Vísperas – Miércoles II de Adviento

VÍSPERAS

MIÉRCOLES II DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida en su vida, su Amor en su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

SALMO 61: LA PAZ EN DIOS

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son mas que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLSO ALABEN AL SEÑOR

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA: 1Co 4, 5

No juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brille tu rostro y nos salve.
V/ Señor de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sión, serás renovada y verás al Justo que viene a ti.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sión, serás renovada y verás al Justo que viene a ti.

PRECES

Roguemos, amados hermanos, a Jesucristo, que nos salvó de la tiniebla de nuestros pecados y con humildad invoquémosle diciendo:

Ven, Señor Jesús

Congrega, Señor, a todos los pueblos de la tierra
— y establece con todos tu alianza eterna.

Cordero de Dios, que viniste para quitar el pecado del mundo,
— purifícanos de nuestras faltas y pecados.

Tú que viniste a salvar lo que se había perdido,
— ven de nuevo para que no perezcan los que salvaste.

Cuando vengas, danos parte en tu gozo eterno,
— pues ya desde ahora en ti hemos puesto nuestra fe.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que has de venir a juzgar a los vivos y a los muertos,
— recibe, entre tus elegidos, a nuestros hermanos difuntos.

Confiemos nuestras súplicas a Dios, nuestro Padre, terminando esta oración con las palabras que el Señor nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios todopoderoso, que nos mandas abrir camino a Cristo, el Señor, no permitas que desfallezcamos en nuestra debilidad los que esperamos la llegada saludable del que viene a sanarnos de todos nuestros males. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles II de Adviento

1) Oración inicial

Señor, Dios todopoderoso, que nos mandas abrir camino a Cristo, el Señor; no permitas que desfallezcamos en nuestra debilidad los que esperamos la llegada saludable del que viene a sanarnos de todos nuestros males. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 11,28-30
«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

3) Reflexión

• Algunos textos de los evangelios nos revelan todo el significado cuando les ponemos como telón de fondo el Antiguo Testamento. Así es este texto tan breve y tan bello del evangelio de hoy. En este pasaje resuenan dos temas del Antiguo Testamento muy queridos y mencionados, un pasaje de Isaías y otro de los libros sapienciales.
• Isaías habla del Mesías siervo y lo representa como un discípulo que va siempre en busca de una palabra de consuelo para poder animar a los desalentados: “El Señor Yahvé me ha concedido el poder hablar como su discípulo, y ha puesto en mi boca las palabras para aconsejar al que está aburrido. Cada mañana, él me despierta y lo escucho como lo hacen los discípulos”. (Is 50,4) Y el Mesías siervo lanza una invitación: “A ver ustedes que andan con sed ¡vengan a tomar agua! No importa que estén sin plata, vengan no más. Pidan trigo para el consumo, y también vino y leche, sin pagar” (Is 55,1). Estos textos estaban presentes en la memoria de la gente. Eran como los cantos de nuestra infancia. Cuando la gente los escucha, suscitan recuerdos, añoranzas. Asimismo la palabra de Jesús: “¡Vengan a mí! Despierta algo en la memoria y lleva consigo la añoranza de aquellos preciosos textos de Isaías.
• Los libros sapienciales representan la sabiduría divina en la figura de una mujer, una madre que transmite a los hijos su sabiduría y les dice: “Adquieran sin dinero, sometan la cerviz a su yugo, que sus almas reciben la instrucción, pues está muy cerca al alcance de ustedes. Vean con sus propios ojos que he penado poco y conseguí mucho descanso”. (Sir 51,25-27). Jesús repite esta frase: “¡Encontrarán descanso!”
• Justamente, por esta manera suya de hablar a la gente, Jesús aviva su memoria y así el corazón se alegra y dice: “¡Ha llegado el Mesías tan esperado!” Jesús transformaba la añoranza en esperanza. Hacía dar a la gente un paso más. En lugar de agarrarse a imágenes de un mesías glorioso, rey y dominador, imágenes que los escribas enseñaban, la gente cambiaba su visión y aceptaba a Jesús, mesías siervo. Mesías humilde y manso, acogedor y lleno de ternura, que hacía sentir ‘a gusto’ a los pobres en su presencia.

