Lectio Divina – Domingo XXVI de Tiempo Ordinario

El que no está contra nosotros está a favor nuestro

INTRODUCCIÓN

A pesar de que Jesús les acaba de decir que el que quiera ser de los suyos tiene que cargar con la cruz, a pesar de que les ha dicho que el que quiera ser primero sea el último y el servidor, los apóstoles siguen sin entender. Una vez más, Jesús tiene que corregir su afán de superioridad. Siguen empeñados en ser ellos los que controlen el naciente movimiento en torno a Jesús. Con el pretexto de celo, buscan afianzar privilegios. Seguramente se trata de problemas planteados en la comunidad donde se escribe el evangelio. (Fray Marcos).

TEXTOS BÍBLICOS

1ª Lectura: Num. 11,25-29.      2ª Lectura: Sant. 5,1-6.

EVANGELIO

Marcos 9,38-43.45.47-48:

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo.» Jesús replicó: «No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Os aseguro que el que os dé a beber un vaso de agua porque sois del Mesías no quedará sin recompensa. Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar. Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al fuego eterno que no se extingue. Y si tu pie es ocasión de pecado para ti, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la vida, que ser arrojado con los dos pies al fuego eterno. Y si tu ojo es ocasión de pecado para ti, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al fuego eterno, donde el gusano que roe no muere y el fuego no se extingue.»

REFLEXIÓN

 1.– Primera lectura: Dios no quiere que el poder se concentre en una sola persona (Num. 11,25-29).

En este bello texto hay una queja de Moisés a Dios: “Este pueblo es demasiado pesado para mí. No puedo cargar yo solo con él”. Y Yahvé le da la solución:” Reúneme setenta ancianos de Israel…tomaré parte del espíritu que hay en ti y lo pondré en ellos para que lleven contigo la carga del pueblo”. Y, en cuanto se posó sobre ellos el espíritu se pusieron a profetizar. Notemos que el que tiene el poder es Moisés, el gran legislador de Israel, aquel “que hablaba con Dios cara a cara, como un amigo habla con su amigo” (Ex. 33,11).  Es voluntad de Dios que no sólo los malos legisladores, ni los mediocres, sino también los buenos, los elegidos directamente por Dios, repartan responsabilidades. El Papa debe compartir responsabilidades con los Obispos; éstos con los sacerdotes y éstos con sus fieles. La Iglesia de Jesús debe ser “circular” y no “piramidal”. Una imagen bonita de Iglesia es una mesa redonda donde Jesús está en medio como el Importante y los demás alrededor, participando de su pan y de su vino. El Papa Francisco habla de la descentralización de la Iglesia, de una Iglesia “Sinodal” que “juntos, hacen el mismo camino”.

2.– Segunda lectura: Dios no quiere que las riquezas se acumulen en unas solas manos.

El apóstol Santiago lanza terribles amenazas a los que se han enriquecido con el sudor de los obreros. “El jornal defraudado a los obreros está clamando contra vosotros”. Nos viene a decir que “las aguas estancadas se corrompen” y los “vestidos que no se comparten con los que están desnudos, se apolillan”. El plan de Dios es que los bienes de este mundo lleguen a todos. Es un escándalo que una persona, por el hecho de haber nacido en el primer mundo tenga de todo y otra, por haber nacido en el tercero, no tenga de nada. Parece que lo importante al nacer es acertar con el lugar. El hecho de nacer, de ser persona, de estar hecho a imagen y semejanza de Dios, no sirve para nada. La vida así concebida es una lotería y, como toda lotería, son pocos los agraciados. Yo que he vivido doce años en Bolivia, caigo en la cuenta de que el problema del hambre y de las necesidades más elementales, fácilmente se podrían solucionar “con lo que a nosotros nos sobra”.   Por eso, después de la multiplicación de los panes y de haberse saciado todos, Jesús, les dice: «recoged lo que ha sobrado y que nada se pierda” (Juan 6,12).

 3.– Evangelio: A Jesús no le gusta que algún grupo religioso se arrogue el monopolio de la fe.  

En la primera lectura, además de lo dicho, hay algo muy importante: Dos del grupo de los setenta no estaban con los demás cuando Moisés repartió el espíritu. Eran Eldad y Medad. A pesar de todo, también ellos profetizaron. Y Josué, hijo de Nun, pidió a Moisés que se lo prohibiera. Las palabras de Moisés son impresionantes: ¡Ojalá que todo el pueblo profetizara!  Encajan perfectamente con la actitud de Jesús. Desde el momento que Jesús nos ha enseñado a rezar diciendo PADRE NUESTRO, ¿Se puede decir de alguien que ése no es de los nuestros?  Los nuestros son todos los que son del Padre Dios “que hace salir el sol sobre buenos y malos”. (Mt. 5,45).  No se trata simplemente de tolerar lo malo que hay en los otros. Se trata de apreciar todo lo que hay de bueno en los demás. «La esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar”. Es esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser” (Escritor israelí Amos Oz.) Los fanáticos, los fundamentalistas, suelen ser agresivos.  Daba en el clavo también el físico Andréi Sajarov cuando decía que «la intolerancia es la angustia de no tener razón».

