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Archive for the ‘Comentario a la Palabra de Dios’ Category

Nadie enciende un candil y lo pone debajo de la cama. Jesús ha venido a traer un mensaje de salvación, amor y esperanza para todos los hombres. No quiere ocultarlo, no quiere esconderlo. Su deseo es que todos lo lleguen a conocer, que todos sientan la potencia y la energía del amor de Dios, capaz de renovar sus vidas, de abrir nuevos horizontes, de llevarnos a una vida en plenitud. 

Lo que pasa es que siempre ha habido los que consciente o inconscientemente han querido ocultar ese mensaje. Han deseado que sólo fuese para un pequeño grupo de elegidos. Los mismos apóstoles se quejaron en un momento determinado a Jesús de que había otros que pretendían expulsar demonios en su nombre. Más adelante, a lo largo de la historia de la Iglesia también el Evangelio se ha ocultado bajo capas de tradiciones y costumbres, de moral y teología. Hasta la lectura de la Biblia se restringió durante mucho tiempo impidiendo que el pueblo cristiano accediese a la Palabra de Dios. 

Pero lo mejor es que la luz del candil sale siempre adelante. Siempre hay alguien que toma el candil y lo pone en el candelero para que todos lo vean. Pensemos en las grandes figuras del pasado. Un Francisco de Asís, por ejemplo. Con una vida muy sencilla hizo que todos viesen la potencia de la luz del Evangelio. 

La Iglesia no es sólo la jerarquía. Iglesia somos todos los creyentes. Iglesia es el Pueblo de Dios, los de arriba y los de abajo. Todos son responsables de hacer que la luz del Evangelio siga brillando en nuestro mundo y atrayendo a todos a la vida y a la esperanza. Todos somos responsables de hacer que el candil no quede oculto sino que brille en el candelero y que todos lo puedan ver. 

Nuestros pecados y limitaciones son muchos, como personas individuales y como institución. Pero tenemos en nuestras manos un tesoro y nuestro esfuerzo principal ha de ser no taparlo sino enseñarlo y mostrarlo al mundo. No se trata de fijarnos en nuestros pecados sino en el amor que Dios ha puesto en nuestros corazones para regalarlo, para vivirlo, para disfrutarlo. Ese es el regalo que Dios nos ha dado. Somos ricos y la única forma de incrementar esa riqueza es compartirla. Como la luz.

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El Dios sorprendente

      A los lectores primerizos de la Biblia esta parábola les suele sorprender. No entienden como Jesús puede poner como ejemplo de comportamiento la injusticia patente en que incurre el propietario de la viña. Es una norma aceptada en nuestros días que el salario debe corresponder al trabajo realizado. Pero es que la parábola no habla de eso sino de Dios y de su modo de ser. Entonces, ¿es que Dios es injusto? ¿Es que no paga a cada uno según sus obras?

      Hay unas palabras al final de la parábola que nos facilitan entender el sentido del conjunto. Son las que el dueño de la viña dirige a los trabajadores que protestan por haber recibido menos de lo esperado: “¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. De alguna manera son palabras que Dios nos dirige a cada uno de nosotros. Es una frase que va desde la inmensidad del ser de Dios a la pequeñez de nuestro ser criaturas, a nuestra miopía. Denuncia nuestro afán de manipular a Dios, de querer que Dios actúe y sea como nosotros pensamos que debe actuar y ser. ¿Cuántas veces en la historia no le hemos hecho a Dios bendecir guerras y venganzas?

      Esta parábola insinúa que no tenemos mucha idea de cómo es Dios. Lo poco que sabemos de él es porque nos lo ha revelado Jesús. Y lo que Jesús nos dice es que es un Padre, o mejor un “papaíto” (eso es lo que significa “Abbá”). Que nos quiere y que nos mira siempre con ojos de cariño y misericordia. Más allá de eso sabemos muy poco o nada. Como dice la primera lectura, “como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros”. No hay forma de que podamos entender a Dios, introducirlo en nuestra mente y expresarlo en nuestras categorías y formas de hablar. Dios siempre nos sorprenderá con la infinitud de su amor. Por eso, Jesús no encontró modo mejor de hablar de él que usar estas historias. Así, por comparación, podríamos atisbar un poco lo que es Dios, el amor que nos tiene, su capacidad de acogida, su voluntad de darnos la vida plena. Por eso Pablo, que había abierto totalmente su corazón a Dios, pudo decir: “para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir”. Mejor es que no tratemos de manipular a Dios y que simplemente le aceptemos tal y como se nos reveló en Jesús. 

