Lectio Divina – Domingo XI de Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN

Quien conoce el Antiguo Testamento, advierte que esta parábola recoge una comparación de Ezequiel modificándola radicalmente. Este profeta se dirige a los judíos de su tiempo, desanimados por tantas desgracias políticas, económicas y religiosas. Para infundirles esperanza, compara al pueblo con un árbol. Pero no con el modesto arbolito de la mostaza, sino con un majestuoso cedro, del que Dios arranca un esqueje para plantarlo «en un monte elevado, en la montaña más alta de Israel». Todo es grandioso en Ezequiel; en el evangelio, todo es modesto. Pero el resultado es el mismo: en ambos árboles pueden anidar los pájaros. La comparación de Ezequiel recuerda la imagen de una iglesia universal dominante, grandiosa, respetada y admirada por todos. La de Jesús, una comunidad modesta, sin grandes pretensiones, pero alegre de poder acoger a quien la necesite. (J.L. SICRE)

TEXTOS BÍBLICOS

1ª Lectura: Ez. 17,22-24.       2ª Lectura: 2Cor. 5, 6-10

EVANGELIO

San Marcos (4,26-34):

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.» Les dijo también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra.» Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

REFLEXIÓN

Dos parábolas de Marcos que son dos joyas. La primera nos habla de la “gratuidad” y la segunda de la “importancia de lo “pequeño”. Dios es puro don, y no se puede comprar con nada. Por otra parte, a Dios le tira “lo pequeño, lo que no cuenta, lo humilde, lo sencillo”. También Dios tiene derecho a tener sus caprichos.   

1.- SEMILLA QUE CRECE SOLA

Dios, al crear la tierra, nos puso a los hombres y mujeres de este mundo dos tareas: la primera fue la de cultivarla, trabajarla, transformarla. Y ésta la hemos cumplido y la estamos cumpliendo, aunque con limitaciones.  Pero la otra fue la de “contemplarla”. Y esto lo hemos hecho muy mal. El Señor nos invita a contemplar: “Mirad los lirios cómo crecen en primavera”. No trabajan…, no hilan… y, sin embargo, Dios los viste de preciosos colores (Mt. 6,28). En la parábola de la semilla “que crece sola”, el Señor nos pide que contemplemos la maravilla de lo que Dios hace en soledad, en silencio, sin la presencia del hombre, incluso cuando éste está dormido. Primero echa tallos, luego la espiga, después el grano. ¡Qué trabajo tan bonito hace Dios en lo escondido! Y si eso hace Dios en la tierra con las plantas, ¿qué maravillas hará Dios con sus hijos, en el corazón de cada persona? Si no miramos, si no contemplamos, la vida se nos llena de rutina o de hastío. Allá donde no hay capacidad de “contemplar”, no hay capacidad de sorpresas. Qué bella la frase de este evangelio: “sin saber cómo”. Lo decía muy bien la madre de los Macabeos: “Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, no fui yo quien os regaló la vida” (2Mac. 7,22). Una madre, sin saber nada de biología ni anatomía, en nueves meses y sin dejar su trabajo ordinario, hace un mundo de maravillas: la maravilla del ojo, del oído, del corazón, del cerebro. En el salmo 139 aparece Dios como un “divino tejedor bordando nuestros tejidos en el misterio de la maternidad”. Y cada uno de nosotros tenemos experiencias en nuestra vida de haber solucionado asuntos que nos parecían imposibles de resolver “sin saber cómo”. “En los hechos irrelevantes, en la simplicidad y normalidad de cada día, se esconde el germen del reino de Dios. Descuidando lo cotidiano, se corre el riesgo de perder la cita con lo eterno” (Casa de la Biblia).

2.– EL GRANO DE MOSTAZA

Aquí el evangelista no se fija tanto en la semilla, sino en la “pequeñez de la semilla”. Después se hace una gran hortaliza.  Esta parábola de Jesús está en contraposición a lo que nos dice el profeta Ezequiel en el capítulo 17, y que la liturgia, con acierto, ha puesto como primera lectura. La visión del profeta respecto del pueblo de Dios es a lo grande: Ha escogido un “esqueje” de la cima del alto cedro y la plantará en una montaña alta. Se convertirá en alto cedro. Lo que domina es el adjetivo “alto”. En la parábola de Jesús todo es pequeño. La semilla no la escoge del viejo tronco de Israel. Será una semilla pequeña, pero ¡eso sí! con fuerza interior para crecer y hacerse gran hortaliza, pero nunca un árbol. En esta parábola Dios se recrea en lo pequeño. Y sólo desde la humildad se puede crecer. A la hora de elegir Dios una madre no se fue ni a la sabia Grecia ni a la opulenta Roma, sino a Nazaret, un pueblecito desconocido. Y allí escoge a una muchacha humilde, a quien Dios va a mirar con mucho cariño. Si algo grande ha ocurrido en este mundo ha sido esa mirada de Dios sobre María. Y ¿qué ha mirado Dios en ella? Lo dice María: “La pequeñez de su esclava”. ¡Qué bien y que a gusto trabaja Dios con lo pequeño! Y qué mal con los sabios y entendidos de este mundo (Mt. 11,25). Los ojos de Dios se van detrás de lo pequeño. Y, como dice San Juan de la Cruz, el mirar de Dios es amar. Hay dos maneras de ir a Dios: Por las buenas o por las malas. Ir por las malas es ir en plan de exigencia, como el fariseo de la parábola.  Ir por las buenas es ir en plan de indigencia, como el publicano.  No es cuestión de “puños cerrados” sino de “manos abiertas”

PREGUNTAS

1.- ¿Estoy convencido de que sólo sintiéndome un regalo de Dios puedo yo convertirme en don para los demás?

