Lectio Divina – Viernes II de Pascua

1.- Introducción.

Hoy, Señor, quiero aprender de Ti tu piedad con los que pasan hambre. No puedes pasar por las miserias y sufrimientos de los hombres sin compadecerte. Tienes un corazón bondadoso y deseas que todos tengan lo necesario para comer, para vestir, para cubrir las necesidades elementales. Dame a mí esas mismas actitudes para que sufra en carne viva los sufrimientos de mis hermanos y haga lo que esté de mi parte para remediarlos.

2.- Lectura reposada del Evangelio según san Juan 6, 1-15

Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?» Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco». Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente». Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda». Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo». Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Qué diferencia tan grande entre las preocupaciones de los escribas y fariseos y las de Jesús. A los fariseos les preocupa si se puede o no se puede comer en sábado; si se puede o no se puede comer sin lavarse las manos… En eso se entretienen, en eso pasan su vida. A Jesús le preocupa que la gente tenga lo necesario para comer, le preocupa que la gente sufra, que la gente no sea feliz. Y llama la atención que Jesús esté en el monte, lugar de oración, y desde esa altura contemple a la gente que no tiene para comer. Jesús, desde la plenitud del amor al Padre, ve mejor “los estómagos vacíos” de los hombres, sus hermanos. Y sólo cuando les da de comer, les habla del Pan de la Eucaristía. Podía haber hecho el milagro él solo, pero quiere hacerlo con la colaboración de los discípulos. Ellos le traen “cinco panes y dos peces”. Es verdad que el problema del hambre en el mundo nos desborda y es necesario que las naciones ricas y poderosas de la tierra se tomen en serio este gravísimo problema. Pero, mientras tanto, no podemos desentendernos. Demos lo poco que tenemos, aprendamos a compartir y Dios multiplicará nuestra generosidad. Al final del texto, también Jesús se sube al monte él solo. ¿Por qué? Porque le quieren hacer rey. Jesús huye de títulos de grandeza y de poder. ¡Bonita lección! Constantemente el Papa Francisco habla contra aquellos que buscan títulos, dignidades, privilegios, hacer carrera dentro de la Iglesia.   Nos preguntamos: Éstos, ¿qué evangelio leen? ¿En qué monte rezan?

Palabra del Papa  

El Señor tuvo compasión de la cantidad de gente que había ido a escucharlo, porque eran ovejas sin pastor, desorientadas. Y hoy mucha gente está desorientada en nuestras ciudades, en nuestros países. Por eso, Jesús les enseña la doctrina y la gente le escucha. Cuando luego se hace tarde y pide que les den de comer, sin embargo, los discípulos responden un poco nerviosos. Una vez más Dios ha llegado primero, los discípulos no habían entendido nada: Así es el amor de Dios: siempre nos espera, siempre nos sorprende. …Para ir a Dios que es amor, debemos subir por el escalón del amor al prójimo, por las obras de caridad, por las obras de misericordia, que el Señor nos ha enseñado. Que el Señor, en estos días en que la Iglesia nos hace pensar en la manifestación de Dios, nos dé la gracia de conocerle por el camino del amor (Cf Homilía de S.S. Francisco, 8 de enero de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Hoy subiré a orar al Monte de Dios y bajaré para encontrarme con los hermanos que me necesitan.

 6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy quiero darte gracias por el tesoro del Evangelio. En él están encerradas las más bellas enseñanzas para acertar en la vida. El evangelio nos habla del Padre, del amor, del compartir, de ser felices haciendo felices a los demás. ¿Cómo es posible que teniendo tu evangelio tan maravilloso, hayamos avanzado tan poco a la hora de ponerlo en práctica? Tal vez hemos olvidado esas palabras tuyas después del lavatorio de los pies: “Y sabiendo como sabéis estas cosas, seréis dichosos si las cumplís” (Jn. 13,17).

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Jueves II de Pascua

1.- Introducción.

Señor, al estar contigo este momento de oración quiero afirmarme en mi realidad de ser persona abierta al mundo de Dios. Un mundo cerrado en mí mismo o en las cosas de este mundo es un mundo pequeño, finito, intrascendente. El hombre está hecho de barro y de un soplo divino. El barro nos ata a las realidades de este mundo y el soplo nos supera y nos apunta a un mundo invisible pero maravilloso. “Hay algo en el hombre que supera al hombre mismo”. Y yo, en mi oración, soy testigo de que eso es verdad. Gracias, Señor.

2.- Lectura reposada de la Palabra de Dios. Juan 3, 31-36

El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él».

