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Archive for the ‘Salmos’ Category

SALMO DEL HOMBRE ABIERTO A LA VOLUNTAD DE DIOS

Hoy, Señor, me presento ante ti
con todo lo que soy y lo que tengo.
Acudo a ti como persona sedienta, necesitada…
porque sé que en ti encontraré respuesta.
Siento que no puedo vivir con la duda todo el tiempo
y que se acerca el momento de tomar una decisión.

Deseo ponerme ante ti
con un corazón abierto como el de María,
con los ojos fijos en ti
esperando que me dirijas tu Palabra.
Deseo ponerme ante ti como Abraham,
con el corazón lleno de tu esperanza,
poniendo mi vida en tus manos.
Deseo ponerme ante ti como Samuel,
con los oídos y el corazón
dispuestos a escuchar tu voluntad.

Aquí me tienes, Señor,
con un deseo profundo de conocer tus designios.
Quisiera tener la seguridad
de saber lo que me pides en este momento;
quisiera que me hablases claramente,
como a Samuel.
Muchas veces vivo en la eterna duda.
Vivo entre dos fuerzas opuestas
que me provocan indecisión
y en medio de todo no acabo de ver claro.

Sácame, Señor,
de esta confusión en la que vivo.
Quiero saber con certeza
el camino que tengo que seguir.
Quiero entrar dentro de mí mismo
y encontrar la fuerza suficiente
para darte una respuesta sin excusas, sin pretextos.
Quiero perder tantos miedos
que me impiden ver claro
el proyecto de vida que puedas tener sobre mí.

¿Qué quieres de mí, Señor? ¡Respóndeme!
¿Quieres que sea un discípulo tuyo
para anunciarte en medio de este mundo?
Señor, ¿qué esperas de mí? ¿Por qué yo y no otro?
¿Cómo tener la seguridad de que es este mi camino y no otro?

En medio de este enjambre de dudas
quiero que sepas, Señor, que haré lo que me pidas.
Si me quieres para anunciar tu Reino,
cuenta conmigo, Señor.
Si necesitas mi colaboración
para llevar a todas las personas
con las que me encuentre hacia ti,
cuenta conmigo, Señor.

Si me llamas a ser testigo tuyo
de una forma más radical
como consagrado en medio de los hombres,
cuenta conmigo, Señor.
Y si estás con deseos de dirigir tu Palabra
a mis oídos y a mi corazón,
habla, Señor, que tu siervo escucha.

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Salmo del hombre abierto a la voluntad de Dios

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Feliz el hombre

Señor Jesús,
eres luz para mi camino;
eres el Salvador que yo espero.
¿Por qué esos miedos ocultos?
¿A quién temo, Señor?

La vida es como una encrucijada,
y a veces, indeciso,
no sé por dónde ir.
Creo en ti, Señor Jesús.
Tú eres la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Lo sé de sobra: seguirte es exigente.
¡Hay tantas cosas fáciles de conquistar a mi lado!
Yo sé, Señor, que si me dejo llevar por ellas,
me amarrarán hasta quitarme la libertad que busco.
Yo sé que si te sigo y me fío de ti
los obstáculos del camino caerán como hojas de otoño.

Aunque la mentira y la violencia acampen contra mí,
aunque el dinero y el placer me rodee como un ejército,
mi corazón, Señor Jesús, no tiembla.

Aunque la publicidad fácil me declare la guerra
y mis ojos encuentren en cada esquina
una llamada a perder mi dignidad humana,
mi corazón dirá que no,
porque en ti me siento tranquilo.

Una cosa te pido, Señor, y es lo que busco:
vivir unido a ti, tenerte como amigo
y alegrarme de tu amistad sincera para conmigo.
En la tentación me guarecerás,
algo así como el paraguas de la lluvia;
en la tentación me esconderás en un rincón de tu tienda,
y así me sentiré seguro como sobre roca firme.

Señor Jesús, escúchame, que te llamo.
Ten piedad. Respóndeme, que busco tu rostro.

Mi corazón me dice que tú me quieres,
y que estás presente en mí,
que te preocupas de mis problemas
como un amigo verdadero.

Busco tu rostro: no me escondas tu rostro.
No me abandones, pues tú eres mi Salvador.
Dame la certeza de saber
que aunque mi padre y mi madre me abandonaran
tú siempre estarás fiel a mi lado.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana.
Yo espero gozar siempre de tu compañía.
Yo quiero gozar siempre de tu Vida en mi vida.

