Comunismo

1.- Ya sabéis, mis queridos jóvenes lectores, que en el evangelio de Juan debemos buscar siempre una segunda intención, es decir, que el texto no es una simple crónica. No seré yo quien lo ignore, pero, no obstante, para que lleguemos al meollo de la cuestión es preciso pasar primero por la corteza. (Como para entrar en el interior de la vivienda de un amigo, es necesario primero saber donde se alberga y después atravesar la fachada). Que todo el evangelio de hoy nos prepara para la realidad insigne de la Eucaristía, no hay duda, pero que la Revelación nos llega mediante un escenario que hay que conocer y unas circunstancias en las que hay que fijarse, también es verdad.

Os recuerdo que el episodio ocurre a lado de una gran masa de agua que confiere al ambiente un alto grado de humedad, el lago de Galilea. Que se vive a 200 metros bajo el nivel del mar y que la temperatura llega a veces a subir por encima de los de 40º C. La sensación de bochorno en estos lugares es inmensa. Por muy habituados que estuviesen aquellos galileos, Jesús entre ellos, influían estas circunstancias en su estado de ánimo. Ciertamente que disponían de tiempo en abundancia, cosa de la que nosotros carecemos casi siempre. Podían escuchar al Maestro largamente y nada impedía que si les entraba sueño, se quedasen dormidos, pero el hambre, sin duda, corroería su interior al cabo de un tiempo. La pereza dificultaría tomar decisiones firmes, pero no embotaría el entendimiento, ni frenaría la secreción gástrica y por ende la sensibilidad del estómago vacío.

2.- Jesús que con serenidad pretende iniciarlos en uno de sus más sublimes proyectos, es realista y tiene conciencia de que ha llegado el momento en que la gente siente desfallecimiento a causa de no haber comido. Quiere compartir la preocupación con los suyos. De parte del primer discípulo con quien habla, escucha palabras escapistas. Pero no se queda en la constatación de que se necesitarían muchas cargas de alimentos para satisfacer las necesidades de aquella multitud. Indaga en las posibilidades con que cuentan. Le dice otro, Andrés, hermano de Pedro, que hay un chico que tiene cinco panes y dos peces, poca cosa, pero no despreciable, si está dispuesto el chaval que los ha traído, a cederlos.

Cinco panes de cebada (duros serían y nada esponjosos, como corresponde a los elaborados con este cereal) Dos peces, salados sin duda, como los elaboraban por aquellas tierras, especialmente en la vecina Mágdala, situada a pocos kilómetros del lugar (para entendernos sería algo así como nuestro bacalao). Tratándose de tan poca cosa ¿a quien se le ocurre pedírselos, para repartirlos a los demás?

3.- Entendámonos: es relativamente fácil decidir un día, que cada uno se lleve su merienda, que luego se pondrá sobre un mantel y se compartirá entre todos. El comunismo idealista de los que tienen mucho, es fácil de entender y no tan difícil de practicar. Lo que cuesta es compartir con los demás, que no han traído nada, lo poquito que uno tiene. Cuesta y además es estrambótico pretenderlo. Seamos realistas: una miga de pan no calma el hambre. Y no mucho más que una miga es lo que les podía tocar a aquella multitud fervorosa, reunida alrededor del Maestro. Y un trocito de aleta de pescado salado, tampoco podía saciarles. Así es, pero también lo es que, a veces, hay personas que tiene una generosidad quijotesca. A este anónimo chico que se desprendió de lo poco que había traído en su zurrón, se le debería levantar un monumento. En la Eternidad, con seguridad que ya se lo han erigido.

El joven aporta su pequeña gran generosidad y Jesús con ella obra la portentosa gran y divina generosidad. Seguramente que aquel muchacho entendía muy poco de lo que se explicaba cada sábado en la sinagoga, seguramente que a Jesús le conocía muy poco. Simplemente fue generoso y gracias a ello se obró el prodigio y se ofreció a los hombres un ensayo de Eucaristía. La más elemental y profunda diferencia que distingue entre sí a los hombres, es que unos son generosos y otros egoístas. Preguntaos ahora, cada uno de vosotros, donde os encontráis

4.- Pero no olvidéis, mis queridos jóvenes lectores, que aun en estos momentos tan solemnes, Jesús piensa en los necesitados ¿a dónde fueron a parar todos aquellos cestos de panes que sobraron? No se han preocupado los autores de decírnoslo. En realidad, fueran a parar donde quisieran, la conciencia de que si hay hambre no se puede tirar comida, la aprendieron. Y nosotros hoy, también la debemos aprender y obrar en consecuencia, aunque en casa creamos que no hay sitio para guardar las cosas que a otros que carecen de ellas, les pueden ser útiles.

