Comentario – Miércoles XXVII de Tiempo Ordinario

Lc 11, 1-4

Un día estaba Jesús orando…

Jesús dijo ayer a Marta -y a nosotros ¡que estaba demasiado agitada!

El mundo moderno se parece mucho a Marta: solemos estar agobiados, apresurados, agitados. No conozco a nadie, hombre o mujer que algún día no me haya dicho que desearía rezar más, pero que no encuentra tiempo, en medio de la sobrecarga de las ocupaciones urgentes de cada día.

Señor Jesús, estás orando; yo te contemplo. Concédeme poder pasar cada día un rato «sentado a tus pies». Serían muchas las cosas a hacer en este mismo momento, pero ninguna, a pesar de las urgencias que esperan -y que esperarán aún diez o veinte minutos no es tan urgente como lo es el escucharte y procurar contestarte.

Cuando hubo terminado…

Esperaron junto a El que terminara su oración… Me admira ese su respeto a la oración de Jesús: no lo estorbemos, que tome todo el tiempo necesario… nada es más urgente que esa oración… cuando terminará -dentro de diez o veinte minutos entonces le preguntaremos… mientras tanto, lo contemplamos: Jesús está orando…

Cuando hubo terminado, uno de sus discípulos le pidió: «Señor, enséñanos una oración, como Juan Bautista enseñó a sus discípulos.»

Juan Bautista les había enseñado sin duda a rezar en el contexto que era el suyo: la fiebre de la última y próxima espera del mesías. Los discípulos de Jesús quisieran también tener una oración salida de los labios de Jesús y del Reino de Dios que ahora comenzaba.

El les dijo: «Cuando recéis decid: Padre nuestro… Abba.»

He aquí la oración que surgió de Jesús.

Es muy interesante notar las diferencias entre el «Padre nuestro» relatado por san Mateo (6, 9) y el que nos relata aquí san Lucas. Seguramente uno y otro nos propusieron el texto usado en sus comunidades respectivas… a menos que el mismo Jesús hubiera dado en diversas ocasiones, varias versiones, a la vez diferentes y semejantes de esa oración. Hoy tenemos que volver a descubrir esa «diversidad» de las liturgias en la unidad de fondo.

Mateo

«Padre nuestro celeste,
«que sea santificado tu nombre,
«que venga tu Reino,
«que tu voluntad se haga en la tierra como en el cielo.
«el pan nuestro de cada día dánoslo hoy,
«perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores,
«Y no nos dejes caer en la tentación,
«mas líbranos del mal.

Lucas

«Padre nuestro,
«santificado sea tu nombre
«venga tu Reino
(…)
«danos cada día nuestro pan cotidiano,
«perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,
«Y no nos dejes caer en la tentación,
(…)

En esa versión se ha traducido por el mismo término cuando en Mateo y en Lucas hay el mismo término griego… pero hemos traducido por un término diferente si es también diferente el término griego.

Siete peticiones, según Mateo… cinco, según Lucas…

Noel Quesson
Evangelios 1

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