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Archive for the ‘Comentario a la Palabra de Dios’ Category

Policarpo significa: el que produce muchos frutos de buenas obras. Este santo , según la tradición, tuvo el honor de ser discípulo de San Juan Evangelista. Hoy recordamos a este mártir del siglo II que dio su vida por amor al Señor. Este es el culmen de la fertilidad, darlo absolutamente todo. Y esta semilla produce sus frutos. Darnos, darnos, producir fruto, ser útiles a los demás, iluminar el entorno en el que habitamos cada jornada: nuestra casa, el trabajo, las personas que viven con nosotros, con las que nos cruzamos a diario.

Cada día de nuestra vida tenemos ocasión de producir obras buenas, de dar frutos. El profeta Ezequiel nos recuerda en la primera lectura que “..cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere […] Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida”. No debemos bajar la guardia, debemos estar siempre atentos a seguir entregando la vida.

“Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”, nos recuerda hoy Jesús. ¿Qué hacemos si no de extraordinario? ¿Para qué nos sirve la fe? Para ser mejores, para hacer la vida más agradable a los otros, para sanar heridas, para no caer en el mal…

Jesús nos invita a ir más allá, a no conformarnos con la ética de mínimos. No seamos nosotros los que pongamos freno a la acción de un Espíritu Santo que quiere y necesita  hacer más en nosotros. San Policarpo dejó actuar al Espíritu y fue colmado de amor en su sufrimiento. Ayúdanos Jesús a darlo todo en este tiempo de crecimiento que es la Cuaresma.

Juan Lozano, cmf

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“¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Es la pregunta que Jesús nos dirige hoy. Necesita saber si le hemos entendido, si le reconocemos tal y como es. Veintiún siglos de cristianismo, pero ¿el mundo le conoce? Porque de Jesús se dicen muchas cosas, se escriben muchos libros y se le interpreta de múltiples maneras, como ya le ocurrió entonces. Posiblemente hoy, a pesar de la mayor distancia cronológica, tenemos más conocimiento e información que sus contemporáneos. Pero ¿tenemos la misma adhesión y fe que sus discípulos? No basta la información, el conocimiento exhaustivo del Jesús histórico, para creer en Él, aunque dicha información pueda ayudar y ser útil, pero no basta.

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Mt 16, 15. Jesús, a quien nunca conoceremos plenamente hasta que nos encontremos con Él cara a cara; a quien descubrimos y en quien nos descubrimos más y mejor a nosotros mismos siempre que nos dejemos amar más por Él; quien siempre puede sorprendernos, enseñarnos cosas nuevas, el Maestro… ¿Quién es para ti? Nunca lo abarcaremos por completo.

Ojalá podamos decir con el corazón, como dijo Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.” Es decir, Señor Jesús, tú eres mi vida, mi hermano, mi amado…, mi Señor… yo creo en ti, en tus Palabras de vida eterna… Por eso la fiesta de hoy. La Cátedra de San Pedro es el reconocimiento de que Jesús quiere hacer una nueva comunidad, es el “nuevo templo”, donde Pedro será la piedra fundamental. De nada vale el  asiento, la cátedra, si no hay comunidad viva. De nada vale el  templo, por muy bello que se adorne, si no hay hombres y mujeres que lleven a Jesús a la calle, a la vida.

Oremos hoy por el sucesor de Pedro, el Papa Francisco, para que reciba la fuerza y la inspiración del Espíritu Santo en todo momento y siga guiando la barca que el pescador de Galilea recibió como encargo del propio Cristo. Que la celebración de esta fiesta sirva para unir a toda la comunidad católica y renovar nuestra misión de llevar a Jesús a toda la humanidad para por todos sea conocido, amado y servido.

Juan Lozano, cmf

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Oración

Oh Dios Padre: con tu Hijo Jesús subimos al monte, subimos a ti a orar, escuchar tu Palabra sobre Él, conocer tu camino sobre cada uno de nosotros. Concédenos:

  • ver, como los tres discípulos, que Jesús es único por tu resplandor divino que lo transfigura;
  • descubrir a Jesús como camino hacia Ti y hacia los demás a través de la Palabra de Moisés, de los profetas y de los evangelios;
  • fiarnos de Él cuando “bajamos del monte”, de estar Contigo, y nos pide que le sigamos en los gozos y dificultades de la vida diaria.

