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Archive for the ‘Pastoral infantil’ Category

*Objetivo: dar gracias a Dios porque nos llama a trabajar con Él.

*Idea: la bondad de Dios es tan grande que valora la actitud de las personas, no las horas.


1. MONICIÓN DE ENTRADA

Buenos días a todos. Bienvenidos a este lugar donde, el Señor, una vez más se nos da, se nos ofrece y nos invita a seguir siendo, junto con El, sembradores de su Evangelio en medio del mundo.

¿Hemos realizado algo, en nombre de Jesús, durante esta semana? ¿Hemos cambiado en algo? ¿Hemos compartido nuestro tiempo con alguien? ¿Cómo vamos con la oración? ¿Hemos perdonado o hemos pedido perdón por algo y a alguien?

Pidamos al Señor, en esta Eucaristía, que vivamos según El. Que cambiemos de tal manera, como dice San Pablo, que podamos llevar una vida digna y aplaudida por el Señor. ¿Lo hacemos? Nos ponemos de pie y cantamos.

 

2. PENITENCIAL

2.1. Por dejar el trabajo en manos de los demás. Por no ser responsables en aquello que nos encomiendan. SEÑOR, TEN PIEDAD

2.2. Porque olvidamos a Dios con frecuencia. Porque en nuestra agenda no solemos apuntar algo tan importante como AMOR, PERDÓN, BONDAD. SEÑOR, TEN PIEDAD

2.3. Por las veces en que exigimos mucho a los demás, mucho a Dios y, en cambio, no nos exigimos nada a nosotros mismos. CRISTO, TEN PIEDAD

 

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las tres lecturas que vamos a escuchar tienen algo en común: para vivir según Dios, hay que conocer sus planes y no juzgarlos. Muchas veces pretendemos que, el Señor, piense como nosotros. ¿Y nosotros? ¿Pensamos y actuamos como Dios quiere? Que las lecturas que vamos a proclamar nos ayuden a entender la bondad y la grandeza del Señor. Escuchamos.

 

4. PETICIONES

4.1. Por la Iglesia. Por el Papa Francisco. Para que intentemos llevar el mensaje del Señor a todos los pueblos de la tierra. Roguemos al Señor.

4.2. Por los que no hacen nada por Dios. Por aquellos que se conforman con estar bautizados. Para que vuelvan al camino de la fe y se comprometan más con el Reino de Dios. Roguemos al Señor.

4.3. Por los parados. Por los que no tienen trabajo. Para que sea posible un bienestar donde todos podamos vivir en paz y en igualdad. Roguemos al Señor.

4.4. Por nosotros. Para que sintamos la Eucaristía de cada domingo como aquella viña en la que el Señor pone su Palabra, nos alimenta y nos protege. Roguemos al Señor.

4.5. Para que seamos mejores. Para que nos demos en la medida que podamos a los más necesitados. Roguemos al Señor.

 

5. OFRENDAS

5.1. Con estas FLECHAS queremos decirle al Señor que queremos marchar por los caminos que conducen a su viña: LA FE, EL AMOR A DIOS (Salen unos niños con unas flechas indicadoras)

5.2. Con esta pancarta ¡NO AL PARO! Queremos manifestar ante Jesús que estamos dispuestos a trabajar por su Iglesia, con los sacerdotes, catequistas y padres para hacer un mundo mejor y como Dios manda.

5.3. Con el PAN Y EL VINO traemos hasta el altar lo que nos hace falta para trabajar en la viña del Señor: SU PRESENCIA. Que el Señor nos ayude a descubrir el secreto y el tesoro de la comunión y de la oración.

