Comentario al evangelio – Martes IV de Tiempo Ordinario

El evangelio de hoy debe sobrecogernos si somos capaces de no perdernos en lo anecdótico.

Alrededor de Jesús surge la vida, la muerte es vencida y los sin-esperanza renacen. Jesús aparece ante nosotros como el único médico capaz de dar al ser humano su genuina dignidad, la paz autentica, la vida verdadera.

Ojalá los cristianos supiéramos de verdad celebrar la vida, es decir, esperar contra toda esperanza que la VIDA es más fuerte que la muerte. Esta aparece siempre más poderosa, porque la violencia, el caos,… son su rostro, y el amor ¡parece tan débil!. Sobre todo hoy que vivimos en un mundo que al mismo tiempo que exalta y defiende la vida, la juventud, la diversión, el ocio… inventa nuevas formas de muerte.

Celebremos la vida nueva que surgió de la muerte de Jesús, aquí debemos aprender a leer el misterio de la vida, tan cercano siempre a la muerte. Pues la vida está ligada esencialmente al amor, y ¿en que consiste amar sino en dar la vida libremente hasta la muerte?

El odio, el egoísmo, la insolidaridad, la injusticia, la pasividad engendran muerte. Quién lucha contra las formas de muerte, crea y comunica vida. Quién arriesga su vida y corre la carrera que le toca, sin retirarse, cansarse, desanimarse; quien da su vida por amor hace posible la esperanza y la vida de los otros. Sólo el amor crea vida y la devuelve a quien la ha perdido.

Ciudad Redonda

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Meditación – Martes IV de Tiempo Ordinario

Hoy es martes IV de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 5, 21-43):

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva.» Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada.» Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.»

Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?»

Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.

Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confesó toda la verdad.

Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad.»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas.» Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga.

Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme.» Y se burlaban de él.

Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!» En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

En este pasaje nos dice San Marcos que a Jesús le seguía mucha gente. La multitud le seguía porque escuchaban sus palabras, que eran palabras de vida y vida eterna.

Lo siguen personas de toda clase y condición. Hoy nos presenta Marcos a este personaje llamado Jairo, Jefe de la Sinagoga, tiene una hija enferma y quiere decírselo a Jesús, ¿cómo?: se acercó, se postró y lleno de fe le dijo, mi niña está en las últimas; “ven pon la mano sobre ella para que se cure y viva”. Jesús se marchó con él.

La intención del Evangelista Marcos era indicar que Jesús es el verdadero Mesías.

Había entre la muchedumbre una mujer que sufría flujos de sangre hacía doce años, ningún médico le había curado. Oyó hablar de Jesús y se dijo, si logro tocar el manto de Jesús curaré; se acercó a él y le tocó el manto con gran fe y quedo curada; Jesús dijo ¿”quién me ha tocado”?, y al verla le dijo: “tu fe te ha curado, vete en paz y con salud”

Así le pasó al Jefe de la Sinagoga cuando le dijeron que no molestara más al Maestro, su hija había muerto, el Señor le dijo, “No temas; basta que tengas fe.”  Jairo ya tenía fe cuando pensó en ver a Jesús, pero ahora le aumentó al decirle Jesús que le bastaba tener fe, y así fue, la fe del padre curó a la niña.

¿Nosotros tenemos fe y hacemos uso de ella en nuestra vida cuando surgen desgracias y problemas en nuestro caminar de cada día?  

Dominicas de Daroca

Liturgia – San Juan Bosco

SAN JUAN BOSCO, presbítero, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: 1ª oración propia y el resto del común de pastores (para un pastor) o de santos (para educadores), o de un domingo del Tiempo Ordinario. Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-impar

  • Heb 12, 1-4. Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca.
  • Sal 21. Te alabarán, Señor, los que te buscan.
  • Mc 5, 21-43. Contigo hablo, niña, levántate.

O bien: cf. vol. IV


Antífona de entrada Cf. Lc 4, 18
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres y curar a los contritos de corazón.

Monición de entrada y acto penitencial
En Turín, Italia, siendo sacerdote, dedicó toda su vida a los jóvenes del pueblo, aunque sus aspiraciones se extendieron más allá de esa región italiana. Fundó la congregación de los salesianos y la de María Auxiliadora, que se pondrían al servicio de la juventud del mundo entero (1815-1888).

