de tierra.

Cuando Jesús mete el pie dentro, la barca bambolea un poco; pero Simón sabe restablecer el equilibrio como marino experto.

Luego se sentó y desde la barca enseñaba a la gente.

¡Cuánto me hubiera gustado encontrarme en esa playa entre los oyentes!

Cuando acabó de hablar dijo a Simón: «Sácala mar adentro…»

En aguas profundas.

Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos pescado nada; pero ya que Tú lo dices, echaré las redes.

Y Simón sube la vela, o toma sus remos… y se boga, lago adentro con Jesús a bordo.

A menudo, así, Jesús nos pide de hacer cosas sorprendentes, irracionales. Salir de nuevo a pescar ¡cuando nada se ha logrado en toda una noche de esfuerzo! La fe es algo semejante. Confiar en Jesús. No fiarse de los propios razonamientos. Partir mar adentro. Partir hacia los misterios: la Eucaristía… la Trinidad… la Encarnación… la Resurrección… la Iglesia… Ya que lo dices, Señor, te creo; echo las redes.

Obtuvieron tal redada de peces que reventaba la red. Hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que vinieran a echarles una mano… Llenaron las dos barcas que casi se hundían.

Contemplo esas barcas demasiado llenas que amenazan zozobrar.

¿Me ha sucedido alguna vez en mi vida hacer la experiencia de la sobreabundancia que Dios aporta? ¿sentirse colmado?

Orar partiendo de mis éxitos, de mis alegrías.

En los días de aridez espiritual es bueno acordarse de los buenos momentos… como Pedro debió recordarlos más tarde… en medio de los fracasos de su vida apostólica.

Al ver esto Simón Pedro se echó a los pies de Jesús, diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» El espanto le embargó.

En el lenguaje bíblico ese miedo o espanto es señal de que Dios se ha acercado a nosotros.

Nuestras mentes modernas encuentran esto casi excesivo. ¡Y sin embargo es así! No nos hagamos los más listos ante Dios. No se trata de caer en un miedo enfermizo y malsano -Dios es infinitamente bueno pero ¿no nos sería muy conveniente volver a descubrir la santidad y el poder de Dios? -Dios es infinitamente grande-. Y ¿cómo no nos descubriríamos entonces, como Pedro, indignos de permanecer en su presencia?

Señor, soy un pecador, una pecadora, no soy digno de recibirte…

Jesús dijo a Simón: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres.»

¡No temas! Es uno de los refranes de Dios.

Es natural que el hombre tiemble ante Dios; y he aquí que Dios mismo se empeña en tranquilizarnos. ¡Gracias, Señor!

«Serás pescador de hombres»…

Vocación divina. Dios cambia un destino.

Dejándolo todo lo siguieron.

«Todo»…Dejándolo todo. ¿Cuál es mi disponibilidad?

Noel Quesson
Evangelios 1

Jesús nos quiere libres, no esclavos

1. -Entrando en Segovia (*) por la carretera de la Granja se ve –o, al menos se veía hasta hace poco tiempo– a la izquierda del Acueducto, el armazón de un edificio que de haberse construido hubiera quitado la hermosa vista de una buena parte del Acueducto romano. Ese armazón lleva abandonado muchos años. Nadie dirá que es un edificio a medias. Es simplemente un edificio fracasado y sin esperanzas de éxito. No espera más que el día sea echado abajo.

Pues eso es lo que Jesús no quiere de los que le siguen. Quiere seguidores por entero, porque cristianos a medias son como cristianos fracasados sin esperanza de éxito. No se puede servir a Dios y al dinero. Son palabras de Jesús en otra parte.