2.- ¿Me siento a gusto con la gente sencilla y humilde? ¿Me encanta trabajar con ellos y aprender de ellos?

ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

Es una bella parábola
que a los creyentes invita
a una gran “serenidad”,
y confianza infinita.
La “responsabilidad”
es condición exigida
para recibir el Reino
de Dios, que nos da la vida.
Pero el Reino es “una gracia
de Dios”, del todo gratuita.
Siempre hay Alguien invisible,
que nos protege y nos cuida.
Los creyentes descansamos
en esas “manos divinas”,
dispuestas para la ayuda,
el consuelo y la caricia.
El Reino siempre es regalo,
un don de categoría,
que el Padre Dios nos da gratis,
porque amar es su manía.
La parábola destaca
la gran fuerza y la energía
de la semilla que, SOLA,
crece, grana y fructifica.
El Reino es “poder de Dios”,
la más rica alternativa.
Sólo espera que nosotros
le demos la bienvenida.

(Estos versos los compuso José Javier Pérez Benedí)

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Inmaculado Corazón de María

1.- Oración introductoria.

Señor, ayer celebramos tu fiesta, la fiesta del corazón, la fiesta del amor. Hoy, trasvasamos esa misma fiesta a tu madre. ¿No es el corazón de una madre el lugar de la mejor fiesta para cada hijo?  Y el corazón de María fue en este mundo  el lugar privilegiado para ti, Señor. Era la cuna  donde Tú descansaste de niño. Allí aprendiste a escuchar el latido del corazón de una madre, de todas las madres y de toda la humanidad.

2.- Lectura reposada del Evangelio: Lucas 2, 41-51

María y José iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando. Él les dijo: Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

3.- Qué dice el texto

Meditación-reflexión.

Quiero comenzar mi reflexión con estas palabras de María: Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando. Y me da devoción poner una admiración en estas palabras: ¡TU PADRE Y YO!  Tu padre y yo siempre estamos juntos. Jamás discutimos y menos ahora.  Tu padre y yo sólo vivimos para ti.  Eres el centro de nuestra ocupación y preocupación. Por ti trabajamos de día y contigo soñamos de noche. Si tú te pierdes, nosotros desaparecemos. San José es el hombre sencillo, humilde, nunca aparece. Por eso María tiene interés en  sacarlo a la escena, aunque sólo sea para nombrarlo, aunque sólo sea para decir que es un esposo maravilloso y un padre encantador ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi padre? Y nos dice el mismo texto: “Pero ellos no comprendieron”. Tampoco le pidieron ninguna explicación. “Aceptaron el misterio y cargaron con él”. Si hubieran intentado abrirlo, lo hubieran estropeado. El misterio es de Dios y sólo de Dios. El misterio es lo que rebasa al hombre, le trasciende,  le supera, y, al mismo tiempo, le estremece y le fascina.  Y es precisamente ese MISTERIO el que María conserva en su corazón.  Es la riqueza suprema  de un Dios Inmenso, Infinito, que el hombre apenas puede vislumbrar. Respecto al Evangelio, conviene unir dos frases: “Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos”. (Jn. 20,30) Y la del evangelio de hoy: Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”. Muchas palabras, muchos signos, mucha vida de Jesús no ha quedado consignada por escrito. Pero no hay que temer. Todo está conservado cuidadosamente en el corazón de la Virgen. María es el “quinto evangelio”, el más amplio, el más rico, el más gustado, el más experimentado. No dejemos nunca de ir a beber en la fuente de este quinto evangelio.

Palabra del Papa.

“Jesús permaneció en esa periferia durante treinta años. El evangelista Lucas resume este período así: Jesús “estaba sujeto a ellos [es decir a María y a José]”. Y uno podría decir: ‘Pero este Dios que viene a salvarnos, ¿perdió treinta años allí, en esa periferia de mala fama?’. ¡Perdió treinta años! Él quiso esto. El camino de Jesús estaba en esa familia. “Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”. No se habla de milagros o curaciones, de predicaciones —no hizo nada de ello en ese período—, de multitudes que acudían a Él. En Nazaret todo parece suceder ‘normalmente’, según las costumbres de una piadosa y trabajadora familia israelita: se trabajaba, la mamá cocinaba, hacía todas las cosas de la casa, planchaba las camisas… todas las cosas de mamá. El papá, carpintero, trabajaba, enseñaba al hijo a trabajar. Treinta años. “¡Pero qué desperdicio, padre!”. Los caminos de Dios son misteriosos. Lo que allí era importante era la familia. Y eso no era un desperdicio. Eran grandes santos: María, la mujer más santa, inmaculada, y José, el hombre más justo… La familia”. (S.S. Francisco, Audiencia General del 17 de diciembre de 2014).

