Lectio Divina – Domingo IV de Tiempo Ordinario

Invocación al Espíritu Santo:

Espíritu Santo, inspíranos, para que pensemos santamente. Espíritu Santo, incítanos, para que obremos santamente. Espíritu Santo, atráenos, para que amemos las cosas santas. Espíritu Santo, fortalécenos, para que defendamos las cosas santas. Espíritu Santo, ayúdanos, para que no perdamos nunca las cosas santas.

Lectura. Mateo capítulo 5, versículos 1 al 12:

Cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

“Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

Las palabras de Jesús tienen un marco solemne: desde un monte, sentado, cerca de sus discípulos, rodeado de las multitudes que lo siguen y en actitud de enseñar. Mateo va señalando las pistas que conducen a la verdadera felicidad. Resume en ellas llamando dichosos a los que viven la pobreza, como actitud religiosa de desprendimiento y dependencia de Dios, e invita a adoptar esta misma actitud a todos aquellos que quieran tener parte en el mismo reino. Las bienaventuranzas aparecen como pautas para el comportamiento cristiano.

Meditación:

La conmemoración de todos los santos debe ser para nosotros un día de paz y alegría; Cristo, que el día de su Ascensión regresó a la morada definitiva, no lo hizo solo. Fue el primero de un gran cortejo que por su gracia seguirían todos los santos.

Nosotros también somos miembros de ese honorable cortejo, somos Cuerpo Místico y herederos del tesoro de la Iglesia que es la Comunión de los Santos, a través de la cual queda establecido un vínculo constante y recíproco de amor entre los bienes que reciba cualquier miembro. ¡Cuántas gracias y dones nos alcanzarán los santos mediante su intercesión! ¡cuántos hermanos, algunos de ellos conocidos, y otros en el más absoluto anonimato, profundizaron en Cristo y caminaron junto a Él hacia la Patria! La misma senda que encontraron ellos ante sus pies, la encontramos nosotros en nuestros días, unas veces llana y otras empedrada.

Dispongámonos a emprender este viaje. El Camino es solo uno, Cristo. No necesitamos equipaje, solo unas instrucciones que Él mismo nos entregó allá en la montaña, donde nos subió, una vez más, para mostrarnos el corazón del Evangelio, el programa de vida de todo cristiano: las Bienaventuranzas.

Me pregunto si lo que escucharon los discípulos allá en lo alto del monte, era lo que esperaban oír. Cristo, que ya les había conquistado con sus enseñanzas y sus sanaciones, había despertado en ellos una especie de añoranza, añoranza de felicidad, de dicha, de paz, en definitiva, de Dios. “Jesús, dinos cómo asemejarnos más a ti. ¡Parece que nada te turba! Dinos, ¿dónde está ese Reino del que tanto nos hablas? ¿Cómo podemos encontrarlo? ¿Dónde se halla?”

Los que seguían a Cristo habían experimentado su amor y sentían la inquietud de buscar el Reino de Dios. Nosotros, detengámonos en este punto y preguntémonos: ¿cuánto conozco yo a Jesús? ¿Le sigo de modo que despierte en mí el deseo de buscar el Reino de Cristo? ¿Me maravillan su presencia, sus palabras, sus acciones? Para poder profundizar en las bienaventuranzas hay que subir primero la montaña siguiendo a Cristo. No se escoge un camino ascendente si no es porque realmente, en la cumbre, se espera alcanzar el éxito. Por eso, me imagino la sorpresa de sus discípulos al escuchar las pautas para alcanzar tan deseado éxito, ¡nada que ver con sus expectativas! Y es que el Reino de Cristo no es de este mundo; para hallarlo, tenemos que vencer al mundo. Cristo ya lo ha hecho y es el auténtico Bienaventurado.

Oración:

Gracias, Señor Jesús, porque proclamándolos dichosos, devolviste la dignidad, el Reino y la esperanza a los que el mundo tiene por últimos e infelices: los pobres y los humildes, los que lloran y sufren, los que tienen hambre y sed de fidelidad a Dios, los misericordiosos que saben perdonar a los demás, los que proceden de un corazón limpio y sincero, los que fomentan la paz y desechan la violencia, los perseguidos por servirte a ti y al Evangelio.

Tú eres el primero que realizaste este programa, y tu ejemplo nos anima a seguirte hasta el final. Tú eres nuestra fuerza. ¡Bendito seas por siempre, Señor!

Contemplación:

Catecismo de la Iglesia Católica numeral 1723: “La bienaventuranza prometida nos coloca ante opciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus malvados instintos y a buscar el amor de Dios por encima de todo… todo radica en Dios, fuente de todo bien y de todo amor”.

Catecismo de la Iglesia Católica numeral 781: “En todo tiempo y lugar ha sido grato a Dios el que le teme y practica la justicia. Sin embargo, quiso santificar y salvar a los hombres no individualmente y aislados, sin conexión entre sí, sino hacer de ellos un pueblo para que le conociera de verdad y le sirviera con una vida santa. Todo esto, sin embargo, sucedió como preparación y figura de su alianza nueva y perfecta que iba a realizar Cristo”.

Oración final:

Señor, ayúdame a meditar sobre la vida eterna. Mi humanidad no se siente atraída por las bienaventuranzas. Lo que ofreces es maravilloso, pero los espejismos del mundo fácilmente atrapan mi empeño. Quiero vivir con el espíritu de las bienaventuranzas para transformarme y renovar a mi familia y a mi entorno social, haz que no tenga otra ilusión que la de ser santo.

