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Archive for the ‘Películas’ Category

Detroit

Título original: Detroit
Intérpretes: Will Poulter, Jack Reynor, John Boyega.
Género: Denuncia social.
Directores: Kathryn Bigelow.
Producción: USA 2017

En el verano de 1967 se produjeron en De- troit unos violentos disturbios de carácter racial. Lo de menos fue el detonante: el desalojo de un club en un barrio de mayoría afroamericana. Las algaradas y enfrentamientos, primero con la policía municipal, y luego con la federal y el ejército, se prologaron varios días con saqueos, incendios y multitud de detenidos.

La película de Bigelow toma como base un hecho puntual de aquellos sucesos, un incidente acaecido en un pequeño motel desde el que –supuestamente– un francotirador disparó a las fuerzas del orden. La búsqueda del autor y de su arma (las detonaciones procedían de una pistola de fogueo) supuso una noche de terror para los allí alojados y tres huéspedes muertos por la patrulla de policía local que se encargó del caso.

El film se centra en las arbitrariedades sádicas de unos policías racistas que aplicaron a sus retenidos un juego de intimidación, brutalidad y desprecio por los afroafricanos. Semejantes abusos policiales, de una violencia intolerable, siguen siendo todavía frecuentes por desgracia en muchos cuerpos policiales de aquel país.

Impresiona, capta y sobrecoge la maestría de Kathryn Bigelow para lograr que sintamos casi el mismo pánico de las víctimas porque los policías son capaces de cualquier salvajada y su conducta es impredecible. La elección del reparto, en el que no figuran estrellas, da todavía más verosimilitud al film.

Hace cincuenta años de aquellos terribles sucesos, pero el supremacismo blanco no es tan sólo la ideología de unos cuantos “chalados” o nostálgicos. Sigue siendo una forma de pensar y actuar que descalifica y estigmatiza a los afroamericanos en EEUU. Baste recordar los todavía recientes disturbios en Charlottesville en los que el mismo presidente terció e hizo un mal tercio.

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Dunkerque

Título original: Dunkirk.
Intérpretes: Mark Rylance, Kenneth Branagh, James D’Arcy, Fionn Whitehead.
Género: bélico.
Director: Christopher Nolan.
Producción: USA 2017

Película coral que reconstruye algunos momentos del embarque de las tropas inglesas y francesas acorraladas en Dunkerque por el poderío del ejército nazi a poco de comenzar la II Guerra Mundial. La tremenda derrota de los aliados durante la invasión de Francia pudo paliarse en parte por el rescate de miles de soldados, trasladados al lado británico del Canal de la Mancha, gracias a que también pequeñas embarcaciones de recreo y pesqueros de bajura colaboraron en la operación.

Nolan elige un abanico de situaciones para reflejar el caos, el desconcierto, la desmoralización de los soldados que tratan por todos los medios de no ser los últimos de la fila y que contemplan aterrados cómo algunos de sus barcos de transporte son hundidos junto al mismo atracadero al terminar de embarcar a sus compañeros. Pilotos de aviación, barcos de guerra, marineros e infantes se asoman a la pantalla, a veces brevemente, para transmitirnos su abatimiento e impotencia ante la derrota o sus pírricas victorias derribando algún avión enemigo.

Finalmente Nolan se centra en la pequeña embarcación que pilota el Sr. Dawson que, con su hijo y un grumete, se la juegan por salvar a un grupo de soldados llenando el barco hasta el punto de naufragar o quedarse sin combustible. Son los héroes anónimos que no figuran en los anales pero que, sin ellos, grandes gestas nunca se hubiera realizado.

Bellas imágenes, reparto extenso pero bien conjuntado, producción cara, pero que conmueve a la par que hace reflexionar. Una película bélica que fomenta el antibelicismo.