Espero en ti, Señor Jesús:
dame un corazón valiente y animoso para seguirte.
Tú que eres luz para mi camino
y el Salvador en quien yo confío.

Feliz el hombre

Salmo de confianza

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Salmo de acción de gracias

Salmo de acción de gracias

 

SALMO DE ACCIÓN DE GRACIAS

Te doy gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu amor es un amor para siempre.

Lo proclamo yo
a quien tú has salvado,
a quien tú has arrancado de la mano del pecado,
a quien tú has reunido con otros muchos
que han experimentado
que tu amor es un amor para siempre.

Te doy gracias, Señor, porque eres bueno
porque cuando estaba perdido en mi soledad,
y no encontraba el camino del grupo;
cuando pasaba hambre y sed de tantas cosas
y la vida se me iba agotando,
a ti te grité y me sacaste de la angustia;
a ti te grité y me libraste de la tribulación.
Te doy gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu amor es un amor para siempre.

Tú has calmado el ansia de mi sed,
y mi hambre la has satisfecho con tus bienes.
Tú me has sacado de la oscuridad y las tinieblas,
has roto mis hierros y miserias.
Te doy gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu amor es un amor para siempre.

Tú destrozaste las puertas de bronce,
y has quebrado los cerrojos de hierro.
Tú amainaste el viento tormentoso,
y tras la bonanza me has conducido al ansiado puerto.
Tú has transformado el desierto en estanques,
el erial en manantiales.
Te doy gracias, Señor, porque eres bueno
porque tu amor es un amor para siempre.

Tú derribas del trono a los poderosos
y enalteces a los humildes;
tú, a los hambrientos los llenas de bienes
y a los ricos los despides con las manos vacías.

Tú me has liberado, me has salvado,
tú me has hecho hombre nuevo;
tú me has dado un pueblo;
tú caminas junto a nosotros;
y con la luz de tu presencia,
iluminas las oscuridades de nuestra vida.

Y nos conduces a una tierra nueva,
donde es dado tu Reino,
como pan y agua para el peregrino.
Bendito seas tú, Dios nuestro.

Te doy gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu amor es un amor para siempre.

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Feliz el hombre

Feliz el hombre que encamina
sus pasos por tus sendas.

Feliz el hombre que no ha puesto
su esperanza en el dinero,
ni se instala en las cosas de esta vida,
ni se deja corromper aunque le cueste.

Feliz el hombre que no inclina
su frente al poderoso,
ni traiciona al compañero de trabajo,
ni renuncia a la lucha del presente.

Feliz el hombre que no sigue
los caprichos de la moda,
ni hace caso de anuncios engañosos,
ni se deja llevar por charlatanes.

Feliz el hombre que no vende
su inquietud ante amenazas,
ni claudica de su rumbo ya trazado,
ni se hunde en el silencio de los cómplices.

Feliz el hombre que encamina
sus pasos por tus sendas;
él será como un árbol grande y fuerte
que da sombra y alegría al caminante.

Feliz el hombre que encamina
sus pasos por tus sendas.

Feliz el hombre

Feliz el hombre

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CAMINO CONTIGO, SEÑOR

Contigo, Señor Jesús, voy en la barca.
A veces el mar de mi vida se levanta bravo,
y la tempestad juega con mi barco.
La borrasca, Señor,
de mis miedos y fracasos;
la borrasca, Señor,
de mis inseguridades;
la borrasca, Señor,
de mis conflictos y tensiones.

Despierta, Señor, ven en mi ayuda.
Despierta, Jesús,
y conduce mi barca que zozobra en la tempestad.

Manda, Señor,
que las olas se rompan ante tu presencia;
tú que eres el Señor y el Salvador de los hombres.

Dame fe, Señor Jesús,
para que cuente contigo,
para que me fíe de ti,
para que me abandone en la seguridad
de tu amor y misericordia.

Dame tu Espíritu,
para que mi fe sea firme como la roca.
Señor Jesús, contigo no tengo miedo
porque tú me conduces,
porque eres mi Pastor y nada me falta.

Tú das a mi alma paz y sosiego,
tu luz y tu ternura.
Conforta mi pobre corazón.

Señor Jesús,
aunque pase por valles tenebrosos,
aunque pase por noches oscuras,
guíame por el sendero que conduce a la vida.
Nada temo, porque tú vas conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
Yo sé que eres bueno
y que unges mi corazón con tu gracia.

