Lectio Divina – Santa Brígida

1.- Oración introductoria.

Señor, en este día de la festividad de Santa Brígida, copatrona de Europa, quiero rogarte encarecidamente por Europa. Lamentablemente, en el terrero de la fe, ha quedado como “Una viña devastada” (Papa Benedicto). Haz que vuelva a correr por ella la misma savia, la misma vida de fe de otros tiempos. Tú, Señor, eres la Vid. No toleres que esa viña fecunda en otros tiempos, se convierta en un montón de sarmientos secos. No arranques la viña, Señor. Cuídala, riégala y hazla florecer de nuevo.  

2.- Lectura reposada del evangelio: Juan 15, 1-8

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Sin mí no podéis hacer nada”. La frase de Jesús es rotunda. No dice: Sin mí podéis hacer poco. Sin Jesús no podemos hacer nada. Cuando trabajamos y nos atribuimos algo a nosotros, eso se lo estamos robando a Cristo. Un sarmiento separado de la vid, no puede dar ningún fruto. Esto nos hace ser humildes y sentir la necesidad que tenemos de Jesús. Pero esta frase no va en contra de nuestra “autonomía personal”.  Es verdad que los sarmientos separados de la vid no pueden hacer nada. Pero me pregunto: ¿Y qué puede hacer una vid sin los sarmientos? Tampoco nada. Dios ha querido tener necesidad de nosotros. Para Él, y porque así lo ha querido, nosotros somos muy importantes. ¡Pedid lo que queráis! Esta frase tan comprometedora por parte de Jesús sólo la dice con esta condición: “Si permanecéis en mí y yo en vosotros”. Jesús quiere, a toda costa, que contemos con él, que le amemos como Él nos ama, que permanezcamos, es decir, que no nos cansemos, que no le olvidemos, que nos fiemos plenamente de Él. ¿Cuál es la gloria del Padre? La gloria, el orgullo, el gozo, la fiesta de un Padre es ver a sus hijos unidos. Eso le pasa a nuestro Padre Dios.  Sólo si nos amamos podemos dar fruto y ser sus discípulos.

Palabra del Papa.

PERMANECED. “Y sabemos muy bien lo que eso significa: contemplarlo, adorarlo y abrazarlo en nuestro encuentro cotidiano con él en la Eucaristía, en nuestra vida de oración, en nuestros momentos de adoración, y también reconocerlo presente y abrazarlo en las personas más necesitadas. El “permanecer” con Cristo no significa aislarse, sino un permanecer para ir al encuentro de los otros. Quiero acá recordar algunas palabras de la beata Madre Teresa de Calcuta. Dice así: “Debemos estar muy orgullosos de nuestra vocación, que nos da la oportunidad de servir a Cristo en los pobres. Es en las ‘favelas’, en los ‘cantegriles’, en las ‘villas miseria’ donde hay que ir a buscar y servir a Cristo. Debemos ir a ellos como el sacerdote se acerca al altar: con alegría”. Hasta aquí la beata. Jesús es el Buen Pastor, es nuestro verdadero tesoro, por favor, no lo borremos de nuestra vida. Enraicemos cada vez más nuestro corazón en él”. (Homilía de S.S. Francisco, 27 de julio de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Silencio)

5.- Propósito. No separarme nunca de Jesús.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias por el afán, el interés que tienes de querer estar siempre conmigo. Haz que yo descubra que precisamente estando siempre contigo es como yo puedo ser feliz. Esto no es una teoría. Es la experiencia más fuerte de mi vida. Sólo he dejado de ser feliz cuando, lamentablemente, he intentado separarme de ti. Por eso he tenido necesidad de buscarte enseguida. Señor, qué bueno has sido siempre conmigo. ¡Gracias!

Lectio Divina – Santa María Magdalena

1.- Introducción.

Señor, te confieso que este relato de Juan siempre me emociona. La Magdalena es una mujer desfasada ya que no da el paso al Cristo de la Resurrección y se conforma con el cadáver de Jesús. Pero lo que siente por Jesús es locura. Y este amor loco, desinteresado, sin el menor atisbo de egoísmo es el que siempre me ha cautivado. Haz que yo viva siempre de este amor.

