Lectio Divina – Martes XXIV de Tiempo Ordinario

Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores

1.- Introducción.

Señor, en el evangelio de hoy me detengo en esta frase: ¡No llores!  ¿Quién puede impedir llorar a una madre viuda que va a enterrar a su único hijo? Esa mujer ha perdido ya  el sentido de su vida. Esa mujer ya no quiere tener ojos para ver sino sólo para llorar.  ¿Quién es este personaje tan osado? Sólo puede ser Jesús, el que vive, el que nos arrastra a la Resurrección y a la vida. El que no puede ver sufrir de esta manera a esta pobre mujer. ¿Te acordaste, Jesús de tu propia madre, que un día no lejano pasaría por esa misma situación?

2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 7, 11-17

En aquel tiempo iba Jesús de camino a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: Joven, a ti te digo: Levántate. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. Y lo que se decía de Él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

A la entrada de la ciudad de Naím, frente a frente, dos caravanas. La que acompañaba a la madre viuda y la que acompañaba a Jesús. La que acompañaba a la viuda es la caravana de la muerte; y la que acompañaba a Jesús es la caravana de la vida. Lo mismo que ahora. Los que se apartan de Jesús forman parte de la caravana de la muerte. Allí hay llanto, dolor, sufrimiento, desesperación. Jesús detiene la comitiva, no le deja avanzar, toca el féretro símbolo de muerte (algo totalmente prohibido para un judío) y acercándose al joven, le dice: levántate. En esta caravana de la muerte hay muchos jóvenes postrados, hundidos por la droga o el alcohol, causando terribles problemas a sus padres, que no hacen más que llorar y lamentarse. También hoy Jesús les dice: ¡levantaos! Y usa la misma palabra que aparece para hablar de la Resurrección. Jesús es el único que puede resucitar lo que está muerto en nosotros o a punto de morir. Jesús es el único que puede hacernos pasar de la caravana de la muerte a la caravana de la vida. Todavía un gesto de ternura: lo entregó a la madre. Un gesto que encanta a Dios es poder entregar a los hijos muertos, hundidos, malogrados, frustrados, a sus propias madres. ¿No entregarán también a Él, al bajarlo de la Cruz, a su propia madre?

Palabra del Papa

“Jesús demostró un poder absoluto sobre esta muerte: se ve cuando devuelve la vida al joven hijo de la viuda de Naím y a la niña de doce años. Precisamente de ella dijo: «La niña no ha muerto; está dormida», provocando la burla de los presentes. Pero, en verdad, es precisamente así: la muerte del cuerpo es un sueño del que Dios nos puede despertar en cualquier momento. Este señorío sobre la muerte no impidió a Jesús experimentar una sincera compasión por el dolor de la separación. Al ver llorar a Marta y María y a cuantos habían acudido a consolarlas, también Jesús «se conmovió profundamente, se turbó» y, por último, «lloró». El corazón de Cristo es divino-humano: en él Dios y hombre se encontraron perfectamente, sin separación y sin confusión. Él es la imagen, más aún, la encarnación de Dios, que es amor, misericordia, ternura paterna y materna del Dios que es Vida”. Benedicto XVI, 9 de marzo de 2008.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto? (Guardo silencio).

5.- Propósito: Acercarme hoy a alguien que está triste, que ha perdido la ilusión por vivir, que no encuentra sentido a nada. Y tratar de llevarlo a Jesús.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí por medio de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Jesús, antes de terminar mi oración, quiero que Tú mismo ores dentro de mí. Así mi oración será eficaz. Quiero ser  sensible a los problemas y dificultades de las personas que sufren. Hoy hay mucho dolor, mucho sufrimiento en el mundo. Hay mucha gente que llora.  Tú no has venido hasta nosotros para darte un paseo y enterarte de que este mundo es un “valle de lágrimas”. Te has solidarizado con nuestro dolor, has mezclado tus lágrimas con las nuestras, has muerto en medio de terribles dolores. Todo eso no puede ser en vano. Transforma nuestra tristeza en gozo; nuestro sufrimiento en ternura; nuestra desesperación en esperanza; nuestra muerte en vida.