Rebosa mi copa con el don de la fe;
llena mi vida con el don de tu Espíritu.
Tu gracia y tu bondad, Señor,
me han acompañado siempre
a lo largo de mi vida.

Tú serás siempre mi morada, mi refugio,
mi casa donde me cobijo.
Señor Jesús, guía mi vida, fortalece mi fe,
ilumina mis noches.

Gracias, Señor,
porque contigo el camino se hace llano
y nada me falta.
Eres mi pastor,
eres mi guía,
eres mi maestro.

Camino contigo, Señor

Camino contigo, Señor

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A abrir camino me llamas

A ABRIR CAMINO ME LLAMAS

No hay caminos en mi vida, Señor;
apenas senderos
que hoy abro y mañana desaparecen.

Yo estoy en la edad de los caminos:
caminos cruzados, caminos paralelos.
Yo vivo en encrucijada
y mi brújula, Señor,
no marca el norte.

Yo corro cansado hacia la meta
y el polvo del camino
se me agarra a cada paso,
como la oscuridad a la noche.

Yo voy a galope caminando,
y a tientas busco un rastro,
y sigo unas pisadas. Y me digo:
¿Dónde me lleva el camino?

¿Eres quien ha extendido
a lo largo de mi vida un camino?
¿Cuál es el mío?
Si Tú me lo has dado…
me pertenece.
¿Dónde me lleva?
Si Tú lo has trazado…
quiero saber la meta.
¿Voy solo? ¿Camino en grupo?

Tengo miedo que mi cantimplora
y mi mochila se queden vacías
y a mi lado nadie comparta conmigo.

Señor, Tú sales al paso en mi camino
para marcar mi rumbo.
Es tu voz, hecha llamada,
quien me indica, palmo a palmo,
mi ruta por el llano
o la montaña escarpada.

Es tu voz, hecha llamada,
quien me arranca de mi siesta,
de mi vida fácil y segura,
de los míos y de lo mío.

Es tu voz, hecha llamada,
quien me lanza a ser apoyo,
y servicio, y comprensión, y alegría,
y ayuda… de los otros.

Es tu voz, hecha llamada,
quien me arranca de mí,
y me hace grupo.

Señor, yo busco tu camino (sólo uno),
y me fío de tu Palabra.

Dame fuerza, tesón a cada paso,
para caminar contigo.
Dame un grupo de amigos decididos,
prontos a la marcha.
Llevaremos nuestra tienda,
te llevaremos con nosotros,
y serás cada día,
quien oriente nuestra marcha.

Yo busco ahora un camino, Señor.
Tú, que eres Camino,
da luz verde a mi vida,
pues a abrir camino Tú me llamas.

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He escuchado tu Palabra, Señor,
que me insiste continuamente en la necesidad de amar.
He visto también tu ejemplo
que me anima a dar el paso que me pides.

Tu palabra es radical; pides todo del hombre.
No te contentas con medias tintas,
porque bien sabes que quien no acaba entregándose por entero
está jugando muchas veces contigo.

Tu palabra es clara:
amar a Dios y al prójimo como a uno mismo.
Señor, ¡qué cosa tan difícil me pides!
¡Cuántos miedos tendré que superar
si quiero hacer vida en mí tu Palabra!

Sí, Señor, mis miedos son mis grandes obstáculos;
miedo a tener que compartir cosas que deseo;
miedo a tener que perdonar incluso a mi enemigo;
miedo a cambiar esta vida tan cómoda
por una más desinstalada,
en donde mi confianza esté puesta solamente en Ti.

Por eso, Señor, dame la gracia
para hacer todo aquello que me pides;
para confiar en Ti antes que en mis propias fuerzas;
para convencerme plenamente de que tu proyecto
me conducirá a la plenitud de mi vida.

Ayúdame, no me abandones,
porque yo puedo fallarme a mí mismo,
pero tú nunca me fallarás;
porque yo puedo desilusionarme,
pero tú siempre me animarás.

Porque yo puedo caer en la tentación de “tirar la toalla”,
pero confiando en Ti y en tu fuerza
tengo la seguridad de que el camino será más fácil.

Ayúdame…
Ábreme los ojos para ver lo que me pides;
ábreme los oídos para que escuche tu Palabra;
habita en mi corazón para llenarme de tu amor,
porque el amor debe ser la raíz de toda mi vida.
Sólo así tendrá sentido
y podré sentirme cada vez más cerca de Ti,
porque tú eres el Amor.

 

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Salmo desde la invitación al seguimiento

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