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Archive for the ‘Adviento’ Category

“Todos los años, cuando cae la noche del 24 de diciembre, la vieja Humanidad, arrastrando sus pies y sus harapos, agarrándose a las paredes para no caerse porque sus envejecidos ojos ya no le sirven para mucho, se acerca a la puerta del mundo y deja allí sus viejos zapatos, agujereados y carcomidos y los deja más por una vieja rutina a la que no sabe renunciar que por una verdadera esperanza. Ya sabe lo que ha ido encontrando en ellos a lo largo de tantos años: guerras, decepciones, amarguras, niños muertos o mujeres violadas. Pero ¿Quién sabe?, tal vez algún año algo cambie, aunque teme que si cambiase ella apenas sabría reconocer ese cambio. Recuerda lo que ocurrió hace dos mil seis años: sobre los zapatos lloraba un bebé que parecía distinto. Distinto no porque llorase de otro modo o fuera más alto, más gordo o más hermoso que los demás. Distinto porque olía desmesuradamente a Dios. ¿Y si fuera? Alguien había asegurado que la gran prueba de que Dios no estaba decepcionado de los hombres era que estaba dispuesto a hacerse uno de ellos. Y que una noche dejaría en los zapatos de la Humanidad el regalo de su propio Hijo. 

Dios era don, era regalo; esto lo sabían; pero ellos preferían imaginarse otro tipos de regalos: coches, pozos petrolíferos; y no un chiquillo que dijera: yo estoy aquí porque necesito estar contigo. Y por eso, porque el regalo era tan extraño, la vieja humanidad siguió sin enterarse y sigue la pobre, todos los días 24 de diciembre, dando vueltas y vueltas. Un día cuando se entere de que ser hombre se ha convertido en una cosa distinta y mejor, descansará y pondrá campanillas verdes en el corazón de la Navidad.

                                    José Luis Martín Descalzo 

Ante un mundo que desconfía, que acepta las cosas según de quien vengan, Dios nos da confianza en este Adviento, hace un voto de confianza con nosotros poniendo en nuestras manos a su propio hijo hecho niño. Dios se fía tanto de nosotros  hasta el punto de darnos lo que más quería, su propio hijo. Y elige curar el corazón desconfiado del hombre a base de dialogar con él, de confiar en él. 

Confía porque el príncipe de este mundo ya está vencido y la salvación ya está en marcha. Lo único que nos pide es ejercitar  la capacidad de aceptar su forma de hacer las cosas. ¿Cómo estoy de confianza? ¿Confío en que la voluntad de Dios sobre me vida me hace feliz y me realiza? ¿De qué desconfío y de quien? ¿Qué tendría que hacer para crecer en confianza?

ORAR EN ADVIENTO

Sí, vendrá,
como vuelve la nieve en la navidad,
como regresa el pájaro al nido,
como la lluvia fresca. 

Vendrá el Señor,
recorrerá las calles de nuestra ciudad
buscando en los suburbios
al que agoniza y muere,
herido de soledad y tristeza. 

Vendrá el amor,
porque el amor no muere
ni se cansa de esperar.
Su amor es más fuerte que la muerte. 

Vendrá el Señor
al alba de nuestra existencia,
cogiendo nuestros brazos cansados,
sosteniendo nuestro sí. 

Vendrá, claro que vendrá,
y vestirá el cielo de nubes y estrellas,
y nos dirá que todo tiene sentido,
y nos hablará con lenguaje de amor,
y lo entenderán hasta los niños de pecho. 

Vendrá el Señor,
tú sólo…
confía.

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Los cinco sentidos

Cinco sentidos tenemos,
los cuales debemos usar sabiamente.

Usa tu vista para ver la belleza de la vida,
para ver el interior de las personas.
No la uses para criticar maliciosamente cómo se ven
o se visten los demás, o para juzgar a las personas sólo
por sus apariencias.

Usa tus oídos para escuchar a tu prójimo,
y poder ofrecerle una palabra de aliento,
para escuchar los sonidos agradables que te ayuden
a olvidar las dificultades y edifican tu interior.
No los uses como un arma,
o para escuchar cuando se habla mal de los demás.

