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Archive for the ‘Pastoral adolescentes’ Category

Objetivo: hay que aprender a convivir con las diferencias de los demás

*Idea: Dios, al final, hace fructificar lo bueno


1. MONICIÓN DE ENTRADA

¿Habéis estado alguna vez en alguna panadería? Posiblemente no ¿verdad?

¡Buenos días a todos!

Queremos comenzar esta Eucaristía con esta pregunta. ¿Sabéis por qué? Simplemente porque, como cristianos, tenemos que aprender a diluirnos en medio del mundo pero ¡ojo! ¡sin perdernos! Tenemos que ser como la levadura del pan. El panadero echa una pequeña cantidad en la masa y, sin verlo él, va fermentando hasta el momento oportuno en que sea metida en el horno para ser convertido en pan sabroso y tierno.

Que esta Eucaristía nos ayude precisamente a eso: a saber que Dios, nos necesita como levadura en un mundo que necesita ser cocido por la Gracia del Señor, rejuvenecido por su Espíritu y alimentado por los valores del Evangelio.

Nos ponemos de pie e iniciamos esta celebración.

 

2. PENITENCIAL

2.1. Por ser cobardes. Porque, de cuando en vez, somos muy pesimistas ante la situación del mundo. Señor ten piedad. Señor, ten piedad. (Pueden salir dos o tres niños con unas cartulinas narrando los principales males de la sociedad, la juventud o los niños)

2.2. Pidamos perdón al Señor porque, no siempre, somos constructores de su Reino. ¿Por qué nos dejamos llevar por las calumnias, palabras disonantes o miradas egoístas? Cristo, ten piedad (Pueden señalarse algunos comportamientos puntuales: mentiras, falsedad, difamaciones)

2.3. Igualmente pidamos al Señor en este día, porque somos impacientes. Porque queremos cambiar todo de la noche a la mañana. Señor, ten piedad (Una cartulina con la palabra: IMPACIENCIA)

 

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Al escuchar las lecturas de este domingo tenemos que pensar lo siguiente:

a) El corazón de Dios es grande y, siempre, despliega amor, paciencia y acogida

b) San Pablo nos recuerda que el Espíritu nos hace entrar en comunión con Dios

c) El Evangelio nos anima, a pesar de las dificultades, a seguir sembrando, a seguir esperando. Dios, Jesús, nos acompañan.

 

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

4.1. Por la Iglesia. Por el Papa Benedicto XVI en su encuentro con los jóvenes en España. Para que, hoy más que nunca, ayude a los jóvenes a recuperar o confirmar su fe en Jesucristo. Roguemos al Señor.

4.2. Por todos los gobernantes de la tierra. Para que promuevan la justicia de todos los pueblos. Para que no busquen solamente el levantar los grandes rascacielos de la riqueza olvidando las miserias de tantos millones de hombres y mujeres. Roguemos al Señor.

4.3. Por todos los que se han cansado de evangelizar. Por tantos sacerdotes que son perseguidos, incomprendidos o señalados por ser testigos de Cristo. Roguemos al Señor.

4.4. Por los hombres del campo. Para que vean escuchadas sus peticiones. Por los panaderos; para que Dios les acompañe en su trabajo difícil y constante. Roguemos al Señor.

4.5. Por todos los que estamos aquí reunidos. Para que no nos echemos atrás en la defensa de nuestra fe. Para que seamos valientes como San Pablo. Roguemos al Señor.

 

5. OFRENDAS

5.1. Con estas ACUARELAS queremos simbolizar la diversidad de nuestras ideas y de nuestras personas. Que el Señor nos ayude a respetarnos y a trabajar por un mundo mejor.

5.2. Con estos CLAVOS queremos significar la presencia del mal. La muerte sobre la vida, la tristeza sobre la alegría. Pero, sobre todo, queremos que Jesús nos ayude a seguir adelante a pesar de las espinas que existen en los caminos de nuestra vida.

