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Archive for the ‘Comentario a la Palabra de Dios’ Category

La Palabra es la gota fresca de cada día. Un riego “gota a gota” acaba por convertir nuestros desiertos en vergeles.

Los letrados y fariseos que aparecen en el evangelio de hoy han inventado una frase que resiste las modas: Maestro, queremos ver un milagro tuyo. Primero reconocemos que Dios ha creado este mundo como es, con sus leyes, sus agujeros, su relativa incertidumbre. Luego le pedimos a su Hijo que vaya resolviendo sus paradojas a base de hechos espectaculares.

Lo que los fariseos piden a Jesús es exactamente lo que el diablo le pide en el relato de las tentaciones: ser un mesías espectacular, deslumbrante, hacer todo aquello que es del agrado de los millones de “fans” que esperamos demostraciones palpables de su poder.

Esta tentación es de Jesús y de todos sus seguidores. La respuesta es desconcertante: (A esta generación) no se le dará más signo que el del profeta Jonás. El “signo” es un Mesías escondido durante tres días en el seno de la tierra/ballena. El signo es, una vez más, el misterio de la Pascua: dejarse “derrotar” por la muerte para hacerla estallar desde dentro.

Es llamativa también la insistencia en el hay uno que es más. Jesús es más que Jonás (profeta) y es más que Salomón (rey). Este es más señala su carácter definitivo. En él se cumple toda profecía y se realiza todo reinado. No tenemos que esperar a nadie más.

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En nuestro mundo hay mucho trigo

Somos muy conscientes de la existencia de la cizaña en nuestro mundo. Continuamente los medios de comunicación nos ofrecen información de la violencia, muertes, odios y tantos otros signos de la cizaña que crece en nuestra sociedad. Por eso, cuando leemos el evangelio de hoy, enseguida se nos ocurre la aplicación a nuestra vida concreta, enseguida identificamos la cizaña, enseguida ponemos nombres y apellidos. Hasta en nuestra misma familia nos resulta fácil encontrar el garbanzo negro. Pero se nos olvida el lado positivo. 

Es que la parábola, en contra de los pesimismos que nos invaden tantas veces, lo primero que afirma es que hay mucho trigo sembrado. Tanto que vale la pena aguardar al momento de la cosecha para quitar la cizaña. Hay mucha buena semilla sembrada por el hijo del Hombre, como se dice en la explicación que el mismo Jesús hace de la parábola. Esa buena semilla está creciendo en nuestro mundo. Están los que sólo quieren ver la cizaña presente en el campo, pero la realidad es que predomina la buena semilla, el trigo. Si sólo hubiera cizaña, el dueño del campo habría dicho que lo arrancasen todo. No habría ninguna razón para esperar a la cosecha. Algo parecido nos dice Jesús en la parábola de la levadura. Apenas un poco de levadura es capaz de hacer que fermente toda la masa, por mucho que algunos piensen que es imposible. Frente a los que piensan que la manzana podrida estropeará al resto de las manzanas, Jesús –siempre revolucionario– afirma, y espera, que la manzana buena será capaz de transformar al resto. 

La primera lectura nos confirma en lo dicho. Nuestro Dios es todopoderoso y por eso mismo nos gobierna con indulgencia. Su poder se manifiesta en su capacidad para perdonar y dar la vida. O, como dice la segunda lectura, el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad e intercede por nosotros con gemidos inefables. El poder de Dios está de nuestro lado, está de lado de la vida y del bien y no dejará que la cizaña se salga con la suya. 

Las lecturas de este domingo nos traen un mensaje lleno de vida y esperanza. En nuestra sociedad, en nuestra familia, en cada uno de nosotros, hay mucho más de trigo que de cizaña. Hay mucho más salvable que condenable. Es más, ninguna persona está definitivamente condenada. Por todos nuestro Dios espera hasta el momento de la cosecha. Entonces será el momento de la purificación final que salvará todo lo que sea trigo en nosotros y nos liberará definitivamente del peso de la cizaña. El Espíritu Santo nos ayuda en ese camino. 