4.- ¿Qué me dice hoy a mí este evangelio ya comentado? (Silencio)

5.-Propósito. Cuando me encuentre triste, solo, sin ganas de leer el evangelio escrito, voy a ir al evangelio de María. Allí encontraré la respuesta concreta, medida y recortada para mí hoy.

6.- Dios me ha hablado a través de su Palabra. Ahora yo le respondo con mi oración. 

Gracias, Dios mío, por tu madre. Gracias porque nos la dejaste también a nosotros antes de morir. Es un bonito regalo. Tiene manos de madre, pies de madre, ojos de madre, pero ante todo, tiene CORAZON DE MADRE. Ella no es meta sino camino. Ella no quiere ser protagonista de nada. Su ilusión es siempre darnos a Jesús, el fruto bendito  de su vientre. ¡Gracias, Señor!

         ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Sagrado Corazón de Jesús

1.- Oración introductoria.

Señor, hoy es un día muy bonito porque celebramos la fiesta más grande de todas: la fiesta del corazón. Lo propio del corazón es amar. Un corazón está sano cuando ama  mucho y  ama bien. Un corazón está enfermo cuando ama poco o ama mal. Celebrar  la fiesta de tu corazón  es celebrar el inmenso amor que Tú nos tienes. Sí, Jesús, estamos en fiesta porque nos amas tanto.  Y eso es lo que nosotros hoy queremos celebrar. 

2.- Lectura reposada del Evangelio. Juan 19, 31-37

Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado – porque aquel sábado era muy solemne – rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión.

Las tres lecturas que ha elegido la liturgia de este día son tan bellas que no me puedo resistir a decir un poco de cada una. Cuando uno lee a Oseas en el capítulo once y no se emociona es que no tiene corazón. Es la idea de un Dios que es Padre y-Madre. Un Dios que llama a su hijo pequeño, le atrae con cuerdas de amor. Le enseña a caminar, lo levanta para besarle, y se inclina como la mamá para dar de mamar a su bebé. Así de tierno, de cariñoso, de encantador, es Dios. En la segunda lectura, San Pablo cae de rodillas ante el Padre que, en Jesús, el Señor, ha derramado todos los tesoros de su amor. Un amor que rebasa todas las medidas. Más alto que lo más alto de los cielos; más ancho que lo más ancho del horizonte; más profundo que lo más profundo de los mares. La medida de su amor es: “que no tiene medida”. Y el evangelio de Juan, el evangelista de la profundidad, el evangelista del Espíritu, nos presenta una escena escalofriante: “Mirarán al que atravesaron”. Aquel que por amor se dejó atravesar, nunca debe ser olvidado, siempre debe ser mirado  por unos ojos enamorados. El que fue elevado a la Cruz por amor, debe atraer a todos a su amor, debe atraer  las miradas de todos los corazones hacia Él.  

Palabra del Papa

Este amor, esta fidelidad del Señor manifiesta la humildad de su corazón: Jesús no vino a conquistar a los hombres como los reyes y los poderosos de este mundo, sino que vino a ofrecer amor con mansedumbre y humildad. Así se definió a sí mismo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Y el sentido de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que celebramos hoy, es que descubramos cada vez más y nos envuelva la fidelidad humilde y la mansedumbre del amor de Cristo, revelación de la misericordia del Padre. Podemos experimentar y gustar la ternura de este amor en cada estación de la vida: en el tiempo de la alegría y en el de la tristeza, en el tiempo de la salud y en el de la enfermedad y la dificultad.La fidelidad de Dios nos enseña a acoger la vida como acontecimiento de su amor y nos permite testimoniar este amor a los hermanos mediante un servicio humilde y manso. (Homilía de S.S. Francisco, 27 de junio de 2014).


4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Silencio)

5.-Propósito: Diré durante todo el día: Me amó y se entregó por mí. Le amaré y daré mi vida por Él.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, en esta fiesta del amor, quiero darte gracias, infinitas gracias, por todo el amor que has derrochado en nosotros. Nosbautizamos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es decir, nos bañamos, nos empapamos,  nos sumergimos en el Océano Infinito del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu. Ahí nos sentimos felices, tan felices  como los peces en el agua.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Jueves X de Tiempo Ordinario

1.-Oración introductoria

Hoy, Señor, vengo a la oración a pedirte que no me conforme con cualquier cosa, que no me limite a hacer lo que hace todo el mundo, aunque esté mal. Me pides que supere el borreguísimo y me distinga por mi afán de superación, de ser distinto, de estrenar un camino nuevo, el camino iniciado por Jesús. Jesús, te pido parecerme cada día un poquito más a ti, seguirte y poner mis pies en las huellas que Tú dejaste mientras caminaste por los caminos de Palestina. 

