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Archive for the ‘Documentos reflexión’ Category

• El texto de hoy, está centrado en una pregunta –“¿qué tenemos que hacer?” (10.12.14)– y en las respuestas que Juan Bautista da adaptándose a cada caso y situación. La pregunta es la propia de la persona que se ha dado cuenta que hace falta cambiar, que quiere cambiar su propia vida y que quiere transformar el mundo en el que vive, el medio, su ambiente.

Fijémonos en Juan:

• Esta situación de búsqueda del cambio ha estado provocada por la acción profética de Juan (Lc 3,1-9). Ahora elmismo Juan da pistas bien concretas para cambiar (11.13.14). Y las da –dice el Evangelio (18)– sobre todo con el testigo de vida. Las respuestas que hace parten de la realidad del entorno: hay gente en su entorno que no tiene vestido ni comida.

•  “Juan anunciaba al pueblo la buena nueva” (18) a partir de esta acción profética. El Evangelio es Palabra eficaz (Hch 4,12) cuándo se encarna (Jn 1,14). Es la misma experiencia que hacemos en las Comunidades Parroquiales, en las Asociaciones y Movimientos evangelizadores: “encarnados” en el medio podemos transmitir la fe que vivimos cuando trabajamos por transformar lo que es injusto.

• Aunque el tono de Juan es muy imperativo, lo que dice son pistas, propuestas. Seguir los caminos que muestran los profetas, los caminos que muestra Jesús con su vida y su Palabra, sólo se puede hacer en libertad. No se puede hacer por imposición, ni de modo voluntarista.

Fijémonos en el pueblo

• El texto habla del “pueblo”, que “vivía en la expectación” (15). También Juantiene esta actitud: “viene…” (16-17). El pueblo manifiesta la expectación buscando algo de Dios en aquel que ven activo, transformador. Y Juan la manifiesta con su acción y su palabra profética.

Fijémonos en Jesús

• También se nos dicen cosas de Jesús: Juan, por aclarar que él no es “el Mesías” (15), nos anuncia su venida. Dice que quien “viene” es quien “bautizará con el Espíritu Santo y con fuego” (16). Jesús es quien hace soplar suviento porque distinguimos entre el “grano” y la “paja” (17), entre una manera de vivir que vale la pena y otra que no vale la pena (16-17).

• Es por el don de este “Espíritu Santo” (16) que podremos seguir a Jesús, que podremos compartir vestido, comida (11), que podremos ser honrados y no abusar de los demás (13.14). Es por este don que podremos hacer todo esto, que podremos ser militantes porqué estimamos como él nos ha estimado (Jn 13,34-35; o todos los capítulos 13-17 de Jn).

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Hasta mediados de los años 80, las carreteras nacionales eran el camino habitual para desplazarse en automóvil de un lugar a otro. Una carretera nacional se caracteriza por tener una única calzada con doble sentido de circulación y un solo carril para cada sentido, además de una gran presencia de curvas, pendientes, dificultades para los adelantamientos, “puntos negros”… por lo que la circulación a menudo era complicada e incluso peligrosa. Las autovías, por el contrario, tienen dos calzadas y varios carriles para cada sentido de la marcha, las curvas son más suaves, tienen viaductos y túneles para superar obstáculos geográficos… lo que facilita mucho la circulación. Si habitualmente utilizamos la autovía, pero en alguna ocasión debemos ir por una carretera nacional, inmediatamente notamos la diferencia: más peligros, más tiempo de viaje, más atascos…

Estamos en el segundo Domingo de Adviento, y en el Evangelio hemos escuchado que Juan el Bautista, citando al profeta Isaías, exhortaba al pueblo: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Porque como decíamos el Domingo pasado, el Señor viene una vez más a nosotros.