2.- Lectura reposada del evangelio. Juan 20, 11-18

Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» – que quiere decir: «Maestro» -. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Este relato lo ha escrito el evangelista Juan teniendo la vista puesta en uno de los libros más bonitos del A.T. “El Cantar de los Cantares”, es decir, el más bello canto de amor. Los protagonistas son dos esposos perdidamente enamorados. Abundan los pronombres personales: “Yo” “Tú”. Las escenas se desarrollan en un huerto donde se aspira el perfume de las flores y el rico sabor de las frutas maduras. Hay gratas presencias y amargas ausencias. También se hacen presentes las admiraciones, los anhelos, los suspiros y los abrazos. Todo esto se hace presente en esta aparición de la Magdalena con el Resucitado. Y todo el relato se concentra en dos admiraciones: ¡MARIA! “RABBONI”. Jesús Resucitado es el “nuevo esposo” de la nueva esposa, la Iglesia. Las relaciones deben ser nupciales, llenas de admiración y de amor apasionado. Una cosa queda prohibida: pretender retener el tiempo y volver a la situación anterior. La esposa-Iglesia está aquí en la tierra y el esposo Jesús que vive en el cielo, tira de ella y la atrae hacia arriba. Pero, en cualquier situación, lo que importa es el amor, no un amor cualquiera, sino un amor loco y apasionado. Nos hemos acostumbrado a pensar que la resurrección es sólo una cosa que nos espera al otro lado de la muerte. Y nadie piensa que la resurrección es también, entrar «más» en la vida.

Palabra del Papa

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?» Esta pregunta nos hace superar la tentación de mirar hacia atrás, a lo que fue ayer, y nos empuja a avanzar hacia el futuro. Jesús no está en la tumba, él es el Resucitado, el Viviente, el que siempre renueva su cuerpo que es la Iglesia y lo hace andar atrayéndolo hacia Él. «Ayer» es la tumba de Jesús y la tumba de la Iglesia, el sepulcro de la verdad y la justicia; «hoy» es la resurrección perenne a la que nos impulsa el Espíritu Santo, que nos da plena libertad.» (S.S. Francisco, catequesis del 23 de abril de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio).

 5.-Propósito. Hacer todo en este día con “mucho amor”

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, lo que define a María Magdalena fue su inmenso amor. En cuestión de fe no fue un ejemplo, ya que no creía en la Resurrección; tampoco se quería arrancar del Cristo histórico, pero todo lo superó su gran amor. Y este gran amor debe ser la clave y el fundamento de la Iglesia del Resucitado. Cristo, muriendo en la Cruz, nos expresó su amor loco y a un amor loco sólo se le puede responder con una locura de amor.

Lectio Divina – Miércoles XVI de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, yo necesito una siembra de tu palabra. Y necesito que la siembres Tú, el mejor sembrador. Necesito que la semilla de tu palabra caiga sobre mí “como lluvia que empapa la tierra” y la hace fructificar. No me interesa, de momento, la cosecha. Eso es cosa tuya. Me interesa la siembra, el quedar sembrado de verdad, de bondad, de dulzura, de misericordia.

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 13,1-9

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a Él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces Él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Lo más importante de la parábola tal y como fue pronunciada por Jesús está condensado en tres verbos: “salir”, “sembrar”, “cosechar”.

1.- Salir. “Salió el sembrador”. No se quedó en casa guardando la semilla en el granero, conservándola.  Salió a pesar del riesgo. Salió convencido de que no podía quedarse con la semilla sin sembrarla. Y salió con gozo, con ilusión, con esperanza. Saliendo puede ocurrir que haya o no haya cosecha. Pero sin salir, es seguro que nunca habrá cosecha. El fracaso no consiste en no obtener cosecha; el fracaso está en “no haber sembrado”.

2.- Sembrar. Lo sembró todo: No sólo la buena tierra, sino los caminos, las piedras, los espinos. Derrochó la semilla. No se cansó de sembrar. Para indicarnos que lo nuestro es “sembrar”, sembrarlo todo, gastar la vida sembrando. Nunca hay que cansarse de sembrar el bien. Lo nuestro es sembrar. La cosecha es cosa de Dios.

3.- Al final, un cosechón. En Israel una cosecha se consideraba normal si daba el siete por uno. Nunca se pensaba en un 30, 60, o 100. Pero la cosecha es de Dios. Lo que vamos a cosechar es mucho más de lo que hemos sembrado. Nosotros sembramos en mezquindad. Dios fructifica en generosidad. El derroche, la sin medida, la abundancia es lo propio de Dios.

Palabra del Papa.

Yo estoy seguro de que la simiente puede caer en buena tierra… «No padre, yo no soy buena tierra, soy una calamidad, estoy lleno de piedras, de espinas, y de todo». Si puede que eso hay arriba, pero haré un pedacito, haré un cachito de buena tierra y dejaré que caiga allí, ¡y vas a ver cómo germina! […] Todos en silencio, miremos al corazón y cada uno dígale a Jesús que quiere recibir la semilla. Dígale a Jesús: mirá Jesús las piedras que hay, mirá las espina, mirá los yuyos, pero mirá este cachito de tierra que te ofrezco, para que entre la semilla. En silencio dejamos entrar la semilla de Jesús… Acuérdense de este momento, cada uno sabe el nombre de la semilla que entró. ¡Déjenla crecer y Dios la va a cuidar! (Discurso en la Vigilia con los Jóvenes, JMJ Río, 27 de julio de 2013)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto del evangelio que acabo de meditar. (Silencio)