2.- Del santo Evangelio según san Mateo 5, 20-26

Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.1Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la gehenna del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.

3.- Qué me dice el texto.

Meditación-reflexión

Nos hemos acostumbrado a una moral de mínimos. Y cuando queremos probar lo buenos que somos, decimos: “Yo ni robo ni mato” En la ley de Jesús, uno no es bueno simplemente por evitar el mal. Dios no se conforma con que dejemos de ser malos. Quiere de nosotros algo más. Uno de los elogios más bellos que se han dicho de Jesús es éste: “Pasó por la vida haciendo el bien” (Hch. 10,38). Qué bella sería mi vida si, desde que me levanto hasta que me acuesto sólo tuviera una preocupación, es más, una obsesión: “hacer el bien”.  Hacer el bien a todo el que se me ponga por el camino: sea blanco o negro; sea hombre o mujer; sea cristiano o no lo sea. El sol no sale sólo para los buenos, sino también para los malos. La lluvia no cae sólo sobre los campos de los que alaban al Señor; también sobre los campos de los que le blasfeman. En el A.T. estaba prohibido presentar a Dios para el sacrificio “víctimas defectuosas” (Lev. 22,20). Allí se trataba de defectos físicos. En la Nueva Ley, no se puede ofrecer a Dios nada “si carece de amor”. La falta de amor es un defecto sustancial. 

Palabra del Papa

“A los que están heridos por divisiones históricas, les resulta difícil aceptar que los exhortemos al perdón y la reconciliación, ya que interpretan que ignoramos su dolor, o que pretendemos hacerles perder la memoria y los ideales. Pero si ven el testimonio de comunidades auténticamente fraternas y reconciliadas, eso es siempre una luz que atrae. Por ello me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos? Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Qué bueno es tener esta ley! ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! Sí, ¡en contra de todo! A cada uno de nosotros se dirige la exhortación paulina: “No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien”. Y también: “¡No nos cansemos de hacer el bien!”. Todos tenemos simpatías y antipatías, y quizás ahora mismo estamos enojados con alguno. Al menos digamos al Señor: “Señor yo estoy enojado con éste, con aquélla. Yo te pido por él y por ella”. Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador. ¡Hagámoslo hoy! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno!  (S.S. Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 100-101).

4.- 4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Durante todo el día me comprometo a hacer el bien a todos que me encuentre en mi camino.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy, al terminar mi oración, quiero salir convencido de que no puedo ser buen cristiano simplemente por evitar el mal. El no hacer el bien ya es un mal. Por eso me comprometo a ser un cristiano de verdad. No quiero ser cristiano de medio pelo, cristiano de apariencia, cristiano de buenas formas, sino cristiano de los pies a la cabeza. Por eso, Señor, te quiero imitar haciendo como norma de mi vida PASAR POR LA VIDA HACIENDO SIEMPRE EL BIEN,

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Miércoles X de Tiempo Ordinario

1.-Oración introductoria.      

Señor, tu enseñanza en este evangelio, lejos de abrumarme por el cumplimiento exhaustivo de las leyes, me relaja al condensar todas las leyes en la ley suprema del amor. Las cosas hechas sin amor, esclavizan, pero todo lo que hacemos desde el amor nos libera. Por eso hoy, al iniciar mi oración, te pido que me deje guiar siempre por esa ley que Tú mismo has dejado impresa en mi corazón.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Mateo 5, 17-19

«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

Jesús ha venido a dar cumplimiento a todo lo establecido por la ley y los profetas. Dar cumplimiento es “llevar a plenitud” una cosa. En concreto, llevar a plenitud las leyes y normas del A.T. Significa orientarlas al núcleo fundamental del mensaje de Jesús: Dios es Amor. Dios es Padre que ama apasionadamente a sus hijos y éstos al sentirse inundados de este amor, se sienten obligados a crear comunidades vivas de amor. Las leyes que son vehículo o manifestación del amor, están bien situadas en la Iglesia y. tratándose del amor, todo es importante: “hasta la más pequeña letra o coma de la ley”. Por eso decía San Francisco de Sales: “No son nuestras acciones como el oro que, el que más vale es el que más pesa, sino como la llama que la más limpia y pura es la que más dista de la materia”. Las acciones liberadas del amor posesivo, del amor egoísta, del amor calculado, son las que más agradan a Dios. Por eso no se trata de hacer muchas cosas para agradar a Dios sino de ofrecerle las obras que han llegado a “cumplimiento”, que han llegado a la perfección, que son expresión del amor.

Palabra del Papa.