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Título original: American Made.
Intérpretes: Tom Cruise, Domhnall Gleeson, Sarah Wright, Jesse Plemons.
Género: aventuras / denuncia de operaciones ilegales
Director: oug Liman.
Producción: USA 2017

Las llamadas “operaciones encubiertas”, emprendidas por la CIA norteamericana, el FBI y hasta el ejército de EEUU, florecieron en las presi- dencias de Reagan y los Bush, aunque no fueron privativas de estos presidentes republicanos. Se trataba de intervenciones en conflictos durante el siglo pasado y tenían por objeto neutralizar enemigos o apoyar con dinero, armas y formación militar a aquellos amigos que no se valían por sí mismos. Fueron ocultas porque eran ilegales, pues se empleaban fondos estatales aprobados para fines distintos.

Barry Seal fue un personaje real, un piloto de la TWA que, a instancias de la CIA, deja la aviación comercial para emprender esas operaciones encubiertas. Primero obtenía fotografías de interés militar, y luego se metió de lleno en el negocio de la droga. Al regresar a aeropuertos clandestinos en su país transportaba droga a espuertas. De esta forma, el cínico Seal se enriquece inmensamente en tan poco tiempo que no tiene dónde ingresar semejantes montañas de dinero sin levantar sospechas. La avaricia, que rompe el saco, y su falta absoluta de principios (salvo el de acrecentar su fortuna a cualquier precio) acaban por enemistarle con los capos y con la administración de EEUU.

Este héroe americano (el título original es Fabricado en América) hace gala de una total y absoluta falta de sentido ético. La suerte de pueblos enteros estuvo al albur de intereses espurios y de una intervención en asuntos internos contraria al derecho internacional.

Doug Liman maneja con habilidad y acierto ese múltiple punto de vista, desde la voz en off de Barry contándonos su vida, hasta las intervenciones de Reagan, el narco Ochoa o el «cara de piña» de Noriega. Todo ellos y muchos más personajes de la Historia contemporánea pasan por sus imágenes para rubricar el cinismo oficial y el… individual de Seal.

Hay que reconocer que el espectador sale un poco intranquilo por haberse enterado y burlado de asuntos que derivaron en millones de drogadictos y fallecidos por la violencia desatada o como consecuencia de enfermedades contraídas de resultas de estos abusos (por ejemplo, el sida). En suma, una tragicomedia interesante y entretenida y que, si lo piensas, te deja mal cuerpo.

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Director: Jean-PierreAméris (Francia–2014)

Duración: 94 minutos Distribuidora: A Contracorriente Films

Temas: Signos de liberación de la presencia mesiánica, ceguera-oscuridad-luz, mudez- silencio-palabra, árbol como signo de trascendencia, votos religiosos, el huerto como símbolo, revelación e idea, las manos como sacramento de comunicación, lucha, la alegría perfecta, comunidad y familia como ámbitos educativos, rebeldía ante la muerte, cruz, tradición, compromiso.

Para qué: Ver en acción los signos de liberación tangible del Mesías: la niña ciega y sorda ve y oye, y su alma aprisionada queda liberada a la alegría de la familia de Dios.

  • Contemplar cómo embellece la Vida Consagrada el “Rostro de la misericordia”, y de la Iglesia.

Una historia real como la vida, la historia de Marie Heurtin, de finales del XIX, en Francia. Una vida de 14 años, ciega y muda de nacimiento. Una vida “salvaje”, de la que las monjas no pueden hacerse cargo. ¿Y a dónde la llevo, al manicomio? Solo la querrán allí [7 ́], se lamenta su cariñoso padre.

Pero los ojos atentos de sor Marguerite han visto un alma muy pequeña, muy frágil. Un alma aprisionada. Pero un alma que he visto brillar en todo su esplendor a través de los barrotes de su prisión [7 ́]. El misterio de la encarnación -hacerse sorda y ciega con la niña- supone para la hermana una revelación, en forma de idea, una simple idea [9 ́]. La tarea es ingente, más para una salud quebradiza. Pero ante la posibilidad, por pequeña que sea, de que esté sufriendo muchísimo [10 ́], merece la pena. La misión da alas. Estoy casi tan emocionada como el día que tomé los votos [11 ́]. Es la liturgia hecha vida.

La madre de Marie, atenta, entrega a sor Marguerite, cuando se lleva a la niña, una navaja. –Es su objeto favorito. Lo prefiere a las muñecas [14 ́]. Es una especie de cordón umbilical afectivo con el mundo, y que se acabará convirtiendo en el instrumento liberador de la primera palabra [49 ́] que desata a todas las demás, para pavimentar la vía de la comunicación. Pero el camino es difícil. Mi vida con Marie es un calvario [27 ́]. La lectura en el comedor proclama cómo encontrar “la alegría perfecta”, según el de Asís, en medio de la dificultad [26 ́]. El desierto es tentación de volver a los ajos de Egipto. Lo mío es el huerto [32 ́]. La hermana religiosa muda le confiesa que ella tardó cuatro años en romper el silencio. El destierro de Marie de su mundo no significa aislarla. Tiene que aprender a vivir con las demás, no sola [31 ́]. La travesía desierto la hacemos como pueblo.

La suavidad de un peine y un baño [33-34 ́] obran un milagro, Marie baja ahora con sor Marguerite la regia escalera [38 ́], majestuosas, como dos reinas. El columpio abre su mente [44 ́]. Los padres, absortos ante el milagro: su hija estaba muerta y ha vuelto a la vida.

La dura lucha ha hecho mella en la frágil salud de sor Marguerite. A la prescripción facultativa de reposo: –Quiero acabar mi tarea antes de irme. Ella es mi alegría. Es la hija de mi alma, la luz de mi vida [67-68 ́]. Marie a Marguerite: –Te prohíbo que te mueras. –Yo no puedo decidir eso. –¿Quién lo decide? –Dios. –¿Quién es Dios? ¿Dónde está? No puedo tocarlo. –Está por todas partes [72-73 ́]. Le señala el pecho. Dios nos habita.

Marie la cuida con mimo. Pero Marguerite rechaza sus cui- dados cuando presiente su fin. No estoy preparada [84 ́]. La perspicaz superiora, que también se ha visto transformada en este proceso, le hace una bella reflexión sobre la rebeldía humana ante la muerte. –No te queda tiempo para prepararte. Pero esta pequeña sí está preparada. Has trabajado tanto… Ella sabe que la dejarás y lo ha aceptado. Pero tú no. Tú no has aceptado tener que dejarla [84 ́]. Fundidas en un abrazo, sus últimas palabras: Vive, tú vive [87 ́].

Marie lleva un ramillete de flores silvestres a la tumba de Marguerite. El diálogo-oración, de rodillas en tierra, es memoria: Todo el día pienso en ti [89 ́]. Es compromiso fiel a la misión. Ha llegado una chica nueva, sorda y ciega. Pero ella es distinta a mí… No grita, no se mueve. Huele bien. Huele a pan. Ella espera. ¿Y qué espera? Espera las palabras. Las hermanas quieren enseñárselas. Yo las voy a ayudar. Espero que nos hagamos amigas. Tú y yo fuimos algo más que amigas [90 ́].

“En el principio existía la Palabra” (Jn 1,1). Ni esta pecó ni sus padres sino para que se manifiesten en ella las obras de Dios (cf. Jn 9,3).

José Mª Martínez Manero

 

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Kóblic

Título original: Kóblic
Intérpretes: Ricardo Darín, Óscar Martínez e Inma Cuesta
Género: Thriller Director: Sebastián Borensztein. Producción: Hispano-argentina, 2016

Un tema recurrente del cine negro y de gánsteres es el frustrado intento de un criminal por empezar una nueva vida lejos de aquellos que fueron sus colegas y cómplices. Capitán Kóblic, del argentino Sebastián Borensztein, utiliza este esquema para trenzar un cesto similar con otros mimbres. Su protagonista es Tomás, capitán de la Fuerza Aérea de la Marina argentina, al que se le ha encargado pilotar los tristemente famosos «vuelos de la muerte», es decir, arrojar presos políticos todavía vivos al estuario del Mar del Plata desde una altura considerable como medio de ejecutarlos y ocultar los cuerpos. Kóblic, en un momento dado de esos vuelos siniestros, se niega a seguir participando en ellos y decide dejar el ejército y desaparecer en un rincón perdido de la pampa.

