Lectio Divina – Martes III de Tiempo Ordinario

La nueva familia de Cristo

Invocación al Espíritu Santo:

Oh, Espíritu de amor, Espíritu de verdad infunde en mi mente y en mi corazón, un rayo de tu luz para que comprenda el misterio de Dios en mi vida, que, en Jesucristo, promesa del padre, se realiza.

Lectura. Marcos capítulo 3, versículos 31 al 35:

Llegaron a donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron:
“Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan”.

Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

Según los biblistas, el episodio evangélico de hoy forma unidad y es continuación del pasaje que veíamos el sábado último, cuando los parientes de Jesús venían a llevárselo porque lo creían fuera de sí. Antecedente que en su lugar paralelo omiten los otros dos sinópticos, quizá por parecerles duro para sus lectores.

Este evangelio lo ubicamos dentro de la primera parte de la división que hace Marcos y explícitamente dentro de la revelación de Jesús e incomprensión de sus parientes y paisanos. La antesala de este evangelio, es el diálogo que Jesús tiene con los maestros de la ley, en donde tratan de acusarlo.

Meditación:

Hoy que celebramos la memoria del gran teólogo santo Tomás de Aquino, la Palabra de Dios, como siempre, es oportuna al presentarnos a la Virgen María como modelo de cualquiera que pretenda ser discípulo de Jesús.

Muchos de los primeros cristianos, influenciados por ciertas maneras de pensar, creían que la cercanía de Jesús dependía del género (la circuncisión), del cumplimiento de las normas o leyes (el conocimiento), incluso de la cercanía familiar con Jesús (parentesco). Quizá por todo esto, Jesús se ve en la necesidad de especificar en dónde radica el verdadero discipulado: asumir el proyecto del Reino, teniendo como preocupación principal la vida en su integralidad (3, 1ss). En el pasaje del viernes pasado (3, 13-19) se nos aclaraba que era necesario disponerse a conformar una comunidad alternativa.

Ahora, el evangelio cita de manera indirecta a la Virgen María para decir que, a ejemplo de ella, el discípulo verdadero es aquel que lleva a plenitud y cumple con generosidad la voluntad de Dios (3, 35); disponibilidad abierta y permanente de hacer todo lo que ha venido realizando Jesús.

A partir de este mensaje y en el contexto de la celebración de santo Tomás, reflexionemos sobre con qué relacionamos nuestro discipulado; en qué actitudes lo fundamentamos; qué importancia le damos a cumplir la voluntad de Dios para ser discípulos.

Oración:

Señor, líbranos de considerarnos siempre justos. Tú nos has convertido en tu familia: que esto no sea motivo de orgullo y de discriminación respecto a los otros. Concédenos un corazón acogedor y una mente limpia de prejuicios, a fin de que seamos capaces de reconocer tu presencia y tu voz incluso fuera del círculo de los nuestros.

Haznos capaces de abrirnos con alegría a la escucha de tu Palabra y de reservar en nosotros el sitio de honor al Evangelio, del mismo modo que David y toda la ciudad festejó con música, danzas y banquetes la llegada del arca.

Ayúdanos, Señor, a reconocer como hermanas y hermanos a todos los que cumplen la voluntad de Dios, sin detenernos en las apariencias exteriores, en los nombres, en los vínculos construidos por el hombre. Los confines
de tu familia, de tu Iglesia, están verdaderamente exterminados y no podemos delimitarlos nosotros: enséñanos a ser compañeros de camino hacia la unidad de tu amor.

Contemplación:

Catecismo de la Iglesia Católica numerales 963 al 973: La Bienaventurada Virgen María es Madre de la Iglesia en el orden de la gracia, porque ha dado a luz a Jesús, el Hijo de Dios, Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia. Jesús, agonizante en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: “Ahí tienes a tu madre” (Juan capítulo 19, versículo 27). María es el mejor modelo que podemos tener de Madre y de una verdadera familia, y nos llama a que la podamos imitar. Es también un gran modelo de humildad y aceptación de la voluntad de Dios.

Oración final:

Gracias, Jesús, por considerarme como tu hermano, como tu madre, pidiendo simplemente que te ame por encima de todo. Que ponga tu voluntad en primer lugar, porque esta debe ser siempre mi norma suprema, por encima del ambiente, de las costumbres del mundo, de mis caprichos… Abrazar todo lo que me ayude a cumplir tu voluntad y rechazar lo que me estorbe para seguirla, ese es el camino de la santidad. Señor, dame la gracia de convencerme de que no hay vida más fecunda y hermosa que la que se gasta cumpliendo con tu voluntad santísima.

Propósito:

Pedir luz y fuerza al Espíritu Santo para conocer y cumplir la voluntad de Dios en mi vida.

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