5.3. Con el PAN Y EL VINO, expresamos nuestra alegría de estar en este gran comedor que es tu Iglesia. Una Iglesia que, como Madre, nos da lo mejor de sí misma: A TI, SEÑOR, QUE ERES LA FUENTE DE TODO BIEN

 

6. ORACIÓN FINAL

Quiero ser, Señor;

Levadura que fermente y cambie:
El odio en amor
La tristeza en alegría
La guerra en paz
El egoísmo en fraternidad

Quiero ser, Señor;

Bien que luche contra el mal
Bien que haga vivir a los demás
Bien que indique el camino de la felicidad

Quiero ser, Señor;

Paciente frente a las prisas
Paciente ante los desaciertos
Paciente si fracaso
Paciente si no recojo

Quiero ser, Señor;

Una semilla de tu Reino
Una semilla de tu Palabra
Una semilla de tu Amor
Una semilla del Cielo

Amén

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Domingo 16º del T.O.A

23 de julio de 2017

Subrayados de la Palabra

  • 1ª lectura (Sb 12, 13.16-19): «Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento».
  • 2ª lectura (Rom 8, 26-27): «El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios».
  • Evangelio (Mt 13, 24-43): «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó».

     

Ecos de la Palabra para jóvenes y comunidades

  • La lectura de la Sabiduría está impregnada de una fe acendrada en la bondad y poder de Dios, que es único y omnipotente y no tiene que rendir cuentas a nadie (vv. 13-14). Conecta con la tradición sapiencial y profética. Su gran poder no lo convierte en un tirano injusto, sino todo lo contrario: Dios es siempre justo (vv. 15-17). Tampoco su justicia está reñida con su misericordia y bondad.
  • A todos nos falta algo de conocimiento, tenemos debilidades, limitaciones, ya sea en una u otra área; si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo nos dará las palabras correctas para solicitar lo que nos conviene y encaminará nuestra oración según la voluntad de Dios.
  • Todos necesitamos compasión. Ahora bien la compasión quiere hacer de nosotros personas distintas y nuevas, seres distintos de lo que somos. Y como por otra parte estamos dotados de libertad, alcanzar ese nuevo ser requiere de tiempo.

Proyecto de homilía

Los textos de este domingo nos ayudan a compaginar dos atributos de Dios: es poderoso y es compasivo. Y es admirable que los dos se proclamen al tiempo de un solo y mismo Dios, porque nuestra experiencia suele ser que los que tienen mucho poder tienen poca misericordia, mientras que los muy comprensivos resultan inhábiles para alcanzar el mando.

Pablo explica que quizás en algunas ocasiones los siervos de Dios no sepan exactamente qué pedir en oración como necesitan hacerlo. Pero Dios sabe que desean que se cumpla Su voluntad, y sabe también lo que sus siervos necesitan. En el pasado Dios hizo que se registraran en su Palabra muchas oraciones inspiradas que expresaban su voluntad o su interés en ellos. De modo que Él acepta estas oraciones inspiradas como si fueran lo que su pueblo debiera desear y pedir en oración, y las contesta. Dios conoce a los de corazón recto y también conoce el significado de las cosas que hizo que su espíritu hablara mediante los escritores de la Biblia. Sabe cuál es “la intención [mente, pensamiento] del espíritu” cuando el espíritu “aboga” o intercede de este modo por ellos.

El evangelio nos habla de la parábola del grano. Tanto en la sociedad como en nuestra comunidad y en nuestra vida de familia y personal, se entremezclan cualidades buenas e incoherencias, límites y errores. En las comunidades se reúnen personas de diversos orígenes, cada una con su historia, con su vida, su opinión, sus deseos, sus diferencias. Hay personas que no saben convivir con las diferencias. Quieren convertirse en jueces de los demás. Piensan que solo ellos están en la verdad. Esta parábola nos ayuda a no caer en la tentación de excluir de la comunidad a los que no piensan como nosotros.

El trasfondo de la párabola nos da a conocer que por causa de observar las leyes de la pureza, los judíos habían vivido separados de otras naciones. Este aislamiento los había marcado. Incluso después de convertirse algunos continuaban observando dichas leyes de pureza. Cualquier signo de impureza debía extirparse.

Podríamos preguntarnos cómo se manifiesta hoy en nuestra comunidad la mezcla entre el grano y la cizaña, así como las consecuencias que se derivan para nuestra vida.

Mirando al espejo de la parábola, ¿con quién me siento en mayor sintonía, con los trabajadores que quieren cosechar pronto la cizaña, o con el patrón que manda esperar al tiempo de la cosecha?