Para el diálogo

¿Te dejas llevar por el pesimismo al mirar la realidad de nuestro mundo, de nuestra sociedad, de tu familia o de ti mismo? Sigue los consejos de Jesús, ¿qué signos de bien, de esperanza, ves en ti mismo y en todo lo que te rodea? ¿Qué podrías hacer para que se viese más la presencia del trigo –que de hecho es más abundante– y menos la de la cizaña?

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La santa de hoy, Santa María Magdalena, goza de buena prensa. La literatura, la música y el cine la han presentado como una mujer de corazón ancho, una enamorada de Jesús, testigo en primera línea de su muerte y resurrección, símbolo de buscadora y de mujer entregada hasta el final.

En el evangelio de hoy, Jesús pregunta a María de Magdala: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?

Son preguntas que trascienden el personaje de la mujer y se incrustan en cada uno de nosotros:

  • ¿Por qué lloras? Jesús nos invita a tomar conciencia de nuestras pérdidas y de los sentimientos que las acompañan. ¿Qué es lo que ahora produce en nosotros tristeza y desamparo? ¿Qué formas reviste nuestra manera personal de vivir la relación con un Jesús “ausente”? ¿Qué zozobras nos causa el ambiente en el que vivimos?
  • ¿A quién buscas? No es la primera vez que Jesús formula una pregunta como esta. Se la dirigió también a los discípulos de la primera hora al comienzo del evangelio de Juan. Es como si la revelación necesitase siempre el punto de enganche del deseo. Quien no desea no ve. Quien no busca no encuentra. Quien se detiene nunca llega. ¿Cuáles son nuestras búsquedas de hoy? ¿Qué nos mueve por dentro para seguir caminando? Detrás de cada lágrima, hay un Jesús que las enjuga.

Detrás de cada búsqueda hay un Jesús que pronuncia nuestro nombre y nos invita a vivir. La memoria de María Magdalena es la memoria de un amor posible cuando todo parece perdido.

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«Si comprendierais lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”…»:

  • No condenaríais a los que son distintos de vosotros o a los que no entendéis porque quieren vivir seriamente su vida desde otra perspectiva
  • No daríais más importancia a las cosas que a las personas
  • No perderíais la esperanza con nadie; tampoco con vosotros mismos. Como si hubiera algo tan terrible que no permitiera recomenzar de nuevo
  • No viviríais agobiados por el  peso de culpas, pecados, omisiones, soledades, desafectos, mentiras, envidias, odios, calumnias…
  • No os dejaríais aplastar por quien os quiere mal y además intenta sobornaros con prácticas y rituales que más parecen magia que fe en nuestro Señor Jesucristo
  • No dejaríais de sentir compasión (en el sentido más entrañable y profético) ante todo lo humano de cada día
  • No os escandalizaríais por unas pocas espigas ni tampoco tendrías la manga ancha del que poco ama y por eso, poco discierne y vive

En definitiva…. Cada uno podemos completar la frase. El lamento de Jesús es el mismo: nos falta misericordia y nos sobran sacrificios. Parece muy claro, no? Todo cuanto hagamos por disimular este lamento evangélico, estará distorsionando su mensaje. Ayudémonos unos a otros a vivirlo en la práctica, no en la teoría, desde Dios y con los hermanos.

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En la primera lectura de hoy continúa el relato vocacional de Moisés. Hoy saborea el nombre de Dios, el único que llama, que sostiene, que envía… «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.” Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?. Dios dijo a Moisés: «”Soy el que soy”; esto dirás a los israelitas: “Yo-soy me envía a vosotros.”»

Muchos creyentes han bebido de estas palabras o mejor dicho de estas cuatro misteriosas letras: YHWH. Muchos biblistas han escrito sobre el modo más adecuado de traducirlo: “Yo soy”, “soy el que soy”, “soy el que está siendo”… Sea como sea, la experiencia de fondo seguramente podemos tenerla todos, cada uno a nuestra manera. Es experimentar el sobrecogimiento de saber que “yo-no-soy”, “EL-ES”, y solo en Él voy siendo algo.

