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Archive for the ‘Meditación’ Category

Martes I de Cuaresma

Hoy es 20 de febrero.

Cuando empiezo mi oración, este tiempo para estar contigo, Señor, pienso que tú estás presente en mi vida y que por eso, toda mi vida es oración. Pero ahora me doy cuenta de que en realidad soy yo, somos nosotros, los que siempre estamos en tu presencia. Que estamos siempre ante ti, que nos miras con ternura, con lucidez, con comprensión, con mucho amor. Ante ti, Señor, quisiera sentir la claridad de tu mirada paternal llena de ternura, llena de amor.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 6, 7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: “Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.” Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Jesús, Señor, al escuchar cómo nos enseñas a rezar, sabes cuál es la palabra que más me ha llamado la atención, la palabra “nuestro”, así, en plural. Nos animas a dirigirnos a “nuestro Padre”, al de todos, los cristianos, los no cristianos, los creyentes y los no creyentes. Los hombres y mujeres de cualquier religión o confesión, los de cualquier país o región del planeta. Qué distinto habría sido si nos hubieras dicho: cuando recéis, dirigíos al Padre y decid: “Padre mío”.

Pero, Señor, lo más sorprendente es que las peticiones concretas, todas están en plural. El pan nuestro, nuestras ofensas, no nos dejes caer, líbranos del mal. ¿Será que no puedo desentenderme de nadie, de ningún hombre ni de ninguna mujer, sea cuál sea su situación? Yo comparto con los amados del Padre, la necesidad de pan, las ofensas, la caídas, el asedio del mal.

Cuando leo el evangelio, me doy cuenta de que tu vida, Señor Jesús, fue en todo buscar cuál era la voluntad de tu Padre para llevarla a cabo. Muchos agase tu voluntad.

  1. Padre nuestro, hra buscar en todo la voluntad de nuestro Padre, sinti. la encia. que ños sin darte a conocer, viviendo entre la gente, aquellos tiempos ilusionados en que con los discípulos y los que te seguían, anunciaste la buena nueva del Reino de Dios por tierras de Galilea. Aquella subida decidida a Jerusalén, tu pasión y muerte en cruz. Yo quisiera, Señor, acompañarte siempre para buscar en todo la voluntad de nuestro Padre, sintiéndome muy cerca de ti. Padre nuestro, hágase tu voluntad.

He rezado tantas veces el Padre nuestro y quizá tan rápidamente que ya no me conmueve. Si fuera capaz de entender con la cabeza y con el corazón el sentido profundo de cada una de las siete peticiones, probablemente en mi vida cambiaría.

Tantos años rezando el Padre nuestro, y quizás todavía no he descubierto que esa oración me hermana con todas y todos los amados del Padre. Tantos años rezando el Padre nuestro, y quizás todavía no he asumido nuestras ofensas, pensando que eso no va conmigo. Tantos años rezando el Padre nuestro, y quizás todavía no he querido darme cuenta de que el pan de cada día no llega a todos los hijos e hijas del Padre, pero a mí sí. Tantos años rezando el Padre nuestro y quizás todavía no he aprendido a perdonar de verdad, incluso a los que creo que tienen la culpa. Tantos años rezando el Padre nuestro y no he querido comprender, ni aceptar, mi debilidad y nuestra debilidad que nos hace caer en la tentación. Tantos años rezando el Padre nuestro, como si sólo fuera Padre mío. Tantos años rezando el Padre nuestro, tantos años, Señor.

<

p style=”text-align:justify;”>Padre nuestro,

que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.
Amén.

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Lunes I de Cuaresma

Hoy es 19 de febrero.

Escribe san Ignacio en sus ejercicios espirituales que en determinadas situaciones, una de las ayudas para decidir qué hacer, es imaginarse ante Dios tras la muerte. Cuando por fin te encuentres cara a cara con el Dios bondadoso, ¿qué te gustaría poder contarle de tu vida? ¿qué te gustaría portar en tus manos y en tu corazón como regalo y ofrenda?

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 25, 31-46):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.” Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” Y el rey les dirá: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.” Y entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.” Entonces también éstos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?” Y él replicará: “Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.” Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Para buscar a Dios, para encontrar el Reino es necesario buscar entre los pobres, los marginados, los derrotados, los que necesitan el abrazo sanador del Padre. Sólo acudiendo a la llamada de los últimos, podremos reconocer a Jesús. ¿Dónde busco el rostro de Jesús? ¿En los poderosos que pueden devolverme los favores, en los libros que no comprometen, en los rostros amigos, cuyas peticiones no me incomodan? ¿Dónde busco a Jesús?

2000 años después, las palabras de Jesús, siguen siendo perfectamente válidas. Y lo alarmante es que son en sentido literal. Los enfermos que sufren solos, los inmigrantes rechazados, los presos ignorados y apartados. Ellos siguen siendo el rostro vivo y necesitado de Jesús. Son ellos los que necesitan sentirse amados y sostenidos por Dios. ¿Soy consciente de que puedo ser yo quien les transmita ese amor incondicional por el Padre?

Al volver a leer algunas palabras de este evangelio, lleno de nombres y rostros concretos cada una de las palabra. Traigo a aquellos hombres y mujeres, para los que he sido reflejo del amor de Dios.

Dedica este último momento a hablar con el Señor de las veces que tú has sido extranjero o sediento o hambriento. A dar gracias por tantos testigos que han sido el rostro de Jesús para ti. Empezabas la oración preguntándote: ¿qué me gustaría ofrecerle al Señor al final de mis días? Sería bueno poder contestar con las palabras de Pedro Casaldáliga: Al final del camino me dirán, ¿has vivido, has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

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Domingo I de Cuaresma

Esta semana hemos comenzado ya la Cuaresma. Que nos invita a prepararnos para celebrar la Pascua, el momento culminante de la entrega de Jesús. Uno de los medios que más nos ayuda en este tiempo es la oración. Me regalo ahora un rato de oración, puede ser ocasión para recoger la semana que termina, tratando de hacer memoria de momentos que han quedado grabados en mi corazón. Le presento al Señor estos días y me dispongo con la confianza de que él me acompaña y quiere encontrarse conmigo.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 1, 12-15):

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.

Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Llama la atención que Jesús fuese tentado. Los evangelios cuentan que en su vida, como nosotros, estuvo acompañado de la tentación. Del poder, del poseer, de la soberbia. Jesús al encarnarse se hizo como nosotros, también asumiendo las oscuridades de nuestra existencia. Él en su vivir nos muestra el camino de la plenitud humana, que no evita el sufrimiento, la lucha, el dolor.

Tras saber del arresto de Juan, Jesús comienza su misión. Se marcha del desierto a Galilea, para predicar el evangelio. Jesús va tomando conciencia de quién es, y cuál es su misión. También así Jesús indica un camino que conduce a anunciar a todas las personas la buena noticia. La liberación que Dios Padre desea para todos nosotros.

Jesús inaugura su predicación anunciando que el Reino de Dios está cerca. Es el quien hace presente el Reino. Sin duda, en mi vida muchas veces no es fácil percibir la llegada del Reino porque hay acontecimientos y situaciones que más bien me hacen sufrir, pero Jesús sigue animando: convertíos y creed en el evangelio. ¿Qué signos, qué señales voy percibiendo que me hacen confiar en que el Reino que trae Jesús se hace presente aquí y ahora?

Vuelve a leer el texto tratando de contemplar a Jesús, sus gestos, su actitud, sus sentimientos. Le sigo en su camino a Galilea. Trato de dejarme iluminar por su figura, para poder amarle y seguirle.

Sigue curvado sobre mí, Señor, remodelándome, aunque yo me resista. Que atrevido pensar que tengo yo mi llave, si no sé de mí mismo, si nadie, como tú puede decirme lo que llevo en mí dentro. Ni nadie puede hacer que vuelva de mis caminos, que no son como los tuyos. Sigue curvado sobre mí, tallándome. Aunque a veces, de dolor, te grite. Soy pura debilidad, tú bien lo sabes. Tanta que, a ratos, me duelen tus caricias. Lábrame los ojos y las manos, la mente y la memoria y el corazón, que es mi sagrario. Al que no te dejo entrar cuando me llamas. Entra Señor sin llamar, sin mi permiso. Tú tienes otra llave, además de la mía. Que en mi día primero tú me diste y que empleo, pueril, para cerrarlo. Que sienta sobre mí tu conversión y que encienda la mía del fuego de la tuya, que arde siempre, allá en mí dentro. Y empece a ser humano, a ser persona.

Ahora puedes presentarle a Jesús lo que está pasando en tu interior. Puedes compartir con él las tentaciones, las cosas que tienden a apartarte de él y de su proyecto. Puedes pedirle que siga contigo en el camino de la vida. Puedes compartir también con él lo que su reino suscita en ti. El deseo de seguir colaborando con él en su proyecto, de anunciar a todos que el Padre nos ama, que Jesús se nos entrega y que el Espíritu nos acompaña.

Transforma esta oración en un mantra, una frase que te pueda acompañar a lo largo de esta semana, repitiendo en tu interior, una y otra vez este anhelo. Que empiece a ser hermano, a ser humano, a ser persona. Que empiece a ser hermano, a ser humano, a ser persona…

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Hoy es sábado 17 de febrero.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 5, 27-32):

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?» Jesús les replicó: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»

Jesús no hace distinción ninguna, buscaba a aquellos que más falta tenían de Dios, que más alejados estaban de desear el Reino, de abrir su corazón, buscaba y llamaba a aquellos que vivían perdidos, hundidos, vacíos, a aquellos que necesitaban aun sin saberlo de su Amor.

Jesús busca a los enfermos, a los pecadores para sanarles con su amor, para llevarles por el camino de la Alegría.

Jesús hoy sigue llamando, sigue diciéndote sígueme, déjalo todo por mí. Nos llama a ser humildes a dejarlo todo por  el todo.

Nos busca porque somos pecadores, porque estamos enfermos de todo lo que en este mundo nos ofrece, nos atrapa, nos aparta de la mirada de Dios, porque escuchamos otras voces y no la de Jesús que nos insiste sígueme, déjalo todo por mí.

¿Sabemos responder con generosidad, con sinceridad a esa llamada? ¿Somos capaces de dejar todo por Él? ¿Cuántas cosas hay que llenan nuestra vida pero, vacían nuestro corazón? o ¿cuántas cosas vacían nuestra vida de Dios y llenan nuestro corazón para no dejar entrar a Dios?

Jesús llama a Levi, un cobrador de impuestos, lo llama a él, ¿por qué no a otros? Eso era todo un escándalo en esos tiempos. Pero Jesús no quería escandalizar , pues quizá ya sabía que él está esperando esa llamada aun sin saberlo, quería y necesitaba cambiar de vida, así como hoy sigue llamando a tantos Levi, que desean cambiar su vida , dar un nuevo rumbo, tomar caminos que les lleven a vivir la Paz, la Esperanza.

Escuchar la llamada de Dios es sentir como nos toca el corazón como nos transforma, como le da sentido a nuestra vidas llenas de vacío, atormentadas por los ruidos del mundo, porque Jesús no mira nuestras imperfecciones, nuestras enfermedades, nuestras soberbias, nuestros orgullos, el mira el fondo de nuestro corazón, los más hondo que ni nosotros conocemos, y nos llama, nos invita a levantarnos de nuestra comodidad y comenzar a VIVIR de nuevo, porque necesitamos de Él.

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Hoy es 16 de febrero, Viernes después de Ceniza.

Un nuevo día, Señor, para la intimidad contigo. Pero sabes bien que vengo con mis ambigüedades y contradicciones. A menudo me asalta la pregunta, para qué sirve rezar, si siempre estoy en lo mismo. Porque tú nunca estás enteramente en mí, ni te dejo un hueco suficiente. Sin embargo siento la necesidad, también hoy, de volverme a ti y dejar que suenen nuevas las palabras de tu evangelio. Señor, con este deseo me dispongo a un diálogo de amistad.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 9, 14-15):

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»

Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunaran.»

Cristo inaugura un tiempo nuevo. Las imágenes del Reino de Dios, hablan de boda y de banquete, de novio y de fiesta. Jesús y el Reino son mesa compartida y gozo, pero son muchos los que no saben verlo como perla y tesoro, como la fuente de la alegría. Es más, son muchos los que piensan lo contrario, que el cristianismo es renuncia y tristeza, algo pesado y reñido con la vida, un depósito de sufrimientos. ¿Qué ha pasado entre nosotros para llegar hasta aquí? ¿Qué imagen hemos dado los discípulos del maestro?

Es verdad que Jesús también habla de ausencias y ayunos. Porque el Reino todavía no está plenamente aquí. Hay que acercarlo y sacrificarse por él y hacerle un hueco en nuestro corazón y nuestro mundo. Dicen que el harto no tiene espacio para Dios y los demás. Pues bendito sea el ayuno que nos hace desearlo y tener hambre de justicia. ¿Le haremos un hueco a Dios en nuestra vida? ¿Servirá nuestro ayuno para que coman todos?

Llegará un tiempo en que se lleven al novio y entonces ayunarán. El ayuno del Reino y por el Reino, es una nueva manera de ser libres y una nueva obediencia. Porque no se impone desde fuera ni por ley alguna, sino que brota del corazón creyente. Ayunar de toda avidez de consumo, para desear el pan de vida y la alegría fraterna.

Vuelvo a leer esta lectura como discípulo del Señor.

Mi corazón está lleno de deseos de ti, Señor y de tu Reino y sobre todo el deseo de una mayor relación contigo, para que tú lo seas todo en mí. Quiero ayunar de las cosas que me distraen y me hacen más superficial. Que mi ayuno sea cuaresmal, interior, auténtico y me disponga hacia la entrega generosa de la propia vida. Quiero orar con un corazón sobrio, despierto para ti.

Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad. Todo mi haber y poseer. Vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta.

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Hoy es 15 de febrero, jueves después de Ceniza.

Hoy es tiempo de gracia, es tiempo de salvación, tiempo de novedad. Siéntate ante el Señor, regalador de vida. Prepara y dispón tu cuerpo, tus sentidos, tus afectos, tu respiración, tus preocupaciones, todo. Disponte como si fueras un cuenco vacío, dispuesto a acoger la gracia de Dios, a llenarse de ella, hasta rebosar. Dios se vuelca siempre sobre los vacíos del ser humano, sobre los tuyos y los míos.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 9, 22-25):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»

Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»

Nos encontramos ante uno de esos textos que alguna vez nos han resultado duros, incomprensibles. Una invitación, un camino que por un lado nos produce cierto rechazo, miedo, inseguridad y confusión, pero por otro la recibimos con cierta intuición y posibilidad de verdad y vida. El que quiera ganar su vida, la perderá. ¿Es posible sentir y percibir todo esto a la vez? Es paradoja del misterio, es lenguaje de Dios que a menudo nos produce sentimientos encontrados.

De que el Señor te diga, te ilumine. Que su pregunta te mueva, te interpele. ¿De qué te sirve ganar el mundo entero si por el camino te pierdes? Sólo escucha.

Vuelve a leer el texto, la invitación libre que hace el Señor. Una invitación a seguirle hasta donde él llegue. Con una certeza, él está en ese camino, él está con nosotros, pues a él seguimos. ¿Qué he de temer?

Despídete del Señor hablando de los deseos que hallan brotado durante el rato de oración y encuentro con él. Confíale tu deseo de seguirle y hazlo junto a tus miedos y preocupaciones. Hoy es tiempo de gracia y salvación y el Señor te lo regala. Agradece su invitación y la posibilidad de disponerte para que su espíritu lo haga posible en ti, si quieres.

Te sentirás solo, sin testigos.
Te encontrarás aislado, sin puentes.
Te abrumará el silencio, sin palabras.
Te dolerá el olvido, sin aplausos.
Te inquietará la duda, sin respuestas.
Te pesará la carga, sin ayudas.
Te asustará el compromiso, sin seguridades.
Te verás desnudo, sin mentiras.
Y yo seré tu testigo, tu puente y tu palabra.
Yo seré tu aplauso, tu respuesta y tu apoyo.
Yo seré tu refugio y amaré tu desnudez.
Y te enseñaré a vivir de verdad.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

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Miércoles de Ceniza

Hoy es 14 de febrero, Miércoles de Ceniza.

Recuerda que eres polvo y al polvo volverás, se dice en algunos lugares, al imponer la ceniza. Es escalofriante pensarlo. Un recordatorio quizá demasiado cruel. Sin embargo, expresa el tono de la celebración de hoy, somos humildes, es decir, somos del humus, de la tierra y del polvo. Y cuando más presente lo tengamos, más honestos y libres seremos. La Cuaresma que iniciamos, nos vuelve a nuestro lugar. Nos sitúa con humildad ante la vida. Somos menos poderosos y más dependientes. Me dispongo a comenzar la Cuaresma, poniéndome en presencia de Dios.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 6, 1-6.16-18):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensara.»

Rezar es bueno, dar limosna, sin duda es bueno, ayunar por Dios, es realmente bueno. Sin embargo todo se puede pervertir. Tristemente lo bueno es susceptible de desviación y contaminación. Cuaresma es el tiempo para reconocer que todo, incluso lo mejor, lo más bueno, puede corromperse y perder su bondad. ¿Qué cosas buenas se han ido corrompiendo en mi vida? ¿Qué cosas empezaron como don para otros y hoy están exclusivamente satisfaciendo mis necesidades?

Jesús denuncia esta corrupción de lo bueno y saca a la luz la intención torcida e impura de lo que se ha pervertido. Y lo hace para ayudarme a volver a ordenar lo que se ha ido llenando de polilla, lo que se ha desviado de mi vida. Cuaresma es el tiempo para purificar nuestra vida y nuestro mundo. Señor, yo sé que tú quieres en este tiempo ordenar mi desorden. Entra en mí y purifícame con tu amor.

Hoy me acerco a Dios con un corazón humilde y le ofrezco mis deseos de honestidad y verdad. Deseo, Señor, hacer justicia, especialmente con el pobre y el que sufre marginación. Dame mística, Señor, para que no deje de orar con el corazón, para que no abandone la intimidad cotidiana contigo. Dame coraje, Jesús, para ayunar de tanto estímulo superficial y vano, que pueda renunciar a lo inmediato para alcanzar lo más profundo. Que te ame y te siga aún en la desolación, en el desagrado o el dolor.

Vuelve a leer el texto y deja que las palabras de Jesús te purifiquen. Que sean sus palabras como agua que te recorre por entero y te limpia, te libera de todo aquello que te entrampa y te encoje.

Jesús mío, quiero usar las palabras del Padre Pedro Arrupe y decirte: que yo pueda sentir con tus sentimientos, los sentimientos de tu corazón con que amabas al Padre y a los hombres. Jamás nadie ha tenido mayor caridad que tú, que diste la vida por tus amigos. Culminando con tu muerte en cruz el total abatimiento de tu encarnación. Quiero imitarte en esa interna y suprema disposición. Y también en tu vida de cada día, actuando, en lo posible, como tú procediste.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

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