4) Para la reflexión personal

• La ley de Dios es para mí ¿yugo suave que me anima o un peso que me cansa?
• ¿He sentido alguna vez la ligereza y la alegría del yugo de la ley de Dios que Jesús nos ha revelado?

5) Oración final

Bendice, alma mía, a Yahvé,
el fondo de mi ser, a su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Yahvé,
nunca olvides sus beneficios. (Sal 103, 1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 12, 6-8

6Tenía aún un hijo amado; se lo envió el último diciendo: ‘Respetarán a mi hijo’.
7Pero aquellos campesinos se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero; venid, matémoslo y será nuestra la herencia’.
8Y, tomándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

12, 6-8: Sin embargo, «todavía tenía uno». Pero no por mucho tiempo una vez que envía este último mensajero a los campos de la muerte, diciendo en un susurro: «Respetarán a mi hijo» (12,6b). Aunque a primera vista la profecía del padre, «Respetarán a mi hijo», parece increíblemente ingenua dado la forma abusiva con la que los arrendatarios habían tratado y asesinado a los mensajeros anteriores, en el contexto de Marcos contiene probablemente una triste ironía: al final los arrendatarios «respetarán» al hijo, cuando paguen con la vida por su asesinato (12,9) y lo vean regresar «en la gloria de su Padre con los santos ángeles» (8,38). Al principio, la respuesta de los colonos a la embajada final del padre parece alentador: «Este es el heredero. Venid…» (12,7a). Tal vez el «Venid» podría ser seguido por «¡Salgamos de aquí!»). Pero si 12,7a suscitaba tales esperanzas, 12,7b las aniquila de inmediato; en lugar de elegir el camino prudente de respetar al hijo, los arrendatarios optan por una locura: asesinarlo y tratar de apropiarse de su herencia. Así pues, su reconocimiento del hijo resulta ser análogo al de los demonios, que se dan cuenta de que Jesús es el hijo de Dios, pero por eso mismo se oponen a él con todas sus fuerzas, con lo que sellan su propia destrucción (cf. 1,24; 3,11).

Las palabras con las que los arrendatarios expresan su voluntad, «Venid; matémoslo», son probablemente un eco intencionado del discurso de los malvados hermanos de José en Gn 37,20. Pero en Marcos el padre no perdona a los perseguidores de su hijo, que no se ha salvado, sino que ejecuta la sentencia condenatoria sobre ellos. Esta sentencia parece seguir el principio de la ley del talión: los arrendatarios han matado al hijo y lo han echado fuera de la viña (12,8); en represalia, el «señor de la viña» acabará con ellos y dará la viña a otros (12,9).

¿Cómo podemos entender la nota final de la parábola acerca de una justicia retributiva implacable? Los arrendatarios simbolizan a los dirigentes judíos que se oponen a Jesús y que en la narración del evangelio serán los principales responsables de su muerte. Los «otros» son los dirigentes de la Iglesia, que asumirán la jurisdicción sobre «Israel». Así pues, Israel habría perdido su estatus como pueblo de Dios, simbolizado por su catastrófica derrota en la guerra, y había sido sustituido por la Iglesia. Nuestra parábola, por tanto, se mueve en la dirección de la teoría de la sustitución, pero eso no quiere decir que los lectores cristianos de hoy en día estén obligados a seguir su ejemplo. Una gran parte del motivo de esta deformación de la imagen original de Isaías, radica en la tensa situación histórica de Jesús y de los primeros cristianos, que culminó en la persecución y la violencia contra la comunidad marcana durante la guerra judía. Esta deformación, sin embargo, no puede ser aceptada como «evangelio» por los cristianos actuales después de diecisiete siglos de un tipo diferente de atrocidades, a saber: la persecución cristiana contra los judíos. Tal vez, más bien, los cristianos de hoy necesitarían dar un paso hacia atrás desde Marcos hasta Isaías, para ir a las raíces de la viña dada en arriendo, fracasada, y llegar hasta la viña de Isaías, cuidada con ternura, que surgió de la mano de Dios como un paraíso del Edén. Con ella sigue Dios comprometido a pesar de la maleza salvaje allí surgida y que entristece su corazón, del mismo modo que mantiene su compromiso con los seres humanos a pesar de todo el salvajismo y el crimen que han surgido entre nosotros.

