Lectio Divina – Miércoles XXIII de Tiempo Ordinario

“Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”

1.- Oración Introductoria.

Señor, cuando escucho las bienaventuranzas te estoy escuchando a Ti. Tú no eres capaz de hablarnos de algo que no hayas experimentado. Tú quieres que seamos felices por la misma senda que has ido Tú. Sólo desde esta perspectiva puedo entender este camino que, a veces, se me hace tan difícil.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 6, 20-26

          En aquel tiempo Jesús alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas». «Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

La inmensa mayoría de los exegetas están de acuerdo en que las tres primeras bienaventuranzas de Lucas, recogidas también en Mateo, son las originales e incluso se puede afirmar con cierta probabilidad que se remontan al mismo Jesús. Para Lucas, los pobres son las personas que él tiene delante, con sus rostros y sus nombres concretos. Son los que no tienen cubiertas sus necesidades más elementales. Sería un sarcasmo decirles a éstos: ¡Enhorabuena, qué suerte tenéis! Cuando les dice: “Dichosos vosotros” es porque ha llegado para ellos el “Reinado de Dios”.Son dichosos porque Jesús les dice: Dios ya no aguanta más vuestra situación y va a actuar. Vosotros tenéis a Dios por rey, y propio del rey es ayudaros y defenderos. En el evangelio de Lucas hay unas amenazas para los ricos. Más que maldiciones, son avisos para que los ricos cambien de actitud y reaccionen. En la parábola lucana del “rico sin entrañas”, el mendigo Lázaro quería saciarse con las migajas que caían de la mesa del rico (cfr. Lc 16,21); y las migajas eran los trozos de pan con los que habían limpiado el plato. Se trata de una pobreza humillante, que hace añicos la dignidad humana. Y es lo que Jesús no puede tolerar.

Palabra del Papa

“Se rinde un culto idolátrico al dinero. Porque se ha globalizado la indiferencia: a mí ¿qué me importa lo que les pasa a otros mientras yo defienda lo mío? Porque el mundo se ha olvidado de Dios, que es Padre; se ha vuelto huérfano porque dejó a Dios de lado. … Los cristianos tenemos algo muy lindo, una guía de acción, un programa, podríamos decir, revolucionario. Les recomiendo vivamente que lo lean, que lean las bienaventuranzas que están en el capítulo 5 de San Mateo y 6 de San Lucas, y que lean el pasaje de Mateo 25. Se lo dije a los jóvenes en Río de Janeiro, con esas dos cosas tiene el programa de acción”.  (Discurso de S.S. Francisco a los participantes del Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, octubre de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Guardo silencio)

5.-Propósito.

No voy a limitarme a tirarle una moneda a un pobre que está pidiendo en la calle. Después de darle, le pregunto por su situación, hablo un poco con él y lo considero como una persona. Al final, seguro que me sonríe.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias porque hoy acabo de entender un poco lo que pretendías con las bienaventuranzas narradas por San Lucas.   Los pobres son felices porque tienen a Dios como única riqueza de sus vidas. Los pobres son felices porque tienen a un Dios que no soporta más esa situación de miseria e indignidad. Los pobres, Señor, son felices porque siempre pueden contar contigo, siempre te tienen de su parte y siempre pueden contar con aquellos que te siguen y saben compartir fraternalmente los bienes.  Si los pobres son tus preferidos, ¿Por qué me empeño en querer ser rico?

ORACIÓN POR LA PAZ Señor Jesús, ten piedad de nosotros y concédenos la paz y la unidad, no permitas que nos soltemos de tus manos y danos un corazón capaz de amar como tú nos amas. María Madre nuestra, auxílianos en estas difíciles horas de la tribulación, se nuestra fuerza y consuelo. Cúbrenos con tu manto y que la sangre de tu bendito Hijo nos proteja de todo mal.

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Comentario – Miércoles XXIII de Tiempo Ordinario

Lc 6, 20-26

Las bienaventuranzas que hoy vamos a meditar son muy diferentes de las relatadas por san Mateo -ocho bienaventuranzas en san Mateo, cuatro en san Lucas- Mateo insiste en la pobreza «espiritual», actitud interior… Lucas se dirige a pobres «reales», a la clase social de aquellos que son más pobres físicamente que los demás. Y esta insistencia particular de Lucas es aún reforzada por

  • el anuncio de un cambio total de las situaciones…
  • la oposición entre «bienaventuranzas» y «malaventuranzas»…

Ese mensaje, netamente más «social» que el de Mateo, está completamente en la línea de todo el evangelio de Lucas -los primeros convertidos se reclutaron de hecho en las clases sociales menos favorecidas-.

Pero el mensaje más «místico» de Mateo no hay que contraponerlo al de Lucas. El pensamiento de Jesús debió comportar ambos sentidos.