Y el Señor aun en estos momentos no se desprende de la modestia. Van a condecorarle, pues Él se evade. No ha venido a recoger trofeos, sino a servir. Otro día veremos que, todo esto, no ha sido más que una introducción, al generoso y admirable don de la Eucaristía.

Pedrojosé Ynaraja

No esperemos el maná

Comentando la situación de una persona en una situación económica precaria, alguien dijo: “Es que tampoco se mueve a buscar salida. Se pasa los días esperando el maná”. El maná, como hemos escuchado en la 1ª lectura, era un polvo parecido a la escarcha que Dios envió para alimentar a su pueblo en el desierto. Y la expresión “esperar el maná” se utiliza para significar algo que se recibe sin realizar ningún esfuerzo. De ahí que se suela usar para hablar de las personas, y también entidades, que, en vez de esforzarse en buscar recursos para lograr sus objetivos, se pasan el tiempo esperando prestaciones, subsidios, ayudas, subvenciones… que les solucionen la vida.

Ese “esperar el maná” se va extendiendo a otros ámbitos. Como indica el documento de ACG “Llamados y enviados a evangelizar”: “Vivimos a diario en una sociedad en la que predomina la resignación y el conformismo. Esta vida apática nos hace cómodos, nos conformamos con ir tirando, con salir del atolladero de cada día, sin un horizonte por el que luchar”. De ahí que, también en nuestra vida de fe, a veces parece que estamos “esperando el maná”. La mayoría de personas que han recibido el Bautismo no participan habitualmente en la Eucaristía y piensan que “con ser buenas personas” ya es suficiente y que no hace falta hacer más para “ir al cielo”.

A su vez, la mayoría de quienes sí participan habitualmente en la Eucaristía se limitan a “cumplir el precepto”, pero sin asumir ningún compromiso, ya sea en la comunidad parroquial o fuera de ella, o en un Movimiento o Asociación laical: “Se constata un menor pulso vital de nuestras parroquias, comunidades y diócesis y sobre todo un menor celo apostólico. En general no tenemos las ganas suficientes para transmitir la fe cristiana. Esta falta de intensidad hace que se impregne en nosotros un estilo vago y de escaso compromiso. Nos conformamos con mantener lo que tenemos, quedando adormecida nuestra dimensión misionera”. Y se quedan “esperando el maná” cada semana, pensando que ya habrá otros que realicen las tareas que conlleva la misión evangelizadora. Como dice el Papa Francisco: “Hoy se ha vuelto muy difícil, por ejemplo, conseguir catequistas capacitados para las parroquias y que perseveren en la tarea durante varios años”. (EG 81)

Sin embargo, Jesús, en el Evangelio de hoy, ha hecho una clara llamada a que no nos quedemos “esperando el maná”: Trabajad por el alimento que perdura, dando vida eterna (…) Éste es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que Él ha enviado. Ser cristiano no es algo estático, no consiste en “esperar el maná” que Dios nos envía; ser cristiano es seguir a Jesucristo como discípulos y apóstoles, en un camino de santidad, y esto es algo dinámico, es un verdadero “trabajo”. Primero hacia el interior de uno mismo, como decía San Pablo en la 2ª lectura: Cristo os ha enseñado a abandonar el anterior modo de vivir… a renovaros en la mente y en el espíritu; la vida cristiana es un proceso de conversión, constante y creciente, haciendo nuestros los criterios, actitudes y valores de Jesucristo.

Y también es un trabajo hacia el exterior, concretando la fe en compromisos evangelizadores y misioneros para que quienes nos rodean no pasen su vida “esperando el maná”, con un estilo de vida consumista, instalado, sin aspiraciones, sino que Jesucristo, el pan de vida, sea conocido. Como dijo el Papa Francisco: “hoy se nos plantea el desafío de responder adecuadamente a la sed de Dios de mucha gente, para que no busquen apagarla en propuestas alienantes o en un Jesucristo sin carne y sin compromiso con el otro”. (EG 89)

¿Conozco a alguien que vive como “esperando el maná”? ¿Tengo yo esa actitud en mi vida de fe? ¿Qué hago para “trabajar en lo que Dios quiere”, para creer cada vez más y mejor en Jesucristo? ¿Y qué hago para que Jesucristo sea conocido y reconocido como el verdadero pan de vida?