Usa tu olfato para percibir el olor de las flores,
del perfume, del amor.
No lo impregnes con los malos olores
como son el odio, el egoísmo, la traición.

Usa tu gusto para saborear el triunfo de tus metas
alcanzadas, de los logros obtenidos
con esfuerzo y dedicación.
No lo uses para saborear las derrotas de otros.

Usa tu tacto para sentir y dar amor,
para tocar a las personas con tus deseos positivos,
con tu caridad.
No lo uses para pedir injustificadamente.

El sexto sentido, el más importante,
es el que nos da la sabiduría para distinguir la diferencia
entre los otros sentidos, entre el bien y el mal,
entre dar o recibir, entre construir o desmoronar.

A veces miramos sin ver, oímos sin escuchar,
olemos sin percibir, probamos sin saborear,
tocamos superficialmente.

Usa tus sentidos sabiamente,
no se trata de cuántos tengas, sino de cómo los utilizas.

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Dios está viniendo

Dios está viniendo.
Él viene en su Palabra,
en su Espíritu que nos da la fe,
en los sacramentos de la Iglesia,
en las luchas y alegrías de la vida,
en cada uno de nuestros hermanos,
sobre todo en los más pobres y sufridos.
Hay que saber esperar a Dios.
Hay que saber buscar a Dios.
Hay que saber descubrir a Dios.

Y mira que hay muchos que se cansan de esperar,
porque la vida se ha puesto muy dura
y los poderosos siempre aplastan al pueblo.
Y hay muchos que no saben buscar a Dios
día a día, en el trabajo, en casa, en la calle,
en la lucha por los derechos de todos,
en la oración, en la fiesta alegre de los hermanos unidos,
e incluso más allá de la muerte.

El maíz y el arroz están naciendo, hermosos.
Ha llegado el Adviento.
Luego llegará la Navidad.
Dios está llegando siempre.
Abramos los ojos de la fe,
abramos los brazos de la esperanza,
abramos el corazón del amor.

En ese Dios que siempre viene,
os abraza vuestro hermano.

(Pedro Casaldáliga)

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Hace muchísimos años cada familia de Israel que esperaba un bebé soñaba con que su niño fuera un bebé muy especial, diferentes a todos los demás. Este niño tan especial era una promesa que Dios le había dado a su pueblo muchos años atrás, cuando los profetas escribieron que un Salvador y Libertador nacería en Israel y los liberaría a todos de la esclavitud.

Fueron pasando los años y los siglos y cada mamá esperaba tener ese bebé 

Nadie sabía cuando nacería el niño, por eso todos los esperaban muy ansiosos. 

El profeta Miqueas reveló el lugar preciso donde el niño iba a nacer; ese lugar era un pueblito muy pequeño llamado Belén. 

Pero pasaron muchísimos años y el bebé no llegaba, ya la gente se estaba olvidando de la promesa, cuando el profeta Daniel muy preocupado por este tema escribió que el ángel Gabriel le había indicado el tiempo exacto en que nacería el Gran Libertador. 

Lamentablemente sus palabras proféticas no fueron bien entendidas por su pueblo en esa época, dado que estaban muy dispersos y vivían en cautiverio. 

Pasó el tiempo y el ángel Gabriel volvió a aparecer, pero esta vez para visitar a una joven, y le trajo noticias muy importantes del cielo. 

Esta joven vivía en una aldea llamada Nazaret, era una joven muy bondadosa, de corazón puro y su nombre era María. 

El ángel Gabriel se acercó a ella y le dijo: “Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres”. 

María no entendía muy bien lo que eso significaba, por eso el ángel Gabriel le habló con voz muy suave y le dijo: “No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios, y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quién pondrás por nombre Jesús” 

“El será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos, y su reino no tendrá fin”. 

María ya estaba casada con José pero todavía no vivían juntos. Ahora decimos que una pareja está comprometida cuando prometen su amor pero todavía no viven juntos. En esa época se casaban y vivían separados el primer año mientras juntaban dinero y todo lo necesario para luego vivir juntos. 

José era un hombre muy pobre. Él era carpintero y como tal seguramente habrá sido un hombre muy musculoso y fuerte. 

Cuando José se dio cuenta que ella iba a tener un hijo se entristeció mucho. 

