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Archive for the ‘Documentos reflexión’ Category

● Empezamos hoy la última semana del año cristiano con la fiesta de Cristo Rey.

● Las lecturas de este domingo nos presentan a Jesús como Señor de toda la Historia, como el pastor de la humanidad.

● Comienza la narración dibujando un escenario grandioso, muy solemne. Todo un relato impresionante.

● Como vemos el billete de entrada en el Reino que el Padre nos tiene preparado consiste en constatar si hemos dado o no de comer, si hemos visitado o no al necesitado, si hemos sido solidarios o no de los menesterosos de nuestro mundo.

● O sea que en ese examen final de nuestra vida seremos examinados de amor.

● Ese será la única asignatura de la que tendremos que dar cuenta.

● Por tanto seremos evaluados de actitudes, de gestos, de comportamientos muy concretos de nuestras vidas.

● Es aleccionador la revelación que hace Jesús: Él está en los demás, en especial Él está en los pobres y en los necesitados.

● Todos estos son un lugar teológico, en el que se encuentra Dios.

● Además de encontrarnos con Dios en la comunidad, en el ministro de los Sacramentos, en la Palabra de Dios, en los Sacramentos especialmente en la Eucaristía, Dios está en los pobres.

● Una razón más tenemos los creyentes en Jesús para fomentar nuestra solidaridad con los que sufren en este mundo.

● Según el relato ni los unos ni los otros cayeron en la cuenta de la presencia de Jesús en los que sufren.

● Según el evangelista lo que hacemos a los pobres lo hacemos al mismo Cristo

● El prójimo por tanto es también un camino directo para llegar a Dios. El rostro de Dios se encuentra en el dolor del mundo.

● ¿No es ese el camino, el estilo de vida, las actitudes que Jesús vivió en este mundo?

● Carlos de Foucauld decía que este texto era el que más le había impresionado de todo el Evangelio.

● Y todo esto la Iglesia nos lo recuerda el último domingo del Año Litúrgico, como una síntesis de todo el año.

 

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Desde hace unos años se han popularizado en las cadenas televisivas los llamados “concursos de talentos”, que son programas en los que los concursantes muestras sus habilidades, capacidades, destrezas… en un determinado ámbito: la canción, la cocina, la magia, la interpretación, el circo, el baile… Normalmente en estos concursos hay un jurado que se encarga de evaluar a los concursantes, a veces con mucha dureza e incluso con manifiesto desprecio. Son muchas las personas que pasan por estos concursos, pero muy pocos los que realmente alcanzan la fama o el premio deseado: todos los demás, a pesar de sus esfuerzos, desaparecen y nadie se acuerda de ellos.

En el Evangelio de hoy hemos escuchado la parábola de los talentos, en la que Jesús nos recuerda que tenemos que aprovechar bien el tiempo de nuestra vida y poner nuestras habilidades y capacidades al servicio del Reino. Y parece que Jesús, con esta parábola que hemos escuchado, está hablando de llevar a cabo nuestro compromiso como una especie de “concurso de talentos”. En la parábola, los concursantes serían los empleados, y el jurado sería el señor de esos empleados.

Cada uno de los “concursantes” tiene unos talentos: a uno le dejó cinco, a otro dos, a otro, uno. Cuando al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados, se puso a ajustar las cuentas con ellos. Ha llegado el momento de que los “concursantes” muestren su habilidad ante el “jurado” para que éste emita el voto correspondiente.

El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. Y el “juez” emite su voto: Muy bien, eres un empleado fiel y cumplidor… El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. Y el “juez” también emite su voto: Muy bien, eres un empleado fiel y cumplidor… Pero el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Y el “juez” emite también en este caso su voto, esta vez negativo, y además con dureza: Eres un empleado negligente y holgazán.

Hasta aquí, todo podría parecer similar a un concurso de talentos: hay uno que ha obtenido la mejor puntuación y gana el primer premio, otro obtiene menos puntuación y gana el segundo premio, y otro es rechazado por el jurado y pierde todo (Quitadle el talento).