Para la reflexión

 ¿Cuántas veces hemos usado a Dios para justificar nuestras decisiones? ¿Y en la comunidad? Lo cierto es que sería mejor abrir bien los ojos a la sorpresa de Dios. Leyendo más la Biblia comprenderemos que sólo estaremos en onda con Dios cuando amemos, perdonemos y acojamos a nuestros hermanos como él lo hace.

Fernando Torres, cmf

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Esta parábola describe la suerte que puede correr la palabra de Dios, es decir, el mensaje que Jesús está proclamando por pueblos y aldeas. Frente al aparente fracaso actual, en el futuro producirá el ciento por uno. La palabra de Dios no puede fallar, como recuerda Isaías: “Como la lluvia y la nieve caen del cielo, y sólo vuelven allí después de haber empapado la tierra, de haberla fecundado y hecho germinar, para que dé semiente al que siempre y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío” (Is 55, 10-11).

Después de la parábola viene una explicación alegórica, reflejo de la interpretación que de ella hizo la iglesia primitiva, y que acentúa la diversidad de respuestas a la palabra. El designio de salvar a todos está condicionado por la actitud que cada uno adopta ante el mensaje de Jesús.

Lucas pone el acento en la semilla más que en el sembrador; y parece referirse no sólo a la predicación  histórica de Jesús, sino también a la proclamación que hace la iglesia de esa misma palabra a lo largo de la historia.

Hay como cuatro categorías de oyentes:

  1. Los incrédulos: Dios les da en su palabra luz, pero el diablo se la roba y así les impide la fe y la salvación;
  2. Los débiles: La semilla se seca por falta de agua; no tienen raíces, pues aunque al principio creen, es sólo de forma pasajera. Cuando llega la tentación sucumben, reniegan de la fe y caen en la apostasía definitiva;
  3. Los sofocados por las preocupaciones egocéntricas, por las riquezas y los placeres y comodidades de la vida. No es un fracaso repentino, sino que van decayendo lentamente. Están en el buen camino, pero no alcanzan nunca la meta fijada por Dios. Su fe no llega a madurar, ya que carece de perseverancia y su conducta se relaja.
  4. El éxito del ciento por uno es una cosecha milagrosa.

La actitud que se condena con mayor severidad es el apego a lo que se posee, por eso la adhesión a la palabra es lo que más adecuadamente  describe la vida cristiana, que consiste en caminar tras los pasos de Jesús.

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No hace falta ser una teóloga feminista para vibrar con el evangelio de hoy. Los elementos sustanciales forman parte de nuestro acervo bíblico. Hay un paralelismo entre lo que Lucas dice del grupo de los doce varones en el capítulo 5 y lo que dice en el capítulo 8 que hoy leemos del grupo de las tres mujeres (María Magdalena, Juana, Susana) y el resto de sus compañeras.

El “curriculum” de estas mujeres, sus méritos para entrar a formar parte de la comunidad de discípulos, es desconcertante. No se alude a cualidades especiales, ni a títulos de ningún tipo. Lo que estas mujeres tienen en común, y lo que a Lucas le interesa subrayar, es que “habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades”. Son mujeres que se sienten curadas por Jesús. Responden entregando sus personas (“lo acompañan por el camino”) y sus bienes.

Quizás sea posible extraer conclusiones enérgicas sobre el papel de la mujer en la iglesia de Jesús, sobre el paralelismo entre los doce y el grupo de mujeres. La teología contemporánea ya ha explorado varias vías en este sentido. Pero lo que en ningún caso debe pasar a segundo plano es el hecho más resaltado por Lucas: las seguidoras son mujeres curadas por Jesús.

La experiencia de la curación es la puerta de ingreso en la comunidad discipular. ¿No os parece que este hecho nos brinda una clave para entender por qué a menudo somos remisos en nuestra entrega?

Si nunca hemos tomado conciencia de nuestras heridas y enfermedades, si no hemos experimentado el toque sanador de Jesús, ¿en virtud de qué extraño voluntarismo vamos a entregarnos con total dedicación a su persona y a su causa?

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Celebramos hoy la fiesta de este apóstol Mateo, que de la mesa de cobrador de impuestos para el emperador de Roma pasó a ser servidor de Dios en el anuncio de la palabra de salvación para todos los pueblos.

“Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: ‘Sígueme’” Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: ‘Sígueme’, que quiere decir ‘Imítame’.

“Él se levantó y lo siguió”. Lo escueto del texto que narra la prontitud con que Mateo decide seguir a Jesús puede sugerir dos posibilidades: o bien que Mateo había ya oído hablar de la grandeza del profeta de Galilea y de la grandeza de su mensaje, o bien que la presencia del mismo Jesús resultó para él un motivo suficiente para dejarlo todo y seguirle.

La respuesta de Mateo (un pecador) a la llamada del Señor es inmediata, como la de Pedro y Andrés, Santiago y Juan. La rapidez en la respuesta a la llamada, la generosidad en el seguimiento y la libertad con que relativiza todos los valores antes poseídos, nos hace comprender que ha nacido un hombre nuevo.

¿Por qué eran despreciables los cobradores de impuestos? Entre otras razones porque se los consideraba tramposos, abusadores de los demás. A esto se añadía la humillación que suponía someter al pueblo elegido de Dios a un señor de esta tierra.

Pues bien, a esta clase de personas llama Jesús para que le sigan,  y con ellas se sienta a la mesa. lo único que les pide es que acepten un cambio de vida, esa vida nueva que inaugura el reinado de Dios Padre en una comunidad de hermanos, donde el dinero deja de ser el único tesoro. Esto, naturalmente, provoca el escándalo de los fariseos,  para quienes, además, comer con publicanos suponía un gran pecado, pues la comunión de mesa significaba una íntima comunión de vida. 

El poder de Jesús para perdonar los pecados está muy relacionado con su cercanía a los pecadores. Las comidas de Jesús con ellos eran una demostración  del amor incondicional de Dios ofrecido a todos. Y sólo se escandalizaban de esa conducta los que no creíann en la bondad y en la misericordia de Dios.

Las palabras de Jesús: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos” son una propuesta para la Iglesia  de todos los tiempos.

La invitación de Mateo a sus compañeros de oficio fue un anticipo de su futura tarea  misionera y en su primer trato con el Señor arrastró en pos de si por el camino de la salvación a un considerable grupo de pecadores. De este modo, ya en los inicios de su fe, comienza su ministerio evangelizador.

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Oración

Por tu bondad, Señor y Hermano Jesús:
Concédenos escuchar tu Palabra con el corazón abierto y con nuestro ser entero orientado a Ti.
Haz que nos sea: luz en el caminar de nuestra vida, fortaleza en la lucha diaria, nuestro gozo en los sinsabores de nuestra existencia. AMEN.

 

Mt 20, 1-16

«1Porque es semejante el Reino de los cielos a un propietario que salió al amanecer a contratar jornaleros para su viña. 2Después de ajustarse con los jornaleros en un denario por jornada, los envió a su viña. 3Y, saliendo hacia la hora tercia [9 de la mañana], vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, 4y les dijo: “Id también vosotros a la viña, y os daré lo que sea justo”. 5Ellos fueron. Saliendo de nuevo hacia la hora sexta [mediodía] y la nona [media tarde], e hizo lo mismo. 6Saliendo hacia la hora undécima [al caer la tarde], encontró a otros, parados, y les dice: “¿Cómo es que estáis aquí, el día entero, sin trabajo?”. 7Le dicen: “Nadie nos ha contratado”. Les dice: “Id también vosotros a la viña”.

8Llegada la noche, dice el señor de la viña a su administrador: “Llama a los jornaleros y dales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. 9Y viniendo los de la hora undécima, recibieron un denario. 10Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario. 11Entonces se pusieron a protestar contra el propietario: 12“Estos últimos han trabajado una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. 13Respondiendo uno de ellos dijo: “Amigo, no soy injusto contigo. ¿No nos ajustamos en un denario? 14Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. 15¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O ves tú con malos ojos que yo sea bueno?”. 16Así, los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

CONTEXTO 

Con el capítulo 19 se inicia una sección narrativa que desembocará en la llegada de Jesús a Jerusalén y el desencuentro con los principales grupos judíos. El texto inmediatamente anterior nos habla de la recompensa prometida a quien se entregue generosamente a la causa del Reino de los cielos, y termina igual que termina nuestro evangelio: los primeros serán últimos y los últimos primeros (19,30; 20,16). Después vendrá el tercer anuncio de la Pasión (20,17-19). 

TEXTO

El evangelio se estructura en dos partes: los acuerdos del propietario con los jornaleros, con una gran importancia de las horas (vv. 1-7) y el pago del trabajo realizado, que provoca una conversación entre los jornaleros y el señor, destacando el tema de últimos/primeros (vv. 8-15). El v. 16 supone la paradójica enseñanza de Jesús. La parábola manifiesta, a partir de conceptos humanos como “salario justo” o “prestación laboral”, el milagro de la justicia y la bondad de Dios, y separa definitivamente la idea de recompensa de la idea de mérito. Para J. Jeremias, la parábola separa dos mundos: aquí el mérito, allí la gracia; aquí la ley, allí el evangelio.

ELEMENTOS INTERESANTES

• El final de nuestro evangelio (20,16) repite la sentencia que Jesús pronuncia en 19,30, justo antes de nuestro texto, aunque en orden inverso. Así se forma una inclusión, que es un recurso literario típico de la Escritura y sirve para determinar una unidad literaria. El texto, en su unidad, comienza y termina con la misma frase o palabra, con el mismo mensaje. En este caso, la afirmación de que los últimos son los primeros está al principio, al final y en el centro del pasaje (Mt 19,30; 20,8.16). Esta insistencia quiere decir que es lo más importante de la enseñanza que Jesús quiere transmitir, con esta parábola, respecto a cómo es Dios y su Reino. No podemos poner a Dios a nuestro nivel (que su justicia sea como nosotros entendemos la justicia, etc.), sino justamente al revés: Dios es, y no nosotros, “la medida de todas las cosas”.

• El evangelio es una parábola del Reino que hoy se compara con un propietario que salió muy de mañana a contratar obreros para su viña. Él se define a sí mismo en el versículo 15: «Yo soy bueno». Considerando Lc 6,35 y Mt 19,17 (“Uno solo es el Bueno”), identificamos al propietario con Dios Padre. La viña es importante en la parábola. Se menciona cinco veces ( vv. 1.2.4.7.8), tres de ellas, con el pronombre posesivo. Está claro que es “su” viña, aquí imagen del Reino de Dios. ¿Somos conscientes de que trabajamos en la viña de “otro”, o nos gusta “hacer de nuestra capa un sayo”? ¿Somos conscientes de que ese otro es un Padre bueno al que tenemos que representar?

• El propietario sale hasta en cinco ocasiones a buscar jornaleros para su viña (Dios no deja de llamar, pero ¿encontrará oídos que sepan escuchar?). El acento recae sobre los últimos jornaleros, los de la hora undécima, en los que nadie se había fijado ni contado con ellos (imagen de los marginados de aquella sociedad, excluidos de la atención y preferencia de las élites religiosas y políticas), pero Jesús indica que Dios cuenta con ellos. ¿Te sientes llamad@ por Dios a trabajar en su viña? ¿Más que otros o con más derechos que otros?

• Fin de la jornada: todo tiene un final inesperado. El modo de obrar del dueño supone una inversión de los criterios con los que nosotros juzgamos justo un proceder. Ese comportamiento del dueño desconcierta e indigna a los obreros de la primera hora. ¿Qué te sugiere ese modo de actuar del propietario, de Dios? ¿A qué te mueve?

• El propietario responde con firmeza y suavidad a las quejas de los obreros. Él ha sido justo con los primeros, pues les ha pagado lo convenido. Su libertad no está condicionada por nada ni por nadie: es libre para hacer como quiera en sus asuntos. Y su bondad le hace desear pagar por igual a todos. Por el contrario, los trabajadores de la primera hora se muestran mezquinos y envidiosos. ¿Dónde te sitúas en esta parábola? ¿Qué lección encuentras?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

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El texto nos presenta una ruptura en Israel, por un lado el éxito con  la acogida de los enviados de Dios, y por otro, el rechazo inscrito en unos corazones  obstinados. El final del libro de  los Hechos de los Apóstoles subraya esta dramática división que provocan las palabras de juicio contra los obstinados: “sabed, pues, que esta salvación de Dios ha sido ofrecida a los paganos; ellos sí la escucharán” (Hechos 28,28).

Lucas habla de unos muchachos que juegan, pero no es fácil describirlos, porque no se conocen realmente en qué consistían sus juegos. De todos modos podría entenderse también la historia en el sentido de que el juego ha fracasado porque los muchachos  se quedan sentados, obstinados, rechazando todo tipo de invitaciones. No han querido ni bailar en el juego de bodas ni llorar en el juego de los funerales; es decir, no han respondido a la llamada de los músicos.

Juan Bautista no bebía licores ni comía más que alimentos crudos,  no manjares preparados por la mano del hombre. Jesús comía y bebía acompañando a sus amigos, en especial a los publicanos y pecadores, manifestando así la benevolencia que Dios tiene por ellos. Y ambos se convierten en señal de contradicción  para los dirigentes del pueblo judío empeñados en hacer desaparecer a ambos.

El salmo que hoy leemos en la liturgia nos ayuda  a ser sabios con la sabiduría de Dios. Es un himno a la bondad de Dios manifestada en la belleza y bondad de sus obras. Y es en este salmo donde se recoge una de las afirmaciones  fundamentales de la tradición sapiencial: “el temor del Señor es el principio del saber”. Es decir, la sabiduría plena es un don divino y sólo se alcanza desde una actitud de “temor de Dios”, entendido como reconocimiento, obediencia y fidelidad amorosa. El fracaso de los que se consideran dueños de la verdad está precisamente en esa falta de sabiduría que les impide entrar en el Reino a ellos y que tampoco quieren dejar entrar a los demás.

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