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Comentario – Martes XXIV de Tiempo Ordinario

Lc 7, 11-17

San Lucas es el único de los cuatro evangelistas que nos relata esa resurrección.

Jesús se dirigía a una ciudad llamada Naím. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda. Un gentío considerable acompañaba a esa mujer.

Su marido… su hijo… habían tenido pues una muerte prematura. En aquel tiempo, la condición de las mujeres era especialmente dura si no tenían ni marido ni hijo varón para protegerlas jurídicamente.

El gran número de personas, que se habían desplazado para acompañar a la pobre mujer, expresa la piedad y compasión de la muchedumbre.

Al verla el Señor, sintió lástima de ella y le dijo: «¡No llores!»

Ese título solemne -«El Señor»-es otorgado más de veinte veces a Jesús por Lucas, mientras que Mateo (21, 3) y Marcos (11, 3) lo utilizan una sola vez cada uno.

Sí, Señor, eres el más grande de todos los profetas. Tienes una personalidad misteriosa. Por eso te llamamos «El Señor». Creemos que Tú eres Hijo de Dios, igual al Padre. Sin embargo, eres también el más sencillo y el más normal de los hombres: delante de un gran sufrimiento, te emocionas, te compadeces. En esos momentos quiero contemplar la emoción que embarga tu corazón; y quiero escuchar las palabras que dices a esa madre: «¡No llores!» Delante de todos los muertos de la tierra tienes siempre los mismos sentimientos; y tu intención es siempre la misma: quieres resucitarles a todos… quieres suprimir todas las lágrimas (Apocalipsis 21,4) porque tu opción es la vida, porque eres el Dios de los vivos y no el de los muertos.

Yo avanzo, lo sé, hacia mi propia muerte.

Pero creo en tu promesa: creo que mi muerte no será el último acto, sino el penúltimo.

Antes de acusar a Dios, como se oye tan a menudo -«¡Si existiera Dios, no tendríamos todas esas desgracias!» se debería comenzar por no parar la historia humana con ese penúltimo acto. El proyecto final de Dios, es la «vida eterna». Pero hay que creer en ella.

Jesús dijo: «Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» Entonces el muerto se incorporó, se sentó y se puso a hablar.

Es muy importante caer en la cuenta de que ese tipo de resurrección, por muy notable que sea como signo, no nos muestra más que una pequeña parte de las posibilidades de Jesús y de su mensaje real sobre la Resurrección: ciertamente aquí Jesús reanima a un muchacho, pero no es más que una recuperación temporal de la vida, -¡ese muchacho volverá a morir cuando sea! -Jesús, por su propia Resurrección nos revelará otro tipo de vida resucitada: una vida nunca más sometida a la muerte, un modo de vida completamente nuevo que sobrepasa todos los marcos humanos. Todos mis amigos, mis parientes, que he contemplado en su lecho de muerte, cerrados los labios, inmóvil el pecho… todos revivirán a esa vida definitiva «Creo en la resurrección de la carne y en la vida perdurable.»

Y Jesús se lo entregó a su madre.

¿Pensaba quizá en la suya?

Lucas no pierde ocasión de valorizar a «la mujer» tan fácilmente repudiada en el mundo antiguo.

Todos quedaron sobrecogidos y daban gloria a Dios… La noticia del hecho se divulgó por todo el país judío y la comarca circundante.

¡La sorpresa… pero también la alabanza! ¿Vivo yo en acción de gracias? La eucaristía es una acción de gracias por la vida resucitada de Cristo, Jesús celebró la Cena, la víspera de su muerte, «dando gracias».

La palabra concerniente a Jesús sobrepasa ya los límites de Palestina.

Noel Quesson
Evangelios 1

Música – Domingo XXV de Tiempo Ordinario

Entrada: : Gloria a Dios para siempre CLN A15;  Vayamos jubilosos; Alegre la mañana. (Cantos varios)  Cuando el Señor nos liberó (Cantos varios)
Introito en latin: Salus populi
Salmo y AleluyaAlabad al Señor, que ensalza al pobre (Propio)
Ofertorio: Ofrenda de amor (Cantos varios)
Comunión: Pequeñas aclaraciones (1CLN-725); Con vosotros está (1CLN-723); El Señor es mi pastor (Cantos varios)  Yo soy el pan de vida CLN 038
Final: Cantad para el Señor (Cantos varios)

Oración de los fieles – Domingo XXV de Tiempo Ordinario

Hoy nos enseñas a cuidar a todos, pues todos son nuestros hermanos y tenemos a Dios como Padre. A ese Padre que nos cuida presentamos nuestra oración:

PADRE, ATIENDE NUESTRA PLEGARIA.

1. – Por el Papa, los obispos y sacerdotes para que vean a Cristo como el único maestro y así nos lo muestren. OREMOS

2. – Por los que rigen las naciones, para que atiendan a su pueblo como aquel samaritano. OREMOS

3. – Por todos los enfermos y necesitados, para que nunca se sientan desatendidos y siempre haya personas dispuestas a ayudarles. OREMOS

4. – Por aquellos que se ponen en camino por vacaciones o motivos de trabajo, para que éste discurra tranquilo y lleguen sin problemas a su destino. OREMOS

5. – Por todos nosotros para que ante cualquier circunstancia de la vida, el señor nos inspire los mismos sentimientos que al buen samaritano. OREMOS

Padre acompaña nuestro caminar y atiende nuestra súplicas igual que aquel samaritano atendió a aquel hombre. Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor

Amen.


Pidamos a Dios Padre su apoyo, su gran amor y que atienda nuestras súplicas que hacemos por las necesidades de todo el género humano. Y respondemos:

PADRE ESCUCHANOS

1.- Por el papa Francisco, por el Obispo de nuestra diócesis y por todos los obispos de la tierra, para que cuiden con amor solícito al pueblo de Dios. OREMOS

2.- Por los gobernantes de todo el mundo, para que con su esfuerzo consigan la paz y la prosperidad en las naciones. OREMOS

3.- Por los encargados de la seguridad y de la convivencia públicas, para que nuestros caminos sean seguros y vías de buena relación con los hermanos. OREMOS

4.- Por todos aquellos que han sido víctimas de la violencia y han sufrido el daño de los delincuentes o de los terroristas, para que el Señor les ayude en esos malos momentos, y convierta en pacíficos a los agresores. OREMOS

5.- Por los periodistas, profesores, maestros, educadores, catequistas, todos ellos forjadores de la correcta opinión pública, para que se esfuercen en inculcar la paz, el respeto a la justa propiedad y a las personas, para que cada uno disfrute en paz de los bienes que ha obtenido. OREMOS

6.- Por nosotros, por nuestros familiares, amigos y vecinos, para que el Espíritu del Señor nos inspire una vida pacifica y solidaria, todos juntos y unidos. OREMOS

Protege, Dios Padre de todos, al pueblo que implora tu ayuda.

Por Jesucristo, Nuestro Señor,

Amén.

Comentario al evangelio – Martes XXIV de Tiempo Ordinario

Para ti, madre

Nada en el relato evangélico sugiere que alguien le pidiera a Jesús que resucitara al hijo de la viuda. Esta es una de las raras ocasiones en las que Jesús toma la iniciativa, sin que nadie se lo pida, de curar o resucitar a alguien. ¿Qué le movió a hacerlo? Me pregunto si la escena provocó en él el escenario futuro de su propia madre a su muerte: Aquí hay una viuda, como su madre. Ha perdido a su único hijo -la propia madre de Jesús perdería a su único hijo-. Quiero pensar que la madre María estuvo presente con Jesús en Naim (o los discípulos se lo narraron después) y la escena quedaría grabada en su corazón; y cuando le tocara ser la viuda que perdió a su único hijo, recordaría la escena y encontraría consuelo y esperanza. ¡Qué mayor regalo puede dejar un hijo a su madre que la seguridad de que lo tendrá de nuevo, vivo!

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – San Juan Crisóstomo

Hoy celebramos la memoria de san Juan Crisóstomo.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 4, 1-10.13-20):

En aquel tiempo, Jesús se puso otra vez a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: «Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga».

Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben enseguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento».

Hoy celebramos san Juan Crisóstomo (=»boca de oro»). Nombrado obispo de Constantinopla (397), ejerció allí su ministerio antes de los dos destierros que sufrió (403 y 407).