5.- Propósito. Hacer un esfuerzo por descubrir que este mundo está sembrado “de las semillas del Verbo” y mirar la vida con optimismo.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al terminar esta oración te quiero agradecer las luces que me has dado a través de tu palabra. He aprendido a no cansarme nunca de sembrar, a no dar nunca nada por perdido, a confiar en la fuerza que encierra tu palabra y, sobre todo, a saber esperar en Ti que pasaste la vida sembrando el bien y, al final, Tú mismo te sembraste en la tierra muriendo por nosotros en la Cruz. La gran cosecha fue tu gloriosa Resurrección. Como Tú mismo dijiste: El grano de trigo, cuando cae en tierra y muere, da mucho fruto. 

Lectio Divina – Martes XVI de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria.

Señor, en estos momentos, vengo a pedirte que me ensanches mi mente y, sobre todo mi corazón,  para descubrir mi verdadera familia, mi familia en el espíritu, mi familia en la fe. Está por encima de los lazos de la carne y de la sangre. En esta familia yo descubro a Dios como Padre y a los demás como hermanos y hermanas. A esta gran familia pertenece especialmente María, la madre de Jesús, pero también nuestras propias madres.

2.- Lectura reposada del Evangelio: Mateo 12, 46 – 50

Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte». Jesús le respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

A primera vista, nos parece que Jesús no tiene un comportamiento correcto con su madre. Todos hubieran deseado que, ante el anuncio de que su madre estaba ahí, hubiera cortado el discurso para saludar y dar un abrazo a su madre. Pero Jesús, con este comportamiento, nos está diciendo que a su madre no la podemos encasillar en un esquema meramente “biológico”. Por eso tampoco acepta ese piropo tan natural de una mujer de pueblo: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te dieron de mamar”. Jesús no puede reducir a  su madre a la categoría biológica de “pechos y vientre”. Ella es grande porque siempre ha sido “la oyente de la Palabra de Dios”, la que siempre ha cumplido la voluntad del Padre. María va a ser una persona muy especial, un miembro cualificado, en la gran familia de los seguidores de Jesús. Y es que Jesús nunca ha querido separar a su madre, del Pueblo de Dios. En esta maravillosa “caravana de la fe” Ella es la primera. “Dichosa tú, la creyente”. Le dijo su prima Isabel. Y dichosos de nosotros que nos podemos aprovechar de la palabra del Señor, vivida, rumiada, asimilada, por María en lo más hondo de su corazón.

Palabra del Papa.

«Quien acoge a Cristo en la intimidad de su casa se sacia con las alegrías más grandes». El Señor Jesús fue su gran atractivo, el tema principal de su reflexión y de su predicación, y sobre todo el término de un amor vivo e íntimo. Sin duda, el amor a Jesús vale para todos los cristianos, pero adquiere un significado singular para el sacerdote célibe y para quien ha respondido a la vocación a la vida consagrada: sólo y siempre en Cristo se encuentra la fuente y el modelo para repetir a diario el «sí» a la voluntad de Dios. «¿Qué lazos tenía Cristo?» Eso se preguntaba san Ambrosio, que con intensidad sorprendente predicó y cultivó la virginidad en la Iglesia, promoviendo también la dignidad de la mujer. A esa pregunta respondía: «No tiene lazos de cuerda, sino vínculos de amor y afecto del alma». Y, precisamente en un célebre sermón a las vírgenes, dijo: «Cristo es todo para nosotros. Si tú quieres curar tus heridas, él es médico; si estás ardiendo de fiebre, él es fuente refrescante; si estás oprimido por la iniquidad, él es justicia; si tienes necesidad de ayuda, él es vigor; si temes la muerte, él es la vida; si deseas el cielo, él es el camino; si huyes de las tinieblas, él es la luz; si buscas comida, él es alimento». (Benedicto XVI, 2 de junio de 2012).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra de Dios ya meditada. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Hoy acudo a María para que me dé esa palabra de Dios que brota del silencio de su corazón. Está hecha, pensada y medida para mí.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te agradezco tus enseñanzas en este rato de oración. Me has abierto mis ojos para descubrir el “misterio de María”. Ella  nos ha concebido en la fe. Ella nos hace crecer y madurar en esa misma fe. No es Maestra de lecciones teóricas, de clases de teología, de cursillos de ascética. Pero sí nos da clases excelentes de fe auténtica, de fe probada, de fe hecha vivencia y experiencia.

Lectio Divina – Lunes XVI de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, cómo me gustan las palabras de este evangelio: ¡Aquí hay uno que es más que Jonás! ¡Aquí hay uno que es más que Salomón! Y más que Moisés y más que Buda y más que Mahoma… Es hombre y es Dios. Como hombre, tan cercano, tan llanote, tan encontradizo con nosotros. Y como Dios, tan inabarcable, tan infinito… Por eso, Tú, Señor, eres el único capaz de llenar nuestros vacíos, nuestras limitaciones, nuestra finitud. ¡Gracias, Dios mío!

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 12, 38-42

En aquel tiempo, un grupo de letrados y fariseos dijeron a Jesús: Maestro, queremos ver un milagro tuyo. Él les contestó: Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre de la ballena, pues tres días y tres noches estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.


3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Los judíos de entonces y los cristianos de ahora piden “señales”. Quieren ver milagros, apariciones, cosas extraordinarias. Como si la verdadera fe se alimentara de estos hechos portentosos. Pero el evangelio nos dice que Jesús no accedió a esta serie de planteamientos. No convirtió las piedras en panes, ni se tiró del pináculo del Templo abajo, ni se sometió a la voluntad del Maligno. Comió el pan “con el sudor de su rostro”, y pasó por la vida “como uno más” sin organizar espectáculos para entretener a la gente y alimentar un falso mesianismo. San Pablo estuvo en la comunidad de Corinto, rica en carismas, pero dijo claramente que “si no hay amor, lo demás no sirve de nada”. En la vida normal, en la sencillez de nuestro trabajo ordinario, ahí está el Señor. Ofrecer a Dios nuestra vida tal y como nos viene, en lo que tiene de sufrimiento y de gozo, refiriéndolo todo a la Muerte y Resurrección de Jesús, he ahí el verdadero “signo de Jonás” que todos nosotros debemos actualizar cada día. 

Palabra del Papa

“He aquí el síndrome de Jonás, que golpea a quienes no tienen el celo por la conversión de la gente, buscan una santidad —me permito la palabra— una santidad de tintorería, o sea, toda bella, bien hecha, pero sin el celo que nos lleva a predicar al Señor. El Señor ante esta generación, enferma del síndrome de Jonás, promete el signo de Jonás. En el Evangelio de san Mateo se dice: pero Jonás estuvo en la ballena tres noches y tres días… La referencia es a Jesús en el sepulcro, a su muerte y a su resurrección. Y éste es el signo que Jesús promete: contra la hipocresía, contra esta actitud de religiosidad perfecta, contra esta actitud de un grupo de fariseos. El signo que Jesús promete es su perdón a través de su muerte y de su resurrección. El signo que Jesús promete es su misericordia, la que ya pedía Dios desde hace tiempo: misericordia quiero, y no sacrificios. Así que el verdadero signo de Jonás es aquél que nos da la confianza de estar salvados por la sangre de Cristo. Hay muchos cristianos que piensan que están salvados sólo por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta a ese amor misericordioso que nos salva. Las obras solas, sin este amor misericordioso, no son suficientes. (Papa Francisco)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Esperar a Dios en el acontecer de este día normal.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración. Señor, quiero agradecerte lo poco complicado que eres. No nos exiges para ser cristianos nada anormal ni extraordinario. Simplemente quieres que hagamos bien lo que debemos hacer cada día: trabajar, comer, andar, rezar, descansar. Quieres que prolonguemos tu   existencia y te hagamos presente en el quehacer de cada día.  

Lectio Divina – Domingo XVI de Tiempo Ordinario

Andaban como ovejas sin pastor

INTRODUCCIÓN

En este Evangelio de Marcos, en varias ocasiones, aparece Jesús “enseñando” sin decir qué enseñaba y cómo enseñaba. Y este verbo, sin complemento, es sumamente sugerente. Jesús no enseñaba sólo con sus palabras. Jesús enseñaba con sus silencios, con sus miradas, con su ternura. Lo dice el evangelio de hoy: “Jesús vio una multitud y le dio lástima”, es decir, le dio un vuelco el corazón y comenzó a enseñarles. ¡Qué preciosas lecciones las que brotan de un corazón “estremecido”! La Iglesia ha dado muchas lecciones “con la cabeza” y no tantas con el “corazón”.  Necesitamos enseñar con el corazón lecciones de cercanía, de ternura, de dulzura. Y al corazón sólo le puede dar lecciones otro corazón “que esté enternecido” por el gran amor que nos tiene. Ése es Jesús. 

TEXTOS BÍBLICOS

1ª Lectura: Jer. 23,1-6       2ª Lectura: Ef. 2,13-18

EVANGELIO

Marcos 6,30-34:

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

REFLEXIÓN

 1.– VENID A UN SITIO TRANQUILO A DESCANSAR.  Aquí aparece un Jesús muy humano. Han ido a la misión y han venido contentos. Ahora quiere que descansen un poco y le cuenten cómo les ha ido. Y nosotros, ¿ya le contamos a Jesús cómo nos ha ido después de una experiencia apostólica? Jesús no les ha dicho a los apóstoles: “ID”. Les ha dicho: “VENID”. El Señor no quiere mandarlos solos a descansar. ¿Acaso podrían los apóstoles descansar sin Jesús? La palabra “descanso” es muy ambigua. Solemos decir de uno que acaba de fallecer: «Ya ha descansado”. Ya ha dejado de sufrir. Dios no nos ha creado para que no suframos, sino para que seamos felices. Ahora bien, ¿Dónde descansamos mejor? Descansamos cuando estamos en un ambiente bueno, con las personas que amamos. ¿Y los cristianos?  Cuando estamos con Jesús. Oigamos a aquellos apóstoles que son las columnas de nuestra fe. Que lo diga San Pedro: Señor, sin ti, ¿adónde iremos? (Jn. 6,68). Que lo diga San Pablo: “Para mí el vivir es Cristo” (Fil. 1,21). Jesús nos invita a descansar con Él. Como disfrutan las ovejas con su pastor. (Salmo 23). Como disfruta el amigo con sus amigos (Jn. 15, 14). Como disfruta la esposa con el esposo (2Cor. 11,2). 

2.– NO ENCONTRABAN TIEMPO NI PARA COMER. Nos preguntamos: ¿En qué empleaba Jesús el tiempo? San Marcos, en el capítulo primero, nos presenta una jornada ordinaria de Jesús, lo que solía hacer en un día. Y en verdad es de una actividad intensísima: Está en la sinagoga, llama a los discípulos, hace milagros, predica en Galilea, quiere ir a pueblos vecinos. Los discípulos lo dicen bien claro: “Todo el mundo te busca” (Mc. 1,37). Jesús vive desviviéndose por la gente. Pero hay un detalle que no podemos perder de vista: «De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, salió y fue a un lugar solitario, y allí se puso a hacer oración” (Mc. 1,35). Jesús estaba ocupado todo el día con la gente, pero siempre tenía tiempo para estar con su Padre-Dios. Antes de salir el sol, antes de estrenar el nuevo día, en el silencio de la noche, Jesús necesitaba llenarse de la ternura del Padre, de las caricias del Padre, de las palabras del Padre que dejaban estremecido a Jesús:” Tú eres mi Hijo Amado en quien pongo todas mis complacencias” (Mt. 3,17). Esta es la raíz profunda de la vida tan llena y fecunda de Jesús. Con el rocío de la mañana Jesús se empapaba del cariño del Padre y su jornada rezumaba paz, alegría, bondad, dulzura. Sus palabras estaban llenas de frescura y novedad. “El amor ni cansa ni se cansa” (San Juan de la Cruz).

3.– JESUS VIO UNA MULTITUD Y LE DIO LÁSTIMA. Según el texto original, ese “le dio lástima” hay que traducirlo por “le dio un vuelco el corazón” Y esto es sumamente importante porque todo lo que dice y hace Jesús es revelación de su inmenso amor. Si Jesús hace un milagro con sus palabras, con sus manos, con sus ojos, con todo su cuerpo, antes lo hace con su corazón. Todo lo que dice y hace es expresión del amor. Todos los días nos vemos inundados de dones y gracias que el Señor nos hace. “desde la salida del sol hasta el ocaso”.  Al final de la jornada, debemos buscar un momento de silencio para decirle: Gracias, Señor, por todo lo que me amas. Nuestras obras valen por el amor que ponemos en ellas. “No son nuestras acciones como el oro que el que más vale es el que más pesa, sino como el fuego, que el mejor es el que más dista de la materia”. (San Francisco de Sales). Las obras, cuanto más distan de nuestro egoísmo, cuando más desinteresadas, más gratas a Dios.

PREGUNTAS

1.– Descanso cuando estoy con las personas que amo. ¿He sentido alguna vez gozo, paz, satisfacción, al descansar en Dios?

2.- ¿Estoy convencido de que el tiempo es un tesoro?  ¿Lo empleo bien? ¿O empleo el tiempo en perder inútilmente el tiempo?

3.– Seguro que hago muchas cosas. Pero ¿Me paro a pensar desde donde las hago?  ¿Desde mi egoísmo o desde el amor?

Este evangelio, en verso, suena así:

Como ovejas sin pastor

vamos, Señor, caminando

con ansiedad, estresados,

sin canciones en los labios.

La sociedad de consumo

nos ofreció muchos platos

de felicidad barata,

y tragamos sus engaños.

Olvidamos que dijiste:

“Venid los que estáis cansados”

y en mí, encontrareis alivio,

gozo, paz, amor, descanso,

Eres, Señor, Buen Pastor

y cuidas de tu rebaño,

con el sol de tu Palabra

y el pan de tu Cuerpo Santo.

Quieres llevar a las madres

dormidas en tu regazo,

y mirar a los corderos

recostados en tus brazos.

Eres, Señor, prado inmenso

y fuente de siete caños.

Tu vida de amor gratuito

es el más bello regalo.

Señor, que todos nosotros

Sigamos con fe tus pasos.

Conviértenos en pastores

de todos nuestros hermanos.

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí)

Lectio Divina – Sábado XV de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria.

Señor, me impresionan las palabras del Evangelio: “Querían acabar contigo”. ¿Por qué quieren acabar contigo que eres “la luz”, la “verdad”, “la vida”? Por pura envidia. El gran enemigo de la luz es la oscuridad; el enemigo de la verdad, es la mentira; y el de vida es la muerte. Hazme, Señor, descubrir pronto ese “gusano roedor” del pecado que puede estar dentro de mí y trata de destruirme.

2.- Lectura reposada del evangelio: San Mateo 12, 14-21

En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él. Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías: «Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su nombre».

3.- Qué dice el texto

Meditación-reflexión

Los fariseos buscan a Jesús para matarle. Jesús, a pesar de todo, sigue su camino: predica, cura y da esperanza al pueblo. Nosotros, si nos sentimos amenazados de muerte, ya no tenemos ganas de nada, sino buscar el modo de liberarnos. Nos preguntamos: ¿De dónde le venía a Jesús esa fuerza interior para no hundirse, para seguir trabajando como si nada le ocurriese? De la palabra de Dios, Él ha escuchado al Padre que decía:” Este es mi hijo amado en quien me complazco” (Mt. 3,17).La clave para entender a Jesús es su padre Dios. Se siente amado del Padre y le basta. Frente a la actitud de los enemigos que disfrutan haciendo el mal, Jesús disfruta “haciendo el bien”. Y no sólo hace el bien, sino que el bien “lo hace muy bien”. “No grita, no vocifera”, no quiere aplausos ni alabanzas, sino “la complacencia del Padre en el silencio”.  “No quiebra la caña cascada”. Ya sabe que el hombre es eso: “Una caña cascada” (Pascal). Por eso precisamente busca, cuida,  mima, nuestra fragilidad.  “No apaga la mecha humeante”. Ya sabe que nosotros no podemos presumir de ser “hogueras llameantes”; pero nos respeta y nos ama “como pequeñas lamparitas de barro”. Esa brizna de verdad, de respeto, de justicia, de libertad, de amor, que aparece en nosotros, Él la cuida, la fomenta, esté donde esté y venga de donde venga.

Palabra del Papa

“Así era la vida de Jesús: “Recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios”. Jesús que predica y Jesús que cura. Toda la jornada era así: predica al pueblo, enseña la Ley, enseña el Evangelio. Y la gente lo busca para escucharlo y también porque sana a los enfermos. “Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados… Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios”. Y nosotros estamos ahora delante de Jesús en esta celebración: “¿Dejo que Jesús me predique, o yo ya me sé todo? ¿Escucho a Jesús o prefiero escuchar cualquier otra cosa, quizá las habladurías de la gente, o historias…? Hay que escuchar la predicación de Jesús. “¿Y cómo puedo hacer esto, padre? ¿En qué canal de televisión habla Jesús?”. Te habla en el Evangelio. Y esta es una costumbre que aún no tenemos: ir a buscar la palabra de Jesús en el Evangelio. Llevar siempre un Evangelio con nosotros, pequeño, y tenerlo al alcance de la mano.» (Homilía de S.S. Francisco, 8 de febrero de 2015).

4.- ¿Qué significa hoy para mí esta palabra ya meditada? (Silencio)

5.- Propósito. Tratar de no hacer daño a mis hermanos ya que son “pura fragilidad” y se pueden romper.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, porque cada día que medito el evangelio me parece más impresionante, más maravilloso. Estas palabras tuyas tocan mi corazón, reconstruyen mi vida, me dan paz. Es muy bonito pasar por la vida con una mirada limpia, tratando de descubrir el bien que hay en cada una de las personas. Por lo demás, yo me conformo con ser esa pequeña lamparita de bien que alumbra en la noche del mundo.

Lectio Divina – Viernes XV de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, dame la sensatez necesaria para saber distinguir lo esencial de lo accidental. Para aquellos fariseos del tiempo de Jesús, lo esencial era el cumplimiento de la ley hasta caer en minucias absurdas. Entendían como trabajo prohibido por la ley el “frotar las espigas” con las manos. Jesús no puede permitir esta falsa interpretación del sábado, día en que uno cesa del duro trabajo de la semana, para descansar con su Dios en la oración y dedicar este tiempo sagrado al cuidado de los hermanos que lo necesitan. Dame, Señor, tu Espíritu para saber interpretar tu ley.

2.- Lectura reposada del evangelio. Mateo 12, 1-8

Un sábado de aquellos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: -Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado. Les replicó: -¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa «quiero misericordia y no sacrificio», no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Las tres grandes Instituciones de los judíos eran: La Ley, el Templo y el sábado. En un principio la Ley “La Torá” era la voluntad de Dios expresada como una manifestación de amor en el corazón de los fieles. A lo largo del tiempo, las escuelas farisaicas la multiplicaron en muchos preceptos hasta convertirla en “fardos pesados que cargan a la gente en los hombros” (Mt. 23,4) El Templo que, en un principio, pretendió “dar un espacio” para Dios, se convirtió en “cueva de bandidos” al pretender amordazar a Dios diciendo ¡Templo de Yavé!  Y así cometer impunemente todo tipo de injusticias.  Y el sábado, hecho para consagrar un tiempo a Yavé, se convirtió en instrumento de esclavitud al no poder ni siquiera hacer el bien. Jesús quiso descubrir el significado profundo de estas instituciones (Ley, sábado, Templo) al decir que “Él está por encima del Templo y es Señor del Sábado” Por eso, siempre que en el evangelio estas instituciones entran en conflicto con el hombre, Jesús estará a favor del hombre y no a favor de las instituciones.   

Palabra del Papa

“Quien cree en Dios, Padre lleno de amor por sus hijos, pone en primer lugar la búsqueda de su Reino, de su voluntad. Es todo lo contrario del fatalismo o el ingenuo irenismo. La fe en la Providencia, de hecho, no exime de la cansada lucha por una vida digna, sino que libera de la preocupación por las cosas y del miedo del mañana. Está claro que esta enseñanza de Jesús, si bien sigue manteniendo su verdad y validez para todos, es practicada de maneras diferentes según las diferentes vocaciones: un fraile franciscano podrá seguirla de manera más radical, mientras que un padre de familia deberá tener en cuenta sus deberes hacia su esposa e hijos. En todo caso, el cristiano se distingue por su absoluta confianza en el Padre celestial, como Jesús. Precisamente la relación con Dios Padre da sentido a toda la vida de Cristo, a sus palabras, a sus gestos de salvación, hasta su pasión muerte y resurrección. Jesús nos ha demostrado qué significa vivir con los pies bien plantados en la tierra, atentos a las situaciones concretas del prójimo, y, al mismo tiempo, teniendo el corazón en el Cielo, sumergido en la misericordia de Dios” (Benedicto XVI, 27 de febrero de 2011).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar.  (Guardo silencio).

5.-Propósito. Todo lo que hoy voy a hacer, lo haré a impulsos del corazón.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, yo no quiero ser fariseo, observante minucioso de normas y preceptos humanos, inventados por ellos mismos. Yo quiero ser cristiano y cumplir hasta en los últimos detalles el mandamiento tuyo del amor. Y te pido que me ayudes a sumergir mi corazón en el mar infinito de tu amor para poder amar a mis hermanos con un corazón lleno de ternura y de misericordia.

Lectio Divina – Jueves XV de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Hoy, Jesús, vengo a la oración a escuchar unas sabias palabras que salieron de tu boca: “Aprended de mí”. En la vida hemos tenido muchos maestros, pero “uno solo es el Maestro” (Mt. 23,10). Ni siquiera los Apóstoles se llamaron maestros sino “discípulos”. Todos somos discípulos, aprendices de cristianos; siempre nos queda mucho que aprender de este gran Maestro que es Jesús. 

2.- Lectura reposada del Evangelio Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, tomó Jesús la palabra y dijo: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión.

La tradición ha puesto a Jesús muchos títulos: el Mesías, el Señor, el Hijo del Hombre…pero la gente sencilla que acudía a Jesús cuando caminaba por las calles de Palestina le llamaría así “Jesús, el quita pesos”; “Jesús el quita cargas”. Porque todo el que se acercaba a Jesús notaba que su vida se aliviaba, se aligeraba. Jesús se dedicaba a eso: a curar, sanar, aliviar, levantar, animar. Lo dice muy bien los Hechos de los Apóstoles en un precioso resumen de la vida de Jesús: “Pasó por la vida haciendo el bien y curando a todos los oprimidos” (Hech. 10,38). No cabe duda de que Jesús disfrutaba haciendo el bien. Jesús quiere que evitemos el mal, porque nos hace sufrir: y nos dediquemos a aliviar la vida de los que llevan cargas demasiado pesadas que no pueden soportar. Porque hay ocasiones en las que a todos “nos pesa la vida”. ¿Qué hacer? Acudir a Jesús. En realidad, sólo descansamos cuando estamos con las personas que nos quieren. Y Jesús, el hombre del amor, el que vive henchido de la ternura del Padre, quiere que nos acerquemos a Él porque sabe que sólo en Él está nuestro verdadero descanso.  

