Lectio Divina – Exaltación de la Cruz

Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo

1.- Oración Introductoria.  

Señor, la cruz, con sus dos palos, uno vertical mirando al cielo y otro horizontal abrazando a todos los hombres, es la señal de los cristianos. No podemos elegir otra distinta. Es la Cruz del Señor. No es una cruz sola, una cruz vacía, sino una cruz abrazada por el crucificado, en un alarde de amor llevado hasta la locura. Que ahí, en la escuela del calvario, aprenda yo a amar a Dios y a mis hermanos. Haz que nunca mire la cruz sin mirar al crucificado.

2.- Lectura reposada del evangelio. Juan 3, 13-17

En aquel tiempo Jesús dijo a Nicodemo: Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por Él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

“Tanto amó Dios al mundo”… Me detengo en ese “tanto” que abarca inmensidades. Hasta tal punto, hasta tal extremo, hasta tal locura llegó el amor de Dios al mundo, que entregó a su Hijo único por nosotros. Aquí sobran todas las palabras. Aquí sobran todos los escritos de la literatura universal sobre el amor. Aquí, en la cima de este monte, se ha escrito la página más bella y más sublime sobre el auténtico y verdadero amor. “Nadie ama más al amigo que aquel que da la vida por él” (Juan 15,13). Aquí el Amador se viste de gala y el amado cae de bruces, se arrodilla y adora en silencio. Dice muy bien Dolores Aleixandre: “Lo que se levanta en alto adquiere la propiedad de ser contemplado por todos, también por los que están lejos”. El evangelista Juan lo recuerda en la muerte de Jesús: mirarán al que traspasaron. En nuestro mundo, cansado de palabras y de propaganda, nadie levanta la cabeza para mirar, a no ser que presienta que ese alguien está traspasado, es decir, atravesado por una pasión, por un amor que le ha llevado más allá de los límites de la razón. Por eso, desde la Cruz, Jesús atrae nuestras miradas.  Una cruz sin Jesús, aleja, repele, da vértigo. Una cruz con el crucificado, acerca, atrae, seduce. Es la seducción del amor.  

Palabra del Papa

“Dios se ha mostrado verdaderamente, se ha hecho accesible, ha amado tanto al mundo que -nos ha dado a su hijo Unigénito, para que quien cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna-, y en el supremo acto de amor de la cruz, sumergiéndose en el abismo de la muerte, la ha vencido, ha resucitado y nos ha abierto también a nosotros las puertas de la eternidad. Cristo nos sostiene a través de la noche de la muerte que Él mismo ha atravesado; es el buen Pastor, bajo cuya guía nos podemos confiar sin temor, ya que Él conoce bien el camino, ha atravesado también la oscuridad. (…) Se nos invita, una vez más, a renovar con valor y con fuerza nuestra fe en la vida eterna, es más, a vivir con esta gran esperanza y a dar testimonio de ella al mundo: después del presente no está la nada. Y precisamente, la fe en la vida eterna da al cristiano el valor para amar aún más intensamente esta tierra nuestra y trabajar para construirle un futuro, para darle una esperanza verdadera y segura”. Benedicto XVI, 2 de noviembre de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Buscaré un lugar solitario para mirar a Cristo en el Cruz. En silencio le adoraré y le daré un beso lleno de ternura.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración. 

Señor, Tú en la Cruz aún tuviste fuerzas para gritar. Y tu grito no fue de desesperación sino grito de parturienta, cargado de esperanza. Tu grito fue fecundo pues con él alumbraste una nueva vida.  Yo hoy, contemplando tu rostro, tu gesto de amor inmenso, no puedo gritar, ni hablar, ni pensar, solamente, mirar, contemplar, quedarme mudo, y, en medio del estremecimiento, ¡adorar tu Cruz!