Pero Jesús precisamente nos dice que nuestra vida no es como un concurso de talentos, a ver quién se lleva el primer premio. Es verdad que cada uno tenemos unos talentos, unas capacidades, unas habilidades que tenemos que poner en práctica, porque para eso nos han sido dadas. Es verdad que hay un “jurado”, que es Dios, a quien deberemos mostrar lo que hemos hecho con esos talentos.

Pero si nos fijamos en la parábola, la respuesta, el “voto” que el “juez” da a los dos primeros “concursantes” es exactamente el mismo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante. No hay un primer y segundo premio; nuestra vida no es un concurso, menos aún una competición, a ver quién “gana”. Dios lo que espera de nosotros es que trabajemos por su Reino, cada cual según su capacidad, porque si lo hacemos así, para Él todos seremos ganadores y mereceremos el mismo “premio”: pasa al banquete de tu señor.

Lo que no hay que hacer es quedarse sin hacer nada, como el tercer “concursante”, que hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. No hay que tener miedo al compromiso por el Reino.

Y poner nuestros talentos al servicio del Reino de Dios no significa que tengamos que hacer obras excepcionales. La 1ª lectura, con ese elogio de la mujer hacendosa, nos recuerda que las tareas cotidianas, las menos valoradas como son por ejemplo las domésticas, son ocasión para que en ellas pongamos en práctica nuestros talentos siendo fieles en lo poco, pero que es grande para Dios.

¿Sé cuáles son mis talentos? ¿Los he puesto al servicio del Reino, o los mantengo “enterrados”? ¿Procuro ser fiel en lo poco de lo ordinario y cotidiano de mi vida?

Nuestra vida no es un concurso de talentos, pero como nos recordaba san Pablo, un día compareceremos ante Dios para darle cuenta de nuestro actuar. Pongamos en práctica nuestros talentos, sin miedo al compromiso por el Reino, para poder escuchar que el Señor nos dice: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor… has sido fiel en lo poco… pasa al banquete de tu Señor.

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● Nos encontramos al final del año litúrgico.

● Jesús nos ofrece una parábola para transmitirnos su oferta a la vigilancia activa.

● Esta parábola de los talentos es una invitación que Jesús nos hace a estar vigilantes mientras esperamos el regreso del Señor Resucitado.

● No sabemos cuando será su venida, mientras tanto se nos ofrece cooperar en la obra de Dios.

● Hay que decir que los talentos de los que nos habla la parábola no son ante todo bienes materiales.

● Principalmente los talentos son: el haber sido hechos hijos de Dios, la vida de Dios, el seguimiento de Jesús, Jesucristo, etc.

● También hay otros muchos dones que hemos recibido: la Palabra de Dios, la Eucaristía, la vida, el mundo que nos rodea, la comunidad, la familia, la creación… y tantas cualidades personales que cada uno poseemos.

● Como se ve en el relato los dos primeros servidores fueron responsables y cooperaron con los dones recibidos.

● Y el Señor alaba su comportamiento y les premia por haber sido creativos y haber cooperado en lo que Dios les había dado.

● Ese es el ideal que nos propone la parábola.

● La colaboración humana es imprescindible, viene a decirnos la parábola.

● Ciertamente el protagonismo mayor lo tiene el Señor que da los dones, pero como se ve a ese don hay que corresponder.

● El tercer servidor fue un perezoso, no cooperó, fue un irres- ponsable ante el don que recibió.

● Todos hemos recibido muchos dones para nosotros y de una forma especial para el mundo, para los demás, para el reino de Dios.

● ¿Qué hacemos de esos dones que Dios nos ha dado?

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● Los textos de estos últimos domin- gos del año litúrgico nos llevan a reflexionar acerca de los últimos acontecimientos finales de la vida como son: la muerte, la segunda venida de Cristo, el juicio final, etc.

● Todo ello nos invita a vivir la vida con la esperanza puesta en el encuentro definitivo con el Señor, para ello hemos de estar preparados.

● No hemos de vivir la vida con miedo, sino con esperanza y con alegría, Lo que nos espera es algo muy bueno.

