Mandas profetas, Señor

Como hiciste con Juan Bautista,
continuamente nos estás avisando
cómo tenemos que vivir.
Vas poniéndonos personas
que acompañan nuestra vida,
como una lección de austeridad,
de profundidad y de coherencia.
Nosotros preferimos andar despistados,
distraídos en lo que llamamos
las cosas importantes de la vida,
pero que sabemos muy bien
que nada tienen que ver con lo esencial,
que son nuestras rutinas
y nuestros hábitos
pero que no siempre son
la forma de vivir a tu manera
ni de construir tu Reino.

Nos mandas profetas,
te las ingenias para recordarnos,
con su hacer o su palabra,
que quizá nuestra vida no es del todo
fecunda, que podríamos dar más fruto,
que los demás no se están beneficiando
de todas las cualidades que poseemos,
que no nos regalamos bastante

en la familia, en el trabajo,
en el entorno, en la vida social,
y en este mundo que nos necesita
para llenarlo de justicia y buen reparto.

Y Tú, Padre, nos hablas al corazón,
en vivo en la oración
y a través de otros hermanos
que disfrutan de una comunicación
más intensa contigo.

Nos recuerdas que no nos quieres
fariseos, presuntuosos, seguros,
que nos quieres frágiles y disponibles,
entregados y libres al mismo tiempo,
dispuestos a vivir a tu amorosa manera,
construyendo relaciones de igualdad,
atentos a todo aquello
que le ocurre al otro.
Y, sobre todo, nos invitas
a vivir comprometidos en transformar
este mundo nuestro
en esa tierra nueva
donde todas las personas
nos tratemos como hermanos.

Sigue mandándonos profetas,
sigue despertándonos el corazón.
No nos dejes pasarnos la vida sesteando
en una mediocridad
que nada tiene que ver contigo.
Frena el hacha que está dispuesta
a cortar nuestro árbol de la vida
porque no da frutos
y vuelve a darnos otra oportunidad
para vivir una vida más fecunda,
feliz y plena.
Solos no podemos, no sabemos…,
pero contigo al lado todo nos es posible.

Anuncio publicitario