Lectio Divina – Miércoles III de Tiempo Ordinario

Vayan a proclamar la Buena Noticia

Invocación al Espíritu Santo:

Espíritu Santo, espíritu del Padre y de Hijo, te pido que me llenes de tus divinos dones de sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, fortaleza, piedad, y temor de Dios; regalándome al mismo tiempo tus preciosos frutos: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Lectura. Marcos capítulo 16, versículos 15 al 18:

Se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y estos quedarán sanos”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, de manera que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

El hecho de la ascensión no es algo aislado, sino que está unido al misterio de Cristo en su totalidad, especialmente a la resurrección. Según el relato de los Hechos es el punto final del Evangelio y de las apariciones de Cristo resucitado entre sus discípulos, y es también el inicio de la misión de la Iglesia, representada en los Apóstoles.

Meditación:

En toda persona existen experiencias que marcan su vida y que dan un giro totalmente nuevo a la existencia. Así fue la conversión de Saulo, le dio un giro total a su vida. Este giro está indicado al pasar de la ceguera (9, 7) a la recuperación de la vista (versículo 17). Sin embargo, el libro de los Hechos ha tenido el cuidado de señalar algunos otros elementos para evitar que se mal entienda su conversión. Señala que además de recobrar la vista, se llena del Espíritu Santo, es bautizado y recobra las fuerzas (versículos. 17ss). Se insiste también en que Pablo cayó en tierra y tuvo que levantarse (9, 4; 22, 7. 10; 26, 14. 16).

Desde esta perspectiva, la conversión es pasar de no ver, a ver con claridad. Pero no basta con ver claramente; es necesario, estar lleno del Espíritu Santo, retomando fuerzas en todo momento.

Es necesario levantarse. Es cierto que Pablo se levantó solo; sin embargo, no recobró la vista por sí mismo: necesitó de los hermanos de la comunidad. Pero la conversión, el cambio de vida, nadie lo da por sus propias fuerzas: se necesita la gracia de Dios, el esfuerzo personal y el acompañamiento de la comunidad.

Ninguna conversión tiene un fin en sí misma; es para algo, más aún, es para beneficiar a alguien; en Pablo, la conversión lo conduce a tomar conciencia de su vocación misionera.

Reflexionemos en nuestra vocación: ¿En qué necesitamos convertirnos? ¿Para qué?

Oración:

Señor te pido la gracia de poder contemplarte siempre y tener el valor de anunciarte con mi vida y con mis palabras a todos los hombres. No permitas que la pereza y la desidia me invadan, sino que salga, como tus discípulos al anuncio del Evangelio. Dame la gracia de vivir santamente y un día poder compartir contigo la vida eterna, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos Amén.

Contemplación:

Veamos qué nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica numeral 849: El mandato misionero. “La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser ‘sacramento universal de salvación’, por exigencia íntima de su misma catolicidad, obedeciendo al mandato de su fundador se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres”: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo capítulo 28, versículos 19 al 20).

El numeral 850 dice: El origen la finalidad de la misión. El mandato misionero del Señor tiene su fuente última en el amor eterno de la Santísima Trinidad: “La Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo y la misión del Espíritu Santo según el plan de Dios Padre”. El fin último de la misión no es otro que hacer participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en su Espíritu de amor.

Oración final:

Señor, ¡quiero ser un san Pablo para mi familia y el mundo de hoy! Quiero dejarme conquistar por la fe para lograr mi transformación interior y poder llegar a decir, por la gracia que me das, que ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Quiero dejar el afán por el aparecer, por el bienestar, por las posesiones, por el éxito, pero, sobre todo, teniendo en cuenta que mi vida cristiana no se resume en negaciones sino en la entrega, por amor, a los demás.

Propósito:

Hoy es un día de conversión. No esperemos más, convirtámonos en esos apóstoles resucitados y pidamos esa fe y ese amor que convirtió a san Pablo para que nos convierta también a nosotros en luz y fuego en medio de la oscuridad del mundo.

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