Vísperas – Lunes XXIV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

LUNES XXIV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Y dijo el Señor Dios en el principio:
«¡Que sea la luz!» Y fue la luz primera.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: «¡Que exista el firmamento!»
Y el cielo abrió su bóveda perfecta.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: «¡Que existan los océanos,
y emerjan los cimientos de la tierra!»

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: «¡Qué brote hierba verde,
y el campo dé semillas y cosechas!»

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: «¡Que el cielo ilumine,
y nazca el sol, la luna y las estrellas.»

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: «¡Que bulla el mar de peces;
de pájaros, el aire del planeta!»

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y dijo Dios: «¡Hagamos hoy al hombre,
a semejanza nuestra, a imagen nuestra!»

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

Y descansó el Señor el día séptimo.
y el hombre continúa su tarea.

Y vio el Señor
que las cosas eran buenas.
¡Aleluya!

SALMO 135: HIMNO PASCUAL

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.

Él afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

SALMO 135

Ant. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Él hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.

Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel su siervo:
porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación, se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Cuando llegó el momento culminante, Dios recapituló todas las cosas en Cristo.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cuando llegó el momento culminante, Dios recapituló todas las cosas en Cristo.

LECTURA: 1Ts 3, 12-13

Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.

RESPONSORIO BREVE

R/ Suba mi oración hasta ti, Señor.
V/ Suba mi oración hasta ti, Señor.

R/ Como incienso en tu presencia.
V/ Hasta ti, Señor

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Suba mi oración hasta ti, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclame siempre mi alma tu grandeza, oh Dios mío.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclame siempre mi alma tu grandeza, oh Dios mío.

PRECES

Llenos de confianza en Jesús, que no abandona nunca a los que se acogen a él, invoquémoslo, diciendo:

Escúchanos, Dios nuestro.

Señor Jesucristo, tú que eres nuestra luz, ilumina a tu Iglesia,
— para que predique a los paganos el gran misterio que veneramos, manifestado en la carne.

Guarda a los sacerdotes y ministros de la Iglesia,
— y haz que, después de predicar a los otros, sean hallados fieles, ellos también, en tu servicio.

Tú que, por tu sangre, diste la paz al mundo.
— aparta de nosotros el pecado de discordia y el azote de la guerra.

Ayuda, Señor, a los que uniste con la gracia del matrimonio,
— para que su unión sea efectivamente signo del misterio de la Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede, por tu misericordia, a todos los difuntos el perdón de sus faltas,
— para que sean contados entre tus santos.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:
Padre nuestro…

ORACION

Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque atardece; sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra débil esperanza; así, nosotros, junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la fracción del pan. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

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Lectio Divina – Lunes XXIV de Tiempo Ordinario

EL SIERVO DEL CENTURIÓN

1.- Oración Introductoria.

Señor, quiero comenzar este momento de oración contigo, con las mismas palabras del Centurión: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa”. Esta oración de este pagano me saca los colores y me avergüenza. Toda la vida me la paso con derechos: derecho a estar contigo, derecho a que me escuches, derecho a que me cures y, por supuesto, derecho a que me des el cielo porque ¡Me lo he ganado! Quítame, Señor, todos mis derechos menos uno: el derecho a ser humilde, el derecho a ser indigente, el derecho a confiar sólo en Ti. 

2.- Lectura sosegada del evangelio. Lucas 7, 1-10

         En aquel tiempo, cuando hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm. Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo. Estos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga. Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: Vete, y va; y a otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace. Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande. Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