2. – El hombre con sus grandes ansías de libertad, cuando desorienta su libertad, acaba siendo esclavo del tabú contra el que se rebela. Nos metieron en la cabeza que estábamos reprimidos sexualmente, que necesitábamos libertad sexual y jamás ha existido una sociedad con más complejo sexual que en la que vivimos. Todo se reduce a sexualidad, y no nos dejan otra opción. Tenemos una sociedad esclavizada a la sexualidad –y con perdón de la expresión—él que no se revuelca en el fango, no pertenece a la piara. Se le margina. Esclavos del ídolo de la libertad sexual.

El hombre debería gozar de libertad para el uso de la droga y resulta que hasta naciones enteras están esclavizadas a los narcotraficantes, por no hablar de los que han perdido su libertad individual por el uso de la droga. Esclavos de la libertad de la droga.

La autoridad era una atadura insoportable y se acabó la autoridad en la familia, en el colegio, en el sitio de trabajo, pero todos sometidos a la esclavitud del partido que tenga mayoría absoluta. Esclavos de una y absoluta autoridad.

Por eso cuando uno explota diciendo: “desde ahora voy a hacer lo que me dé la gana”, hay que dudar de si realmente va a hacer lo que realmente quiere su corazón y su conciencia, ¿o ese hacer lo que me da la gana, no será hacer lo que hacen los demás? ¿Dejarse llevar por la corriente, someterse a la voluntad de la sociedad o de los demás?

3. – Jesús nos quiere enteros y libres. Libres del entorno y libres de nosotros mismos, por eso lo de renunciarse a sí mismo: renunciar a lo que tiene. El hombre tiene dos caras. La que mira a sí mismo y la que mira a los demás. Jesús no nos pide renunciar a las dos. Nos pide renunciar a la primera a la que mira a si mismo y a todo aquello que está atado a ese si mismo. Con la otra cara, con la que mira a los demás es con la que realmente seguimos a Cristo.

Jesús nunca se buscó a si mismo, nunca miró por su propio bien. Jesús fue el hombre para los demás y nos quiere a sus seguidores hombres enteramente para los demás.

Jesús nos dice que si en un deseo de ser libres vamos a caer en la esclavitud de algún ídolo, que caigamos en ser esclavos de nuestros hermanos, porque en ese servicio a ellos encontraremos la única y verdadera libertad.

Jesús no perdió su libertad y su señorío poniéndose a los pies de sus discípulos y lavándoselos en la última cena. Aprendamos de Él a ser libres y señores de nosotros mismos, siendo siervos de nuestros hermanos.


(*) Segovia es la capital de la provincia española del mismo nombre y tiene perfectamente conservado un acueducto de tiempo de los romanos, que forma parte del singular paisaje urbano de esa ciudad castellana.

José María Maruri, SJ

Ser discípulo

Podría seguir así,
tirando más o menos como hasta ahora:
manteniendo el equilibrio prudentemente,
justificando mis opciones dignas,
diciendo sí cuando todo es a medias.
Pero también puedo ser… discípulo.

Quiero ser dueño de mi vida,
no renunciar a mi libertad,
gozar de tantas cosas buenas,
entregarme a los míos,
y tener esa serena paz del deber bien cumplido.
Pero también puedo ser… discípulo.

Puedo cargar con mi cruz, quizá con la tuya;
también complicarme la vida
y complicársela a otros con osadía,
hablar de la Buena Noticia
y soñar nuevas utopías.
Pero también puedo ser… discípulo.

Anhelo hacer proyectos,
proyectos vivos y sólidos
para un futuro solidario;
deseo ser eficaz, acertar,
dar en el clavo y ayudar.
Pero también puedo ser… discípulo.

Soy capaz de pararme y deliberar,
escuchar, contrastar y discernir;
a veces, me refugio en lo sensato,
otras, lanzo las campanas al vuelo
y parece que rompo moldes y modelos.
Pero también puedo ser… discípulo.

No siempre acabo lo que emprendo,
otras arriesgo y no acierto
o me detengo haciendo juegos de equilibrio;
me gusta apuntarme a todo
y dejar las puertas abiertas, por si acaso.
Me asusta tu oferta.
Pero también puedo ser… discípulo.