Palabra del Papa

“Jesús pide que vayamos a Él, que esta es la verdadera sabiduría, a Él que es «manso y humilde de corazón»; propone «su yugo», el camino de la sabiduría del Evangelio, que no es una doctrina que hay que aprender o una propuesta ética, sino una Persona a la que hay que seguir: Él mismo, el Hijo Unigénito en perfecta comunión con el Padre.

Queridos hermanos y hermanas, hemos gustado la riqueza de esta oración de Jesús. Que también nosotros, con el don de su Espíritu, podamos dirigirnos a Dios en la oración, con confianza de hijos, invocándolo con el nombre de Padre, Abbá. Pero debemos tener el corazón de los pequeños, de «los pobres en espíritu», para reconocer que no somos autosuficientes, que no podemos construir nuestra vida solos, que necesitamos de Dios, necesitamos encontrarle, escucharle y hablarle. La oración nos abre a recibir el don de Dios, su sabiduría, que es Jesús mismo, para llevar a cabo la voluntad del Padre en nuestra vida y encontrar así reposo en las fatigas de nuestro camino. ¡Gracias!”. Benedicto XVI, 7 de diciembre de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Este día lo voy a emplear no sólo a no hacer mal a nadie sino a hacer el bien a todos.

6.- Dios me ha habado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, una cosa es dormir y otra descansar. A veces me rinde el sueño y me quedo dormido, pero no descanso. El verdadero descanso no se obtiene simplemente porque tengo salud y en mi cuerpo no me duele nada. El verdadero descanso es más profundo y es necesario que el alma esté en paz. En paz paradisíaca, como cuando nuestros padres, antes del pecado, estaban en paz con Dios, con ellos mismos y con toda la creación.

Lectio Divina – Miércoles XV de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Hoy, Jesús, vengo a rezar no para pedirte nada, sino para agradecerte todo lo que has hecho conmigo. Y quiero unir mi alabanza a la tuya y dar gracias al Padre por ser tan bueno y generoso. Sólo le interesa que lo pasemos bien, que disfrutemos de todo lo que Él ha creado, que vivamos alegres y seamos felices.

2.- Lectura sosegada del evangelio: Mateo 11, 25-27

Por aquel tiempo tomó Jesús la palabra y dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre y nadie conoce al Hijo sino el Padre y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Jesús ha unido la alabanza al Padre con el Señor del cielo y de la tierra. Si sólo hubiera alabado al Padre, Señor del cielo, hubiéramos pensado que Dios sólo quiere que seamos felices después de la muerte. Pero el Padre quiere que seamos también felices en esta tierra. Es Él quien ha creado este mundo maravilloso para que lo disfrutemos. El Padre Dios goza cuando nosotros disfrutamos de la inmensidad de los mares, de la arena de las playas, de las montañas nevadas, de la belleza de los lirios del campo, de la higuera que echa yemas y anuncia la cercanía de la primavera.  Jesús nos enseñó a disfrutar de la Naturaleza porque detrás de cada árbol, de cada animal, de cada brisa, de cada canto de pájaro, está el Padre Dios. Todas las criaturas son huella del amor del Padre. Y, sobre todo, quiere que descubramos el rostro de Dios en el rostro benévolo de nuestros hermanos (Gn. 33,10). De todo esto sólo pueden disfrutar aquellos que son “sencillos y pequeños”. Es más, sólo a éstos Dios les hace la máxima revelación de sí mismo. Sólo a los pequeñitos Jesús revela el verdadero rostro de Dios.

Palabra del Papa

“Dios ha ocultado estas cosas a «sabios y entendidos», dándolas a conocer a los pequeños, a los humildes, a los sencillos de corazón. Por su «sí» a la llamada de Dios, la Virgen María manifiesta entre los hombres el amor divino. En este sentido, Ella, con sencillez y corazón de madre, sigue indicando la única Luz y Verdad: su Hijo Jesucristo, que «es la respuesta definitiva a la pregunta sobre el sentido de la vida y a los interrogantes fundamentales que asedian también hoy a tantos hombres y mujeres del continente americano». Asimismo, Ella «continúa alcanzándonos por su constante intercesión los dones de la eterna salvación. Con amor maternal cuida de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y se debaten entre peligros y angustias hasta que sean llevados a la patria feliz». Benedicto XVI, 12 de diciembre de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar.

5.-Propósito: Mirar el mundo como creación de Dios y disfrutar en este día como un enano.

6.-Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy, Padre bueno, quiero darte gracias, necesito darte gracias porque cuando creabas este mundo ya estabas pensando en mí y te alegrabas de que yo lo pudiera disfrutar. Gracias, Padre, porque te lo pasas bien viendo que nosotros, tus hijos, nos lo pasamos bien. Gracias por ese amor tan grande y desinteresado.  ¿Cuándo voy a caer en la cuenta de que el fiarme plenamente de Ti es la causa de mi verdadera alegría?