Anuncio publicitario

Comentario – Miércoles XXIV de Tiempo Ordinario

Lc 7, 31-35

Después de haber hecho el elogio de Juan Bautista (Lucas 7, ¡8-30) Jesús decía a la gente: ¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? y ¿a quién se parecen? Sabemos que el término «esa generación» en la boca de Jesús es el resultado de un juicio. Jesús no emplea esa expresión sino para condenar… aludiendo a «esa generación» de los cuarenta años en el desierto del Sinaí que no quiso seguir al Señor, a pesar de las maravillas de las que fue testigo (Salmo 96, 10)

Se parecen a los chiquillos que, sentados en la plaza, se gritan unos a otros diciendo: «Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado…» «Os hemos entonado endechas y no habéis llorado…»

Corta y trágica pequeña parábola: unos chiquillos «obstinados», cabezotas… los unos quieren jugar a «fiesta de boda» e invitan a bailar… Jos otros quieren jugar a «una comitiva funeraria» y empiezan las endechas y lamentos…

¿Qué hacer para que termine tal ridícula obstinación? Tampoco los hombres de «esa generación» quieren lo que Dios ha decidido. La predicación de Juan Bautista, más bien austera… y la predicación de Jesús, más bien alegre… no interesan a nadie. En vez de convertirse, la gente se contenta criticando a los predicadores y oponiéndolos el uno al otro.

En efecto, ha venido Juan Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: Tiene un demonio dentro…

Juan Bautista era el predicador y el hombre austero; predicaba sobre todo la penitencia, y por su estilo de vida era un verdadero asceta.

Ha venido el Hijo del hombre que come y bebe y decís: Ahí tenéis a un glotón y a un borracho, amigo de pecadores…

Jesús tenía otro estilo de predicar y de vivir: las comidas tenían gran importancia en su vida, comía y bebía normalmente: Anunciaba el Reino de Dios como un banquete mesiánico; y, si bien la penitencia y la exigencia divina no estaban ausentes de su palabra, era la «buena nueva» de la salvación lo que tenía prelación.

¡Cuan bueno es meditar hoy sobre ese título maravilloso que se daba a Jesús: «amigo de los pecadores»!

Es el mismo Jesús el que nos lo transmite aquí, ¡porque tiene en ello mucho interés! Lejos de contestar a las críticas de las que era objeto a este propósito, se vanagloria por ellas. ¡Señor, Jesús, amigo de todos, amigo universal, amigo de los pecadores! Tú que quitas el pecado del mundo, quita el pecado de mi corazón. Pero sé que me amas tal como soy, pobre y pecador, para salvarme de mi mal. ¡Gracias!

En mi memoria, recapitulo esos innumerables pasajes del evangelio que te han hecho adquirir esa reputación de «tratar bien a los pecadores»:… la llamada del publicano Mateo, y la comida con sus colegas recaudadores… la defensa de la mujer adúltera… las parábolas de la misericordia… la oveja perdida y hallada… el hijo pródigo… el paralítico perdonado, aun antes de quedar curado… el ladrón introducido en el paraíso… la primera aparición a María… HOY, Señor, eres siempre el mismo.

Pero la «Sabiduría» de Dios ha quedado justificada y acreditada por todos sus hijos.

Jesús vuelve aquí a una de sus más caras ideas: «los pequeños» , los «niños» ellos poseen la «sapiencia» por oposición a los escribas y a los sabios. «Yo te doy gracias, Padre por haber escondido esas cosas a los sabios y a los inteligentes, y haberlo revelado a los pequeñuelos.» (Lucas, 10, 21) No hay que presumir de «entendido» delante de Dios. El que está muy pagado de sí mismo, se arriesga a pasar de largo ante las simples maravillas que Dios prodiga sin cesar. Los cristianos de HOY ¿serán «hijos de la sabiduría de Dios», o «chiquillos obstinados» que juegan en la plaza y tozudamente no quieren ceder en nada?

¡Haznos disponibles, Señor!