 

6. ORACIÓN FINAL

Porque nos llamas a tu viña
GRACIAS, SEÑOR
Porque perdonas nuestra pereza
GRACIAS, SEÑOR
Porque nos acoges y olvidas nuestras faltas
GRACIAS, SEÑOR
Porque quieres contar con nosotros
GRACIAS, SEÑOR
Porque eres bueno y repartes a todos
GRACIAS, SEÑOR
Porque eres bueno y no llevas cuentas
GRACIAS, SEÑOR
Porque tu justicia es la verdadera
GRACIAS, SEÑOR
Porque tu verdad es la auténtica
GRACIAS, SEÑOR
Porque tu bondad no tiene límites
GRACIAS, SEÑOR
Porque confías en todos nosotros
GRACIAS, SEÑOR

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Domingo XXV. T.O ciclo A
24 de septiembre de 2017

San Mateo hace un retrato certero de Dios en esta parábola donde compara el reino de Dios con un propietario que salió a contratar jornaleros para su viña. El evangelista dice algo tan sencillo como que Dios es bueno. Deja ver que Dios tan bueno que incluso puede escandalizar.

Si recordáis la parábola los jornaleros veían injusta la actitud del propietario de la viña. Entendemos bien su enfado. Aquellos jornaleros preguntaban cómo podía ser tratados de igual manera quienes han pasado todo el día trabajando y quienes solo han trabajado una hora. “Esta manera de hacer es injusta”. Comprendemos esta queja. Es posible que también nosotros digamos que Dios está siendo bueno con los que han llegado los últimos, pero nos preguntemos si está siendo igual de bueno con los que han llegado los primeros.

Para poder interpretar esta situación nos ayuda una expresión de la primera lectura. El texto sagrado pone en boca de Dios esta expresión: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos… mis caminos son más altos que los vuestros”. Podemos concluir que nosotros usamos unos criterios y una lógica, la humana, la que tenemos; pero, que Dios utiliza otros criterios y otra lógica, la de Dios. Sus caminos son más altos. Él mira de otra manera. Dios es bueno y se preocupa especialmente de los pequeños, de los que menos tienen, de los que sufren, de los últimos. Esta grandeza de Dios es siempre una alegría y trae esperanza a este mundo.

¿Esta manera de ser de Dios nos está pidiendo algo? En primer lugar creo que nos está pidiendo ser consciente de que nosotros no conquistamos a Dios con nuestras buenas obras sino que Él nos ha conquistado con su amor. En segundo lugar está claro que las lecturas de este domingo invitan a buscar a Dios, volver a Él, estar dispuestos a la conversión, porque “el Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones”. Y, por último, creo que hoy la Escritura nos invita a algo tan sencillo como a ser buenas personas. Ojalá que se pueda decir de los cristianos que somos buena gente, buenas personas, buenos. ¡Qué bueno es Dios que tiene tan buenos siervos!

Koldo Gutiérrez, sdb

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«El reino de Dios es como un amo que salió muy de mañana a contratar obreros para su viña. Convino con los obreros en un denario al día, y los envió a su viña. Fue también a las nueve de la mañana, vio a otros que estaban parados en la plaza y les dijo: Id también vosotros a la viña, yo os daré lo que sea justo. Y fueron. De nuevo fue hacia el mediodía, y otra vez a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. Volvió por fin hacia las cinco de la tarde, encontró a otros que estaban parados y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día sin hacer nada? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña. Al caer la tarde dijo el dueño de la viña a su administrador: Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros. Vinieron los de las cinco de la tarde y recibieron un denario cada uno. Al llegar los primeros, pensaron que cobrarían más, pero también ellos recibieron un denario cada uno. Y, al tomarlo, murmuraban contra el amo diciendo: Esos últimos han trabajado una sola hora y los has igualado a nosotros, que hemos soportado el peso del día y el calor. Él respondió a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No convinimos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Pero yo quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿No puedo hacer lo que quiera con lo mío? ¿O ves con malos ojos el que yo sea bueno? Así pues, los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos».

Mateo 20, 1-16

Comentario del Evangelio

Los cristianos, por el hecho de serlo, tenemos que estar atentos a lo que les pasa a otras personas, para poder ayudarlas, para escucharlas, para vivir con ellas lo bueno y lo no tan bueno que pasa en la vida de todos.

Pero a veces estamos pendientes de los demás de una forma que no es la adecuada. A veces estamos pendientes de lo que hacen otras personas para echarles en cara lo que hacen mal, o para comparar lo que hacemos nosotros con lo que hacen ellos, para ver quien es el mejor de los dos.

Y es que a veces aparece la versión envidiosa de nosotros, la versión que está todo el día midiendo lo que hacen los demás. Si nos fiajmos en Jesús, seguro que podemos cambiar.

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe una situación de tu vida en el que le hayas cogido algo de manía a una persona.

• ¿Cómo te sentías? ¿Te hacía todo esto mejor persona? ¿Cómo quiere Dios que nos fijemos en otras personas?

• Escribe un compromiso que te ayude a confiar más en las personas.

Oración

Ayúdanos, Señor Jesús, a ser misioneros,
a ofrecer a todos tu amistad, tu Proyecto,
el amor de Dios Padre.

La paga la tenemos asegurada,
una buena paga para todos.
La mejor que podríamos soñar:
ser hijos tuyos,
formar parte de tu familia.
Todos percibiremos el mismo salario,
tanto los que desde su más tierna infancia
ya se implicaron en tu seguimiento,

y en tu Proyecto como los que lo hicieron
a última hora.

Todos recibiremos la misma recompensa,
porque Tú eres don generoso.
Gracias, Señor Jesús,

por tu manera de ser,
por tu amor universal,
por tu preferencia por los últimos.
Gracias porque Tú confías en todos.

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XXV Domingo del Tiempo Ordinario
24 de septiembre 2017

Lecturas: Isaías 55, 6-9; Salmo 144; Filipenses 1, 20c-24. 27a; Mateo 20, 1-16

La parábola de los trabajadores

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.

Al atardecer, el dueño de la viña dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.

Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’ De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”. Mateo 20, 1-16

Reflexión

Los caminos de Dios no son nuestros caminos. Él es mucho más generoso de lo que nosotros nos podamos imaginar. Dios puede ser tan generoso como quiera con sus dones; lo más frecuente es que sea compasivo como el dueño de la viña con quienes no habían tenido quien los contratase. Cuando a algunos amigos les han dado regalos que no merecían ¿Cómo se sintieron? ¿Qué les parece el dueño de la viña? ¿Creen que estaba mal que les diera a todos lo mismo? ¿Por qué creen haría esto? El mensaje de hoy es la Compasión y la generosidad a la que nos llama Dios, porque Él es compasivo.

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Oración

Señor, tu siempre eres compasivo y generoso.
Danos un corazón limpio de resentimientos y de envidias, para que podamos alegrarnos siempre del bien de los demás, y seguir tu ejemplo de cómo nos tratas a cada uno con infinito amor. Amen

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Jesús iba de camino a Jerusalén donde pensaba celebrar su última Pascua con sus amigos. Les iba explicando cómo es el Reino de los Cielos. Y para ello, les expuso la parábola del propietario de la viña y sus jornaleros. Sin importar a qué hora llegaron a trabajar, todos los jornaleros recibieron el mismo pago del dueño de la viña, lo que hizo enojar a los que llegaron primero, pues esperaban recibir más. Así, Jesús nos enseña que Dios juzga y premia como Padre amoroso, con una justicia muy diferente a la de nosotros los hombres.

El mensaje de Cristo debe animarnos a mejorar nuestras vidas. Porque para Dios nunca es tarde para cambiar, ponernos a trabajar y acercar nuestras vidas a él. Dios se alegra de cada nuevo intento que hacemos por corregir lo que hayamos hecho mal. ¡Siempre nos está esperando!

Esta parábola también nos lleva a pensar que todo lo que recibimos y somos aquí en la tierra, es por la gracia y el amor de Dios, no por nuestros méritos. Así que deberemos sacarle el mayor provecho a nuestras vidas y agradecer esos dones recibidos, poniéndolos a trabajar para nuestro bien y de los que nos rodean.

Cuando llegue el final de nuestras vidas entonces sí, será el momento del pago y ya no habrá tiempo de corregir. Como nadie sabe cuándo será esto, conviene vivir cada día como si fuera el útlimo, buscando amar, esforzándonos por superar eso que nos aleja del amor de Dios y de nuestros hermanos.

¿Qué actitudes o comportamientos está esperando Dios que cambie?

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Para la catequesis de los más peques.

Epifanía del Señor

Domingo XXV de  Tiempo Ordinario

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La familia, los catequistas o el colegio llevamos a los niños a la iglesia (o la capilla) y queremos que aprendan a saber estar, que valoren aquel “lugar sagrado” y el uso que hacemos de él, y que conozcan las imágenes y objetos que allí se contienen, y especialmente el sagrario. Este objetivo no es materia de una mera explicación, es sobre todo tema de un aprendizaje y puesta en práctica de actitudes. Vamos a proponer cómo hacerlo con un grupo de catequesis o de colegio que periódicamente se reúnen en la iglesia.

Aprender haciendo

Llegan a la capilla “a su manera” y más o menos centrados o dispersos, según el educador que les acompañe. Cuando están sentados, nos dirigimos a ellos en tono suave y gesto expectante, hasta conseguir centrar su atención –ojalá no tengamos que levantar la voz-, y les decimos:

• Vamos a pensar a dónde hemos venido” (dedos en seguida, ansiosos, que piden la palabra; incluso, respuestas que se disparan en voz alta “a la capilla”). Sin decirlo.

• Vamos sólo a pensarlo y a sentirlo. Sí, hemos entrado en la capilla. Cuando hemos llegado a la capilla ¿no había nadie? Lo pensamos ¿O alguien nos esperaba? Vamos a sentir que alguien importante de verdad nos espera. Podemos recordar cómo nos sentimos cuando esperamos a alguien importante en casa.”. (breve silencio).

• En la capilla nos esperaba Jesús, ¿verdad?, que ya sabe quiénes somos… que nos conoce… nos mira con cariño… le gusta nuestra visita”.

• Ahora os pregunto: cuando vamos a una casa de familiares o de personas conocidas, al llegar, ¿que hacemos?”. (responderán: saludamos…)

• ¿Y aquí? ¿Hemos mirado dónde está Jesús y le hemos saludado al llegar? (silencio). Tal vez no, porque estamos aprendiendo. Hoy vamos a aprender cómo se saluda a Jesús en una iglesia o una capilla.

• Pero antes, decid: ¿dónde está Jesús, aquí, en la capilla” (Señalarán a imágenes y crucifijo; alguno tal vez señale al sagrario, le pedimos a éste que nos diga lo que sabe de esa cajita que se llama sagrario. A partir de lo que digan ellos –de lo que ellos ya sepan-, aclaramos y completamos).

• En el sagrario guardamos el pan consagrado en la misa, el pan con el que las personas comulgan en misa para recibir a Jesús. Este pan es Jesús-con-nosotros, luego os lo explico. En todas las iglesias y capillas hay un sagrario, una cajita como ésta, de metal o de madera adornada. Y a su lado siempre hay una lamparita roja o una vela que está encendida día y noche (señalo la lámpara). Cuando entréis en una iglesia, buscad, cerca de algún altar principal, una lamparita como ésta, y muy próximo a ella estará la cajita del sagrario. Mirando al sagrario, se saluda a Jesús de esta manera (hago genuflexión), doblando la rodilla derecha hasta el suelo. Este saludo se llama ge-nu-fle-xión.

Repetid todos cómo se llama… Ahora hacemos todos una genuflexión…

Generalmente no sale nada bien a la primera, y tendremos que volver a ensayar y explicar que al entrar y al marcharnos de la capilla haremos este saludo que se llama genuflexión (hago la demostración): «doblamos la rodilla derecha hasta el suelo, que es una manera de mostrar nuestro respeto a Dios, y una manera de reconocer que él es grande y nosotros pequeñas criaturas ante él» (vuelvo a hacer la genuflexión). Les pido que la hagan ellos: «todos de pie, poco a poco doblar la rodilla, el resto del cuerpo derecho, y levantarse. Otra vez». Las primeras veces los niños están muy centrados en el doblar la rodilla, en qué rodilla, en no sentarse en el talón… Cuando lo dominen un poco, les iremos además acostumbrando a hacer la genuflexión mirando al sagrario y pensando en Jesús y diciéndole por dentro un saludo.

Algo más sobre el sagrario

Antes o después del ejercicio de la genuflexión les haremos caer en la cuenta de la diferencia que existe entre las imágenes y el sagrario.

• Las imágenes nos recuerdan a las personas que representan a Jesús, la Virgen, los santos; pero no son Jesús o los santos estando allí presentes; lo mismo que si en casa tenemos una foto de los abuelos, nos recuerda a los abuelos pero ellos no están allí realmente. En el sagrario, sin embargo, sí que está Jesús. Porque el eligió esta forma de quedarse con nosotros. Cuando después de la Resurrección ascendió al cielo, quiso quedarse en forma de pan para que “comulgando”, comiendo ese pan, pudiera darnos un abrazo y pudiéramos estar muy unidos a Él. Jesús está en todas partes, pero ha querido quedarse sobre todo en esta forma de pan, y podemos venir sobre todo a estar con Él a esta casa (la iglesia, la capilla), para hacerle una visita y hablarle».

• Introducirles en la idea de que cuando la vela (o la lamparita) del sagrario esté encendida, nos avisa de que Jesús nos está esperando.

 

• Les narramos el pasaje de la Última Cena. Se pueden proyectar los minutos de alguna película sobre Jesús donde los niños vean el ‘Tomad y comed, esto es mi cuerpo’ y el ‘Haced esto en memoria mía’. O, mostrando el cuadro de la Última Cena de Juan de Juanes, narrarles las palabras de Jesús, y ponderar en la pintura la devoción y admiración de los apóstoles que escuchan “Es mi cuerpo” (es mi vida, soy yo).

• Los apóstoles repitieron aquellas palabras y gestos de Jesús con el pan con el vino en la Última Cena, sabiendo que Jesús volvía a hacerse presente con ellos; y los siguientes sacerdotes (sucesores de los apóstoles) lo han venido haciendo, siglo tras siglo, hasta nosotros. Cuando celebramos una Eucaristía (misa) Jesús se hace presente con nosotros en las formas de pan. Las formas que no se consumen en la misma misa, se guardan en el sagrario y se comen (se comulgan) en otra misa, y a veces se llevan a casa de los enfermos para que comulguen los que no pueden ir a la iglesia».

• Que Jesús haya querido quedarse en forma de pan es un misterio, a algunas personas les cuesta creerlo, Él lo puede hacer porque es Dios, y nosotros nos fiamos de lo que Él nos ha dicho, y lo creemos».

 

Explicación sobre la capilla o la iglesia

Les podemos pedir con anterioridad que traigan fotos de iglesias o capillas que co- nozcan o sean importantes para ellos y sus familias (su parroquia, la iglesia en la que fueron bautizados,..) y elaborar con ellas un mural o proyectarlas en un PPS. Puede ser interesante también introducir alguna imagen de Iglesias de diferentes partes del mundo.

• La capilla o la iglesia (la parroquia), son sitios a los que los amigos de Jesús vamos con frecuencia. Por eso, estamos aprendiendo a saber llegar y saber estar con el debido respeto a ese lugar. Es el lugar donde Jesús recibe y reúne a sus amigos, la casa donde nos juntamos, -a veces sólo los niños, otras veces los cristianos mayores y pequeños (la comunidad cristiana)- para rezar, para escuchar la palabra de la Biblia y saber más cosas de Jesús, para celebrar juntos cosas alegres: bautizos, comuniones, bodas, misas del domingo o de fiestas.

• En la catequesis (o el colegio), vamos a tener una visita a la capilla periódicamente. Es como ir a visitar a Jesús a su casa o a su despacho. Jesús es nuestro amigo que nos cuida y nos guía, y nosotros venimos aquí a aprender más cosas sobre él y sus otros amigos, los santos, a hablar un ratito con él, a dejarnos conducir por él y a decirle que queremos ser amigos y estar siempre de su lado.

• Ir a la capilla no es como ir al salón de actos a mirar un espectáculo. Venimos a participar. Se entra y se sale en silencio (¡si en esto reciben poco ejemplo de sus adultos, difícil es que adquieran buena costumbre!), andando, no corriendo; nos sentamos bien en los bancos; y si llevamos algo en la mano, lo dejamos en el suelo donde no estorbe. Porque venimos a estar con Jesús y saber más de él; no, a distraernos.

Jesús Pérez Rivera, S.J.

 

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