Son muchos los que viven “esperando el maná”, unas veces a conciencia y otras veces porque nadie les ha enseñado otro modo de proceder. Nosotros, si queremos ser de verdad cristianos, no esperemos el maná, porque el verdadero pan del cielo que da la vida al mundo ya ha venido. Realicemos el trabajo que Dios quiere para creer en Jesucristo y, así, poder anunciarlo de forma creíble.
La fe cristiana propone un camino de futuro y esperanza, que está en clara contradicción con la vida cotidiana de la mayoría de las personas. Y este camino requiere un compromiso serio, sostenido y continuado, pero contamos con el Pan de vida para realizar ese trabajo, con la certeza de que el que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed.

Comentario al evangelio – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

EL PAN DE VIDA Y DE LA LIBERTAD


              La primera lectura nos presenta una de las ocasiones en que el proyecto de ser un pueblo libre en una tierra libre, guiados por el Dios que escuchó su clamor cuando eran esclavos… es puesto en cuestión ante las dificultades que se encuentran en el camino. No es fácil ser libre, ser libres juntos, y con una estructuras/leyes que aseguren esa libertad.

               Vivimos en un país libre (escribo desde España). Es lo que se suele decir. Hemos ido ganando muchas cuotas de libertad en muchos ámbitos: laborales, sociales, políticos, económicos, personales… Aunque también vemos últimamente algunos retrocesos y cuestionamientos sobre ciertos logros en igualdad, respeto, derechos humanos… Pero resulta que, realidad, no somos tan libres.

+ Vivimos muy pendientes y condicionados por la opinión de los demás, y nos cuesta mucho ser nosotros mismos.

+ Nos vemos enredados en una sociedad de consumo, que necesita multiplicar nuestras necesidades, aun a costa de esquilmar el planeta. Nunca tenemos suficiente, y nos puede la ansiedad de tener/comprar, visitar, viajar, acumular, probar… de un modo compulsivo y absurdo, derrochando y malgastando, sin valorar y cuidar, en cambio, lo que es realmente importante… y a los que necesitan todo para poder simplemente vivir.

+ Esta sociedad de la comunicación y de las redes sociales nunca como ahora nos había condicionado y «engañado» con las falsas noticias, los bulos, la información que se esconde (o se impide investigar con la fuerza de los votos la gestión política, los dineros en negro, las adjudicaciones a dedo, las comisiones ilegales…), porque como se destape el asunto…

+ Los mensajes políticos se lanzan, se adaptan o se esconden a golpe de lo que revelan las encuestas, y si ayer dije «X», es que me interpretaron mal, o las circunstancias han cambiado… La confusión de valores, la desinformación y la manipulación mediática no son nunca una ayuda para nuestra libertad. Al contrario. Ya lo dijo Jesús: La verdad os hará libres…

+ Por otro lado se nos multiplican los miedos: miedo al emigrante que «nos invade». Miedo a que ganen el poder los que no son de los nuestros. Miedo a perder el puesto de trabajo que parecía tan seguro. Miedo a perder la salud, o a no ser bien atendidos si no tenemos un seguro privado. A no tener una jubilación suficiente…  El miedo provocado no es un ingrediente compatible con la libertad.

+ También nos «atan» nuestra historia y heridas personales, las relaciones que se han roto, o que no somos capaces de romper, los errores cometidos, las etiquetas que nos han puesto…

              La Revolución Francesa colocó la «libertad» en un altar (junto a otras dos, formando una auténtica trinidad indivisible: igualdad y fraternidad). Pero estamos lejos de aquellos ideales. Habría que empezar por ponernos de acuerdo en lo que realmente significa esta «mágica» palabra. Nadie  puede apropiarse de ella, como bandera o estandarte, dando a entender que «los otros» nos la quitarían. Cuando la política se dedica a dividir en «buenos y malos» deja de ser política.

               Tiene que ir de la mano de la responsabilidad, y estar al alcance de todos, y no solo de los que están mejor económicamente, pues cuando se carece de lo básico no hay libertad (por eso acabaron así los israelitas en Egipto).

