Lectio Divina – Lunes II de Tiempo Ordinario

¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?

1.-Oracion introductoria.

Ven, Espíritu Santo y dame tu luz para que yo pueda orar con una absoluta confianza en Jesús que viene a salvar, a liberar, a quitar cargas y pesos de las personas y a dar anchura de miras, anchura de horizontes, de modo que el encuentro con Dios no se realice con tristeza sino con alegría desbordante.

2.- Lectura reposada del evangelio. Marcos 2, 18-22

En una ocasión, en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; de otro modo, el vino reventaría los odres y se echaría a perder tanto el vino como los odres: sino que el vino nuevo, en odres nuevos.

3.- Lo que dice el texto.


Meditación-Reflexión.

En tiempo de Jesús, los fariseos ayunaban, pero lo hacían con tristeza y para aparentar que eran santos. Jesús no habla de ayunos sino de fiesta; no habla de entierros sino de bodas. Y da la razón: ¿Acaso pueden ayunar los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? El novio es Jesús y donde está Jesús está la alegría y la fiesta. Jesús ama mucho a su primo Juan Bautista, se ha admirado de su humildad y se ha conmovido ante su muerte. Pero no ha seguido su camino de austeridad en el desierto. “Vino Juan que ni comía ni bebía; pero el Hijo del hombre come y bebe” (Mt.11, 18-19). Si Juan es un asceta, Jesús es un místico. En su día incluso aceptará la muerte en Cruz, pero por amor. El seguimiento de Jesús sólo se puede entender en clave de “enamoramiento”. En un momento de la vida una persona es capaz de dejar lo más íntimo: sus padres, sus familiares, sus amigos, incluso su País por estar con una persona que hace poco era una desconocida. La razón de todo es bien sencilla: “me enamoré. Uno comienza a conocer el cristianismo cuando comienza a enamorarse de la persona de Jesús. Sin un amor apasionado por Jesús, el cristianismo no deja de ser un peso, una carga.  La cruz de la vida se hace pesada e insoportable sin amor. Con amor se hace ligera. “Hace tal obra el amor, después que le conocí, que si hay bien o mal en mí todo lo hace de un sabor” (San Juan de la Cruz).

Palabra del Papa.        

Esta es la primera palabra que quisiera deciros: alegría. No seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros; nace del saber que, con él, nunca esta­mos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables, y ¡hay tantos! Y en este momento viene el enemigo, viene el diablo, tantas veces disfrazado de ángel, e, insidiosamente, nos dice su palabra. No lo escuchéis. Sigamos a Jesús. Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero, sobre todo, sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: “en esto reside nuestra alegría”, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Y, por favor, no os dejéis robar la espe­ranza, no dejéis robar la esperanza. Esa que nos da Jesús (Domingo de Ramos, 24-3-13).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya comentada. (Silencio)

5.- Propósito: Cambiar el agua en vino. Cambiar la rutina de cada día, en vino nuevo de amor.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy me invitas a dejar lo viejo, lo desgastado, la rutina. Me propones desprenderme del espíritu deteriorado y débil con el que a veces vivo mi fe. Me llamas a más, a estar en pie de lucha con un amor y un fervor renovado. Para que mi amor sea nuevo cada día, debe alimentarse en la oración y en los sacramentos, por eso pido la intercesión de tu santísima Madre, para que me ayude a renovar hoy mi amor por ti, para que me ayude a buscar continuamente mi renovación interior.

Lectio Divina – Domingo II de Tiempo Ordinario

Haced lo que Él os diga

INTRODUCCIÓN

“Contemplamos a María, su sensibilidad para descubrir lo que necesitan los otros y su libertad de corazón para proponer y esperar. Ella nos hace caer en la cuenta de las posibilidades de nuestras tinajas y de lo que Alguien quiere ir transformando en ellas si le dejamos actuar… Caná es para nosotros el lugar donde aprendemos de María. Ella nos enseña una mirada transformadora sobre el potencial que esconde cada persona y nos invita a hacer lo que Jesús nos dice; pues sabe por experiencia que Dios da en abundancia, que Jesús da siempre más. Tenemos tendencia a idealizar el pasado, pero el evangelio nos muestra que lo mejor está aún por acontecer” (Mariola López Villanueva)

TEXROS DE LA MISA

1ª lectura: Is. 62,1-5.          2ª lectura: 1Cor. 12,4-11.

EVANGELIO

Jn. 2,1-11

A los tres días había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora». Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

REFLEXIÓN

1.- EL PRIMER SIGNO DE JESÚS: LA CELEBRACIÓN DE UNAS BODAS. Sabemos que San Juan, a los milagros de Jesús, les llama “signos”. Son señales que nos apuntan hacia un mundo invisible pero maravilloso de Dios.  Para San Juan, más importante que el milagro de la conversión del agua en vino, es su profundo significado. En todas las culturas, la boda es una manifestación de gozo. El que el primer signo de Jesús sea una boda significa el gozo y la alegría de Dios al poder hacernos felices. Jesús es la alegría de la vida. Es imposible estar con Jesús y no estar en fiesta. Lo decía Él mismo en su evangelio: “¿Pueden acaso estar tristes los invitados a una boda mientras el novio está con ellos?” (Mt. 9,15). Lo más opuesto a un cristiano es un cristiano triste. Y esto precisamente es el evangelio: “La experiencia gozosa que tuvieron aquellos primeros discípulos que se encontraron con Jesús, y más intensa todavía después de Pascua. Y, esto que les había sucedido a ellos ya no fueron capaces de encerrarlo bajo llave en su corazón. Sintieron la necesidad de comunicarlo.

