La fe nos da un compañero

1. – No sabe uno qué admirar más en esta conservación del Señor con sus discípulos. Si la elegancia con que disimulan su defecto al decir los apóstoles “auméntanos la Fe…”. O la franqueza con que Jesús les responde: “lo que es Fe ni como un granito de mostaza tenéis”. Es más elegante decir “auméntanos la Fe” que reconocer crudamente “no tenemos Fe”, que es lo que Jesús les dice, “ni como un granito de mostaza”. Duras palabras para los apóstoles y duras para el Señor que llevando ya tanto tiempo con ellos sabe que no acaban de fiarse de Él.

2. – Porque Fe no es adhesión a una lista de creencias, admitir el credo y esto es lo que muchas veces entendemos por Fe y no lo es. Fe es una adhesión a una persona en cuya palabra creemos. Es confianza plena. Y hacia una persona no podemos tener una confianza a medias, capaz de ser aumentada, porque si nos fiamos de alguien solo a medias en realidad estamos desconfiando de esa persona y eso es lo que el Señor les dice a los Apóstoles: “ni como un granito de mostaza”

3. – Fe es confiarnos al Señor que se ha llamado a sí mismo “Camino” y que nos dice a todos sígueme. Es decir que esa confianza en él tiene que ser dinámica, cambiante, nunca estática, porque si nos paramos, ni recorremos el “camino”, ni “seguimos” al Señor.

El creyente no puede ser un sedentario. Tiene que ser un nómada como lo fue Abrahán, al que al Señor llevo y trajo por el desierto siempre en busca de Dios. **La Fe no nos exime del cansancio de caminar cada día.

**La Fe no es escapismo del quehacer humano.

4. – Tabi wa michizure, dice el dicho japonés: el camino es según el compañero, significa. El camino supuestamente más cómodo por las mejores autopistas y con el mejor de los coches, puede ser incómodo, desagradable y aburrido si lo es el compañero que va con nosotros. Y el camino de montaña, sembrado de piedras y raíces, empinado entre riscos, puede convertirse en el recuerdo más maravilloso de nuestra vida según la mano del compañero en el que nos apoyamos y confiamos

Esto es lo que nos da la fe. No nos da un camino privilegiado y cómodo. No. No. Nos enseña desde el comienzo cuál y cómo va a ser el camino. La Fe nos da un compañero.

Un compañero que se define a Sí mismo como Pastor –no ingeniero de Caminos–, Pastor que camina delante por senderos de montaña, Pastor cuya mano fuerte está siempre al alcance de la nuestra por si resbalamos en el camino, que conoce bien sus caminos, aunque a nosotros no nos lo parezca.

**La Fe da sentido al camino porque el Señor va delante y sabe a dónde va.

**La Fe nos da la alegría de caminar hombro con hombro con el Señor…

**La Fe así se convierte en aventura, en descubrimiento de nuevas montañas, donde no valen mapas ni itinerarios preconcebidos, porque ese Señor que nos ha dicho “sígueme” al caminar va haciendo el camino delante de nosotros.

Cuando la Fe se hace cómoda, facilitona, de sillón, zapatillas y vaso de whisky esa fe es como la de los apóstoles, “ni como un grano de mostaza”

Si es viva, energética, plenamente confiada en el compañero se viaje que camina delante. Esa es fe de verdad. Es Fe que nos hará decir: “Señor, caminando tras de Ti no hago más que lo que tengo que hacer. Sor siervo inútil y sin provecho, pero feliz de ir contigo donde me lleves.

José María Maruri, SJ

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