José Luis Guzón, sdb

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*Objetivo: todos podemos hacer algo por los demás y por Dios

*Idea: Dios ha puesto una semilla en nosotros para que dé fruto y en abundante


MONICIÓN DE ENTRADA

1. ¡Hola! ¡Buenos días a todos! ¿Habéis oído, alguna vez aquel refrán “manos que no dais qué esperáis”? Pues bien, en esta Eucaristía, damos gracias a Dios, por lo mucho y bueno que ha puesto en lo más profundo de nuestros corazones. Pero, además, como campo cuidado y querido por Dios, tenemos que dar fruto. Es decir; no podemos quedarnos de brazos cruzados. El Señor nos necesita para que, su Reino, se extienda por tantos lugares del mundo.

¡Saquemos nuestras manos de los bolsillos! ¡Levantemos nuestras cabezas! ¡Pongámonos de pie! El Señor ha venido a visitarnos y ¿qué fruto estamos dando?

 

2. PENITENCIAL

2.1. Todos podemos hacer algo por los demás. ¿Por qué será que preferimos ser servidos que servir? Señor, ten piedad

2.2. Dios, en el día de nuestro Bautismo, nos hizo hijos suyos. ¿Qué estamos haciendo con la fe? ¿Damos los frutos del perdón, de la alegría o de la caridad? Cristo, ten piedad

2.3. Al Señor le gusta que seamos tierra blanda donde, su semilla, pueda caer, germinar y crecer. ¿Por qué somos tan duros con nosotros mismos y con los demás? Señor, ten piedad

 

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas de hoy nos invitan, por encima de todo, a la esperanza. Por mucho que nos empeñemos, sin Dios, no conseguiremos nunca alcanzar la felicidad o los proyectos que quisiéramos. Que el Evangelio que vamos a escuchar nos anime a crecer, a dar frutos, a servir con alegría y, sobre todo, a ser aroma de Dios allá donde quiera que nos encontremos. Escuchamos con atención.

 

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

4.1. Por la Iglesia. Por el Papa Francisco, nuestro Obispo y nuestros sacerdotes. Para que no se desanimen en seguir sembrando en medio del campo de la sociedad, del mundo, de las parroquias o de las familias, la alegría de Jesús muerto y resucitado. Roguemos al Señor.

4.2. Por nuestros padres. Para que sean responsables en la educación cristiana de los hijos. Que no se conformen solamente con abrirnos las puertas del mundo sino, además, enseñarnos los caminos que conducen hacia el cielo. Roguemos al Señor.

4.3. Por todas las personas egoístas. Por aquellos que sólo piensan en recibir y nunca dar. Por todas las personas que se encuentran tristes porque no alcanzan aquello que se proponen. Roguemos al Señor.

4.4. Por los hombres del campo. Para que sus intereses sean defendidos por los gobernantes. Para que no olvidemos que, de la tierra, nos vienen los principales alimentos y el sustento del hombre. Roguemos al Señor.

4.5. Por todos los que han abandonado a Dios y viven a la orilla de la fe. Para que descubran que, con el Señor, se puede ser más feliz, crecer con más vitalidad y conseguir aquello que de verdad merece la pena para ser felices. Roguemos al Señor.

 

5. OFRENDAS

5.1. Con esta bandeja de tierra queremos representar nuestro deseo de dar gusto a Dios. Es nuestro corazón. ¿OS imagináis un corazón abierto para Dios? ¡Cuánto y qué bueno podríamos hacer! Ofrezcamos al Señor la tierra de nuestra buena voluntad.

5.2. Con esta jarra de agua queremos simbolizar la mano de Dios. Sin Él, nuestras vidas, no tendrían mucho sentido. Damos gracias a Dios porque, el agua de nuestra vida cristiana, son los sacramentos, la eucaristía, la oración, la Palabra.

5.3. Finalmente, con estas piedras y espinas, queremos representar las dificultades que tienen muchas personas para creer en Dios y, también, las dificultades que Dios encuentra para hacerse hueco en nuestras vidas.

5.4. Con el pan y el vino, las ofrendas más agradables a Dios, traemos nuestro propósito firme de colaborar con el Señor en la expansión del Evangelio.