PREGUNTAS

1.- ¿Me creo una persona imprescindible?  Cuando llega el momento de mi jubilación, ¿Sé dar paso a otro?  ¿Lo hago con gusto o con resignación?

2.- ¿Estoy convencido de que el verbo compartir es esencial al cristianismo? ¿O me gustan más los verbos: retener, atesorar, acumular?

3.- ¿Estoy abierto a las personas que no piensan como yo?  ¿Me gusta complementarme con la verdad del otro?

ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

El afán de “pertenencia”
Señor, con fuerza nos marca:
“Mi religión, mi Parroquia,
mi Grupo de Fe, mi casa”.
A los que “son de los nuestros”,
les damos, Señor, “entrada”.
Y a los que piensan distinto.
les volvemos nuestra “espalda”.
Tú, Señor, en tu evangelio,
criticas nuestra arrogancia:
Tú ves mucho amor oculto
“en las personas extrañas”.
Llena, Señor, nuestras “manos”
de bendiciones y gracias.
Que trabajen, acaricien
y sequen todas las lágrimas.
Calza en nuestros “pies”,
Señor, unas humildes sandalias,
para caminar al lado
de los pobres que se cansan.
Ilumina nuestros “ojos”
con la luz de tu mirada,
para ver que todos somos
panes de la misma masa.
Hay mucha gente, Señor,
Que reparte “vasos de agua”.
Tiene buena voluntad,
Merece nuestra alabanza.

Lectio Divina – Sábado XXV de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, ¡qué difícil nos lo has puesto! El camino de la cruz nos repugna, nos tira hacia atrás, no lo podemos entender. No lo entendía Pedro, ni los apóstoles, ni tampoco nosotros. Pero Tú, Señor, ya has pasado por él, has ido por delante, no te has echado atrás a pesar de que tu carne se resistía. Señor, si Tú no nos ayudas, no podemos aceptar la cruz. Es demasiado pesada para nosotros. Si no somos capaces de llevarla, haznos, al menos, tus Cireneos.

2.- Lectura sosegada del evangelio:  Lucas 9, 43-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

La cruz humanamente no se entiende. Sólo se puede vislumbrar desde “el amor desmedido” como le pasó a Jesús. Para una persona que ama poco, todo le parece mucho; pero para una persona que ama mucho, todo le parece poco. A Jesús le pareció poco el haberse encarnado, el haber pasado por la vida “como uno más, como uno de tantos”; le pareció poco todo lo que tuvo que padecer en su pasión. En el paroxismo del amor, no le retuvo ni siquiera la muerte en Cruz. El volver al Padre sin haber podido expresar el inmenso amor que nos tenía suponía para Él un sufrimiento más grande que la misma muerte en cruz. Jesús sintió por dentro una enorme satisfacción cuando pudo decir: “todo está cumplido”. Todo el amor ha llegado a plenitud. Qué bonito debe ser morir tomando entre las manos el libro de la existencia y poder decir como Jesús ¡Misión cumplida!

Palabra del Papa

“El Hijo del hombre va a ser entregado a las manos de los hombres», estas palabras de Jesús congelan a los discípulos que pensaban en un camino triunfal. Palabras que se mantenían misteriosas para ellos porque no entendían el sentido y tenían miedo de interrogarlo sobre este argumento. Tenían miedo de la Cruz. El mismo Pedro, después de esa confesión solemne en la región de Cesarea de Felipe, cuando Jesús dice esto otra vez, reprendía al Señor: ‘¡No, nunca, Señor! ¡Esto no!’ Tenía miedo de la Cruz, pero no solo los discípulos, no solo Pedro, ¡el mismo Jesús tenía miedo de la Cruz! Él no podía engañarse, Él sabía. Tanto era el miedo de Jesús que esa tarde del jueves sudó sangre; tanto era el miedo de Jesús que casi dijo lo mismo que Pedro, casi… «Padre, aparta de mí este cáliz. Pero que ¡se haga tu voluntad!» ¡Esta era la diferencia!». La Cruz nos da miedo también en la obra de evangelización, pero está la regla que el discípulo no es más grande del Maestro. Está la regla que no hay redención sin la efusión de la sangre, no hay obra apostólica fecunda sin la Cruz”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 28 de septiembre de 201, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que ya he meditado. (Silencio)

5.-Propósito. Aceptaré hoy todo lo que no me guste, lo que me haga sufrir. Y así seré discípulo de Jesús.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, porque hoy me he asomado un poco al misterio de la Cruz, es decir, al misterio de tu amor, y me he quedado sin palabras. El amor que nos tienes únicamente puede expresarse por el misterio del amor más grande, el amor más fuerte, el amor más escandaloso, el amor más desinteresado, el amor más sacrificado. ¿Por qué no te imitaré, aunque sea un poco?

Lectio Divina – Viernes XXV de Tiempo Ordinario

1.- Oración Introductoria.

Jesús, me impresiona la cantidad de veces que aparece en el evangelio que estabas “orando a solas”. Tenías necesidad de apartarte, de separarte incluso físicamente de todo y de todos, para “abismarte” en ese mar infinito del amor del Padre. Desde esa experiencia, se explica todo: la cercanía con todas las personas, especialmente con aquellas que, por cualquier motivo o prejuicio, se sienten lejos de ese Padre. Gracias por esas experiencias tuyas tan maravillosas.