          Precisamente el libro del Éxodo nos muestra cómo la libertad por la que Dios optaconsiste en «liberar» del trabajo esclavo, de la falta de medios de subsistencia, del manejo del Faraón y sus leyes abusivas… aunque tengan el estómago lleno y les permitan ciertas «libertades» para que estén contentos y no se quejen (hoy diríamos: toros, fútbol, culebrones familiares, conciertos, «Sálvame», «Supervivientes», «First of Dates»…). Aquella libertad planteada por Dios exigía aprender a ser un pueblo unido y justo.  Por eso es tan necesario lo que nos ha pedido San Pablo: «despojaos del hombre viejo», de las «ideas vacías», renovar la mente y el espíritu

           El maná y las codornices que vienen «del cielo» fueron la ayuda necesaria de Dios para poder caminar y vencer las dificultades. Precisamente cesarán cuando entren en la Tierra Prometida.

          Cuando Jesús se presenta a sí mismo como el verdadero pan del cielo que nos da su Padre, y que baja para dar vida al mundo… nos está llamando a la libertad, a la fraternidad, a la comunión. Nos falta mucho «éxodo» para ser libres y necesitamos mucho ese Pan que nos ha ofrecido el Padre para construir la «civilización del amor». Cuando el sacerdote ponga en tus manos el Maná Eucarístico…. ya sabes que es para ponerte en camino, salir de tantas ataduras, despojarte del hombre viejo, corrompido por sus apetencias seductoras; para renovarte en la mente y en el espíritu y ser revestidos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas. «Señor, danos siempre de este Pan».

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

Meditación – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

Hoy es Domingo XVIII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 6, 24-35):

En aquel tiempo, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello».

Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado». Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: ‘Pan del cielo les dio a comer’». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».

Hoy vemos diferentes actitudes en las personas que buscan a Jesús: unos han comido el pan material, otros piden un signo cuando el Señor acaba de hacer uno muy grande, otros se han apresurado para encontrarlo y hacen de buena fe -podríamos decir- una comunión espiritual: «Señor, danos siempre de ese pan» (Jn 6,34).

Jesús debía estar muy contento del esfuerzo en buscarlo y seguirlo. Aleccionaba a todos y los interpelaba de varios modos. A unos les dice: «Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna» (Jn 6,27). Quienes preguntan: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» (Jn 6,28) tendrán un consejo concreto en aquella sinagoga de Cafarnaúm, donde el Señor promete la Sagrada Comunión: «Creed».

Tú y yo, que intentamos meternos en las páginas de este Evangelio, ¿vemos reflejada nuestra actitud? A nosotros, que queremos revivir esta escena, ¿qué expresiones nos punzan más? ¿Somos prontos en el esfuerzo de buscar a Jesús después de tantas gracias, doctrina, ejemplos y lecciones que hemos recibido? ¿Sabemos hacer una buena comunión espiritual: ‘Señor danos siempre de este pan, que calma toda nuestra hambre’?

El mejor atajo para hallar a Jesús es ir a María. Ella es la Madre de Familia que reparte el pan blanco para los hijos en el calor del hogar paterno. La Madre de la Iglesia que quiere alimentar a sus hijos para que crezcan, tengan fuerzas, estén contentos, lleven a cabo una labor santa y sean comunicativos. San Ambrosio, en su tratado sobre los misterios, escribe: «Y el sacramento que realizamos es el cuerpo nacido de la Virgen María. ¿Acaso puedes pedir aquí el orden de la naturaleza en el cuerpo de Cristo, si el mismo Jesús nació de María por encima de las leyes naturales?».

La Iglesia, madre y maestra, nos enseña que la Sagrada Eucaristía es «sacramento de piedad, señal de unidad, vínculo de caridad, convite Pascual, en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura» (Concilio Vaticano II).

+ Rev. D. Joaquim FONT i Gassol

Liturgia – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

XVIII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Misa del Domingo (verde)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria, Credo. Prefacio dominical.

Leccionario: Vol. I (B)

  • Éx 16, 2-4. 12-15. Haré llover pan del cielo para vosotros.
  • Sal 77. El Señor les dio pan del cielo.
  • Ef 4, 17. 20-24. Revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios.
  • Jn 6, 24-35. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed.