 

6. ORACIÓN FINAL

Si te acojo y, no me doy,
anímame, Señor

Si me hablas, y no te escucho,
abre mis oídos, Señor

Si siembras, y no recoges,
no te olvides de mí, Señor

Si te olvido y vivo de espaldas a Ti
haz que vuelva al recto camino

Si me desanimo en mi esfuerzo
que encuentre en Ti el consuelo

Si caigo en la tristeza
dame la alegría de la fe

Si las cosas no salen como yo quiero
ayúdame a seguir sembrando

Sí, Señor;
Ya que Tú haces tanto
Ya que Tú me das tanto
Ya que Tú confías tanto en mí

Que nunca deje de mirarte
Amén.

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SALIÓ EL SEMBRADOR A SEMBRAR

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO – A
16 de julio de 2017

Lecturas: Isaías 55,10-11; Romanos 8,18-23 y Mateo 13,1-23

OBSERVACIONES PREVIAS

  • Jesús fue un “indignado” con causa. Luchó hasta la muerte por cambiar las estructuras de injusticia que impedían a los pobres y sencillos ser hijos de Dios.
  • Nuestro Dios es un Dios “desconcertante”. Nos desconcierta porque, gracias Dios, no se ajusta ni a nuestros modos, ni a nuestros criterios…
  • Si le seguimos de verdad, él convertirá nuestros cansancios y agobios en materiales de salvación, no de hundimiento. Hay fuegos que acaban con todo; pero hay fuegos que purifican y renuevan la vida.

     

     

PARA REFLEXIONAR

Esta parábola me trae a la memoria algunos días de mi infancia en que acompañaba a mi padre en la época de sementera. Lo recuerdo sembrando a voleo el trigo en los surcos abiertos por el arado, mientras cantaba la alegría del que siembra con generosidad y, con seguridad, espera una cosecha abundante. Hasta tengo en mente mi pequeña experiencia de sembrador.

El poder de la Palabra de Dios

Toda la Biblia es un canto al poder de la Palabra de Dios: su Palabra creó el universo, una palabra calma la tempestad: “calla, enmudece”, cura al leproso: “quiero, queda limpio”, sana a un paralítico: “levántate y anda”, saca a Lázaro del sepulcro: “sal fuera”, perdona los pecados… Jesús proclama la parábola del sembrador cuando su vida pública está a mitad de camino y ha comenzado un período de crisis. Tras los éxitos y triunfos iniciales, se le han ido poniendo las cosas difíciles. Los jefes religiosos le han declarado la guerra; los fariseos lo consideran un aliado de Satanás y “planean el modo de acabar con él”. El pueblo sigue a la expectativa, como un espectador pasivo.

La palabra se siembra con generosidad

Jesús nos dice que Dios es generoso en sembrar su Palabra. Dios no es el labrador calculador que primero analiza el terreno y solo siembra donde espera fruto. Dios da la oportunidad a todos los terrenos, aunque sea el duro camino, la tierra entre zarzas o el pedregal… La única semilla que no da fruto es la que queda en el puño cerrado del que siembra. Sorprende que casi toda la semilla, sembrada por Jesús, haya caído en terreno baldío. ¿Todo ha sido, pues, un fracaso? Cuatro de los seis versículos describen el fracaso de la semilla. En todos los casos hay un rasgo común: un elemento destructor que impide la germinación incipiente: los pájaros, el sol, las piedras, las espinas. Solo una parte del terreno sembrado acepta la semilla. En esta, los resultados superan lo esperado ya que cada grano produce cien, sesenta o treinta.

La parábola es una afirmación de la esperanza

La parábola se convierte así en un canto a la esperanza: no nos vencerán quienes ponen resistencia al Evangelio. Sentir y sufrir la resistencia, la contrariedad y la oposición se convierte paradójicamente en camino de eficacia y fecundidad. Como el sembrador, el Reino de Dios no se instaurará en el mundo sino a través de numerosos e impresionantes fracasos. Esto es lo que ni los fariseos ni las turbas ni muchos de nosotros podemos comprender. Nos gustaría el éxito, el triunfo arrollador del Evangelio, pero nos encontramos con la resistencia y la oposición; nos cansamos, nos desilusionamos. También Jesús pasó por ahí. Y aquel día, en lugar de tirar la toalla, se puso a soñar y contó la parábola del sembrador, que siembra cosecha de fecundidad con semilla de esperanza. El Reino de Dios es una experiencia, un regalo y una tarea. Una parábola para tiempos de crisis.