2.- Lectura reposada del evangelio: Lucas 9, 18-22

Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado». «Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios». Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. «El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Para el evangelista Lucas, cuando Jesús quiere decir o hacer algo importante, siempre lo hace en “clima de oración”. Aquí se nos dice: “Jesús oraba a solas”. ¿Nos hemos detenido alguna vez en pensar en esos ratos largos de oración de Jesús a solas? Normalmente lo hacía en la montaña, “cuando todavía era muy oscuro” (Mc. 1,35). Y tal vez el no habernos detenido en algo tan esencial para Jesús, ha servido para que el verdadero rostro del Padre lo hayamos desdibujado. Porque el resultado de esa oración inefable y misteriosa de Jesús con el Padre, Jesús lo condensa en una palabra ABBA. Este es el gran mensaje de Jesús: que nuestro Dios es un Papá maravilloso. Cuando Jesús nos invita a decir Abbá no sólo quiere enseñarnos a orar sino que quiere que vivamos esa experiencia inefable que Él tiene con el Padre. Sólo desde esa experiencia, Jesús se atreve a preguntarnos por su persona. Sólo aquel que haya vivido una experiencia de cariño y de ternura con ese Abbá, está capacitado para responder por la figura de Jesús. Se equivocó Pedro, aunque le dijo que era “El Mesías”. Estaba pensando en otro tipo de “mesianismo”. Y nos equivocamos todos si no estamos en la onda con Jesús. ¿Quién es Jesús? El amado del Padre, el enamorado del Padre, el entusiasmado por ese Padre, el identificado con ese Padre, el que sólo tiene una ocupación y preocupación: el que caigamos en la cuenta de todo lo que nos quiere y que no puede hacer otra cosa que querernos con infinito amor. Él está al tanto de todo y sólo quiere que nos abandonemos en Él.

Palabra del Papa  

“En el Evangelio del día retrata en la forma de testigo valiente a Pedro, el que a la pregunta de Jesús a los apóstoles: «¿quién decís vosotros que soy yo?», afirma: «Tú eres el Cristo» […]. Esta primera pregunta: ‘¿quién soy yo para vosotros, para ti? – a Pedro, solamente se entiende a lo largo de una camino, después de un largo camino, un camino de gracia y de pecado, un camino de discípulo. Jesús, a Pedro y a sus apósteles, no ha dicho ‘¡Conóceme!’ ha dicho ‘¡sígueme!’ Y este seguir a Jesús nos hace conocer a Jesús. Seguir a Jesús con nuestras virtudes, también con nuestros pecados, pero seguir siempre a Jesús. No es un estudio de cosas que es necesario, sino una vida de discípulo. Es necesario un encuentro cotidiano con el Señor, todos los días, con nuestras victorias y nuestras debilidades. Pero también es un camino que nosotros no podemos hacer solos. Y para ello es necesaria la intervención del Espíritu Santo. Conocer a Jesús es un don del Padre, es Él que nos hace conocer a Jesús; es un trabajo del Espíritu Santo, que es un gran trabajador. No es un sindicalista, es un gran trabajador y trabaja en nosotros siempre. Hace este trabajo de explicar el misterio de Jesús y de darnos este sentido de Cristo. Miramos a Jesús, a Pedro, a los apóstoles y sentimos en nuestro corazón esta pregunta: ‘¿quién soy yo para ti?’ Y como discípulos pedimos al Padre que nos dé el conocimiento de Cristo en el Espíritu Santo, que nos explique este misterio”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 20 de febrero de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué significa hoy para mí este texto que acabo de meditar. (Silencio).

5.- Propósito: Me preguntaré con toda sinceridad; ¿Qué supone Jesús hoy para mí? ¿Es algo o es alguien? Y si alguien. ¿es el centro de mi vida?

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora le respondo con mi oración.

Me encanta, Señor, que todos los días comience mi Lectio con una oración y termine con otra. La lectura de la Palabra de Dios debe estar impregnada de oración. Muchas veces, Señor, me he atrevido a hablar, a predicar, sin haber orado. ¡Cuánta palabra de Dios malograda! Te pido perdón. Pero todavía tengo tiempo para rectificar. Quiero rezar tu palabra y hablar desde esa riqueza interior.

Lectio Divina – Jueves XXV de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, en este rato de oración, yo también quiero verte, estar contigo, gozar de tu presencia y compañía. Pero no quiero verte como pretendía Herodes, desde la curiosidad, desde la frivolidad. Quiero verte desde mi indigencia, desde mi incapacidad para llenar de sentido mi vida si Tú no te haces presente.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Lucas 9, 7-9

En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas? Y buscaba verle.

3.- Qué dice el texto.

         Meditación-reflexión.