● El texto, tal como nos lo presenta Mateo, se centra sobre todo en el hecho de que hemos de estar preparados, en el hecho de que la puerta puede estar cerrada y no podremos entrar al convite, a la fiesta, sino estamos preparados. Es lo del aceite de las lámparas.

● La última venida de Cristo no debe quitarnos el sueño no puede hacer que vivamos con ansiedad, lo que sí que ha de producir en nosotros es un compromiso serio de prepararnos para ese encuentro definitivo, o sea vivir el presente con responsabilidad, eso es suficiente.

● Según el relato de San Mateo los protagonistas de esta boda curiosamente no son los novios sino unos personajes secundarios que son las amigas de la novia que esperan al novio. Ellas son diez y el relato las divide: cinco prudentes y cinco necias.

● Con lo que se nos hace una invitación a identificarnos con las prudentes.

● A las necias se les reprocha no estar provistas de aceite y por tanto no tener las lámparas encendidas cuando llega el esposo. No están preparadas.

● ¿Qué puede significar el aceite para las lámparas?

● Posiblemente el amor, la caridad que es la condición imprescindible para entrar en el Reino, para participar en las bodas. Y eso es intransferible o lo tiene uno o no lo tiene, no se puede compartir con otros es algo personal.

● De ahí que la actitud de las prudentes sea correcta.

● Por ello el que les digan que vayan a procurarse del aceite no es un acto de egoísmo, porque se trata de algo intransferible, propio de cada uno.

● La práctica del amor es ese aceite que no puede faltar en quienes desean estar con el novio, que es Jesucristo.

● Las necias deberán escuchar esa tremenda afirmación: no os conozco.

● Todo ello nos invita a estar preparados, no sólo no sabemos ni el día ni la hora sino que además hemos de estar preparados, como se nos dice en otra parábola con aquello del vestido de bodas.

● Hay que tener las lámparas encendidas, y para ello tener el aceite suficiente, el amor, para alimentar cada uno su lámpara.

● Consecuentemente la única actitud válida delante de la llegada de la parusía es disponerse mediante una vigilancia activa.

● Al discípulo no le es suficiente estar a la espera del novio que viene. Tiene además que estar convenientemente preparado.

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Todos conocemos a personas de las que decimos que son “figuras”, ya sea del cine, del deporte, de las artes, de las ciencias… Con eso queremos decir que son personas relevantes, que destacan en esas actividades, y no necesitan alardear de ello porque sus méritos son patentes a todos. Pero seguro que también conocemos “figurones”, personas engreídas que quieren aparentar más de lo que son, que se dan mucha importancia ante los demás pretendiendo pasar por “figuras”, pero en realidad no tienen esas capacidades, méritos y aptitudes de que presumen.

Nuestra sociedad está dominada por la imagen, y también por la falta de reflexión y criterios para contrastar las informaciones que nos llegan, sobre todo debido al excesivo protagonismo que se ha dado a las llamadas redes sociales. Y eso favorece que abunden los figurones.

Precisamente hoy en el Evangelio Jesús nos previene contra los figurones: Todo lo que hacen es para que los vea la gente. Debido a esa imagen que transmiten de palabra y de obra, los figurones pueden resultar muy llamativos (alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto), incluso atrayentes, pero sólo buscan ser el centro de atención (les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas) y, como advertía Jesús, ellos no hacen lo que dicen.

Jesús nos advierte del cuidado que debemos tener con los figurones, pero añade otras recomendaciones que pueden resultarnos chocantes: no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro… no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra… no os dejéis llamar jefes… Todos hemos tenido nuestros maestros, nuestro padre, nuestros jefes… ¿cómo no vamos a llamarles con esos nombres?

Jesús está haciendo referencia a esas figuras que son relevantes en la vida de cualquier persona: el maestro, el padre, el jefe… Unas figuras que, cuando ejercen bien su función, son necesarias y favorecen el buen desarrollo de la persona; pero si estas figuras ejercen sus funciones desde el egoísmo, el abuso o la tiranía, provocan enormes daños en las personas.

Con estas palabras, Jesús quiere prevenirnos también contra la tentación de ir nosotros de “figurones” por la vida, pretendiendo asumir ante los demás una posición de relevancia que en realidad no nos corresponde, y menos aún hemos de pretender ejercer algún poder o dominio sobre los demás.

