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Archive for the ‘Meditación’ Category

Martes II de Adviento

Hoy es martes, 11 de diciembre.

Un día más vengo a encontrarme contigo, Señor. cada día me sales al encuentro de formas diferentes y me hablas en personas, en hechos, en sentimientos. Al comenzar este momento de oración, te pido que vengas a mí. El evangelio, la buena noticia ha llegado. Me hago consciente e que es una promesa, un anuncio. Se me va a contar una buena noticia. Como ocurre cada vez que el evangelio llega.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 18, 12-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

Imagínate la oveja perdida. Lejos del rebaño, quizás en tierras sin pasto y asustada por la tormenta. En realidad es una imagen de tanta gente que por distintas razones se siente sola, abandonada, perdida, no querida. Ellos aún no lo saben, pero hay alguien buscándoles, con verdadera  preocupación. ¿Alguna vez te has sentido así? Tampoco tú  estás sola.

Ahora piensa en el hombre que busca. Podría haberse quedado en el refugio, después de todo, ¿qué es una oveja entre tantas? Hay que asumir que alguna ha de morir. ¿No? Sin embargo no es así. Para él no es indiferente ninguna. Dios es así. Para Dios no hay nadie definitivamente extraviado. Quiere que cada hombre y cada mujer llegue a la tierra segura del calor, el alimento y el encuentro. Disfruta de esa imagen de plenitud.

Fíjate por último en la alegría del encuentro. Cuando el hombre recupera su oveja y esta se siente al fin en brazos conocidos. Déjate hoy acunar por Dios, también a ti te quiere, te conoce, con toda tu fragilidad. Tus límites y tus extravíos. Pero no se rinde. Te sale al encuentro una y mil veces. También ahora, para decirte que te quiere.

Al leer de nuevo el texto piensa en todas las situaciones de nuestro mundo que reflejan extravíos, pérdidas o soledades. Los amores rotos, los fracasos sin relación, las amistades abandonadas. Las personas que han vuelto la espalda al evangelio y tal vez malviven en historias sin sentido. Los que explotan a su hermano sin ser conscientes del daño que hacen. Sus víctimas. Piensa en Jesús que sale al encuentro de todas esas personas y siente que te invita a ti a acompañarle en esa búsqueda.

Háblale al Señor, ese pastor que cuida de los suyos. Desde donde estés ahora, desde los sentimientos que en este momento de oración haya provocado en ti. Cuéntaselo o deja que sea él quien te repita su palabra de acogida universal.

<

p style=”text-align:justify;”>Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

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Lunes II de Adviento

Hoy es 10 de diciembre.

Aquí estoy, Señor, una vez más en tu presencia. Deseando ofrecerte el tiempo y espacio necesarios para que ilumines y guíes mis proyectos, mis acciones y mis relaciones. Dejo por un momento las prisas y mis tareas. Me dispongo, una vez más, a mirarte, y dejarme animar por tu promesa de vida y esperanza.

Alegraos siempre en el Señor,
alegraos siempre,
que el mundo os conozca
por vuestra bondad.
Alegraos siempre en el Señor,
alegraos siempre,
que el mundo os conozca
por vuestra bondad.

 Pues el Señor cerca está
que nada os angustie,
nuestros deseos presentan a Dios.
Hablad con él
y suplicad y siempre dadle gracias,
y el mismo Dios os guardará
en su paz.

 Alegraos siempre en el Señor,
Alegraos siempre,
que el mundo os conozca
por vuestra bondad.
Alegraos siempre en el Señor,
Alegraos siempre,
que el mundo os conozca
por vuestra bondad.
Alegraos siempre en el Señor,
alegraos siempre.

Alegraosinterpretado por Ruah, «Canciones de frente»

La lectura de hoy es de la profecía de Isaías (Is 35,1-10):

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes de corazón: “Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará”.

Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco, un manantial. En el cubil donde se tumbaban los chacales brotarán cañas y juncos. Lo cruzará una calzada que llamarán Vía Sacra: no pasará por ella el impuro y los inexpertos no se extraviarán. No habrá por allí leones, ni se acercarán las bestias feroces; sino que caminarán los redimidos y volverán por ella los rescatados del Señor. Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

En este tiempo dedicado a la esperanza, me propones, Señor, desear, esperar, soñar a lo grande. Todo lo que hoy es desierto y aridez, lo que percibo como dificultad, toda violencia, la pobreza y exclusión. Toda soledad y falta de sentido. Todos esos sentidos están llamados a florecer, a ser lugar de encuentro o de alegría. Quiero dejarme impulsar por tu esperanza y poner en práctica mi capacidad para imaginar y desear ese futuro bueno que ya se está haciendo.

Tu invitación a la esperanza no niega ni esconde que hay desiertos. Una mirada serena y pausada al mundo me descubre lugares y situaciones donde aún falta alegría y gozo, donde aún es difícil que florezca tu salvación. También mi vida tiene estos espacios de desierto que necesitan confiar y abrirse a tu promesa de esperanza, de un futuro mejor.

Tú habitas, Señor esos yermos. Junto a ti quiero acercarme a ellos. Me prometes unos ojos bien abiertos, orientas mi capacidad para escuchar y oír. Pones en mi boca palabras capaces de alegrar, acompañar, interpelar. Junto a ti, quiero caminar intentando ser buena noticia en mi día a día. Buena noticia que ayude a la esperanza, a tu esperanza.

Leyendo una vez más el texto, dejo que resuenen en mí palabras cargadas de su esperanza. Regocijar, florecer, alegrarse, robustecer, ser fuertes, no temáis. Puedo detenerme para escuchar de tu boca, Señor, estas palabras dirigidas a mí, en mi situación actual.

Al finalizar, quiero Señor, hacer alguna petición por los desiertos que conozco. Te presento situaciones y personas que necesitan hoy sentir la fuerza de tu promesa. Te agradezco esos ejemplos cotidianos de entrega y servicio de personas que son ejemplo de espera confiada y activa.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

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Domingo II de Adviento

Hoy es 9 de diciembre, segundo domingo de Adviento.

El Adviento es un tiempo propicio para embarazarse de Dios, es decir, dejarse habitar por él. Siente cómo Dios anida en tu vida, cómo está preparando su pesebre entre tus cosas y tus trabajos. Dios se instala en tu historia, se hace un lugar sin que te des cuenta.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 3, 1-6):

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios”.

Vendrá con gran poder con fuerte gloria
Vendrá a saciar los ojos que le buscan
y al juntar en sus plantas nube y tierra
será la tierra meta de su ruta.

 La tierra para El peana y cielo,
morada nueva, huerto sin la tumba,
su tierra patria tierra de vivientes
la tierra prometida, herencia suya.

 Vendrá con el fulgor de la sentencia
vendrá con la piedad a quién acuda,
buscando sólo gracia en su mirada
cubierto con su paz y vestidura.

 Vendrá veloz, furtivo, repentino,
como el hombre malvado en noche oscura
vendrá como el esposo entre cantares
esperado con lámparas y alcuzas.

 Vendrá y será su adviento nuestro cielo,
su alegría en final de nuestra lucha
y si aun el rebelde se resiste
se hará infierno la cólera absoluta.

 Oh Cristo que viniste y que vendrás
Hijo eterno, Señor de Gloria suma,
acoge con tu gran misericordia
y en tu venida reina con ternura. Amen.

Vendrá interpretado por Nico Montero, «Lo nuevo ha comenzado»

El evangelista Lucas se preocupa de dar detalles acerca de quienes gobernaban al momento del nacimiento de Jesús. Desde el emperador romano, pasando por los gobernadores de las regiones hasta las autoridades religiosas del pueblo judío. Lucas quiere dejar bien claro que el Hijo de Dios se encarnó, es decir, que entró en la historia. ¿Creo que Jesús es el hijo de Dios encarnado? ¿Creo que sigue hoy encarnándose en mi historia?

Juan Bautista grita: ¡Convertíos!Convertirse es cambiar. Pero convertirse también se parece a descontaminarse. Cuando un cielo está contaminado, o una ciudad, o un río, es necesario hacer un proceso para purificarlo de nuevo. Convertirse es ese proceso para volver a la transparencia, a la claridad, a la frescura. ¿Qué significa para mí convertirme? ¿Qué aspectos de mi vida están oscuros o contaminados y me gustaría devolver a la claridad?

Preparad el camino, allanad los senderos, dice Juan. Quizá lo dice porque sabe que hay personas que no quieren enderezar lo torcido, porque lo torcido les conviene, o no quieren dejar de vivir amargadas, porque la amargura las protege. Pero Dios les dice que no pongan problemas, no inventen excusas, no traben el Reino. ¿Qué te dice Dios a ti? ¿Cuáles son tus resistencias?

Vuelvo a leer el texto. Imagino a Juan gritándome su mensaje y aunque antes me he fijado en las resistencias o lo que en mí necesita conversión, ahora me fijo en la buena noticia, el Señor viene. Todos verán la salvación de Dios.

Señor…

Señor mío, en mi vida
endereza lo torcido,
allana lo empinado,
iguala lo escabroso,
encauza lo desbordado,
explora mi exceso
y dibújale los lindes
desde dentro,
pon orden a mi caos
pero desordena mi orden.
No quiero resistirme más,
Dios mío,
domíname con tu amor
como lo haces con el mar.

(Francisco J. Buendía SJ)

Que esta oración te pueda acompañar a lo largo de la semana, repitiendo en tu interior, una y otra vez, ese anhelo: que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale…; que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale…

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Sábado I de Adviento

Hoy es 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de María.

Hoy celebramos una fiesta cargada de significado. Fiesta de la Madre, de la inocencia, del amor primero libre de mal. Me dispongo a compartir un rato contigo, Señor, haciendo especialmente presente a María, tu Madre, nuestra Madre. Te pido que también a mí me ayudes a decir, cada día, hágase.

La lectura de hoy es del libro del Génesis (Gen 3, 9-15.20):

Después de que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: “¿Dónde estás?” Él contestó: “Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí”. El Señor le replicó: “¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?” Adán respondió: “La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí”.

El Señor dijo a la mujer: “¿Qué es lo que has hecho?” Ella respondió: “La serpiente me engañó, y comí”.

El Señor Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón”. El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven

Dejo que resuene en mí el eco de estas decisiones, la libertad equivocada de quien quiere ocupar el lugar de Dios, expresado en ese relato de la manzana en el Génesis. Esa es la realidad del pecado, elegir aquello que nos aleja de Dios. Pido perdón a Dios porque el pecado sigue siendo muy real en este mundo, también en mi vida.

Contempla ahora a Adán y Eva, asustados delante de Dios, temerosos. ¿Cómo se puede tener miedo del Padre bueno? Esa es la trampa, el vivir a Dios como amenaza, como rival o como dueño. Te pido, Señor, que me hagas consciente de tu amor, incluso en mi debilidad.

Y del evangelio de Lucas(Lc 1, 26-38):

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Y María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible”. María contestó: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Y la dejó el ángel.

Me fijo ahora en el contraste entre Adán y Eva y María. Su libertad le lleva a decir “hágase”. Su libertad no la lleva a oponerse a Dios, sino a sumarse a su proyecto. También yo hoy, Señor, quiero ser capaz de decir “hágase”.

También María se preocupa. Pero el mensaje de alivio y confianza, la palabra del ángel, no temas, es más fuerte que el miedo y así en el silencio, deja que la confianza profunda en dios se agarre a él en su vida. También yo hoy, Señor, te quiero expresar mi confianza.

Y así, en la calma de este momento, dejo que la memoria de la vida de María, me hable también a mí en el silencio.

Como una tarde tranquila,
como un suave atardecer,
era tu vida sencilla
en el pobre Nazaret;
y en medio de aquel silencio,
Dios te hablaba al corazón.

 Virgen María,
Madre del Señor:
danos tu silencio y paz
para escuchar tu voz. (bis)

 Enséñanos, Madre buena,
cómo se debe escuchar
al Señor cuando nos habla
en una noche estrellada,
en la tierra que dormida
hoy descansa en su bondad.

 Y sobre todo, María,
cuando nos habla en los hombres:
en el hermano que sufre,
en la sonrisa del niño,
en la mano del amigo,
en la paz de una oración.

María, Madre del Silencio de Luis Hernán Muñoz, «Cantar a María»

Termino mi oración hablando a María, Madre del hágase. Que también yo sea capaz de poner mi vida en manos de Dios. Que también yo sepa decir, hágase. Hágase la justica, la paz, la palabra. Hágase la voluntad de Dios, que quiere lo mejor para el mundo. Hágase real el amor en nuestro mundo.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

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Viernes I de Adviento

Hoy es 7 de diciembre.

Adviento, preparación, deseo, sueño, esperanza. Comienzo mi oración con confianza. Jesús está aquí, conmigo. Quiero dedicar este tiempo a estar con él. Quiero escuchar, quiero descubrir con Jesús cómo es mi Padre Dios. Quiero habitar en la casa del Señor.

En débiles vasos de barro
llevamos el don más grande,
la vida de Cristo que quiere brillar
en nuestra fragilidad,
brille tu luz, Señor…
Brille tu luz, Señor,
enciende en nosotros un nuevo fulgor,
una llama viva, tu fuego y calor,
una nueva Resurrección, brille tu luz, Señor.

 En corazones de pobre
depositas el único don,
una buena nueva que hay que anunciar
a toda la humanidad,
brille tu luz, Señor.
Brille tu luz, Señor,
haz de nosotros un resplandor,
testigos de vida, testigos de amor,
de paz, de esperanza y perdón
brille tu luz, Señor.

 Hoy venimos al Padre
a entonar una nueva canción
como María, en su pequeñez
cantar las grandezas de Dios.

 Brille tu luz, Señor…

Brille tu luzinterpretado por Colegio Mayor Kentenich, «En lo alto»

La lectura de hoy es del salmo 26:

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

¿A quién temeré? ¿Quién me hará temblar? El miedo es el sentimiento que más me puede paralizar. No es un buen consejero. ¿Qué miedos hay en mi vida? ¿Qué temo? ¿Qué me hace temblar?

El Señor es mi luz y mi salvación, es la defensa de mi vida. Una cosa pido al Señor, es buscaré. Pedir y buscar son dos actitudes que hablan de deseo. Fíjate en cómo en tu interior necesitas luz para iluminar preguntas, inseguridad, decisiones… Pues bien, escucha a Dios que te dice, yo soy tu luz y tu salvación.

Gozar de la dicha del Señor en el país de la vida puede invitar a pensar en otro contexto u otro tiempo. Pero el país de la vida también puede ser la historia de hoy, tu mundo y tu contexto. Y ahí, justo ahí, se te anima a gozar de la dicha del Señor.

Vuelvo a leer el texto de este salmo. Ahora es el mismo Dios el que lo convierte en verdad en mi vida.

El salmo de Dios…

Yo soy tu luz y tu salvación,
¿a quién temerás?
Yo soy la defensa de tu vida,
¿quién te hará temblar?
Esto te propongo,
para que lo busques con empeño,
habita en mi casa por los días de tu vida
disfruta mi dulzura, al ser capaz de tener presente mi Verdad.
Disfruta de la alegría que te propongo,
en tu historia y en tu vida.
Espera en mi, Sé valiente,
ten confianza. Espera en mí.

Termino este tiempo de oración escuchando en mi interior. ¿Qué palabras me han tocado, qué sentimientos se han despertado en mí? El Señor es mi luz y mi salvación, el Señor es la defensa de mi vida.

Tomad Señor y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a vos Señor os lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.

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Jueves I de Adviento

Hoy es 6 de diciembre.

Siento que tú me sostienes y me miras, Señor. Lo sé porque cruzo la mirada contigo y me muestras que nuestra historia es eterna. Haz que este tiempo ahora, pobre y corto, sea un instante contigo, mi Dios, para disfrutar de tu eternidad, mis sentidos, mi corazón, toda mi atención son ahora para ti, Señor.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 7, 21;24-27)

Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente”.

El Señor ya sabe que estamos construidos sobre roca y también sobre arena. Todos en nosotros está mezclado, pero son los cimientos puestos en la roca, lo más profundo en nosotros, lo que Dios desea verdaderamente enamorar. Dale las gracias, porque hace ya tiempo que tu vida está cimentada en él y por todo aquello que te acerca a él.

¿Qué es cumplir la voluntad del Padre? Ciertamente no es seguir lo deberes religiosos de manera externa, sino saber entender que Dios se puede comunicar con nosotros de manera personal. Es más, que hay una llamada a encontrarse con el otro y ahí descubrir a Dios. Da gracias al Padre por poder conocerle de manera personal y por esos momentos en que te has sentido unido a él.

La prudencia, hablando de Dios, es arriesgada y atrevida. Cimentar la casa en la tierra rocosa de Dios es hacerlo en un lugar en que se nos pide muchas veces ser valiente. Tomar opciones concretas, dar la vida por lo que uno cree. Da gracias a Jesús porque él es el ejemplo de prudencia arriesgada a la que estamos llamados  a seguir.

Imagina que es tu corazón  el lugar lleno de arena y roca, donde el Señor construye su morada y su casa. Desde ahí vuelve a leer el texto.

Pobreza evangélica

No tener nada.
No llevar nada.
No poder nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada;
no callar nada.
Solamente el Evangelio,
como una faca afilada.

 Y el llanto y la risa en la mirada.
Y la mano extendida y apretada.
Y la vida, a caballo, dada.
Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada,
por testigos de la Revolución ya estallada.

 ¡Y “mais nada”!

 (Pedro Casaldáliga)

Fíjate ahora en la imagen de un árbol que pone su raíz en un suelo firme, o del edificio con cimientos firmes y confía en el Señor, que siempre te sostendrá.

Arraigado en Ti, Señor,
con mis raíces en Ti,
como el árbol junto a las aguas
quiero vivir.
Arraigado en Ti, Señor,
entregado a Ti,
como sal y luz en la tierra
unido siempre a Ti.

Tú, mi raíz, mi fuente de amor.
Tú, mi Señor.
Tú, mi Señor.

Edificado en Ti, Señor, yo confiaré.
Cada día Tú me sostienes firme en la fe.
Edificado en Ti, Señor,
en las tormentas nada temeré.
Los fracasos y los problemas
no harán temblar mis pies.

Arraigados en ti,interpretado por Ixcís, «Arraigados en ti»

En este momento dirígete de manera personal al Padre. Formúlale tu acción de gracias por algo sentido en esta oración. Pídele de todo corazón, aquello que esperas y deseas, también para este tiempo  de Adviento que acabamos de empezar.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

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Miércoles I de Adviento

Hoy es 5 de diciembre.

Me dispongo con el corazón abierto a hacer las novedades que el Señor quiere revelarme y regalarme en este día, en este tiempo nuevo de Adviento. Es tiempo de gracia, es tiempo de salvación, es el tiempo oportuno. Aquí me tienes, Señor, ante ti, con el deseo de estar contigo pongo en tus manos mis afectos, mi voluntad, mi memoria, mi entendimiento, todo lo que soy que tengo. Aquí me tienes, Señor, junto a ti. Hazme experimentar la seguridad de abandonarme en ti.

La lectura de hoy es de la profecía de Isaías (Is 25, 6-10a):

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. -Lo ha dicho el Señor-.

Aquel día se dirá: “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte”.

En aquel día, preparará un festín de manjares suculentos de vinos de solera. ¿A quién no despierta una afirmación así un gran apetito, un gran entusiasmo que nos mueve a empezar a soñar y preparar con toda la ilusión de que somos capaces?

Sitúate al comienzo de este Adviento como quien se sienta a la mesa a la espera de un gran banquete. Escuchando esta promesa del Señor. Deja que haga eco en tu hambre y sed de fiesta. En el vacío que se produce en la boca del estómago ante tanta expectativa, en tu necesidad de esperanza y Vida con mayúsculas. Escucha cómo te dice hoy a ti: prepararé para ti un festín con manjares y vinos generosos.

Todo banquete y fiesta, si es celebrada y gozada, produce sanación. Fortalece los vínculos que hermanan, que sostienen y alientan a las dificultades y sufrimientos. Genera la capacidad de relativizar y afrontar con esperanza nueva lo que tenemos por delante. Deja que el Señor acaricie tu rostro. Seque tus lágrimas impregnándose con ellas y transformándolas en vino. Déjate.

Se te invita a leer nuevamente el texto del libro de Isaías. Piensa en la creación y en la humanidad entera, que gime y necesita experimentar la caricia del Señor. Pide que llegue a esos gritos la esperanza de su vino, la abundancia de su consuelo y la abundancia de su promesa. Contempla, déjate empapar por el misterio y pide al Señor experimentar cómo su mano se posa sobre este monte, sobre ti, sobre la humanidad, sobre la creación.

El Banquete

La mesa está llena.
Se sirven manjares exquisitos:
la paz, el pan,
la palabra
de amor
de acogida
de justicia
de perdón
Nadie queda fuera,
que si no la fiesta no sería tal.
Los comensales disfrutan
del momento,
y al dedicarse tiempo
unos a otros,
se reconocen,
por vez primera, hermanos. 

La alegría se canta,
los ojos se encuentran,
las barreras bajan,
las manos se estrechan,
la fe se celebra… 

…y un Dios se desvive
al poner la mesa

 (José María Rodríguez Olaizola, sj)

Hazte consciente de las emociones, sentimientos, luces e invitaciones que han surgido durante este espacio de oración ante el Señor y ahora con el Señor, dialoga, confronta, cuéntale. ¿Cómo resuena en ti lo que has escuchado? Agradece, agradece antes de despedirte, aún en las dificultades, desolaciones y obscuridades. El Señor está presente, está contigo, te llama, te convoca y acoge. Por ello agradece y di sí.

Hemos celebrado ya la cena
hemos compartido la esperanza
vamos a la vida en la confianza
que el amor redime nuestras penas

 Vamos a anunciar esta alegría
que Jesús sanó nuestras heridas
vamos a entregar el pan a todos
vamos, trabajemos codo a codo
que ha llegado el reino de la vida.

 Cristo con nosotros cada día
juntos en trabajos y descanso
surge de esta mesa y este canto
libre, nuestra suerte compartida.

 Esta acción de gracias se reparte
con nosotros a todos los hombres
nos convoca en favor de los pobres
alimenta a los que sufren hambre.

 Vamos a anunciar esta alegría
que Jesús sanó nuestras heridas
vamos a entregar el pan a todos
vamos, trabajemos codo a codo
que ha llegado el reino de la vida.

El reino de la vidade Cristóbal Fones, «La mesa de todos»

Tomad Señor y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a vos Señor os lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.

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