Noel Quesson
Evangelios 1

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Buen uso de las riquezas – Lucas 16, 10-13

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: – El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, lo vuestro, ¿quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos: porque, o bien aborrecerá a uno y amará a otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero

Explicación

Si alguien es digno de confianza en cosas pequeñas también lo será en cosas grandes. Y si alguien no es honrado en asuntos pequeños tampoco lo será de los grandes. Tened cuidado con el dinero. Roba el corazón a muchos y les hace ruines y caprichosos.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

VIGESIMOQUINTO DOMINGO: TIEMPO ORDINARIO “C” (Lc. 16, 10-13)

Narrador: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Jesús: El que es de fiar en lo que tiene poca importancia, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo poco, tampoco en lo importante es honrado.

Niño1: En eso tienes razón, maestro. Yo conozco alguna persona que no se puede fiar uno de ella.

Jesús: Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de verdad? Si no fuisteis de fiar en lo que pertenece a otra persona ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Niño 2: Ya lo dijiste en otra ocasión: quien tiene al dinero de ídolo, no puede estar contigo.

Jesús: Es cierto lo que dices: Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Exaltación de la Cruz

La cruz que cura

En este día sagrado en el que miramos y honramos la Cruz de Cristo, he aquí un extracto de San Juan Damasceno sobre la Cruz de Cristo, para que meditemos:

«Por la cruz todas estas cosas han sido arregladas…
Es un sello para que el destructor no nos golpee, un
levantamiento de los que yacen caídos,
un apoyo para los que están de pie, un
bastón para los enfermos,
un báculo para los pastores, una
guía para los errantes,
un perfeccionamiento de los avanzados, una
salvación para el alma y el cuerpo, un
desviador de todos los males,
una causa de todos los bienes,
una destrucción del pecado,
una planta de resurrección
y un árbol de vida eterna».

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Exaltación de la Cruz

Hoy celebramos la fiesta de la Exaltación de la Cruz.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 3, 13-17):

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él».

La segunda lectura de San Pablo y el evangelio del día, nos ayudan a ver que la muerte de Jesús en la cruz es la exaltación del apasionado amor que nos tiene. Siempre hemos de ver unidos su vida, su muerte en cruz, y su resurrección. Si Jesús murió en la cruz  fue porque vivió así, de una determinada manera, y si resucitó fue porque vivió y murió  así. En esta fiesta de hoy queremos resaltar la muerte de Jesús en la cruz y el gran amor que encierra… pero lo mismo podemos y debemos decir de su vida y su resurrección.

En lo del amor… hay que empezar por Dios Padre, que tanto amó al mundo que le envió a su Hijo. Hay que seguir por su Hijo Jesús, que fue capaz de no hacer alarde de su categoría de Dios y tomar la condición de esclavo, para que viéramos con más claridad que había venido a servirnos y no a ser servido. Y nos sirvió, no desde la altura divina, sino desde su condición humana, llenándonos de luz y predicándonos su buena noticia, gastando su vida en indicarnos el camino que nos lleva a vivir con vida, con sentido, con esperanza en esta tierra antes de desembocar en la vida de felicidad total después de nuestra muerte y resurrección.

A las autoridades judías no les gustó Jesús, su manera de vivir y su manera de predicar. Le pidieron que se callase que no predicase su evangelio. Pero Jesús, por amor a nosotros, siguió predicando su buena noticia y como consecuencia le mataron en una cruz, pero de esta manera su amor, su evangelio, su luz han quedado para siempre con nosotros. Por amor a nosotros, por no dejarnos en la estacada, por no dejarnos sin la mejor noticia que nosotros los hombres podíamos recibir… le mataron en la cruz. Es verdad, la exaltación de la cruz, es la exaltación del gran amor que siempre nos tuvo Jesús.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.

Liturgia – Exaltación de la Cruz

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ, fiesta

Misa de la fiesta (rojo)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Prefacio propio o I de la Pasión del Señor. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. IV

  • Núm 21, 4b-9. Cuando una serpiente moría a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.
  • Sal 77. No olvidéis las acciones el Señor.
  • Jn 3, 13-17. Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

Antífona de entrada          Cf. Gál 6, 14
Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección, por él somos salvados y liberados.