Antífona de entrada          Sal 69, 2. 6
Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme. Que tú eres mi auxilio y mi liberación. Señor, no tardes.

Monición de entrada
Nos reunimos en asamblea para celebrar la Eucaristía. El motivo de esta celebración no es tanto el cum­plimiento de un precepto cuanto la necesidad que cada uno de nosotros sentimos por alimentar nuestro espíritu y nues­tro encuentro con el Señor.

Dispongámonos con fe a recibir el Pan de la Vida

Acto penitencial
Conscientes, pues, de nuestra debilidad, y necesitados de la misericordia divina, reconozcamos humildemente nuestros pecados.

• Porque para muchos la misa dominical todavía es más un precepto que una necesidad sentida interiormente. Señor, ten piedad.
• Porque no valoramos debidamente el sacramento eucarís­tico que tú nos has dejado. Cristo, ten piedad.
• Porque no prolongamos la eucaristía con el compromiso concreto diario. Señor, ten piedad.

Gloria

Oración colecta
ATIENDE, Señor, a tus siervos
y derrama tu bondad imperecedera
sobre los que te suplican,
para que renueves lo que creaste
y conserves lo renovado
en estos que te alaban como autor y como guía.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Credo
Confesemos ahora nuestra fe, confesando la fe de toda la Iglesia.

Oración de los fieles
Oremos a Dios nuestro Padre. Oremos para que su vida y su amor lleguen a todos.

1.- Oremos para que todos los cristianos encontremos en Jesús el pan que alimenta nuestra vida y fortalece nuestra fe. Roguemos al Señor.

2.- Oremos para que en todo el mundo los cristianos sean respetados y en todos los países haya libertad religiosa. Roguemos al Señor.

3.- Oremos para que los sin techo y otros necesitados encuentren respuesta en las administraciones y la solidaridad de toda la ciudadanía. Roguemos al Señor.

4.- Oremos para que todo el mundo pueda gozar de unos días de descanso para rehacer las fuerzas de cara al nuevo curso. Roguemos al Señor.

5.- Oremos para que todos los que nos hemos congregado hoy en esta Eucaristía vivamos como comunidad hermanada en el amor del Señor. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre, las oraciones que te hemos presentado con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
TE pedimos, Señor,
que, en tu bondad, santifiques estos dones,
aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual
y nos transformes en oblación perenne.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Sab 17, 20
Señor, nos diste el pan del cielo, lleno de toda delicia y grato a cualquier gusto.

O bien:          Cf. Jn 6, 35
Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí no tendrá sed jamás, dice el Señor.

Oración después de la comunión
A quienes has renovado con el don del cielo,
acompáñalos siempre con tu auxilio, Señor,
y, ya que no cesas de reconfortarlos,
haz que sean dignos de la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
El Dios de la paz,

que resucitó de entre los muertos al gran pastor de las ovejas,
nuestro Señor Jesús, os haga perfectos en todo bien,
en virtud de la sangre de la alianza eterna,
para que cumpláis su voluntad,
realizando en vosotros lo que es de su agrado.

Y la bendición de Dios todopoderoso
Padre, † Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre todos vosotros.
R./ Amén.

Laudes – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

LAUDES

DOMINGO XVIII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso”.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Somos el pueblo de la Pascua,
Aleluya es nuestra canción,
Cristo nos trae la alegría;
levantemos el corazón.

El Señor ha vencido al mundo,
muerto en la cruz por nuestro amor,
resucitado de la muerte
y de la muerte vencedor.

Él ha venido a hacernos libres
con libertad de hijos de Dios,
él desata nuestras cadenas;
alegraos en el Señor.

Sin conocerle, muchos siguen
rutas de desesperación,
no han escuchado la noticia
de Jesucristo Redentor.

Misioneros de la alegría,
de la esperanza y del amor,
mensajeros del Evangelio,
somos testigos del Señor.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.

SALMO 117: HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

Ant. Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
“la diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.”

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

— Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

— Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

— Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

— Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR

Ant. Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

SALMO 150: ALABAD AL SEÑOR

Ant. Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.

LECTURA: Ez 36, 25-27

Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

RESPONSORIO BREVE

R/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.
V/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

R/ Contando tus maravillas.
V/ Invocando tu nombre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo soy el pan de vida; el que venga a mí no tendrá más hambre, y el que crea en mí jamás tendrá sed.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el pan de vida; el que venga a mí no tendrá más hambre, y el que crea en mí jamás tendrá sed.