La interpretación de las bienaventuranzas «según san Mateo», invita a todos los hombres, ricos o pobres, al desprendimiento espiritual y a la conversión del corazón… La interpretación de las bienaventuranzas «según san Lucas» invita a todo los hombres, ricos o pobres, a transformar las estructuras de la sociedad para que haya menos gente desfavorecida…

Dichosos, vosotros los pobres, Dichosos los que ahora pasáis hambre, Dichosos los que ahora lloráis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres y os expulsen y os insulten y os desprecien.

Sé trata pues de situaciones reales: «Vosotros, los pobres… Vosotros los que lloráis… Vosotros, los que tenéis hambre… Vosotros, los que sois despreciados…»

Se trata, en efecto, de circunstancias concretas, históricas: el adverbio «ahora» refuerza esa impresión.

Jesús me invita pues a:

  • en primer lugar, mirar mis propias miserias, mis pobrezas reales, mis hambres reales, mis llantos reales, los desprecios reales que he sufrido.
  • en segundo lugar, mirar a mi alrededor esos mismos sectores de miseria, esos pobres, esos sufrientes, esos hambrientos, esos despreciados.

Dichosos… El reino de Dios es vuestro. Dichosos… Vosotros seréis saciados… Dichosos…porque reiréis. Dichosos… porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Lucas marca netamente una antítesis entre el presente y el futuro:

«Vosotros, que ahora tenéis hambre, seréis saciados… «Vosotros, que ahora lloráis, reiréis…
Pero notemos también que la «felicidad» prometida ya está aquí, es actual.

Dichosos… el reino de Dios es vuestro, desde hoy. Dichosos vuestra recompensa es grande en el cielo.

Alegraos ese día y saltad de gozo…

Sí, ese día, a partir de hoy… aun en medio de la pobreza, de las dificultades cotidianas, de los sufrimientos… Jesús nos invita al gozo.

Un gozo que se expresa incluso exteriormente: «¡saltad de gozo!» Un día, durante la misa, vi a toda la asamblea que, habiendo captado bien ese pasaje de la Escritura, se puso a marcar el ritmo de su «Aleluya» con sus aplausos. «Alegraos y saltad de gozo», decía Jesús a los pobres.

Pero, ¡ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros los que ahora estáis saciados, porque vais a pasar hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque tendréis aflicción y llanto! ¡ Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Porque de ese modo trataron sus padres a los «falsos profetas».

Cuatro maldiciones que corresponden exactamente a las bendiciones precedentes. Aquellos que el mundo estima… Jesús desinfla su, por así decir, felicidad. La tierra no es el todo del hombre. El «tiempo» no es el todo… ¡Hay la eternidad!

Noel Quesson
Evangelios 1

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Parábola de la oveja perdida – Lucas 15, 1-32

En aquel tiempo se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: – Ese acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: – Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja a las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: – ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las vecinas para decirles: – ¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

Explicación

A Jesús le acusaron mucho sus paisanos de ser muy blando y acogedor con las personas pecadoras y de mala fama. Y él explicaba su comportamiento, poniendo ejemplos para hacerse entender. A un pastor se le perdió una oveja. Y cuando al final del día se dió cuenta, dejó todo el rebaño recogido y se marchó a buscarla. Y cuando la encontró se llenó de alegría, la puso sobre sus hombros y la devolvió al rebaño. La misma alegría hay en el cielo por alguna persona que estando perdida ha sido encontrada. Jesús dice que él ha venido para encontrar lo perdido.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

Narrador: Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:

Hijo menor: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.

Narrador: El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente

Niño 1: No entiendo la actitud de ese hijo. Se ha comportado como un mal hijo.

Narrador: Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Niño 2: Le está bien empleado por malgastar las cosas a destiempo.

Narrador: Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo:
Hijo menor: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.

Niño 1: Parece mentira… Como dice el refrán: “sólo no acordamos de santa Bárbara cuando truena”.

Narrador: Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

Hijo menor: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.

Padre: Sacad en seguida el mejor traje y vestido; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.

Narrador: Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

Mozo: Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.

Narrador: Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él enfadado le dijo a su padre:

Hijo mayor: Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.

Padre: Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXIII de Tiempo Ordinario

¿Pollo o huevo?

Cuando se trata de los Mandamientos y las Bienaventuranzas, algunos cristianos tienen la misma dificultad que nosotros para decidir si el huevo o la gallina son lo primero. He aquí algunas ideas para ayudarnos a decidir. Los Diez Mandamientos tienen que ver con el «hacer», pero las Bienaventuranzas tienen que ver principalmente con el «ser». Nuestro ser es lo primero; el hacer fluye de nuestro ser. En otras palabras, lo que hacemos está determinado por lo que somos. Muchos cristianos parecen cansados, aburridos y faltos de alegría, precisamente porque basan su fe en ese laborioso hacer y deshacer sin haber descubierto el amor que lo hace posible. Es difícil seguir haciendo cosas cuando no fluyen de nuestro ser. Parafraseando una idea del teólogo James Alison, la fe cristiana no consiste en hacer el bien, ni siquiera en ser bueno; ¡se trata de ser amado! Una vez que nos damos cuenta de que somos amados «pase lo que pase», nuestro ser se vuelve noble (Bienaventuranzas) y las acciones correctas simplemente fluyen de nosotros (Mandamientos).

