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Archive for the ‘Matrimonio’ Category

Queridos matrimonios:

La carta que hoy os escribo lleva como título “Fidelidad Creativa”, aunque quizá debería haberla titulado “Fidelidad”, a secas, porque la fidelidad o es creativa o no es fiel a sí misma. Trataré de explicar lo que quiero decir.

Lo constitutivo del matrimonio, su base y cimiento, es el amor. Esto parece evidente, no puede darse auténtica pareja conyugal si no existe amor entre sus componentes. Dicho esto, la fidelidad es para mí el ingrediente esencial, la condición sin condiciones requerida por el amor. El día que nos casamos, lo primero que hicimos fue afirmar nuestro amor: “Yo, NN te quiero a ti NN como esposo/a” y, acto seguido, hicimos una promesa, una única promesa: “y prometo serte fiel…todos los días de mi vida”. No hicieron falta más promesas.

A mi me gusta y es verdaderamente gratificante oír el testimonio de tantas parejas que después de 25, 30 ó 50 años de matrimonio declaran que el sentido de su vida se lo ha dado su matrimonio y que hoy repetirían sin dudar la misma aventura con la misma persona con la que hoy la comparten.

Cuando dos personas toman la decisión de casarse es porque su relación ha llegado a un punto en que se miran la una a la otra como una promesa de futuro, es porque no ven futuro sin esa otra persona en él, es porque presente y futuro quedan condicionados a su presencia en su vida. Ser fiel es mirar siempre a esa persona como ahora la miro y hacer que mi vida tenga como objetivo crear ese mundo de intimidad con ella que ahora deseo.

Digámoslo rotundamente, el amor llama inconfundiblemente a la fidelidad y la fidelidad es llamada a la continuidad: “te querré siempre”. No podemos reducir la fidelidad a un contenido negativo: “nunca te abandonaré”, o más negativo todavía: “no te engañaré”. ¿Puede un marido o una mujer quedarse contento o contenta si su cónyuge le dice: “te soy fiel, no te engaño con otro u otra”? La fidelidad supone algo mucho más elevado: crear en cada momento de la vida lo que uno prometió crear, una promesa que compromete a toda la persona, en toda circunstancia y en todo lugar.

 

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p style=”text-align:justify;”>Fidelidad es creer


Amar a alguien, es creer en esa persona, es esperar siempre en ella, es creer en su novedad continua. El que ama a una persona, no se aburre nunca con ella porque siempre es una novedad, porque lo cotidiano de cada día es una novedad. Hasta los episodios de crisis, una vez superados, fortalecen esa novedad y, en definitiva, el amor.

Lo malo llega cuando creemos conocer a nuestro cónyuge, cuando ya no esperamos novedad. Entonces no necesitamos escuchar, ni prestar atención, ni necesitamos mostrarnos nosotros mismos creativos. Para qué, si ya nos conocemos. Y se termina por establecer las distancias, los silencios y finalmente, el no reconocernos.

Una persona se mantiene viva, crece, se desarrolla sólo ante las personas que creen en ella, que esperan una novedad de ella. ¿Cómo crecer ante una persona que no espera nada de mí? Fidelidad es fe, es creer, es confiar, es confiarse. El que descubre el valor del amor conyugal cobra confianza en él y promete a la otra personal crear una vida de hogar.

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p style=”text-align:justify;”>Fidelidad es crear


El amor es siempre nuevo, aunque siempre sea el mismo. Muchas parejas, en su origen, se escribían largas cartas, ahora ya no lo hacen, “¿una carta, para qué si vivimos en la misma casa?”, antes se hablaban en largas conversaciones mientras paseaban, ahora ni pasean, ni se hablan. Tengamos esto muy presente: cuando la gente no se escribe, pierden las ganas de escribirse, cuando no se hablan, terminan por no tener nada que decirse, cuando no se miran, terminan por no verse. Entonces, han perdido la creatividad, ha llegado la rutina. La infidelidad mayor es la falta de creatividad, es la rutina.

Cuando pensamos o decimos: “ya tengo un marido”, “ya tengo una mujer”, creyendo poseerla ya, sin pensar al mismo tiempo que debo continuar conquistándole o conquistándola, actuar así es comenzar a perder al marido o a la mujer. ¿Cuántas cosas hacíamos antes por conquistar a nuestra novia o a nuestro recién esposo?

Quizá pensemos “si, ahora vamos a andar con esas cosas”. Pues mirad la realidad, ¿cuántos matrimonios dormitan en la rutina, en el conformismo? Tantos cuantos piensan que no tienen que seguir conquistando a sus cónyuges, o que no lo ponen en práctica. Será quizá de otra manera -aunque no conviene echar en el olvido las maneras que tanto éxito nos dieron- pero, en todo caso, tiene que ser una conquista.

Sucede con mucha frecuencia que nos dispensamos de todo esfuerzo de conquista porque consideramos que eso es ya cosa pasada. Entonces, hemos roto nuestra fidelidad, nuestro compromiso inicial.

El mayor peligro para cualquier relación ha sido siempre y lo es hoy día, el pavoroso egoísmo que tienta a la persona humana según el cual yo y mis apetencias están en primer lugar, y después ya veremos. ¿Cómo compaginar este egoísmo con una fidelidad a la promesa de tenerte a ti siempre en el centro de lo que yo quiero y amo?

Hoy día, un el peligro añadido contra la fidelidad proviene de la patológica necesidad, a la que nos induce la sociedad de consumo, al cambio y a la novedad. Hay personas, y no pocas, para las que lo novedoso, el cambio, el experimentar, es la ley.

Estas personas están en constante peligro de faltar a la fidelidad en cualquier momento, porque su vida está orientada al cambio y a la búsqueda de nuevas experiencias y satisfacciones. Ser fiel cuesta trabajo porque no existe la disposición a dar y a darse. ¿Cómo esperar que una relación no sea aburrida al poco tiempo? ¿Cómo pretender que se eviten nuevas experiencias? Vencer al egoísmo, al placer y a la comodidad con una conducta sobria, garantiza nuestro crecimiento personal, y por ende, el de cualquier relación.

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p style=”text-align:justify;”>Hay fidelidad cuando:


Me gusta, me apetece, me emociona y busco estar al lado de la persona que amo.

Procuro y me invento detalles de cariño y momentos agradables para los dos.

Me esfuerzo por aclarar y resolver las situaciones conflictivas, procurando que las discusiones sean para lograr la paz y la concordia.

Estoy más atento a reconocer y alabar las virtudes y los éxitos de mi pareja, que a criticar lo que no me gusta de ella.

Somos cada vez más felices a medida que pasamos tiempo juntos.

Compartimos alegrías, tristezas, triunfos, fracasos, planes… todo.

Cuando dejo de pensar únicamente en lo que yo quiero y me gusta, para pensar en lo que tu quieres y te gusta.

Es encontrar en los defectos y cualidades de ambos la oportunidad de ser mejores y así llevar una vida feliz.

Vivir la fidelidad se traduce en la alegría de compartir con alguien la propia vida, procurando la felicidad y la mejora personal de la pareja, generando estabilidad y confianza perdurables, teniendo como resultado el amor verdadero.

Iñaki Aya

José Mª Ruiz de Azúa

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Queridos amigos:

El mes de Setiembre está ya muy mediado y las vacaciones veraniegas han quedado en el recuerdo, un nuevo curso se abre por delante, un nuevo período de nuestra vida personal, de pareja y de familia y todo nuevo período, se abre con esperanzas e ilusiones, con miedos y temores.

Pero en este nuevo caminar que comenzamos, no estamos solos, nuestro cónyuge, nuestra pareja, está con nosotros y los dos juntos afrontaremos el día a día que se nos presente, escribiremos un nuevo capítulo de nuestra vida.

Hagamos una cosa, miremos a nuestras respectivas parejas como el compañero o compañera de nuestra vida, como el cómplice que va con nosotros para estar presente en nuestros sueños. ¿No lo hemos experimentado así tantísimas veces? Comencemos recogiendo esa mirada. Por eso, la carta que os escribo este mes lleva como título: Compañeros y Cómplices.

Recuerdo que estas cartas que os dirijo como matrimonios, tienen la finalidad de hacernos reflexionar sobre la realidad de nuestra vida, sobre sus logros y sus fracasos, sobre nuestras ilusiones y nuestras decepciones. Por eso os invito a que os paréis en aquellos párrafos que resuenen en vuestro interior, los que os hagan conectar con vuestra experiencia y puedan ayudaros a tomar decisiones que os lleven a superar las dificultades y a caminar paso a paso por ese camino de la vida que nos hace ser felices.

 

Compañeros

Compañeros es un término que implica complicidad, amistad, compromiso, camaradería, “en el colegio fuimos compañeros de clase”, se dice con cierto orgullo queriendo indicar la existencia de unos lazos de unión que nos defienden y comprometen frente al resto del colegio, de profesores o alumnos de otros cursos. También son frases conocidas en este mismo sentido: compañeros de fatigas, compañeros de viaje, etc. En todo caso se está haciendo referencia a una experiencia común que nos une “en lo bueno y en lo malo”.

Hoy día, muchas parejas prefieren emplear el término de “compañero” para indicar la persona con la que conviven sentimentalmente. De hecho, el diccionario de la lengua española define compañero como “persona con la que se convive maritalmente”.

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p style=”text-align:justify;”>Compañeros de vida


Leamos un pasaje de la Biblia. Génesis 2, 18-24.

Y dijo Dios: No es bueno que el hombre esté solo; … Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán … y de la costilla que Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; … Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

Siempre me ha llamado la atención, y de manera muy positiva, el tipo de relaciones que se dibuja en el libro del Génesis al interno de la pareja humana. Adán y Eva surgen como compañeros en el sentido completo de la palabra.

Delante de Adán van desfilando todos los animales existentes sobre la tierra y él va poniéndoles nombre indicando de esta forma su superioridad sobre ellos y declarándolos propiedad suya. Sin embargo, Adán no queda satisfecho, siente un vacío, no encuentra compañía, los animales son propiedad suya, pero no son una ayuda para su vida. En cambio, en cuanto la mujer aparece ante sus ojos surge el grito espontáneo: esta sí es “carne de mi carne y hueso de mis huesos”. Y la historia de la humanidad comienza con un hombre y una mujer compañeros de vida.

Pienso que toda pareja que haya unido sus vidas en un proyecto común y que lo hayan hecho movidos por el amor, tienen que vivir profundamente la sensación de “ser compañeros de vida”.

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p style=”text-align:justify;”>Compañeros hacia el futuro


Cuando una pareja se dice “si” el día de su boda, en el momento que deciden caminar juntos y para siempre, lo que en realidad se están diciendo es: “quiero vivir contigo, quiero que mi vida, esa historia mía que yo voy a escribir en la vida, esté unida a tu vida, a esa historia tuya que tú vas a escribir en la vida. Y quiero que me acompañes, que me ayudes, que me consueles, que me empujes, que colmes mis ansias de amar y sentirme amado/a. Te prometo que yo te acompañaré, te ayudaré, te consolaré, colmaré tus ansias de amar y sentirte amada/o”.

Este mirar hacia el futuro no tiene fecha de caducidad. Una pareja nunca puede decir: ya no tenemos más que proyectar, ya no tenemos futuro, porque todos, estemos en la situación que estemos, necesitamos ser acompañados, no sentirnos solos, ser amados y amar.

Compañeros de pasado

Todos los que vivimos comprometidos en pareja tenemos un pasado transcurrido en común. De vez en cuando recordemos juntos episodios de ese pasado, la pareja necesita vivir profundamente la sensación de haber sido compañeros de camino: hemos construido juntos, hemos creado juntos, este es nuestro hogar, esto lo hemos disfrutado los dos. Si mirando ese pasado podemos decir “ha merecido la pena”, entonces surgirá la sensación de “compañeros”, en lo bueno y en lo malo, en las alegrías y en las penas. Y esto, anima e ilusiona mucho cara al futuro.

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p style=”text-align:justify;”>En el presente


Pero mirar el futuro y mirar el pasado, no puede dejarnos olvidar que el presente es ahora, lo que en estos momentos estamos viviendo y es ahora cuando estamos viviendo el hecho de ser compañeros. Ahora es el momento de vivirlo y de disfrutarlo, de hacer que la vida sea más agradable porque estamos juntos, de no pasar tontamente las horas, de poner cada cosa en su sitio para no perdernos en tontas discusiones que nos alejan de nuestro objetivo principal: ser compañeros. Sería como estar de vacaciones y ver que se pasan los días sin haber hecho nada que nos de la alegría de estar de vacaciones.

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p style=”text-align:justify;”>Complicidad


Cómplice es la persona que coopera con otra en la realización de determinados actos, ser cómplices en la vida es también un lazo de unión, de camaradería. Toda pareja tiene una parcela de vida privada que debe defender ante los demás, una intimidad propia en la que nadie entra porque “es nuestra”. Salvaguardar ese coto privado para vivirlo solos los dos, es parte de la Pareja.

Ahí, en ese terreno que sólo los dos conocen y viven, se sienten “cómplices” porque es su rincón clandestino. Ante los demás intercambiarán gestos cómplices, miradas, guiños, palabras en clave, que el otro sabrá interpretar inmediatamente y que aunque los demás los oigan o vean, no captarán su significado. Ante los demás, han entrado en su mundo privado y cómplice, y esto da una enorme sensación de Pareja, de Unidad.

La complicidad es uno de los atractivos de la pareja, pero requiere un mutuo conocimiento que proviene del trato común y sobre todo del saber mirarse el uno al otro con amor. Complicidad es saber lo que quiere, le gusta y le interesa al otro y ayudarle a conseguirlo. Complicidad es saber lo que queremos, nos gusta y nos interesa a los dos y ayudarnos a conseguirlo. La complicidad es un gran atractivo de la pareja frente a terceros, tú y yo frente a los demás. Una complicidad única entre los dos, un lenguaje común único que nadie entiende más que nosotros y nos da la oportunidad de estar rodeados de gente, y sin decirnos nada, saber que estamos juntos.

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p style=”text-align:justify;”>Ser Compañeros y Cómplices significa amor verdadero.


Iñaki Aya

José Mª Ruiz de Azúa

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