Propósito:

Hoy en especial, meditaré las bienaventuranzas, camino seguro para el Cielo y pediré a los santos, a todos, que me ayuden a seguir su ejemplo para ofrecer mi vida, sacrificios, alegrías, a Dios.

Hoy en especial, meditaré las bienaventuranzas, camino seguro para el Cielo y pediré a los santos, a todos, que me ayuden a seguir su ejemplo para ofrecer mi vida, sacrificios, alegrías, a Dios.

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Lectio Divina – Sábado III de Tiempo Ordinario

La divinidad de Jesús transforma nuestras tempestades en calma

Invocación al Espíritu Santo:

Dios tú que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que, animados por este mismo Espíritu, conozcamos la verdad, y gocemos siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Lectura. Marcos capítulo 4, versículos 35 al 41:

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.

De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: “¡Cállate, enmudece!” Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

Tengamos en cuenta que para Marcos es de vital importancia el enunciar los milagros de Jesús, que como manifestación del poder de Dios suscitan la fe en quien los presencia. En esta ocasión toca el turno a la demostración de que el poder de Dios no encuentra límites ante las fuerzas de la naturaleza, sino que estas se someten a la voz de su creador.

Meditación:

Han pasado más de dos mil años desde que Jesucristo fundó la Iglesia. Han pasado más de dos mil años de cristianismo y parece que todo se viene abajo; parece que las nuevas doctrinas religiosas están tomando el puesto de la Iglesia, pero no es así.

La Iglesia parece naufragar en la tempestad del mundo y en los problemas que se le presentan; pero cada vez que los hombres dudamos se alza una voz que parece despertar de un largo sueño: ¡No temáis, tened fe! Y el mar vuelve a la calma; la barca de Pedro sigue su rumbo a través de los años, los siglos y los milenios.

Cristo no está lejos de nosotros; duerme junto al timón, para que cuando nuestra fe desfallezca, cuando estemos tristes y desamparados, Él tome el timón de nuestra vida.

Además, en el mar de nuestra vida brilla una estrella; relampaguea en el cielo de nuestra alma la estrella de María, para que no perdamos el rumbo.

Oración:

Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la cruz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura; pues por medio de él fueron creadas todas las cosas; celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas: haciendo la paz por la sangre de su cruz con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Contemplación:

Catecismo de la Iglesia Católica numeral 515: Desde los pañales de su natividad hasta los vinagres de su pasión y el sudario de su resurrección, todo en la vida de Jesús es un signo de su misterio. A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que en él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente. Su humanidad aparece, así como el sacramento, es decir, el signo y el instrumento de su divinidad y de la salvación que trae consigo: lo que había de visible en su vida terrena, conduce al misterio invisible de su filiación divina y de su misión redentora.

Oración final:

Señor, la tormenta más grande que debo combatir diariamente es el pecado. Necesito esforzarme constantemente para no caer en la tentación y decidirme, con entusiasmo y confianza, a conquistar la santidad mediante la caridad. Por eso te pido me ayudes a ser perseverante en mis propósitos.

Propósito:

Ante las dificultades, preocupaciones y angustias, decir la jaculatoria: ¡Jesús, en ti confío!

Lectio Divina – Viernes III de Tiempo Ordinario

El grano que crece solo y el grano de mostaza

Invocación al Espíritu Santo:

Espíritu Santo, perfecciona la obra que Jesús comenzó en mí. Apura para mí el tiempo de una vida llena de tu Espíritu. Mortifica en mí la presunción natural. Quiero ser sencillo, lleno de amor de Dios y constantemente generoso.

Que ninguna fuerza humana me impida hacer honor a mi vocación cristiana. Que ningún interés, por descuido mío, vaya contra la justicia. Que ningún egoísmo reduzca en mí los espacios infinitos del amor.

Todo sea grande en mí. También el culto a la verdad y la prontitud en mi deber hasta la muerte. Que la efusión de tu Espíritu de amor venga sobre mí, sobre la Iglesia y sobre el mundo entero.

Lectura. Marcos capítulo 4, versículos 26 al 34:

Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

El evangelio de hoy está formado por dos parábolas muy breves: la de la semilla que germina y crece por sí, y la del grano de mostaza.

A través de estas imágenes tomadas del mundo rural, Jesús presenta la eficacia de la palabra de Dios y las exigencias de su Reino, mostrando las razones de nuestra esperanza y de nuestro empeño en la historia.

Meditación:

Las parábolas de hoy nos recuerdan una verdad irrefutable: El Reino de Dios, es de Dios. Vale la pena esta repetición o redundancia para precisar que es un ofrecimiento gratuito que supera las posibilidades humanas y abre un horizonte, el cual, el ser humano no puede alcanzar sólo con sus propias fuerzas.

Por eso, la frase «que pasan las noches y los días» (v. 27) refuerza la sorpresa del campesino que, sin explicarse cómo se dio el desarrollo, lo percibe; no es que la semilla crezca a pesar de sus descuidos, sino que la semilla tiene una dinámica que, por sí misma, funciona; así es el Reino de Dios: crece por sí mismo, más allá de lo que podemos hacer los seres humanos, incluso mucho más allá de lo que merecemos.

Pero, además, el Reino es grande porque es modesto; no se basa en la espectacularidad sino en la significatividad; la segunda parábola (4, 30ss) enfatiza que el Reino de Dios es pequeño, como un grano de mostaza, pero sólo cuando se siembra; porque después es grande, no en tamaño, sino en alcance, pues les sirve de protección y cobijo a los pajaritos, es decir, en la mentalidad antigua, a la gente más pobre y sencilla.