“Integración: Jesús revoluciona y sacude fuertemente aquella mentalidad cerrada por el miedo y recluida en los prejuicios. Él, sin embargo, no deroga la Ley de Moisés, sino que la lleva a plenitud, declarando, por ejemplo, la ineficacia contraproducente de la ley del talión. Jesús declara que Dios no se complace en la observancia del Sábado que desprecia al hombre y lo condena. Jesús, ante la mujer pecadora, no la condena, sino que la salva de la intransigencia de aquellos que estaban ya preparados para lapidarla sin piedad, pretendiendo aplicar la Ley de Moisés. Jesús revoluciona también las conciencias en el Discurso de la montaña abriendo nuevos horizontes para la humanidad y revelando plenamente la lógica de Dios. La lógica del amor que no se basa en el miedo sino en la libertad, en la caridad, en el sano celo y en el deseo salvífico de Dios, Nuestro Salvador, “que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. “Misericordia quiero y no sacrificio”» (Homilía de S.S. Francisco, 15 de febrero de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Me comprometo a examinar esta noche las acciones del día. Y comprobaré mis motivaciones internas: si he obrado por rutina, por interés personal o por amor.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

         Señor, al terminar hoy mi oración, te doy gracias porque he caído en la cuenta de la cantidad de obras que hago a lo largo del día sin preocuparme para nada de mis motivaciones. Las hago por hacer. Incluso las hago por puro egoísmo, por el beneficio que me pueden reportar. Tengo mucho que aprender de lo que significa el obrar por amor, el obrar sin pasar factura, el obrar a cambio de nada, en la más absoluta gratuidad. Gracias, Señor, por esta bella enseñanza

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Martes X de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, hoy vengo a pedirte lo que Tú quieres que seamos cada uno de nosotros: sal y luz. Y te lo pido con todo mi corazón. ¿Por qué? Porque me asusta mi vida en la más angustiosa oscuridad: sin saber dónde voy, ni donde estoy, ni qué soy. Y me entristece una existencia insípida, sin saborear lo grande y hermoso de la vida y, sobre todo, el estar condenado a no poder gustar lo suave y dulce que eres Tú, Señor.

2.- Lectura reposada del evangelio. Mateo 5, 13-16

«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Vosotros sois la sal. Vosotros sois la luz. No se trata de tener sino de ser. No dice que, como discípulos, debemos acumular montoncitos de sal en la bodega interior y, después, repartir a los demás para que el mundo no sea tan soso, tan aburrido. Es algo más. Debemos “ser sal”. Toda nuestra vida debe estar anclada en Cristo y desde Él descubrir el sentido de la vida, disfrutar de las cosas por pequeñas que sean, descubrir que con Jesús la vida cambia y tiene otro color y otro sabor. Y lo mismo ocurre con la luz. No nos dice Jesús que seamos “acumuladores de energía” “baterías invisibles” sino que “seamos luz”. Todo nuestro ser debe estar impregnado de esa luz que es Cristo. Allá   donde hay un cristiano hay una antorcha que “arde y alumbra” como Juan Bautista. No se trata de “fuegos artificiales” que brillan con mil colores y enseguida desaparecen. Se trata de personas que son luz y “arden” ante las cosas de Dios e” iluminan” a los que están todavía en la oscuridad de la fe.

Palabra del Papa.

“¿Quiénes eran aquellos discípulos? Eran pescadores, gente sencilla… Pero Jesús los mira con los ojos de Dios, y su afirmación se entiende precisamente como consecuencia de las Bienaventuranzas. Él quiere decir: si fuerais pobres de espíritu, si fuerais mansos, si fuerais puros de corazón, si fuerais misericordiosos… ¡Ustedes serán la sal de la tierra y la luz del mundo! Para comprender mejor estas imágenes, tengamos en cuenta que la ley judía prescribía poner un poco de sal sobre cada oferta presentada a Dios, como un signo de alianza. La luz, entonces, para Israel era el símbolo de la revelación mesiánica que triunfa sobre las tinieblas del paganismo. Los cristianos, el nuevo Israel, reciben, entonces, una misión para con todos los hombres: con la fe y la caridad pueden orientar, consagrar, hacer fecunda la humanidad. Todos los bautizados somos discípulos misioneros y estamos llamados a convertirnos en un Evangelio vivo en el mundo: con una vida santa daremos «sabor» a los diferentes ambientes y los defenderemos de la corrupción, como hace la sal; y llevaremos la luz de Cristo a través del testimonio de una caridad genuina. Pero si los cristianos perdemos sabor y apagamos nuestra presencia de sal y de luz, perdemos la efectividad.» (Ángelus de S.S. Francisco, 9 de febrero de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5.- Propósito. Vivir este día sabiendo que soy “sal y luz”. En este día algo tiene que ser sazonado; algo debe quedar iluminado por mí.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Dios mío, porque me has hecho descubrir en este día la hondura y profundidad de tu evangelio. Me creía buen cristiano con un baño de cristianismo, simplemente cumpliendo algunas de tus enseñanzas. Pero hoy he comprendido que ser cristiano no es cualquier cosa. Lo comprendió muy bien el apóstol Pablo cuando decía:” Yo ya no vivo. Es Cristo quien vive en mí”. Sólo si vivo en Ti puedo ser luz y sal.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Lunes X de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, según el evangelista Mateo, un día te subiste a un monte para hablarnos de las Bienaventuranzas. Nos querías decir que, desde ahora, tú serás para nosotros el nuevo Moisés y la nueva ley. Por eso esta mañana quiero escuchar las bienaventuranzas como si yo estuviera presente en ese monte y las oyera por primera vez. Desde la cumbre de esa montaña quiero respirar el aire puro que llega perfumado con la fragancia del campo de Galilea con sus árboles en flor.  En este ambiente maravilloso quiero que me enseñes los auténticos caminos para la felicidad.