3.- Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-reflexión

En este evangelio “arriba y abajo” son algo más que simples adverbios de lugar. Arriba significa “trascendente” el mundo del Espíritu, el mundo de Dios. Abajo hace relación a nuestro pequeño mundo “inmanente” cerrado en sí mismo. Desde el momento en que Dios ha determinado “encarnarse” en este mundo, el cielo ha bajado a la tierra y la tierra ha subido al cielo. Por eso dice Jesús que “el que cree en el Hijo tiene vida eterna”. Por eso es peligroso oponer lo humano y lo divino; lo espiritual y lo material. Lo humano no se opone a lo divino sino a lo “inhumano” a los bajos instintos, a lo bestial que todavía queda en el hombre herido por el pecado y de lo cual debe liberarse. Persona espiritual no es aquella que sólo se dedica a las cosas espirituales y se desentiende de este mundo, sino la persona que posee el Espíritu de Jesús y se va liberando de todo aquello que le “despersonaliza”. Por eso el santo es el más humano, el más cercano, el más libre, el más misericordioso. De Teresa de Jesús se dice: “Tanto más humana cuanto más divina y tanto más divina cuanto más humana”.

Palabra del Papa

Los que participan en la vida divina, forman la familia de Dios. En ella, al modo de la familia humana, hay relaciones de paternidad y filiación, de fraternidad, y el clima apropiado para que estas relaciones se estrechen y se refuercen cada vez más. A esta familia no se pertenece por generación natural, sino por generación de fe, de amor y de esperanza. Las puertas de la casa familiar están siempre abiertas: Todos los hombres están invitados a entrar, pero ninguno obligado. Los caminos por los que se llega al solar familiar del Padre son muy variados: los hay rectos y los hay tortuosos; unos son más largos y otros son más cortos. Todos llevan sin embargo a la casa del Padre. A lo largo de la historia ha habido y habrá quizá quienes no quieran entrar y se queden fuera, pero el que entre pasará a disfrutar de los beneficios de la familia de Dios (Papa Francisco).

4.- Qué me dice este texto hoy a mí” (Silencio).

5.- Propósito.  Hoy daré especial importancia al cuerpo y lo consideraré como templo del Dios vivo.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Al acabar la oración lo que me sale de dentro es darte gracias. Gracias por el misterio de la Encarnación que me hace valorar mi cuerpo y todas las realidades humanas. Gracias porque puedo vivir lo humano y lo divino sin ninguna tensión sino con coherencia, con gozo, con espíritu unificador. Gracias porque el ser cristiano me hace ser más humano, más servicial, más bondadoso, más sacrificado.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Miércoles II de Pascua

1.- Introducción.

Señor, hoy necesito especialmente la presencia de tu Espíritu para que me haga comprender la inmensidad del amor del Padre que no ha enviado a su hijo al mundo ni para juzgarlo ni para condenarlo sino para salvarlo. Y no salvarlo con palabras bonitas sino con hechos contundentes. No con un amor cualquiera sino con un amor costoso, que tuvo su mejor expresión en la Cruz.

2.- Lectura reposada del evangelio Juan 3, 16-21

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»

3.- Qué dice el texto.

Meditación

“Tanto amó Dios al mundo” Me quiero detener en ese “tanto”. Lo podríamos traducir diciendo. Hasta tal extremo, hasta tal inmensidad, hasta tal locura nos amó Dios Padre que nos entregó lo mejor que tenía: su propio Hijo.  No olvidemos una cosa: el que escribe el Evangelio es el “discípulo amado”. No es un escritor que quiere darnos una crónica de la vida de Jesús. Es el discípulo que ha descansado su cabeza sobre el pecho de Jesús. No es un maestro sino un testigo que ha vivido con Jesús algo tan grande, tan maravilloso, que ha quedado seducido por esa persona y ya no puede vivir sin pensar en Él, sin soñar con Él, sin trabajar por su causa.  Cuando escribe su evangelio ya ancianito todavía sus ojos se le llenan de lágrimas y su corazón de ternura. Y si alguien le pregunta qué debemos hacer los cristianos, contesta: “Amaos unos a otros como Jesús nos ha amado”. El evangelio de Juan sólo puede leerse de rodillas, en silencio y con ojos de enamorado.

Palabra del Papa

El Evangelio de hoy nos propone las palabras dirigidas por Jesús a Nicodemo: “Dios, amó tanto al mundo, que dio a su Hijo unigénito”. Escuchando esta Palabra, dirigimos la mirada de nuestro corazón a Jesús Crucificado y sentimos dentro de nosotros que Dios nos ama, nos ama de verdad, y ¡nos ama mucho! Esta es la expresión más sencilla que resumen todo el Evangelio, toda la fe, toda la teología: Dios nos ama con amor gratuito y sin límites. Así nos ama Dios. […] María, Madre de misericordia, nos ponga en el corazón la certeza de que somos amados por Dios. Esté cerca de nosotros en los momentos de dificultad y nos done los sentimientos de su Hijo (S.S. Francisco, Ángelus del 15 de marzo de 2015).