2.– SEIS TINAJAS DE AGUA CONVERTIDAS EN VINO EXCELENTE Y SUPERABUNDANTE. Las seis tinajas de agua eran para “las purificaciones de los judíos”.  En ellas cabían 600 litros de agua. ¡Demasiada agua! Para el evangelista significa la cantidad de ritos, normas, leyes, tradiciones judías. Una religión ya vieja y separada de la vida. En el contexto de boda, significaba que el matrimonio quedaba atado y bien atado. Pero ¿atado a qué? ¿A ritos y ceremonias? Por ese camino no se va a ninguna parte. De hecho, en tiempos de Jesús, el divorcio estaba a la orden del día, pero sólo lo podían solicitar los hombres y nunca las mujeres. ¿Qué hace Jesús?  Cambiar el agua en vino. Cambiar las normas por amor. Notemos que en esa boda estaba invitada la Virgen. Y cae en la cuenta de que “se está acabando el vino”.  Eso no sólo era algo bochornoso para los esposos, sino que significaba la caída de la fiesta. Por eso le dice a Jesús: “No tienen vino”.   Palabra de mujer. Sólo una mujer cae en la cuenta de los detalles. Y la petición es de una gran elegancia. No pide nada. Una persona que ama mucho, no necesita pedir nada a la persona que ama. Le basta con exponer, con presentar la petición. Él sabrá lo que tiene que hacer. Jesús le dice que “todavía no ha llegado la hora”.  Ella no presta demasiada atención a esas palabras y les dice a los sirvientes: Haced lo que Él os diga. María se fía plenamente de su Hijo. Si no ha llegado la hora, que la adelante. Pero, con esas palabras, nos va a decir en qué va a consistir la verdadera devoción mariana de todos los tiempos: llevarnos al evangelio donde se encuentran las palabras de Jesús. El milagro no se hizo esperar. Y Jesús regaló a aquellos esposos 600 litros de un vino excelente.  Nadie piensa que aquel vino era para beberlo en esa ocasión. Está hablando de un vino excelente y superabundante. Se trata de manifestar el amor derrochador de Dios.  La fiesta del amor tiene que continuar a través de los tiempos. Ya Isaías nos había hablado de un amor loco de Dios. Nos había hablado de un amor nupcial: “La alegría que tiene el esposo con su esposa la tendrá tu Dios contigo”. (1ª lectura).  Eso que en el A.T había sido una promesa, ahora se cumple con Jesús.

3.– LA SEPTIMA TINAJA. Sabemos que el evangelio de Juan es simbólico. Las tinajas eran seis, número imperfecto. Y le va bien para hablar de la imperfección de la ley y de la religión judía. Pero el número que indica perfección es el siete. Por eso, de tantos milagros que ponen los evangelios sinópticos, Juan sólo elige siete. ¿Dónde está la séptima tinaja? La séptima tinaja es Jesús. De esta séptima tinaja se llenarán las otras seis. Él nos asegura un nuevo vino que no faltará nunca. “Yo estaré todos los días con vosotros hasta el fin del mundo”.  ¿Para qué esta presencia de Jesús hasta el fin del mundo? Para llenar de vino nuestras tinajas de agua. Para recordarnos que Dios es amor y que viviendo en este amor, podemos vivir siempre en fiesta.

PREGUNTAS

1.- ¿Estoy convencido de que Dios me ha creado para ser plenamente feliz?  ¿Por qué no lo soy?

 2.- ¿Estoy persuadido de que sólo el amor derrochador de Jesús me puede hacer feliz?  ¿Por qué no lo intento?

3.– Jesús ha venido a traernos la fiesta y la alegría de vivir.  ¿Crees que los cristianos estamos más alegres que los demás?  ¿Ponemos la esencia del evangelio en ser felices y hacer felices a otros?

Este evangelio, en verso, suena así:

El relato de esta «boda»
es, simplemente, un pretexto
para anunciarnos preciosos
mensajes del Evangelio.
En la narración destaca
el color del «VINO BUENO»,
un símbolo de JESÚS,
nuestro amor, nuestro Maestro.
Las tinajas representan
al Antiguo Testamento.
Están vacías. No sirven
sus ritos y mandamientos.
A los sirvientes, María
les comunica en secreto:
«Haced siempre lo que Él diga».
Cumplid con fe sus deseos.
Dios, por medio de Jesús,
inaugura un «orden nuevo»:
Cambia el «agua de la Ley»
por «vino de amor añejo».
Llegará, en la cruz, la «hora»
de amarnos hasta el extremo.
Con el vino de su Sangre
Jesús salvará a su Pueblo.
Al comulgar hoy, Señor,
con tu Sangre y con tu Cuerpo,
brindamos con fe sincera
por tu «gloria» y por tu Reino.

(Estos versos los escribió José Javier Pérez Benedí)

Lectio Divina – Sábado I de Tiempo Ordinario

«Sígueme». Él se levantó y le siguió

1.-Introducción.

Señor, tu llamada, el hecho tan sencillo e inmenso de que te hayas fijado en mí y me hayas elegido, ha sido lo más bonito que ha ocurrido en mi vida. Hoy necesito encontrarme contigo para darte gracias. No sólo acepto tu llamada, la agradezco y la celebro cada día. Y con el salmista, te digo: “Me ha tocado un lote hermoso. Me encanta tu heredad”. (Salmo 16) En este nuevo año no sólo quiero escuchar tu Palabra sino hacerla vidaen mí.  Para eso necesito tu gracia.