PRECES

Demos gracias a nuestro Salvador, que ha venido al mundo para ser “Dios con nosotros” y digámosle confiadamente:

Cristo, Rey de la gloria, sé nuestra luz y nuestro gozo.

Señor Jesús, Sol que nace de lo alto y primicia de la resurrección futura,
— haz que, siguiéndote a ti, no vivamos nunca en sombra de muerte, sino que tengamos siempre la luz de la vida.

Que sepamos descubrir, Señor, cómo todas las criaturas están llenas de tus perfecciones,
— para que así, en todas ellas, sepamos contemplarte a ti.

No permitas, Señor, que hoy nos dejemos vencer por el mal,
— antes danos tu fuerza para que venzamos al mal a fuerza de bien.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú, que, al ser bautizado en el Jordán, fuiste ungido con el Espíritu Santo,
— asístenos durante este día, para que actuemos movidos por este mismo Espíritu de santidad.

Por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios; por ello, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Ven, Señor, en ayuda de tus hijos, derrama tu bondad inagotable sobre los que te suplican y renueva y protege la obra de tus manos a favor de los que te alaban como creador y como guía. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Comentario – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

El libro del Éxodo nos presenta la situación física y anímica de los israelitas en su travesía por el desierto: travesía hacia la Tierra de promisión –allí esperan encontrar abundancia, libertad y estabilidad-, pero en medio de grandes carencias: hambre, sed, enfermedades, inseguridad, muerte. La travesía se prolonga más de lo esperado. El camino se alarga y la realización de la promesa todavía se divisa a lo lejos. Es verdad que han salido de la esclavitud (ya no están sometidos al látigo de los capataces egipcios), que han logrado la independencia (ya no son un pueblo sometido), pero a costa de mucho sufrimiento.

Son un pueblo libre, pero nómada; un pueblo libre, pero hambriento, miserable, sin patria donde encontrar asiento. Por eso surgen las protestas contra los que les habían sacado de Egipto para traerles a ese desierto en el que se hacía tan difícil la supervivencia. La prolongación del camino acaba provocando la desconfianza en la promesa y con ella las protestas, dirigidas inmediatamente a sus dirigentes y conductores, pero que no salvan a Dios, pues Él es en último término el que les ha puesto en esta situación, el principal responsable. Sus guías no eran sino mediadores de la voluntad divina. Por eso sus protestas alcanzan al mismo Dios, que es el que ha ideado el plan.

Y empiezan a sentir añoranza de la vida pasada en la esclavitud, de las ollas de Egipto, de su carne y de su pan. Tan angustiosa es su situación que añoran incluso las seguridades vitales de una vida en la esclavitud. Dios parece reconocerles un cierto grado de razón, pues interviene en su favor proporcionándoles algunos suministros: esa resina del desierto que llamaron maná (pan del cielo) y algunas codornices llegadas en bandadas. Y Moisés, el orante, el intermediario, interpreta el fenómeno –probablemente natural, aunque también providencial- desde la fe, como un pan enviado por Dios para dar de comer a su pueblo que se hallaba en situación de emergencia nacional.

¿No hay en esta historia una alegoría de la vida misma: travesía sembrada de sufrimientos hacia una tierra (= cielo) de promisión que tarda en llegar y que por ello da lugar a muchas protestas? Tales protestas, lanzadas como dardos contra su Iglesia, alcanzan al mismo Dios.

El evangelio presenta a Jesús como objeto de la ansiedad de las gentes, que le buscan por tierra y por mar, porque les había dado pan hasta saciarse. Jesús era buscado, como suele suceder tantas veces, por lo que daba: pan, salud, consuelo, esperanza; pero sobre todo por la salud. Las aspiraciones de aquellas gentes hambrientas, enfermas e incultas no parece que fueran demasiado elevadas. Por eso, Jesús, además de responder a sus expectativas (porque sacia su hambre y cura sus enfermedades), se propone elevar sus aspiraciones y deseos; porque aspirar sólo a llenar el estómago y a recuperar la salud perdida no deja de ser una pobre aspiración humana.