 

Mc 9, 2-10

A) «2Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los lleva a ellos solos aparte a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, 3y sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

B) 4Y se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. 5Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: “Rabbí, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. 6Porque no sabía lo que decía ya que estaban atemorizados.

C)7Y se formó una nube que los cubrió con su sombra, y salió una voz desde la nube: “Éste es mi hijo amado; escuchadle”.

B’)8Y de pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

A’)9Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. 10Esto se les quedó grabado, y discutían que querría decir aquello de ‘resucitar de entre los muertos’».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

El episodio de la Transfiguración se sitúa entre los dos primeros anuncios de la Pasión, que Jesús hace a los discípulos (Mc 8,31 y 9,31). Tras el primer anuncio, Pedro reacciona de forma negativa, porque no entiende que Jesús, Mesías, tenga que sufrir y morir. Jesús le reprende severamente y después da para todos los discípulos una lección de verdadero discipulado. Después del episodio de hoy viene el largo episodio de la curación del endemoniado epiléptico, al que los discípulos no pueden curar por su falta de fe y de oración, y, de inmediato, el segundo anuncio de la Pasión, con otra reacción negativa del grupo de discípulos. La Transfiguración, pues, es un acontecimiento que adelanta la resurrección de Jesús a un momento de especial dificultad en el discipulado: aceptar la pasión como una etapa más del seguimiento de Jesús.

 

TEXTO

El relato evangélico se estructura en 5 partes, con un centro destacado, la voz de Dios. La primera parte (vv. 2-3: A) se relaciona con la última (vv. 9-10: A’). El escenario es el monte, donde al principio ocurre la experiencia teofánica de Jesús (su “transfiguración”) y al final la mención a la resurrección de lo muertos, haciendo equivalencia entre ambas. La segunda parte (vv. 4-6: B) se relaciona por contraste con la cuarta (v. 8: B’): la presencia de Moisés y Elías en B contrasta con su ausencia en B’; “la Ley y los Profetas” desaparecen, mientras Jesús permanece. En B hay destaca también la reacción equivocada de Pedro, en línea con su reacción después del primer anuncio de la Pasión (cf. Mc 8,32). La parte central (v. 7: C) es el corazón del texto: la voz de Dios declara la identidad de Jesús y su autoridad. ¿Cómo compaginar ser Hijo de Dios y sufrir pasión y muerte?

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Toda la primera parte del texto resalta el “ambiente divino” que rodea a Jesús: el monte (al que sube Jesús para llamar a los Doce: cf. Mc 3,13; al que se retira para orar: cf. Mc 6,46), es símbolo de la esfera de Dios en contacto con los seres humanos; el blanco deslumbrador (resaltado por Marcos como algo que no se consigue por medios humanos) simboliza la gloria de Dios. El texto presenta a Jesús como alguien de condición divina, pero esa condición no le evita “pagar determinados precios”. ¿Qué nos sugiere esto?

• La presencia de Moisés y Elías es muy sugestiva: Moisés puede representar la Ley (dada en otro monte) y Elías, los profetas: ambos elementos eran la base de la religión judía, pero ambos están subordinados a Jesús. Ellos desaparecen de la escena, Jesús permanece. Jesús es más que Moisés y que Elías, más que la Ley y los Profetas. ¿Qué aspectos de nuestra religiosidad o nuestra fe tienen que “desaparecer”? ¿Cuáles deben “permanecer”?

• Pedro reincide en el error. Ni ser discípulo, ni ser el primero de entre ellos, le evita un comportamiento errado. En Marcos, el discipulado es un proceso, no un estatus. Nunca se acaba de ser discípulo, nunca se llega a ser “discípulo acabado”. ¿Consideramos nuestro seguimiento como algo vivo y dinámico, o estamos “quietos y parados”?

