Homilía – Martes III de Tiempo Ordinario

Jesús ha formado una nueva familia, distinta de la familia natural. Formó un nuevo pueblo abierto a todos los que lo quieren seguir y aceptar el designio del Padre.

En ese momento, los discípulos que rodeaban a Jesús eran esa familia. Por eso cuando alguien le dice a Jesús que allí están esperando su madre y sus hermanos para hablar con él, señala a sus discípulos y dice: estos son: mi hermano, mi hermana y mi madre,… porque cumplen la voluntad de mi Padre.

Y si no comprendemos esto, las palabras de Jesús nos pueden parecer duras para con María.

La gente que rodeaba a Jesús en ese momento, probablemente no entendía las palabras de Jesús, pero nosotros sí las entendemos

Nosotros sabemos que Jesús con estas palabras, lejos de despreciar a su madre, la alaba porque María es sin duda quien mejor ha sabido escuchar y poner en práctica la Palabra del Señor. Por eso es acreedora a ser madre de Jesús.

María es madre de Jesús, más que por haber dado a luz a Cristo, por haber cumplido fielmente durante toda su vida la voluntad del Padre.

Este evangelio debe ser para nosotros un incentivo y una meta. Porque Jesús nos muestra el camino para ser su familia, para ser sus hermanos. El camino es cumplir los mandamientos.

Y Jesús nos dejó un mandamiento que resume todos los demás. El mandamiento del amor. Sólo cuando en nuestra vida y en nuestro actuar está presente el amor a Dios y a nuestros hermanos, nos convertimos en familia de Jesús.

Cada uno de nosotros en el momento de nuestro Bautismo fuimos convertidos en hijos de Dios y hermanos de Cristo. Pero eso no nos basta para ser hoy familia de Jesús. Hoy debemos abrir nuestro corazón al Espíritu Santo y abrazar con alegría la causa de Jesús y comprometernos con el reino de Dios, para ser familia de Jesús.

Cristo vino al mundo a través de María, y en su plan de salvación, Dios quiere que nosotros vayamos a Cristo a través de María.

Dios confió a la virgen la misión de ser madre de Jesús. Pero no la madre del Jesús nacido en Nazaret solamente, sino madre del Cristo total, de ese Cristo formado por el Jesús nacido en Nazaret y por todos los bautizados.

Por eso María es nuestra Madre y su misión es que Jesús nazca de nuevo en cada uno de nosotros, que podamos ser otros Cristos en el mundo de hoy, en nuestra sociedad y en nuestra familia.

Hoy vamos a decirle a la Virgen que queremos ser sus hijos, que nos eduque como educó a Jesús, para que siempre cumplamos en nuestra vida la voluntad de Dios.

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