¿En qué nos hace reflexionar el hecho de que el Reino de Dios sea de Dios? ¿Esta certeza nos debería dar esperanza o una falsa tranquilidad? ¿En qué nos alienta la modestia del Reino de Dios? ¿A qué nos compromete todo esto?

Oración:

Si hoy logro entender lo que significa el hacer que el establecimiento de una comunión personal y secreta con Dios sea mi mayor interés, la verdadera vida espiritual entonces florecerá. “Si la raíz es santa también lo serán las ramas”. Si mi primer tiempo hoy es para el Señor el día con todas las tareas tendrán otro tinte y tendrán otro color. Hoy quiero que mis raíces estén profundamente cimentadas en la roca eterna de los siglos y bebiendo del agua clara del manantial del río de mi Dios.

Señor, Gracias por ser la fuente de mi existencia y gracias por ser mi Padre. Hoy quiero tener mis raíces sanas y bien cimentadas en ti. Si mis raíces están bien cimentadas, el fruto de mi vida no solo será bueno sino abundante. Señor con profundidad lo haces a través de tu Santo Espíritu en mí. Ayúdame hoy a examinar mis raíces y asegurarme que ellas están plantadas en tu palabra y alimentadas por el fuego de tu amor que lo recibo en la diaria comunión de la oración. Gracias Señor porque hoy sé que el fruto de mi vida no es algo que yo hago, sino algo que nace de la relación real contigo. Amén.

Contemplación:

En estas parábolas Jesús nos cuenta de cuán discreto e inadvertido puede ser nuestro crecimiento en la vida cristiana. Por esa razón, Jesús nunca deja de recordarnos que debemos escuchar, y hacer nuestros, todos los signos de su amor en nuestras propias vidas, en las vidas de nuestra familia y amistades, como también en todas las cosas que vemos como regalos.

Oración final:

Jesús, ayúdame a cumplir mi misión de vivir un cristianismo activo al servicio de tu Iglesia. Ayúdame a ser el instrumento para que otras personas encuentren a Dios.

Propósito:

Como rama viva de la Iglesia, buscaré sostener a otros con mi oración y testimonio de vida cristiana coherente.

Lectio Divina – Jueves III de Tiempo Ordinario

Somos iluminados por Cristo para dar fruto generoso

Invocación al Espíritu Santo:

Ven, Espíritu Santo llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Tú eres la fuerza que vigoriza nuestro trabajo. Tú el aliento que vivifica nuestra alma. Tú, la luz que ilumina nuestra mente, Tú el motor de nuestras obras. Danos docilidad para seguir tus mandatos y que gocemos siempre de tu protección.

Lectura. Marcos capítulo 4, versículos 21 al 25:

Jesús dijo a la multitud: “¿Acaso se enciende una vela para meterla debajo de una olla o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque si algo está escondido, es para que se descubra; y si algo se ha ocultado, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Siguió hablándoles y les dijo: “Pongan atención a lo que están oyendo. La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

Tomemos es cuenta que el evangelio de Marcos fue escrito alrededor del año 65, lo que nos indica que la comunidad cristiana ha tenido 32 años para reflexionar acerca de las enseñanzas y la vida de Jesús. Marcos parece reunir varios dichos de Jesús, formando estas dos breves parábolas, la de la lámpara y la de la medida. Con ellas, se ayuda para explicar cómo Cristo continúa desvelando el Reino de Dios. Las parábolas ocultan la luz del Reino a los que no creen, pero la luz de la verdad acabará por ser reconocida.

Meditación:

Con estas dos parábolas, Cristo quiere enseñarnos cómo hay que instaurar su Reino.

La maldad de las personas no viene sola; existen elementos correlacionados que la acompañan; uno de ellos, quizás el más importante, es la oscuridad, o, mejor dicho, el ocultamiento de lo que se hace. Esto corresponde a un elemento universal que aparece en todas las culturas; el ser humano no es ajeno a los escondites o a los espacios oscuros que le sirven para hacer de las suyas, con cierto grado de impunidad.

Como contraparte a este elemento, el evangelio de Marcos propone que el seguidor de Jesús sea una persona de luz. De ahí que sea muy esperanzador que la luz, símbolo de lo bueno, no ilumine sólo ciertos momentos o espacios de la vida, sino que alumbre todo. Pero no se trata de que sólo una dimensión de la persona sea iluminada: toda ella debe ser transparentada integralmente por la luz.

Esta disponibilidad del discípulo es confirmada o ampliada por la certeza de Jesús de que nada existe para que se oculte o se mantenga en secreto eternamente; Jesús sabía que hay ciertos secretos que se prolongan eternamente, no por fidelidad a la Verdad o por el bien de las personas, sino precisamente porque favorecen la mentira y promueven la impunidad de ciertos grupos o personas.

¿Qué comportamientos nuestros están más cerca de la oscuridad que de la luz? ¿Qué podemos hacer para ser más transparentes?

Oración:

Gracias Padre por Cristo, esperanzado sembrador de la semilla del Reino con su palabra de vida. Jesús fue el primer grano de trigo que, muriendo, dio espléndida resurrección para todos. Él es parábola viva de tu amor al hombre. Su optimismo nos contagia y estimula a dar fruto. Haz de nosotros, Señor, el campo de tu sementera, la tierra buena y mullida, con tempero y profundidad, para que prenda, germine y grane la semilla del Reino. Así, nuestra vida, escondida en Cristo como el grano en el surco, culminará en cosecha de eternidad.