• La intervención de Dios desde la nube (símbolo de la presencia divina: cf. Ex 24,15-18) revela la identidad de Jesús: es el Hijo amado. La voz se dirige a los discípulos (a Jesús, en el bautismo) y da una orden: Escuchadle. Esta orden, en el contexto evangélico, tiene un sentido muy concreto: las palabras de Jesús acerca de su destino, difíciles de comprender, también deben ser atendidas. Es una llamada a no rechazar la cruz de Jesús y a seguir el camino de Jesús. La mirada al transfigurado es una invitación a creer en el crucificado, a asumir su proyecto completo, a mantenernos fuertes y fieles en las penalidades, en la persecución, en el sufrimiento, en el fracaso, en la muerte. ¿Qué desafíos nos plantea esto a nuestra fe?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

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La Cuaresma es el tiempo de una vuelta decidida a Dios, o sea, a sus enseñanzas, a sus caminos, los que nos va mostrando cada día en su Palabra. Palabra que hay que acoger en su totalidad, sin seleccionar sólo aquello que nos gusta, porque todos tenemos partes del Evangelio que nos resultan áridas y a las que nos cuesta convertirnos, como los habitantes de Nínive a los que Jonás insistió una y otra vez hasta que lo consiguió.

Cuaresma es tiempo de obras, de cambio de vida. Nosotros escuchamos con frecuencia la Palabra de Dios. Cada día nos miramos a su espejo para ver si nos vamos configurando con lo que Dios nos pide. Cada día volvemos a la escuela, en la que el Maestro nos va ayudando. Es una de las consignas de la Cuaresma: poner más atención a esa Palabra para contrarrestar otras muchas palabras que luego escuchamos en este mundo, y que generalmente no coinciden con lo que nos ha dicho Dios.

En esto consiste la conversión, mucho más profundo e integrador que las actitudes piadosas que se conforman con exteriorizar lo que toca hacer. Convertirse es aceptar aquella Palabra de Dios que todavía no hemos hecho nuestra. Ese es el signo de que estamos en el camino. Muy distinto al signo que piden a Jesús en el Evangelio de hoy, porque el signo que le piden es exterior y superficial; quieren espectáculo y Jesús se niega. El signo que Jesús quiere es interno, real, que se ve sólo en sus efectos a largo plazo.

Hoy es un buen día para preguntarse:  ¿Señor qué Palabra tuya todavía no he hecho mía? Ayúdame a descubrir mis resistencias, mis frenos, mi negativa a llevar la vida aquellas Palabras del Evangelio que me cuesta creer y vivir. Quiero hacerlas mías, amarlas porque vienen de ti y por ello son para mi “palabras” de vida plena, de vida eterna. Esta es la actitud, este es el signo, esta es la conversión.

Juan Lozano, cmf

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¡Qué mala es la apariencia! Sobre todo cuando uno se acostumbra a ella, pues te engaña a tí mismo antes que a los demás. No hay nada más falso que la apariencia ni nada que provoque más pena que ver a una persona esclavizada por este engaño de mostrar lo que no se es. ¡Cuidado! porque no estamos libres del todo. La tentación del quedar bien, de decir pero no hacer, siempre estará al acecho. Que duro sería si Jesús dijera de nosotros lo que critica hoy de los gentiles, que por hablar mucho…

Jesús nos llama a la autenticidad y a la sencillez en uno de los ejercicios esenciales en la vida cristiana y que en este tiempo somos llamados a intensificar: la oración. Para orar no son necesarias palabras bonitas ni muchas palabras; precisamente de lo que estamos necesitados en un mundo tan ruidoso y con tantos estímulos, es de silencio. Sobretodo del corazón, que es el más difícil de conseguir; acallar la cantidad de ruidos afectivos que nos impiden escuchar el susurro de Dios: rencores, afectos desordenados, heridas del pasado… Son los primeros fantasmas que acuden a la oración y que intentan desanimar nuestra práctica. Hay que dejarlos salir a escena, que fluyan, que se manifiesten aunque sean incómodos, porque aún siendo los primeros en aparecer cuando uno se pone a orar, no tienen la última palabra, y tras ellos surgen las mociones del Espíritu, la consolación de Dios.

Orar nunca ha sido fácil, pero es necesario. Para ello hay que sentarse y silenciar una y otra vez, las que hagan falta, sin desanimarse. “Velad y orar para no caer”, dice Jesús a sus discípulos la noche de Getsemaní. Sólo el ejercicio constante, paciente, abierto y sin ansiedad, nos lleva a saborear y gozar de la oración. Sin prisa, con paz, en confianza, diciendo: “Padre nuestro…”

Juan Lozano, cmf

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Acabamos de comenzar la Cuaresma. El Papa Francisco en su mensaje para este año ha elegido como lema: «Al crecer la maldad, se enfriara? el amor en la mayoría» (Mt 24,12). “Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que esta? ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí? donde tendrá? comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio”, dice el Papa.

Precisamente el Evangelio de hoy nos habla del juicio final, donde nuestros corazones serán expuestos ante Él para ver si fueron fríos o calientes, de piedra o de carne, cerrados o abiertos. Pero no es necesario esperar a ese día, porque una vida presente con un corazón enfriado es una vida triste, apagada, sin aliciente, sin alegría. No se trata de hacer el bien para sufrir y conseguir un pasaje para la vida eterna, sino de hacer el bien por convicción, sabiendo que todo el amor que damos lo recibimos ya en esta vida, el “ciento por uno”, aunque con creces en la eterna.

Entrenarnos para amar aquí y ahora es a lo que nos invita la Cuaresma de manera más intensa, porque su final, la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor, es la máxima lección de amor que Él nos ha dejado; y en este amor tenemos que crecer. Cada vez que damos un paso en esta dirección, se hacen realidad las palabras finales del Evangelio de hoy: “Venid vosotros, benditos de mi Padre”.

Que nuestro corazón no se enfríe con la maldad, la rutina o la apatía, sino que despierte y se caliente en este tiempo bendito que es la Cuaresma.

Juan Lozano, cmf

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Recordemos la Alianza

      El primer domingo de Cuaresma, la Iglesia nos invita desde hace muchos siglos a meditar en las tentaciones de Jesús. Y ahí esta el relato de las tentaciones en la versión de Marcos, la más breve de todos los evangelios. Pero lo más interesante es subrayar que la idea central de las lecturas de este día no son las tentaciones de Jesús y, en consecuencia, nuestras propias tentaciones. La idea central es más bien la de la Alianza de Dios con la humanidad. 

      La primera lectura nos recuerda la historia de Noé. Ya ha tenido lugar el diluvio. La historia del mundo está a punto de comenzar de nuevo. Y Dios quiere que el primer acto de esa nueva etapa sea la firma de una Alianza entre Dios y la humanidad en pleno. No se habla de ningún pueblo en concreto. Es la humanidad la que se encuentra directamente con Dios. No se hace distinción de razas ni de pueblos, no hay idiomas ni fronteras. Dios se acerca y hace la oferta de una Alianza definitiva y para siempre. Con los que están vivos en ese momento y con sus descendientes. Casi podríamos decir que es una Alianza con toda la creación, ya que la lectura dice expresamente que es una Alianza con todos los seres vivos. 

      La Alianza tiene un contenido claro: “ningún ser vivo volverá a ser exterminado por las aguas del diluvio”. Dicho en otras palabras, Dios se compromete con la vida y a favor de la vida. Habrá una señal de esa Alianza. Será el arco iris que podemos ver de vez en cuando en el cielo después de las tormentas. El arco iris no es más que un signo de la belleza de la creación. Toda la creación, toda la vida, se convierte ahora en signo de la Alianza, porque toda ella es creada, cuidada y amada por Dios. 

      La Alianza se renueva en el Evangelio. En él Jesús anuncia la presencia del Reino de Dios. Ya llega. Ya está cerca. El Reino es la nueva Alianza, la plenitud de aquella primera Alianza firmada por Moisés. La plenitud de todas las Alianzas. El nuevo signo será el mismo Jesús, el Hijo, el que murió por darnos la vida e inauguró con su resurrección la nueva vida para todos. Una vida en plenitud. 

      Al comenzar la Cuaresma, nos encontramos con Dios como el que hace una Alianza con nosotros. Nos invita a participar en la vida. Nos invita a abandonar los caminos de muerte. Nos invita a convertirnos, a creer en el Evangelio, porque sólo ahí encontraremos la felicidad, el bienestar, la libertad y la Vida a que tanto aspiramos. Ahora depende de cada uno de nosotros entrar en esa nueva Alianza. La mano de Dios está tendida hacia nosotros. Tenemos 50 días para pensar cuál será nuestra respuesta. 

Para la reflexión

      Acaba de comenzar la Cuaresma y es tiempo de convertirnos y firmar de nuevo la Alianza con nuestro Dios. ¿Realmente creo que la Alianza es mejor opción para mi vida, para nuestra vida? ¿Estoy dispuesto a renunciar a mis caminos de muerte para entrar en la Alianza? ¿En qué consisten concretamente en mi vida esos caminos de muerte?

Fernando Torres, cmf

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