Ef 1, 3-6. 11-12 (2ª Lectura Inmaculada Concepción de María)

1ª) ¡La bendición superabundante de Dios!

El proyecto de Dios es inmutable y decidido ya desde antes de la creación del mundo. La Iglesia, al introducir o elegir este texto para la fiesta de la Inmaculada Concepción, nos invita a dirigir la mirada a María como la primera y singular beneficiaria de esta bendición* y elección en la Persona de Cristo, que es su Hijo al darle la naturaleza humana. La primera elegida en el plan de Dios antes de la creación del mundo. Jesús es el Bendito por antonomasia y María es la bendita que dio el ser humano a Jesús. En la Pascua llega a plenitud la bendición de Dios a favor de los hombres. Y la elección también es un elemento sustancial y un hilo conductor en la historia salvífica (es la teología fundamental de los deuteronomistas que interpretan toda la historia salvífica desde la elección). Jesús es el Elegido por antonomasia y su madre una elegida singular. Esta palabra sigue resonando hoy en medio de nuestro mundo y ofrece al hombre una esperanza alentadora. Los creyentes, desde la experiencia de pertenecer a la escuela del Bendito y adoctrinados por su madre la bendita, pueden anunciar al mundo con la palabra y el testimonio este privilegio magnífico de Dios abierto a cuantos quieran aceptarlo porque se les ofrece gratuitamente.

2ª) ¡La superabundante gratuidad de Dios!

Él nos ha destinado en la Persona de Cristo -por pura iniciativa suya- a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Con Cristo hemos heredado también todos. En el orden establecido por Dios, el derroche de su gracia tiene un comienzo especial. Cuando el autor habla de que todos hemos recibido el don para gloria de su gracia, proclama la universalidad del don. Todos recibimos superabundantemente. Todos los que entran en el plan de Dios, libremente aceptado, reciben a rebosar ese don. Entre todos los que recibimos ese don, hay una mujer que ha participado de modo singular del mismo. Cuando insistimos en la expresión “de modo singular” queremos decir eminente, pero no exclusivo. María llega a ser hija de Dios por Jesús como nosotros; participa de la heredad por medio de Jesús como nosotros. Pero en ella se adelanta el don antes de experimentar el pecado; nosotros alcanzamos el don después de participar de él pero cuando somos liberados de él por la fe y el bautismo. Recibe el don siendo preservada y redimida; nosotros lo recibimos porque somos redimidos. Pero todos entramos a formar parte del nuevo pueblo de Dios con una gran esperanza porque todos recibimos superabundantemente.

Fray Gerardo Sánchez Mielgo

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