Contemplación:

Catecismo de la Iglesia Católica numeral 1216: Este año es llamado iluminación, quienes reciben esta enseñanza, su espíritu es iluminado. Habiendo recibido en el bautismo al verbo, “la luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Juan capítulo 1, versículo 9), el bautizado, tras haber sido iluminado, se convierte en “hijo de la luz” y en “luz” él mismo (Efesios capítulo 5, versículo 8).

Catecismo de la Iglesia Católica numeral 26: La fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él. Dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca el sentido último de su vida.

Oración final:

Gracias, Señor, por esta meditación que me recordó que debo ser luz para los demás y eso solo lo voy a lograr si Tú vienes a hacer tu morada en mí. Quiero hacer todo movido por el amor, únicamente así tendré la fuerza para amar a los demás con sinceridad, con desinterés, con pureza de intención, sin esperar nada a cambio.

Propósito:

Hacer todo movido por el amor a Dios, con pureza de intención, confiando que con Él todo es posible.

Lectio Divina – Miércoles III de Tiempo Ordinario

Vayan a proclamar la Buena Noticia

Invocación al Espíritu Santo:

Espíritu Santo, espíritu del Padre y de Hijo, te pido que me llenes de tus divinos dones de sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, fortaleza, piedad, y temor de Dios; regalándome al mismo tiempo tus preciosos frutos: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Lectura. Marcos capítulo 16, versículos 15 al 18:

Se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y estos quedarán sanos”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, de manera que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

El hecho de la ascensión no es algo aislado, sino que está unido al misterio de Cristo en su totalidad, especialmente a la resurrección. Según el relato de los Hechos es el punto final del Evangelio y de las apariciones de Cristo resucitado entre sus discípulos, y es también el inicio de la misión de la Iglesia, representada en los Apóstoles.

Meditación:

En toda persona existen experiencias que marcan su vida y que dan un giro totalmente nuevo a la existencia. Así fue la conversión de Saulo, le dio un giro total a su vida. Este giro está indicado al pasar de la ceguera (9, 7) a la recuperación de la vista (versículo 17). Sin embargo, el libro de los Hechos ha tenido el cuidado de señalar algunos otros elementos para evitar que se mal entienda su conversión. Señala que además de recobrar la vista, se llena del Espíritu Santo, es bautizado y recobra las fuerzas (versículos. 17ss). Se insiste también en que Pablo cayó en tierra y tuvo que levantarse (9, 4; 22, 7. 10; 26, 14. 16).

Desde esta perspectiva, la conversión es pasar de no ver, a ver con claridad. Pero no basta con ver claramente; es necesario, estar lleno del Espíritu Santo, retomando fuerzas en todo momento.

Es necesario levantarse. Es cierto que Pablo se levantó solo; sin embargo, no recobró la vista por sí mismo: necesitó de los hermanos de la comunidad. Pero la conversión, el cambio de vida, nadie lo da por sus propias fuerzas: se necesita la gracia de Dios, el esfuerzo personal y el acompañamiento de la comunidad.

Ninguna conversión tiene un fin en sí misma; es para algo, más aún, es para beneficiar a alguien; en Pablo, la conversión lo conduce a tomar conciencia de su vocación misionera.

Reflexionemos en nuestra vocación: ¿En qué necesitamos convertirnos? ¿Para qué?

Oración:

Señor te pido la gracia de poder contemplarte siempre y tener el valor de anunciarte con mi vida y con mis palabras a todos los hombres. No permitas que la pereza y la desidia me invadan, sino que salga, como tus discípulos al anuncio del Evangelio. Dame la gracia de vivir santamente y un día poder compartir contigo la vida eterna, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos Amén.

Contemplación:

Veamos qué nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica numeral 849: El mandato misionero. “La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser ‘sacramento universal de salvación’, por exigencia íntima de su misma catolicidad, obedeciendo al mandato de su fundador se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres”: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo capítulo 28, versículos 19 al 20).

El numeral 850 dice: El origen la finalidad de la misión. El mandato misionero del Señor tiene su fuente última en el amor eterno de la Santísima Trinidad: “La Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo y la misión del Espíritu Santo según el plan de Dios Padre”. El fin último de la misión no es otro que hacer participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en su Espíritu de amor.

Oración final:

Señor, ¡quiero ser un san Pablo para mi familia y el mundo de hoy! Quiero dejarme conquistar por la fe para lograr mi transformación interior y poder llegar a decir, por la gracia que me das, que ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Quiero dejar el afán por el aparecer, por el bienestar, por las posesiones, por el éxito, pero, sobre todo, teniendo en cuenta que mi vida cristiana no se resume en negaciones sino en la entrega, por amor, a los demás.

Propósito:

Hoy es un día de conversión. No esperemos más, convirtámonos en esos apóstoles resucitados y pidamos esa fe y ese amor que convirtió a san Pablo para que nos convierta también a nosotros en luz y fuego en medio de la oscuridad del mundo.

Lectio Divina – Martes III de Tiempo Ordinario

La nueva familia de Cristo

Invocación al Espíritu Santo:

Oh, Espíritu de amor, Espíritu de verdad infunde en mi mente y en mi corazón, un rayo de tu luz para que comprenda el misterio de Dios en mi vida, que, en Jesucristo, promesa del padre, se realiza.

Lectura. Marcos capítulo 3, versículos 31 al 35:

Llegaron a donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron:
“Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan”.

Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

Según los biblistas, el episodio evangélico de hoy forma unidad y es continuación del pasaje que veíamos el sábado último, cuando los parientes de Jesús venían a llevárselo porque lo creían fuera de sí. Antecedente que en su lugar paralelo omiten los otros dos sinópticos, quizá por parecerles duro para sus lectores.

Este evangelio lo ubicamos dentro de la primera parte de la división que hace Marcos y explícitamente dentro de la revelación de Jesús e incomprensión de sus parientes y paisanos. La antesala de este evangelio, es el diálogo que Jesús tiene con los maestros de la ley, en donde tratan de acusarlo.

Meditación:

Hoy que celebramos la memoria del gran teólogo santo Tomás de Aquino, la Palabra de Dios, como siempre, es oportuna al presentarnos a la Virgen María como modelo de cualquiera que pretenda ser discípulo de Jesús.

Muchos de los primeros cristianos, influenciados por ciertas maneras de pensar, creían que la cercanía de Jesús dependía del género (la circuncisión), del cumplimiento de las normas o leyes (el conocimiento), incluso de la cercanía familiar con Jesús (parentesco). Quizá por todo esto, Jesús se ve en la necesidad de especificar en dónde radica el verdadero discipulado: asumir el proyecto del Reino, teniendo como preocupación principal la vida en su integralidad (3, 1ss). En el pasaje del viernes pasado (3, 13-19) se nos aclaraba que era necesario disponerse a conformar una comunidad alternativa.

Ahora, el evangelio cita de manera indirecta a la Virgen María para decir que, a ejemplo de ella, el discípulo verdadero es aquel que lleva a plenitud y cumple con generosidad la voluntad de Dios (3, 35); disponibilidad abierta y permanente de hacer todo lo que ha venido realizando Jesús.

A partir de este mensaje y en el contexto de la celebración de santo Tomás, reflexionemos sobre con qué relacionamos nuestro discipulado; en qué actitudes lo fundamentamos; qué importancia le damos a cumplir la voluntad de Dios para ser discípulos.

Oración:

Señor, líbranos de considerarnos siempre justos. Tú nos has convertido en tu familia: que esto no sea motivo de orgullo y de discriminación respecto a los otros. Concédenos un corazón acogedor y una mente limpia de prejuicios, a fin de que seamos capaces de reconocer tu presencia y tu voz incluso fuera del círculo de los nuestros.

Haznos capaces de abrirnos con alegría a la escucha de tu Palabra y de reservar en nosotros el sitio de honor al Evangelio, del mismo modo que David y toda la ciudad festejó con música, danzas y banquetes la llegada del arca.

Ayúdanos, Señor, a reconocer como hermanas y hermanos a todos los que cumplen la voluntad de Dios, sin detenernos en las apariencias exteriores, en los nombres, en los vínculos construidos por el hombre. Los confines
de tu familia, de tu Iglesia, están verdaderamente exterminados y no podemos delimitarlos nosotros: enséñanos a ser compañeros de camino hacia la unidad de tu amor.

Contemplación:

Catecismo de la Iglesia Católica numerales 963 al 973: La Bienaventurada Virgen María es Madre de la Iglesia en el orden de la gracia, porque ha dado a luz a Jesús, el Hijo de Dios, Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia. Jesús, agonizante en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: “Ahí tienes a tu madre” (Juan capítulo 19, versículo 27). María es el mejor modelo que podemos tener de Madre y de una verdadera familia, y nos llama a que la podamos imitar. Es también un gran modelo de humildad y aceptación de la voluntad de Dios.

Oración final:

Gracias, Jesús, por considerarme como tu hermano, como tu madre, pidiendo simplemente que te ame por encima de todo. Que ponga tu voluntad en primer lugar, porque esta debe ser siempre mi norma suprema, por encima del ambiente, de las costumbres del mundo, de mis caprichos… Abrazar todo lo que me ayude a cumplir tu voluntad y rechazar lo que me estorbe para seguirla, ese es el camino de la santidad. Señor, dame la gracia de convencerme de que no hay vida más fecunda y hermosa que la que se gasta cumpliendo con tu voluntad santísima.

Propósito:

Pedir luz y fuerza al Espíritu Santo para conocer y cumplir la voluntad de Dios en mi vida.

Lectio Divina – Lunes III de Tiempo Ordinario

Somos testigos de Cristo, vencedor del mal

Invocación al Espíritu Santo

Escúchanos, espíritu Santo, Tú que eres nuestro Amigo. Tú que estás siempre cerca de nosotros: llena nuestros corazones de tu amor. Te damos gracias, oh Padre, porque, cuando Jesús volvió contigo nos enviaste al Espíritu Santo para que ocupara su puesto. Aunque no podemos verle, sabemos que está actuando en el mundo; en todo lo que es bueno y santo, y en nuestras vidas para que cumplamos tu voluntad. Envíanos al Espíritu Santo, te rogamos, para que moldee nuestras vidas y nos guíe siempre.

Lectura. Marcos capítulo 3, versículos 22 al 30:

Los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: “Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera”.

Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Solo así podrá saquear la casa.

Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”. Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

Antes de acercarnos a este texto debemos recordar quiénes eran los maestros de la ley. Ellos eran los encargados de enseñar la ley de Moisés, al cumplirla fielmente expresaban su amor y fidelidad a Dios, mientras que los encargados de que esta ley se cumpliera eran los saduceos. En versículos anteriores descubrimos que los mismos parientes de Jesús lo consideran loco y querían llevárselo, junto a ellos Los sacerdotes critican también a Jesús, diciendo que es un agente de satanás, la acusación, aunque inconsciente, es grave, el castigo consistía en morir apedreado. Jesús se ve obligado a defenderse, y lo hace adoptando por primera vez el lenguaje de las parábolas. Con él desenmascara la mentira de sus adversarios y descubre una vez más su identidad. Superior a Satanás, Él es el depositario y administrador de las fuerzas divinas.