El hombre es mucho más que estómago y cuerpo. Esta constatación explica las palabras que siguen: Trabajad (empeñaos, luchad, esforzaos) no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura dando vida eterna. ¿No es esto elevar la mente y las aspiraciones de aquellas gentes que parecían no buscar otra cosa que pan y salud? Jesús está invitando a pensar en la vida eterna a quienes sólo piensan en esta vida caduca, a pensar y a trabajar por lo que conduce a ella. ¿En qué consiste este trabajo que Dios quiere?

Jesús responde: en creer en el que Dios ha enviado, es decir, en él, puesto que él es el que Dios ha enviado. Creer en él es, por tanto, el trabajo que Dios quiere. En este punto se impone una pregunta obligada: ¿Es que la fe es un trabajo? ¿No es más bien un don, o una opción, o una adhesión? La fe es un don y una opción; un don y una adhesión. La fe es un don y un trabajo.

No hay incompatibilidad entre ambas visiones. La fe es algo recibido como regalo, pero es al mismo tiempo algo para cuyo mantenimiento y acrecentamiento se requiere trabajo, ese esfuerzo empleado en el aprendizaje, en el cultivo, en la fundamentación, en la armonización. Porque, para mantenerse creyentes, es preciso estar alerta, aprendiendo del que enseña, buscando razones para su sustento, armonizándola con los datos culturales del momento, ejercitándola y actualizándola, fortaleciéndola frente a las dudas y las oscuridades. Creer en tiempos de incredulidad exige mucho trabajo.

Y dado que la fe no puede disociarse de la razón –y es, por tanto, racional-, ha de estar provista de signos de credibilidad. Por eso no debe extrañarnos que le pidan signos: ¿qué signo vemos que haces para que creamos en ti? La petición de signos es legítima mientras no sea desproporcionada o rebase ciertos límites. No se puede creer a ciegas al primero que se proclama Hijo de Dios. Aquellos judíos que le piden un signo tienen ya su historia de fe y a ella se remiten: nuestros padres –le dicen- vieron signos en el desierto, signos de la presencia providente de Dios, y mencionan el maná como signo más elocuente.

Pues bien, este es el momento que Jesús aprovecha para presentarse ante ellos como signo del Padre en el mundo, pues él es el verdadero pan de Dios para el hombre: el que viene a mí –dirá- no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed. Esto sólo cabe verificarlo en la experiencia personal de los que acuden a él y lo reciben como verdadero pan de Dios. Pero tal experiencia es ya una experiencia de fe. No obstante, la saciedad que aporta esta experiencia será el gran signo de que Jesús es realmente quien dice ser, esto es, de que Jesús es realmente ese pan bajado del cielo para la vida del mundo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

I Vísperas – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS

DOMINGO XVIII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V./ Dios mío, ven en mi auxilio
R./ Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Luz que te entregas!
¡Luz que te niegas!
A tu busca va el pueblo de noche:
alumbra su senda.

Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas al sol con tu derecha.

Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.

Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas,
para tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.

Eres la luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la tiniebla;
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su ceguera.

Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta. Amén.

SALMO 118: HIMNO A LA LEY DIVINA

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya.

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya.

SALMO 15: EL SEÑOR ES EL LOTE DE MI HEREDAD

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano;
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA: Col 1, 2b-6b

Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
V/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

R/ Su gloria sobre los cielos.
V/ Alabado sea el nombre del Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dios hizo llover maná para el pueblo, les dio pan del cielo. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios hizo llover maná para el pueblo, les dio pan del cielo. Aleluya.

PRECES
Demos gracias al Señor, que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y, recordando su amor para con nosotros, supliquémosle, diciendo:

Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

Padre lleno de amor, te pedimos por el Papa, y por nuestro obispo:
— protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.

Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
— para que así tengan también parte en su consuelo.

Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse
— y haz que encuentren pronto el hogar que desean.

Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra,
— para que a nadie falte el pan de cada día

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten, Señor, piedad de los difuntos
— y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Ven, Señor, en ayuda de tus hijos, derrama tu bondad inagotable sobre los que te suplican y renueva y protege la obra de tus manos a favor de los que te alaban como creador y como guía. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Sábado XVII de Tiempo Ordinario

1.- Oración Introductoria.

Señor, te confieso que no había caído en la cuenta de lo que significa ser verdadero profeta. San Juan se jugó el tipo por ser consecuente con lo que predicaba. Pienso, Señor, que, en la Iglesia de hoy, sobran sacerdotes y faltan profetas. Los sacerdotes tienden a conservar el pasado, a ir haciendo lo que siempre se ha hecho. No hay riesgo, ni aventura, ni novedad.   Los profetas son audaces y, en los momentos de dificultad, saben estar en la brecha. Y así pueden anunciar el futuro.