2.- Lectura reposada del Evangelio Mateo 5, 1 – 12

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

Las bienaventuranzas son la mejor expresión de lo que Jesús llevaba dentro. Antes de ser expresadas, fueron vividas por Él. Y constituyen el ADN más profundo de Jesús.  San Mateo las sitúa en un monte para indicarnos que es Jesús el Nuevo Moisés, pero su doctrina supera los contenidos de los diez mandamientos. En Jesús nada hay mandado. Todo su obrar consiste en hacer la voluntad del Padre, agradarle, darle gusto, deleitarle. En el monte Sinaí había truenos, relámpagos, miedos…pero en el monte de las bienaventuranzas todo es paz, libertad, alegría, gozo de vivir. Y hasta la misma naturaleza sirve de marco. Dice Dolores Aleixandre: “Si las bienaventuranzas tomaran forma, figura y colores, reflejarían el azul tranquilo del lago, el verde sombra de los olivos y cipreses, el tono pardo del desierto de Judea y los mil matices de flores silvestres que crecen en sus colinas con las lluvias de primavera”.  Las Bienaventuranzas exhalan el perfume exquisito del jardín interior en el que vive el alma de Jesús en su relación de intimidad con el Padre. Las bienaventuranzas están destinadas a todos. “Viendo las muchedumbres” se sentó como Maestro. Pero sólo las pueden entender los que están cerca de Jesús. “Se acercaron sus discípulos” (v.1). Sólo los que ya “han tocado” a Jesús, los que “han experimentado algo” de la vida de Jesús, pueden aceptarlas. Sólo los que han sido perdonados, pueden aprender a perdonar; sólo los que han sido amados por Jesús, pueden comprender la inmensidad del amor de Dios.

Palabra del Papa

“La palabra bienaventurados (felices), aparece nueve veces en esta primera gran predicación de Jesús. Es como un estribillo que nos recuerda la llamada del Señor a recorrer con Él un camino que, a pesar de todas las dificultades, conduce a la verdadera felicidad. Queridos jóvenes, todas las personas de todos los tiempos y de cualquier edad buscan la felicidad. Dios ha puesto en el corazón del hombre y de la mujer un profundo anhelo de felicidad, de plenitud. ¿No notáis que vuestros corazones están inquietos y en continua búsqueda de un bien que pueda saciar su sed de infinito? […]Y así, en Cristo, queridos jóvenes, encontrarán el pleno cumplimiento de sus sueños de bondad y felicidad. Sólo Él puede satisfacer sus expectativas, muchas veces frustradas por las falsas promesas mundanas. Como dijo san Juan Pablo II: “Es Él la belleza que tanto les atrae; es Él quien les provoca con esa sed de radicalidad que no les permite dejarse llevar del conformismo; es Él quien les empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien les lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que les suscita el deseo de hacer de su vida algo grande”» (S.S. Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2015).

4.- ¿Qué me dice hoy a mí este texto evangélico ya meditado? (Guardo silencio).

5.-Propósito. Voy a hacer en este día todo para agradar a Dios.

6.- Dios me ha hablado hoy por medio del evangelio. Y yo le respondo con mi oración.

Te agradezco, Señor, que hoy me haya enterado un poco más hacia donde van las bienaventuranzas. Quieren un nuevo estilo, una persona nueva, un ser distinto de los demás. No buscan la felicidad por el camino del poseer, del ambicionar, del dominar sino por el camino que ha elegido Jesús: el camino gozoso del servicio desinteresado a los hermanos. Y esto como consecuencia de que Dios es mi riqueza, mi gozo, mi esperanza, y, sobre todo, mi “Abbá”. Mi papá. Gracias, Señor.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Sábado IX de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, la oración de este día llama a la puerta de mi generosidad. Hay muchas puertas dentro de mí: la del egoísmo, la de la codicia, la de la vanidad; pero también existe la puerta de la generosidad y es precisamente a esta puerta  a la que mi oración se dirige. Y le pido a Dios que esta puerta sea ancha y esté siempre abierta, para que yo sea generoso, espléndido, como aquella viuda pobre.