La intimidad con la palabra de Dios, cultivada durante los años de la vida eremítica, había madurado en él la urgencia de predicar el Evangelio. Es uno de los Padres de la Iglesia más prolíficos (nos han llegado 17 tratados, más de 700 homilías auténticas, comentarios a san Mateo y a san Pablo, y 241 cartas). No fue un teólogo especulativo, pero transmitió la doctrina tradicional y segura de la Iglesia en una época de controversias teológicas suscitadas sobre todo por el arrianismo. Su teología es exquisitamente pastoral; en ella es constante la preocupación por la coherencia entre el pensamiento expresado por la palabra y la vivencia existencial: el valor del hombre está en el «conocimiento exacto de la verdadera doctrina y en la rectitud de la vida».

San Juan proyectó la reforma de su Iglesia: la austeridad del palacio episcopal debía servir de ejemplo. Por su solicitud en favor de los pobres, fue llamado también «el limosnero». Creó instituciones caritativas muy apreciadas. A pesar de su corazón bondadoso, no tuvo una vida tranquila. Pastor de la capital del Imperio, a menudo se vio envuelto en cuestiones e intrigas políticas. Fue depuesto en el año 403, y condenado a un primer destierro breve. En el año 406 fue desterrado nuevamente a Armenia: fue una auténtica condena a muerte.

—Estando ya moribundo, dejó como último testamento: «¡Gloria a Dios por todo!».

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – San Juan Crisóstomo

SAN JUAN CRISÓSTOMO, obispo y doctor de la Iglesia, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par

  • 1Cor 12, 12-14. 27-31a. Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
  • Sal 99. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
  • Lc 7, 11-17. ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

O bien: cf. vol. IV.


Antífona de entrada          Dn 12, 3
Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Monición de entrada y acto penitencial
Se celebra la memoria de san Juan, obispo de Constantinopla y doctor de la Iglesia. Nació en Antioquía, hacia el año 339. Las catequesis, las plegarias eucarísticas en uso hoy día en las Iglesias de Oriente, su tratado sobre el sacerdocio y sus homilías le han merecido el título de doctor de la Iglesia. Pero es, sobre todo, un pastor que con la santidad de su vida y la elocuencia de su palabra invita al seguimiento de Cristo y fustiga los males de su tiempo: el lujo hiriente de las altas clases sociales en contraste con la miseria del pueblo. Murió el año 407, desterrado en la región del Cáucaso. Sus últimas palabras fueron: «Gloria a Dios por todo».

Yo confieso…

Oración colecta
OH, Dios,
fortaleza de los que en ti esperan,
que has hecho brillar al obispo san Juan Crisóstomo
por su admirable elocuencia y su fortaleza en la tribulación,
te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas,
nos fortalezca el ejemplo de su invencible paciencia.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, e imploremos la misericordia de Dios, nuestro Padre.

1.- Para que se acuerde del pueblo rescatado por la sangre de su Hijo. Roguemos al Señor.

2.- Para que los gobernantes de las naciones promuevan el desarrollo de los pueblos, y desaparezcan la injusticia, la violencia, el paro y el hambre en el mundo. Roguemos al Señor.

3.- Para que ilumine a los que no conocen a Cristo con la luz del Evangelio. Roguemos al Señor.

4.- Para que nos conceda a cuantos invocamos su nombre los bienes temporales y eternos. Roguemos al Señor.

5.- Para que de la luz y el descanso eterno a todos los difuntos. Roguemos al Señor.

Oh, Dios, que sabes que la vida de los hombres está llena de necesidades; escucha los deseos de tu pueblo y concédele benignamente lo que te pide con humildad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios,
que te agrade el sacrificio
que te ofrecemos con alegría
en la memoria de san Juan Crisóstomo,
cuyas enseñanzas
nos impulsan a alabarte
y a entregarnos enteramente a ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          1 Co 1, 23-24
Nosotros predicamos a Cristo crucificado: fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

Oración después de la comunión
CONCÉDENOS, Dios misericordioso,
que los sacramentos recibidos
en la memoria de san Juan Crisóstomo
nos confirmen en tu amor
y nos conviertan en fieles testigos de tu verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.