2.- Lectura reposada del Evangelio según san Mateo 14, 1-12

En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas». Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta. Mas llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». Se entristeció el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.

3.-Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Juan bautista es el verdadero profeta que anuncia la verdad ante el mismo rey Herodes: “No te es lícito tener la mujer de tu hermano”. Y, naturalmente, las verdades duelen. Pronto llega la ocasión de la venganza. Juan está en la cárcel, pero la verdad no está encarcelada. En la cárcel le cortan la cabeza, pero no por eso deja de hablar. Cuando el verdadero profeta muere, toda su vida se convierte en profecía. Su predicación ya no se circunscribe al espacio y al tiempo en que le toca vivir, sino que se prolonga a lo largo del tiempo.  Hoy, Juan Bautista nos sigue hablando y su testimonio es actual para nosotros y será válido de generación en generación. Juan Bautista era el precursor de Jesús, el que iba por delante preparándole el camino. Por eso la muerte de Juan anuncia y prepara la muerte de Jesús. El falso profeta, el que no se expone, no se compromete, no se arriesga, dice palabras huecas, vacías, y éstas terminan con su muerte. El verdadero profeta muere, pero no muere su mensaje, ni el testimonio de su vida.  

Palabra del Papa

«Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis». Traducida al lenguaje de nuestro tiempo, la afirmación podría sonar más o menos así: los agnósticos que no encuentran paz por la cuestión de Dios; las personas que sufren a causa de nuestros pecados y tienen deseo de un corazón puro, están más cercanos al Reino de Dios que los fieles rutinarios, que ya solamente ven en la Iglesia el boato, sin que su corazón quede tocado por la fe”. Benedicto XVI, 25 de septiembre de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Durante todo el día procuraré hablar, pero no con la lengua, sino con el testimonio de un día intenso, lleno de amor.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, la personalidad de Juan Bautista me ha impresionado. Su vida ha estado al servicio de su misión de modo que lo que tenía que hacer en la vida era para él más importante que la misma vida. Yo también quisiera ser como Juan Bautista, el profeta de verdad, el profeta del testimonio. Ayúdame, Señor.

Los bienes materiales

1.- Mucha gente –y hace bien– le pide a Dios que le arregle sus asuntos materiales. No parece un disparate que un hambriento pida pan al Señor y que un pobre le demande algo para salir de su situación precaria. Solo los soberbios eligen el tipo de peticiones que no se “pueden” hacer a Dios. Cuando Jesús multiplica los panes y los peces la muchedumbre le quiere hacer rey y el se marcha, solo, a la montaña. No desprecia el entusiasmo popular y lo comprende, pero no puede ser así y por eso se marcha.

Jesús nunca habló de peticiones especializadas, sino de la fe necesaria para pedirlas. Asimismo, otros soberbios no piden porque no confían en que Dios podrá satisfacerlos y ese es muy mal camino. Nuestra oración a Dios debe ser completamente sincera. Ello nos llevará a pedir lo que consideramos justo y necesario. Pero, no podemos dejar de pedir a un amigo lo imposible si ello es bueno. Estamos seguros aquí en Betania que, de una forma u otra, el Señor siempre da cumplida respuesta a nuestras peticiones.

2.- Un solo cuerpo, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Ese es el resumen del pasaje de la Carta de Pablo a los Efesios y nos dispone a pensar en la unidad de los cristianos. La desunión es una de las cosas que más escandalizan y debemos de esforzarnos porque un día solo haya un rebaño conducido por el Señor Jesús. En los últimos tiempos se ha trabajado mucho en el Ecumenismo, pero no hay transferencias reales. Los templos de una y otra confesión siguen cerrados para los que no pertenecen a la misma. Hay que avanzar en ese camino de puertas abiertas. A veces es lógico pensar que la herejía es más una posición que una concreción doctrinal. Anglicanos, católicos y ortodoxos estamos muy cerca en nuestras celebraciones litúrgicas y, sin embargo, continuamos desunidos. Habría que dar un paso “provisional” para que, al menos, los templos nos sirvieran a todos. Esto es lo que deseamos con todo el corazón.

Ángel Gómez Escorial