A Jesús se le quiere ver encarnado en uno de los personajes famosos del A. T. Aquí Herodes está perplejo porque la gente lo considera como Elías o un profeta. Todos los profetas y personajes famosos de la Antigua Alianza apuntan a Jesús, pero Jesús no se identifica con ninguno de ellos. Jesús no cabe en ellos. Es mucho más. Cuando nos empeñamos en querer realizarnos en la posesión de las criaturas o identificarnos con personajes importantes, dentro del corazón se oye una voz íntima: “no saben decirme lo que quiero”.  Por eso, un camino para ir a un encuentro con Jesús puede ser el del descontento, la frustración, el vacío del corazón, la insatisfacción existencial. Alguien tiene que haber que pueda llenar mi vacío, que pueda saciar mi sed, que pueda calmar mis aspiraciones. La respuesta a estas preguntas tan inquietantes, tan punzantes, no la pueden dar unos libros, unas charlas, unas ideas. Tiene que ser un encuentro con la persona de Jesús. Para eso se necesitantestigos y no simples maestros; gente que no sólo nos hable de Dios, sino que haya estado con Él. La gente de hoy ya no nos pregunta sobre lo que sabemos de Dios, sino que quiere que les digamos a qué sabe Dios, es decir, a qué sabe la vida cuando Él ha irrumpido en nuestras vidas. Herodes buscaba a Jesús por frivolidad, por entretenimiento, por pasatiempo. Quería verle hacer algún milagro. Jesús no le dijo ni una sola palabra.  A Jesús no hay que buscarlo por curiosidad, sino por necesidad.

Meditación del Papa Francisco

 “Queremos ver a Jesús”: estas palabras, al igual que muchas otras en los Evangelios, van más allá del episodio particular y expresan algo universal; revelan un deseo que atraviesa épocas y culturas, un deseo presente en el corazón de muchas personas que han oído hablar de Cristo, pero no lo han encontrado aún. “Yo deseo ver a Jesús”, así siente el corazón de esta gente. Respondiendo indirectamente, de modo profético, a aquel pedido de poderlo ver, Jesús pronuncia una profecía que revela su identidad e indica el camino para conocerlo verdaderamente: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”. ¡Es la hora de la Cruz! Es la hora de la derrota de Satanás, príncipe del mal, y del triunfo definitivo del amor misericordioso de Dios. […] La hora de la Cruz, la más oscura de la historia, es también la fuente de salvación para todos los que creen en Él”. (Homilía de S.S. Francisco, 22 de marzo de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que he meditado. (Silencio).

5.-Propósito Darme un tiempo para estar con Jesús no por curiosidad sino por necesidad.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración. Al terminar esta oración te quiero agradecer, Señor, los deseos de verte, de buscarte, de estar contigo, que has puesto en mi corazón. Y te pido que estos deseos se cumplan, estas inquietudes se calmen, estos anhelos terminen en un encuentro al vivo contigo.

Lectio Divina – Miércoles XXV de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, tus palabras son demasiado claras como para querer tergiversarlas. Nos pides desprendimiento total y confianza en las personas a quienes vamos a evangelizar. Los sacerdotes amigos del dinero y de las dignidades humanas, normalmente son criticados por la gente. ¿Acaso les ha faltado algo a los sacerdotes desprendidos, sencillos, que se dan gratuitamente al pueblo? Señor, hazme saber que el evangelio siempre tiene razón.

2.- Lectura sosegada del evangelio: Lucas 9, 1-6

         En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Es impresionante que Jesús, a la hora de dar normas a sus discípulos para ejercer bien la misión, los quiere ligeros de equipaje: ni alforja, ni pan, ni plata, ni dos túnicas. Incluso en este evangelio de Lucas se quita el bastón, lo único que aparece en el evangelio de Marcos (6,8). Lo más probable es que Jesús les dejara un bastón para defenderse de las fieras del camino. Cuando San Lucas lo quita, significa que ya en las comunidades primitivas el bastón comenzaron a interpretarlo  como  símbolo de poder. Qué atentos están los evangelistas para ser fieles a Jesús en aquello que consideraba como esencial: la sencillez, la pobreza, el servicio desinteresado. Los evangelistas tienen muy grabada en la retina el gesto de Jesús “lavando los pies  a sus discípulos” (Jn. 13.1-20). Un Dios que se abaja tanto, que se quita la túnica, que se ciñe la toalla, que seca sus pies, es una estampa tan viva que nunca debería haberse desdibujado, incluso olvidado, en la historia de la Iglesia. Ser radicales es volver a las raíces del evangelio.

Palabra del Papa

“Podríamos concentrarnos en las palabras: “pan”, “dinero”, “alforja”, “bastón”, “sandalias”, “túnica”. Y es lícito. Pero me parece que hay una palabra clave, que podría pasar desapercibida frente a la contundencia de las que acabo de enumerar. Una palabra central en la espiritualidad cristiana, en la experiencia del discipulado: hospitalidad. Jesús como buen maestro, pedagogo, los envía a vivir la hospitalidad. Les dice: “Permanezcan donde les den alojamiento”. Los envía a aprender una de las características fundamentales de la comunidad creyente. Podríamos decir que cristiano es aquel que aprendió a hospedar, que aprendió a alojar. Jesús no los envía como poderosos, como dueños, jefes o cargados de leyes, normas; por el contrario, les muestra que el camino del cristiano es simplemente transformar el corazón. El suyo, y ayudar a transformar el de los demás. Aprender a vivir de otra manera, con otra ley, bajo otra norma. Es pasar de la lógica del egoísmo, de la clausura, de la lucha, de la división, de la superioridad, a la lógica de la vida, de la gratuidad, del amor. De la lógica del dominio, del aplastar, manipular, a la lógica del acoger, recibir y cuidar”. (Homilía de S.S. Francisco, 12 de julio de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Mirar el evangelio de hoy y constatar la cantidad de cosas que me sobran.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Al terminar esta oración, te pido que me des la virtud de la transparencia. Quiero ser sincero con Dios y conmigo mismo. Quiero descubrir lo lejos que estoy de cumplir con el evangelio, lo que me he ido apartando de los sentimientos de Jesús. Y te pido Señor que me ayudes a ajustar mi vida a tu programa y a usar los medios que Tú me indicas para que mi evangelización sea eficaz.  