4.- Que me dice hoy a mí este texto. (Silencio)

5.- Propósito: Haré un esfuerzo en este día para mirar a las personas como las miraba Jesús.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy quiero darte gracias por este rato de oración en el que he descubierto, de una manera especial, el amor derrochador del Padre. Con un Padre así, yo Señor, voy a cualquier parte. Mejor, no necesito moverme. Pienso en lo que Dios me ama y soy feliz. El recuerdo de ese amor quiero que me siga y persiga a cualquier parte. Todo lo demás pasa a segundo término. Dame la gracia de vivir impresionado por el inmenso amor que me tienes. ¡Tú, a mí! 

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Martes II de Pascua

1.- Ambientación.

Señor, hazme humilde de corazón para que pueda penetrar en tu Misterio. María también hizo la misma pregunta que Nicodemo: ¿cómo puede ser esto? Y se quedó muy satisfecha de la respuesta que le dio el Ángel: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”. Todas nuestras preguntas quedan bien respondidas cuando se nos invita a fiarnos de Jesús que nos envía el Espíritu Santo. Por eso, Señor, hoy no te pido nada, aunque sea muy bueno. Sólo te pido que me des el Espíritu Santo, el Supremo Don.

2.- Lectura reposada de la Palabra del Señor. Juan 3, 7-15

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «No te extrañes que te haya dicho: ´Tienen que renacer de lo alto´. el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, peor no sabes de dónde viene, ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó entonces: «¿Cómo puede ser esto?» Jesús le respondió: «Tú eres maestro de Israel, ¿y no sabes esto? Te lo aseguro: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por Él vida eterna.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

Me encanta la palabra de Jesús a Nicodemo: ¿Tú eres maestro y no sabes? Los judíos, maestros de Israel, se pasan todo el día leyendo la Ley, estudiándola, comunicándola a los demás. Son Maestros. Pero maestros de una sabiduría humana. En contraposición, Jesús se mete en el grupo de los que, iluminados por el Espíritu Santo, “dan testimonio de lo que han visto”. No son maestros, son “testigos”. Son viajeros de Dios. Más que hablar de Dios, “cuentan” lo que Dios ha hecho en sus vidas. Hoy más que nunca la Iglesia necesita hombres y mujeres con “experiencia de Dios”. El mundo necesita gente que diga lo que es capaz de hacer Dios cuando irrumpe en el corazón de una persona: la cambia, la ilumina, la fortalece, la hace buena y sensible a los problemas de los demás. Santa Teresa nos dice: “Yo no hablaré nada que no lo haya experimentado”. Y experimentar la palabra es gustarla, saborearla, profundizarla y ponerla en práctica. Nosotros tenemos palabras, pero Él tiene LA PALABRA. Y la Palabra está clavada en lo alto de la Cruz. Ahí deberán de dirigirse nuestras miradas. “Me amó y se entregó por mí” (Gal. 2,20).

Palabra autorizada del Papa

No se comprende bien si no entendemos lo que Jesús nos dice en el Evangelio. Jesús dice a los judíos: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que soy yo». En el desierto ha sido por tanto elevado el pecado, pero es un pecado que busca la salvación, porque se cura allí. El que es elevado es el Hijo del hombre, el verdadero Salvador, Jesucristo. El cristianismo no es una doctrina filosófica, no es un programa de vida para sobrevivir, para ser educados, para hacer las paces. Estas son las consecuencias. El cristianismo es una persona, una persona elevada en la Cruz, una persona que se aniquiló a sí misma para salvarnos; se ha hecho pecado. Y así como en el desierto ha sido elevado el pecado, aquí que se ha elevado Dios, hecho hombre y hecho pecado por nosotros. Y todos nuestros pecados estaban allí. No se entiende el cristianismo sin comprender esta profunda humillación del Hijo de Dios, que se humilló a sí mismo convirtiéndose en siervo hasta la muerte y muerte de cruz, para servir. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 8 de abril de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué me dice a mí esta palabra de Dios ya reflexionada. Guardo silencio.

5.- Propósito.

En un momento del día, a solas, miraré un crucifijo con detención y le diré palabras de amor. Le daré gracias por lo mucho que me ha amado.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, no te puedo entender porque yo soy de acá abajo y Tú eres de arriba. Yo estoy en la tierra, vivo a ras de tierra, amo con un corazón rastrero, mezquino. Tú eres de arriba. Estás clavado en una Cruz y así te has elevado por encima de nuestras miserias y pecados. Has elevado el amor a la cima más alta. Dame tu Espíritu Santo para poder comprender un poco todo lo que nos amas.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Lunes II de Pascua

1.- Introducción.