Pero a menudo ese camino del Señor se parece más a una carretera nacional que a una autovía. Hay muchos obstáculos, fuera y dentro de nosotros, que dificultan, retrasan e incluso impiden que el Señor venga. Fuera de nosotros, nos encontramos con las “curvas peligrosas, pendientes y puntos negros” que constituyen la indiferencia generalizada hacia Dios, el auge de diferentes tipos de laicismo, la crítica exacerbada y ridiculización hacia la Iglesia y sus miembros…

Dentro de nosotros encontramos el “tráfico intenso” de nuestros egoísmos, el acomodamiento de la vivencia de la fe, el consumismo, la celebración rutinaria de la Eucaristía, el abandono de la oración, la confesión y la formación… que hacen que no podamos “adelantar” y avanzar en la fe.

Por eso en la oración colecta hemos pedido: no permitas que, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, lo impidan los afanes terrenales. Y seguramente no esté en nuestra mano solucionar los obstáculos externos, pero los internos sí. Por eso Juan el Bautista recorrió toda la comarca del Jordán predicando un bautismo de conversión. El tiempo de Adviento es también un tiempo de conversión, una ocasión para allanar los senderos del Señor, como pedía el Bautista, para “rebajar el nivel” de nuestro egoísmo y acomodamiento, para “rellenar” el barranco en que hemos caído por la mediocridad con que creemos, celebramos y vivimos nuestra fe.

Pero como somos conscientes de nuestra debilidad, en la oración sobre las ofrendas pediremos al Señor: al vernos desvalidos y sin méritos propios, acude, compasivo, en nuestra ayuda. Y como nos recordaba la 1ª lectura, Dios no nos abandona: ha mandado abajarse a todos los montes elevados… ha mandado que se llenen los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad. Para que circulemos con seguridad en nuestro caminar como cristianos, Dios mismo es quien nos construye “autovías”, ofreciéndonos su Palabra, la Eucaristía y los demás Sacramentos, tiempos y recursos para la oración individual y comunitaria, los Equipos de Vida, la formación… para que no nos quedemos “atascados” sino que “podamos adelantar”, para que sepamos afrontar y superar los obstáculos, dentro y fuera de nosotros, que nos impiden avanzar en la vida iluminada por la fe.

Para preparar el camino del Señor, a nosotros nos corresponde “circular” por esas autovías que el Señor nos ha preparado, siguiendo lo que san Pablo indicaba a los Filipenses en la 2ª lectura: colaborar en la obra del Evangelio, crecer en el amor y cargarnos de frutos de justicia.

¿Suelo circular por carreteras nacionales o por autovías? ¿Y en mi vida de fe, me siento como en una “carretera nacional” llena de obstáculos que hacen que no adelante? ¿Aprovecho las “autovías” que Dios pone a mi disposición? ¿Cómo voy a preparar el camino del Señor?

No dejemos que los afanes de este mundo impidan nuestra marcha, no nos quedemos en el “atasco”. Preparemos el camino del Señor circulando por las “autovías” que Dios nos ofrece para llegar a nuestro destino, porque como decía San Pablo: Ésta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús.

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• Si nos paramos a mirar el marco geográfico (no hace falta coger el mapa, pero si tenemos uno a mano, siempre va bien de conocer el país), nos daremos cuenta que hay dos lugares dónde se desarrolla la acción: 1) el lugar dónde Juan recibe la llamada el “desierto” (2) y el lugar dónde Juan lleva a término la misión: “toda la región del Jordán” (3). Un matiz interesante: Juan no espera que la gente vaya al desierto buscando a Dios. Dicho de otra manera, Dios vive dónde viven las personas. Esto anticipa lo que más adelante Lucas nos presentará de Jesús: recibe la misión en el Jordán y hace el discernimiento en el “desierto” (Lc 3,21-4,13) y empieza y desarrolla su ministerio en Galilea (Lc 4,14ss),donde vive la gente, en medio de la vida de las personas, en una geografía concreta.