¡Se imaginan! 

Él sabía que ese hijo no podría ser de él, dado que si bien era su esposa todavía no vivían juntos. No entendía como su amada lo había engañado. 

Según las leyes de la época, si una mujer engañaba a su marido debían matarla. José sufrió mucho pensando en que iba a hacer. 

El amaba demasiado a María de manera que decidió no denunciarla. A cambio de eso pensó en irse una noche a escondidas y abandonarla. Esta actitud de José hubiera sido muy mal vista por su pueblo. A simple vista significaría que José la había dejado embarazada y se habría fugado. 

Estas cosas no le importaron a José, realmente amaba mucho a María y a pesar de su sufrimiento no quería que la gente hablara mal de ella. 

Cuando José estaba a punto de irse el ángel Gabriel apareció en sus sueños y le explicó todo lo que iba a ocurrir. Le dijo que no tuviera temor y que confiara en María, porque el bebé que ella esperaba sería el “Salvador” 

¡Qué día! 

Cuántas cosas habrían pasado por la cabeza de José en ese momento. Había sido elegido por Dios para ser el papá del Mesías. 

¡Qué responsabilidad!

María y José serían los padres del hijo de Dios. Ellos no eran superhombres, no tenían dinero, eran personas como lo somos nosotros pero que tenían algo muy especial: Ellos conocían sus limitaciones y entregaban sus vidas totalmente a Dios y gracias a esa actitud de humildad ante la vida Dios los iba a capacitar en todo momento para criar a su hijo. 

Dios confiaba en ellos y ellos dependían de Dios.

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Necesitamos de una salvación urgente para nuestro mundo. Ante tanto acontecimiento negro es buena la luz que nos destella la Fe. Por encima de todo, este domingo, nos impregna de alegría: Jesús siempre será una buena nueva. 

Porque cuando el hombre vemos que ha perdido el rumbo…… Jesús, con su nacimiento, le trae la posibilidad de reencontrarse a sí mismo en la humildad y en la esperanza.

En cierta ocasión un joven presumía de gustarle  empaparse debajo de la lluvia. Pero lo cierto era que, cada vez que llovía, desplegaba un gigantesco paraguas para protegerse de ella. Un buen amigo se le acercó y le dijo: “oye..si quieres mojarte de verdad..¿por qué no cierras el paraguas?”.

El mensaje de salvación nos exige replegar el paraguas de nuestra incredulidad y del relativismo: ¡qué más quieren las ideas dominantes que releguemos a un tercer plano a Dios!. Y la actitud más apropiada es, precisamente, dejarnos empapar totalmente por esa gran novedad que Jesús nos trae: DIOS. Por el ambiente (no exterior de la navidad) y sí de los sentimientos que genera el sentido auténtico de estos próximos días: JESUS.

Ante la próxima Navidad no podemos contentarnos con cumplir un simple expediente como cristianos o de escuchar más o menos la Palabra de Dios. Lo importante es que NOS VOLVAMOS TOTALMENTE A EL; que seamos como aquella veleta que en lo más alto del templo nos dicta a las claras  de dónde y por dónde viene el viento de la fe: desde Oriente la Salvación.

En este Domingo de la alegría ante el amigo que viene no podemos presentarle una sonrisa profidén, una vida postiza, una fe sin obras. Ante el Señor que llega no cabe sino la emoción del amigo que espera, por el amigo que llega. 

Lo que más me atrae de este tiempo de Adviento es que Jesús se cuela en medio de todo ese noticiario negro y calamitoso para abrirnos una realidad y buena nueva: DIOS NOS AMA Y POR ESO NUNCA SE CANSARA DE NACER DE NUEVO