El evangelista Lucas, impresionado por la bondad y dulzura de Jesús, nos ofrece unos detalles hermosos a la hora de evangelizar a los alejados. Nos habla de un Dios universal, bueno para todos. Y nos dice que puede haber mucha fe en aquellos que están al margen de la Institución. Por eso, ante cualquier persona, debemos pensar que hay en ella una tierra sagrada que debo respetar. Más aún, ante cualquier persona honrada que busca a Dios, yo debo aparecer como “discípulo” y nunca “como maestro”. Esa persona, aunque no sea de los nuestros, puede poseer el Espíritu de Jesús que “sopla como quiere y donde quiere”. Es viento fuerte que se lleva por delante nuestros viejos esquemas de intolerancia. Todavía me llama la atención la palabra de aquellos emisarios: “ama a nuestro pueblo”. Lo que decide todo es el amor. Una religión que no genera amor no puede ser verdadera.  La única señal que ha dejado Jesús para saber si somos suyos es el amor. “En esto conocerán que sois discípulos míos, si os amáis los unos a los otros” (Jn. 13,35). Todavía hay un bonito detalle: “Él mismo nos ha edificado la sinagoga”. Cuando se trata de evangelizar a los que están lejos, hay que comenzar apoyando y valorando todo lo que hay de positivo en esa persona. A partir de ahí podemos caminar juntos buscando la verdad. “Un siervo a punto de morir” significa nuestra precariedad, nuestra fragilidad. Somos tan vulnerables que siempre estamos “a punto de morir”. Siendo ésta nuestra condición humana, ¿cómo podemos todavía vivir, trabajar, reír, cantar, dormir? Hay alguien que sostiene nuestra frágil existencia. Es Jesús que siempre viene a ayudarnos, a protegernos, a salvarnos. Sin Jesús, nuestra pobre y menesterosa vida humana se haría insoportable.

Palabra del Papa.

“Esta es una oración que no hacemos siempre, la oración en la que confiamos algo a alguien: ‘Señor te confío esto, llévalo Tú adelante’, es una bella oración cristiana. Es la actitud de la confianza en el poder del Señor, también en la ternura del Señor que es Padre. Asimismo, cuando una persona hace esta oración desde el corazón, siente que es confiada al Señor, se siente segura: Él no decepciona nunca. La tribulación nos hace sufrir, pero el confiarse al Señor da la esperanza y de ahí surge la tercera palabra: paz”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 5 de mayo de 2015, en Santa Marta).

4.- ¿Qué me dice hoy a mí este texto? (Guardo silencio)

5.-Propósito: Hacer un esfuerzo por descubrir lo bueno que se esconde en el corazón de cada persona con la que voy a comunicarme en este día.

 6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al acabar esta oración, quiero agradecerte las luces que me has dado, lo mucho que he aprendido. Quiero ser humilde y no ir a Ti en plan de “exigencia sino de indigencia”. Quiero adoptar la postura del publicano y nunca la del fariseo. Y quiero que esta humildad me lleve a adoptar una postura positiva y de igualdad con relación a cualquier persona, sea de la religión que sea, incluso de aquellas personas que no profesan ninguna religión. Todos están hechos a tu imagen y semejanza.  

Comentario – Lunes XXIV de Tiempo Ordinario

Lc 7, 1-10

Jesús entró en Cafarnaúm. Un centurión del ejército romano tenía un siervo a quien estimaba mucho; éste estaba enfermo a punto de morir.

Este oficial era un pagano… pues al hacer el milagro que le pedía, Jesús hizo notar «que no había encontrado una fe tal ni en Israel».

Hoy, en nuestro mundo en el que están mezcladas tantas razas y religiones nos resulta muy conveniente constatar que Jesús tenía ideas muy amplias y abiertas… en contradicción con la actitud corriente de su tiempo, que era muy particularista.

El centurión había oído hablar de Jesús, y le envió unos notables judíos para rogarle que fuera a curar a su siervo… «Merece que se lo concedas porque quiere a nuestra nación y es él quien nos ha construido la sinagoga».

Ese pagano, también como Jesús, tenía ideas amplias y abiertas: de su propio bolsillo había pagado la construcción de una sinagoga. Quizá era de esos paganos a los que no les satisfacían los mitos groseros del politeísmo. Entre los paganos y los incrédulos que me rodean ¿no los hay que se interrogan y que buscan la verdad?

Jesús se fue con ellos. No estaba ya lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, que yo no soy quién para que entres bajo mi techo. Por eso tampoco me atreví a ir en persona a encontrarte.» Lucas recuerda pues aquí la rigurosa Ley de la época que prohibía formalmente, so pena de mancha ritual, entrar en casa de un pagano. Ese será el reproche que se hará a Pedro, unos años más tarde (Hechos 11, 3). El pagano conoce bien esa barrera que separaba a Judíos y Goim, despreciados. Y Lucas subraya que es ésta precisamente la razón por la que no ha querido hacer él mismo la gestión, para no manchar a Jesús: fina delicadeza.

¿Somos nosotros, como lo fue el centurión, respetuosos con las mentalidades de los demás?

No merezco que entres bajo mi techo.