El film no versa sobre la mala conciencia del prófugo sino de cómo la sociedad argentina, bajo la dictadura militar, estaba corrompida por entero. El comisario del pueblo tiene montado con el gobernador militar un negocio de robo de reses y fiscaliza la vida entera de sus vecinos. Tomás despierta muy pronto sospechas y el film narra cómo los hilos se van enredando en torno suyo.

Los personajes son de una sola pieza, con muy pocos matices: el militar que se niega a la «obediencia debida», el amigo generoso (terrateniente pero de izquierdas), el comisario malvado, la chica de la gasolinera (víctima de violencia de género para que el adulterio resulte más plausible), el fiel empleado… Ni siquiera los cuatro flashes-back

que nos retrotraen al pasado son impactantes a pesar de lo horrible de lo contado.

Tampoco el estilo narrativo ayuda mucho. El relato avanza muy lentamente excepto en el amorío de Tomás y Nancy, que de tan repentino resulta inverosímil, lo mismo que el duelo final, casi de película del Oeste.

Ricardo Darín cumple con suficiencia porque es un actor sólido al que este tipo de papeles le van como anillo al dedo. Inma Cuesta, en cambio, encarna un personaje difuso y poco creíble.

Borensztein suscitó general aplauso por el logro de su film anterior (Un cuento chino, 2011), realmente una fábula preciosa sobre la interculturalidad. El tema de los vuelos de la muerte y sus responsables, la corrupción en una dictadura (policía y ejército al servicio del lucro personal), la connivencia con torturas y ejecuciones sumarias… pueden dar lugar a un debate.

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Las confesiones

Título original: Le confesión
Intérpretes: Toni Servillo, Daniel Auteuil, Connie Nielsen, Lambert Wilson.
Género: denuncia social.
Director: Roberto Andò.
Producción: Italia-Alemania-Francia, 2016.

En un balneario alemán se reúnen los ministros de economía del G8 convocados por el presidente del Fondo Monetario Internacional que va a anunciar una medida que puede provocar una nueva crisis mundial. También ha invitado a un cartujo, de apellido Salus, a una famosa escritora de cuentos infantiles y a un cantante country. Durante la noche, el monje es llamado a la habitación del presidente, que le pide confesión. Al día siguiente el financiero aparece muerto con la cabeza metida en una bolsa de plástico.

El film es una denuncia de la irresponsabilidad de las autoridades a la hora de solucionar los problemas económicos mundiales. Lo hace en una clave simbólica al estilo de otros films italianos que trataron de temas políticos de este modo. No hay personajes de carne y hueso, sino más bien prototipos de actitudes ante la complejidad de los problemas que aquejan a la mayoría de los países. En el film se habla de capitalismo, de acumulación y beneficios, de los bancos, de negocios sucios, de medidas que hacen más pobres a los míseros y más ricos a los plutócratas. Pero también se habla de poesía, de cuentos para niños, de perros de presa que se amansan, de gorjeos de pájaros… Para esto último utiliza un grabador el cartujo… y no para recoger la confesión del presidente, como creen los descreídos.

En este sentido, Toni Servillo borda la interpretación de este monje parco en palabras, como pide su condición de cartujo. Y representa el aspecto positivo de la vida al igual que la escritora que pasa, también ella, por una crisis. Se plantea olvidarse de los cuentos infantiles para escribir una novela negra de crímenes. Todo un símbolo.

Lo malo de estas películas (ésta dura casi dos horas) es que o son muy evidentes o muy herméticas, y uno no sabe qué es mejor. A estas confe- siones (nada agustinianas, por cierto) no les falta ni el sigilo ni el aburrimiento.

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Título original: Stefan Zweig: Farewell to Europe
Intérpretes: Josef Hader, Barbara Sukowa, Aenne Schwarz, Lenn Kudrjawizki.
Género: Biográfico.
Directora: Maria Schrader.
Producción: Austria-Alemania-Francia, 2016

Stefan Zweig, uno de los grandes literatos del siglo XX, autor de novelas tan populares como Carta de una desconocida o Veinticuatro horas en la vida de una mujer, biografías famosas (María Anto- nieta, Fouché, María, reina de Escocia) y numerosas obras de carácter histórico entre las que sobre- sale Momentos estelares de la humanidad, ha sido llevado al cine y a la televisión en numerosísimas ocasiones. Sin embargo, como autor ha sido casi olvidado por los editores actuales.

Maria Schrader (n. en Hamburgo, 1965), tras su carrera como actriz, se ha pasado a escribir y

dirigir cine. Para su segundo largometraje ha ele- gido unas cuantas escenas de los últimos años del escritor vienés, unidas por un común denomina- dor: su exilio. Huyó relativamente pronto del na- zismo por su condición de judío y su humanismo que se daba de bruces con el régimen genocida de Hitler. Como todo refugiado, se sintió cada vez más inseguro y, con la caída de Singapur en manos japonesas, temió que el fascismo se ex- tendiera por el mundo entero. Se suicidó con su esposa para no ser testigo del fin de la libertad y la democracia.

Hay que alabar el gusto exquisito de María Schrader para elegir unos cuantos momentos de la penúltima etapa vital del escritor y condensar en ellos el pensamiento, el temperamento, la acti- tud y los dilemas morales que ensombrecieron sus años postreros. La directora abre majestuosamen- te el film con el banquete que en Río de Janeiro le brindan las autoridades locales y lo cierra tam- bién muy brillantemente en un largo y bellísimo plano final que condensa el llanto de los amigos, el dolor de los criados, la consternación de las au- toridades, las pesquisas de la policía y del forense.

Un brioso colofón a una obra que denuncia la intolerancia y el bien distinto trato que dieron unos países a los necesitados de visados para huir de los nazis. Algo muy parecido, por desgracia, a lo que está ocurriendo en la actualidad con los fugitivos del cercano Oriente, víctimas de prolijos trámites burocráticos.

Stefan Zweig, uno de los grandes literatos del siglo XX, autor de novelas tan populares como Carta de una desconocida o Veinticuatro horas en la vida de una mujer, biografías famosas (María Antonieta, Fouché, María, reina de Escocia) y numerosas obras de carácter histórico entre las que sobresale Momentos estelares de la humanidad, ha sido llevado al cine y a la televisión en numerosísimas ocasiones. Sin embargo, como autor ha sido casi olvidado por los editores actuales.

Maria Schrader (n. en Hamburgo, 1965), tras su carrera como actriz, se ha pasado a escribir y dirigir cine. Para su segundo largometraje ha elegido unas cuantas escenas de los últimos años del escritor vienés, unidas por un común denominador: su exilio. Huyó relativamente pronto del nazismo por su condición de judío y su humanismo que se daba de bruces con el régimen genocida de Hitler. Como todo refugiado, se sintió cada vez más inseguro y, con la caída de Singapur en manos japonesas, temió que el fascismo se extendiera por el mundo entero. Se suicidó con su esposa para no ser testigo del fin de la libertad y la democracia.

Hay que alabar el gusto exquisito de María Schrader para elegir unos cuantos momentos de la penúltima etapa vital del escritor y condensar en ellos el pensamiento, el temperamento, la actitud y los dilemas morales que ensombrecieron sus años postreros. La directora abre majestuosamente el film con el banquete que en Río de Janeiro le brindan las autoridades locales y lo cierra también muy brillantemente en un largo y bellísimo plano final que condensa el llanto de los amigos, el dolor de los criados, la consternación de las autoridades, las pesquisas de la policía y del forense.

Un brioso colofón a una obra que denuncia la intolerancia y el bien distinto trato que dieron unos países a los necesitados de visados para huir de los nazis. Algo muy parecido, por desgracia, a lo que está ocurriendo en la actualidad con los fugitivos del cercano Oriente, víctimas de prolijos trámites burocráticos.

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