Señor, hoy me pides algo muy difícil: nacer de nuevo. Me pides que de una vuelta a mi vida, que cambie mis viejos esquemas, viejas costumbres, viejas actitudes, viejos pecados. Me pides que no me deje guiar por mi viejo espíritu egoísta y me deje llevar por el Espíritu Santo. Todo esto no lo puedo hacer por mi cuenta: por eso te pido que me des tu Santo Espíritu.

2.- Lectura reposada del Evangelio: Juan 3, 1-8

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.» Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.» Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?» Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»

3.- Qué dice el texto.

A un viejo fariseo judío le pide el Señor que nazca de nuevo. ¡Casi nada! El fariseo es precisamente el piadoso judío aferrado a las costumbres y tradiciones del pasado. Las recuerda, las vive, las celebra, las predica. En eso emplea toda su vida. Y precisamente a él le pide el Señor que “nazca de nuevo”. Y entiende tan mal estas palabras del Señor que las interpreta al pie de la letra, como si Jesús se hubiera pasado de rosca. Jesús le habla de un nuevo nacimiento en el Espíritu.

Es precisamente Juan el especialista en lo que podríamos llamar “impactos de novedad”. Nos habla de un “nuevo vino”, de un “nuevo templo, de una “nueva agua”, de un “nuevo maná”, de una “nueva luz”, de una “nueva vida”. Los milagros de Jesús en Juan son “signos” de nuevas realidades. Precisamente Jesús ha venido a hacer nuevas todas las cosas.  (Apo. 21,5) El Papa Francisco nos está invitando a cambiar, a no dejar las cosas como están, a no hacer las cosas simplemente porque “siempre se han hecho así”. Y, sobre todo, nos está invitando a “nacer de nuevo”.

Todos los nacimientos son bonitos: el nacimiento de un río, el nacimiento de una flor, el nacimiento del día, el nacimiento de un pájaro. ¿Qué diremos del nacimiento de un niño? Y, sobre todo, ¿qué diremos del nacimiento de un adulto? No se trata de entrar de nuevo en el vientre de su madre, sino de nacer a una “vida nueva”. A los nuevos cristianos les llamaban “hombres inéditos”. Con la venida de Jesús al mundo se inaugura “una nueva edición de hombre y de mujer”. Hombres y mujeres “al estilo de Jesús.

Meditación del Papa Francisco

El ‘renacer de lo Alto’, renacer del Espíritu que dio vida al primer núcleo de los primeros cristianos, cuando ‘aún no se llamaban así’. Tenían un solo corazón y una sola alma. Una comunidad en paz. Esto significa que en esa comunidad no había lugar para el chismorreo, para las envidias, para las calumnias, para las difamaciones. El amor cubría todo. Para calificar una comunidad cristiana sobre esto, debemos preguntarnos cómo es la actitud de los cristianos. ¿Son mansos, humildes? ¿En esa comunidad hay disputas entre ellos por el poder? ¿Disputas de envidia? ¿Hay chismorreo? No están en el camino de Jesucristo. Esta peculiaridad es muy importante, muy importante, porque el demonio busca separarnos siempre. Es el padre de la división […]Y esto es lo que explicaba Jesús a Nicodemo: este nacer de lo Alto. Porque el único que puede hacer esto es el Espíritu. Esta es obra del Espíritu. La Iglesia la hace el Espíritu. Espíritu hace unidad. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 29 de abril de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Silencio)

5.-Propósito. Hoy voy a mirar a las personas con unos ojos nuevos, con la mirada de Jesús.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, porque siempre me animas, me ayudas, me ofreces caminos nuevos, rutas inexploradas, horizontes fenomenales. A Ti no te va lo viejo ni lo aburrido, ni lo cansado, ni lo repetido. A Ti te va la novedad, el estreno, la sorpresa. Gracias, Señor porque, aunque tenga muchos años, siempre me llamas a tener un corazón joven.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Sábado dentro de la Octava de Pascua

1.-Oración introductoria.

Señor, hoy te pido que me ayudes a creer en tu Resurrección. No nos cuesta nada creer en tu dolor, en tu sufrimiento, en tu muerte. Nos cuesta más creer en tu triunfo definitivo, que es también el nuestro. Y es que esta vida nos da más malos ratos que buenos. Es un valle de lágrimas.  Nos cuesta creer que Tú, Señor, nos creaste para que fuéramos felices, plenamente felices. Haz que todo lo que me pase en este día y en todos los días de mi vida lo viva a la luz de la pascua.

