María es el gran amor de muchos

1.- El génesis y desarrollo del dogma de la Inmaculada Concepción tiene en España un lugar privilegiado. Durante años, siglos, se aceptaba que la Virgen, desde su concepción ya era inmaculada, sin pecado. El antecedente español bien podría estar en la costumbre de las Iglesias orientales que ya celebraban esa concepción inmaculada en los siglos VII y VIII de nuestra era. Pero fue el Papa IX –beato desde hace poco—quien elevó a la categoría de dogma una muy bella creencia fundamentada en el fervor popular.

Personalmente, lo que más me llama la atención del culto y respeto por Maria de Nazaret, la Madre de Jesús, es el tierno amor que le dispensan millones de fieles en todo el orbe. Y que sin entrar de otras significaciones sublimes que llevan a la reverencia y a la adoración, tales como pueden ser la fuerza, el poder y la belleza de Dios, en el caso de Maria es un amor de los fieles que está presente en mucha gente. Es una Madre, es un Auxilio permanente, es una valedora y una conversadora frecuente en el ánimo y en la conciencia de esa innumerable multitud de fieles cristianos. Y me parece que lo que le hace más Reina de todos, es, precisamente, ese amor vivo que circula por los corazones de muchos. Y ante eso tendrían menos importancia cuestiones, tal vez, más profundas, o de factura más teológica o cristólogica. Y, por favor, no se mire este comentario con la lupa de la exactitud o de la ortodoxia. Es, mejor o peor dicho, una explosión de amor…

2.- El relato de Lucas sobre la Anunciación es uno de los más bellos de todo el Evangelio. Eso yo implica ternura y admiración. En el encuentro entre el Ángel y la Muchacha se da como un gran vértigo, positivo y bello. La eternidad y la temporalidad se juntan en un momento en que, sin duda, tuvo que acontecer una gran perturbación cósmica. Es José Luis Martín Descalzo quien “desmiente” que hubiera juegos de estrellas, ni que las flores aparecieran de improviso en la zona cercana a donde se producía el encuentro entre Maria y el Gabriel, el Arcángel de Dios. Todo trascurrió con la suavidad de un hecho que bien podría haber parecido a un afortunado espectador imparcial, un suceso corriente. Y, sin embargo, Dios por medio de un Ángel reiniciaba un episodio nuevo de la Creación y todo a través de una niña, de una jovencita que no pasaba de los 14 años.

3.- Jesús dijo una vez que “os reconocerán como discípulos míos por como os amáis” Y bien podría decirse que a muchos se les descubrirá que son discípulos cabales del Señor, por el amor que demuestran en toda hora y en todo momento por María. Algunos enemigos del catolicismo han tendido a exagerar con malicia las razones, profundas, sobre el sentimiento que los católicos tenemos por María. Se ha llegado a decir que recibe más adoración que el propio Jesús, que el mismo Dios. Y si bien es cierto que en esto de los ritos, puede acontecer alguna exageración entre los católicos, la realidad es que María es siempre como un universo de amor y entrega. En la cercanía profunda de Dios y de su Hijo. No por encima. “Y ella guardaba todas estas cosas en su corazón”. Supo de algo muy importante, inconmensurable, solo propio de un Dios que se había hecho hombre: la generosidad divina de buscar vías de redención para una humanidad que estaba en peligro.

Maria, como todo ser humano, tuvo que tener momentos difíciles y muy duros. Los tuvo Jesús en ese momento previo a todo que fue la oración del Monte de los Olivos, donde pudo ver y aprehender todos los pecados de la humanidad. Maria, a su vez, vio que las respuestas de la realidad eran muy difíciles y que, obviamente, una espada la estaba partiendo el corazón.

4.- Una vez más la fiesta de la Inmaculada es como una importante realidad dentro del Adviento. Es anuncio de que María, nuestra Señora, va a ser protagonista notable de esos días en los que el Salvador va a venir al Mundo. Ella, obviamente, es su Madre, pero también es como camino y pauta, libro y enseñanza. Y termino yo, aquí, como empezaba. Son esos millones de hermanos y hermanas que demuestran y explayan su amor tierno por Maria lo que da a esta fiesta de la Inmaculada Concepción una importancia fundamental. Y ojalá que el amor que se acoge al seno maternal y virginal de Maria sea vehículo y símbolo de un mayor amor entre todos. Dios es amor. Dios es esperanza, como ha querido decirnos el Papa Benedicto en su última encíclica.

Ángel Gómez Escorial