Yo confieso…

Oración colecta
OH Dios,
que has suscitado en san Juan Bosco, presbítero,
un padre y un maestro para los jóvenes,
concédenos que, encendidos en su mismo fuego de caridad,
podamos ganar almas para ti y solo a ti servirte.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Reflexión
Una mujer que sufre desde hace tiempo molestas hemorragias y una niña que acaba de morir, son restituidas por Jesús a la salud y a la vida. En el primero de los casos tiene eficacia el simple “contacto directo” y hasta ingenioso de la interesada. En el segundo caso, en cambio, se requiere la “intercesión” humilde e insistente, interpuesta por el afligido padre. Estamos ante dos milagros hermanados por un tema común: la portentosa y eficaz intervención de Jesús. Ella está condicionada, con todo, a la fe de aquellos que recurren a Él.

Oración de los fieles
Dirijamos ahora nuestras peticiones a Dios Padre, pidiéndole tener nosotros los mismos sentimientos de compasión y misericordia que su Hijo Jesucristo.

1.- Para que demos constantemente gracias al Señor,  porque haber encontrado a Jesús, el Mesías y nuestro Salvador, roguemos al Señor.

2.- Para que muchos, alrededor del mundo reconozcan y acojan a Jesús como quien da sentido de sus vidas, roguemos al Señor.

3.- Para que, por el modo como vivimos, los otros reconozcan y acojan en fe a Jesucristo, roguemos al Señor.

Dios todopoderoso y eterno, que has enviado al mundo a tu Hijo para liberarnos del poder del demonio, escucha las oraciones que te dirigimos y concédenos acogerte y tenerte siempre a nuestro lado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
DIOS, todopoderoso,
humildemente imploramos de tu Divina Majestad que,
así como estos dones ofrecidos en honor de san Juan Bosco
manifiesta la gloria de tu poder divino,
del mismo modo nos alcancen el fruto e tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Mt 28, 20
Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos, dice el Señor.

Oración después de la comunión
DIOS todopoderoso,
que este sagrado banquete nos ayude
a manifestar con el corazón y las obras
el amor fraterno y la luz de la verdad,
siguiendo el ejemplo de san Juan Bosco.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

San Juan Bosco

Es el santo de la juventud, el santo de los obreros, el santo de la alegría, el santo de Ma. Auxiliadora.

Nació en el año de 1815 en Becchi-Piamonte (Italia), de padres humildes pero muy buenos cristianos. De su santa madre recibió una profunda educación cristiana y un gran amor a la Virgen María junto con un gran respeto hacia los Sacerdotes. Ambas cosas quedaron profundamente impresas en su alma.

Desde niño demostró estar en posesión de cualidades nada comunes en todos los sentidos: era simpático, agudo, inteligente, trabajador. De pequeño, después de joven, pero sobre todo de Sacerdote, trabajará tanto que parece imposible cómo en sólo 72 años de vida pudo realizar tantas y tan importantes obras.

Cuando vistió el hábito clerical le amonestó aquella santa mujer que fue su madre: «Puedes imaginarte, hijo mío, la gran alegría que embarga mi corazón, pero, por favor, no deshonres nunca este hábito. Sería mejor que lo abandonaras. Cuando viniste al mundo te consagré por entero a la Virgen María; cuando comenzaste los estudios te recomendé la tierna devoción hacia ella; ahora te encarezco que seas todo de ella… si llegas a ser sacerdote, recomienda y propaga siempre su devoción…»

Tenía muchos SUEÑOS y todos ellos muy famosos y se cumplían. Se ordenó Sacerdote en 1841 y desde entonces no paró hasta dar cobijo y digna educación a tantos niños que veía abandonados por las calles. El rezo de un Ave María hizo el milagro y fue el primer eslabón de esta maravillosa cadena de sus ORATORIOS. Centenares, millares de niños abandonados encontraron calor, educación, comida, vestido y cobijo cariñoso como en su propia casa.