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Miércoles XXIII de Tiempo Ordinario

Hoy es miércoles XXIII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 6, 20-26):

En aquel tiempo, Jesús alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas.

»Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas».

Hoy, Jesús llama repetidas veces «bienaventurados» a sus discípulos. Las «Bienaventuranzas» son palabras de promesa, que sirven al mismo tiempo como orientación moral. Cada «bienaventuranza» describe, por así decirlo, la situación fáctica de los discípulos de Cristo: son pobres, están hambrientos, lloran, son odiados, perseguidos… Son como «calificaciones» prácticas, pero también indicaciones teológico-morales.

A pesar de la situación de amenaza en que Jesús ve a los suyos, ésta se convierte en promesa cuando se la mira con la luz que viene del Padre. Para el discípulo, las «Bienaventuranzas» son una paradoja: se invierten los criterios del mundo apenas se ven las cosas desde la escala de valores de Dios. Las «Bienaventuranzas» son promesas en las que resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que Jesús inaugura, y en las que «se invierten los valores». 

—Cuando «miro» a través de ti, Señor, entonces vivo con nuevos criterios, empiezo a «tocar» algo de lo que está por venir (el Cielo) y entra la alegría en la tribulación.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Miércoles XXIII de Tiempo Ordinario

MIÉRCOLES DE LA XXIII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común

Leccionario: Vol. III-par.

  • 1Cor 7, 25-31. ¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿Estás libre de mujer? No busques mujer.
  • Sal 44. Escucha, hija, mira: inclina el oído.
  • Lc 6, 20-26. Bienaventurados los pobres. Ay de vosotros, los ricos.

Antífona de entrada          Cf. Mt 9, 38
Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies, dijo Jesús a sus discípulos.

Monición de entrada y acto penitencial
Los ministerios permanentes en la Iglesia son carismas del Espíritu Santo, dones de Dios. Por eso, el mismo Cristo nos exhorta a intensificar nuestra oración, para que Dios haga que no falten nunca en la Iglesia los ministros necesarios.

Yo confieso…

Oración colecta
OH, Dios,
que quisiste dar pastores a tu pueblo,
derrama sobre tu Iglesia el espíritu de piedad y fortaleza,
que suscite dignos ministros de tu altar
y los haga testigos valientes y humildes de tu Evangelio.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Guiados por la palabra de Jesús y conociendo las necesidades de nuestra Iglesia, presentemos a Dios nuestras súplicas.

1.- Para que el papa, los obispos y toda la Iglesia cuiden y ayuden a las vocaciones sacerdotales para el bien de los hombres. Roguemos al Señor.

2.- Para que tu santo nombre sea anunciado en todo tiempo y lugar. Roguemos al Señor.

3.- Para que tu gracia salvadora llegue a todos por la eucaristía y los demás sacramentos. Roguemos al Señor.

4.- Para que tus hijos dispersos sean congregados en la unidad. Roguemos al Señor.

5.- Para que el testimonio de los sacerdotes ayude a que broten nuevas vocaciones al sacerdocio, y los jóvenes se sientan interrogados por el sacerdocio. Roguemos al Señor.

6.- Para que las divisiones entre los pueblos y naciones sean derribadas por la fraternidad y el amor entre todos. Roguemos al Señor.

7.- Para que los enfermos y los que están tirados por los caminos de la vida experimenten junto a sí la presencia de Cristo, buen Samaritano. Roguemos al Señor.

8.- Para que los que estamos celebrando esta eucaristía podamos seguir alimentándonos en la mesa del Pan y de la Palabra. Roguemos al Señor.

Padre bueno, que quieres la salvación de todos los hombres: da valentía a las familias cristianas para que sean evangelios vivientes y se muestren generosas ante la vocación de sus hijos al sacerdocio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor,
las oraciones y ofrendas de tu pueblo
y haz que los dispensadores de tus misterios sean
cada vez más numerosos y perseveren siempre en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. 1Jn 3, 16
En esto hemos conocido el amor de Dios: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestras vidas por los hermanos.

Oración después de la comunión
SEÑOR, alimentados con el pan de la mesa celestial
te pedimos que, por este sacramento de amor,
germinen las semillas que esparces generosamente en el campo de tu Iglesia,
de manera que sean cada vez más numerosos
los que elijan el camino de servirte en los hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.