2.- Lectura reposada del evangelio. Marcos 16, 9-15

Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia los discípulos, los cuales estaban llorando, agobiados por la tristeza; Pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. Después de esto, se apareció en otra forma a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo: «Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda la creatura».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Todos los estudiosos del evangelio están de acuerdo en aceptar que el Evangelio de Marcos termina en Mc. 18,8. Todo lo que viene detrás, incluidos los versículos de hoy Mc. 16,9-15 es un añadido posterior. De hecho, son resúmenes de otras apariciones: la de la Magdalena, la de los discípulos de Emaús, y la de los Once. Lo que llama la atención es aquello en que las tres apariciones coinciden: NO CREYERON. ¿Por qué? Normalmente nos creemos antes las malas noticias que las buenas. Parece que en nuestro mundo “nos hemos acostumbrado a los palos”, a recibir malas noticias o las esperamos. Por otra parte, no se trataba de creer que un muerto había vuelto a la vida, como en el caso de Lázaro a quien podían ver, ni de la inmortalidad, ni de la prolongación de esta vida nuestra en la otra. Se trataba de la Resurrección, de la entrada de Jesús definitivamente en el mundo de Dios para no volver ya ni a sufrir, ni a morir. Se trataba de la entrada de Jesús en la plenitud: la plenitud de la vida, la plenitud de la verdad, la plenitud del amor, la plenitud de la felicidad. A esa vida plena en Dios nos llama Jesús a todos en la Resurrección. Es verdad que no la merecemos, pero no es cuestión de méritos sino de “gracia”, de don, de regalo. Y esta plenitud ya tiene que comenzar en este mundo. Cristo Resucitado quiere que ya en esta vida “pregustemos” las alegrías de la futura felicidad. Cuando estos discípulos pasaron del no-creer al creer, se quedan “asombrados”.

Palabra del Papa

“Los discípulos a su vez han recibido la llamada a estar con Jesús y a ser enviados por Él para predicar el Evangelio, y así? se ven colmados de alegría. ¿Por qué? no entramos también nosotros en este torrente de alegría? “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”. Los discípulos son los que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. Todos los discípulos del Señor están llamados a cultivar la alegría de la evangelización. […] En muchas regiones escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. A menudo esto se debe a que en las comunidades no hay un fervor apostólico contagioso, por lo que les falta entusiasmo y no despiertan ningún atractivo. La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres… Donde hay alegría, fervor, deseo de llevar a Cristo a los demás, surgen las verdaderas vocaciones”. (S.S. Francisco, Mensaje para la 88ª Jornada Mundial de las Misiones, 14 de junio de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio).

5.- Propósito: En algún momento del día me retiro para “quedar sobrecogido” por el acontecimiento de la Pascua de Resurrección.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de la Palabra. Y yo ahora le respondo con mi oración.

Señor, sería una inmensa ingratitud por mi parte si hoy no cayera de rodillas y, con el corazón conmovido, no te diera inmensas gracias por el acontecimiento de la Resurrección.  Tu amor es tan enorme que no te has limitado a salvarnos y llevarnos al cielo, sino que quieres darnos tu misma felicidad, esa que tenías en la mañana de Pascua y que no quisiste guardarla para ti solo, sino que la quisiste compartir con nosotros. Todavía más: Quieres que esa felicidad total la pregustemos ya en este mundo. ¡Gracias, Señor!

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Viernes dentro de la Octava de Pascua

1.-Oración introductoria.

Señor, esta narración tan viva, tan sugerente, del encuentro de los discípulos contigo en el Lago, me ha entusiasmado desde niño. Y he sentido envidia de no haber podido asistir a un almuerzo tan divino y tan humano, donde tú ponías todo: los peces, la leña, el fuego y, sobre todo, tu persona encantadora. Cuando yo estuve en Tierra Santa celebrando las bodas de plata sacerdotales, me pasé toda la noche en el lago y tu ausencia sentida, añorada, emotivamente recordada, fue la más bonita y gratificante experiencia de esa visita.   

2.- Lectura reposada del evangelio Juan 21, 1-14

Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberiades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido – pues estaba desnudo – y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

3.- Qué dice el texto.


Meditación-reflexión

En este bello relato, escrito tan al vivo que, al leerlo, da la impresión de que la tinta está todavía sin secarse, el Evangelista Juan, testigo de los hechos, nos presenta una aparición distinta. Aquí no se trata de encontrarse con Jesús en situaciones límite o extraordinarias como puede ser la de la Magdalena llorando la muerte, o Emaús con discípulos de vuelta de todo, o en el Cenáculo con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos. Aquí todo es fácil, sencillo, normal. Dice Pedro: “Voy a pescar”. Es lo normal en un pescador de oficio. Lo mismo que cada mañana el labrador dice: voy a sembrar, y la ama de casa: voy a comprar; y el hombre de negocios: voy a la oficina. Lo importante en esta aparición es que el Resucitado se hace presente en la vida ordinaria, en la sencillez de lo cotidiano. ¿Y qué sucedió? Pues que aquel almuerzo después de pescar que hubiera sido normal, ordinario, rutinario, se convirtió con Jesús en una auténtica fiesta. ¡Qué almuerzo tan sabroso! Y este es el mensaje: con Jesús Resucitado la vida tiene otro color y otro sabor. No hay que esperar al viernes por la tarde para pasarlo bien. Con Jesús todos los días son bonitos, aunque sean lunes. Jesús es la alegría de la vida. No olvidemos que Juan, tan pronto como ve a Jesús, exclama: ¡Es el Señor! Y Pedro se lanza al agua para ir a su encuentro. Es el gozo que les inunda. Los que han estado acostumbrados a vivir con Jesús ya no saben vivir sin Él.    