PARA COMPROMETERSE

  • Dios es siempre sembrador: Dios no nos pierde nunca, pero nosotros podemos perder a Dios.
  • La palabra recibida conlleva la responsabilidad de dar frutos. ¿Qué hacemos con la Palabra de Dios? ¿Cuál es nuestra disposición? ¿Qué es lo que nos impide dar fruto?
  • Ante las dificultades y circunstancias de la vida, seguiremos soñando con la Palabra e ilusionándonos con la cosecha que Dios produce en nuestro corazón.

PARA REZAR

¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!…

“Nos dices, Señor, que parte de la semilla cayó a lo largo del camino”… Señor, que no sea camino endurecido para esa simiente
que tú dejas caer a diario en mi vida,
sino que mi corazón se haga sensible al clamor de mis hermanos.

“Nos dices, Señor, que otra parte cayó entre piedras”…
Señor, que no sea tierra pedregosa para tu simiente,
sino que tenga el don del aguante fiel
para mantener con tenacidad lo que en principio recibí con alegría, para echar raíces, por igual, en lo divino y en lo humano.

¡Hay que ser cual abejas que en la colmena fabrican para todos dulces panales!
¡Hay que ser como el agua que va serena brindando al mundo entero frescos caudales!

“Nos dices, Señor, que otra parte cayó entre espinos”…
Señor, que no sea una zarza para tu simiente,
sino que nada muera en mí ahogado por la ansiedad o la prepotencia; que el dinero y la comodidad no me priven de mi opción
por la comunidad, por los pobres, por los pequeños…
y que los afanes de la vida no agosten mis esperanzas.

“Nos dices, Señor, que el resto cayó en tierra fértil”… Señor, que sea tierra fecunda para tu simiente,
y que dé el fruto que anticipa el espíritu de los soñadores.

¡Hay que imitar al viento que siembra flores lo mismo en la montaña que en la llanura, y hay que vivir la vida sembrando amores, con la vista y el alma siempre en la altura!

¡Hay que vivir sembrando! ¡Sembrando siempre!…

Isidro Lozano

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*Objetivo: quien desee ser como Dios, en la humildad y la mansedumbre, puede encontrar dos caminos para descubrirle.

*Idea: la soberbia, la riqueza, la dureza de corazón, son barreras que nos impiden ver a Dios


1. MONICIÓN DE ENTRADA

Buenos días a todos. ¡Sed bienvenidos al encuentro con el Señor!

¿Cómo nos encontramos? ¿Tristes o alegres? ¿Con esperanza o con preocupaciones? ¿Con fe o con dudas?

Un Domingo más, ¡y qué suerte tenemos!, el Señor se acerca hasta nosotros para revelarnos su amistad, su amor y el amor que Dios nos tiene. ¿Ya nos damos cuenta de ello? ¿Por qué será que, para lo que no es importante, abrimos tanto los ojos y los oídos y, en cambio, para Dios, los cerramos con tanta frecuencia? Nos ponemos de pie y comenzamos esta eucaristía en este primer domingo del mes de julio.

 

2. PENITENCIAL

2.1. Con estos nudos queremos pedir perdón al Señor por las veces en que complicamos la vida de los demás y también la nuestra. Señor, ten piedad

2.2. Con estas joyas pedimos perdón al Señor por nuestro afán de apariencia. Porque pensamos que, la vida, es riqueza y dinero. Cristo, ten piedad.

2.3. Con este pañuelo blanco, queremos pedir perdón al Señor por los momentos en que no ayudamos a que los demás encuentren en nosotros sosiego, paz y descanso. Señor, ten piedad

 

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas que vamos a escuchar nos muestran a un Jesús que nos pide entregarse a él –y a los planes y los proyectos de Dios— por encima de cualquier otra circunstancia . Pero, para hacer eso, comprenderlo y llevarlo a la práctica, es necesario encontrar corazones limpios, sencillos y confiados con el Señor.