Comentario – Miércoles II de Adviento

Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy son una invitación al descanso y al mismo tiempo a llevar la carga que a cada uno le corresponda, aprendiendo de él fundamentalmente dos cosas: humildad y mansedumbreSus palabras parecen no tener destinatario definido, como si estuvieran lanzadas a la entera humanidad: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. ¿Y quién no se encuentra en esta situación de cansancio o de agobio alguna vez en la vida? Formamos parte de una humanidad doliente. La vida nos obliga a enfrentarnos a muchas dificultades –una verdadera carrera de obstáculos-, cuya superación va erosionando nuestras fuerzas y provocando un verdadero desgaste en las energías almacenadas. Nos llegan momentos de auténtico agobio, porque se nos acumula el trabajo o los estudios o las obligaciones o la correspondencia. Por eso la invitación de Jesús nos tiene que sonar a una verdadera bendición. Ya es un alivio escuchar de sus labios palabras como éstas. Pero si no hacemos la prueba, acudiendo a él donde es posible encontrarlo, no podremos experimentar la verdad de esta promesa. En realidad, sólo en él podemos encontrar el descanso saciativo.

Esto no significa que el alivio sea tan duradero que no necesitemos volver a él en el futuro. Mientras vivamos en el tiempo, todo lo que recibamos estará transido de temporalidad. Hasta los dones eternos, por su índole o naturaleza, estarán marcados en nuestra propia experiencia temporal por la fugacidad o la provisionalidad, que son la marca del tiempo. Pero a Jesucristo, que nos prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, lo tenemos siempre disponible en su presencia sacramental para proporcionarnos el alivio de un descanso reparador. Ahora bien, este efecto no es producto de una infusión o de la toma de una cápsula, sino de una relación personal que requiere tiempo, como toda relación de amistad. Aquí el descanso se obtiene estando a solas con el que sabemos nos ama. A eso es a lo que la Iglesia ha llamado tradicionalmente oración de intimidad. Ambas cosas son necesarias: oración e intimidad. Sin intimidad no hay verdadera comunicación; sin comunicación (respectivamente, oración) no hay intercambio personal; y sin intercambio personal no hay verdadera comunicación de energías, ni alivio, ni descanso. Se trata de un descanso que se obtiene de reposar nuestra cabeza (con todas sus preocupaciones y agobios) en el pecho del Amado. Los que han hecho esta experiencia, han encontrado el descanso en sus vidas, aunque éste no sea aún el ‘descanso eterno’, puesto que, como he señalado antes, vivimos en el tiempo.

Cargad con mi yugo –añade Jesús- y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. En esta vida el descanso ha de alternarse con las cargas. Todos tenemos nuestras cargas, que muchas veces adquieren la forma del yugo porque parecemos atados a ellas, sin apenas posibilidad de desuncirnos. La condición de cristiano puede convertirse incluso en un yugo añadido, por lo que implica de persecución, de rechazo, o de abnegación a placeres, lujos o caprichos. Pues bien, cualquier yugo es más llevadero si lo compartimos con alguien que nos ayuda a llevarlo. Pero pasará a ser extremamente ligero si aquel con el que compartimos su peso y su sujeción es el mismo Jesús, no simplemente por ser un hombre de gran fortaleza, sino por ser el Hijo de Dios hecho hombre. Ahí radica la diferencia.