2.- Lectura reposada del evangelio. Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía: Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa. Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

Jesús rechaza los primeros puestos. Si hoy tuviera que elegir entre los de arriba y los de abajo, Jesús siempre se pondría con los de abajo. Si viajara, iría  en un autobús, como la gente sencilla. Y si fuera al centro de salud, preguntaría: Por favor, ¿quién es el último? Y se pondría detrás. ¡Nada de privilegios! Jesús se sentó. Siempre que se usa este término en el evangelio, es para decirnos que quiere hablar como maestro. Y aquí la enseñanza que  Jesús nos quiere dar no consiste en palabras, sino  en un hecho concreto: la limosna de la viuda pobre. Los ojos de la gente están pendientes de aquellos que daban grandes limosnas, incluso aplaudían al que más daba. Nadie se fijó en las dos monedas de aquella mujer que, ante los demás,  sentía vergüenza de dar tan poco. ¿Nadie se fijó? Allí en las dos monedas de la viuda estaban fijos los ojos de Jesús. La viuda podría haber dado una moneda y guardarse la otra para comprar el pan del día siguiente. Pero entregó todo lo que tenía. No sólo el presente del hoy sino el futuro del mañana. Por eso las  echó en el cepillo de los “holocaustos” Allí se depositaban las limosnas que servían para los  sacrificios donde se quemaba todo el  animal, sin que quedara nada. La viuda ofrecía su vida como “holocausto a Dios”. No lo que tenía (ya no tenía nada) sino todo lo que era. ¿Qué lección nos dio Jesús con esta imagen? Esta mujer ha ofrecido todo lo que tenía para vivir. Dios no nos pide que demos cositas que nos sobran sino  que nos demos nosotros mismos. Nuestra vida es un don que Dios nos ha dado para entregarlo a los demás. 

Palabra del Papa

La fe no necesita aparentar, sino ser. No necesita ser alimentada por cortesías, especialmente si son hipócritas, sino por un corazón capaz de amar de forma genuina. Jesús condena este tipo de seguridad centrada en el cumplimiento de la ley. Jesús condena esta espiritualidad de cosmética, aparentar lo bueno, lo bello, ¡pero la verdad por dentro es otra cosa! Jesús condena a las personas de buenas maneras pero de malas costumbres […] Jesús nos aconseja esto: no tocar la trompeta. El segundo consejo que nos da: no dar solamente lo que nos sobra. Y nos habla de esa viejecita que ha dado todo lo que tenía para vivir. Y alaba a esa mujer por haber hecho esto. Y lo hace de una forma un poco escondida, quizá porque se avergonzaba de no poder dar más. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 14 de octubre de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra que acabo de meditar. (Guardo silencio)

5.-Propósito. En este día daré algo de mi persona. (Puedo dar sangre, tiempo, un buen consejo)

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, ¡qué lección tan maravillosa me ha dado hoy a mí esta viuda del evangelio! Sin palabras, desde su humildad, desde su silencio, desde su pasar desapercibida, desde su corazón totalmente entregado a Ti, fiándose plenamente en Ti, me ha dado la clave de la auténtica fe. Me creía que tenía fe, pero estoy muy lejos de la fe auténtica y verdadera. Dame, Señor, la fe de esta viejecita: viuda y pobre: no sólo  ha dado lo que tenía, sino todo lo que ella era.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Viernes IX de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, yo quiero darte gracias porque Tú me caes muy bien y te siento muy cercano. Esos personajes famosos que tanto interesaban a los escribas y fariseos de entonces: un David… un Salomón,… ¡Qué lejos me caen! En cambio, Tú estás ahí, estás cerca, te siento a mi lado y, cuando entras a mí en la comunión, hasta te puedo tocar… Por eso, en este encuentro contigo, te quiero agradecer esa presencia tuya tan cercana, tan intensa, tan gratificante, tan arrolladora.

2.- Lectura reposada de tu evangelio. Marcos 12, 35 – 37

En aquel tiempo mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo? La muchedumbre le oía con agrado.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

A aquellos escribas, siempre con el rollo de la ley en la mano, sólo les interesaba la relación que pudiera tener Jesús con David, o los grandes personajes del A.T. Se habían quedado anclados en el pasado y no podían entender que lo mejor faltaba por llegar. Jesús no es grande con su relación con David sino que David es grande por su relación con Jesús. Por eso le llama: “Mi Señor”. Jesús es grande porque nos habla de Dios-Padre. Nos mete en intimidad con ese Padre, nos hace descubrir su inmensa ternura, y nos hace felices porque podemos hablar con Él diciéndole: Abbá-papá. Jesús nos dice que podemos disfrutar con nuestro Padre Dios como un niño pequeño que juega con su papá, le besa, le abraza, le acaricia y le lleva a pasear. Jesús estaba tan lleno de la ternura del PADRE que esa palabra no caía de sus labios.

También me entusiasma lo que dice de Jesús el evangelio de hoy: la gente sencilla le escuchaba con gusto. En las palabras de Jesús había algo especial que hacía pensar, algo que transportaba a otro mundo maravilloso, el mundo de Dios, tan distinto de nuestro mundo. La gente sencilla “se comía”, se “bebía” las palabras de Jesús. Y se alimentaba de ellas. Por eso se explica que, en el desierto, hasta se olvidaron de comer.

Palabra del Papa.