 

4. ORACIÓN DE LOS FIELES.

4.1. Tengamos un recuerdo especial por el Papa Francisco. Que, en medio de un mundo que parece vivir de espaldas a Dios, siga anunciando con fuerza que la salvación está en Cristo, Hijo de Dios. Roguemos al Señor.

4.2. Por el catolicismo en España –y en todo el mundo—para que los católicos no tengamos miedo a manifestar y cuidar nuestras creencias cristianas. Roguemos al Señor.

4.3. Por todos los que complican la vida a los demás. Por todos aquellos que son peso y no ayuda para tantas personas que necesitan un poco de ilusión en su vida. Para que sean más solidarios. Roguemos al Señor.

4.4. Por los que viven montados en el dinero. Para que comprendan que, en la vida, no es más feliz quien más tiene sino quien vive con lo esencial. Roguemos al Señor.

4.5. Por los pobres. Por los que no tienen techo ni hogar. Por los más preferidos de Jesús. Para que tengan derecho a vivir mejor en un mundo donde hay pan y posibilidades para todos. Roguemos al Señor.

 

5. OFRENDAS

5.1. Con estas LLAVES queremos simbolizar las puertas cerradas de tantos corazones al Señor. Que la FE sea, también, una llave que nos ayude a sentir, vivir y celebrar de verdad a Jesús.

5.2. Con este almohadón (o un cojín) queremos simbolizar el descanso que produce nuestra amistad con Jesús: alegría en la pena; consuelo en la tristeza; respuesta con su Palabra.

5.2. Con estos frascos: EUCARISTÍA, ORACIÓN Y DIOS, queremos simbolizar las grandes vitaminas que el hombre necesita para no cansarse de trabajar ni de vivir.

5.3. Con el pan y el vino queremos agradecer a Dios que se quedara para siempre en el altar. Que la Eucaristía sea para nosotros fuerza y aliento en el caminar.

 

6. ORACIÓN

¡ESTOY CANSADO, SEÑOR!

Levántame

cuando caigo en los errores de siempre

Consuélame

cuando me fallan las personas que tengo a mi lado

Anímame

cuando las cosas no salen como yo quiero

¡ESTOY CANSADO, SEÑOR!

Dame fuerzas,

porque a veces el vivir me debilita

Dame vida,

porque la muerte me asusta

Dame tu fe,

porque a veces tengo dudas

¡ESTOY CANSADO, SEÑOR!

Y, a veces, es porque estoy lejos de Ti

Porque no te escucho como debiera

Porque te olvido y te dejo de lado

Porque, teniendo tu pecho,

prefiero otros apoyos que me dan en la tierra

¡ESTOY CANSADO, SEÑOR!

Ayúdame a confiar en Ti

Ayúdame a esperar en Ti

Ayúdame a descansar en Ti

Ayúdame a esperar siempre en Ti

Amén

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Domingo 14º del Tiempo Ordinario
9 de julio de 2017

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”

Unas palabras, éstas de Jesús, muy apropiadas para este tiempo de vacaciones.

Las personas somos algo mucho más importante que nuestro trabajo, que nuestra profesión y que nuestro cargo. Somos seres humanos hechos para vivir, amar, reír, ser.

Por eso, en contra de lo que muchos puedan pensar, “descansar” no es tan fácil. Porque no es disfrutar o pasarlo bien dando rienda suelta al consumo, ni hacer vacaciones para alardear o alimentar la propia vanidad.

En cristiano, descansar es reconciliarse con la vida. Es disfrutar de manera sencilla, cordial y entrañable del regalo de la existencia. Es hacer la paz en nuestro corazón. Es limpiar nuestra alma. Es reencontrarnos con lo mejor de nosotros mismos.

Ahora que estamos precisamente en tiempo de verano y vacación, es un buen momento para poner en práctica todo ello.

Por eso, no hay que recorrer largas distancias, ni hacer viajes exóticos, ni aguantar largas caravanas para ir a encontrar descanso. Basta recorrer la distancia que nos lleva a encontrar la paz en nuestro corazón. Si no hallamos la paz ni el sosiego dentro de nosotros mismos, en nuestro interior, es inútil buscarla en ninguna parte del mundo.