Palabra del Papa

Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios, y dar gloria a Dios. Me viene ahora a la memoria un consejo que San Francisco de Asís daba a sus hermanos: predicad el Evangelio y, si fuese necesario, también con las palabras. Predicar con la vida: el testimonio. La incoherencia de los fieles y los Pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia ..-El evangelista subraya que “ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor”. Y esto es un punto importante para nosotros: vivir una relación intensa con Jesús, una intimidad de diálogo y de vida, de tal manera que lo reconozcamos como “el Señor”. ¡Adorarlo!» (Homilía de S.S. Francisco, 14 de abril de 2013).

4.- Qué me dice este texto hoy a mí. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Haré  hoy todas las cosas pensando que es el mismo Jesús el que me acompaña.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, por este encuentro que tuviste con tus discípulos en el lago. En aquel almuerzo de trabajo estábamos todos contigo. En el hombre de campo, en el niño que va a la escuela, en el joven que acude a la Universidad, en la mujer que trabaja en una oficina y enla que se quedaen su domicilio haciendo sus “labores de casa”    estás Tú, como Resucitado, poniendo ilusión, alegría, y ganas de hacer bien las cosas. Y así, de un modo tan sencillo, podemos  construir entre todos un mundo más humano, más fraternal. No te vemos, pero estás. No te vemos pero te sentimos cerca. ¡Gracias, Señor!

ORACIÓN MIENTRAS DURA LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Jueves dentro de la Octava de Pascua

1.-Oración introductoria.

Al principio de esta oración te pido, Señor, que me abras mi inteligencia para entender tu palabra y así descubrir el significado profundo de la Resurrección como fuente inagotable de gracia y salvación que no cesa de manar. Hoy quiero beber del agua cristalina de esa fuente. 

2.- Lectura reposada de la Palabra (Lc.24, 35-48).

Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de éstas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?» Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: «Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: «Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.»» Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

Jesús Resucitado se puso en medio de ellos. Él es el vencedor de la muerte, El Viviente, el Cristo, el Señor. Y esto tiene unas consecuencias para todos los cristianos. Él es el Señor de nuestras vidas y a él le entregamos las riendas de nuestra existencia. Y así lo entendieron los primeros mártires de los tres primeros siglos. En Roma se les obligaba a reconocer a los Emperadores como dioses a quienes tenían que ofrecer incienso y sacrificios. Y ellos se negaron porque sólo reconocían como Señor al que había muerto en la Cruz. 

Cristo se puso en medio. Es su puesto, en su sitio. Y si Cristo no está en el centro no está en ninguna parte. Cristo no es un simple paralelo en nuestra vida sino un meridiano que atraviesa todos los paralelos de nuestra existencia. Este cambio esencial no lo podemos hacer nosotros por nuestra cuenta. Por eso necesitamos que Cristo Resucitado nos «abra la inteligencia» como se les abrió a sus primeros discípulos. De este modo ejercerá su soberano señorío sobre los cristianos de todos los tiempos. 

Tu presencia abarcó “sentimientos”, poniendo paz y alegría en sus corazones. Les “abriste la inteligencia” para comprender tu palabra. Y pusiste toda tu santa “humanidad” a su servicio: manos, pies, huellas y el gesto tan cercano de “compartir la mesa”. ¡Gracias, Señor!

Palabra del Papa

“Él, la tarde de Pascua, abre la mente de los discípulos al misterio de su muerte y resurrección y les dice: “Vosotros sois testigos de todo esto”. Los Apóstoles, que vieron con los propios ojos a Cristo resucitado, no podían callar su extraordinaria experiencia. Él se había mostrado a ellos para que la verdad de su resurrección llegara a todos mediante su testimonio. Y la Iglesia tiene la tarea de prolongar en el tiempo esta misión; cada bautizado está llamado a dar testimonio, con las palabras y con la vida, que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo y presente en medio de nosotros. Todos nosotros estamos llamados a dar testimonio de que Jesús está vivo. El contenido del testimonio cristiano no es una teoría, no es una ideología o un complejo sistema de preceptos y prohibiciones o un moralismo, sino que es un mensaje de salvación, un acontecimiento concreto, es más, una Persona: es Cristo resucitado, viviente y único Salvador de todos. Él puede ser testimoniado por quienes han hecho una experiencia personal de Él, en la oración y en la Iglesia, a través de un camino que tiene su fundamento en el Bautismo, su alimento en la Eucaristía, su sello en la Confirmación, su continúa conversión en la Penitencia”. (Homilía de S.S. Francisco, 19 de abril de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito: En todo lo que haga en este día, observaré dónde Jesús no es el centro.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, por las luces que me has dado en esta oración. He descubierto la fuerza de la Resurrección en tu Palabra y en mi vida.  Yo no soy seguidor de un Cristo muerto sino de un Cristo vivo, presente y operante dentro de mi corazón. Quiero que resucites dentro de mí lo que ha muerto o está a punto de fenecer. Dame alegría, ilusión, esperanza, ganas de vivir y de trasmitir esta vida a los demás.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Miércoles dentro de la Octava de Pascua

