Comentario – Martes XXVII de Tiempo Ordinario

Lc 10, 38-42

He aquí un relato propio de Lucas que sin duda lo había obtenido de un grupo de mujeres, de las que siguieron a Jesús y habían conservado unas tradiciones originales.

Por el camino entró Jesús en una aldea, y una mujer de nombre Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María…

Marta y María aparecen en tres relatos, y en los tres las descripciones de sus temperamentos coinciden: Marta, la activa… María, la sensible, la contemplativa: Lucas (10,38-42) cuenta una comida muy sencilla que Jesús compartió con ellas… Juan (11, 1-44) cuenta la pena que estaban pasando por la muerte de su hermano Lázaro… Juan (12, 1-8) relata la unción perfumada que hizo María, una semana antes de la pasión… De modo que Jesús tenía unas amigas y en su casa se encontraba bien.

Allí regresaba cada tarde de la última semana anterior a la pasión: Mateo 21, 17; 26, 6; Marcos 11, 11; Juan 11, 1-18; 12, 1; Lucas 19,29.

Todos los relatos que hablan de Marta y María subrayan la complementariedad de los dos temperamentos: aquí, Marta se ocupa de los preparativos de la comida, mientras María se ocupa de atender personalmente al invitado… esas dos funciones son necesarias y aseguran una hospitalidad la más amable posible.

María, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra

¡Admirable y muy gráfica escena para ser contemplada detenidamente! Jesús habla. ¿Qué dice? ¿De quién está hablando? ¿Cuál es el tono de su voz? ¿Está repitiendo la parábola del buen samaritano? Quizá habla de las bienaventuranzas y cómo El, Jesús, las considera ser fuentes de felicidad: ¡Felices… felices! O bien, como lo hizo con otros discípulos, ¿les insinúa confidencialmente su muerte y su resurrección? Eso haría más verosímil el hecho que María comprendiera, mejor que otros, el misterio de la unción previa a la sepultura de Jesús y el de la resurrección. (Lucas 14, 8; 16, 1) María está «sentada a los pies de Jesús». Esta es para Lucas, la posición del «discípulo» (Lucas 8, 35; Hechos 22, 3). Las posiciones corporales no son indiferentes, tienen una significación simbólica, y además facilitan o estorban tal o cual tipo de oración. La posición «sentado» facilita el escuchar: esta es la actitud litúrgica que la Iglesia recomienda en ciertos momentos de la misa en los cuales la meditación es lo primero… del mismo modo que la Iglesia recomienda «estar de pie» cuando se trata de expresar colectivamente la acción de gracias, durante la gran plegaria eucarística…«Sentada, María escuchaba.»

Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile pues que me ayude.»

Marta es útil. Su servicio es indispensable. Todo amor, puesto al servicio de los demás, honra a Jesús: «me disteis de comer, me disteis de beber… venid los benditos de mi Padre». (Mateo 25, 34-35)

Te ofrezco, Señor, las múltiples tareas domésticas, tan humildes, hechas con tanto amor, de innumerables mujeres de todo el mundo. Ayúdame a reconocer su grandeza

Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te afanas y preocupas por muchas cosas y hay necesidad de una sola…»

El mesías de los pobres no necesita una mesa abundante y suculenta: lo justo necesario para vivir. Ese tema de la «preocupación» de la «inquietud» Jesús lo repitió a menudo. No os agobiéis, decía. Lucas 12,22-31; 8,14;21,34)

María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.

Sí, la palabra de Jesús pasa delante de cualquier preocupación de orden temporal. Un cuidado extremoso de los asuntos de la tierra podría desviarnos de lo esencial. Pero no se trata de oponer «acción» y «contemplación». Esta no puede ser ociosidad, ni la acción puede ser agitación. Dichosos los que unen ambas, los que escuchan la Palabra de Dios, y la ponen en práctica» (Lucas 8, 21).

Noel Quesson
Evangelios 1