Parece un trabalenguas pero no lo es. Haberlo experimentado es haber vivido el descanso y la paz de sabernos en Dios, en Alguien que da consistencia a mis inconsistencias, alivio a mis agobios, ligereza a todo lo que me pesa y tira para abajo. Este Dios misterioso, siempre mayor, siempre inaprensible para nosotros, es a la vez el hombre Jesús, el Cristo que nos mira y nos invita a descansar con Él: “Venid a Mí los cansados y agobiados…” Repensar hoy nuestros agobios y nuestros descansos puede ser una de las posibles claves para ir definiendo poco a poco si soy YO el criterio último de mi vida o EL-ES. ¿Cómo y dónde descanso? ¿en quién y cómo busco refugio y alivio?

Ojalá, Señor, tengamos suficiente lucidez para no dejarnos atrapar en otros yugos ni cargar otras cargas que no seas Tú mismo y tu Reino. Amén

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Oración

Por tu bondad, Señor y Hermano Jesús:

Concédenos escuchar tu Palabra con el corazón abierto y con nuestro ser entero orientado a Ti.

Haz que nos sea:
– luz en el caminar de nuestra vida,
– fortaleza en la lucha diaria,
– nuestro gozo en los sinsabores de nuestra existencia.

AMEN.

 

Mt 13, 24-43

«24Otra parábola les propuso diciendo: “El Reino de los Cielos se parece a una persona que sembró buena simiente en su campo; 25pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. 26Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. 27Entonces fueron los criados a decirle al amo: ‘Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?’ 28El les dijo: ‘Un enemigo hizo esto’. Y los criados le dicen: ‘¿Quieres entonces que vayamos a arrancarla?’. 29Pero él dijo: ‘No, que al arrancar la cizaña podríais arrancar también el trigo. 30Dejadlos crecer juntos hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, pero el trigo almacenadlo en mi granero’.

31Otra parábola les propuso diciendo: “El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza al que toma una persona y lo siembra en su huerta; 32es la más pequeña de todas las simientes, pero cuando crece es más alta que las hortalizas y se hace árbol, de modo que vienen los pájaros del cielo y anidan en sus ramas”.

33Otra parábola les habló: “El Reino de los Cielos se parece a la levadura, a la que toma una mujer y la amasa con tres medidas de harina hasta que todo es fermentado”.

34Todas estas cosas habló Jesús en parábolas a las gentes y sin parábolas nada les hablaba. 35Así se cumplió lo dicho por medio del profeta: “Abriré en parábolas mi boca; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo”.

36Entonces, dejando a las gentes, fue a la casa. Y se le acercaron los discípulos diciendo: “Acláranos la parábola de la cizaña en el campo”. 37Él, respondiendo, dijo: “El que siembra la buena simiente es el Hijo del Hombre; 38el campo es el mundo; la buena simiente son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; 39el enemigo que la siembra es el diablo; la siega es el fin del tiempo, y los segadores son los ángeles. 40Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema al fuego, así será el fin del tiempo: 41el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino todos los escándalos y los que hacen la iniquidad 42y los echarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. 43Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO 

El capítulo 13 del evangelio de Mateo contiene el discurso en parábolas, tercero de los 5 grandes discursos de Jesús en dicho evangelio. Tercero y, por lo tanto, central, nuclear. En efecto, tras la gran proclamación por parte de Jesús del proyecto del Reino de los cielos (capp. 4-12), viene este discurso en parábolas a poner en el corazón del evangelio, de la Buena Noticia, algunas informaciones sobre el Reino de los cielos. Después de la primera gran parábola y la explicación de la misma (la parábola del sembrador, 13,3b-23), siguen ahora otras tres parábolas, cada vez más breves, que tocan diversos aspectos del Reino de los cielos (13,24-33) y, tras una breve transición (13,34-35), la explicación de la primera de ellas, la de la cizaña (13,36-43). Seguirán otras tres parábolas y la conclusión del discurso (13,44-52). Estamos, pues, en el centro del evangelio mateano, y la tercera brevísima de las parábolas de hoy, es el centro del centro del evangelio.

 

TEXTO

El texto evangélico consta de dos grandes secciones. La primera sección está formada por un grupo de 3 parábolas acerca del Reino de los cielos, que comienzan de la misma manera (“Otra parábola”) y la conclusión de todas ellas con una cita de cumplimiento, típico recurso de estilo de Mateo (13,24-35). La segunda sección es la explicación que el mismo Jesús da de la parábola de la cizaña, la primera que aparece en nuestro texto (13,36-43), marcada por un contundente cambio de destinatarios (de la multitud a los discípulos).