1.-Oración introductoria. 

Señor, en esta oración quiero que me enseñes a constatar la diferencia de una comunidad que todavía no se ha encontrado con el Resucitado y la comunidad que ha tenido la suerte de encontrase contigo. Te pido que este encuentro tuyo con los discípulos de Emaús sea modelo de mi experiencia personal contigo hoy. Y de todas las experiencias de vida comunitaria a lo largo de los siglos.

2.- Lectura reposada del evangelio.

Del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» Él les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron». Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

          San Lucas, en una espléndida catequesis, nos hace ver la situación de una comunidad que no se ha encontrado vitalmente con Jesucristo y otra que ha experimentado la fuerza y el poder del Señor Resucitado. Y nos habla de cuatro presencias del Resucitado.

1.– En el diálogo. Aquellos discípulos iban caminando y, como dice el texto original, “iban buscando juntos”.  Si de corazón buscamos la verdad y no “mi verdad”; si acepto que la Verdad Absoluta sólo la tiene Dios y nosotros estamos sembrados de verdades fragmentarias; si estamos dispuestos a aceptar la verdad del otro hasta el punto de decir: Perdón, yo estaba equivocado; si acepto democráticamente la opinión de la mayoría, en ese diálogo sincero está presente el Señor.

2.– En la Palabra de Dios. Una palabra que está en la Biblia y a través de la oración pedimos que el Espíritu Santo nos ayude a profundizar en ella y abrirnos a su profundo significado. Si nos dejamos interpelar por ella, sentiremos, como los discípulos de Emaús, que “nuestro corazón arde por dentro”.  Y en ese fuego interior descubriremos que está presente el Señor.

 3.– En la “fracción del pan”. Si acudimos a la Eucaristía, no a recitar de rutina credos ya sabidos, sino a hacer presente el gesto de Jesús de “partir el pan” y nos comprometemos a darnos, a entregarnos, a vivir desviviéndonos por nuestros hermanos, especialmente por los más débiles y necesitados, podemos estar seguros que está presente el Señor.

4.– En la Comunidad. Con la muerte de Cristo viene la dispersión del grupo y los discípulos de Emaús van huyendo del grupo de Jerusalén porque allí sólo se habla de muerte y de fracasos. Si somos capaces de desandar el camino de desesperación y decepción, por una experiencia de encuentro gozoso con el Señor, es claro que en esa comunidad alegre, hermanada, con ganas de salir a contar lo que hemos vivido, está presente el Señor. 

Palabra del Papa.

“El encuentro con Dios en la oración, mediante la lectura de la Biblia y en la vida fraterna les ayudará a conocer mejor al Señor y a ustedes mismos. Como les sucedió a los discípulos de Emaús, la voz de Jesús hará arder su corazón y les abrirá los ojos para reconocer su presencia en la historia personal de cada uno de ustedes, descubriendo así el proyecto de amor que tiene para sus vidas. Algunos de ustedes sienten o sentirán la llamada del Señor al matrimonio, a formar una familia. Hoy muchos piensan que esta vocación está «pasada de moda», pero no es verdad. Precisamente por eso, toda la Comunidad eclesial está viviendo un período especial de reflexión sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. Además, les invito a considerar la llamada a la vida consagrada y al sacerdocio. Qué maravilla ver jóvenes que abrazan la vocación de entregarse plenamente a Cristo y al servicio de su Iglesia. Háganse la pregunta con corazón limpio y no tengan miedo a lo que Dios les pida. A partir de su «sí» a la llamada del Señor se convertirán en nuevas semillas de esperanza en la Iglesia y en la sociedad. No lo olviden: La voluntad de Dios es nuestra felicidad (S.S. Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Que en este día se note que estamos en Pascua: procuraré sonreír y poner buena cara

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias por este tiempo de oración contigo. Te diré que eres fantástico. Me encanta esa manera tan humana de presentarte a unos amigos a quienes tanto desconcertó tu muerte. Te presentaste de una manera arrolladora con tu cuerpo resucitado: con capacidad de diálogo, de sorpresa, de novedad. Fuiste capaz de llenar de entusiasmo y ardor unos corazones fríos y desesperanzados. ¡Qué grande eres, Señor!