Meditación:

Mt 4, 12-23

Mateo ubica el llamado de los primeros discípulos antes de un sumario que presenta resumidamente la misión de Jesús (vv. 23-25); podríamos decir que este resumen es una explicación de lo que implica la misión de Jesús y de los primeros discípulos. La proclamación del Reino tiene un alcance inmediato en la vida de las personas; la enseñanza y proclamación de Jesús de la Buena Nueva del Reino se nota en que curaba toda enfermedad y dolencia en el pueblo. De esta manera, junto a la enseñanza está la acción curativa de Jesús; más aún, no se entiende la enseñanza sin esta acción.

Con estos hechos se inicia un tiempo de apertura; se comienza a superar fronteras, a juntar a quienes se veían diferentes y con cierto desprecio entre sí: Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán. La misión de ir a todas las personas de las que serán responsables los discípulos (28, 16-20) ha comenzado con el ministerio de Jesús.

Aquí es donde se ubica la misión de los primeros discípulos como pescadores de hombres (4, 19). Es prácticamente imposible interpretar esta imagen sosteniendo que hay que sacar a las personas del mal (=mar) como el pescador a los peces; es mejor, por el trasfondo del Antiguo Testamento, decir que se trata de congregar a las personas, juntarlas, atraerlas para hacerles el bien, para proporcionarles elementos bondadosos (Jeremías 16, 16; Am 4, 2; Habacuc 1, 14-15). Para esto tienen que “dejar las redes” (Mateo 4, 20. 22) y seguir a Jesús. Es decir, ir detrás de él, seguir sus huellas, aceptar su llamada que compromete a la Persona entera (8, 22; 9, 9), que exige romper con cualquier actitud u organización que entorpezca la construcción del Reino (Marcos 10, 28).

Ser seguidores de Jesús pide que nos preocupe y ocupe lo que le preocupó y Ocupó a él. Nuestra misión debe superar prejuicios y romper barreras.

Oración:

Salmo 97 (fragmento):

El Señor es Rey: ¡Que se alegre la tierra, y salten de gozo los innumerables pueblos lejanos! Está rodeado de nubes y brumas, la justicia y el derecho son la base de su trono. Delante de él avanza el fuego, quemando a su alrededor a sus enemigos; sus relámpagos iluminan el mundo, y al verlo, la tierra se estremece.

El Señor ama a los que aborrecen el mal, cuida la vida de sus fieles, y los libera del poder de los malvados. Una luz amanece pare el justo, la alegría para los hombres honrados. Alégrense, justos, con el Señor; alaben su santo nombre.

Contemplación:

Catecismo de la Iglesia Católica numeral 447: A lo largo de toda su vida pública de Jesús, sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demostraban su soberanía divina.

Catecismo de la Iglesia Católica numeral 550: La venida del reino de Dios es la derrota del reino de Satanás. “Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a ustedes el Reino de Dios” (Mateo capítulo 12 versículos 28). Los exorcismos de Jesús liberan a los hombres del dominio de los demonios. Anticipan la gran victoria de Jesús sobre “el príncipe de este mundo”. Por la cruz de Cristo será definitivamente establecido el Reino de Dios: Regnavit a ligno Deus (“Dios reinó desde el madero de la Cruz”).

Catecismo de la Iglesia Católica numeral 1708: Por su pasión, Cristo nos libró de satán y del pecado. Nos mereció la vida nueva en el Espíritu Santo. Su gracia restaura en nosotros lo que el pecado había deteriorado.

Oración final:

Una Iglesia dividida, como cualquier familia, no puede subsistir. La persona misma, dividida interiormente, tampoco puede subsistir. El pecado, particularmente aquel que hiere la caridad, causa división. Los primeros cristianos me dan ejemplo clarísimo de cómo vivir la unidad. Ellos superaron las barreras sociales, económicas y culturales. Rezaban por los demás y se animaban unos a otros a perseverar en la fe en Jesucristo. Ayúdame, Señor, a vivir así la caridad, no permitas que hiera nunca la unidad. Que todas mis palabras y acciones sean para construir la caridad.

Propósito:

Reconciliar a todos los cristianos en la unidad de una sola y única Iglesia de Cristo, supera las fuerzas y las capacidades humanas, por eso hoy haré una oración por la unidad.

Lectio Divina – Domingo III de Tiempo Ordinario

“Conviértanse porque el reino de Dios está cerca”

Invocación al Espíritu Santo:

Oh, Espíritu de amor, Espíritu de verdad infunde en mi mente y en mi corazón, un rayo de tu luz para que comprenda el misterio de Dios en mi vida, que, en Jesucristo, promesa del padre, se realiza.

Lectura. Mateo capítulo 4, versículos 12 al 23:

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:

Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

En este acontecimiento de que Jesús se traslada de Nazaret a Cafarnaúm, ciudad situada en Galilea y junto al camino del mar, Mateo descubre el cumplimiento de la profecía de Isaías que pertenece como a los oráculos mesiánicos de Emmanuel, todo eso anuncia el destino universal del mensaje de Jesús. Comienza una nueva etapa, las palabras solemnes, en ella se encuentra el anuncio del reino de Dios con obras y palabras. La inauguración del reinado de Dios sobre este mundo es el tema central de la predicación de Jesús. Los comienzos de este reino son humildes, misteriosos, discursivos, pero es imposible detener su crecimiento. Es pura gracia ofrecida a los sencillos, porque son ellos quienes están mejor dispuestos para aceptarlo.