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Querido hombre y mujer:
He escuchado tu grito de Adviento.
Está delante de mí.
Tu grito, golpea continuamente a mi puerta.
Hoy quisiera hablar contigo para que repienses tu llamada.
Hoy te quiero decir: ¿Por qué Dios preguntas? ¿A qué Dios esperas?
¿Qué has salido a buscar y a ver en el desierto?
Escucha a tu Dios, mujer y hombre  de Adviento:
“No llames a la puerta de un dios que no existe,
de un dios que tú te imaginas…
Si esperas… ábrete a la sorpresa del Dios que viene
y no del dios que tú te haces…
Tú, hombre y mujer,  todos, tenéis siempre la misma tentación:
hacer un dios a vuestra imagen.
Yo os digo, yo Dios de vivos,
soy un Dios más allá de vuestras invenciones.
Vosotros salís a ver donde está Dios… Os dicen:
“aquí está” pero no lo veis, y os sentís desanimados
porque Dios no está donde os han dicho…
Y Dios está vivo. Pero vosotros no tenéis mentalidad de Reino:
no descubrís a Dios en lo sencillo.
Os parece que lo sencillo es demasiado poco para que allí esté Dios.
Sabedlo: Yo, el Señor Dios, estoy en lo sencillo y pequeño…
Hombre y mujer  de hoy y de siempre:
deja espacio a tu Dios dentro de tu corazón.
Sólo puedo nacer y crecer donde mi palabra es acogida.
Qué tranquilo te quedas, haciendo -lo que hay que hacer- porque –
haciendo las cosas de siempre- evitas la novedad del Evangelio.
Pero yo te digo que tu corazón queda cerrado,
y tus ojos incapaces de ver el camino por donde yo llego.
No te defiendas como haces siempre.
No te escondas bajo ritos vacíos.
Hombre y mujer, si me esperas, deja de hacerme tú el camino
y ponte en el camino que yo te señalo por boca de los profetas.
Abre el corazón a mi Palabra.
Yo, tu Dios, te hablo

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Estad siempre alegres

El testimonio de la alegría es uno de los más necesarios. Algo central del Evangelio que tenemos muy olvidado. Pero no una alegría barata que se puede alquilar por horas ni se mide entre risa y risa o entre fiesta y fiesta. Ni siquiera brota al tener cubiertas nuestras necesidades. La alegría cristiana es don de Dios, por lo tanto es regalo. Surge sin apenas darnos cuenta desde lo profundo del corazón y se manifiesta en el tono con que hacemos y vivimos las cosas. Es la certeza de  sentirme amado y salvado. 

Una alegría que necesariamente es expansiva y que necesita ser comunicada. Nuestro mundo está cansado de ver cristianos con perpetua cara de viernes santo. Ladrones de alegría especialistas en ácido, ironías y mal humor. Una alegría que no deja de abrazar la cruz y sabe que sin ella nunca será completa. La alegría es el mejor argumento de la fe. Un autor espiritual recoge en uno de sus textos las palabras de un aprendiz de ateo que decía: “Tengo necesidad de veros siempre tristes porque entonces me siento tranquilo y me convenzo una vez más de que Dios, no existe. El único momento en que me entran dudas, en que comienzo a sospechar que lo que cuentan en la Iglesia no son patrañas y que Dios puede que exista, es cuando os veo alegres”.

Alegres en todos los momentos y circunstancias de la vida, alegres aunque se derrumben nuestros planes, alegres aunque las lágrimas rueden de impotencia por nuestras mejillas porque sabemos, que en el fondo de nuestra vida, está Él y nunca nos dejará.

¿Cómo estás de alegría? ¿Posees un tono vital alegre o generalmente en todo lo que haces y dices se trasluce el amargor interno? ¿Es el Señor tu alegría? ¿Qué te falta o qué te sobra? ¿En medio del dolor eres capaz de encontrar razones para la alegría? ¿Transmites alegría a los demás? ¿Eres apóstol de alegría o vendedor de tormentas?

ORAR EN ADVIENTO

Nos alegramos en ti, Señor,
porque eres nuestra dicha,
nuestra suerte permanente. 

A veces los hombres se afanan
porque les toque la lotería,
en el juego de la vida.
Creen que serán felices
cuando tengan más y más,
sin darse cuenta de que todo se acaba
como el vino en la bodega.

Pero tú eres nuestro gozo,
eres la dicha inacabable.
Allí donde todo termina te acercas tú.
Allí donde todo parece perder la esperanza
tú abres puertas de par en par.

Por eso tú eres nuestra alegría,
nuestro gozo en los callejones sin salida,
casi sin darnos cuenta. 

Tú transformas nuestra existencia
en la alegría saboreada día a día. Amén.

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