“El Papa Francisco en su homilía de la misa de hoy en la capilla Santa Marta nos dice que Dios se manifiesta en las cosas sencillas. En los dos textos que la Liturgia nos hace meditar hoy, hay una actitud que atrae la atención, una actitud humana, pero no de buen espíritu: la indignación. Esta gente de Nazaret comenzó a escuchar a Jesús, les gustaba como hablaba, pero entonces alguien dijo: «Pero ¿este, en qué universidad ha estudiado? ¡Este es el hijo de María y José, este era carpintero! (16-Marzo-2020)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Disfrutar un rato con Jesús leyendo un trozo del evangelio.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, he disfrutado mucho meditando esas palabras del evangelio de hoy: “La muchedumbre le oía con agrado”.  ¿Qué tenían tus palabras que tanto encandilaban a la gente? ¿Qué tenían tus palabras que el pueblo te seguía con tanto gusto? Tus palabras eran para ellos la mejor música, el mejor poema, el manjar más exquisito. En tus palabras siempre se hacía presente el puro aliento de Dios.  Ojalá yo hoy disfrute con tus palabras como aquellos humildes campesinos y pescadores de Galilea.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Jueves IX de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria.

Señor, hoy llego a la oración consciente de que se trata de un tema muy importante: el amor. En otros temas, me puedo permitir el lujo de equivocarme, pero en este no. Dame la gracia de entender que no se pueden vivir estos mandamientos por separados. Son como vasos comunicantes y si sube uno debe ponerse el otro al mismo nivel. Nunca como aquí la ascética debe ir penetrada de la mística. Dejarme amar por Ti es mística, me encanta; amar a los demás sólo con un amor humano, es ascética, me cuesta, me cansa. Sólo puedo amar de corazón los hermanos cuando me he sentido antes amado por Ti. Que yo no rompa lo que Tú has unido.

2.- Lectura reposada de la Palabra: Marcos 12, 28-34

En aquel tiempo, uno de los letrados se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús le contestó: El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos. Le dijo el escriba: Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

En el evangelio se nos habla de dos mandamientos: el amor a Dios y el amor al hombre. Estos dos mandamientos estaban ya en el A.T. pero en libros distintos. El primero es el famoso Semá que recita todo judío al levantarse”.  “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt. 6,5). El segundo se encuentra en el libro del Lev. 19,18: “Amarás al prójimo como  ti mismo”.  Y nos preguntamos: Si ya existían estos dos mandamientos en el A.T ¿qué novedad aporta Jesús? La gran novedad consiste en juntarlos de modo que se haga entre ellos una especie de “vasos comunicantes”. ¿Crece el amor de Dios? Automáticamente crece el amor a los hermanos. Y al contrario. Desde ahora ya no se puede amar a Dios sin amar también al hombre. Y si no basta amar a Dios con el corazón sino con todo el corazón; si no basta amar a Dios con el alma, sino con toda el alma; si no basta amar a Dios con desgana sino “con todas las fuerzas”, el amor a los hombres debe también tener estas mismas características. Y nos preguntamos: ¿es esto posible? Desde un punto de vista humano no es posible. Necesitamos que Dios nos ayude. Necesitamos que sea el mismo Jesús quien nos ayude a amar como Él nos amó. Por eso los cristianos no amamos para ser amados, sino porque somos amados.  Sólo cuando “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Ro. 5,5) estamos capacitados para amarnos “como Él nos amó”.   

Palabra del Papa

Para conocer a Dios nuestro intelecto, la razón es insuficiente. Dios se conoce totalmente en el encuentro con Él, y para el encuentro la razón no basta. Hace falta algo más: ¡Dios es amor! Y sólo por el camino del amor puedes conocer a Dios. Amor razonable, acompañado de la razón. ¡Pero amor! ‘¿Pero cómo puedo amar lo que no conozco?’; ‘Ama a los que tienes cerca’. Y esta es la doctrina de los dos mandamientos: El más importante es amar a Dios, porque Él es amor; Pero el segundo es amar al prójimo, pero para llegar al primero debemos subir los escalones del segundo: es decir, a través del amor al prójimo llegamos a conocer a Dios, que es amor. Sólo amando razonablemente, pero amando, podemos llegar a este amor. Es por eso que debemos amarnos los unos a los otros, porque el amor es de Dios y quien ama ha sido engendrado por Dios. Para conocer a Dios hay que amar. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 8 de enero de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto bíblico ya meditado. (Silencio)

5.-Propósito: Hoy voy a rezar para poder amar a mis hermanos como Dios quiere que los ame.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al acabar hoy mi oración, me quedo sorprendido de la hondura, belleza y magnanimidad de tus sueños sobre nosotros, pobres criaturas. No te has limitado a crearnos a “tu imagen y semejanza” sino que nos has enviado tu Espíritu Santo que nos capacita para poder amarnos como Tú nos amas. Y, como ya estamos capacitados para amarnos de esa manera tan sublime y tan divina, puedes despedirte de nosotros con este mandato: “Amaos unos a otros como Yo os he amado”. ¡Gracias, Señor, por tanto amor!

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén