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Archive for the ‘Documentos reflexión’ Category

Dios es el Padre bueno que se entusiasma cuando recupera al hijo que vuelve, el pastor contento que se echa a los hombros a la oveja perdida, la mujer alegre por recuperar la moneda; Dios es el hermano amoroso que cura las heridas con solicitud, como el buen samaritano, el juez benigno que absuelve a la mujer adúltera, el médico que cura cuerpos y almas, lepra y pecado. Dios es el Maestro interior que mueve a las almas a obras mayores que las de Cristo (cfr. Jn 14, 12) y a proclamar las maravillas de su misericordia. Vivir, por tanto, a la escucha de Dios es vivir siendo partícipes de la alegría de Dios.
El Papa Francisco trató de hacer particularmente conscientes a la comunidad cristiana de la alegría del evangelio, en su exhortación Evangelii Gaudium. Allí, el Sumo Pontífice fundamenta la alegría de los hombres en el amor de un Diso que se adelanta. «Nosotros amemos a Dios, porque Él nos amó primero», reza el discípulo amado (1 Jn 4, 19). Haciendo uso de un neologismo, el Papa Francisco habla de que Dios primerea en el amor. Va por delante, y ese es el fundamento de toda confianza y de cualquier alegría.
Primerear es el fundamento de la acción del discípulo: se sale al encuentro del otro porque antes Dios me buscó a mí. «La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cfr1Jn 4, 10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, sair al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos un poco más a primerear!» (EG 24).
La tarea del acompañamiento espiritual consiste en dejar resonar la voz de Dios en el alma, y está muy centrada en todo aquello que habla de la relación del hombre concreto con Dios mismo: oración, vida de sacramentos, recogimiento, consideraciones interiores, lecturas espirituales, trabajo y quehacer profesional.
Con todo, eso no basta. Como subraya el Papa Francisco, la genuina experiencia del encuentro con el amor primero mueve a ser primeros al modo de Dios: primeros en el servicio, en la caridad, en los más pobres, en el apostolado. De todo esto también ha de hablar en el coloquio espiritual: de otro modo, puede quedar reducido al estrecho marco de nuestras metas, y no llegará a ser verdaderamente de Dios.
En el acompañamiento espiritual, es necesario hablar de la extensión del reino de Dios y del apostolado, como si se tratara de un anticipo de la conversación final. «Cuando, en el ocaso de la vida, se nos pregunte si hemos dado de comer al hambriento y de beber al sediento», afirma el Papa Francisco con ocasión de la reunión plentaria de la Doctrina de la Fe, «también se nos preguntará si hemos ayudado a las personas a salir de sus dudas, si nos hemos comprometido a acoger a los pecadores, amonestándolos o corrigiéndolos, si hemos sido capaces de luchar contra la ignorancia, especialmente la relativa a la fe cristiana y a la vida buena».
La suma de estas consideraciones pone en evidencia el carácter antecedente, consecuente y subsiguiente de la gracia de Dios. El Dios tres veces Persona nos amó primero y continúa amándonos. Los dones de su gracia nos abren a la victoria de Dios, aun en medio del fracaso má saparente. El futuro, como todo lod emás, está en sus manos. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo lo dibujarán en nuestras vidas según los trazos de su infinito amor. Tratar de preverlo no es tarea humana; es solo divina, y se forja en el trato directo amoroso con él.
Cuenta conmigo, Fulgencio Espa
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El tema 29 del Itinerario de Formación Cristiana para Adultos “Ser cristianos en el corazón del mundo” se titula: “El Dios en el que creemos los cristianos”, y en su introducción indica que se van a considerar las características del Dios en el que creemos los cristianos: el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Dios que ha enviado a nuestros corazones el Espíritu Santo, el Dios que en sí mismo es Amor. Al leer este párrafo, en el Equipo de Vida se apuntó que esta afirmación, siendo verdadera, es difícil de explicar a personas que atraviesan situaciones de mucho sufrimiento. Y surgen preguntas: ¿Cómo vamos a decirles que Dios es Amor? ¿Por qué, si es Amor, no hace algo y no impide tanto dolor?

Pero el tema continúa: Este Amor, no cualquiera, sino el que se revela en Jesucristo… El Dios en el que creemos no es un amor semejante al que nosotros conocemos: es un Amor que va más allá de lo que podemos imaginar, y para que creamos en ese Amor, se nos ha dado a conocer en Jesucristo.

Y la Palabra de Dios de este domingo nos ofrece algunas indicaciones para entrar en ese misterio de Amor que es el Dios en el que creemos los cristianos. En el Evangelio, Jesús decía: el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.El Dios en el que creemos se ha encarnado, se ha hecho hombre en Jesucristo para dar su vida por nosotros: es un Amor entregado hasta el extremo.

Como recordaba la 2ª lectura, el Dios en el que creemos, al Encarnarse, no ha permanecido apartado de lo que conlleva la condición humana, limitándose a decir bonitas palabras: No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades. Él ha querido experimentar el dolor y el sufrimiento en toda su dureza y crudeza: ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. El Dios en el que creemos, que es Amor encarnado, no explica el porqué del dolor y del sufrimiento, sino que lo asume, lo hace suyo, situándose junto a quienes lo padecen, “compadeciendo”, sintiendo y sufriendo con ellos.

Pero este “compadecer” va más allá de ser un mero acompañamiento o solidaridad con los que sufren, como cuando nosotros “acompañamos en el sentimiento” a alguien. El Dios en el que creemos, al dar su vida en rescate por muchos, da un sentido al dolor y al sufrimiento, como hemos escuchado en la 1ª lectura, en ese cuarto cántico del Siervo del Señor. Comienza afirmando con crudeza: El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. El Siervo, figura de Jesús, atraviesa una situación terrible, como tantos que son “triturados” por las circunstancias de la vida; pero Jesús ha venido a dar su vida en rescate por

muchos, y por eso indica el profeta: cuando entregue su vida como expiación… lo que el Señor quiere prosperará por sus manos. A causa de los trabajos de su alma, verá… El Dios en el que creemos, que se revela en Jesucristo, y que porque es Amor se entrega hasta el extremo por nosotros, nos muestra que el sufrimiento y el dolor no son estériles y sin sentido. Unidos a Él, el Siervo que ha sido triturado, probado en todo exactamente como nosotros, veremos que se cumple lo que indica la traducción de este pasaje en la Biblia de La Casa de la Biblia: Después de una vida de aflicción, comprenderá que no ha sufrido en vano (Is 53, 11). El misterio del dolor y del sufrimiento sigue siendo un misterio pero Jesucristo, al dar su vida, nos ofrece una luz de esperanza, y por Él podemos creer en el Dios Amor, porque no es un Amor cualquiera sino el que se revela en Jesucristo.

¿Me he preguntado alguna vez cómo afirmar que Dios es Amor? ¿Creo que el dolor y el sufrimiento pueden tener un sentido gracias a Jesucristo, si nos unimos a Él?

Cuando nos encontremos con quienes padecen sufrimiento y dolor, y nos preguntemos cómo podemos decirles que el Dios en el que creemos es Amor, tengamos presente a Jesucristo dando su vida por todos, y también estas palabras de Benedicto XVI: Con frecuencia, la raíz más profunda del sufrimiento es precisamente la ausencia de Dios (…) El amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar. El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuándo es oportuno callar sobre Él, dejando que hable sólo el amor. Sabe que Dios es amor (1 Jn 4, 8) y que se hace presente justo en los momentos en que no se hace más que amar. En consecuencia, la mejor defensa de Dios y del hombre consiste precisa- mente en el amor (Dios es Amor, 31.c).

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Confiar en la gracia es, además, garantía de éxito. En palabras de Benedicto XVI, Dios no fracasa. Esa es nuestra esperanza. Con motivo de la Misa celebrada el 7 de noviembre de 2006 con los obispos suizos, el papa Benedicto ilustró maravillosamente esta incapacidad de fracasar por parte de Dios. Fue una homilía «sin papeles», que brotaba del corazón del Pontífice, y conforma una pieza de extraordinario mérito y belleza.
Parece que el hombre en sus inicios, a través del pecado original, pudo arruinar los planes de Dios. Adán pecó, dando la impresión de la derrota de Dios en el inicio de una historia de pecado. Muchas personas dan la espalda a Dios, y sociedades enteras que un día creyeron en Él reniegan actualmente de su nombre. Lo vemos a diario en nuestros entornos profesionales o personales. Es muy difícil encontrar una sola familia donde la totalidad de sus miembros se encuentre en un minimo de relación con Dios. Eso es cosa del pasado.
Sin embargo, la victoria del enemigo no es verdadera victoria. Dios, perfecto director de las almas, respeta la libertad del hombre, aun cuando se le oponga; e inventa nuevos caminos para la caridad, porque su amor es siempre creativo.Él siempre busca nuevos modos de llegar a cada corazón y al mundo entero, apostilla Benedicto XVI.
Dios no facasa porque es capaz de vencer por medio de la humildad y obediencia. En el Calvario, cuando fue brutalmente crucificado, cuando más acabado y sin futuro aparece, más victorioso se levanta por toda la eternidad. Su amor siempre puede más.
Ante el continuo y aparente fracaso de Cristo en Occidente, Benedicto XVI invita a tomar un camino concreto para procurar la victoria del Amor: la identificación con Él; la identificacicón con su humildad. «Aprended a pensar como pensaba Cristo; aprended a pensar como él», exhortaba el Romano Pontífice. «Aprendemos los sentimientos de Jesucristo cuando aprendemos a pensar como él y, por tanto, cuando aprendemos a pensar también en su fracaso, en su experiencia de fracaso, y en el hecho de que incrementó su amor en el fracaso. Si tenemos sus mismos sentimientos, si comenzamos a ejercitarnos en pensar como él y con él, entonces se despierta en nosotros la alegría con respecto a Dios, la convicción de que él es siempre el más fuerte. Sí, podemos decir que se despierta en nosotros el amor a él. Experimentamos la alegría de saber que existe y podemos conocerlo, que lo conocemos en el rostro de Jesucristo, el cual sufrió por nosotros. Creo que lo primero es entrar nosotros mismos en contacto íntimo con Dios, con el Señor Jesús, el Dios vivo».
La invitación del Pontífice coincide con aquella de su predecesor: la oración y los sacramentos. «Por eso, creo que debemos esforzarnos sobre todo por escuchar al Señor, en la oración, con una participación íntima en los sacramentos, aprendiendo los sentimientos de Dios en el rostro y en los sufrimientos de los hombres, para que así se nos contagie su alegría, su celo, su amor, y para mirar al mundo como él y desde él».
Con esta invitación a vivir en manos de Dios, sale de nuevo a nuestro encuentro la necesidad de un guía espiritual, que nos introduzca en ese maravilloso abandono en manos del verdadero director de nuestras almas: el Espíritu Santo.

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• En esta ocasión los protagonistas son los Apóstoles y Jesús.

• Dos de los Apóstoles, los hijos del Zebedeo, son más explícitos y le manifiestan a Jesús sus aspiraciones: ser los primeros, pero los demás tenían los mismos deseos, lo que sucede es que no los expresan.

• Al frecuentar a Jesús constatamos que nos ofrece un estilo de vida, unos valores que no suelen ser los de este mundo. No se nos suele decir en nuestros ambientes “El que quiera ser grande, sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero sea esclavo de todos”. Más bien la propuesta suele ser bien contraria a lo que dice Jesús.

• Al escuchar y mirar a Jesús vemos que va por otro camino, tiene un estilo de vida diferente: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen…”

• Todos sus Apóstoles participan de las aspiraciones del mundo y están lejos de la propuesta de Jesús, por eso para ser seguidores de Jesús han de convertirse.

• Por lo que hoy y en otras circunstancias, como en el lavatorio de los pies, observamos que Jesús insiste en que el servicio es una de las actitudes que han de estar presentes en toda comunidad cristiana.

• Y todo ello porque ese ha sido su camino, esa ha sido su manera de hacer:

• “Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.

• Jesús, como hizo su Madre (He aquí la esclava del Señor), ha hecho de su vida un acto de servicio a Dios y a la humanidad.

• En el texto vemos que todos los Apóstoles van por otro camino, totalmente contrario al que vive Jesús.

• Jesús que es un auténtico maestro no desperdicia ninguna ocasión para ejercer su magisterio y como siempre lo hace partiendo de la vida, de lo que ve, de lo que acontece.

• No anda con teorías y abstracciones sino que lo que dice está muy pegado a tierra.

• La Iglesia, toda ella, está llamada a entrar por ese camino del servicio para ser de verdad seguidora de Jesús.

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«Hay una tentación que insidia siempre todo camino espiritual y la acción pastoral misma», afirmaba san Juan Pablo II, «pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar» (NMI 38).
El éxito del acompañamiento espiritual no depende ni única ni principalmente del estilo con que se realiza, la cualidad del director o el lugar donde se lleva a cabo. Cada una de esas cosas gozan de importancia, si bien han de estar enmarcadas en el lugar de la verdadera fecundidad.
«Ciertamente, Dios nos pide una colaboración real a su gracia y, por tanto, nos invita a utilizar todos los recursos de nuestra inteligencai y capacidad operativa en nuestro servicio a la causa del Reino. Pero no se ha de olvidar que, sin Cristo, “no podemos hacer nada” (cfr. Jn 15, 5)». Esta es la radicalidad evangélica: sin Jesús, nada es posible hacer. El acompañamiento espiritual debe poner todo su empeño en conducir al hombre a la escucha de Dios, para poder vivir de Él y con Él.
En muchas ocasiones, la actividad comunitaria —del orden que sea: social, formativo, sacramental– y personal están centradas en hacer cosas: rastrillos, solidaridad, coro, catequesis o formación. También la dirección espiritual. Hacer cosas.  Al comienzo del nuevo milenio, san Juan Pablo II adveritía que, «en la programación que nos espera, trabajar con mayor confianza en una pastoral esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia».
La primacía de la gracia consiste —aun a riesgo de ser redundante— en ser conscientes de que sin Jesús no podemos hacer nada, ni siquiera existir. La dirección espiritual, en este sentido, guarda íntima relación con mostrar el medio esencial que hace posible la amistad con Dios: la oración. Es tarea prioritaria de la dirección espiritual enseñar a escuchar la palabra de Dios, en lo más íntimo del alma. Dejarse acompañar espiritualmente significa abrirse al universo de las cosas de Dios: la oración, los sacramentos, el recogimiento, la piedad… la alegría. En definitiva, la gracia.
«La oración nos hace vivir precisamente en esta verdad»: todo depende de Dios. «Nos recuerda constantemente la primacía de Cristo y, en relación con él, la primacía de la vida interior y de la santidad. Cuando no se respeta este principio, ¿ha de sorprender que los proyectos pastorales lleven al fracaso y dejen en el alma un humillante sentimiento de frustración? Hagamos, pues, la experiencia de los discípulos en el episodio evangélico de la pesca milagrosa: “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada” (Lc 5, 5). Este es el momento de la fe, de la oración, del diálogo con Dios, para abrir el corazón a la acción de la gracia y permitir a la palabra de Cristo que pase por nosotros con toda su fuerza: ¡Duc in altum! En aquella ocasión, fue Pedro quien habló con fe: “en tu palabra, echaré las redes” (ibíd.). Permitidle al Sucesor de Pedro que, en el comienzo de este milenio, invite a toda la Iglesia a este acto de fe, que se expresa en un renovado compromiso de oración».
Dios es quien conoce y gobierna los corazones; el auténtico director y protagonista de la dirección espiritual es la gracia de Dios. Debemos acudir a Él cuando deseemos ser ayudados.
A ejemplo de tantos personajes evangélicos, es necesario postrarse delante de Dios en la súplica de una vida mejor. Gritar al borde del camino en espera de respuesta, como el ciego de Jericó (cfr. Mc 10, 46-52). Responder a Jesús con humildad y perseverancia hasta obtener el don divino, como la mujer Sirofenicia (cfr. Mc 7, 24-30). Ser conscientes de que un poco de Dios es mucho para nosotros, como la enferma de flujos de sangre, conformada con tocar «tan solo el borde del manto» (Mc 9, 21). Sí; ser perseverantes en la relación de Dios, como Marta, María y Lázaro; llorar, como la viuda de Naín, tal vez ya no esperando nada (cfr. Lc 7, 11-17); reír, como los novios de Caná, olvidando quizá la propia obligación… porque Él está aquí; porque Cristo es el principal invitado en la vocación de cada uno (cfr. Jn 2, 1-11). En definitiva, amarle y compartir con él las tardes  del lago, a veces encrespado, a veces calmado y fecundo; y siempre con un Jesús que grita en lo más hondo; ¡rema mar dentro! (cfr. Lc 5, 5).
La preparación interior de quien se inicia o persevera en el camino de la dirección espiritual es ponerse a disposición de la misma gracia que convirtió almas pecadoras en santas, hombres vulgares en extraordinarios, personas temerosas en héroes. En definitiva, tener gran fe en el poder de Dios. Esa misma gracia quiere ser  hoy derramada en cada corazón, y no ha perdido en nada su potencia.
Sucede, para decepción de los que quieren resultados inmediatos, que el extraordinario poder de la gracia no se traduce habitualmente en grandes manifestaciones, sino que se suele delsplegar en medio de lo más normal, entre la muchedumbre de los habituales quehaceres. En síntesis se puede afirmar que la vida cristiana es imitación de la vida de Cristo, que tuvo mucho más de oculta que de llamativa, aun cuando fuera siempre y del todo extraordinaria.
Hoy como entonces, la gracia también busca dar fruto en el desenvolvimiento ordinario de nuestras vidas. En medio de esa cotidiana lucha, la dirección espiritual es un instrumento muy adecuado para evitar que la conciencia se duerma, obviando la consoladora y divina presencia de Dios en lo concreto, y abandonando el proyecto de vivir con finura cada aspecto de obrar diario.
Cuenta conmigo, Fulgencio Espa

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He aquí una selección mínima de libros, clásicos y recientes, sobre la nueva visión ecofeminista. Todos merecen estar en nuestra biblioteca de papel, pero en todo caso están en la red. Los recomendamos vivamente para cambiar nuestra «visión», tanto mediante la lectura/estudio individual, cuanto como texto-base para el diálogo en grupo, la reflexión comunitaria… un capítulo por sesión, por ejemplo.

• El Mito de la Diosa. Evolución de una imagen. Anne BARING y Jules CASHFORD, Siruela, Madrid 2005, 851 pp. En la red.

Considerado una pieza maestra de investigación, sus autoras recopilan los hallazgos arqueológicos de nuestra prehistoria, y ponen a la luz lo femenino en el itinerario mitológico y espiritual de nuestra especie. El resultado es una visión nueva, que rompe el desequilibrio de la dominación masculina que desde hace unos pocos milenios lastra nuestras culturas.

• El cáliz y la espada. Nuestra historia, nuestro futuro. Riane EISLER, Cuatro Vientos, Santiago de Chile 1990, 310 pp, prólogo de H. Maturana. En la red y en youtube.

Este libro popularizó en su momento los hallazgos de una generación de arqueólogos (con Marija Gimbutas a la cabeza) que sacaron a la luz una «Vieja Europa» anterior en varios milenios a la «historia que comienza en Sumer»: culturas desarrolladas, pacíficas, matrilineales… arrasadas luego por las famosas invasiones indoeuropeas que trajeron dioses masculinos guerreros. Hubo un momento en nuestra evolución como especie en que cambiamos nuestra relación con la naturaleza, un desvío que aún debemos desandar…

• Gaia y Dios. Una teología ecofeminista para la recuperación de la Tierra, Rosemary RADFORD RUETHER, DEMAC, México 1993, 318 pp. En la red.

Simplemente, un «clásico» imprescindible. La autora analiza las fuentes históricas de Occidente y encuentra las ideas que causaron la actual situación. Propone entonces una nueva teología desde una nueva actitud ante la vida. Gaia, símbolo del planeta concebido como algo vivo y sagrado, no tiene por qué ser antagónica ante Dios; en algún sentido –dice la autora– «debería remplazar a Dios como objeto de nuestra adoración» (p. 16).

• Sin Visiones nos perdemos. Reflexiones sobre Teología Ecofeminista Latinoamericana. Mary Judith RESS. Conspirando, Santiago de Chile, 2012, 236 pp. En la Biblioteca Virtual de Conspirando.

Aunque la teología de la liberación fue un hito en lo social, hoy necesitamos ir más allá. La teología ecofeminista se abre a nuevos marcos de referencia para la comprensión de la vida, la tierra y los humanos. El libro da cuenta del origen, las fuentes, el desarrollo, y los desafíos de la teología y la espiritualidad eco-feminista. Todo un testimonio vivencial, personal y colectivo. Sumamente recomendable.

• Del Cielo a la Tierra. Antología de teologíafeminista. RESS–SEIBERT–SJØRUP (coords). Sello Azul,Santiago de Chile 21997, 539 pp. En Conspirando.

Ensayos de teólogas de EEUU y de Europa sobre: nuevas imágenes de la divinidad, el sexismo en la cristología, la mariología, la Iglesia…; reconceptualización de las categorías teológicas… Imprescindible.

• Eterno Deseo: Reflexiones para una eco-espiritualidad. Laicos/as de Maryknoll, Conspirando, Santiago de Chile 2011, 150 pp. En la Biblioteca Virtual de Conspirando.

Recursos prácticos de eco-espiritualidad elaborados por los misioneros laicos/as de Maryknoll en Chile: oraciones, pensamientos, celebraciones… desde una espiritualidad eco-centrada. Estructurado en torno a las cuatro estaciones del año, incluye la famosa celebración de la Caminata Cósmica.

El Colectivo CONSPIRANDO ha abierto al público una «biblioteca virtual», ofreciendo en ella gratuitamente sus propios libros y todos los números de su revista, dedicada al ecofeminismo, aquí:

http://conspirando.cl/libros-conspirando Véase también Genesis Library: http://gen.lib.rus.ec y servicioskoinonia.org/BibliografiaNuevosParadigmas.pdf

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Pocos meses después del inicio de la guerra civil española, Manuel García Morente se exiliaba en París «sin dinero, y con el alma transida de angustia y de dolor». Filósofo y ateo, viudo desde 1923, se castigaba en su interior por una preocupación de índole moral: «¿Había hecho bien en abandonar mi casa y a mis hijas y ponerme egoístamente a salvo?»
No quería ni podía permanecer inactivo. Comenzó a hacer las gestiones oportunas para lograr que sus hijas se reunieran con él en Paris. Asimismo, buscó oportunidades profesionales que le permitieran salir del apuro económico. Nada salía como él quería, pero lo cierto es que los problemas se solucionaban por medios del todo insospechados. En poco tiempo tuvo la oportunidad de conseguir la marcha de sus hijas a Barcelona, así como de lograr trabajos remunerados muy distintos de aquellos en los que él había puesto sus esfuerzos.
«¿Quién es ese algo distinto de mí que hace mi vida en mí y me la regala?» Esta pregunta le acompañó durante su estancia en París, y le preparó para el hecho extraordinario de su conversión. Durante tres ocasiones negó expresamente la posibilidad, quizá infantil, de que fuera Dios quien estaba detrás de todas esas «casualidades». «Pero el hecho era evidentísimo»; todo transcurría según un guión perfectamente trazado cuya autoría solo podía obedecer a Alguien trascedente.
Traer a nuestro presente la experiencia de García Morente pone de manifiesto cómo ejerce Dios la guía de nuestras vidas como único director de cada alma. Es cierto que en ocasiones me refiero al acompañante como director espiritual, consciente de que se trata de una referencia válida únicamente si se tiene en cuenta que la voz del acompañante espiritual está llamada a ser eco de la voz divina, reflejo de la tarea del verdadero y único director de toda alma: Dios mismo.
Esta consideración de Dios como único director dibuja la vida espiritual con trazos de extraordinaria humildad: reconocer la acción de Dios y darle gracias, aun en la dificultad. La tarea del acompañamiento espiritual tiene mucho que ver con ese reconocer la acción de Dios en nuestras vidas y hallar la lógica de Dios en nuestro tiempo y en nuestra historia. Dentro de este contexto, el acompañamiento espiritual es dejar que Dios hable, y eso tiene consecuencias muy concretas. El coloquio espiritual está llamado a ser preparado en la «pasividad» de la oración (¿qué piensa Dios de mí?), guarda relación con la búsqueda de una respuesta (¿qué me está pidiendo Dios ahora a través de estos hechos concretos?) y está llamado a ser paciente y esperanzado, porque no siempre es fácil comprender la voluntad de Dios.
De modos distintos, pero convergentes, los tres últimos Pontífices han subrayado esta prioridad de Dios sobre el actuar humano, y lo han expresado de diversas maneras. San Juan Pablo II subrayaba la importancia de la fe en Dios cuando escribía sobre la primacía de la gracia; Benedicto XVI invitaba a la esperanza al afirmar reiteradamente que Dios no fracasa, y el Papa Francisco movía a la caridad como respuesta a un Dios que es primero en el amor.
Estas aportaciones guardan relación íntima con el origen y término de todo acompañamiento espiritual, porque en el tenor de esa conversación el único director formará en nosotros, poco a poco, una inteligencia impregnada por la fe, una memoria transida por la esperanza y una voluntad que vive para el amor.
Cuenta conmigo, Fulgencio Espa

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