• En los capítulos iniciales de la obra de Lucas (Evangelio+Hechos) contrapone, en las personas de Juan y Jesús, dos épocas y dos maneras de hacer misión: Juan será precursor y testigo, Jesús será Mesías enviado por el Padre. En ambos la misión se hace en el marco de la Historia.

• Podríamos pensar que este texto no habla de Jesús. Pero sí. Juan, su precursor, anuncia su venida (4-6) con palabras del profeta (Is 40,3-5). Si nos fijamos, podremos verqué dice del “Señor” (4), qué hará este quedebe venir (5-6), como somos invitados apreparar su venida (3-4).

• De los versículos 5-6 podemos deducir qué consecuencias tendrá la venida del Mesías sobre las víctimas de la injusticia (“terrenos tortuosos y caminos escabrosos” que hace falta transformar). Estaremos haciendo lo que hace Lucas: ubicar la acción liberadora de Jesucristo en un marco geográfico y histórico concreto. Es cierto que haciendo este ejercicio podemos ser simplistas (cómo hacen los políticos populistas por ganar los votos de los pobres). Pero es igualmente cierto que el Evangelio sólo se verifica cuando los pobres son liberados (no cuando les damos algo de “limosna” a través de un maratón televisivo o de una recogida navideña de alimentos).

• El encabezamiento reproduce el modelo de comienzo de la mayor parte de los libros proféticos del A.T., situando al profeta en espacio y tiempo; es una fórmula que expresa la inspiración divina (vino la palabra de Dios a X).

• No es tanto una palabra que interviene en la Historia para modificarla sino una palabra que utiliza la mediación histórica como necesaria. La Historia será lenguaje de Dios para hacer ver cómo es el designio de amor del Padre sobre nosotros.

• Lucas presenta a Juan como profeta: el que dice a los oyentes lo que Dios quiere decirles. Pero con ciertos matices muy significativos: 1) Es presentado como el último profeta del AT. Los nuevos tiempos, el Reino de Dios, irrumpen con Jesús, no con él. 2) Era muy austero, mientras que Jesús es descrito como amigo de comidas y fiestas(cf. Lc 7,33-34). 3) Su mensaje es de penitencia y de conversión, y anuncia el «castigo de Dios», mientras que Jesús habla de Buena Noticia, del amor de Dios, el perdón, la rehabilitación, «el año de gracia» y la liberación. Juan predicaba, entendido en el sentido de proclamaba la conversión etimológica-mente significa cambio de mentalidad.

• Juan proclama un “bautismo de conversión” (v.3) que es la espiritualidad tradicional de Israel. Juan llama a sus oyentes a reformar las vidas, para así tomar cuerpo el perdón de los pecados. Jesús la supera por el bautismo de “agua y de espíritu” (Jn2,33),bautismo de entrega y de donación total.

• La misión de Juan es “preparar el camino” (v.4). La tarea de anunciar a Jesús es, en sí misma, una obra de testimonio. Mostrar el camino, señalar el horizonte, ensanchar esperanzas, ofrecer un nuevo amanecer es tarea de quien trabaja la profecía nueva.

• Hace falta que leamos al profeta Isaías en el fragmento citado aquí: Is 40,3-5. descubriremos el sentido del camino que se ha de abrir al Señor en el desierto (Is 40,3): un nuevo éxodo, una nueva liberación que Dios llevará a término. ¿Es este el “camino” del que tanto hablamos en el Adviento?

• Pero el evangelista Lucas esta cita de Isaías la prolonga hasta dar cabida a la afirmación: “Y todos verán la salvación de Dios”; es la universalización. Dios envía su salvación a todos y todas sin excepción. Nadie queda excluido del perdón de Dios. Es decir, toda criatura está llamada a la plenitud. El acceso a ésta, don de Dios, es tarea y responsabilidad del creyente (Lc 19,11-28):“Negociad mientras vuelvo”.