 

ELEMENTOS INTERESANTES

• Primera parábola (vv. 24-30): La parábola del trigo y la cizaña dice que el Reino está ya presente, abierto a todos según el bondadoso estilo de Dios Padre, que envía la lluvia y el sol sobre buenos y malos (cf. 5,45). La semilla del Reino coexiste con la del mal (la cizaña), que no será eliminado hasta el momento oportuno, el de la siega. Por tanto, nuestro empeño no debe ser tanto adelantar el trabajo del segador (hacer de Dios Juez), sino producir nuestros frutos, conforme a nuestro ser semillas que germinan. Una llamada a la tolerancia y, desde luego, al compromiso militante cristiano.

• Segunda parábola (vv. 31-32): La parábola de la semilla de mostaza, más breve que la anterior, tiene una hermosa enseñanza: como la mostaza, el Reino de los cielos crecerá, tendrá dinamismo, ofrecerá refugio para quien lo necesite. Continúa la apertura del reino a todos, a la vez que ofrece seguridad y protección. Es un modelo para el estilo cristiano.

 Tercera parábola (v. 33): La parábola de la levadura es la central del grupo de 7 parábolas del discurso y, no por casualidad, la más breve. Describe la función del Reino, de una manera callada y sin pretensiones, pero con gran efectividad. La imagen de crecimiento es más intensa ahora.

•  La idea de juicio en Mateo es muy importante y el texto finaliza con una conocida expresión de advertencia a los discípulos. No todo conduce a Dios y deberíamos pensar en todos aquellos aspectos de nuestra vida que siguen creciendo junto al trigo pero no serán cosechados por el Señor.

  

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

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La primera lectura nos regala hoy una de las escenas bíblicas más conocidas, más conmovedoras y de mayor hondura: la vocación de Moisés junto a la zarza ardiendo. Algunos acentos:

  1. Curiosidad, dinamismo, decisión: ¿quiénes seríamos hoy sin esos momentos en los que nos hemos dejado llevar por un deseo interior profundo, un impulso a conocer, a no dejar pasar lo que nos llama la atención y nos interpela aunque no sepamos qué es? Esas pequeñas zarzas ardiendo nuestras, donde Dios nos espera cada día… y esa gran zarza ardiendo que dio sentido a nuestra vida en un momento concreto…
  2. Escuchar y responder: si no hubiera estado atento, se hubiera quedado en una anécdota, en un espectáculo… pero Moisés escuchó… y escuchó de tal manera que respondió. No se fue ni se recluyó en sí mismo… Respondió!
  3. Respeto amoroso al Misterio: descalzarse… desprotegerse… tomar contacto con la realidad piel a piel… Y desde ahí, en esa humildad, respetar el Misterio que nos hace entender que nada realmente importante se reduce a nosotros mismos… Nos sobrepasa, es mayor… es otra cosa…
  4. Entrar en contacto con la tradición y con el dolor actual de nuestros hermanos y hermanas: porque ¡no estamos solos!. Muchos nos preceden, a muchos debemos parte de lo que somos hoy, de muchos hemos recibido. Dios es todo menos mío… y es todo menos ajeno al clamor de quienes sufren. ¡Dios llama a hombres y mujeres porque no soporta los gritos de angustia de su pueblo! ¿Y yo…?
  5. Envío misionero y liberador, teniendo a Dios como única señal y garantía: Yo estoy contigo. Y la señal es tan decisiva como desestabilizadora: hacer realidad el reto y la misión que hoy se nos encomienda, será señal de que Dios ha estado con nosotros. No hay garantías previas… Hay que vivirlo primero. No hay red para saltar, o mejor aún, la red no la vemos hasta que no hayamos pasado.

¿No os parece que desde aquí, podemos orar con luz nueva el evangelio de hoy? «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Porque sigues acompañándonos en zarzas ardientes que nos descalzan de nuestros propios temores, ideas, prejuicios y planes. Porque siempre que nos llamas, nos envías y no hay envío cristiano que no conlleve liberar un poquito del sufrimiento y la injusticia de nuestros hermanos. Gracias, Señor. Sigue haciéndonos pequeños. Sigue revelándonos tu amor»

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