Mamá Margarita y su hijo se desvivían por ayudar a aquellos rapaces que el día de mañana serían buenos padres cristianos. Dos eran las armas de que se servía, sobre todo, Don Bosco, para formarles: LA EUCARISTIA Y LA PENITENCIA. Estos dos sacramentos obraban maravillas en aquellos jóvenes. Obraba milagros, pero siempre atribuía el mérito a la VIRGEN AUXILIADORA. Para continuar su OBRA en 1857 San Juan Bosco fundó los «Salesianos» y poco después las «Hijas de María Auxiliadora». Antes de que muera verá su obra extendida por varias naciones del mundo.. Muere el 31 de enero de l888.

* Sigamos uno de sus últimos consejos: «Propagada la devoción a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora y veréis lo que son los milagros.»

Lectio Divina – Lunes IV de Tiempo Ordinario

“Vete a tu casa a vivir con tu familia…”

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciende en ellos el fuego de tu amor, envía Señor tu Espíritu para que renueve la faz de la tierra y nos ilumine para comprender el mensaje que tú nos das a través de tu Palabra.

Lectura. Marcos capítulo 5, versículos 1 al 20:

En aquel tiempo, después de atravesar el lago de Genesaret, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Apenas desembarcó Jesús, vino corriendo desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu inmundo, que vivía en los sepulcros. Ya ni con cadenas podían sujetarlo; a veces habían intentado sujetarlo con argollas y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba las argollas; nadie tenía fuerzas para dominarlo. Se pasaba días y noches en los sepulcros o en el monte, gritando y golpeándose con piedras.

Cuando aquel hombre vio de lejos a Jesús, se echó a correr, vino a postrarse ante él y gritó a voz en cuello: “¿Qué quieres tú conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Te ruego por Dios que no me atormentes”.

Dijo esto porque Jesús le había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre. Entonces le preguntó Jesús: “¿Cómo te llamas?” Le respondió: “Me llamo Legión, porque somos muchos”. Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.

Había allí una gran piara de cerdos, que andaban comiendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaban a Jesús: “Déjanos salir de aquí para meternos en esos cerdos”. Y él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y todos los cerdos, unos dos mil, se precipitaron por el acantilado hacia el lago y se ahogaron.

Los que cuidaban los cerdos salieron huyendo y contaron lo sucedido, en el pueblo y en el campo. La gente fue a ver lo que había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al antes endemoniado, ahora en su sano juicio, sentado y vestido. Entonces tuvieron miedo. Y los que habían visto todo, les contaron lo que le había ocurrido al endemoniado y lo de los cerdos. Ellos comenzaron a rogarle a Jesús que se marchara de su comarca.

Mientras Jesús se embarcaba, el endemoniado le suplicaba que lo admitiera en su compañía, pero él no se lo permitió y le dijo: “Vete a tu casa a vivir con tu familia y cuéntales lo misericordioso que ha sido el Señor contigo”. Y aquel hombre se alejó de ahí y se puso a proclamar por la región de Decápolis lo que Jesús había hecho por él. Y todos los que lo oían se admiraban.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos veces o más, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

Y Jesús sanaba: dejaos curar por Jesús. Todos nosotros tenemos heridas, todos: heridas espirituales, pecados, enemistades, celos; tal vez no saludamos a alguien: «¡Ah! Me hizo esto, ya no lo saludo». Pero hay que curar esto. «¿Y cómo hago?». Reza y pide a Jesús que lo sane. Es triste cuando en una familia los hermanos no se hablan por una estupidez, porque el diablo toma una estupidez y hace todo un mundo. Después, las enemistades van adelante, muchas veces durante años, y esa familia se destruye. Los padres sufren porque los hijos no se hablan, o la mujer de un hijo no habla con el otro, y así los celos, las envidas…

Meditación:

¿Nuestra vida es un tormento por ver a Jesús, como la de este endemoniado? ¿Es un tormento que nos ciega al pecado y hace herir constantemente nuestra alma? ¿Ya nadie es capaz de soportarnos, ni siquiera nosotros mismos, sino sólo Cristo que nos visita?

Cristo se dirigió a la región de Gerasa explícitamente para salvar al endemoniado, aunque el endemoniado no lo sabía y una vez que lo supo no lo aceptó. El mismo poseído es quien se arroja a sus pies para pedirle que se aleje de él, para pedirle que no lo atormente. La presencia de Cristo nos perturba cuando nuestro pecado nos mantiene alejados de Él. Y podría ser que también nosotros nos arrojemos a sus pies para pedirle que se vaya, en lugar de pedirle nuestra curación. Parecería que es una visita casual, por pura coincidencia, lo que para Él es la salvación de nuestra alma. Pero ya lo dice Cristo “No son los sanos los que necesitan de curación, sino los enfermos”.