Lectio Divina – San Mateo

1.- Oración introductoria.

Señor, hoy quiero ir a la oración con los ojos limpios, sin prejuicios. Los fariseos y judíos de entonces no podían ver con buenos ojos a los que colaboraban con los romanos en la recaudación de los impuestos.  Eran considerados como enemigos del pueblo y ladrones. Tú, Jesús, conocías todo eso, pero sabías    mirar a las personas por dentro, por encima de las circunstancias y de los cargos que representaban.  Para Ti, todos somos hijos de Dios.

2.- Lectura reposada del evangelio Mateo 9, 9-13

Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?» Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, y no sacrificio.Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

3.- Qué me dice el texto.

Meditación-reflexión.

¡Qué bonitas estas palabras del evangelio!: “Vio Jesús a un hombre”. Lo que explica todo en los relatos de vocación es “la mirada de Jesús”. Es muy difícil decir no a Jesús después de mirarte. Es una mirada cariñosa, penetrante, limpia, sin prejuicios. Es una mirada de amor que penetra, seduce, cautiva. Lo que ve Jesús es “la persona”. No ve ni le interesa ver las circunstancias de esta persona. Ni siquiera le importan sus pecados. La mirada de Jesús nunca se detiene en el pasado de esa persona. Es una mirada creativa, le interesa lo que puede ser, lo que esa persona está llamada a ser. Es curioso que aquel hombre, llamado Mateo, “estaba sentado”. Estaba anclado en su trabajo, feliz con su trabajo, bastante rentable, por cierto. Y, con sólo mirarle Jesús, “se levantó y le siguió”. Sólo la mirada de Jesús nos puede levantar de nuestros pecados, de nuestras frustraciones, de nuestra pasividad, de nuestra pereza. ¡Si supiéramos dejarnos mirar por Jesús!… Lo primero que hace Mateo es “invitarle a comer”. Necesita celebrar ese encuentro, darle gracias, por haberse fijado en él a pesar de ser corrupto y colaboracionista de los romanos. Jesús no le ha recriminado nada, no le ha tenido en cuenta su pasado, y ha tenido la delicadeza de llamarlo para ser su apóstol. Los fariseos protestan. Jesús les dice que ha venido a curar a los enfermos y perdonar a los pecadores. Y este “colaborador de los romanos” hasta ahora, desde aquí en adelante, va a ser mi propio colaborador, mi apóstol, mi amigo, mi confidente.  

Palabra del Papa

“Jesús acoge en el grupo de sus íntimos a un hombre que, según la concepción de Israel en aquel tiempo, era considerado un pecador público. En efecto, Mateo no sólo manejaba dinero considerado impuro por provenir de gente ajena al pueblo de Dios, sino que además colaboraba con una autoridad extranjera, odiosamente ávida, cuyos tributos podían ser establecidos arbitrariamente. Por estos motivos, todos los Evangelios hablan en más de una ocasión de «publicanos y pecadores», de «publicanos y prostitutas». Además, ven en los publicanos un ejemplo de avaricia: sólo aman a los que les aman y mencionan a uno de ellos, Zaqueo, como «jefe de publicanos, y rico», mientras que la opinión popular los tenía por «hombres ladrones, injustos, adúlteros». Ante estas referencias, salta a la vista un dato: Jesús no excluye a nadie de su amistad. Es más, precisamente mientras se encuentra sentado a la mesa en la casa de Mateo-Leví, respondiendo a los que se escandalizaban porque frecuentaba compañías poco recomendables, pronuncia la importante declaración: «No necesitan médico los sanos sino los enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores». Benedicto XVI, 30 de agosto de 2006.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.-Propósito. Buscar un poco de tiempo para agradecer el día en que Jesús me miró.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Jesús, por haberme llamado. Gracias porque, estando sentado en el sillón de mi comodidad, de mi frivolidad, de mi pereza, has sido capaz de levantarme.  ¿Qué hubiera sido de mi vida sin tu mirada? Tu mirada me ha hecho bondadoso, amable, responsable, solidario. Yo soy lo que soy por el milagro de tu mirada.

Lectio Divina – Lunes XXV de Tiempo Ordinario

1.-Oración-Introductoria.

Hoy, Señor, te pido en esta oración, que mi vida esté iluminada por tu luz. Tú eres la “luz del mundo”. Tú quieres que este mundo esté iluminado por tu luz. Todo pecado es oscuridad. Y Tú me mandas ir a quitar del mundo las sombras de la mentira, del egoísmo y de la ambición.  Pero yo no puedo iluminar si antes no he sido iluminado por Ti. Señor, que tu luz me haga ver la luz,

2.- Lectura reposada del Evangelio: Lucas 8, 16-18

En aquel tiempo Jesús dijo a la muchedumbre: «Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Cristo es “la luz del mundo” (Jn. 8,12). Y este mundo debe estar iluminado por esta luz. Esta luz no es patrimonio de unos pocos sino de todos: los cristianos, los musulmanes, los budistas, los ateos. “De su plenitud todos hemos recibido” (Jn. 1,16). Nosotros, los cristianos, hemos sido llamados para difundir esta luz, para llevarla hasta los últimos rincones del mundo. Pero nadie puede iluminar si antes él no ha sido iluminado; nadie puede incendiar si antes él no arde por dentro. De San Juan Bautista Jesús hizo este elogio: “Era una lámpara que ardía y lucía” (Jn. 5,35). ¿Qué elogio haría Jesús de nosotros hoy? ¿Somos personas transparentes, entusiastas, gozosas con lo que llevamos entre manos? ¿O estamos fríos, tibios, apagados? Si esta es nuestra situación, ¿Podemos decir a Cristo que puede contar con nosotros? En la primera comunidad de los cristianos se acuñó esta palabra griega: “parresía”. Y esto significa: decir lo que hay que decir, venciendo el miedo. ¿Tenemos miedo a decir la verdad? ¿Guardamos la luz debajo del celemín? Si nosotros ofrecemos un cirio al Señor o a la Virgen, queremos que se encienda y no se apague, ni que lo retiren al poco de haber sido encendido. Queremos que se consuma hasta el final. Dios nos ha puesto a todos nosotros como “cirios encendidos” ¿Seguimos encendidos? ¿Nos cansamos de brillar? ¿O estamos ya apagados?

Palabra del Papa

“Esta asamblea brilla en los diversos sentidos de la palabra: en la claridad de innumerables luces, en el esplendor de tantos jóvenes que creen en Cristo. Una vela puede dar luz solamente si la llama la consume. Sería inservible si su cera no alimentase el fuego. Permitid que Cristo arda en vosotros, aun cuando ello comporte a veces sacrificio y renuncia. No temáis perder algo y quedaros al final, por así decirlo, con las manos vacías. Tened la valentía de usar vuestros talentos y dones al servicio del Reino de Dios y de entregaros vosotros mismos, como la cera de la vela, para que el Señor ilumine la oscuridad a través de vosotros. Tened la osadía de ser santos brillantes, en cuyos ojos y corazones reluzca el amor de Cristo, llevando así luz al mundo. Confío que vosotros y tantos otros jóvenes aquí en Alemania sean llamas de esperanza que no queden ocultas. «Vosotros sois la luz del mundo». Dios es vuestro futuro. Amén”. Benedicto XVI, 24 de septiembre de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra que acabo de meditar. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Hoy miraré con buenos ojos a todas las personas, también a los que no creen, también a los emigrantes. 

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, gracias porque en este rato de oración he aprendido que no basta ser luz, hay que alumbrar; ni basta estar bautizado, hay que dar testimonio; ni basta encender el cirio de la vida y apagarlo cuando me parece; hay que tenerlo siempre encendido. Ayúdame, Señor, a ser consecuente con mi fe.

Lectio Divina – Domingo XXV de Tiempo Ordinario

Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos

INTRODUCCIÓN

“El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres”.  El Hombre libre, el hombre perfecto, el hombre en plenitud, el hombre ideal, va a caer en manos de hombres inicuos, hombres sin escrúpulos, sin conciencia, sin moral, sin dignidad. El más justo, cae en manos injustas; el más santo, en manos pecadoras; el más honesto, en manos sucias; el que “ha pasado por la vida haciendo el bien” va a caer en manos asesinas. Y todo, ¿por qué? Lo dice muy bien el libro de la Sabiduría en la primera lectura de hoy: “Acechemos al justo que nos resulta incómodo, se opone a nuestras acciones, nos reprende nuestra educación errada”. Las tinieblas no pudieron soportar la luz de su mirada; la oscuridad de la mentira no pudo aguantar la clara y blanca verdad; la envidia y el odio se estrellaron en la roca inquebrantable de su infinito amor

TEXTOS BÍBLICOS

1ª Lectura: Sab.2,12.17-20.        2ª lectura: Sant. 3,16-4,3.

EVANGELIO

Marcos 9, 30-37:

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se entera se, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaúm, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

REFLEXIÓN

 1.– Atravesaron Galilea, camino de Jerusalén.  Para los judíos del tiempo de Jesús, Galilea era la olvidada, la desconocida, la despreciada. Allí estaban los pobres, los humildes, los mezclados con otras culturas. “Galilea de los gentiles”.  En cambio, para Jesús fue Galilea el centro de su predicación del Reino. Aquella Galilea del lago, de los bellos atardeceres, de las aves del cielo que su Padre alimenta y de los lirios del campo que el mismo Padre viste de belleza, es también la Galilea que acepta con gusto la predicación de Jesús.  Él pasó por las casas y las cosas de los hombres y mujeres de Galilea camino de Jerusalén donde se iba a encontrar con la muerte.  Esto tuvo que ser muy duro para Jesús. También lo es para nosotros, que debemos pasar y sacrificar la Galilea de nuestros sueños e ilusiones; de nuestras vivencias y emociones, camino de Jerusalén donde nos vamos a encontrar con la muerte inexorable. Pero hay una salida: al tercer día resucitaré. La muerte y Resurrección de Jesús en Jerusalén nos ha abierto una puerta a la esperanza que ya nada ni nadie nos puede cerrar.

2.– Jesús se sentó y los llamó. Cuando Jesús “se sienta” es que quiere hablar como Maestro y dar solemnidad a lo que va a decir.  No tiene mucho sentido que, estando en una casa, los llamara.  El verbo griego «phoneo», indica una llamada especial. Tiene relación con la llamada de vocación. Y allí se dice que “los llamó para estar con Él y enviarlos a predicar”. (Mc. 3,14).  Cuando estos apóstoles, mientras Jesús va hacia la muerte, hablan por el camino sobre quién de ellos iba a ser más importante, están demostrando lo lejos que están de las ideas, de los sentimientos, y del Proyecto de Jesús. Por eso quiere acercarlos y darles la gran lección: “Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos”. El que quiera seguir a Jesús ha de montarse en el carro de los perdedores.  Con todo, cometeríamos un grave error si entendiéramos el lenguaje de Jesús como un camino de infelicidad. Por el camino del egoísmo no podremos nunca realizarnos como personas. El ego nunca tiene bastante, es un ser vacío y sin fondo. Si no nos liberamos de él y nos dedicamos a los demás, nuestra vida será frustrante. Servir a los demás y dar la vida por ellos es la única manera de aprovechar la vida.  Jesús tiene razón.

3.– Y acercando un niño, lo puso en medio, lo abrazó y le dijo: el que acoge a un niño como este me acoge a mí.  En el evangelio de Marcos, el niño no aparece, como en Mateo, en clave moral: modelo de humildad, naturalidad, simplicidad. Aquí el niño aparece como un ser que no tiene derechos, que no tiene importancia, que no cuenta, que no es digno de atención, es decir, en situación de inferioridad. Teniendo en cuenta que este evangelista llama “niña” a la hija de Jairo que ya tiene doce años, podría tratarse del muchachito de los recados, el que está siempre a disposición de los mayores. Lo que realmente importa es que Jesús se identifica con él.  “Jesús se identifica con el irrelevante, el que no tiene prestigio, es débil e indefenso, necesita asistencia. La escena presentada por Marcos se parece a la del juicio final” ( Schanackenburg).

PREGUNTAS

1.- ¿Estoy apegado a la Galilea de esta vida? ¿Creo que con lo que estoy haciendo cada día me estoy preparando para el viaje definitivo?

2.- ¿Siento dentro de mí una llamada íntima, profunda a estar con Jesús? ¿Le creo a Jesús capaz de llenar mi vida? ¿De hacerme plenamente feliz?

3.- ¿De verdad me creo que los pobres, los que no cuentan, los débiles, son un verdadero camino hacia Dios?

ESTE EVANGEIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

Cómo nos gusta, Señor,
estar en el candelero,
ser la admiración de todos,
copar el puesto primero.
No queremos entender
y preguntar nos da miedo.
Sin embargo, ser cristiano
tiene sus “reglas de juego”.
El cristiano sigue siempre
el ejemplo del Maestro.
“Él no vino a ser servido
sino a servir, a ser siervo
Jesús pide a sus amigos
tomar el “último puesto”.
Quien ante Dios, se hace “niño”
es el “primero” en su Reino.
Si pensamos en honores
en  triunfos, en privilegios,
con pesar, nos encontramos
muy lejos del Evangelio.
Nosotros, Señor, con fe,
queremos seguir tu ejemplo:
Dar en servicio de todos
nuestra vida y nuestro tiempo.
Tú, que en el Pan y en el Vino,
te escondes y haces “pequeño”,
haz que, sirviendo, encontremos
nuestro gozo y nuestro premio.

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí)

Lectio Divina – Sábado XXIV de Tiempo Ordinario

1.- Oración – Introductoria.

Señor, hoy quiero acercarme a tu evangelio con un corazón limpio, transparente, dúctil, maleable, como cera blanda donde se marquen bien tus palabras. Y te pido que la semilla de tu Palabra sea abundante. El buen sembrador nunca se cansó de sembrar. Yo también quiero sembrar, sembrar el mundo de paz, de bondad, de sencillez, de amor.

2.- Lectura reposada del evangelio Lucas 8, 4-15

En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente, y viniendo a él de todas las ciudades, dijo en parábola: Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó al borde del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre terreno pedregoso, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, que oiga. Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y él dijo: A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los del borde del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.

3.- Qué dice el texto

Meditación-reflexión.

Ya hemos comentado en otro lugar que en las parábolas hay que distinguir tres etapas:

a) La parábola tal y como fue dicha por Jesús.

b) la parábola predicada por los apóstoles y discípulos (pensemos que desde la muerte de Jesús hasta que se escribe el primer evangelio de Marcos han pasado casi cuarenta años).

c) La parábola tal y como la escribió el evangelista. 

Normalmente las explicaciones de las parábolas son cosecha de la comunidad primitiva. ¿Qué quiso decir Jesús en esta parábola? En esta parábola, tal y como fue dicha por Jesús, hay que destacar:

a) la abundancia de la semilla. El sembrador derrocha la semilla y lo deja todo sembrado: los caminos, las piedras, los espinos. Lo importante para Jesús es no cansarse de sembrar el bien. No dar nada por perdido. No decir nunca: de aquí no se puede sacar nada.

b) Al final habrá una gran cosecha. En tiempo de Jesús una buena

cosecha daba el siete por uno. Pensar en un 30, 60 o 100 es impensable, Pero la cosecha es de Dios y es abundante. Lo nuestro es sembrar. El fruto se lo dejemos a Dios. 

Palabra del Papa

“Para hablar de salvación, se recuerda aquí la experiencia de cada año que se renueva en el mundo agrícola: el momento difícil y fatigoso de la siembra, y la alegría tremenda de la recogida. Una siembra que se acompaña con las lágrimas, porque se tira lo que todavía se podría convertir en pan, exponiéndose a una espera llena de inseguridades: el campesino trabaja, prepara el terreno, esparce la semilla, pero, como tan bien ilustra la parábola del sembrador, no sabe dónde caerá esta semilla, si los pájaros se la comerán, si se echará raíces, si se convertirá en espiga. Esparcir la semilla es un gesto de confianza y de esperanza; es necesario el trabajo del hombre, pero luego se entra en una espera impotente, sabiendo que muchos factores serán determinantes para el buen resultado de la recogida y que el riesgo de un fracaso está siempre presente. […] En la cosecha todo se transforma, el llanto termina, deja su lugar a gritos de alegría exultante. Benedicto XVI, 13 de octubre de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí esta parábola ya meditada. (Silencio)

5.- Propósito. Desde que me levanto hasta que me acuesto no dejo de sembrar el bien, aunque no vea ningún fruto.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi

Gracias, Señor, por tu capacidad de escucha, por tu capacidad de espera, por tu capacidad de aguante, con nosotros. Jamás das nada por perdido. Jamás dices: de éste no se puede esperar nada. Tú, Señor, siempre animando, apoyando, levantando. No te asustan nuestras caídas, nuestras demoras, nuestros cansancios, nuestros retrocesos. Siempre nos ofreces una nueva oportunidad. ¡Qué bueno eres siempre con nosotros! ¡Gracias!

Lectio Divina – Viernes XXIV de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, te agradezco que hayas incorporado a la mujer a tu misión, a la construcción del Reino. En medio de un contexto  totalmente machista, Tú optaste a favor del feminismo de una manera clara y contundente. No tuviste prejuicios contra ellas, las defendiste del tabú de la sangre, las elevaste a la categoría de seres libres, capaces de escuchar tu palabra, y sobre todo, siempre las miraste con la mirada del corazón.

 2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 8, 1-3

En aquel tiempo, Jesús iba caminando por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Es verdad que, a la hora de la primera creación, el protagonismo lo tuvo un hombre: Adán; pero en la segunda creación, Dios, a la hora de elegir un medio eficaz para entrar en el mundo, pensó  en clave femenina. Siempre me impresionan las palabras de Pablo: “Al llegar la plenitud  del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer” (Gal. 4,4). En el relato del evangelio de hoy Jesús fue  un osado. Sabía que “la mujer casada que acompañaba a los profetas era repudiada por su marido y era motivo  suficiente para casarse con otra”. (J. Jeremías)  Pero Jesús rompe los esquemas sociales y culturales  a la hora de optar por un auténtico feminismo, incluso incorporando a las mujeres a su propia misión evangelizadora. Y fue una mujer, María Magdalena,  la que dio a los discípulos la noticia de que Cristo había Resucitado. Fueron unos ojos de mujer los primeros que vieron el rostro del resucitado;  unos oídos de mujer los que escucharon el primer nombre pronunciado por Él: ¡María! Y unos labios de mujer los primeros que besaron los pies del nuevo Adán.  

Palabra del Papa

“Es indudable que debemos hacer mucho más a favor de la mujer, si queremos dar más fuerza a la reciprocidad entre hombres y mujeres. Es necesario de hecho, que la mujer no solamente sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, un prestigio reconocido en la sociedad y en la iglesia. El modo mismo con el cual Jesús ha considerado a las mujeres -el evangelio lo indica así- era un contexto menos favorable del nuestro, porque en esos tiempos la mujer era puesta en segundo lugar. Pero Jesús la considera de una manera que da una luz potente que ilumina un camino que lleva lejos, del cual hemos recorrido solamente un tramo. Aún no hemos entendido en profundidad cuales son las cosas que nos puede dar el genio femenino de la mujer en la sociedad. Tal vez haya que ver las cosas con otros ojos para que se complemente el pensamiento de los hombres. Es un camino que es necesario recorrer con más creatividad y más audacia”. (Audiencia de S.S. Francisco, 15 de abril de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito: Dar gracias a Dios por habernos dado a María la madre de Jesús, por madre nuestra.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor Jesús, yo te agradezco que hayas sido tan valiente y no te haya importado incorporar a las mujeres a la misión de extender  a todas partes tu Reino. Y, de un modo especial, te agradezco que hayas querido venir a este mundo a través de una mujer llamada María. Ella es, como dice P Claudel,  “el sacramento de la ternura maternal de Dios”. Haz que sepamos empaparnos de esta ternura infinita.