Meditación:

Mateo ubica el llamado de los primeros discípulos antes de un sumario que presenta resumidamente la misión de Jesús (vv. 23-25); podríamos decir que este resumen es una explicación de lo que implica la misión de Jesús y de los primeros discípulos. La proclamación del Reino tiene un alcance inmediato en la vida de las personas; la enseñanza y proclamación de Jesús de la Buena Nueva del Reino se nota en que curaba toda enfermedad y dolencia en el pueblo. De esta manera, junto a la enseñanza está la acción curativa de Jesús; más aún, no se entiende la enseñanza sin esta acción.

Con estos hechos se inicia un tiempo de apertura; se comienza a superar fronteras, a juntar a quienes se veían diferentes y con cierto desprecio entre sí: Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán. La misión de ir a todas las personas de las que serán responsables los discípulos (28, 16-20) ha comenzado con el ministerio de Jesús.

Aquí es donde se ubica la misión de los primeros discípulos como pescadores de hombres (4, 19). Es prácticamente imposible interpretar esta imagen sosteniendo que hay que sacar a las personas del mal (=mar) como el pescador a los peces; es mejor, por el trasfondo del Antiguo Testamento, decir que se trata de congregar a las personas, juntarlas, atraerlas para hacerles el bien, para proporcionarles elementos bondadosos (Jer 16, 16; Am 4, 2; Hab 1, 1415). Para esto tienen que “dejar las redes” (Mt 4, 20. 22) y seguir a Jesús. Es decir, ir detrás de él, seguir sus huellas, aceptar su llamada que compromete a la Persona entera (8, 22; 9, 9), que exige romper con cualquier actitud u organización que entorpezca la construcción del Reino (Mc 10, 28).

Ser seguidores de Jesús pide que nos preocupe y ocupe lo que le preocupó y Ocupó a él. Nuestra misión debe superar prejuicios y romper barreras.

Oración:

Señor, humildemente te pedimos que fortalezcas nuestra esperanza para realizarnos algún día en el Reino de nuestro Padre, haz que nuestros corazones sean fuertes, para que sigamos siempre el camino de tus mandatos, aunque nos duelan la conversión que son necesarios para nuestro camino a la santidad, dando testimonio y siempre te reconocemos como Señor y dueño de todo. Amén.

Contemplación:

Jesús hace una invitación a los pecadores a la conversión para entrar en el Reino de Dios y aceptar la infinita misericordia del Padre. El Reino pertenece, ya aquí en la tierra, a quienes lo acogen con corazón humilde. A ellos les son reservados los misterios del Reino de Dios.

Oración final:

Esta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito:

Hoy voy a dedicar un momento, delante de la Eucaristía para examinar mi corazón y ver si voy por el camino de Dios, si estoy abierto a su voluntad en cada momento.

Lectio Divina – Sábado II de Tiempo Ordinario

Jesús y sus familiares

Invocación al Espíritu Santo:

Ven, Espíritu Santo llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Tú eres la fuerza que vigoriza nuestro trabajo. Tú, el aliento que vivifica nuestra alma. Tú, la luz que ilumina nuestra mente, Tú, el motor de nuestras obras. Danos docilidad para seguir tus mandatos y que gocemos siempre de tu protección. Amén.

Lectura. Marcos capítulo 3, versículos 20 al 21:

Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

Jesús regresa del monte a la casa, de la cercanía de Dios a la proximidad con los hombres. La multitud sigue necesitándolo, y él continúa entregándose a ella. Pero ahora surgen críticas de sus propios parientes, a quienes apoyan de buen agrado los maestros de la ley. Si los parientes consideran que Jesús está trastornado, los maestros de la ley, más sutilmente, emiten un diagnóstico mucho más sofisticado: que es agente de satanás.

Meditación:

En aquel tiempo volvió Jesús con sus discípulos a casa y se juntó tanta gente, que no los dejaban ni comer. Sus parientes fueron a hacerse cargo de él, pues consideraban que estaba fuera de sí.

Jesús vuelve a casa. El lugar en el que la vida de familia sigue igual; pero su vida, no. La vida de Jesús ha modificado su entorno más cercano. Su ministerio empieza a producir el desafío y el rompimiento con el orden establecido, con las autoridades judías.

La comunidad está dividida: muchos lo siguen porque han oído sus obras; otros, porque dudan del sistema político y social del pueblo, y no entienden bien la sociedad alternativa que Jesús quiere lograr.

Van a su casa para cerciorarse de que Jesús tenga elementos para enfrentar a las autoridades. Debió ser gente como nosotros, que no estamos del todo contentos con la manera en que transcurre la sociedad y el actuar de nuestros representantes.

Al centro aparece la duda: ¿Jesús está fuera de sí, es decir, loco? Jesús no resuelve sus dudas. Seguirá llamando a construir un nuevo Israel y a liberarse de toda ideología. En último término, gente indefinida como ésta, subirá al Gólgota para crucificarlo. Desde entonces, como hasta ahora, parece que tememos rebasar los límites de lo “razonable” y vivir de manera diferente.

¿Cuánto tiempo hace que no me muevo por grandes convicciones? ¿Cuánto tiempo que no me rebaso en lo superficial para encontrar lo esencial de mi vida y de mi familia?