Por otro lado, ¿cuántas veces optamos por el valor material de las cosas que tener a Cristo entre nosotros? Preferimos la cantidad de nuestras posesiones al bien y salvación de un alma. Porque, ¿qué son 2000 cerdos comparados con la gracia de ser curado por Cristo? Los habitantes de la región de Gerasa escuchaban atentos el milagro y se alegraban con el desposeído, pero sus corazones se cerraron al escuchar la pérdida de los cerdos por el precipicio. Creemos en Jesús, pero hasta la multiplicación de los panes, no hasta la cruz. Creemos en Él siempre y cuando no eche por el precipicio a “nuestros cerdos”.

Oración:

Gracias, Señor, por buscarme constantemente y mostrarme tu infinita misericordia, a pesar de mi debilidad, de mi infidelidad. Aumenta mi caridad para que viva atento a las múltiples oportunidades que me das para colaborar con tu gracia y crecer en el amor. Que sepa tomar cada encuentro con los otros como una oportunidad para dar testimonio de Jesucristo.

Contemplación:

• ¿Cuál es el punto de este texto que más te ha gustado o que más te ha llamado la atención? ¿Por qué?

• El hombre curado quiere seguir a Jesús. Pero tiene que quedarse en casa y contar a todo el mundo lo que Jesús le hizo. ¿Tú cuentas a los demás lo que el Señor hizo y hace por ti?

Oración final:

¡Qué grande es tu bondad, Yahvé! Las reservas para tus adeptos, se la das a los que a ti se acogen a la vista de todos los hombres (Salmo 31, versículo 20).

Propósito:

Confiemos plenamente en Jesús. No importa si para ello necesita de nuestros bienes, pues ¿de qué nos sirve ganar todo el mundo si al final perdemos nuestra alma?

Homilía – Lunes IV de Tiempo Ordinario

Aquí tenemos una de las más curiosas curaciones realizadas por Jesucristo.

El Evangelio nos presenta a un hombre poseído por el demonio. La presencia del poder enemigo de Dios, que es el demonio, existiendo y actuando en un hombre.

Pero también nos presenta la liberación de ese hombre poseído, nos hace ver la presencia de Dios en un hombre…, la acción del poder de Dios, que da la salvación.

El demonio se había apoderado de aquel hombre, pero el mismo demonio confiesa, que eran muchos los espíritus malignos, que habían entrado en él y habían establecido en él su permanencia.

Y es muy cierto que el espíritu del mal es múltiple y tiene muchos nombres.

Espíritus del mal son el odio, que destierra el amor; la ambición que seca el corazón humano; las riquezas mal adquiridas o mal conservadas, que son fuente en no pocas injusticias; la opresión, que destruye la caridad; la mentira, que ahuyenta el Espíritu.

El hombre de hoy no tiene menos necesidad que ese hombre del evangelio de que Jesús venga a arrojar tantos espíritus malos, que se instalen en el corazón y que se instalan como Legión.

El hombre poseído por el demonio fue liberado por Jesús y en el acto aquel hombre sintió como la necesidad de proclamar que Jesús lo había curado y quiso seguir a Jesús y vivir con él como un nuevo apóstol

Y el Señor no se lo permite. La «vocación» es obra de Dios y no de nuestra voluntad.

El Señor no lo admite como apóstol. Pero le da la tarea de anunciarlo entre los suyos.

Pidamos hoy al Señor que nos libere de todo lo que nos aparte de él, y que anunciemos su mensaje de salvación a los que nos rodean.

Comentario – Lunes IV de Tiempo Ordinario

Marcos 5, 1-20

a) Es pintoresco y sorprendente el episodio que hoy nos cuenta Marcos, con el endemoniado de Gerasa. Se acumulan los detalles que simbolizan el poder del mal: en tierra extranjera, un enfermo poseído por el demonio, que habita entre tumbas, y el destino de la legión de demonios a los cerdos, los animales inmundos por excelencia para los judíos. 