Hay sin duda en esa fórmula algo más que el tabú racial o religioso: es probable que, aun confusamente, ese hombre haya captado que Jesús estaba en relación con DIOS… y se ha encontrado verdaderamente indigno de encontrarse en presencia de Dios. En todo caso ¡es maravilloso pensar que la Iglesia no ha hallado fórmula mejor para poner en nuestros labios en el momento que nos acercamos a la eucaristía! Repito esa fórmula de humildad, de verdad. Rezo…

Pero con una palabra tuya se curará mi criado.

Habitualmente Jesús hacía un gesto corporal para curar: tocaba, imponía la mano. Ante la Fe de ese pagano, Jesús es llevado a hacer un milagro a distancia por su sola Palabra.

Y el oficial subraya, por su propia experiencia del mando -«digo a mis subalternos: «ve» y «va», que la palabra de Jesús es una palabra potente, que realiza siempre lo que decide.

«Di solamente una palabra» a distancia, ¡lejos de mis ojos! Para nosotros, también HOY, Jesús está lejos de nuestros ojos, y su sola Palabra está presente para salvarnos. ¿Creemos en esta Palabra, que opera nuestra salvación?

Al oír esto Jesús se quedó admirado: No he encontrado tanta fe…

La Fe… ese sexto sentido que nos permite percibir unas realidades nuevas, invisibles a los sentidos corporales. Dichosos ellos, paganos modernos o cristianos, que mantienen su corazón a la escucha de esas realidades misteriosas y que no aceptan estar solamente clavados a la materia… al tiempo… Lo eterno está aquí.

Noel Quesson
Evangelios 1

No podéis servir a Dios y al dinero

En la Mesa de la Palabra de este domingo se nos parte y reparte este pan que nos ayuda a coger fuerzas para ser fieles al Evangelio. Ante tantas situaciones de conflictos como se nos presentan en nuestra vida diaria, tanto a nivel humano, familiar y laboral, el Señor hoy se nos hace presente para avisarnos de cómo hemos de usar los bienes naturales que son realidades buenas salidas de sus manos, pero la codicia humana y el afán de lucro, la falta de escrúpulo de unas personas hacia otras los pueden hacer instrumentos de injusticias.

El Salmo responsorial (Sal. 112) ya nos advierte que el Señor “levanta del polvo al desvalido y alza de la basura al pobre”. Esta sensibilidad hacia el pobre y el necesitado es un tema recurrente en el lenguaje profético del Antiguo Testamento. Lo hemos comprobado en la proclamación de la primera lectura tomada del profeta Amós.

Dios actúa siempre en favor del oprimido, pidiendo cuentas a quienes no actúen de forma solidaria con los hermanos, especialmente si éstos están sufriendo o pasan dificultades.

Las noticias que nos llegan diariamente son las subidas exageradas de los precios en productos de primera necesidad. Vemos cómo los precios cambian y suben de forma exagerada cuando pasan de mano en mano, aumenta la especulación y todos de alguna manera somos víctimas de la inflación. Esto influye en nuestro diario vivir.

Esta situación no es nueva. Vemos cómo Amós, llamado por los entendidos el “Profeta de la justicia social”, ya denuncia en su tiempo con críticas muy duras algo que se sigue dando entre nosotros en nuestro actual modelo económico. ¡Cuántos engaños comerciales!: Balanzas con trampa, mecanismos micro y macro económicos que permiten el enriquecimiento fácil y espectacular… Es verdad que ya no se compra al mísero por un par de sandalias, pero se pueden establecer sistemas de financiación que pueden hundir al que más lo necesita.

El fragmento del Evangelio que hemos proclamado está tomado del capítulo 16 del Evangelio de San Lucas. Es muy revelador que este capítulo viene precedido de las parábolas de la misericordia que alguna hemos leído en domingos anteriores: el hijo pródigo, la oveja perdida, la dracma perdida… No es posible, que el Dios revelado por Jesús de Nazaret “que hace salir el sol sobre buenos y malos” sin distinción, se quede impasible ante el sufrimiento que se produce por el mal uso de la los recursos naturales, fuente de la riqueza.