Por eso después de cada una de esas “figuras” nos ha ido recordando: uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos… uno solo es vuestro Padre, el del cielo… uno solo es vuestro Señor, Cristo. Él es la única “Figura” relevante que debemos tener siempre presente y a quien hemos de obedecer. Y, desde Él, valorar y agradecer la presencia de otras “figuras” destacadas o relevantes para nosotros, pero sin dejar que tengan en nuestra vida el lugar y la importancia que sólo Dios debe ocupar.

¿Conozco a figuras destacadas del deporte, de las ciencias, de las artes…? ¿Qué “figurones” conozco? ¿Me dejo llevar por su imagen, o sé reconocer que todo es apariencia? ¿Tengo la tentación de ir de “figurón” por la vida? ¿Pretendo asumir funciones de “maestro, padre o jefe” de alguien, sin que me corresponda? ¿He sufrido a quienes han ejercido mal esas funciones?

Es muy fácil dejarnos engañar por los “figurones”, y también es muy fácil caer en la tentación de ir nosotros de “figurones” por la vida. Por eso siempre debemos tener presente que sólo Dios es la “Figura” de nuestra vida, una Figura que no ejerce su poder desde el autoritarismo y la prepotencia, sino “despojándose de su rango, tomando la condición de esclavo y pasando por uno de tantos, actuando como un hombre cualquiera” (cfr. Flp 2, 67).

Es verdad que estamos rodeados de figurones y podemos tener la tentación de serlo, pero Jesús nos ha indicado el “antídoto”: El primero entre vosotros será vuestro servidor. Cada día se nos van a presentar múltiples ocasiones de servir a los demás; aprovechémoslas porque así estaremos siguiendo el ejemplo de Cristo, que no ha venido al mundo para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por todos (Mt 20, 28) y por eso Él es la única Figura que debe orientar nuestra vida.

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● Mateo presenta las enseñanzas de Jesús a lo largo de su Evangelio en cinco discursos; las palabras de hoy entran dentro del quinto discurso de Jesús.

● También estas palabras de Jesús hay que escucharlas y acogerlas con suma atención. Son una crítica dura que continúa teniendo su actualidad.

● Jesús no sólo hace milagros o dice bienaventuranzas. Como vemos hoy es sumamente crítico y por tanto duro con un grupo de personas.

● ¿Quiénes son estas personas a las que Jesús dirige su crítica?

● Son los maestros de la Ley y los fariseos. No pone en cuestión su autoridad magisterial, reconoce su autoridad.

● ¿Qué es lo que les critica?

● Su crítica hace referencia:

1º.- A que son incoherentes, dicen, enseñan buenas cosas pero no hacen lo que dicen. Su doctrina es buena pero su práctica contradice lo que enseñan, deja mucho que desear. Jesús no ataca pues las enseñanzas de los escribas y fariseos sino su incoherencia. Además ponen en las espaldas de la gente sencilla cantidad de preceptos que son como un peso que no pueden soportar. Jesús frente a esta manera de actuar les dirá “mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

Es muy válida esta reacción de Jesús; hoy también se valora ante todo los hechos, mucho más que las palabras.

2º.- Jesús critica el exhibicionismo de estas personas. Lo que hacen tiene una sola finalidad: ser vistos, buscar el reconocimiento. Se sirven de la práctica religiosa para ser reconocidos, para cosechar el aplauso de las gentes. Están animados por el deseo de aparecer como buenos, buscando afanosamente con todo ello el aplauso de las personas.

Las filacterias son pequeñas cápsulas forradas de piel, que contienen tiras de pergamino con textos de la Ley.

3º.- Jesús critica su vanidad, su búsqueda afanosa en ocupar los primeros lugares y ser llamados “maestros”… Para los seguidores de Jesús hay un solo maestro: Jesús. Y un sólo Padre, el del cielo.

Frente a este planteamiento Jesús ofrece su plan: “Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestros porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro padre, el del cielo.

No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo.”

