La revolución de Jesús

1.- He echado de menos en el mundo una revolución que inició Cristo y que los cristianos no han sabido continuar. No es una frase sospechosa de un defensor de la Teología de la Liberación. Es una queja de un espectador que mira al mundo cristiano desde fuera. Es de Rabindranath Tagore.

Comenzamos el Adviento, tal vez reducido hoy en la Iglesia a un mero tiempo litúrgico, cuando en los primeros tiempos de la Iglesia fue una actitud que llenaba toda la vida de los cristianos. Esperaban la segunda venida de Jesús como algo cercano e inmediato, malinterpretando las palabras del Señor y vivían en tensión de espera, haciendo buenas obras, muy unidos unos con otros, repartiendo lo que tenían con los que no tenían. Y algunos, menos dados al trabajo, cruzándose de brazos sin hacer nada, porque… ¿para qué si todo iba a acabar pronto?

2.- Han pasado los siglos, y aquel primer vino chispeante que llenaba de energía a los cristianos perdió su fuerza. Nos hemos arrellanando cómodamente en este mundo. Y comemos, bebemos, dormimos y nos divertimos como en tiempo de Noé… y aún en nuestra vida cristiana ha entrado la rutina, misa los domingos, confesión de tarde en tarde, algún rezo en casa, vino sin chispeo, champán sin energía, peces muertos que se mueven en los ríos empujados por la corriente.

¿Hay entusiasmo en nuestra vida cristiana? ¿Hay creatividad? ¿Tenemos en la vida cristiana el entusiasmo que se pone en un nuevo hogar? ¿En el trabajo de cada día? ¿En salir adelante con los estudios? ¿En divertirnos, aunque sea santamente?

3.- ¿Y qué nos dice San Pablo? Ya es hora de despabilarse, de abrir los ojos cargados de sueño. ¿Y el evangelio? Estad en vela, es decir estad despiertos, salir, en definitiva, de la rutina.

Sí, ya es hora de que cada uno de nosotros tomemos en serio esa revolución que vino a hacer Jesús al mundo y que dio con Él en la cruz. Esa que Tagore echa de menos. La revolución del amor entre hermanos.

En esta sociedad en que impera el sectarismo y los intereses económicos o políticos, en que el único lenguaje que se impone es el de las metralletas y el odio, nosotros tenemos que tomar en serio aquello a lo que vino Cristo a la Tierra, que bien claro nos lo dejó cuando nos dijo: “Sabrán que sois discípulos míos si os amáis unos a otros”…“Seréis cristianos cuando os preocupéis unos por otros”

Ya es hora que cada uno de nosotros nos examinemos con sinceridad y veamos hasta que punto se nota que yo soy cristiano, si los demás que viven junto a mí pueden darse cuenta de que me preocupo por ellos, o lo único que ven es que vivo centrado en mí mismo, que no me molesto por los demás, y que me molesta cuando me piden ayuda o un favor.

No nos gusta que abusen de nosotros, que nos tomen por tontos, que acudan a nosotros sólo cuando nos necesitan. Pues dichoso aquel al que todos acuden a pedirle favores, señal que los hace y que vive preocupado por los demás.

4.- Vosotros y yo trabajamos mucho. Posiblemente vosotros trabajáis mucho más que yo. Pero el trabajo por el trabajo no es cristiano. El trabajo empieza a hacerse cuando se convierte en servicio a los demás. Cualquier trabajo es servicio, el del ama de casa, el del administrativo, el del profesor, el del médico o la enfermera, el del que está detrás de un mostrador, todos, porque en todos tenemos que atender a personas que vienen a nosotros, y a las que con nuestro trabajo o conocimientos podemos y debemos ayudar y tratar como son… hermanos nuestros.

Debemos llenar ese trabajo nuestro de cada día con la preocupación por los que nos rodean, por los que acuden a nosotros. Que en ese trabajo haya siempre bondad para los demás, el chispeo de la alegría y del buen humor. Y entre todos convertiremos esta sociedad en algo “vivible”, en algo humano, en una sociedad de hermanos como Cristo quiso y Tagore echo de menos.

José María Maruri, SJ

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