Sus parientes pensaron que se había vuelto loco, porque el proyecto de Jesús hizo relativo todo, incluso la vida privada de casa. ¿En qué podemos tomar una opción fundamental, parecida a la de Jesús?

Oración:

Dios misericordioso, fuente y origen de nuestra salvación, haz que, mientras dure nuestra vida aquí en la tierra nos ayudes a liberarnos de la esclavitud del pecado, te alabemos constantemente y podamos así participar un día en la alabanza eterna del cielo. Amén.

Contemplación:

Jesús junto con su palabra también realiza milagros en donde expulsa los demonios para atestiguar que el reino está presente en él, el Mesías. Si bien cura a las personas, él no ha venido a abolir los males de esta tierra, sino ante todo para liberarnos de la esclavitud del pecado. La expulsión de los demonios anuncia que su Cruz se alcanzará victoriosa sobre “el príncipe del mundo” (Catecismo de la Iglesia Católica numeral 108).

Oración final:

Señor, yo tampoco quiero dar importancia al «qué dirán» ni quiero dejarme influenciar por el ambiente, desgraciadamente cada vez más alejado de tu verdad y de tu amor. No me debe interesar el grado de popularidad, ni la simpatía que mi estilo de vida pueda provocar en los demás. Yo sólo quiero que mi testimonio acerque a más personas a tu amor, por ello dame la luz para saber ser ese imán, no para mi vanagloria, sino únicamente para tu gloria, Señor.

Propósito:

Quiero dar testimonio de tu palabra anunciando tu cruz para abolir la esclavitud de nuestros pecados.

Lectio Divina – Viernes II de Tiempo Ordinario

Designó a estos Doce

Invocación al Espíritu Santo:

Señor, envíanos la luz del Espíritu Santo a nuestros corazones abatidos e ignorantes para que, avanzando siempre por el camino de tus mandatos, nos renovemos interiormente con tu presencia, y nos llenemos de gozo estando en gracia contigo.

Lectura. Marcos capítulo 3, versículos 13 al 19:

Jesús subió al monte, llamó a los que él quiso, y ellos lo siguieron. Constituyó a doce para que se quedaran con él, para mandarlos a predicar y para que tuvieran el poder de expulsar a los demonios.

Constituyó entonces a los Doce: a Simón, al cual le impuso el nombre de Pedro; después, a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, a quienes dio el nombre de Boanergues, es decir “hijos del trueno”; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y a Judas Iscariote, que después lo traicionó.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

En esta perícopa evangélica nos habla de las necesidades de una humanidad enferma, Jesús elige a un grupo de personas a las cuales confiere su propia misión y autoridad. Es una elección solemne, como sugiere el lugar en que se realiza: un monte, expresión de la cercanía con Dios y escenario de las grandes revelaciones divinas. Es una elección bajo el signo de la gratuidad; cuenta tan solo la voluntad de Jesús, su predilección y su amor.

Es una elección con doble finalidad: estar con él y enviarlos a predicar: contemplación y actividad son dimensiones complementarias. Es finalmente, una elección que recae sobre doce, número que, al hacer referencia a las doce tribus del antiguo Israel, indica el deseo de Jesús de preparar el nuevo Israel, el Israel de los últimos tiempos, el verdadero pueblo de Dios: la Iglesia.

Meditación:

La proclamación de la Buena Nueva del Reino necesita discípulos que se sumen a la misión del Maestro. Éstos son, primeramente, un grupo creado, es decir, formado específicamente para un proyecto; además, son Doce (v. 14), porque se trata de constituir un grupo que tendrá la responsabilidad de ser el punto de partida para la formación de una nueva comunidad, de un nuevo pueblo de Dios que ahora sí, con autenticidad y generosidad, transparente la voluntad de Dios.

No es un grupo perfecto; de hecho, uno de ellos, Judas Iscariote, será un traidor (v. 1 9); no se trata de minimizar la coherencia, sino de enfatizar la honestidad. En segundo lugar’ es un grupo que debe ser cercano a Jesús, pero, al mismo tiempo, sensible a su proyecto; la intimidad con el Maestro debe tener su correspondiente en el involucramiento en sus planes; por eso, son llamados para estar con él y para comprometerse en la predicación de la Buena Nueva (v. 14).

Por último, llama la atención que este grupo no es llamado de la nada, sino que es entresacado de un grupo más amplio de discípulos; de esta manera, la cercanía con el Maestro no les da más poder ante los demás, sino que les otorga mayor responsabilidad en la coherencia.

Compartamos con alguien de nuestra comunidad algunas de las convicciones que nos presenta el evangelio de hoy.

Oración:

Señor, ayúdame a reemprender siempre el camino, quiero ser tu discípulo y misionero y para ello necesito ser fiel, cada día, en los detalles, en las cosas pequeñas, que valen mucho para construir la fidelidad, y por medio de ella, la santidad. Renueva mi decisión de apoyarme siempre en Ti más que en mis propias fuerzas. Que acuda siempre a mis compromisos, a mi formación, a mi dirección espiritual, dispuesto a dejarme moldear por Ti.

Contemplación:

Nosotros como discípulos de Jesús debemos participar de la misión profética de Cristo para acoger cada vez mejor en la fe la Palabra de Cristo, y anunciarla como los apóstoles a todo el mundo con el testimonio de la vida y de la palabra, y mediante esa evangelización entregarnos para que con eficacia realicemos la misión de Cristo.

Propósito:

Que mi testimonio de vida lleve a los demás a un encuentro con Cristo.