Cargar con su yugo y compartir con él nuestro yugo viene a significar lo mismo. Ambos yugos son intercambiables y el peso de ambos se aligera si los llevamos con Jesús, aprendiendo de él mientras tanto el modo de llevarlo: con humildad y mansedumbre. También es importante el modo en que se lleva la carga, porque la humildad y la mansedumbre son como palancas que nos permiten llevarlo con mayor facilidad. La carga causa menos penalidad si se lleva con mansedumbre y humildad. La humildad nos permite aceptarla sin rebeldías inútiles y nocivas, y la mansedumbre nos proporciona la serenidad y el dominio para no añadir nuevos motivos de aflicción. También la humildad y la mansedumbre contribuyen al descanso de los que pasan por la vida portando sus inevitables cargas. Por eso, aprender de él en la ‘escuela del sufrimiento’ es recibir de él las instrucciones necesarias para encontrar nuestro descanso. Sólo así los yugos se hacen llevaderos y las cargas ligeras o al menos soportables. Que el Señor nos conceda acudir a él en busca de ese descanso que tanto necesitamos. Y que nos facilite el camino, liberándolo de esas trabas y obstáculos que tanto nos dificultan el acercamiento a él en su morada.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Grandes líneas de acción

209. Sólo quisiera destacar brevemente que la pastoral juvenil implica dos grandes líneas de acción. Una es la búsqueda, la convocatoria, el llamado que atraiga a nuevos jóvenes a la experiencia del Señor. La otra es el crecimiento, el desarrollo de un camino de maduración de los que ya han hecho esa experiencia.

Comentario Domingo III de Adviento

Oración preparatoria

Por tu bondad, Señor y Hermano Jesús: Concédenos escuchar tu Palabra con el corazón abierto y con nuestro ser entero orientado a Ti. Haz que nos sea luz en el caminar de nuestra vida, fortaleza en la lucha diaria, nuestro gozo en los sinsabores de nuestra existencia. AMEN.

 

Mt 11, 2-11

«2Pero Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras del Mesías, envió a sus discípulos a decirle: 3“¿Tú eres el que ha de venir, o debemos esperar a otro?”.

4Y respondiendo, Jesús les dijo: “Yendo, contad a Juan lo que oís y veis: 5los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, y los

6muertos resucitan y los pobres son evangelizados, y ¡bienaventurado es el que no se escandalice por mí!”.

7Pero, tras marcharse estos, comenzó Jesús a hablar a las muchedumbres acerca de Juan: “¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?

8¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? Mirad, los que 9visten con elegancia están en los palacios de los reyes. ¿Qué salisteis a ver, si 10no? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: ‘He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará tu camino por delante de ti’.

11En verdad os digo: no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Este evangelio está colocado al comienzo de una nueva sección del evangelio de Mateo (11,2-12,50) que recoge las reacciones al programa de Jesús, desarrollado desde 4,17 hasta 11,1. El programa se centra en la llamada a los discípulos (4,18- 22), el desarrollo de los sumarios gemelos de actividad de Jesús (4,23 y 19,35): Jesús enseña (cap. 5-7) y cura (cap. 8-9); y el envío de unos discípulos que ya han aprendido el estilo de Jesús (9,36-11,1). Con este evangelio de hoy comien- zan las reacciones, más bien negativas: la de Juan, dudando del mesianismo de Jesús (11,2-15), la presente generación (11,16-19) y las ciudades impenitentes (11,20-24). La tríada de reacciones se cierra con una revelación de Jesús (11,25- 30). Comienza la polémica entre Jesús y sus adversarios, en un crescendo que continuará hasta la Pasión. Situado en este camino de Adviento, el texto nos interpela sobre nuestra propia respuesta a Jesús y su programa.

 

TEXTO

El evangelio forma parte de una unidad mayor (11,2-19) que tiene tres partes: la pregunta de Juan (vv. 2-6), las palabras de Jesús sobre Juan (vv. 7-15), la referencia a esta generación obstinada (vv. 16-19). Como podemos apreciar, el texto de hoy toma la primera parte entera y unos versículos de la segunda parte. Entonces, este evangelio podemos estructurarlo en dos momentos: la pregunta planteada por Juan y la respuesta de Jesús (vv. 2-6) y las palabras de Jesús a la multitud (vv. 7-11). El texto gira en torno a dos personajes: Juan y Jesús; sus atributos: profeta y Mesías (= Cristo) y dos nuevas realidades que aparecen al final de cada parte: la Buena Nueva (Evangelio) y el Reino de los cielos. Otro elemento fundamental se halla en la insistencia en el “oír y ver”: se nos pide estar atentos y saber discernir la presencia del tiempo nuevo inaugurado por Jesús y la forma que tiene de hacerlo presente.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Juan está interesado por la persona de Jesús, pero Jesús le responde con sus obras. Son las obras las que acreditan a una persona, las que dicen quién es alguien. No se trata de declaraciones, sino de hechos.