Necesitamos salir al aire libre y encontrarnos con la naturaleza, con la belleza de la creación, sí. Pero necesitamos también, y sobre todo, salir de nuestros egoísmos y ruindades, y abrirnos a la vida y a los demás. Descansar, vacacionar, es descubrir que uno está vivo, que puede mirar con ojos más limpios y desinteresados a la gente, que es capaz de disfrutar de las cosas pequeñas y sencillas, que hasta se puede tomar uno tiempo para ser feliz sin necesidad de abrir la cartera o sacar la tarjeta.

Pero sólo descansamos, vacacionamos, cuando liberamos nuestro corazón de prisas, de agobios, de tantas y tantas complicaciones absurdas que nos creamos personalmente sin necesidad alguna. No basta librarnos de la asfixia que el nerviosismo, el ruido, la prisa o el trabajo producen en nosotros. No se puede descansar cuando la insatisfacción, la tristeza, el miedo, el remordimiento o la culpabilidad nos atenazan.

¿Cómo transformar todo esto en paz?

Los creyentes sabemos que si acogemos a Dios en nuestra vida, no como un ser lejano e impersonal sino como un amigo querido y cercano, se convierte en camino de pacificación, iluminación interior, unificación de todo nuestro ser, perdón y liberación de nuestras contradicciones, errores y pecados.

Acertar a abrirnos a Dios es encontrar descanso verdadero. Ojalá, al organizar nuestras vacaciones, sepamos escuchar en las palabras de Jesús la llamada de ese Dios amigo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré».

Agustín Fernández, sdb

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Domingo XIII Ordinario – Ciclo A
2 de julio de 2017

Lecturas:
– 2Reyes 4, 8-11.14-16a: “vamos a prepararle una habitación”.
– Romanos 6, 3-4.8-11: “por el bautismo… fuimos incorporados a su muerte”.
– Mateo 10, 37-42: “el que os recibe a vosotros, merecibe a mí”…

Homilía

En el Evangelio de hoy Jesús continúa instruyendo a sus discípulos para prepararlos a su misión de anunciar el Reino de Dios. Uno de los temas del Evangelio del domingo anterior se prolonga en el texto que acabamos de escuchar. El “no tengáis miedo” y el ponerse de parte de Jesús delante de los hombres se concreta hoy en el tomar su cruz, es decir, en asumir de modo activo el modo de vivir propio del discípulo del Señor, en identificarse con Él. Como vemos, la misión que Jesús encomienda a sus discípulos configura totalmente la persona de éstos.

Según Él, este modo de vida tiene sus consecuencias dolorosas. Así, por ejemplo, puede haber un conflicto entre el seguimiento de Jesús y la lealtad a la familia. En este caso, habría que amarle “más” a Él. Porque necesariamente el anuncio de Jesucristo ha de llegar también a la propia familia. Jesús podría haber referido más ejemplos que demuestran que frecuentemente su seguimiento resulta doloroso, e, incluso, puede conllevar la muerte.

Por esto Jesús invita a cargar con su cruz. Ésta puede aparecer en nuestras propias vidas y también en las personas con las que compartimos nuestra existencia. Pero no debemos hacer casuística en torno a la expresión cargar con la cruz. Ésta se refiere, no a actos aislados, sino a un modo de vida caracterizado por el darse uno a sí mismo, como Jesús lo hizo. Cargar con la cruz es lo contrario a vivir encerrados en nosotros mismos, en nuestros espacios y tiempos, dosificando nuestra entrega y espaciándola según nuestros intereses. El discípulo no “vive para sí mismo”, sino que vive para Dios y para los demás, alimentando el encuentro con ellos, especialmente con los más pobres y abandonados. Y el que vive para Dios vive con Él para siempre: “el que pierda su vida por mí, la encontrará Jesús nos invita a pensar en la verdadera vida que Él nos dará para siempre. Ésta no será fruto de nuestro esfuerzo, sino un don suyo. Nos lo ha dicho Pablo, de otra manera, en la segunda lectura: “los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte, para que… andemos en una vida nueva”.

Pero el texto evangélico de hoy pone el acento en el “recibir”. El verbo “recibe” aparece seis veces, y siempre en el contexto de la acogida que merecen los discípulos, enviados por el Maestro a anunciar el Reino de Dios: el que os recibe, me recibe a mí y al que me ha enviado… La idea es adelantada en la primera lectura: una mujer de Sunem invita habitualmente al profeta Eliseo, primeramente, a comer, pero posteriormente también le brinda su hospitalidad preparándole una habitación, porque percibe que es un hombre de Dios, un santo… Recibir, acoger, hospedar… constituye un gesto de gratuidad. Los primeros recibidos somos nosotros, pues lo más importante de lo que somos y tenemos lo hemos recibido… Dios, llamándonos a la existencia, nos ha acogido, en Jesús, como hijos, y nos acompaña con su constante misericordia, de modo que siempre seremos para Él sus hijos muy amados… Pero también somos recibidos por nuestros padres y familiares: ellos nos han recibido y acogido en su entorno afectivo, y nos han transmitido la vida y la fe, nos han alimentado y educado… Asimismo somos lo que somos gracias a la comunidad cristiana, que también nos ha transmitido su fe, esperanza y caridad, nos ha incorporado a la familia de Dios y nos pone en comunión con la vida divina por los sacramentos… Vivimos porque previamente hemos sido recibidos. Hoy es un buen momento para tomar conciencia de esta realidad y para alimentar los sentimientos de gratitud que han de caracterizar nuestra vida, tanto desde el punto de vista humano como desde el punto de vista creyente. No nos cansemos de agradecer. La gratitud nos humaniza y nos fortalece como hijos de Dios y de la Iglesia.

Pero las palabras de Jesús también nos invitan a pensar en cómo recibimos nosotros. Somos recibidos y, como discípulos de Jesús, hemos recibido de Él la misión de recibir… Hemos de recibir, no sólo a todos los que nos reciben, sino también a todos los que el Señor pone a nuestro lado. Éstos son sus enviados: el que los recibe, recibe a Jesús… Hay, por tanto, una clave cristológica en la acogida de la que Jesús habla. La alusión al que da de beber un vaso de agua a los más pobres evoca otras palabras que el evangelista Mateo pone en labios del mismo Jesús: tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme… ¿Cómo es nuestra acogida? ¿Qué capacidad de recibir tenemos? El recibir y acoger han de ser una característica del discípulo, pues éste no sólo recibe de su Señor, sino que también debe acoger en su nombre y como si lo acogiera a Él mismo. Los momentos que nos toca vivir nos obligan a recibir como él mismo Señor lo haría. ¿Contemplamos a nuestra sociedad con los mismos ojos de Jesús y con su mismo amor? ¿Esa misma mirada se extiende también a todos los miembros de nuestra comunidad cristiana, especialmente a aquéllos marcados por la debilidad, sea cual sea ésta? ¿Con qué actitud acogemos y escuchamos a aquéllos que tienen la responsabilidad de guiarnos y acompañarnos hacia el encuentro con Jesucristo? ¿Cómo vivimos la dinámica de dar y recibir en nuestro entorno familiar y social? ¿Qué tipo de acogida practicamos en relación a tantos inmigrantes que ya están a nuestro lado, o en relación a los refugiados que poco a poco vendrán? ¿Cómo luchamos y sensIbilizamos a las personas de nuestro entorno para que nuestra sociedad sea más acogedora?…

Tomar la cruz, acoger y ser conscientes de que somos acogidos… son dinámicas propias del seguimiento de Jesús. Estamos celebrando la eucaristía. En ella somos acogidos por Dios en la mesa de su Palabra y en la mesa del pan de vida que Jesús nos da. Y, como comunidad convocada por el Señor, nos acogemos unos a otros como hermanos, formando un solo corazón y una sola alma y animándonos mutuamente en el camino de la fe. Y, como familia de Dios, dejamos que Él ensanche nuestro corazón para que en nuestra comunidad tengan su lugar tantos hombres y mujeres, de cualquier edad y condición, que carecen de un espacio existencial digno en nuestra sociedad. De este modo no haremos otra cosa que seguir a Jesucristo. Su cruz es el signo de que nos amó hasta el extremo. Este amor posibilita que nuestras pequeñas o grandes cruces sean también signo de nuestro amor a Él y a nuestros hermanos. Quizás nos parezca difícil, pero para esto estamos aquí: para que el Señor nos fortalezca con su entrega y haga posible, como Dios, lo que nos parece imposible a los hombres.

Carlos García Llata

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