Jesús en esta parábola, que dirige a sus discípulos, nos habla de “un hombre que tenía un administrador” dando a entender un primer mensaje: ¡Somos administradores! Y tenemos la obligación de administrar con “sagacidad”. Por eso el segundo mensaje que se nos da: «No se puede servir a dos señores… no podéis servir a Dios y al dinero».  Con frecuencia en nuestro manejo del dinero, de los recursos naturales, «nos servimos de Dios y servimos al dinero». Lo correcto sería lo contrario «Servir a Dios sirviéndonos del dinero». El que es hábil (sagaz) para crear riqueza lo ha de realizar para servir al ser humano. No servirse del ser humano para acrecentar sus riquezas. ¿No será esta la causa de tanta injusticia como se da en nuestro mundo actual?

El mensaje de Jesús obliga a un replanteamiento total de la vida. Quien escucha sinceramente el evangelio intuye que se le invita a comprender, de una manera radicalmente nueva, el sentido último de todo y la orientación decisiva de toda su conducta. Se entiende bien el pensamiento de Jesús. Es imposible ser fiel a un Dios que es Padre de todos los hombres y vivir, al mismo tiempo, esclavo del dinero y del propio interés.

Que María, nuestra Madre, que fue la que mejor comprendió el mensaje salvador de su Hijo, nos ayude a servir a Dios sirviéndonos de nuestros recursos para favorecer a los más necesitados.

Celebrar la Eucaristía cada domingo, implica este servicio a Dios. Le estamos sirviendo con nuestra presencia, nuestra escucha, nuestra participación, nuestra adoración…, y, sobre todo, con nuestro compromiso para servir a nuestros hermanos los más necesitados. Así, de verdad, ”serviremos Dios como él quiere y serviremos a los hermanos con nuestros, pequeños o grandes, recursos”.

Fr. Manuel Gutiérrez Bandera

Lc 16, 1-13 (Evangelio Domingo XXV de Tiempo Ordinario)

¡Con el dinero no se juega!: Otra lectura del dicho

El evangelio de hoy es uno de los momentos más sociales de la obra de Lucas, en consonancia con el mensaje del profeta Amós. Corresponde este texto a la primera parte de Lc 16, y quiere mostrar el planteamiento nuevo de cómo los discípulos tienen que comportarse en este mundo, en el que uno de los valores más deseados por todos es la riqueza (lo que es lo más estimable para los hombres). El ejemplo del administrador sagaz, listo, inteligente, que no injusto propiamente hablando, es el punto de partida de toda la enseñanza de los vv. 9-13 (que es lo que se propone propiamente para el evangelio de hoy, en que se puede omitir la lectura de la parábola, aunque es ésta la que debía explicarse en profundidad); aquí se desestabiliza prácticamente la tradición representada por los fariseos, justificada desde hacía tiempo por la tesis de que la riqueza era considerada como una bendición de Dios (Cf Prov 3,16; 8,18; 10,22; 11,16; 21, 17; 22,4), olvidando la crítica profética contra los que amontonan poder y riquezas.

Al final de la parábola del administrador sagaz, el v.8 plantea el interrogante de cómo ha podido ser alabado un hombre que ha actuado de forma y manera que la fortuna del «hombre rico» va a quedar reducida, ya que los dos casos que se nos presentan solamente sirven de modelo paradigmático de todos los deudores – «y llamando a cada uno de los deudores de su señor» v.5, es decir a “todos”. La parábola, muy probablemente, ha sido transformada desde una historia singular de un administrador de un hombre rico, a una narración en la que indirectamente está presente Dios como «señor», quien ha puesto las riquezas de la creación al servicio de los hombres, y nosotros solamente somos administradores que un día debemos dar cuentas de nuestra actuación. Todo lo que sea acumular riquezas es una injusticia, una falsedad. Esa es la razón por la cual es alabado el ad¬ministrador tras haber sido informado «el señor» de su proceder. Porque este Señor de la parábola no es un vulgar terrateniente, que acumula riquezas injustamente, sino el dueño del mundo. La acusación o difamación que se había hecho de este ecónomo, se va a volver en contra de los mismos difamadores. Este hombre es el que ha entendido de verdad la forma en que deben tratarse y usarse las riquezas en este mundo: con equidad. Por eso, el hombre rico de esta parábola ha pasado a ser el Señor, el juez de todos los hombres ricos de este mundo, que en vez de ser administradores «que actúan sagazmente», se han quedado en ser ricos, acumulando riquezas, endeudando a los pobres cada vez más y exigiéndoles más de lo que pueden dar.

El administrador, por el contrario, es un ejemplo. Él ha podido enriquecerse sin medida y, sin embargo, a la hora de entregar las cuentas de su administración, se encuentra con las manos vacías. En lo único en que puede confiar es en haber actuado con prudencia, con sagacidad, con sabiduría y equidad con los deudores. La aplicación del v.9 : «y yo os digo: haceos amigos con el Mammona (dinero) de la injusticia, para que cuando venga a faltar os reciban en las moradas eternas», es lo mismo que ha hecho el administrador de la parábola, según la reflexión que él mismo se hace en el v. 4. El v. 9, siempre ha planteado problemas de traducción: pero lo que llanamente se quiere decir es que en vez de hacerse con las riquezas, que son engañosas, lo que debemos es preocuparnos de hacer amigos, es decir, hacer el bien con ellas, cuando se poseen o se administran. Con las riquezas, lo que uno debe pretender es hacerse amigos, haciendo el bien, en vez de acumular poder. Esto es, en verdad lo más práctico (phrónimos), lo más justo y lo más positivo que los cristianos deben hacer con los bienes que Dios nos ha encomendado en este mundo. No se puede hacer amigos, si no es compartiendo con ellos los bienes; es la mejor manera de usar las riquezas. Lo contrario, además de ser un escándalo en la perspectiva del Reino, nos cierra el futuro que está en las manos de Dios.

Podemos entender ahora que “el señor” –que claramente en la parábola no puede ser más que Dios-, haya felicitado al gerente, porque ha sabido actuar de manera que las riquezas no vengan a ser injustas o engañosas. Casi todos consideran las riquezas en este mundo como el futuro más seguro, y debe ser verdad, si no fuera porque un día debemos enfrentarnos con la realidad de que tenemos que desprendernos de todo y dar cuentas al Señor. Se hace mención de Mammona, que es un juego de palabras; en su raíz aramea expresa esa seguridad, y de ahí su injusticia, porque ellas roban toda la armonía, la equidad y la sabiduría humana. Un día hay que dejarlo todo; por eso, lo verdaderamente inteligente es hacer lo que hizo el administrador, quien, al contrario de los criterios de los que sirven a dos señores, a Dios y a la seguridad del dinero, ha preferido servir a su señor, usando las riquezas que se le han encomendado para hacerse amigo de los hombres, en vez de contribuir a acumular riquezas engañosas para él o para el señor.

Se dice que la imagen de la comunidad lucana es un reflejo del objetivo social concreto que afecta a toda su obra: el equilibrio económico intracomunitario. Ello no significa, sin embargo, que tuviera «in mente» un programa de tipo socio-político para toda la sociedad. Los intereses profundos que mueven a Lucas se reducen a planteamientos de una ética que se implica en el seguimiento, en el discipulado cristiano; tratando, por otra parte, de dar respuesta a problemas concretos de las relaciones entre ricos y pobres, y de las opciones que debía tomar su comunidad respecto de las riquezas para vivir de acuerdo con los criterios del Reino de Dios. Lucas lo tiene claro: no se puede servir a Dios y al dinero.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Am 8, 4-7 (1ª lectura Domingo XXV de Tiempo Ordinario)

Contra el dinero como religión

Hoy nos enfrentan los textos de la liturgia con esa realidad que se valora tanto en la vida de los hombres: el poder, el dinero y la vanagloria. Sabemos que la religión debe estar inmersa en la vida de cada día como planteamiento ético y no podemos soslayar los criterios más determinantes que deben identificar a una comunidad cristiana en el mundo. En este sentido, la primera lectura, tomada del profeta Amós, es una buena muestra de lo que decimos. Sabemos que el profeta de Tekoa de Israel es el representante más cualificado del profetismo social. Es una invectiva contra los mercaderes y negociantes que se percatan que la religión les estorba a sus planes; quieren que pasen las fiestas sagradas, el sábado, día del Señor, para poder emprender su tarea financiera, y con ello, las injusticias que conlleva la avaricia de los que son amantes del dinero.