Seguramente quiere subrayar que Jesús es el dominador del mal o del maligno. En su primer encuentro con paganos -abandona la tierra propia y se aventura al extranjero en una actitud misionera- Jesús libera al hombre de sus males corporales y anímicos. Parece menos importante el curioso final de la piara de cerdos y la consiguiente petición de los campesinos de que abandone sus tierras este profeta que hace cosas tan extrañas. 

Probablemente el pueblo atribuyó a Jesús, o mejor a los demonios expulsados por Jesús, la pérdida de la piara de cerdos que tal vez habría sucedido por otras causas en coincidencia con la visita de Jesús. El evangelio recogería esta versión popular. 

b) La Iglesia ha sido encargada de continuar este poder liberador, la lucha y la victoria contra todo mal. Para eso anuncia la Buena Nueva y celebra los sacramentos, que nos comunican la vida de Cristo y nos reconcilian con Dios. A veces esto lo tiene que hacer en terreno extraño: con valentía misionera, adentrándose entre los paganos, como Jesús, o dirigiéndose a los neopaganos del mundo de hoy. También con los marginados, a los que Jesús no tenía ningún reparo en acercarse y tratar, para transmitirles su esperanza y su salvación. Después del encuentro con Jesús, el energúmeno de Gerasa quedó «sentado, vestido y en su juicio». 

Todos necesitamos ser liberados de la legión de malas tendencias que experimentamos: orgullo, sensualidad, ambición, envidia, egoísmo, violencia, intolerancia, avaricia, miedo. 

Jesús quiere liberarnos de todo mal que nos aflige, si le dejamos. ¿De veras queremos ser salvados? ¿decimos con seriedad la petición: «líbranos del mal»? ¿o tal vez preferimos no entrar en profundidades y le pedimos a Jesús que pase de largo en nuestra vida? 

En Gerasa los demonios le obedecieron, como le obedecían las fuerzas de la naturaleza. Pero los habitantes del país, por intereses económicos, le pidieron que se marchara. El único que puede resistirse a Cristo es siempre la persona humana, con su libertad. ¿Nos resistimos nosotros, o nos dejamos liberar de nuestros demonios? 

«Dios tenía preparado algo mejor para nosotros» (1ª lectura, I) 

«Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor» (salmo, I) 

«Quizá el Señor se fije en mi humillación» (1ª lectura, II) 

«Levántate, Señor, sálvame» (salmo, II) 

«Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo» (evangelio)

J. ALDAZABAL
Enséñame tus caminos 4

Sois la sal de la tierra, sois la luz del mundo

La fuerza de las imágenes, el influjo del Espíritu

Reza el dicho que «una imagen vale más que mil palabras». Las lecturas que hemos escuchado en este día nos son muy familiares. Dios permita que no ahoguemos el influjo del Espíritu Santo mientras las escuchemos al expresar “ya me lo sé, ya lo había leído”. Hay que dejar que la Palabra siga empapando la tierra (Cf. Is 55,10-11) y descubrir el fruto de su belleza en cada acontecimiento y etapa de nuestra vida.

Y hasta mientras las escuchábamos, como es el caso del evangelio, nos descubrimos visualizando el contenido de la misma de forma imaginativa. Las imágenes de la sal y de la luz vislumbran el horizonte de sentido al que está llamado a ser el ser cristiano, invitación de nuestro hermano y amigo, Jesús de Nazaret, que con la sabiduría proveniente de Dios y del conocimiento de su cultura, de su tierra, atrae al oyente de la Palabra y le hace tomar parte de su Buena Nueva.

Así es que, siguiendo a Jesús, Pablo se hace partícipe en dar testimonio de Dios. Su experiencia compartida desde el «temor y la debilidad» con la que se presentó en la comunidad de Corintos se apoya en «el poder de Dios» guiado por la inspiración del Espíritu. Apostó por este camino y no por una oratoria persuasiva, ni por los conceptos propios de los filósofos de Asia (Cf. 1Cor 2,1-5). Y es que en la sencillez del mensaje radica su grandeza y belleza y en una imagen se esconden mil palabras.

«Ustedes son la sal de la tierra …. ustedes son la luz del mundo»

Escuchar a Jesús y poner en práctica su mensaje sólo es posible si nos dejamos afectar por Él. La comparación que utiliza no posee desperdicio para aquellos que le seguimos. Esta muestra la vocación irradiante del cristiano en el medio del mundo.