2.- Lectura reposada del evangelio. Marcos 2, 13-17

Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?» Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión.

El caso de Mateo es especial. Él era un pecador, un  hombre de negocios y de “negocios sucios”. Se dedicaba al cobro de los impuestos que Roma les imponía a los judíos y sabemos que los encargados, cobraban al pueblo más de lo que Roma les exigía. A éstos se les denominaba “publicanos” es decir, “pecadores públicos”. Pero, a Jesús no le importa nunca el pasado de las personas sino el futuro. No le interesa lo que uno ha sido, sino lo que puede ser. “Vio a Levi” Los demás veían al pecador, al ladrón, al corrupto. Pero Jesús miró al hombre, a la persona. Y lo miró con amor. Desde ese momento todo ya es posible. Hasta es posible convertir a un “corrupto” en  “apóstol”. Mateo, agradecido, quiere celebrar este acontecimiento y le invita a comer en su casa. La vocación no sólo se acepta sino que se agradece y se celebra. Los de mirada corta, aquellos que creen que son más importantes las leyes que el amor, se escandalizan. A Jesús le importan poco los escándalos de los fariseos. A Jesús le interesa recalcar que, cuando se obra con amor, se cumplen todas las leyes y, sin amor, no se puede cumplir ninguna ley cristiana.,

Palabra del Papa.

Después de mirarlo con misericordia, el Señor le dijo a Mateo: «Sígueme». Y Mateo se levantó y lo siguió. Después de la mirada, la palabra. Tras el amor, la misión. Mateo ya no es el mismo; interiormente ha cambiado. El encuentro con Jesús, con su amor misericordioso, lo transformó. Y allá atrás quedó el banco de los impuestos, el dinero, su exclusión. Antes él esperaba sentado para recaudar, para sacarle a los otros, ahora con Jesús tiene que levantarse para dar, para entregar, para entregarse a los demás. Jesús lo miró y Mateo encontró la alegría en el servicio. Para Mateo, y para todo el que sintió la mirada de Jesús, sus conciudadanos no son aquellos a los que «se vive», se usa, se abusa. La mirada de Jesús genera una actividad misionera, de servicio, de entrega. Sus conciudadanos son aquellos a quien Él sirve. Su amor cura nuestras miopías y nos estimula a mirar más allá, a no quedarnos en las apariencias o en lo políticamente correcto. Jesús va delante, nos precede, abre el camino y nos invita a seguirlo. Nos invita a ir lentamente superando nuestros preconceptos, nuestras resistencias al cambio de los demás e incluso de nosotros mismos. Nos desafía día a día con una pregunta: ¿Crees? ¿Crees que es posible que un recaudador se transforme en servidor? ¿Crees que es posible que un traidor se vuelva un amigo? ¿Crees que es posible que el hijo de un carpintero sea el Hijo de Dios? Su mirada transforma nuestras miradas, su corazón transforma nuestro corazón. Dios es Padre que busca la salvación de todos sus hijos. Dejémonos mirar por el Señor en la oración, en la Eucaristía, en la Confesión, en nuestros hermanos, especialmente en aquellos que se sienten dejados, más solos. Y aprendamos a mirar como Él nos mira.» (Homilía de S.S. Francisco, 21 de septiembre de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya comentada. (Silencio)

5.-Propósito: Todo lo que haga en este día lo haré por amor.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, Mateo al ser llamado por ti, no tenía en su haber más que una vida rota y pecadora. Tú no sólo te limitaste a cambiar su vida para que fuera un  buen cristiano, sino que lo elegiste para ser tu apóstol. Gracias, Señor, porque no tienes prejuicios, gracias porque no haces caso de las habladurías de la gente, gracias porque a todos ofreces oportunidades. Gracias por ser como eres.

Lectio Divina – Viernes I de Tiempo Ordinario

«Hijo, tus pecados te son perdonados»

1.-Oración Introductoria.

Señor, en este rato de oración quiero que me hagas comprender que nada de lo que tengo es mío. Todo es regalo tuyo:  la vida, la salud, el amor, la gracia. El hombre, todo hombre, no tiene donde reclinar la cabeza, es pura fragilidad. Pero Tú amas mi fragilidad. Enséñame a ser agradecido. En el día, deberían de faltarme horas para agradecerte los dones y favores que me haces. Yo sé que sin ti no puedo hacer nada. ¿Cómo me atrevo a recrearme en las obras de mis manos? ¿Por qué atribuirme algo que no me pertenece?  Hazme sencillo y humilde,

2.- Lectura sosegada del evangelio: Marcos 2, 1-12

Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?» Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate, toma tu camilla y anda?» Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice al paralítico -: «A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.»» Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida». 

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Qué atrayente es la persona de Jesús. Impresionan las palabras del Evangelio: ¡Se juntaron tantos que ni aún junto a la puerta cabían! Por supuesto que fascinaba su figura, pero ante todo, “sus palabras”. Como diría Santa Teresa,  son “palabras heridoras”. Son como flechas de amor. Los milagros de Jesús son importantes no sólo por lo que son en sí, sino también por lo que “significan”. Detrás de cada milagro hay un “corazón compasivo” lleno de ternura. Lo más importante del milagro del paralítico no es la curación externa sino la interior. El milagro que es algo visible,  sirve para caer en la cuenta  del  milagro invisible que se ha realizado en el  corazón. Jesús no sólo cura la parálisis del cuerpo sino la interior, la parálisis del pecado,  raíz de todos los males. Por eso dirá San Agustín: “Son más importantes los milagros que no se ven”. Y sigue: “Para la Iglesia fue mucho más importante la conversión de Pablo que la resurrección de Lázaro”. A veces nos quejamos de que ahora no hay milagros. En el mundo de la ciencia, de la tecnología, tal vez no se vean cosas maravillosas, pero en el mundo de la gracia en el que nos movemos los cristianos, lo que sucede en el corazón de cada uno de nosotros, sólo Dios y nosotros lo sabemos.

Palabra del Papa 

Jesús podía decir: ‘Yo te perdono. ¡Vete!’, como le ha dicho a aquel paralítico que le habían bajado desde el techo: “¡Tus pecados te son perdonados!” Aquí dice: ‘¡Vete en paz!’ La misericordia va más allá y transforma la vida de una persona de tal manera que el pecado sea dejado de lado. Es como el cielo. Nosotros miramos al cielo, tantas estrellas, tantas estrellas; pero cuando llega el sol, por la mañana, con tanta luz, las estrellas no se ven. Y así es la misericordia de Dios: una gran luz de amor, de ternura. Dios no perdona con un decreto, sino con una caricia, acariciando nuestras heridas del pecado. Porque Él está involucrado en el perdón, está involucrado en nuestra salvación. Y así Jesús hace de confesor: no humilla, no dice ‘Qué has hecho, dime ¿Y cuándo lo has hecho? ¿Y cómo lo has hecho? ¿Y con quién lo has hecho?’ ¡No! ‘Vete, y de ahora en adelante ¡no peques más!’. Es grande la misericordia de Dios. ¡Nos perdona acariciándonos! (Cf. S.S. Francisco, 7 de abril de 2014, homilía en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya comentado. Silencio.

5.-Propósito. Con la mirada del corazón, estaré atento a tantas gracias que Dios me envía a lo largo de todo un día.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.

Sólo Tú puedes devolver a nuestras vidas el estado de gracia. Sólo Tú curas nuestras heridas con el bálsamo de tu amor. ¡Qué afortunados somos, pues no tenemos que quitar tejas de los  tejados para encontrarnos contigo y  obtener tu perdón! Basta con que nosotros iniciemos el primer paso para encontrarnos con ese Padre maravilloso que  había madrugado más que nosotros y nos había tomado la delantera.

Lectio Divina – Jueves I de Tiempo Ordinario

«Quiero; queda limpio»

1.- Oración introductoria.

Señor, me gustaría que esta meditación la convirtieras en un cambio de actitud contigo. No quiero presentarme delante de Ti como una persona buena, sana, suficiente. Vengo ante Ti como el leproso, necesito de tu gracia. Tócame y sáname de todas mis limitaciones: de mi egoísmo, de mi soberbia, de mi vanidad, de mi indiferencia.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Marcos 1, 40-45

Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Las leyes del judaísmo, para evitar el contagio de los leprosos, los excluían y los enviaban “fuera del pueblo” Pero Jesús obra de otra manera. Se acerca al leproso, le toca, le cura, y lo reinserta en la sociedad. De este modo, este hombre que era un “hombre que no era hombre”, adquiere sus derechos y su dignidad. Actualmente en Europa estamos asistiendo a casos sangrantes. Miles de hermanos nuestros, sin estar enfermos ni contagiados, sino que vienen huyendo de guerras horribles o de persecuciones atroces, llaman a nuestras puertas pidiendo asilo. Y, muchas veces, no se lo damos. Y consentimos que se mueran por el camino. Y así estamos convirtiendo nuestro Mar-Mediterráneo en un Mar-Muerto.  Ya sé que esto no es fácil resolverlo,  pero esto no puede seguir así. ¡Dios no lo quiere! También me llama la atención en este evangelio, que el  mismo Jesús no podía entrar abiertamente en ningún pueblo y se “quedaba fuera, en descampado”. La sociedad no sólo rechaza a los que pueden contagiar una enfermedad, o el mal. Rechaza también a los que “hacen el bien”. Las personas buenas como Jesús, las que quieren “normalizar” las vidas deshechas de tantas personas y devolverles su dignidad, también son rechazadas. Lo mejor, para ellos,  es tapar la boca de los que hablan en contra de las injusticias de la humanidad.  Podrán tapar la boca a los hombres, pero no a Dios.

Palabra del Papa

“Señor, si quieres, puedes limpiarme…” Jesús, sintiendo lástima; extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero: queda limpio”. Qué hermosa la compasión de Jesús. Ese  “padecer con”  que lo acercaba a cada persona que sufre. Jesús, se da completamente, se involucra en el dolor y la necesidad de la gente. Jesús tiene un corazón que no se avergüenza de tener compasión. “No podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado”. Esto significa que, además de curar al leproso, Jesús ha tomado sobre sí la marginación que la ley de Moisés imponía. Jesús no tiene miedo del riesgo que supone asumir el sufrimiento de otro, pero paga el precio con todas las consecuencias.

La compasión lleva a Jesús a actuar concretamente: a reintegrar al marginado. Y éstos son los  conceptos claves que la Iglesia nos propone hoy en la liturgia de la palabra: la compasión de Jesús ante la marginación y su voluntad de integración. (Homilía de S.S. Francisco, 15 de febrero de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Silencio)

5.- Propósito. Hoy me comprometo a realizar un milagro que está en mi mano: curar de la terrible enfermedad de la soledad a algún enfermo que se encuentra solo.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al terminar esta oración quiero darte gracias porque me has ayudado a comprender los tipos de marginación que puede haber en las personas sin que yo caiga en la cuenta. Yo quiero liberar a la gente que sufre en el cuerpo, en la soledad de su alma y en la soledad del corazón al creer que Dios está lejos. Y quiero gritar con fuerza  que Dios nunca está lejos de nosotros, que siempre nos quiere, nos perdona, nos comprende y nos abraza, “aunque estemos leprosos”.

Lectio Divina – Miércoles I de Tiempo Ordinario

La fiebre la dejó y ella se puso a servirles

1.-Oración introductoria.

Te pido, Señor, que me envíes tu Espíritu para comprender el sentido profundo de la oración. No quiero que sea una norma, una obligación, sino una dulce necesidad. Necesito comer, beber, dormir, respirar… Necesito también rezar.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Marcos 1, 29-39

Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.» Él les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique el Evangelio, pues para eso he venido.» Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Jesús cura a la suegra de Pedro.  Un rabino no se hubiera acercado a una mujer enferma,  ni la hubiera tomado de la mano. Jesús se acerca y toca la persona. No es un curandero. Es el médico que cura con su cercanía y su  bondad. “Tomándole de la mano la levantó”. Por suerte hay una mano a la que agarrarse. Me levanta y me ayuda a caminar. Bonito programa para todos sus seguidores. El bien hay que hacerlo bien. Después se puso a servirles. Ella que ha sido tocada por la ternura de Dios se pone gozosa a servir por amor. Un servicio sin amor, esclaviza. Un servicio por amor, hace personas libres. De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración”. La primera actividad de Jesús, en un día normal, es madrugar para estar a solas con Dios, su Padre. ¡Todos le buscan! Hay mucho trabajo, muchas personas que atender, pero Él necesita el diálogo con el Padre. Es su respiración vital. Hoy más que nunca el mundo necesita una palabra que venga del silencio.


Palabra  del Papa

Desde este lugar de acogida, de encuentro y de servicio, quisiera que surgiera una pregunta para todos, para todas las personas que viven aquí en la diócesis de Roma: ¿Me inclino sobre quien está en problemas, o tengo miedo de ensuciarme las manos? ¿Estoy encerrado en mí mismo, en mis cosas, o me percato de los que necesitan ayuda? ¿Me sirvo solo a mí mismo, o sé servir a los demás como Cristo, que vino a servir hasta dar su vida? ¿Miro a los ojos de los que buscan la justicia, o dirijo la mirada hacia el otro lado? ¿Acaso para no mirar a los ojos?» (S.S. Francisco, mensaje del 10 de septiembre de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Silencio)

5.- Propósito. La oración de hoy la voy a considerar como una dulce necesidad. Y voy a comprometerme a tener hábito de oración.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, porque he descubierto que la oración es parte esencial de mi vida y que no la puedo separar de mi trabajo pastoral. Dame la gracia de estar bien por dentro para poder así hacer el bien por fuera; que no me deje llevar por un activismo exagerado, hasta el punto de no tener tiempo para orar.

Lectio Divina – Martes I de Tiempo Ordinario

¡Y quedaban asombrados de su doctrina!

1.- Oración introductoria.

Señor, quiero acercarme a la oración para que arranques de mi corazón todo espíritu malo, todo aquello que me esclaviza y no me deja disfrutar de la auténtica libertad. Dame el espíritu de amor, de servicio, de entrega, de alegría profunda. Dame, Señor, tu Santo Espíritu.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Marcos 1, 2b-28

Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea

3.- Qué dice el texto

Meditación-Reflexión.

Hay cosas que nos llama la atención en este evangelio de hoy. En primer lugar que Jesús no va a la sinagoga sólo a rezar sino a interesarse por las personas que sufren, en concreto, por ese hombre que tenía un espíritu inmundo que lo martirizaba. No puede uno rezar a Dios-Padre de todos, sin interesarse por los hermanos. Llama también la atención el asombro que produce su doctrina. Jesús hablaba con autoridad y no como los escribas y fariseos. Éstos hablaban desde las interpretaciones de las leyes que Dios les había dado. Y, como diría Jesús, “eran cargas pesadas que las ponían sobre los hombros de la gente”. (Mt. 23,4). Jesús hablaba “con autoridad”. Y autoridad viene de “autor”. Jesús no enseñaba normas y leyes aprendidas en las escuelas de los fariseos. Tenía una capacidad de crear, de sugerir, de cautivar. La gente, cansada ya de los viejos maestros de Israel, descubría en Jesús constantes impactos de novedad. Con Jesús no cabe lo viejo, lo cansado, lo aburrido, lo repetido.  Estando con  Jesús es imposible envejecer.

Palabra del Papa

La gente estaba impresionada por la enseñanza de Jesús, porque su palabra tenía autoridad. Jesús no era un predicador común porque su autoridad le venía de la unción especial del Espíritu Santo. Jesús es el Hijo de Dios ungido y enviado para traer la salvación, traer la libertad. Y algunos se escandalizaban de este estilo de Jesús, de su identidad y libertad.

Y nosotros, ¿podemos preguntarnos cuál es nuestra identidad de cristianos? Y Pablo lo dice bien. ‘De estas cosas nosotros hablamos no con palabras sugeridas por la sabiduría humana’. La predicación de Pablo no es porque ha hecho un curso en la Lateranense, en la Gregoriana… ¡No, no, no! ¡Sabiduría humana, no! Sino enseñadas por el Espíritu: Pablo predicaba con la unción del Espíritu, expresando cosas espirituales del Espíritu en términos espirituales. Pero, el hombre abandonado a sus fuerzas no comprende las cosas del Espíritu de Dios: el hombre solo no puede entender esto. (Cf. S.S. Francisco, 2 de septiembre de 2014, homilía en Santa Marta).

4. Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio).

5. Propósito.  Para evitar la rutina, hoy voy a hacer todo como si fuera la primera vez que lo hago.

6. Dios me ha hablado hoy por medio de su Palabra. Y yo ahora le respondo con mi oración. Gracias, Señor, por enseñarme que lo fundamental en mi vida es la caridad. Un mandamiento de hace más de dos mil años y lo tenemos todavía sin estrenar. Haz, Señor, que yo estrene los ojos del amor, que caigan de mis ojos las escamas, como sucedió a Pablo, y comience a ver a las personas como Tú las ves.

Lectio Divina – Lunes I de Tiempo Ordinario

“El tiempo se ha cumplido”

1.- Oración introductoria.

Señor, dame la gracia de seguir tu llamada. El que te hayas fijado en mí y me hayas llamado por mi nombre, es un bonito regalo que me has hecho. Que esta oración sea de acción de gracias. Una acción de gracias existencial. Yo no sólo quiero darte gracias sino “ser” una acción de gracias para ti. Toda mi vida te bendeciré.

2.- Lectura reposada del evangelio: Marcos 1, 14-20

Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: Decía: -El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva. Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: -Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres. Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.

3.-Qué dice la palabra de Dios.

Meditación-Reflexión

En este evangelio nos sorprende que la llamada a los discípulos aparezca ya en el primer capítulo. Lo más lógico, como así hace Lucas, es ponerlo después de que Jesús ya ha actuado en público y es más conocido, tal vez ha hecho algún milagro…Pero San Marcos tiene prisa en poner a los discípulos ya desde el principio.  Jesús y sus discípulos van a ser algo inseparable. Cuando Jesús los manda a predicar, se corta la narración. Jesús no tiene nada que decir. Para Jesús, es muy importante resaltar el valor de la COMUNIDAD. Él llama y ellos le siguen. El discípulo es aquel que no deja a su Maestro ni a sol ni a sombra. El hecho de ir siempre en grupo es significativo. No concibe la vida en el desierto, alejado del pueblo. Ni menos viviendo Él solo.

Vio a Simón y Andrés La acción parte de Jesús. “la mirada” se clava sobre estos hombres y en seguida Jesús “los llama”, llamada categórica, penetrante, poderosa. Cuando llama Dios no cabe ningún titubeo. El contenido de la llamada es “ir detrás de Jesús”. “Os haré”… Dejarse hacer… Discípulo  es el que siempre se está haciendo.  El Maestro siempre es Jesús. Los apóstoles siempre se llamarán “discípulos” es decir, siempre estarán aprendiendo. Pescadores de hombres. ¡Bonita tarea! Jesús quiere que nos realicemos plenamente como personas, que no dejemos nuestra vida a medio hacer, a medio llenar. Por eso, el verdadero discípulo de Jesús es el que se realiza plenamente en la vida y quiere que todos tengan vida en abundancia.

Palabra del Papa.

El Apóstol Andrés, con su hermano Pedro, al llamado de Jesús, no dudaron ni un instante en dejarlo todo y seguirlo: «Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron». También aquí nos asombra el entusiasmo de los Apóstoles que, atraídos de tal manera por Cristo, se sienten capaces de emprender cualquier cosa y de atreverse, con Él, a todo. Cada uno en su corazón puede preguntarse sobre su relación personal con Jesús, y examinar lo que ya ha aceptado –o tal vez rechazado– para poder responder a su llamado a seguirlo más de cerca. El grito de los mensajeros resuena hoy más que nunca en nuestros oídos, sobre todo en tiempos difíciles; aquel grito que resuena por «toda la tierra […] y hasta los confines del orbe». Y resuena también hoy aquí, entre nosotros y nos invita a perseverar con entusiasmo en la misión, una misión que necesita de nuevos mensajeros, más numerosos todavía, más generosos, más alegres, más santos. Todos y cada uno de nosotros estamos llamados a ser este mensajero que nuestro hermano, de cualquier etnia, religión y cultura, espera a menudo sin saberlo. En efecto, ¿cómo podrá este hermano –se pregunta san Pablo– creer en Cristo si no oye ni se le anuncia la Palabra? (Homilía de S.S. Francisco, 30 de noviembre de 2015).
4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.-Propósito: En este día me comprometo a hacer presente a Jesús en todo lo que haga.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias por este encuentro de oración. Quiero salir de ella convencido de que soy un privilegiado: me has mirado, me has llamado por mi nombre, te has comprometido a vivir siempre a mi lado y no dejarme nunca. Yo me siento feliz de estar siempre contigo, de ser siempre tu discípulo, siempre aprendiendo de ti, siempre descubriendo en tu doctrina una enseñanza nueva. Gracias, Señor

Lectio Divina – Bautismo del Señor

Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco

INTRODUCCIÓN

“No basta el bautismo con agua. Los que sólo han sido bautizados con bautismo de agua y no han sido bautizados en el Espíritu, se hacen esta pregunta: ¿Para qué creer? La respuesta la dan los que han sido bautizados en el Espíritu: Creemos para vivir la vida con más plenitud. Para atrevernos a ser humanos hasta el final. Para defender nuestra verdadera libertad, sin rendir nuestro ser a cualquier ídolo esclavizador. Para permanecer abiertos a todo el amor, a toda la verdad, a toda la ternura que se encierra en el ser. Para vivir, incluso los acontecimientos más banales e insignificantes, con profundidad. Para no perder nunca la esperanza”. (F. Ulibarri)

LECTURAS

1ª lectura: Is.42,1-4.6-7           2ª lectura: Hech. 10,34-38;

EVANGELIO

Lc. 3,15-16.21-22.

Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

REFLEXIÓN

Ambientación. Jesús se bautiza en el Jordán por Juan Bautista, y todos los evangelistas dan al bautismo de Jesús una gran importancia por su nuevo contenido. Lo que caracteriza al evangelio de Lucas es que todo sucede “mientras oraba”. Y nos preguntamos: ¿Qué sucedió mientras Jesús oraba? Veamos.

1.-Jesús se bautizó mezclándose con el pueblo. Jesús se mezcla con el pueblo, se pone en la fila con la gente y pregunta: Por favor, ¿quién es el último? Y se coloca detrás. No olvidemos que Jesús ha pasado 30 años en un pueblecito de Galilea, Nazaret, “de donde no puede salir nada bueno”. En esos 30 años de soledad, viviendo con sus paisanos, como uno más, uno de tantos, Jesús ha aprendido “modos y maneras” de agradar a su Padre Dios. Con el profeta Isaías ha podido descubrir que el Mesías “no gritará, no voceará por las calles”.  El Mesías no hará ruido. Todo lo que tiene que decir, lo dirá mejor desde el silencio.  No necesita recompensa de los hombres. Su Padre, “que ve en lo escondido” es su mejor recompensa.   El cristiano no va por la vida “gritando”, “imponiendo”, “haciendo ruido”, ni menos “haciéndose el importante”.  Sólo los que oran en silencio ante el Padre, tienen algo que decir.

2.– Bajó el Espíritu Santo sobre Él. El Espíritu Santo es el Dios del amor. Y Jesús, al ser bautizado, se siente impregnado, empapado del amor del Padre. Por eso, lo que oye Jesús cuando se abren los cielos, es la voz del Padre que dice: “Este es mi hijo muy amado en el que pongo mis complacencias”.  Esta experiencia es tan fuerte en Jesús que según el evangelista Marcos, ese mismo Espíritu inmediatamente le empuja al desierto (Mc. 1,12). No es el demonio el que le lleva al desierto sino el Espíritu Santo. Jesús necesita tiempo, espacio, silencio y soledad para serenarse y vivir “como-hombre” esa experiencia que le desborda, le inunda y le estremece. El mismo Jesús dirá que no tiene casa. Es el Padre la casa que le cobija, el aire que respira, el pan que le alimenta, el vino que alegra su corazón.  El cristiano se bautiza en ese mar infinito de amor.  Y procura, como Jesús, hacer las delicias de Dios, su Padre, y desde ahí, amar a los hermanos.

3.– El pueblo estaba en expectación. De una persona “vacía de Dios” no cabe esperar nada, excepto vaciedades, frustraciones. Pero de este hombre Jesús, lleno del Espíritu Santo, se pueden esperar cosas maravillosas. Y ¿Cómo resume la vida de Jesús el libro de los Hechos? “Pasó por la vida haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (2ª lectura).  No dice el texto: “Pasó por la vida sin hacer mal a nadie”.  “Pasó haciendo el bien”.  Jesús sabe que la vida del hombre es frágil, “como una caña cascada” Por eso hay que cuidarlo. ¡Se puede romper! No es un buen cristiano el que se limita a no hacer mal. Es cristiano el que dedica su vida, sus años, su juventud, en hacer bien a los que lo están necesitando. Sanar, curar, alentar, levantar, son verbos cristianos. Jesús también alentó todo lo que hay de bueno y positivo en las personas. “No apaga el pábilo vacilante”. Jesús no apaga nada que tenga un valor positivo. Tal vez no podamos presumir de ser “grandes hogueras de amor”. Pero sí de ser “pequeñas lamparitas de barro” alimentadas por el aceite del Espíritu Santo.

PREGUNTAS

 1.– ¿He pensado alguna vez en lo que supone estar bautizado, es decir, estar sumergido, empapado en el amor infinito del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?

2.- ¿Me creo que por gritar más tengo más razón? ¿Estimo el silencio y la soledad como verdaderos valores de la vida?

3.- “El pábilo vacilante no lo apagará”. Debajo de las cenizas de cada persona, ¿sé descubrir el rescoldo de bondad y solidaridad que llevan dentro?

Este evangelio, en verso, suena así:

Al bautizarse Jesús,
bajó el Espíritu Santo
y una voz del cielo dijo:
“Tú eres mi Hijo, muy amado”
Elegido por el Padre,
con nosotros solidario,
Jesús “pasó haciendo el bien”,
librándonos del pecado…
Hoy recordamos que un día,
también fuimos bautizados,
con la ilusión de vivir
los compromisos cristianos
El “AGUA” clara lavó
nuestro corazón manchado
y nacimos a la vida
de “hijos de Dios” y  hermanos.
Nos ungieron la cabeza
con “OLEO” perfumado,
para ser “Reyes, “Profetas”,
“Sacerdotes” consagrados.
Del Cirio Pascual tomada,
una “LUZ” de vivos rayos
nos convocó a ser “testigos”
de Jesús Resucitado.
Gracias, de verdad, Señor,
por tan preciosos regalos:
por ser tus hijos “LAVADOS”,
“UNGIDOS” E “ILUMINADOS”.

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí)

Lectio Divina – 8 de enero

Tenemos solo cinco panes y dos peces

1.- Oración introductoria

Señor, en el evangelio de hoy me quieres dar una gran lección: el valor de lo pequeño. Con sólo “cinco panes y dos peces” alimentaste a cinco mil hombres. ¡Qué cosas tan bonitas haces con lo pequeño! Elegiste a una muchacha sencilla y pobre para que fuera tu  Madre. Y con un poco de pan y un poco de vino hiciste el milagro permanente de la Eucaristía. Tal vez yo sólo puedo ofrecerte “lo poco que tengo, lo poco que valgo, lo poco que soy”. ¿Qué harás, Señor, “con estos pocos”?

2.- Lectura reposada de la Palabra de Dios. Marcos 6, 34-44

Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: «El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada. Despídelospara que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer». Él les contestó: «Dadles vosotros de comer». Ellos le dicen: «¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?» Él les dice: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver». Después de haberse cerciorado, le dicen: «Cinco, y dos peces». Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba. Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron. Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces. Los que comieron los panes fueron cinco mil hombres.

3.- Qué dice el texto del evangelio.

Meditación-reflexión

De nuevo, la palabra “compasión”. De nuevo, sus entrañas se conmueven, le dan un vuelco. ¿Por qué? La gente que te había seguido entusiasmada, “no tenía qué  comer”. Y me pregunto: ante tantos niños que cada día se mueren de hambre, ¿Se conmueven mis entrañas? A veces, decimos: hay que meterse en la piel del otro. Pero si nos quedamos en la piel, sólo tendremos con nuestros hermanos un encuentro epidérmico, tangencial, superficial. Jesús nos dice: Hay que meterse “dentro de la piel del otro”. Hay que atravesar la piel y meterse dentro, por donde corre un flujo vital: la sangre, esa que viene del corazón y atraviesa todo el organismo. En este milagro de la multiplicación de los panes, ¡Qué distinta la postura de los discípulos y la de Jesús! Dicen los discípulos: “Despídelos”. Que vayan a comprarse ellos. Ante la presencia de los pobres, ¿cómo actuamos nosotros? Ve a Cáritas, a la Cruz Roja…La cuestión es quitarnos cuando antes el problema. ¿Qué dice Jesús? ¡Dadles vosotros de comer!  Insisten: Sólo tenemos cinco panes y dos peces. Serían necesarios “doscientos denarios de pan”. Es nuestra respuesta habitual: Este problema deben resolverlos los ricos, los políticos, los banqueros… ¿Qué dice Jesús? Traedme lo que tenéis, aunque sea poco. Y vamos a compartirlo. Lo demás me lo dejáis a mí. Y todavía hay un detalle: “sobraron doce canastos”. ¿Hemos pensado en lo que se podría hacer con lo que a nosotros nos sobra?

Palabra del Papa

Jesús está en la orilla del lago Galilea, y está rodeado por “una gran multitud” atraída por “los signos que realizaba sobre los enfermos». En Él actúa la potencia misericordiosa de Dios, que sana de todo mal de cuerpo y del espíritu. Pero Jesús no es solo sanador, es también maestro: de hecho sube al monte y se siente, en la típica actitud de maestro cuando enseña: sube sobre esa “cátedra” natural creada por su Padre celeste. Es este punto, Jesús, que sabe bien lo que va a hacer, pone a prueba a sus discípulos. ¿Qué hacer para dar de comer a toda esta gente? Felipe, uno de los Doce, hizo un cálculo rápido: organizando una colecta, se podrán recoger como máximo doscientos denarios para comprar pan, y aun así no bastaría para alimentar a cinco mil personas. Los discípulos razonan en términos de “mercado”, pero Jesús, a la lógica de comprar la sustituye con la del dar. Las dos lógicas, la del comprar y la del dar. Y así, Andrés, otro de los apóstoles, hermano de Simón Pedro, presenta a un joven que pone a disposición todo lo que tiene: cinco panes y dos peces; pero seguro -dice Andrés- no son nada para esa multitud. Pero Jesús esperaba precisamente esto. Ordena a los discípulos que hagan sentarse a la gente, después tomó esos panes y esos peces, dio gracias al Padre y los distribuyó (Angelus de S.S. Francisco, 26 de julio de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito: Si hoy me encuentro con un pobre que pide limosna, le doy un euro y después le digo que me cuente su vida. Le escucho, le dedico parte de mi tiempo

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Te agradezco, Señor, el haber entendido, un poco más, el milagro del compartir. No se trata de tener mucho o poco. Se trata de poner a disposición de los demás lo que tenemos. Se trata de poner a disposición de los que no tienen, aquello que nosotros no necesitamos. No podemos gastar en cosas superfluas lo que nos sobra, sabiendo que otros hermanos nuestros no tienen lo necesario. Señor, hazme entender bien este evangelio.