● Por tanto Jesús aboga por que todas las personas sean tratadas como hermanas y quiere que la preocupación de los suyos se centre en intentar ser servidores, como fue su vida.

● Por tanto la oferta de Jesús es totalmente opuesta a la que vivían los maestros de la Ley y los fariseos.

● Esta es la verdadera grandeza evangélica: “El primero entre vosotros será vuestro servidor”. Un planteamiento el de Jesús revolucionario, novedoso.

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Tal como señalábamos la semana pasada, hay algunas cuestiones que surgen de forma recurrente en las reuniones de formación. Una es cómo podemos saber lo que Dios espera de nosotros, a la que ya dimos respuesta el domingo pasado. Y otra es la dificultad para amar al prójimo, sobre todo en algunos casos en los que reconocemos que “no nos sale” ese amor. No le deseamos ningún mal, pero tampoco le amamos; a veces incluso no experimentamos ningún sentimiento hacia él.

De ahí que, al escuchar a Jesús afirmar el Evangelio de hoy que el mandamiento principal de la Ley es Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón… pero añadiendo inmediatamente: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, y que estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas, nos entra un sentimiento de culpabilidad y mala conciencia, porque la primera parte quizá la podemos asumir, pero la segunda no. ¿Cómo podemos cumplir entonces las dos partes de este mandamiento?

El Papa Benedicto XVI, en su encíclica Dios es amor, recoge esta cuestión y plantea dos objeciones contra el doble mandamiento del amor (16): Nadie ha visto a Dios jamás, ¿cómo podremos amarlo? Y además, ¿se puede mandar el amor? Porque el amor no se puede mandar; a fin de cuentas es un sentimiento que puede tenerse o no, pero que no puede ser creado por la voluntad.

El Papa es realista en su planteamiento, pero para que no nos quedemos sólo en la primera parte del mandamiento, nos recuerda citando a san Juan: «Si alguno dice: ‘‘amo a Dios’”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4, 20).

Y para que descubramos que sí podemos cumplir las dos partes del mandamiento del amor, indica a continuación (17): es verdad que nadie ha visto a Dios tal como es en sí mismo. Y, sin embargo, Dios no es del todo invisible para nosotros. Este amor de Dios ha aparecido entre nosotros, se ha hecho visible: en Jesús podemos ver al Padre. De hecho, Dios es visible de muchas maneras. Siempre viene a nuestro encuentro a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía. En la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también a reconocerla en nuestra vida cotidiana.

El Papa nos invita a afrontar el doble mandamiento del amor desde esta “visibilidad” de Dios en nuestra vida, recordándonos cuando no podemos sentir amor hacia el prójimo que (17) Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. Él nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este «antes» de Dios puede nacer también en nosotros el amor como respuesta.

Y puesto que el rostro de Dios es Jesús, continúa (18): es posible el amor al prójimo, por Jesús. En Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo con Dios. Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita.

Y como consecuencia, como dice el Papa Francisco en Evangelii gaudium (272): Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios. Cada vez que se nos abren los ojos para reconocer al otro, se nos ilumina más la fe para reconocer a Dios.

¿Cómo manifiesto a Dios el amor que siento por Él? ¿Cómo manifiesto el amor al prójimo? ¿Hay algún “prójimo”, individual o colectivo, al que me doy cuenta que no amo? ¿Qué presencias visibles de Dios descubro en mi vida? ¿Cómo cuido el encuentro íntimo con Dios, tanto para descubrir su amor por mí, como para ver al prójimo desde la perspectiva de Jesucristo?

La Eucaristía es el Sacramento del Amor, la presencia real de Cristo que actualiza su entrega por amor. Necesitamos vivir la Eucaristía y vivir de la Eucaristía para cumplir el doble mandamiento como nos recuerda Benedicto XVI (1): ahora el amor ya no es sólo un «mandamiento», sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro. (18): Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables, son un único mandamiento. Pero ambos viven del amor que viene de Dios, que nos ha amado primero. Así, pues, no se trata ya de un «mandamiento» externo que nos impone lo imposible, sino de una experiencia de amor nacida desde dentro, un amor que por su propia naturaleza ha de ser ulteriormente comunicado a otros.

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