ORACIÓN MIENTRAS DURE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectio Divina – Martes dentro de la Octava de Pascua

1.- Oración introductoria.

En la oración de este día, quiero pedirte, Señor, que aprenda a buscarte donde realmente estás y no donde yo me imagino que puedes estar. María Magdalena fue a buscarte a un sepulcro y lo único que pedía era tu cadáver. Tenía un inmenso amor, pero poca fe en la Resurrección. Había quedado muy atada a tu presencia física y no quería soltarte. Dame a mí la gracia de buscarte donde tú estás: no en un sepulcro que huele a muerto sino en un jardín de amor, con fragancia de vida.

2.- Lectura sosegada del Evangelio Juan 20, 11-18

Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Drícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» -que quiere decir: «Maestro»-. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.

3.- ¿Qué dice el texto?

Meditación-reflexión

María Magdalena es una mujer loca de amor a Jesucristo. Va al sepulcro a llorar la ausencia de la persona que más quiere. Y pregunta al hortelano si sabe dónde han puesto el cadáver de Jesús.  Ella quiere ir a buscarlo. Le preguntamos cariñosamente: María, ¿qué piensas hacer con un cadáver? No quiero que me contestes porque no puede haber una respuesta razonable. Lo único que hay es una locura de amor. 

Los comentaristas nos dicen que este relato tiene mucho que ver con el Cantar de los Cantares. Hay un jardín, unos esposos enamorados, una búsqueda, unas palabras llenas de admiración, un encuentro. No cabe duda de que este relato San Juan lo ha montado sobre el trasfondo del Cantar de los Cantares. Jesús Resucitado es el nuevo Esposo. Y María Magdalena va a representar a la Iglesia, como nueva esposa. La consecuencia es clara: Jesús resucitado quiere tener con su nueva esposa unas relaciones esponsales. De este modo, María Magdalena representaría el «amor loco» de esposa enamorada que responde al amor loco de Dios que, en la Cruz, ha entregado su vida. La esposa enamorada no se entrega al esposo por la fuerza o la violencia sino con amor apasionado. Y ésta  es la respuesta que espera Jesús de cada cristiano.

Hay que destacar el trato exquisito que dio Jesús a las mujeres:

– Le acompañaban (Lc. 8,2-3)

– Se dejó tocar, besar y perfumar sus pies por ellas. (Lc. 7,36-50)

– Les devolvió la dignidad perdida. (Jn. 8,1-11)

– Sabiendo que entonces no servía el testimonio de las mujeres, se apareció primero a ellas en la Resurrección y, en el caso de María Magdalena, la llamó por su nombre y la convirtió en la primera “evangelizadora”. En este asunto tan delicado, tenemos derecho a preguntarnos: ¿Ha sido la Iglesia fiel a Jesús?

Palabra del Papa

María Magdalena llora, lo ve pero no lo reconoce, se da cuenta de que es Jesús sólo cuando Él la llama por su nombre; los discípulos de Emaús, deprimidos y con sentimientos de derrota, llegan al encuentro con Jesús dejándose acompañar por el misterioso viandante. ¡Cada uno por caminos diferentes! Buscaban entre los muertos al que está vivo, y fue el mismo Señor el que corrigió el rumbo. Y yo, ¿qué hago? ¿Qué camino sigo para encontrar al Cristo vivo? Él estará siempre cerca de nosotros para corregir el rumbo si nosotros nos hemos equivocado. «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?» Esta pregunta nos hace superar la tentación de mirar hacia atrás, a lo que fue ayer, y nos empuja a avanzar hacia el futuro. Jesús no está en la tumba, él es el Resucitado, el Viviente, el que siempre renueva su cuerpo que es la Iglesia y lo hace andar atrayéndolo hacia Él. «Ayer» es la tumba de Jesús y la tumba de la Iglesia, el sepulcro de la verdad y la justicia; «hoy» es la resurrección perenne a la que nos impulsa el Espíritu Santo, que nos da plena libertad.» (S.S. Francisco, catequesis del 23 de abril de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito. Todo lo que voy a hacer en este día lo haré con mucho amor.

6.- Oración.

Gracias, Dios mío, porque hoy he entendido un poco más la esencia del cristianismo. Doctrina maravillosa centrada en el amor y que, desgraciadamente, la desdibujamos con nuestras conductas mezquinas y rastreras. Señor, quiero vivir amando, quiero hacer del amor el fundamento de mi vida. No quiero ser especialista de nada: ni en ciencias, ni en arte, ni en oficios. Quiero ser sólo especialista del amor y así quemar mi vida amando. 

ORACIÓN MIENTRAS DURA LA PANDEMIA

Jesús Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia Señor que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén