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Archive for the ‘María’ Category

Palabra de Dios

Sof 3, 14-18: Lanza gritos de gozo. No temerás ya ningún mal.

Lc 1, 39-45: Dichosa tú, que has creído.

Ap 21, 1-5: Cielos nuevos y tierra nueva.

Texto antológico

“Así como Cristo realiza su resurrección en medio de nosotros por su presencia poderosa y eficaz en la vida del mundo, otro tanto podemos decir de la gloria de María y su ‘asunción a los cielos’. Ello quiere decir que está más presente en el mundo que ninguna otra mujer. En Cleopatra se piensa a lo sumo; a María se le invoca. Es la mujer que está más presente y cercana de nosotros. No debemos imaginar lejos de nosotros a Cristo resucitado y a María asunta en el cielo, al nuevo Adán y a la nueva Eva de la humanidad, como si el cielo fuera un inmenso salón por el que flotan almas innúmeras y sólo dos puestos están ocupados físicamente. No; nada de esto podemos ni debemos imaginar con categorías de tiempo y de espacio. Aquí, sobre la tierra, podemos sentir la presencia de Cristo y de María si llevamos una vida conforme al espíritu de Cristo y nos dirigimos a ellos en nuestra oración”.

Nuevo Catecismo para Adultos

Reflexión

La asunción de María no es una carrera espacial, no es una traslación física, porque el cielo no es un lugar, sino un estado. Ir al cielo no es emprender un viaje sideral.

Hemos de reconocer que muchos cristianos, en su representación imaginativa del futuro escatológico, todavía están demasiado pendientes de representaciones plásticas muy deficientes, provenientes de nuestra primera educación cristiana, en nuestra infancia. Son representaciones que dejan mucho que desear, a las que muchos cristianos se adhieren vergonzantemente. No se atreverían a expresarías porque les parece un mundo de representaciones infantiles. En ese sentido, son un obstáculo para la fe, incluso piedra de escándalo para personas cultas y críticas.

Los muertos no se nos van, sino que se nos vienen adentro del todo. Se instalan definitivamente en Dios. El cielo es Dios. Y esa resurrección ya no tiene reloj ni calendario. Los muertos no están esperando. Y en María todo ello ha tenido que darse de un modo eminente. Es lo que significa su asunción. En cualquier caso, hay que esforzarse por comprenderlo.

Examen

  • ¿Qué pensamos del cielo? ¿Cómo lo “imaginamos”?
  • ¿Sabemos dar razón de nuestra esperanza en la vida eterna? ¿Podemos hacerlo con expresiones y formulaciones aceptables?
  • ¿Cuánto hemos leído o estudiado -en grupo o individualmente- sobre el cielo después de nuestra primera formación religiosa en la infancia?
  • ¿Tenemos verdadera esperanza en la vida eterna?

Conversión

  • Tomar medidas para reformular los temas de los novísimos (muerte, juicio, infierno, cielo y purgatorio) y poderlos creer y expresar sin dificultades especiales.
  • Sentir verdaderamente la vida eterna, el reino de Dios, como objeto de nuestra esperanza, inmanente y trascendente a la vez.
  • Desear ardientemente: ¡Ven, Señor, Jesús!
  • Confortar la esperanza de los desalentados.
  • Compartir nuestra esperanza especialmente con los que se acercan a la muerte.

Invocación

  • María, madre nuestra, tú que te has adelantado definitivamente en Dios.
  • Haz participar a todo el mundo en tu alegría eterna.

Oración

Dios, Padre nuestro: en María has podido llevar a consumación plena tu plan de salvación. Haz que también nosotros un día podamos compartir su alegría contigo en el reino definitivo.

Cantos sugeridos

“Santa María del Camino”, de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

“Salve Regina”, canto gregoriano, en Cantoral litúrgico nacional, 302.

“Antes que el mundo hiciera”, de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

“Los cielos y la tierra”, de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

“Estrella y camino”, de C. Gabaráin, en María siempre.

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Palabra de Dios

Jn 19, 25-27: Ahí tienes a tu hijo.

He 1, 14; 2, 44-47: María oraba con la comunidad cristiana. Esta tenía un solo corazón y una sola alma.

Jn 17, 20-23: Que sean uno, como tú y yo somos uno.

Texto antológico

“Por su carácter eclesial, en el culto a la Virgen se reflejan las preocupaciones de la Iglesia misma, entre las cuales sobresale en nuestros días el anhelo por el restablecimiento de la unidad de los cristianos. La piedad hacia la madre del Señor se hace así sensible a las inquietudes y a las finalidades del movimiento ecuménico, es decir, adquiere ella misma una impronta ecuménico. Y esto por varios motivos.

En primer lugar, porque los fieles católicos se unen a los hermanos de las Iglesias ortodoxas, entre las cuales la devoción a la Virgen reviste formas de alto lirismo y de profunda doctrina al venerar con particular amor a la gloriosa Theotocos y al aclamarla ‘Esperanza de los cristianos’; se unen a los anglicanos, cuyos teólogos clásicos pusieron ya de relieve la sólida base escriturística del culto a la madre de nuestro Señor, y cuyos teólogos contemporáneos subrayan mayormente la importancia del puesto que ocupa María en la vida cristiana; se unen también a los hermanos de las Iglesias de la Reforma, dentro de las cuales florece vigorosamente el amor por las Sagradas Escrituras, glorificando a Dios con las mismas palabras de la Virgen (cf Lc 1,46-55).

En segundo lugar, porque la piedad hacia la madre de Cristo y de los cristianos es para los católicos ocasión natural y frecuente para pedirle que interceda ante su hijo por la unión de todos los bautizados en un solo pueblo de Dios. Más aún, porque es voluntad de la Iglesia católica que en dicho culto, sin que por ello sea atenuado su carácter singular, se evite con cuidado toda clase de exageraciones que puedan inducir a error a los demás hermanos cristianos acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia católica y se haga desaparecer toda manifestación cultual contraria a la recta práctica católica”.

Pablo VI, Marialis cultus

Reflexión

Es el mismo Pablo VI quien nos recuerda que en el culto mariano se han de reflejar las preocupaciones de la Iglesia, entre las que sobresale la del ecumenismo. Muchas comunidades cristianas no tienen tal preocupación, ni en el culto mariano ni fuera de él…

Aunque pueda tener un sentido correcto aquello de que de María nunquam satis (nunca se podrá decir suficiente), también es cierto que en el culto mariano se han producido exageraciones, supersticiones, vana credulidad, falta de coherencia y compromiso… y otras cosas que perturban las relaciones entre las confesiones cristianas, según dice Pablo VI en la Marialis cultus.

Una comunidad cristiana consecuente y responsable ha de tener en cuenta esos aspectos. Ha de examinar hasta qué punto su espiritualidad mariana debe verse afectada por esa preocupación ecuménico.

Hace falta volver al evangelio y a la palabra de Dios, ser rigurosos en la fundamentación de toda espiritualidad, actuales en su aplicación, coherentes y comprometidos en evitar toda alienación o evasión…

Y hace falta, sobre todo, tener una visión amplia, ecuménico. Saber y creer que no tenemos la exclusiva de la Verdad completa, ni el monopolio de la salvación. Aceptar en la fe que el Espíritu de Jesús está vivo y actúa eficazmente en muchos hombres, grupos y pueblos. Y vivir en una práctica coherente con estas convicciones ecuménicas. Colaborar fraternalmente con todos los que luchan realmente por el Reino, sea cual fuere su bandera.

Examen

  • ¿Qué correctivos impondría la preocupación ecuménico a nuestra devoción mariana, tanto como comunidad cristiana cuanto como personas individuales?
  • ¿Podemos estar siendo piedras de escándalo para los hermanos separados?
  • ¿Qué preocupación ecuménico vivimos en nuestra comunidad cristiana?
  • ¿Tenemos actitudes de sincera cooperación fraterna?

Conversión

  • Orar por la unión de los cristianos. Reflejar en nuestra vida la preocupación ecuménico.
  • Apoyar las iniciativas ecuménicas que se tomen cerca de nosotros. Tomar decisiones para aproximar las comunidades cristianas.
  • Encontrar una actitud correcta, respetuosa y adecuada ante el proselitismo de las “sectas”.

Invocación

  • María, madre de todos los seres humanos…
  • …ayúdanos a crear la unidad del mundo para que llegue el reino.

Oración

Dios, Padre nuestro, que sufres al ver dividido al pueblo de Dios en diversas confesiones cristianas. Haz que llegue pronto el día en que nos unamos todos los seguidores de Jesús en una sola gran comunidad, para que seamos fermento de unidad entre todos los hombres de buena voluntad.

Cantos sugeridos

“Santa María del Amén”, de J. A. Espinosa, en El Señor es mi fuerza.

“Alégrate, hija de Sión”, de M. González, en La gloria de Jerusalén.

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Palabra de Dios

Lc 10, 38-42: Marta y María. La mejor “parte”.

Lc 2, 50-52: María daba vueltas a todo esto meditándolo en su corazón.

Texto antológico

“El difícil todo

Tan sólo mejor
que la mejor parte
que escogió María,
el difícil todo.

Acoger al Verbo,
dándose al servicio.
Vigilar su Ausencia,
gritando su Nombre.
Descubrir su Rostro
en todos los rostros.

Hacer del silencio
la mayor escucha.
Traducir en actos
las Sagradas Letras.

Combatir amando.
Morir por la vida,
luchando en la paz.

Derribar los tronos
con las viejas armas
quebradas de ira,
forradas de flores.

Plantar la bandera,
la justicia libre,
en los gritos pobres.

Cantar sobre el mundo
el Advenimiento
que el mundo reclama,
quizá sin saberlo.

El difícil todo
que supo escoger
la otra María”.

Pedro Casaldáliga

Reflexión

El misterio de Dios es inefable, incomprensible, inabarcable. Nadie puede comprender sus insondables riquezas. A cada uno le es dado participar limitadamente en ese misterio, Por eso cada uno acentúa unos aspectos sobre otros, según su capacidad, según la sintonía de su propia propia gracia, de su carisma personal y comunitario. También ocurre que a lo largo de la historia cada verdad o cada faceta del misterio tiene su propio kairós, su momento más oportuno o el momento en que es más necesario que sea acentuada. Por eso, a lo largo de la historia (diacrónicamente) y a lo ancho de la comunidad cristiana, en un determinado momento de la historia (sincrónicamente) cabe el pluralismo, las diversas espiritualidades, los distintos acentos, las corrientes eclesiales.

Esto, que siempre ha ocurrido a lo largo de la historia, es hoy más visible que en otras épocas. Las distintas corrientes no se conllevan sin dificultad. No se encuentran siempre como complementarias, sino a veces como contrapuestas o incompatibles. Verticalismo-horizontalismo, ortopraxis-ortodoxia, cielo-tierra, oración-acción, escatología-historia, institución-profetismo, idealismo-materialismo, etc., son, en el fondo, otros tantos polos de dimensiones del cristianismo que se deben articular sin demasiadas tensiones, disyuntivas, oposiciones, alternativas rígidas. La virtud, al margen de lo que pensara la tradición, no está necesariamente “en el medio”, sino donde diga el evangelio, donde la puso Jesús, porque nos referimos a la virtud cristiana, no a la de Sócrates o Aristóteles.

El problema consiste en obedecer realmente a las exigencias del evangelio; en dialogar, para iluminarnos no con nuestras propias filosofías, sino con la luz que viene del seguimiento de Jesús.

El evangelio, a pesar de los escasos textos en que se refiere a ello, nos da pie para ver en María una experiencia espiritual de síntesis, de complementariedad, de integración, conjugándolo todo con la máxima radicalidad en el seguimiento de Jesús por la causa del reino.

Examen

  • ¿Qué polos o dimensiones de la vida cristiana tengo yo más abandonados?
  • ¿Tengo tendencias monocolores, parciales, unilaterales en lo que se refiere a la vida cristiana?
  • ¿Trato de aprovechar lo bueno que los hermanos que están en otra espiritualidad diversa de la mía pueden aportarme?
  • ¿Qué medios ponemos en mi comunidad cristiana para tratar de dialogar y enriquecernos mutuamente?
  • ¿Me escudo en la prudencia, el equilibrio, la madurez, la ponderación… para quedarme en posturas eclécticas y moderadas que renuncian al radicalismo en el seguimiento de Jesús?

Conversión

Hacer un esfuerzo para encontrar la síntesis cristiana. Apoyar en mi vida aquellas facetas para las que soy sensible, aquello que tiendo a descuidar.

Tratar de alcanzar una visión integradora, buscando también lo positivo, sin querer buscar siempre las oposiciones, tratando de ayudar pedagógicamente al interlocutor.

Invocación

  • María, madre del Cristo total…
  • …haz nuestro corazón semejante al suyo.

Oración

Dios, Padre nuestro: en María nos has dado un modelo de síntesis total, de complementación perfecta, de lucha y contemplación, de decir y hacer, de escuchar y responder, de hablar y callar, de profecía y compromiso, de orar y actuar, de denuncia y anuncio. Ayúdanos a acercarnos más a ese modelo, para situamos más y más en el camino de Jesús, tu Hijo.

Cantos sugeridos

“Canto a María” (“Magnificat”), de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

“Madre del Salvador”, de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

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Palabra de Dios

He 1, 12-14: Perseveraban en la oración en un mismo espíritu con la madre de Jesús.

Jn 19, 25-27: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Jn 17,20-23: Que sean uno como tú y yo somos uno.

Texto antológico

“Bajo la figura de María madre del discípulo, esta maternidad de la Iglesia es la fuente de la unidad de los discípulos, de los hermanos, de los fieles de Cristo. En su oración sacerdotal (Jn 17), Jesús rezó por la unidad de los suyos: ‘Les he dado la gloria que tú me diste para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, a fin de que sean consumados en la unidad y conozca el mundo que tú me has enviado y que los he amado como a mí me amaste’ (Jn 17,22-23). La unidad del Padre y del Hijo es la fuente y el modelo de la unidad de los hermanos, y es posible gracias a la habitación de Cristo en su Cuerpo, la Iglesia, por el Espíritu Santo. La Iglesia, como madre de los fieles, suscita y conserva la unidad de los hermanos de Cristo. Como una madre, la Iglesia se preocupa constantemente por la unidad de sus hijos, los hijos del Padre y hermanos de Cristo.

María, figura de la Iglesia-madre, acoge al discípulo fiel como hijo suyo, y éste le recibe en su casa; simbolizan la unidad de la Iglesia. Esta escena contrasta con la que inmediatamente le precede. Los soldados se reparten las vestiduras del Crucificado, sortean su túnica inconsútil. Cristo, para los que carecen de fe, es objeto de división y de separación; realizan la profecía sobre la separación de los hombres: ‘Se repartieron mis vestiduras y acerca de mi túnica echaron suerte’ (Sal 22,19). Al contrario, el grupo de mujeres fieles al pie de la cruz, y sobre todo las palabras del Crucificado a su madre y al discípulo, significan la unidad de los creyentes en la única Iglesia. Desgraciadamente, los cristianos se asemejan demasiado a los soldados que se reparten los despojos de Cristo, en vez de parecerse a María y al discípulo unidos por el Crucificado en la misma comunidad espiritual y material.

Nosotros, unidos a la Iglesia-madre, somos los verdaderos discípulos bienamados y fieles, los auténticos hermanos de Jesús, como el discípulo bienamado que es el hijo de María. Como él, que acoge a María en su casa, y porque somos verdaderos hijos del Padre, verdaderos hermanos de Cristo, debemos también acoger en nuestra vida a la Iglesia, nuestra madre”.

Max Thurian

Reflexión

El Nuevo Testamento lo dice claramente a través de sus páginas: el cristianismo no surgió como consuelo para intimidades individuales, sino mensaje de transformación histórica y trascendente llevada adelante por los discípulos de Jesús en comunidad cristiana. El mensaje del Reino hizo surgir en seguida una red de comunidades por todo el mundo mediterráneo. Comunidades. No tiene sentido, es inconcebible en el Nuevo Testamento un cristiano solitario y aislado, fuera de una comunidad cristiana.

María, viuda y con su hijo muerto ajusticiado, podría haber aducido motivos para quedarse en casa, en su soledad, apartada de toda iniciativa comunitaria. Pero la vemos reunida con los discípulos, entre ellos, atrayendo al Espíritu de su Hijo con la potencia de su corazón, en la oración de la comunidad cristiana…

María no aparece en el evangelio en primera fila de cara a la galería, en puestos brillantes. Su puesto es humilde, silencioso, callado, pero activo…

María nos enseñó, con su compromiso comunitario, la importancia de la comunidad eclesial y su permanente acción en la Iglesia.

Examen

¿Creemos que tenemos motivos para participar en la comunidad cristiana? ¿Somos todavía de los que viven su cristianismo aisladamente, individualmente, s compartir la fe, sin formar comunidad cristiana?

¿Somos de los que ponemos nuestra participación en la comunidad cristiana en función de que nos aprecien, nos estimen, nos correspondan, nos guste…, o somos miembros de la comunidad incondicionales? ¿Nos esforzamos por dar participación todos en la comunidad? ¿Sabemos valorar a los miembros de la comunidad que trabajan por ella en silencio, en la oración, desde la enfermedad?…

Conversión

  • Renovar nuestro propósito de vida comunitaria.
  • Orar por la comunidad, apoyar su vida y d cisiones, no ser freno ni rémora para misma.
  • Tratar de educarnos para un cristianismo vivido en comunidad, más allá de individualismos.

Invocación

Madre de Jesús, madre de la Iglesia. Ayúdanos a vivir en comunidad cristiana.

Oración

Dios, Padre nuestro: tú has suscitado en la historia del pueblo de Dios como comunidad creyente y comprometida en la esperanza del reino. Envía sobre nosotros tu espíritu, como lo enviaste sobre la primera comunidad cristiana reunida en oración con la madre de Jesús.

Cantos sugeridos

“Santa María del Camino”, de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

“Salve Regina”, canto gregoriano, en Cantoral litúrgico nacional, 302.

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Palabra de Dios

Jn 19, 25-27: Estaba su madre al pie de la cruz.

Mt 16, 24-28: El que quiera seguirme, cargue con su cruz.

Jn 15, 9-13: No hay mayor amor que dar la vida.

Texto antológico

“Aunque no siempre entendiese todo lo que Jesús enseñaba y hacía, ella le apoyó siempre. Por eso tuvo problemas con los parientes. ¿Quién no los tiene? Los parientes andaban preocupados por Jesús, creyendo que estaba yendo demasiado lejos, que había perdido el juicio (cf Mc 3,1 l). Querían llevárselo por la fuerza a casa (cf Mc 3,2 1) y habían logrado que María estuviese allí para mandarle ese recado (cf Mc 3,31-32). Pero Jesús no picó, y dio a entender a sus parientes que no tenían autoridad ninguna sobre él. Sólo Dios la tenía, y lo importante era hacer su voluntad (cf Mc 3,33-35). En otra ocasión los parientes querían que Jesús fuera un poco más osado y se presentase en seguida en Jerusalén para ganarse mayor fama (cf Jn 7,2-4).

Al fin y al cabo, los parientes no creían en Jesús (cf Jn 7,5). Eran oportunistas. Querían sólo aprovecharse de su famoso primo. Lo que Jesús había dicho: ‘Los enemigos de uno serán los de casa’ (Mt 10,36), estaba aconteciendo con él mismo, dentro de su propia familia. ¡Mucho debió sufrir María por ello!

Pero cuando al final Jesús fue apresado como subversivo (cf Lc 23,2) y condenado como hereje (cf Mt 26,65-66), los parientes desaparecieron todos y ninguno daba la cara, a no ser algunas mujeres. Pero María aguantó. No huyó, no tuvo miedo. Incluso los apóstoles, excepto Juan, se eclipsaron (cf Mt 26,56). Ella no. Se quedó con Jesús y le apoyaba. Estuvo con él hasta en el Calvario y allí permaneció, asistiéndole en su agonía (cf Jn 19,25). Eso formaba parte de su misión, asumida ante el ángel: ‘Soy la esclava del Señor; que se haga en mí lo que has dicho’ (Lc 1,38). Las autoridades condenaron a Jesús como anti-Dios y anti-pueblo. A María no le importó; fue la única de la familia que no retrocedió. Ella no abandona a las personas en la hora del aprieto. ¡Va con ellas hasta el final!

Lo mismo hizo con los apóstoles. Aunque había sido abandonada por ellos, no les dejó. Se quedó con ellos, perseverando en la oración por nueve días para que la fuerza de Dios les ayudase a superar el miedo que les acoquinaba y les hacía huir (cf He 1,14)”.

Carlos Mesters

Reflexión

La fidelidad es una de las formas de que se reviste la fe. Y la fe es creer, es confiar, entregar, poner la propia vida en manos de aquel en quien creemos, a quien nos confiamos. Creer es darle intervención en nuestra vida, apoyar nuestra vida en su palabra, en su testimonio, en su amor.

En la evolución de la fe, en el crecimiento espiritual, también se suele dar una primera etapa de ilusión, de colorido y atractivo. Después vienen las dificultades, las contradicciones, las implicaciones dolorosas.

Si en un primer momento la fe es entrega y confianza, en un momento posterior ha de convertirse en fidelidad, que es constancia, perseverancia, a pesar de todas las dificultades, a pesar del cansancio, a pesar de toda aparente evidencia contraria.

Y el toque final de consumación de toda vivencia humana es la muerte: ser fiel hasta la muerte es el broche de oro de toda fidelidad. Aceptar la muerte por fidelidad a Dios. Si no es ésta una situación que nos sea dada a todos, sí que todos debemos estar dispuestos a afrontarla:

“Si bien el martirio, suprema prueba de amor, es don concedido a pocos, sin embargo, todos deben estar dispuestos a confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle, por el camino de la cruz, en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia” (LG 42).

Examen

  • ¿Cómo va nuestra perseverancia, nuestra constancia?
  • ¿Se mantiene o se tambalea nuestra fidelidad en los momentos difíciles?
  • ¿Seguimos teniendo una idea sensiblero o romántica respecto a la fidelidad a Jesús?
  • ¿Estaríamos dispuestos a dar, con la ayuda de Dios, la suprema prueba del amor?

Conversión

  • Tomar decisiones para acrecentar nuestra propia fidelidad a Jesús.
  • Apoyar la fidelidad de todos los que en la propia comunidad cristiana se sienten defraudados, desanimados, cansados.

Invocación

  • Madre de Jesús, fiel hasta su muerte, al pie de la cruz…
  • …danos fidelidad para seguir a Jesús.

Oración

Padre nuestro, que en la madre de Jesús nos has dado un ejemplo acabado de fidelidad a toda prueba. Danos la fuerza que ella tuvo para estar al pie de la cruz y ser fiel hasta la muerte, afrontando todos los riesgos y las consecuencias de ser madre y seguidora de Jesús.

Cantos sugeridos

“Dolorosa”. de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

“En el trabajo”, de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

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María, mujer nueva

Palabra de Dios

Lc 1, 39-45: Bendita tú eres entre todas las mujeres.

Gén 3, 14-16: El linaje de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente.

Ef 4, 17-24: Despojaos del ser humano viejo y revestíos del ser humano nuevo.

2 Cor 5, 17ss: El que está en Cristo es nueva creación.

Texto antológico

“En el culto a la Virgen merecen también atenta consideración las adquisiciones seguras y comprobadas de las ciencias humanas; esto ayudará, efectivamente, a eliminar una de las causas de la inquietud que se advierte en el campo del culto a la madre del Señor, es decir, la diversidad entre algunas cosas de su contenido y las actuales concepciones antropológicas y la realidad psicosociológica, profundamente cambiada, en que viven y actúan los hombres de nuestro tiempo. Se observa, en efecto, que es difícil encuadrar la imagen de la Virgen, tal como es presentada por cierta literatura devocional, en las condiciones de vida de la sociedad contemporánea y, en particular, de las condiciones de la mujer, bien sea en el ambiente doméstico, donde las leyes y la evolución de las costumbres tienden justamente a reconocerle la igualdad y la corresponsabilidad con el hombre en la dirección de la vida familiar; bien sea en el campo político, donde ella ha conquistado en muchos países un poder de intervención en la sociedad igual al hombre; bien sea en el campo social, donde desarrolla su actividad en los más distintos sectores operativos, dejando cada día más el estrecho ambiente del hogar; lo mismo que en el campo cultural, donde se le ofrecen nuevas posibilidades de investigación científica y de éxito intelectual.

La Iglesia católica, basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. Ella, la Mujer nueva, está junto a Cristo, el Hombre nuevo, en cuyo misterio solamente encuentra verdadera luz el misterio del hombre, como prenda y garantía de que en una simple creatura -es decir, en ella- se ha realizado ya el proyecto de Dios en Cristo para la salvación de todo hombre. Al hombre contemporáneo, frecuentemente atormentado entre la angustia y la esperanza, postrado por la sensación de su limitación y asaltado por aspiraciones sin confín, turbado en el ánimo y dividido en el corazón, la mente suspendida por el enigma de la muerte, oprimido por la soledad mientras tiende hacia la comunión, presa de sentimientos de náuseas y hastío, la Virgen, contemplada en su vicisitud evangélica y en la realidad ya conseguida en la Ciudad de Dios, ofrece una visión serena y una palabra tranquilizadora: la victoria de la esperanza sobre la angustia, de la comunión sobre la soledad, de la paz sobre la turbación, de la alegría y de la belleza sobre el tedio y la náusea, de las perspectivas eternas sobre las temporales, de la vida sobre la muerte”.

Pablo VI, Marialis cultus

Reflexión

Dios ha sembrado su Palabra en todos los hombres y en todos los pueblos, y por eso éstos han acariciado en sus sueños colectivos los anhelos utópicos del corazón humano. La utopía de un Hombre Nuevo y un Mundo Nuevo figura, con nombres y lenguajes diferentes, en el catálogo de utopías de todos los pueblos. San Pablo compartiría esa designación con otros muchos hombres, pueblos y movimientos de la historia.

Los cristianos creemos que Dios nos ha revelado en Jesús no sólo a sí mismo, sino también a nosotros mismos. En Jesús no sólo nos ha dicho quién es él, sino quiénes somos verdaderamente nosotros, quiénes podemos llegar a ser, qué participación y qué potencialidades divinas tenemos en nosotros mismos. Jesús no es sólo la revelación de Dios, sino la revelación del Hombre Nuevo y del Mundo Nuevo.

Y no se trata de una revelación para satisfacer la posible curiosidad de la inteligencia humana, Dios nos revela el futuro, la clave de la historia, el imperativo del ser, la meta del único camino válido. El Hombre Nuevo es la llegada convergente de todos los caminos de la historia. Es la palabra de Dios en los diferentes lenguajes de las utopías de todos los pueblos.

La lucha por el Hombre Nuevo y por el Mundo Nuevo definen el compromiso, el quehacer cristiano en la historia. Una lucha que hay que realizar tanto en los corazones individuales, en la intimidad, en el interior…, como en las estructuras sociales, la sociedad global.

En María, la madre de Jesús, como primera creyente y más cercana seguidora de Jesús, vemos los cristianos la realización más lograda del Hombre Nuevo, que es Jesús. María es una cristiana, una Mujer Nueva.

Examen

  • ¿Valoramos la presencia de la palabra de Dios que se da en los diferentes pueblos y sus utopías? ¿O creemos que los cristianos tenemos la exclusiva y el monopolio de la salvación?
  • ¿Cuánto hay en nosotros de hombres viejos todavía?
  • ¿Estamos haciendo algo por el Mundo Nuevo, por la transformación social, o todo lo fiamos al cambio interior de los corazones?
  • ¿Tratamos de convertir nuestro corazón, o todo lo fiamos al cambio social de las estructuras?
  • ¿Qué presencia tienen en nuestra vida personal y comunitaria las dimensiones utópicas? ¿Acaso todo se reduce a lo que se pesa, se mide, se cuenta y se ingresa en el banco?

Conversión

Meditar Ef 4,17-24 y tratar de asimilar las actitudes del Hombre Nuevo.

Renovar nuestra voluntad radical de entregarnos al proyecto del evangelio: el Hombre Nuevo.

Desechar la levadura vieja de las actitudes paganas que aún se dan en nuestra vida.

Invocación

  • María, Mujer Nueva, madre de Jesús…
  • …Haznos cada día más semejantes a tu hijo, el Ser Humano Nuevo.

Oración

Dios, Padre nuestro, que en Jesús, el hijo de María, nos has revelado tu proyecto original y escatológico sobre el mundo y sobre el hombre: un Hombre Nuevo para un Mundo Nuevo, confirmando e iluminando así los buenos deseos utópicos de todos los pueblos. Haz que, uniendo nuestro esfuerzo al de todos los hombres de buena voluntad, consigamos construir con tu favor un Hombre Nuevo en un Mundo Nuevo.

Cantos sugeridos

“Los cielos y la tierra”, de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

“María es esa mujer”, de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

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Palabra de Dios

Lc 1, 39-45: Feliz porque has creído.

Heb 11; 12,1-5: Fijos los ojos en Jesús, que inicia y consuma nuestra fe.

Texto antológico

“María aparece como la primera que, en el nuevo orden de Cristo, cumple el auténtico movimiento de la fe. Zacarías había sido escéptico, y había pedido una señal, después de su visión en el templo: ‘Y ¿qué me asegurará de ello?, porque soy un anciano y mi esposa tiene muchos años’ (Lc 1,18). A pesar de la visión y de la palabra evangélica, Zacarías duda, en tanto que María acepta con toda confianza, proponiendo sólo la pregunta del ‘cómo’, mas sin pedir una señal. La similitud entre estas dos anunciaciones revela mucho y bien la pureza de la fe de María. Zacarías enmudecerá, por su incredulidad: ‘¡Bien! Vas a quedarte mudo y en el silencio, hasta el día en que esto se cumpla, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su tiempo’ (Lc 1,20). Isabel, la esposa de Zacarías, que ha sido el testigo directo de la mudez de su incrédulo esposo, reconoce con más admiración, a causa de esto, la resoluta fe de María: “Bienaventurada la que ha creído’… (Lc 1,45). Zacarías pertenece aún al Antiguo Testamento, de corazón reacio a la fe, objeto de un milagro divino que se cumple pese a su poca fe. María es, en verdad, la primera cristiana, la verdadera creyente que, predestinada por la gracia divina, entra en su plan por la total ofrenda de su ser, por la obediencia alegre y la apacible confianza en la palabra de Dios. Dios no obra a pesar de María y su pobreza, sino en ella y con ella, dándole por una gracia la posibilidad de unirse y de asentir con una fe pura a la verdad de la Buena Nueva.

En esto María es la bienaventurada creyente (que ha creído), la primera cristiana, la madre de los creyentes, en el sentido por el cual es llamado ‘padre de los creyentes’ Abraham. Este inauguró la Antigua Alianza por un acto de fe que no puede menos de compararse con el de María en el albor de la Alianza Nueva”.

Max Thurian

Reflexión

María es ante todo una creyente, una discípula de Jesús su hijo, la primera creyente. Por eso María es modelo para nosotros. No es una “diosa”, es una mujer. Es de nuestra raza. Es miembro de la Iglesia. Es una creyente, como nosotros, que nos sirve de modelo.

Que ella sea también madre de Dios no niega todo esto, sino que lo complementa, fundamenta y enriquece.

El motivo de su bienaventuranza, de su felicidad, es, como dice Isabel, su fe. Y por eso es alabada. María entra en esa amplia muchedumbre de testigos de la fe de la que habla la carta a los hebreos. Abraham es el padre de los creyentes del Antiguo Testamento. María encabeza la lista de los creyentes del Nuevo Testamento. Y Jesús sigue siendo el que lo hace posible todo: el iniciador y consumador de nuestra fe.

Examen

  • ¿Cómo contemplamos a María: alejándola de nosotros o considerándola verdaderamente nuestra?
  • ¿Contemplamos de vez en cuando, en la oración, la amplia muchedumbre de testigos que nos preceden en la historia de nuestra fe?
  • ¿Vemos a María realmente como un ejemplo de fe comprometida?
  • ¿Tenemos “los ojos puestos en Jesús”, iniciador y consumador de nuestra fe?

Conversión

  • Aprovechar la ocasión y hacer una revisión de nuestra vida de fe.
  • Revisar nuestras ideas sobre María y ponerla en su sitio, como madre de los creyentes.
  • Revisar comunitariamente cómo va la vida de fe de nuestra comunidad cristiana.

Invocación

  • Madre de los creyentes…
  • …feliz porque has creído.

Oración

Dios, Padre nuestro, que nos has dado en María un ejemplo de mujer creyente, discípula de Jesús, tu Hijo, Señor nuestro. Concédenos caminar en fe, como ella en el seguimiento de Jesús.

Cantos sugeridos

“Madre del Salvador”, de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

“Magnificat”, de F. Palazón, en Madre de los creyentes.

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