Florentino Ulibarri

Notas sobre el texto, contexto y pretexto

• Siguiendo a Lucas, entre el Evangelio del pasado domingo y este de hoy, continúa con la imagen de los ágapes y las mesas, con la guapa parábola de los invitados al banquete: Lc 14, 15-24. ¡Leámosla!

• Al final del noveno capítulo del Evangelio (9, 51), Jesús inicia un viaje a Jerusalén. Aquí, Lucas, ya nos informa de las exigencias que se presentan a los discípulos más próximos. Ahora nos encontramos en pleno camino del discípulo; un camino en el que Jesús no trata de dar normas de comportamiento (14, 1-14), sino que nos presenta una actitud de humildad para agradar a Dios. En la parábola anterior (14, 15-24) hay una invitación a entrar en el Reino (invitación que resuena en plazas, caminos «hasta que la casa se llene»). La convocatoria para seguir a Jesús es radical y no conoce límites personales. Pero ahora tres exigencias presentan la radicalidad de este seguimiento en dos campos importantes para Lucas: la familia y el dinero.

• La parábola es dich apor Jesús a propósito de la exclamación de uno de los invitados al banquete en el que él también participa: «¡Feliz quien se siente a la mesa en el Reino de Dios!» (Lc 14, 15). Esta exclamación parece una aprobación entusiasta de la que Jesús acababa de decir: «en el Reino de Dios los primeros invitados son los pobres, inválidos, cojos y ciegos» (Lc 14, 13). De todas maneras, Jes´su responde a este comensal entusiasta, no fuera el caso que no lo hubiera entendido adecuadamente.

Comentario al evangelio – Jueves XXII de Tiempo Ordinario

Pedro el del Reino

Simón Pedro era un tonto, en el sentido mundano del que habla hoy Pablo. Habiendo experimentado la extraordinaria pesca resultante del genio de Jesús, un pescador mundano debería haber intuido inmediatamente una gran oportunidad de negocio. ¿No sería estupendo que Jesús se uniera a él y entonces podrían ir a pescar todos los días, Jesús utilizaría su sexto sentido y localizaría dónde estaban los peces, y ¡bum! ¡Tendrían una gran pesca, mucho dinero y se harían ricos juntos! Así que Pedro debería haber invitado a Jesús a tomar una taza de té y pedirle que se uniera a su empresa, con una propuesta de reparto de beneficios. Pero Pedro no hace nada de eso; lo único que puede hacer es ser totalmente consciente de su propia indignidad ante la santidad de Jesús, caer de rodillas y suplicar a Jesús que lo deje, un hombre pecador. Desde el punto de vista del mundo, un tonto. Pero desde el punto de vista del Reino, pertenecía a él. No es de extrañar que Jesús simplemente no lo dejara ir.

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Jueves XXII de Tiempo Ordinario

Hoy es jueves XXII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 5, 1-11):

En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

El texto evangélico nos presenta lo que algunos estudiosos llaman “la primavera de Galilea”. Es decir: los momentos en que Jesús se siente acogido por los galileos. Le consideraban uno de los suyos, galileo, de Nazaret. “La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios”. Según el texto los oyentes entendían que lo que Jesús proclamaba venía de Dios. Nada más elevado se podía decir de él. Jesús, como solía hacer, buscaba después de su contacto con la multitud, momentos de distancia de ella, por eso pide “remar más adentro”. Como si quisiera estar cerca de Pedro, Santiago y Juan, para confiarles algo a ellos solo. Y lo que confía a Pedro es que se incorpore a su proyecto, ser “pescador de hombres”. La respuesta de Pedro, no solo de él, sino también lo de los otros dos, fue “dejarlo todo y seguirle.