• La expresión “obras del Mesías”, junto a lo que responde Jesús (“lo que oís y veis”) se refiere al sermón de la montaña (cap. 5-7) y los milagros de Jesús (cap. 8-9). ¿Nos sorprenden las obras de Jesús y sus palabras o ya nos hemos acostumbrado a todo? ¿Entonces, sabemos “oír” y “ver” las obras de Jesús y la presencia del Reino entre nosotros? ¿Dónde lo encontramos?

• Jesús es un Mesías que “rompe moldes”, que no corresponde al Mesías que Juan esperaba y había predicado; es difícil acoger un Jesús “distinto” de nuestros esquemas y estamos sujetos a la tentación de querer un Dios que tenga nuestros sentimientos y gustos y que responda a nuestras necesidades, un Dios hecho a nuestra imagen y semejanza. ¿Es real en nosotros este peligro? ¿Qué “moldes” tiene que romper en nosotros el estilo de Jesús?

• El triple “¿Qué salisteis a ver?”, muy impactante, interpela nuestra ‘modorra’ religiosa. La pirueta de Jesús, hablando de Juan, es realmente impresionante: es el mayor de los nacidos de mujer, pero el menor en el Reino es mayor que él. Con Juan termina una etapa (cf. vv. 13-14), con Jesús se inicia otra radicalmente nueva y distinta. Es el anuncio a los pobres de algo nuevo y bueno; es la experiencia liberadora de la presencia del Reino de los cielos. ¿Qué significa esto para nosotros?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo III de Adviento

III Domingo de Adviento
15 de diciembre 2019

Isaías 35, 1-6a. 10, ; Salmo 145; Santiago 5, 7-10; Mateo 11, 2-11

Mi mensajero… te prepara el camino

En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Jesús les respondió: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí”. Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: “¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo se lo aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él”.

Reflexión

¿Qué es un profeta? (Un mensajero de Dios.) San Juan el Bautista era un mensajero de Dios que vino para preparar los corazones para recibir a Jesús, el Salvador. ¿Cuál era el mensaje de San Juan? (Dejen de pecar, amen a Dios y al prójimo, cambien su vida.) El emperador Herodes lo metió en la cárcel porque su esposa no le gustaba que San Juan le insistía que tenía que cambiar su vida de pecado. San Juan mandó a preguntar a Jesús si Él era el esperado Salvador. ¿Cómo le contesta Jesús? (Le cuenta los milagros y las cosas buenas que está haciendo.) ¿Cuáles milagros hizo Jesús? (los ciegos ven…) Otro profeta que había vivido muchos años antes había dicho del Salvador, “Entonces los ojos de los ciegos se despegarán, y los oídos de los sordos se abrirán, los cojos saltarán como cabritos y la lengua de los mudos gritará de alegría…” (Isaías, 35, 5-6) San Juan hubiera entendido su respuesta. También Jesús les dice a los apóstoles que a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¿Esto significa que el mensaje no era para los ricos? (No, Jesús habla de la pobreza de corazón; de tener un corazón humilde, necesitado de la ayuda, misericordia, y amor de Dios.) Jesús intima que Él es el Salvador cuando dice “Sí, yo se lo aseguro; y a uno que es todavía más que profeta.” Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino.” (Malachías 3, 1). San Juan el Bautista preparaba el camino para la llegada de Jesús el Salvador.

Actividad

En la siguiente página, colorear y escribir los mensajes de San Juan Bautista.

Oración

Señor, dame un corazón humilde para siempre buscarte, siembre amarte, siempre pedirte perdón. Gracias por hacerte pequeño para que nosotros podamos entender un poquito mas el Amor tan grande que Dios tiene por nosotros. Amen.