No quiere decir que todos los empresarios sean avariciosos, pero el profeta sabe el terreno que pisa. El tema que el profeta vislumbre es que su religión y su dios es el dinero, pero no obstante no quieren saltarse ciertas reglas de comportamiento religioso en los días festivos religiosos; incluso algunos pueden aparentar ser muy religiosos, pero su corazón está donde está su tesoro. El profeta Amós pone el dedo en la llaga y sigue siendo bien actual.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Comentario al evangelio – Lunes XXIV de Tiempo Ordinario

Santo Pagano

Tener la clase de fe que llena a Dios de admiración no es poca cosa. La fe y la conducta del anónimo oficial romano eran tan profundas que sus palabras han entrado en el Rito de la Comunión de la Santa Misa. Sin duda, lo merecía, ya que exhibió muchas virtudes evangélicas: una profunda fe que honraba a Dios y confesaba su propia indignidad; una profunda confianza en que Jesús haría lo correcto por su siervo; una genuina preocupación por el bienestar de su siervo -siendo un oficial, tenía asuntos mucho más importantes en los que ocuparse y nadie le habría reprochado que no se hubiera preocupado por su siervo enfermo-; aunque era un oficial romano, respetaba las tradiciones religiosas de los judíos y les proporcionaba una sinagoga… ¡Qué mayor prueba necesitaba Jesús de su amor a Dios y al prójimo! Este santo pagano debe servir definitivamente de modelo para nosotros, los cristianos.

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Lunes XXIV de Tiempo Ordinario

Hoy es lunes XXIV de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 7, 1-10):

En aquel tiempo, cuando Jesús hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm. Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde Él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo. Éstos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: «Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga».

Jesús iba con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace».

Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande». Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.

Para mi este pasaje del Evangelio es uno de los más enternecedores por varios motivos: la fe del Centurión, que además es un hombre bueno (“nos ha construido la sinagoga”), la misericordia de Jesús (“Jesús se admiró de él”), la curación que proviene de Cristo (“los enviados encontraron al siervo sano”) Es admirable todo lo que se nos narra.

Pongámonos en situación: un hombre ajeno al pueblo de Israel oye hablar de Jesús. Tiene un siervo enfermo y acude al Maestro en busca de solución. Es un centurión, un representante del poder, pero su carácter humilde le impide presentarse en persona y envía a unos amigos. Su pureza de corazón hará que Cristo se conmueva y exclame “Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe”, porque la fe de ese hombre salta a la vista de todos. No importa que sea extranjero, que sea pagano, que venga de otras tierras. Lo único que importa es su actitud ante Cristo, del que ha oído hablar y en quien cree desde el fondo de su corazón.

Cuánto tenemos que aprender del centurión… Si fuéramos como él nuestra vida sería mucho más sencilla, más llena de amor, más plena, más en comunión con Jesús y la Iglesia, y en el fondo seríamos más felices, más llenos de vida, y eso se notaría a nuestro alrededor: seríamos esa “sal de la tierra” capaz de transformar el mundo. Estoy seguro que ese día en el que la vida del centurión se cruzó con Cristo muchos de los que fueron testigos creyeron y se convirtieron, y no tanto por el prodigio de la curación como por la actitud de aquel hombre y la respuesta que obtuvo de Jesús. Seamos humildes en nuestro trato con Dios, confiemos plenamente en Él, dejemos de lado nuestras circunstancias, nuestros deseos mundanos, nuestros recelos y prejuicios: El Señor sabrá recompensarnos con su infinita misericordia.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP

Liturgia – Lunes XXIV de Tiempo Ordinario

LUNES DE LA XXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido, Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par

  • 1Cor 11, 17-26. 33. Si hay divisiones entre vosotros, eso no es comer la Cena del Señor.
  • Sal 39. Proclamad la muerte del Señor, hasta que vuelva.
  • Lc 7, 1-10. Ni en Israel he encontrado tanta fe.

Antífona de entrada          Sal 118, 137. 124
Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, comencemos la celebración de los sagrados misterios guardando silencio en nuestro corazón, y poniendo nuestra vida en manos de Dios, que es nuestro auxilio y liberación, pidámosle que venga en nuestra ayuda y se de prisa en socorrernos, pidiéndole humildemente perdón por nuestros pecados.

• Tú, que eres nuestra roca y salvación. Señor, ten piedad.
• Tú, que eres nuestra esperanza. Cristo, ten piedad.
• Tú, que eres nuestro refugio. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios, por ti nos ha venido la redención
y se nos ofrece la adopción filial;
mira con bondad a los hijos de tu amor,
para que cuantos creemos en Cristo
alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Dirijamos confiados nuestra oración a Dios Padre, que ha prometido habitar en los corazones de aquellos que, como María, guardan su Palabra.

1.- Por los pastores de la Iglesia, para que, formados en la escuela de María, reina de los Apóstoles, sean fieles mensajeros de la Palabra de Dios y dispensadores incansables de su misericordia. Roguemos al Señor.

2.- Por los pueblos afligidos a causa de la guerra y las discordias, para que todos se convenzan de que la paz tiene su raíz en la conversión del corazón, que hace pasar del egoísmo a la generosidad y de la violencia al respeto del prójimo. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los cristianos, para que, participando en la alegría de María, vivan con autenticidad su propia vocación, dando testimonio de fidelidad radical al mandamiento nuevo del amor. Roguemos al Señor.

4.- Por los enfermos, para que hallen en María ayuda y consuelo, y en los hermanos solidaridad generosa que aliente su esperanza. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, aquí reunidos, para que, guardando la Palabra que hemos escuchado, seamos servidores fieles y testigos del reino entre los hombres. Roguemos al Señor.

Oh, Dios, por intercesión de María, que nos precede en la peregrinación de la fe, fortalece en nosotros el deseo del bien, refuerza nuestra esperanza y confírmanos en la caridad,. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios,
autor de la piedad sincera y de la paz,
te pedimos que con esta ofrenda veneremos dignamente tu grandeza
y nuestra unión se haga más fuerte
por la participación en este sagrado misterio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 41, 2-3
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.

Oración después de la comunión
CONCEDE, Señor, a tus fieles,
alimentados con tu palabra
y vivificados con el sacramento del cielo,
beneficiarse de los dones de tu Hijo amado,
de tal manera que merezcamos
participar siempre de su vida.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Laudes – Lunes XXIV de Tiempo Ordinario

LAUDES

LUNES XXIV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Aclamemos al Señor con cantos.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.

Él hizo amanecer en tu presencia
y enalteció la aurora
cuando no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.

Él es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.

Él es la luz profunda, el soplo vivo
que hace posible el mundo
y anima, en nuestros labios jubilosos,
el himno que cantamos.

He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en el ancho sol de la mañana,
el signo de su gloria.

Y tú que nos lo entregas cada día,
revélanos al Hijo,
potencia de tu diestra y Primogénito
de toda criatura. Amén.

SALMO 89: BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR

Ant. Por la mañana sácianos de tu misericordia, Señor.

Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por la mañana sácianos de tu misericordia, Señor.

CÁNTICO de ISAÍAS: CÁNTICO NUEVO AL DIOS VENCEDOR Y SALVADOR

Ant. Llegue hasta el confín de la tierra la alabanza del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo
llegue su alabanza hasta el confín de la tierra;
muja el mar y lo que contiene,
las costas y sus habitantes;

alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita Cadar;
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las costas.

El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al enemigo.

«Desde antiguo guardé silencio,
me callaba, aguantaba;
como parturienta, grito,
jadeo y resuello.

Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran;
ante ellos convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Llegue hasta el confín de la tierra la alabanza del Señor.

 

SALMO 134: HIMNO A DIOS, REALIZADOR DE MARAVILLAS

Ant. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y Dios su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

LECTURA: Jdt 8, 21b-23

Recordad cómo fueron probados nuestros padres para ver si verdaderamente servían a su Dios. Recordad cómo fue probado Abrahán, nuestro padre; y, purificado por muchas tribulaciones, llegó a ser amigo de Dios. Del mismo modo, Isaac, Jacob, Moisés y todos los que agradaron a Dios, le permanecieron fieles en medio de muchos padecimientos.

RESPONSORIO BREVE

R/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
V/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

R/ Cantadle un cántico nuevo.
V/ Que merece la alabanza de los buenos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

PRECES

Ya que Cristo escucha y salva a cuantos en él se refugian, acudamos a él, diciendo:

Te alabamos, Señor, esperamos en ti.

Te damos gracias, Señor, por el gran amor con que nos amaste;
— continúa mostrándote con nosotros rico en misericordia.

Tú que, con el Padre, sigues actuando siempre en el mundo,
— renueva todas las cosas con la fuerza de tu Espíritu.

Abre nuestros ojos y los de nuestros hermanos,
— para que podamos contemplar hoy tus maravillas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ya que nos llamas hoy a tu servicio,
— haznos buenos administradores de tu múltiple gracia a favor de nuestros hermanos.

Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que encomendaste al hombre la guarda y el cultivo de la tierra, y creaste la luz del sol en su servicio, concédenos hoy que, con tu luz, trabajemos sin desfallecer para tu gloria y para el bien de nuestro prójimo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.