De la sal se destaca que por sí sola, aislada, poco puede servir. Su arte radica en disolverse, en llegar a ser nada, para dar el toque al todo. Una aplicación en nuestra vida bien puede ser ilustrada en las tantas veces que salimos de cada uno de nosotros para darle cabida al otro. El Maestro Eckhart, referido a Dios, decía que, en esta salida del yo, en el deshacerse de lo suyo, allí Dios se manifiesta y entra con fuerza en el alma. Y también expresará que entra en nosotros en la medida que le dejamos espacio para que entre, ni más ni menos.

Por otra parte, advierte seriamente Jesús de un peligro: «Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?» Podemos perder la capacidad de dar sabor a este mundo por disímiles razones. Como bautizados estamos llamados a estar alertas y vigilantes para que cuando nos veamos negligentes o perezosos en nuestros quehaceres, responsabilidades, relaciones, etc., volvamos a administrar rectamente nuestros asuntos, como nos sugiere el salmo de este día.

De la luz podríamos decir lo mismo, oculta debajo del celemín, encerrada en sí, nada puede hacer. En medio de las tinieblas el justo brilla como luz, como nos dice el salmo. Y su valor esencial reside en el testimonio de las obras como asevera Jesús: «Brille así su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y alaben a nuestro Padre que está en los cielos». Nuestras obras deben mostrar el amor misericordioso de Dios por ti, por nosotros, por todo lo creado.

Elegimos ser sal y luz, como verdadera vocación cristiana, con y por Jesús

En definitiva, las imágenes de la sal y la luz sugieren vida, dinamismos, misión del cristiano. La oferta de la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, es primero, a ser conscientes y asumir dicha realidad en virtud de Cristo. Y segundo, a aprender a contemplar lo bello que existe en este mundo, comenzando por nosotros mismos, pero que no termina en cada uno si no que su plenitud alcanza al otro, a las criaturas y a Dios, en buscar la unión con Él, y se muestra en nuestras obras. Obras que disipen las tinieblas con las que lidiamos en la cotidianidad de la existencia y que den gusto y sentido a la vida en nuestra comunidad eclesial, en nuestra familia, y sociedad. De forma que se lleve a cabo la profecía del profeta

«Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor» (Is 58,8).
¡Que hagamos nuestro aquel canto que expresa inspirado en el evangelio!

«Que sea mi vida sal
Que sea mi vida la luz
Sal que sala, luz que brilla
Sal y fuego es Jesús».

Fr. Raisel Matanzas Pomares

Mt 5, 13-16 (Evangelio Domingo V de Tiempo Ordinario)

El lenguaje narrativo de estas imágenes es, cuanto menos, muy sorprendente: ¿Cómo puede perder la sal su ser de sal? ¿Cómo puede volverse sosa? Es necesario entretenernos siquiera un corto espacio en analizar la función de la sal. Entre esas funciones algunas se entienden hoy como ayer: sazonar, dar sabor a los alimentos. En este caso la sal debe desaparecer diluyéndose en los mismos. Sólo entonces realiza su tarea de dar sabor a los alimentos. Es el aspecto sapiencial de la imagen utilizada por Jesús. La sabiduría de los discípulos, siempre conectada con Jesús-Sabiduría personificada, podrá alcanzar a los hombres y dar sentido verdadero a la existencia humana (sentido del dar sabor a los alimentos, un condimento insustituible regularmente). Pero la sal cumple otra función importante: se aplica a ciertas carnes para evitar la corrupción. Muchos hemos podido ver la aplicación de esta función. Hay alimentos que, “salados” oportunamente, se conservan intactos, incorruptos y siempre útiles. La sal en este caso es necesaria para evitar la corrupción y conservar los alimentos. Todavía hay una tercera función que hoy no tiene vigencia, al menos que yo sepa. Se trata de una función que sí existe en el oriente y existía en tiempo de Jesús. Aquellos hombres utilizaban placas de sal que colocaban en el interior de los hornos donde cocían el pan. La función de esas placas de sal era la de mantener el calor a la adecuada temperatura para que la cocción del pan fuera posible y adecuada. Estas placas después de un tiempo perdían su virtualidad como conservadoras del calor y eran retiradas del horno, se arrojaban a la vera de los caminos y eran sustituidas por otras. Ya no sirven para nada. Esto se puede ver todavía hoy en la pequeñas aldeas palestinas que mantienen costumbres muy antiguas en su vida diaria. La sal mantiene el calor. Los discípulos son enviados al mundo para mantener el calor del Evangelio para facilitar la tarea de la salvación.

