Lectio Divina – Martes XXXIV de Tiempo Ordinario

Es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato

1.- Oración introductoria.

Con el evangelista Juan quiero hacer una distinción entre “este mundo y “el mundo éste”. Este mundo que nos has regalado es maravilloso y quiero disfrutarlo y agradecerlo. Pero hay otro mundo “el mundo éste” que ha rechazado a Jesús, que se ha encerrado en sí mismo, que sólo busca las cosas superfluas y materiales, que olvida a los demás… Ese mundo quiero que desaparezca cuanto antes. Que se establezca el Reino de Dios que es  libertad, amor, esperanza, y deseos inmensos de fraternidad.

2.- Lectura reposada del evangelio: Lucas 21, 5-11

En aquel tiempo algunos ponderaban la belleza del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas. Jesús les dijo: Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida. Le preguntaron: Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir? Él dijo: Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: «Yo soy» y «el tiempo está cerca». No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis;porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato. Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Algo debe ser destruido. En la Iglesia soñada por Jesús siempre debe existir un “fin del mundo éste”. Esa Iglesia de grandeza, de poder, de grandes joyas, de riqueza acumulada y no compartida, debe desaparecer. De esa Iglesia no debe quedar piedra sobre piedra. Esa Iglesia de miedos y amenazas, de “profetas de calamidades”, “de fundamentalismos  apocalípticos” que ven ruina y devastación en todo lo que no cuadra con su miope y personal visión de las cosas, debe desaparecer; no debe quedar piedra sobre piedra. Eso no es evangelio, eso es fanatismo intolerante. También deben desaparecer los que pronostican ya el fin de este  mundo. Según nos dice el propio evangelio “el fin del mundo no es inmediato”. Que el fin del mundo ya estaba cerca, es lo que creía la primitiva Iglesia. Y fue precisamente el evangelista Lucas el que abre un nuevo horizonte al escribir una obra en dos partes: evangelio y hechos de los apóstoles. Ha terminado la etapa de Jesús en la tierra, pero ahora comienza una nueva etapa: la etapa de la Iglesia que, por la acción del Espíritu Santo, está llamada a reproducir y llevar adelante  la obra de Jesús. Los cristianos de todos los tiempos no podemos perder el tiempo preguntando: ¿Cuándo va a suceder esto? Es tanta y tan bonita la tarea que debemos hacer que no nos es permitido, como a la esposa de  Lot, mirar atrás, si no nos queremos convertir en estatuas de sal, es decir, en personas estáticas que frenan el curso de la historia. Lo nuestro es mirar adelante y entusiasmarnos con la bella tarea de construir un “nuevo mundo” una nueva Iglesia en la que Jesús sea el único fundamento.

Palabra del Papa

Jesús dijo: “Esto que ven, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida”. Naturalmente le preguntan: ¿cuándo sucederá esto?, ¿cuáles serán los signos? Pero Jesús dirige la atención de estos aspectos secundarios – ¿cuándo será?, ¿cómo será? – la dirige a las verdaderas cuestiones. Y son dos: Primero: no dejarse engañar por falsos mesías y no dejarse paralizar por el miedo. Segundo: vivir el tiempo de la espera como tiempo del testimonio y de la perseverancia. Y nosotros estamos en este tiempo de la espera, de la espera de la venida del Señor. Esta alocución de Jesús es siempre actual, también para nosotros que vivimos en el Siglo XXI. Él nos repite: “Miren, no se dejen engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre”. Es una invitación al discernimiento. Esta virtud cristiana de comprender dónde está el Espíritu del Señor y dónde está el mal espíritu. También hoy, en efecto, hay falsos “salvadores”, que tratan de sustituir a Jesús: líderes de este mundo, santones, también brujos, personajes que quieren atraer a sí las mentes y los corazones, especialmente de los jóvenes. Jesús nos pone en guardia: “¡No los sigan!”. “¡No los sigan!” (S.S. Francisco,  Ángelus del 17 de noviembre de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito. Amar apasionadamente este tiempo que nos toca vivir porque no tenemos otro. Y Dios ama y quiere salvar a esta generación

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, quiero ser una persona de mi tiempo y no quiero, de ninguna manera, hablar mal de esta época que nos toca vivir. Como el Evangelista Lucas, quiero mirar adelante, abrir un horizonte de esperanza, dar ilusión a gente que va de vuelta de todo, y decir que para los cristianos, “cualquier tiempo pasado fue peor”. Es mucho mejor lo que nos queda que lo que ya hemos vivido. De Dios nos queda casi todo por descubrir. Él siempre nos sorprende. ¡Gracias, Señor!

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Comentario – Martes XXXIV de Tiempo Ordinario

Lc 21, 5-11

Comenzamos hoy la lectura del último discurso de Jesús. Los exegetas lo llaman «el Discurso Escatológico». Jesús emplea un estilo literario y unas imágenes estereotipadas simbólicas: es una especie de código del lenguaje que todo el mundo comprendía entonces, porque era el tradicional en la Biblia. Jesús habla el lenguaje de su tiempo. Emplea aquí el estilo de los «apocalipsis» de su época… si bien de un modo mucho más discreto que la mayor parte de otros apocalipsis que se han conservado de aquel tiempo.

Más aún que otros pasajes del evangelio esos discursos han de ser interpretados inteligentemente. No podemos dejar de hacer una lectura algo científica si no queremos correr el riesgo de pasar por alto su sentido profundo.

Son ante todo unos pasajes extremadamente oscuros, en los que están mezcladas, por lo menos, dos perspectivas: el fin de Jerusalén… y el fin del mundo… La primera es simbólica respecto a la segunda. A través de ese detalle resulta evidente cuan importante es superar las imágenes, para captar su sentido universal, válido para todos los tiempos. El acontecimiento que Jesús tiene a la vista -la destrucción de Jerusalén nos da una clave para interpretar muchos otros acontecimientos de la historia universal.

Algunos discípulos de Jesús comentaban la belleza del Templo por la calidad de la piedra y de las donaciones de los fíeles. En tiempos de Jesús, el Templo era recién edificado; incluso no terminado del todo. Se comenzó su contracción diecinueve años antes de Jesucristo: era considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo. Sus mármoles, su oro, sus tapices, sus artesonados esculpidos, eran la admiración de los peregrinos. Se decía: «¡Quien no ha visto el santuario, ése no ha visto una ciudad verdaderamente hermosa!»

Jesús les dijo: «Eso que contempláis llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido.»

Símbolo de la fragilidad, de la caducidad de las más hermosas obras humanas.
Los más bellos edificios del hombre se construyen sobre las ruinas de otros edificios destruidos. En ese mismo lugar ya habían estado en otro tiempo otras dos maravillas: el Templo construido por Salomón, hacia el año 1.000 antes de Jesucristo, y destruido por Nabuconosor en 586… luego el Templo construido por Zorobabel, cuya primera piedra había sido colocada en 516… El Templo contemporáneo de Jesús, será destruido unos años más tarde por Tito, en 70 d. de J.C…. para ser reemplazado en 687 por la Mezquita de Ornar, que continúa en el mismo sitio.

Lejos de mezclarse a las voces admirativas de sus discípulos, Jesús hace una predicción de desgracia, en el más tradicional estilo de los profetas (Miqueas 3, 12; Jeremías, 7, 1-15; 26, 1-19; Ezequiel, capítulos del 8 al 11)

Medito sobre la gran fragilidad de todas las cosas… sobre «mi» fragilidad… sobre la brevedad de la belleza, de la vida…

Hay que saber mirar de frente esa realidad, siguiendo la invitación de Jesús: «todo será destruido».

Los discípulos le preguntaron: Maestro, ¿cuando va a ocurrir esto y cuál será la señal de que va a suceder?

Los discípulos nos representan muy bien, junto a Jesús. Ellos le proponen la pregunta que nos hacemos hoy. Querríamos también saber el día y la señal…

Creemos que sería más conveniente saber la «fecha»…

Jesús respondió: «Cuidado con dejarse extraviar… porque muchos dirán: «Ha llegado el momento» No los sigáis… No tengáis pánico…»

Todas las doctrinas de tipo «adventistas» fundadas sobre una susodicha profecía precisa del retorno de Cristo, quedan destruidas por esa palabra de Jesús.

Hay que vivir, día tras día, sin saber la fecha… sin dejarse seducir por los falsos-mesías, sin dejarse amedrentar por los hechos aterradores de la historia.

Noel Quesson
Evangelios 1

La chispa de Dios

1.- Todos tenemos la experiencia de caer en la cuenta por vez primera de cosas que hemos estado viendo siempre pero nunca han entrado en el campo de nuestra atención. Las líneas magníficas de un edificio, la hermosura de un monumento, la preciosidad de un jardín. Hemos pasado junto a ellos día tras día sin caer en la cuenta.

Como dice el evangelio, trayendo el ejemplo de Noe, la gente comía y bebía y se casaba. Nosotros comemos y bebemos y trabajamos y llevamos vida de familia y amistad y toda nuestra atención se reduce a ese campo estrecho, dejando en la penumbra un sin fin de realidades, tan reales como esa vida de cada día, como si esas cosas no tuvieran que ver conmigo.

La enfermedad, un accidente de coche, un robo… como si no tuvieran que ver conmigo hasta que el enfermo soy yo, el accidentado soy yo, el robado soy yo o al que le ha tocado la lotería soy yo.

Respecto a esas cosas parece que tenemos el alma sin estrenar. Allí jamás ha habido un chispazo de atención. Vivimos adormecidos en el vaivén del viaje del tren y sólo nos despiertan los frenazos. La monotonía sin cambio del día a día nos entorna los párpados y solo el terrible atentado de Madrid, el 14 M, el anterior de las Torres Gemelas, nos hacen abrir los ojos.

2.- Pues esto es lo que la palabra de Dios viene a decirnos hoy. “Ya es hora de espabilarse”. “Velad, es decir: tened los ojos abiertos y atentos”. “Daos cuenta del momento que vivís”

–Pasad del sueño a una conciencia lúcida y clara

–Caed en la cuenta de las cosas que viven en vuestra penumbra

–Sentid que va con vosotros

–Salid de la nube de contaminación en que vivimos.

Ahora que comienza a dos pasos el nuevo año 2005 hagamos que los ojos de nuestra Fe, tengan una mirada penetrante para esas maravillosas realidades espirituales que creemos, pero que tenemos en la penumbra de nuestra atención. No podemos seguir viviendo amodorrados ante las verdades de nuestra Fe. Tenemos que vivirlas –¡vivirlas!— con garbo y alegría

3.- Hay unas pocas verdades fundamentales de nuestra Fe que deberían mantenernos en ascuas y ser capaces de hacernos caer en la cuenta del momento en que vivimos.

–¿Caemos en la cuenta de que va conmigo que Dios está tan cercano a mi, que le tengo en todas partes, que le llevo conmigo y le paseo por calles y plazas y que en el trabajo y en casa y en la mesa del bar esta conmigo?

–¿Caemos en la cuenta de que va conmigo que dios, el Señor Jesús, ha dado realmente su vida por mi?

–¿Caemos en la cuenta de que va conmigo que el Señor Jesús me espera siempre en los sagrarios de nuestras iglesias?

— ¿Caemos en la cuenta de que va conmigo que todos nosotros somos de verdad hermanos, hijos todos queridos de un mismo Padre, y que lo que ese Padre quiere es que formemos de verdad una familia?

No dejemos pasar un año más sin que haya saltado en nuestros corazones la chispa de Dios.

No sigamos siendo pasotas de Dios y de los hombres, que la palabra de dios se haga sonido inteligible en nuestros corazones y que entre hombre y hombre salte la chispa del mutuo reconocimiento, de la fraternidad.

¡Velad! Despertemos a las verdades de Dios, que ya creemos, pero que aún no han tocado nuestro corazón.

José María Maruri, SJ

La conversión de corazón

1.- El tiempo de Adviento –tiempo de la “venida”– es uno de los tiempos fuertes del año litúrgico más acentuados tradicionalmente, y quizás con mayores resonancias espirituales.

La reacción del creyente al celebrar la “venida del Señor” es, desde luego, la conversión de corazón, pero es también el gozo, la esperanza, la oración, la decisión de salir al encuentro del Señor que viene… Por eso el tiempo de Adviento no es directamente penitencial, y sería equívoco plantearlo como una especie de cuaresma previa a las fiestas de Navidad.

Adviento es el tiempo oportuno y privilegiado para escuchar el anuncio de la liberación de los pueblos y de las personas. En él se percibe una invitación a dirigir el ánimo hacia un porvenir que se aproxima y se hace cercano, pero que todavía está por llegar. Tiempo para descubrir que nuestra vida pende de unas promesas de libertad, de justicia, de fraternidad todavía sin cumplir; tiempo de vivir la fe como esperanza y como expectación; tiempo de sentir a Dios como futuro absoluto del hombre…

2.- Pero nadie, dice el Evangelio, sabe la hora en que sucederá todo eso tan definitivo y tan decisivo que llamamos la plenitud del Reino de Dios, y que Jesús anuncia con el nombre de venida del Hijo del Hombre. Lo importante es estar siempre preparado como si de un momento para otro fuera a ocurrir. Jesús ha dicho, que la hora no la sabe ni siquiera el Hijo, menos todavía, diríamos nosotros, todos esos charlatanes que pretenden hablarnos en nombre de Dios.

En la comparación con el diluvio lo único que importa es la «repentividad» del suceso, a pesar de avisado. El punto de comparación no es lo destructivo del diluvio o su aspecto de castigo, sino lo repentino y decisivo para la humanidad, por mucho que estuviera avisado. La plenitud del Reino no puede ser vista como un diluvio castigador y destructivo, igual que el Hijo del Hombre sólo tiene en común con un ladrón el que, como el ladrón, puede llegar en cualquier momento y que debemos vivir preparados para esa eventualidad. Si el Hijo del Hombre fuera como un ladrón, o la plenitud del Reino fuera como el diluvio, ni nosotros pediríamos todos los días en el “padrenuestro”: “Venga a nosotros tu Reino”; ni los primeros cristianos se hubieran pasado la vida entera diciendo lo contrario: ven Señor Jesús: ¡Maranatha!

Pero, hay alguna manera mejor de recalcarnos que nadie puede saber el cuándo, que, por lo tanto, todos los cálculos con el calendario no sirven para nada. ¿Si tomamos precauciones frente a la posibilidad de un ladrón, por qué no las tomamos frente a la posibilidad avisada de algo tan definitivo y decisivo como la plenitud del Reino de Dios o la «venida» del Hijo del Hombre? ¿Por qué vivimos como si el Hijo no fuera a reinar aquí nunca? Es más, ¿cómo es posible que vivamos haciendo lo contrario de lo que Dios desea?

3.- La primera lectura de la celebración eucarística, tomada del profeta Isaías, nos anuncia lo que ocurrirá cuando el Reino de Dios llegue a su plenitud y sea de verdad Dios quien reine entre nosotros: nadie hará la guerra, sino que tendremos por fin la paz. Todos los pueblos se sentirán convocados a rendir culto al verdadero Dios y a dejarse inspirar por el amor.

La segunda lectura, de la carta de san Pablo a los cristianos de la ciudad de Roma, aleja todo temor acerca de que esa segunda «venida» signifique para nosotros otra cosa que salvación. ¿Quién es el que llega sino quien estuvo dispuesto a dar su vida por nosotros para demostrarnos hasta dónde llega su amor por su pueblo? ¿Esperamos nosotros a Cristo como quien espera la llegada de su mejor amigo o hemos convertido su segunda «venida» en una amenaza, en la llegada de un enemigo?

El Evangelio nos pide que vivamos como si, como si de un momento para otro fuera a suceder el cambio decisivo de la realidad. ¿De verdad creemos en la «venida» de Jesús ya proclamado como Señor por todos los pueblos? ¿Esperamos esa «venida» preparándonos? ¿Deseamos ese cambio decisivo de la realidad? ¿Hablamos con esperanza y deseo de esa segunda «venida» o con temor? ¿Cómo podemos pedir, en el “padrenuestro”, «venga a nosotros tu Reino» y no desear que venga?

4.- Reavivamos en este tiempo de Adviento y revivimos la admirable espera de Israel por el Mesías; anticipamos el final de los tiempos aún pendiente y por venir; incrustados en esa línea histórica nuestro presente como encarnación y compromiso. De la mano de los grandes profetas, de los grandes precursores y, ante todo, de Jesús, el hombre que vivió totalmente para los demás, nos hacemos al camino para acelerar la llegada de una humanidad adulta, transida del Espíritu de Dios y reconciliada con el mundo trasformado, con la tierra nueva.

Antonio Díaz Tortajada

Música – Domingo I de Adviento

Entrada: A ti Señor (Apéndice)  ¡Ven, Salvador!  CLN 3; Vamos a preparar el camino CLN. 17;
Introito en latin: Ad te levavi.
Corona de Adviento: Ven, ven Señor. CLN. 9
Acto Penitenciál: Señor ten piedad. CLN B O bien
Misa de de Adviento C, Gregoriano
Responsorial y Aleluya ¡Qué alegría cuando me dijeron!
Ofertorio:   Rorate. CLN 32
Santo:  I 4..
Comunión:  El Dios de Paz. CLN. 1;  Toda latierra, (Cantos varios); Palabra que fue luz  CLN 18;Esperamos tu venida CLN. 19;   
Final: Un pueblo que camina CLN. 7; Maranatha  N º 2 (Liturrgia de las horas) Alma Redemptoris A (Castellano)

Oración de los fieles – Domingo I de Adviento

Dios Padre Nuestro, observa esta Asamblea de hijos tuyos que reunidos aquí en la Eucaristía esperamos la venida de tu Hijo Unigénito, nuestro Maestro y Amigo. Y respondemos

R.- DANOS ALEGRÍA EN LA ESPERA, SEÑOR

1.- Por el Papa Francisco, por el obispo de nuestra diócesis (…) y por todos los obispos de la tierra para que ayuden y estimulen a una espera de Adviento en alegría al pueblo a ellos confiado. OREMOS

2.- Por el todo el Pueblo de Dios, especialmente por los sacerdotes, por los diáconos, por las personas consagradas y por todos los hombres y mujeres que viven un laicado comprometido y solidario con todos los hermanos. OREMOS

3.- Por los gobernantes de todo el mundo, especialmente por los de los países de mayoría católica o cristiana, para que sepan interpretar el mensaje de amor y esperanza que el Adviento trae a sus conciudadanos. OREMOS

4.- Por los responsables de la economía y de las políticas sociales para que luchen contra las causas que producen la pobreza y la marginación. OREMOS

5.- Por los pobres, los enfermos, los ancianos, los marginados, los inmigrantes en dificultades, para que reciban, durante este Adviento, toda la ayuda que necesiten. OREMOS

6.- Por todos nosotros, presentes en esta Eucaristía del Primer Domingo de Adviento para que sepamos esperar el Nacimiento de Jesús con alegría, dedicación, amor y solidaridad. OREMOS

Recibe Dios Nuestro estas plegarias que te presentamos con fe y con esperanza

Por Jesucristo Nuestro Señor


Como dice San Pablo es hora de espabilarse y dejar aquellas actividades que nos alejan de Dios. Pidámosle al Dios que viene:

R.- AYUDÁNOS A PREPARAR TU VENIDA.

1.- Por el Papa, los obispos, los sacerdotes, para que con sus palabras, gestos, estímulos y ejemplos nos hagan despertar a la vida que Cristo viene a traernos. OREMOS

2.- Por el fin de las guerras y las hostilidades, por el cambio en los corazones, para que todos aceptemos Dios con juez supremo, y juntos construyamos la paz. OREMOS

3.- Por los niños, para que puedan celebrar una Navidad llena de amor, fiel reflejo del Amor que Cristo nos trae. OREMOS

4.- Por los que sufren, los que viven solos, los que tienen necesidad, para que encuentren a su alrededor la comprensión necesaria para seguir adelante. OREMOS

5.- Por los que en otros años celebraron el Adviento con nosotros y ya no están aquí, para que estén junto al Padre disfrutando de su Reino. OREMOS

6.- Por todos los presentes en esta Eucaristía y que desde hoy preparamos tu venida, para que este tiempo de espera sirva de reflexión y cambio en nuestra rutina. OREMOS

Padre, en este comienzo de Adviento te pedimos que acojas estas súplicas y nos ayudes a preparar la venida de tu Hijo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.

Comentario al evangelio – Martes XXXIV de Tiempo Ordinario

Perspectiva

Obsérvese que Jesús habla de los tiempos y los acontecimientos apocalípticos de una manera práctica. Es capaz de hacerlo, precisamente, porque tiene perspectiva y ve el panorama general. Cuando el terremoto y el tsunami de 2004 causaron una inmensa tragedia, mucha gente se preguntó: «¿Cómo puede un ‘Dios bueno’ permitir que ocurran estas cosas tan terribles?» Aunque nadie puede negar la magnitud de las pérdidas y el sufrimiento, la observación del geólogo holandés Jelle Zeilinga de Boer puede ayudarnos a ver el panorama general. Los terremotos se producen cuando las placas terrestres se separan, se agrietan y se atropellan. Como consecuencia, se forman magmas en las profundidades de la tierra, que luego son lanzados a la superficie, liberando nutrientes y agua, lo que hace posible y sostenible la vida en la tierra. Una visión a largo plazo del tiempo y de la naturaleza nos ayuda a ver estos acontecimientos en perspectiva y a confiar en Dios, incluso cuando utilizamos el temple científico que Dios nos ha dado para reducir las trágicas consecuencias.

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Santa Cecilia

Hoy celebramos la memoria de santa Cecilia.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 25,1-13): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.

»Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora».

Hoy celebramos santa Cecilia, mártir. Según el martirologio conocido como “Martyrologium hieronymianum”, Cecilia fue una noble romana convertida al cristianismo y martirizada por su fe (entre los años 180 y 230). Su nombre está incluido entre los mártires mencionados en la Plegaria Eucarística I de la misa.

Con la parábola de unas vírgenes prudentes y otras que no lo eran, Jesús nos habla de cómo podemos entrar en el Reino de Dios. La prudencia es una virtud: es prudente el hombre sabio que mide sus palabras y actúa con serenidad y sabiduría en su vida; sabe ser previsor antes las circunstancias que se presentan repentinamente. Entre los dones del Espíritu podemos incluir el de la prudencia. 

Las vírgenes prudentes poseían este don del Espíritu. En su conducta previsora se habían proveído de suficiente aceite. No fueron sorprendidas en vacío, pudieron entrar en el banquete. Las que no actuaron con esta sabia prudencia quedaron excluidas de la fiesta. 

Santa Cecilia es una joven mártir. Cuando («a medianoche») llegó el Esposo, en el momento de su martirio, el Señor la encontró prudentemente proveída del aceite de la fe con la lámpara encendida. Su fe, alimentada por el Espíritu, no se apagó ante la prueba. Acompañó al Esposo con la lámpara encendida de la fe. El místico Serafín de san Buenaventura, comentando este texto evangélico, dijo: «Pienso que a las vírgenes que no eran prudentes les faltaba el Santo Espíritu de Dios. Adolecían de la gracia del Espíritu Santo, simbolizada por el aceite, sin el cual nadie puede ser salvado». 

Las vírgenes prudentes, Cecilia entre ellas, con la gracia del Espíritu Santo pudieron mantener encendida la llama de la fe cuando vino el Esposo, «entraron con él a las bodas» (Mt 25,10) siguiendo sus pasos. Sólo con la gracia del Espíritu Santo pudieron acompañar al Esposo…, pudieron como Él pasar por la puerta de la muerte a fin de participar con Él en el banquete eterno de las bodas del Cordero.

Rev. D. Josep Mª CAMPRUBÍ i Rovira

Liturgia – Santa Cecilia

SANTA CECILIA, virgen y mártir, memoria obligatoria

Misa de la memoria (rojo).

Misal: 1ª oración propia y el resto del común de mártires (para una virgen mártir) o de vírgenes (para una virgen), o de un domingo del Tiempo Ordinario; Prefacio común o de la memoria. Conveniente Plegaria Eucarística I.

Leccionario: Vol. III-par.

  • Ap 14, 14-19. Ha llegado la hora de la siega, pues ya está seca la mies de la tierra.
  • Sal 95. Llega el Señor a regir la tierra.
  • Lc 21, 5-11. No quedará piedra sobre piedra.

O bien: cf. vol. IV.


Antífona de entrada
Esta virgen valiente, ofrenda de pureza y castidad, sigue al Cordero crucificado por nosotros.

Monición de entrada y acto penitencial
Se celebra hoy la memoria de santa Cecilia que, según la tradición, consiguió la doble palma de la virginidad y del martirio en el siglo III. Acompañada de instrumentos celestiales, la joven Cecilia cantó al Señor en su corazón un cántico nuevo.

Yo confieso…

Oración colecta
OH, Dios,
que nos alegras cada año
con la celebración de santa Cecilia,
concédenos imitar los ejemplos
que piadosamente hemos recibido de tu sierva,
y que proclaman las maravillas de Cristo, tu Hijo, en sus servidores.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Invoquemos, hermanos, con corazón unánime, a Dios Padre todopoderoso, fuente y origen de todo bien.

1.- Por la santa Iglesia católica, extendida por todo el universo. Roguemos al Señor.

2.- Por nuestro santo padre el papa N., por nuestro obispo N., por los sacerdotes y demás ministros de Dios. Roguemos al Señor.

3.- Por esta ciudad (este pueblo) de N., por su prosperidad y por todos los que en ella (él) habitan. Roguemos al Señor.

4.- Por los que sufren, por nuestros hermanos enfermos o encarcelados. Roguemos al Señor.

5.- Por los que cuidan de los ancianos, pobres y atribulados. Roguemos al Señor.

6.- Por todos nuestros difuntos: para que Dios los reciba en su reino de luz y de paz. Roguemos al Señor.

Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas cuanto existe en el cielo y en la tierra: escucha las oraciones de tu pueblo y concede a nuestro tiempo la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR,
que los dones que te presentamos en la fiesta de Santa Cecilia
sean tan agradables a tu bondad
como lo fue para ti el combate de su martirio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Ap 7, 17
El Cordero que está delante del trono los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.

Oración después de la comunión
OH, Dios,
que coronaste a la bienaventurada Santa Cecilia
entre los santos con el doble triunfo de la virginidad y del martirio,
concédenos en virtud de este sacramento,
vencer con fortaleza toda maldad
y alcanzar la gloria del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.