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Seguro que todos recordamos las muchas veces que, cuando nuestros padres nos veían sentados o tumbados en mala postura, nos decían: “¡Ponte derecho!” Una postura corporal erguida es indicio de buena salud, de buena autoestima, y también un gesto de respeto hacia los demás, si recibimos a alguien o cuando se dirigen a nosotros. Por el contrario, si alguien se encuentra enfermo o aquejado por preocupaciones, le cuesta mantenerse derecho: suele tener los hombros caídos, la espalda encorvada… Y también es de mala educación no levantarse o permanecer en una postura de dejadez y apatía si recibimos una visita o si alguien se dirige a nosotros.

Hoy comenzamos el tiempo de Adviento, y es como si Dios, como Padre nuestro que es, a través de los textos eucológicos (oraciones) y de su Palabra, nos estuviera diciendo: “¡Ponte derecho!”. Porque son muchos los motivos para mantener postradas a la mayoría de las personas: problemas de salud, familiares, de trabajo, económicos… Las convulsiones políticas y sociales, noticias de guerras, atentados, conflictos, desastres naturales y ecológicos, la crisis de refugiados, pobreza, hambre… Parece que se cumple realmente lo que decía Jesús en el Evangelio: Habrá… en la tierra angustia de las gentes… Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo.

Todo esto puede provocar que las personas vayan “encorvándose”, cayendo en la desesperanza, o adoptando “malas posturas”, como la indiferencia, el egoísmo, el consumismo, el “sálvese quien pueda”, o buscando evasiones, tal como indicaba Jesús en el Evangelio: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero.

Por eso, ante ese “encorvamiento” y esas “malas posturas” que podemos adoptar, al comenzar el Adviento el Señor nos dice: Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza… Jesús no niega la realidad, no la enmascara ni procura suavizarla; todo lo contrario, precisamente porque la realidad es la que es, Él nos dice: “¡Ponte derecho! No te dejes aplastar por las circunstancias”.

San Pablo también hacía un llamamiento a los cristianos de Tesalónica: Habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios: pues proceded así y seguid adelante. Ya conocéis las instrucciones que os dimos en nombre del Señor Jesús. Sin embargo, la experiencia nos muestra que, aunque hayamos aprendido cómo proceder para agradar a Dios, aunque conozcamos las instrucciones a seguir… a menudo la realidad y las circunstancias nos superan y no somos capaces de afrontarlas, de “alzar la cabeza”.

Pero no estamos abandonados a nuestras propias fuerzas, por eso el Señor también nos invitaba a estar pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, recordándonos que se acerca vuestra liberación.

Porque el motivo principal para “ponernos derechos” en medio de tantas circunstancias negativas, la razón para “levantarnos y alzar la cabeza” es que, una vez más, Dios viene a nosotros, como celebraremos en Navidad. De ahí la necesidad de aprovechar bien este tiempo de Adviento para mejorar “nuestra postura ante la vida”, y así recibir al Señor del mejor modo, manteniéndonos en pie ante Él, en lugar de afrontar la Navidad desde el simple consumismo, la rutina, la apatía.

¿Cómo es habitualmente mi postura corporal: erguida o tirando a encorvada? ¿Y cómo es mi postura ante la vida, esperanzada o escéptica y pesimista? ¿Por qué? ¿Adopto “malas posturas”, como la indiferencia, el egoísmo, el consumismo…? ¿Qué significa para mí el Adviento? ¿Estoy dispuesto a aprovechar este tiempo para “ponerme en pie” y recibir a Cristo, que viene?

Aunque no nos falten razones para ello, no nos dejemos aplastar por las circunstancias. No nos quedemos “encorvados”, apáticos, con la mente embotada, ni menos aún adoptemos “malas posturas” existenciales. “Pongámonos derechos” y hagamos nuestra la oración colecta de este primer Domingo de Adviento, pidiendo al Padre que avive en nosotros, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene. Y que, con esta fuerza, nos mantengamos en pie y procedamos como hemos aprendido para agradar a Dios, y sigamos adelante, sabiéndonos y sintiéndonos siempre acompañados de su presencia, con la esperanza en que se acerca nuestra liberación.

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• El itinerario del Adviento marca un proceso que va de lo universal a lo concreto, de la humanidad a la persona individual, de lo global a lo local.

• La última etapa de la vida de Jesús, su corta estancia en Jerusalén, está marcada por la controversia: la idea diferente del mundo.

* Judíos dirigentes creen que el mundo está constituido entre clases dominantes (ellos) y clases dominadas (el pueblo).

* Jesús, por la idea que tiene de dignidad de la persona, cree que el mundo está llamado a una plenitud en la que cada persona alcance la felicidad.

• Puede ser bueno leer el Evangelio de Lucas desde la entrada de Jesús en Jerusalén (19,28ss).Busquemos qué hace, qué dice y con quien está Jesús en el recinto del templo, que es el lugar dónde dice las palabras de este texto de hoy. Más en concreto, leamos el comienzo del capítulo 21: la ofrenda de la viuda pobre (21,1-4) y el comienzo del discurso a propósito de la fascinación que provocaba el templo en algunos(21,5-6). Fijémonos: qué personajes se muevenen este recinto, cuales son sus intereses y sus preocupaciones; a qué aspiran. Si queremos tener una visión más amplia, podemos tomar un contexto más ancho, desde la tercera vez que Jesús comenta que ahora subimos a Jerusalén (18,31ss): Jesús, qué hace, qué dice, qué actitud toma con las personas, qué los provoca … como se posiciona ante el templo y las maneras diversas de vivir la religión que tienen los otras personajes.

• Es un texto, con un lenguaje apocalíptico, que no quiere transmitir una perspectiva catastrofista (fin del mundo) sino la idea de sociedad y mundo llamado a la plenitud.

* Lucas 21,5-36 es una instrucción sobre el tiempo previo a la venida del Reino. Se suele llamar discurso escatológico, porque habla sobre los acontecimientos últimos y definiti- vos, sobre la última venida del Señor («eskhaton» = último, definitivo). Debido a que habla de la venida del Hijo del hombre con poder y gloria, se le designa también como discurso sobre la parusía («parusía» significa «presencia» y, en la literatura cristiana, designa la venida o manifestación gloriosa y definitiva de Cristo). Otras veces, por el lenguaje e imágenes que emplea, se le denomina discurso apocalíptico («apocalipsis» = revelación; «apocalíptico»: género literario en el que, a través de visiones que hablan de tribulaciones y cataclismos cósmicos, se nos revela la salvación y se proyecta ansiosamente la mirada hacia el futuro del que se espera llegue la liberación).

• Los signos cósmicos (v.25) han de entenderse como el tambalearse de los poderes opresores (sol, luna, estrella, signos de los poderosos), ¡algo se mueve! El poder del sistema no es tan inexpugnable como los poderosos quieren hacer creer.

• “Las potencias del cielo temblarán” (v.26) se quiere anunciar un nuevo orden basado no en desplazar a los que están, sino en otro basado en la dignidad de la persona como realidad fundamental de la sociedad nueva.

• Esta dignidad básica viene señalado con la imagen “alzar la cabeza” (v.28). La cabeza doblegada es señal de una vida sometida al imperio de opresión. Levantada no es signo de orgullo, sino de dignidad. Jesús quiere a las personas erguidas.

• “Estar de pie” (v.36), es tener la misma actitud resistente de Jesús que no ha abdicado de sus sueños de un mundo nuevo y ha sellado su utopía con la entrega total de todos sus días, su sangre. Esta resistencia es el rostro de la verdad de la fe en la dignidad de la persona, base honda de la utopía cristiana de la sociedad nueva.

• Y miramos los versículos de este domingo(21,25-28.34-36). A pesar de todo el impacto inicial, hay palabras que son buena noticia: “el Hijo del hombre viniendo” (27), la “liberación se acerca” (28). Motivo de gozo, por lo tanto.

• También descubrimos novedades respeto a los discípulos, nosotros mismos: Jesús propone una manera de vivir. Hace la propuesta del hombre nuevo (hombre y mujer) que Dios quiere. Vida nueva en “la liberación” que “se acerca” (28). Nos cuestiona, por lo tanto: ¿de qué tenemos necesidad de ser liberados?

• Y si miramos el contexto social dónde vivimos, el que pasa en nuestro entorno inmediato, en el país, en el mundo… y el que viven las personas que tenemos cerca, nos podemos preguntar (del mismo modo que lo buscábamos en los personajes del Evangelio): qué intereses y preocupaciones tiene la gente; qué cosas las fascinan; religiosamente, qué buscan, qué hacen, qué practican; qué los ata, de qué tienen necesidad de ser liberadas. Y nosotros. Y yo.

• Y, todavía más: todos estos hechos y situaciones ¿como quedan tocados por las palabras de Jesús? Lo que descubrimos de Jesús y de la libertad que trae, como afecta a esta realidad.

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“La religión no es sólo una, hay cientos.
La Espiritualidad es una.

La religión es para los que duermen.
La Espiritualidad es para los que están despiertos.

La religión es para aquellos que necesitan que alguien les diga qué hacer y quieren ser guiados.
La Espiritualidad es para aquellos que prestan atención a su voz interior.

La religión tiene un conjunto de reglas dogmáticas.
La Espiritualidad invita a razonar sobre todo, a cuestionar todo.

La religión amenaza y asusta.
La Espiritualidad da Paz interior.

La religión habla de pecado y culpa.
La Espiritualidad dice: “aprender del error”.

La religión reprime todo, y en algunos casos es falsa.
La Espiritualidad trasciende todo, te muestra la diferencia entre la realidad y la Verdad!

La religión no es Dios.
La Espiritualidad es todo y, por tanto, es Dios.

La religión inventa.
La Espiritualidad encuentra.

La religión no pide ninguna pregunta.
La Espiritualidad cuestiona todo.

La religión es humana, es una organización con reglas.
La Espiritualidad es Divina, sin reglas.

La religión es la causa de las divisiones.
La Espiritualidad es la causa de la Unión.

La religión te busca para que creas.
La Espiritualidad necesita que investigues que busques.

La religión sigue los preceptos de un libro sagrado.
La Espiritualidad busca lo sagrado en todos los libros.

La religión se alimenta del ego.
La Espiritualidad nos permite trascender.

La religión nos hace renunciar al mundo.
La Espiritualidad nos permite vivir en Dios, no se da a él.

La religión es el culto.
La Espiritualidad es la meditación.

La religión nos hace soñar la gloria y el paraíso en el futuro.
La Espiritualidad nos permite vivir la gloria y el paraíso aquí y ahora.

La religión se alimenta del miedo.
La Espiritualidad verifica y se alimenta de la confianza y la fe.

La religión está viviendo en el pensamiento.
La Espiritualidad es vivir en la conciencia.

La religión se ocupa de hacer.
La Espiritualidad tiene que ver con el ser.

La religión vive en el pasado y en el futuro.
La Espiritualidad vive en el presente.

La religión en-claustra nuestra memoria.
La Espiritualidad libera nuestra conciencia.

La religión cree en la vida eterna.
La Espiritualidad nos hace conscientes de la vida eterna.

La religión promete después de la muerte.
La Espiritualidad es encontrar a Dios en nuestro interior durante toda la vida.

No somos seres humanos que pasamos por una experiencia espiritual…
Somos seres espirituales que pasamos por una experiencia humana”

Teilhard de Chardin

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Se nota muchísimo la diferencia, en cualquier tema, cuando alguien habla desde su propia reflexión o experiencia, y cuando se habla repitiendo los argumentos y frases que otros han dicho sobre ese tema. Y esto último se nota tanto a nivel individual como a nivel de grupo, porque parece que todos se han aprendido la misma lección y no son capaces de decir otra cosa. Por el contrario, cuando se habla desde la propia reflexión o experiencia, se podrá estar o no de acuerdo con lo que esa persona dice, pero por lo menos se reconocerá que habla por sí misma y no por boca de otros.

Hemos llegado al final del año litúrgico y lo culminamos con la solemnidad de Cristo Rey. Como repetiremos varias veces durante la Eucaristía, tanto en los textos eucológicos como en la Palabra de Dios, hoy afirmamos que Jesucristo es Rey del Universo, que es nuestro Rey, que somos ciudadanos de su Reino.

Pero hoy debemos sentirnos cuestionados por la pregunta que Jesús ha hecho a Pilato: ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? Porque como ocurre con otras celebraciones y verdades de fe, quizá hemos aprendido este título de Jesucristo y lo repetimos, pero sin haber reflexionado personalmente lo que significa que Jesucristo sea el Rey del Universo, nuestro Rey.

Después de estos meses celebrando la Eucaristía, teniendo tiempos de oración individual y comunitaria, formándonos en los Equipos de Vida, y procurando actuar con un estilo de vida acorde con el Evangelio… ¿De verdad Jesucristo es mi Rey? ¿De verdad reina en mi vida?

La 2ª lectura decía: Aquél que nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino. ¿Me siento amado por el Señor? ¿Me siento perdonado por Él? ¿Cómo tengo presente su entrega en la Cruz? ¿Todo esto me hace vivir de otro modo, como ciudadano de su Reino?

Y en el Evangelio, Jesús decía a Pilato: Mi reino no es de este mundo. ¿Pienso que el Reino de Dios es algo actual, que tiene incidencia en la vida personal, social, política, económica…, o que es algo que no tiene nada que aportar a este mundo? En la práctica, ¿mi escala de valores, mis criterios… son los de “este mundo” o los de Jesús y su Evangelio?

Y después Jesús decía: Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. ¿Caigo en el relativismo, pienso que hay diferentes “verdades”, que cada uno tiene “su” verdad? ¿Reconozco que la Verdad es Cristo y su Evangelio, y procuro escucharle para que la Verdad rija mi vida, y así Cristo pueda reinar en mí?

En el Prefacio escucharemos las características del Reino de Dios: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz. Si Cristo reina en mí, ¿cómo se me nota, cómo hago vida su reinado? En lo cotidiano de mi vida, ante personas y circunstancias concretas, ¿qué estoy haciendo para que su Reino vaya creciendo y transformando la sociedad? ¿Me esfuerzo para que haya más verdad, más vida, más santidad, más gracia, más justicia, más amor y más paz?

Es necesario que, en todos los temas que conciernen a nuestra vida, “hablemos por nuestra cuenta”, que tengamos ideas y criterios propios y no “los que otros nos han dicho”. Por tanto también en lo referente a la fe debemos aplicarnos este principio. No es aceptable hoy en día contentarse con unos contenidos de fe “aprendidos” y con una vivencia irreflexiva de los mismos.

El inicio de un nuevo año litúrgico, con el tiempo de Adviento, puede ser la ocasión para aprovechar las ocasiones que se nos ofrecen para que Cristo reine en nosotros, para ser cristianos maduros en su fe, para que se nos note que hablamos por nuestra cuenta cuando tengamos que dar razón de la misma, y que no nos limitamos a repetir lo que otros nos han dicho.

Tengamos presentes las palabras que el Papa San Pablo VI dijo en Evangelii Nuntiandi: Tácitamente o a grandes gritos, pero siempre con fuerza, se nos pregunta: “¿Creéis verdaderamente en lo que anunciáis? ¿Vivís lo que creéis? ¿Predicáis verdaderamente lo que vivís? Sin andar con rodeos, podemos decir que en cierta medida nos hacemos responsables del Evangelio que proclamamos (76). Para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana. El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio. (41).

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