¡La luz que suavemente ilumina, orienta y da sosiego! Estas imágenes chocantes y sorprendentes poseen una capacidad evocadora y pedagógica extraordinaria. También hoy es necesario que los discípulos tomen conciencia real de que están destinados a diluirse en la sociedad, sin perder su identidad más auténtica ciertamente, en servicio de todos los hombres. Imitando al Siervo de Yahvé que no vocea por las calles, ni quiebra la caña cascada, ni apaga el pabilo vacilante. También es necesario que los discípulos tengan conciencia de que son enviados a un mundo tentado por la inclinación a la corrupción en muchos flancos. La sal advierte y preserva de la misma. Tarea sumamente arriesgada, difícil y provocadora. Pero urge imperiosamente en nuestra sociedad. También los discípulos de hoy son llamados a mantener el calor del Evangelio en medio del mundo, en definitiva el calor del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y alentado constantemente por el Espíritu. Las relaciones humanas corren el peligro de ser cada día más frías, a pesar del ruido del mundo a través de múltiples formas. Es necesario contribuir a mantener el calor entre todos y en los ambientes que nos toca en suerte compartir.

La tarea de los discípulos es la propia de los embajadores. El Señor que les envía garantiza la eficacia de su tarea iluminadora de la humanidad. Es necesario vivir el discipulado de Jesús con esta amplia esperanza, esta ardua tarea y esta noble misión. Jesús confía su luz a los enviados para que la transmitan al mundo. Hoy es necesario, acaso como nunca, la presencia de estas lámparas en medio de un mundo inquieto y a la vez necesitado de la verdadera luz del Evangelio. Las personas quedan implicadas en la tarea. No se nos invita sólo a proclamar una palabra, se nos urge hoy a acompañar la proclamación con la coherencia de la vida. A estas enseñanzas de Jesús preceden inmediatamente las bienaventuranzas que son un programa incomparable de vida. La vida de los creyentes de hoy ha de ser como la. Pero no podemos perder de vista que somos seres referenciales, es decir, transmisores de una luz que no poseemos en exclusiva sino la tenemos recibida para compartirla, de una luz qua nadie podrá apagar. ¡El protagonista es la gloria de Dios y la salvación de los hombres! Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

1Cor 2,1-5 (2ª lectura Domingo V de Tiempo Ordinario)

Pablo repite con frecuencia en sus cartas que se siente un embajador de Cristo pero envuelto en flaquezas. Dejemos que hoy Pablo mismo haga el comentario a este fragmento. A esta misma comunidad, pero más adelante y después de graves tensiones y crisis entre la comunidad y él, escribe: Al parecer, a nosotros los apóstoles, Dios nos ha destinado al último lugar, como condenados a muerte; nos ha convertido en espectáculo para el mundo, tanto para los ángeles como para los hombres. Así que nosotros somos unos necios por Cristo, y vosotros sabios en Cristo; nosotros débiles, vosotros fuertes; vosotros llenos de gloria, nosotros despreciados. Hasta el presente no hemos padecido más que hambre, sed, desnudez y malos tratos… nos insultan y nosotros bendecimos; nos persiguen y lo soportamos; nos difaman y respondemos con bondad. Nos hemos convertido en la basura del mundo, como el deshecho de todos hasta ahora. No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos muy queridos (1Cor 4,9.14). Y en la Segunda Carta, después de narrar todas las dolorosas aventuras o desventuras que le acarreó su ministerio pastoral concluye: “Pablo, te basta mi gracia, ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad. Gustosamente, pues, seguiré presumiendo de mis debilidades, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Y me complazco en soportar por Cristo flaquezas, oprobios,, necesidades, persecuciones y angustias, porque cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte (2Cor 12,9-10). El garante definitivo que da la fuerza necesaria y el arrojo valiente del apóstol para seguir anunciando el Evangelio hasta el final es el Espíritu Santo.

Fray Gerardo Sánchez Mielgo