No podemos pasar por alto que previo a que Jesús le confiara la misión de ser pescador de hombres, Pedro ha reconocido su condición de pecador, que no resiste la presencia de Jesús. Jesús cuenta con pecadores que lo reconocen, con personas -hombres y mujeres- vulnerables y débiles, también moralmente. Eso sí, siempre que sean conscientes de ello. En la línea de la primera lectura no pueden verse como “sabios”. Y no lo eran.

Esta lectura nos permite reflexionar sobre cómo nos vemos nosotros ante Jesús. Nos sentiremos “pecadores” como Pedro; pero a pesar de nuestras limitaciones dispuestos a asumir lo que Jesús quiere de nosotros. Decía Peguy: “nadie es digno de educar”. Hemos de decir nadie es digno de ser “pescador de hombres”. Pero desde la indignidad, como Pedro, hemos de seguir al Maestro, seguir a Jesús.

Fray Juan José de León Lastra O.P.

Liturgia – Jueves XXII de Tiempo Ordinario

JUEVES DE LA XXII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par.

  • 1Cor 3, 18-23. Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios.
  • Sal 23. Del Señor es la tierra y cuanto la llena.
  • Lc 5, 1-11. Dejándolo todo, lo siguieron.

Antífona de entrada          
Señor, dales el descanso eterno y llena sus almas de tu esplendor.

Monición de entrada
Celebramos la muerte en Cristo de nuestros hermanos. La fe nos asegura que el que cree en Cristo, aunque haya muerto, vivirá. Que el Misterio pascual de Cristo, que nos disponemos a celebrar, aliente en nosotros esta fe y esta esperanza. Y puesto que nuestros hermanos profesaron esta misma fe, les encomendamos a las manos misericordiosas de Dios para que alcancen la gloria y la vida para siempre que esperaron.

Yo confieso…

Oración colecta
MUÉSTRATE propicio, Señor, con tus siervos
a quienes purificaste en la fuente de la regeneración,
y concédeles alcanzar la bienaventuranza de la vida celestial.
Por nuestro Señor Jesucristo. 

Oración de los fieles
Jesús ha venido para curar las enfermedades y las tristezas de los hombres. Sintiéndonos solidarios con los anhelos de nuestro mundo, presentemos al Padre nuestra oración.

1.- Para que entre los hombres crezcan el amor y la solidaridad. Roguemos al Señor.

2.- Para que el Señor libere al mundo de la guerra y del hambre. Roguemos al Señor.

3.- Para que los países ricos dejen su egoísmo y respondan a la llamada de los pobres. Roguemos al Señor.

4.- Para que los que entre nosotros sufren la pobreza, la enfermedad y la soledad reciban la ayuda de los hermanos. Roguemos al Señor.

5.- Para que los enfermos incurables y los que sienten cercana la muerte puedan experimentar la paz del Señor y la compañía de sus familiares y amigos. Roguemos al Señor.

6.- Para que los médicos, enfermeros y todos los que se dedican al cuidado de los enfermos sepan transmitir ánimo y esperanza. Roguemos al Señor.

7.- Para que nuestros hermanos difuntos alcancen la gloria eterna. Roguemos al Señor.

8.- Para que la Iglesia entera y cada uno de nosotros seamos testigos del amor de Dios, de palabra y de obra. Roguemos al Señor.

Acoge, Señor, nuestras esperanzas y anhelos. Que tu Espíritu de amor y fortaleza renueve el corazón de todos los hombres, para que el mundo entero reciba la Buena Noticia que vino a realizar entre nosotros tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
AL ofrecerte, Señor,
este sacrificio por tus siervos,
te suplicamos humildemente que te dignes atender nuestros ruegos,
para que les concedas tu misericordia eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Antífona de comunión          1Jn 4, 9
Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.

Oración después de la comunión
DESPUÉS de recibir los sacramentos del cielo, Señor,
invocamos humildemente tu clemencia, para que,
por este don, tus siervos obtengan el perdón de sus pecados,
entren en tu reino y merezcan alabarte eternamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.