Lectio Divina – Domingo XXVII de Tiempo Ordinario

Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer

INTRODUCCION

“El tema de este domingo prolonga el de muchos domingos anteriores. Sigue la pregunta: ¿En quién debemos poner la confianza? Hasta hoy nos había dicho de diversas maneras: no pongas tu confianza en las riquezas, pero hoy da un paso más y nos dice: no la pongas en tus «buenas obras». Confiar en Dios es también incompatible con la confianza en los propios méritos. Los que se pasan la vida acumulando méritos, no confían en Dios sino en sí mismos. La salvación por puntos es lo más contrario al evangelio; ésta era la actitud de los fariseos que Jesús tanto criticó. El cumplimiento de las normas por pura obligación no te enriquece como ser humano. Lo que haces por verdadero amor no te salva, sino que manifiesta que ya has hecho tuya la salvación de Dios”. (Fray Marcos).

LECTURAS

Habacuc 1,2-3.2,2-4) 2 Timoteo 1,6-8.13-14

EVANGELIO

Lucas (17,5-10):

“En aquel tiempo, los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor dijo: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería. ¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ¿ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis más bien: “¿Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».

MEDITACIÓN-REFLEXIÓN

Siempre hay que vivir de fe, pero en algunas circunstancias, hay que vivir de “sola fe”.  Y lo que nos dice Jesús es que: “Si tuviéramos fe como un granito de mostaza” haríamos prodigios. Con algo tan insignificante…haríamos maravillas. Hasta moveríamos montañas. No se trata de “cantidad” sino de “calidad”. ¿Y, ¿cómo es esta fe de calidad? Nos ayuda la liturgia de este Domingo. Nos basamos en las tres lecturas de hoy.

Primera Lectura. VIVIR DE FE. Es del profeta Habacuc El pueblo está sufriendo una gran crisis económica. Tal vez no ha llovido y ha habido una malísima cosecha…Y el profeta alienta al pueblo a tener fe. ¿de qué fe se trata? Este mismo profeta es el que dice: “Aunque la higuera no echa yemas, y la vid ya no da frutos; aunque el olivo ha olvidado su aceituna, y los campos no dan cosechas…Aunque faltan las ovejas en el redil y no tenemos vacas en el establo…Yo exultaré contigo y te alabaré”… Fe es fiarse plenamente de Dios. Cuando todo nos va mal, cuando materialmente apenas nos queda nada, el de fe auténtica, ¡dice! ¡Aún me queda Dios! ¡Nada más! Y ¡nada menos! San Francisco, hijo de un rico comerciante, renunció a todo y se quedó desnudo en la calle, exclamando: ¡Dios mío y todas las cosas! Y añadió: “Para vivir yo necesito poco y eso poco lo necesito muy poco”. Es lo que diría Teresa de Jesús: ¡Sólo Dios basta!

Segunda lectura. AVIVAR LA FE. “Te exhorto a que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de las manos”. Alude a la ordenación sacerdotal cuando a Timoteo le ungieron las manos con el sagrado crisma.  ¡Cuánta ilusión! Y al pasar los años ha caído sobre las brasas de un amor encendido, la ceniza del aburrimiento, de la desgana, la apatía… San Pablo le invita a soplar, a reanimar. Debajo de las cenizas puede haber todavía un rescoldo de fe. “Creí mi hogar apagado y revolví la ceniza… Me quemé la mano” (Antonio Machado). Siempre puede renacer el “amor primero”.  Esto que se dice del sacerdote, se dice también de los casados. ¿Quién ha dicho que la etapa del enamoramiento termina cuando uno se casa?  Lo ideal es vivir siempre enamorados.

Tercera lectura. LA FE NO SE PUEDE COMPRAR. Jesús nos dice que no podemos ir por la vida haciendo las cosas para que nos recompensen.  Y esto ¿Cuánto vale? ¿Y esto a cambio de qué? A cambio de nada. Hay que encontrar la felicidad en hacer bien las cosas, aunque el mundo no nos lo recompense. Dios es el mejor pagador. Me fío de Dios y sé que, haciendo lo que a Él le agrada, yo sentiré por dentro una satisfacción que nadie en este mundo me podrá dar. En este mundo: Si ha habido un buen político, hay que dedicarle una calle. Si por el pueblo ha pasado un buen médico, hay que dedicarle una plaza. Y si ha habido un buen sacerdote, hay que condecorarle con medallas…El político, el médico y el sacerdote, cuando han hecho bien las cosas no han hecho otro coso sino lo que tenían que hacer. Debemos cultivar la virtud de la gratuidad. Todos los días te regala Dios el sol… y el aire, y la lluvia… Y, sobre todo, el amor. ¿Cuánto le pagas a Dios? ¿Qué rentabilidad nos cobra por tantas cosas tan hermosas? Sólo cuando nos sentimos que somos un regalo de Dios estamos en condiciones de hacer de nuestra vida un regalo para los demás.

PREGUNTAS.

1.- ¿Entiendo la fe como un fiarme plenamente de Dios?

2.- ¿Sé reavivar la fe cuando siento que se va apagando?

3.- ¿Vivo mi fe en pura gratuidad? ¿Me encanta dar vida, regalar vida a Dios y a mis hermanos?

ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

Hoy, Señor, también nos dices:
«Es vuestra fe muy escasa,
más delicada y pequeña
que un granito de mostaza».
Lo mismo que tus discípulos
rezamos nuestra plegaria:
«Auméntanos nuestra fe.
Haz fuerte nuestra esperanza»
No te pedimos, Señor,
fe para mover montañas
o que una morera plante
sus raíces en el agua.
Sólo queremos, Señor,
una fe de andar por casa,
pero «fe de calidad»
para acoger tu Palabra.
Una fe humilde, sencilla,
generosa, con dos caras:
una que mire hacia Ti,
otra a la familia humana.
Somos, Señor, siervos tuyos,
atentos a tus miradas.
En hacer lo que nos mandas
encontramos nuestra «paga»
Tú, Señor, que nos invitas
a servir, por pura gracia,
que nos sorprenda «sirviendo»
el sol de cada mañana.

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí)

Anuncio publicitario