Monición de entrada
Celebramos hoy la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que es ensalzada y venerada como trofeo pascual de la victoria de Cristo y signo que aparecerá en el cielo, anunciando a todos su segunda venida. Los cristianos no exaltamos una cruz cualquiera, sino la cruz que Jesús santificó con su sacrificio, testimonio de su inmenso amor. Por tanto, de signo de maldición, la cruz se ha transformado en signo de bendición; de símbolo de muerte en símbolo, por excelencia, del amor que vence el odio y la violencia, y que engendra la vida inmortal.

Acto penitencial
Nosotros hemos de gloriarnos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo; pues en Él está nuestra salvación, vida y resurrección; Él nos ha salvado y libertado. Por eso, hoy damos gracias a Cristo de un modo especial por su entrega y, confiados en la salvación que brota de su Cruz Santa, nos reconocemos pecadores y pedimos humildemente perdón a Dios por nuestros pecados.

  • Tú que no has sido enviado a condenar al mundo, sino a salvarlo. Señor, ten piedad.
  • Tú que no quieres que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Cristo, ten piedad.
  • Tú que te sometiste por nosotros hasta la muerte de cruz. Señor, ten piedad.

Se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios,
que para salvar al género humano
has querido que tu Unigénito soportara la cruz,
concede, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio,
alcanzar en el cielo los premios de su redención.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre: él es nuestro único mediador y sacerdote, al ofrecer una vez y para siempre su sacrificio en la cruz. Que él, resucitado, interceda ante el Padre por la Iglesia orante en la tierra.

1.- Para que, por el poder de la cruz de Cristo, el Padre conceda a la Iglesia la firmeza en la fe, el valor de la esperanza, la entrega en el amor. Oremos al Señor.

2.- Para que, por la eficacia salvífica de la cruz de Cristo, el Señor conceda la paz y la reconciliación entre todos los hombres de buena voluntad. Oremos al Señor.

3.- Para que, por la cruz salvadora, el Padre sostenga a los enfermos, dé fortaleza y aliento a los oprimidos, conforte a cuantos comparten la pasión de Cristo. Oremos al Señor.

4.- Para que, por la cruz redentora, robustezca a cuantos predican el Evangelio en tierras lejanas y en los sectores más alejados de la Iglesia. Oremos al Señor.

5.- Para que, por la fuerza de la cruz del Señor, el Padre otorgue a cuantos con ella hemos sido marcados con el Espíritu de fortaleza y de paciencia, de paz y de amor. Oremos al Señor.

Dios y Padre nuestro, que levantaste sobre todo a tu Hijo, obediente hasta la muerte y muerte de cruz, escucha la oración de todos los que creemos en él y queremos seguir su camino de entrega, de sacrificio por amor a ti y a nuestros hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, que nos limpie de toda culpa esta oblación,
la misma que en el ara de la cruz
quitó el pecado del mundo entero.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio
LA VICTORIA DE LA CRUZ GLORIOSA

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Porque has puesto la salvación del género humano
en el árbol de la cruz,
para que donde tuvo origen la muerte,
de allí resurgiera la vida,
y el que venció en un árbol
fuera en un árbol vencido,
por Cristo, Señor nuestro.

Por él,
los ángeles alaban tu gloria,
te adoran las dominaciones y tiemblan las potestades,
los cielos, sus virtudes y los santos serafines
te celebran unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Puede decirse también el prefacio I de la Pasión del Señor.

Antífona de comunión          Cf. Jn 12, 32
Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor.

Oración después de la comunión
ALIMENTADOS en tu sagrado banquete,
te pedimos, Señor Jesucristo,
que lleves a la gloria de la resurrección
a los que has redimido
mediante el leño de la cruz vivificadora.
Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Bendición solemne
Dios, Padre de misericordia, que en la pasión de su Hijo os ha dado ejemplo de amor, os conceda, por vuestra entrega a Dios y a los hombres, la mejor de sus bendiciones.
R. Amén

Y que gracias a la muerte temporal de Cristo, que alejó de vosotros la muerte eterna, obtengáis el don de una vida sin fin.
R. Amén.

Y así, imitando su ejemplo de humildad, participéis un día en su resurrección gloriosa.
R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R. Amén.