Hemos hecho lo que hemos podido

Auméntanos la fe

No es cuestión de misas, de rezos, de cilicios… Es cuestión de confiar plenamente en el Señor. Él nos lo da todo, nos lo regala en Jesús. Y ese debe ser nuestro talante. «Auméntanos la fe» para que seamos capaces de ver a Dios cercano, comprensivo, misericordioso, como alguien de nuestra familia.

Hemos hecho lo que hemos podido

Un hombre cogía cada día el autobús para ir al trabajo. Una parada después, una anciana subía al autobús y se sentaba al lado de la ventana. La anciana abría una bolsa e iba tirando. Un día, intrigado, el hombre le preguntó qué era lo que tiraba por la ventana.
-¡Son semillas? ¿Semillas de qué? De flores… Miro afuera y está todo tan seco y tan triste. Me gustaría viajar viendo flores a lo largo del camino. ¿Verdad que sería bonito?
-Pero las semillas caen encima del asfalto, las aplastan los coches, se las comen los pájaros… Muchas se pierden, pero alguna acabará en la cuneta y, con el tiempo, brotará.
-Pero… tardará en crecer, necesitará agua… Yo hago lo que puedo hacer.
La anciana siguió con su trabajo…, y el hombre bajó del autobús para ir a trabajar, pensado que la anciana había perdido la cabeza… Un mes después, yendo al trabajo, el hombre, al mirar por la ventana vio todo el camino lleno de flores… Todo lo que veía era un hermoso y florido paisaje. Entonces, se acordó de la anciana y preguntó al conductor: ¿La anciana de las semillas? Pues…, ya hace un mes que murió.
El hombre volvió a su asiento y siguió mirando el paisaje. «Las flores han brotado, se dijo, pero… ¿de qué le ha servido su trabajo? No ha podido ver su obra». De repente oyó la risa de una niña gritando entusiasmada: ¡Mira, papá! ¡Mira cuántas flores!
Dicen que el hombre del cuentecillo, desde aquel día, hace el viaje de casa al trabajo con una bolsa de semillas en sus manos…

¿Qué podemos hacer?

Sembrar…, y para sembrar en estos momentos, hace falta tener mucha fe. La vida del hombre es como un campo donde se siembra. Y todos somos sembradores. Es imposible no sembrar nada. Sembramos trabajo, sembramos ilusiones, sembramos ganas de vivir, sembramos alegría… A veces, todo lo contrario. ¡Todos somos sembradores! Y nuestra siembra ya está dando sus frutos. ¿Qué frutos está dando en nosotros lo sembrado?

¿Hemos hecho lo que hemos podido? Si no es así…, no nos extrañemos de que el campo siga triste y sin flores. Por eso nuestro compromiso de sembrar y de que lo sembrado crezca y dé fruto en cada uno de nosotros. Esa es nuestra tarea y nuestro destino: ¡Sembrar!

Isidro Lozano

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