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Archive for the ‘Presentación’ Category

Hay tres verbos que sólo practican los sencillos: pedir, buscar, llamar. Si a estos verbos se les añade el adverbio “insistentemente” tenemos esbozado el programa de un verdadero seguidor de Jesús.

Pedir supone reconocer que no tenemos todo lo que necesitamos, tomar conciencia de nuestros límites, admitir que Alguien tiene más que nosotros. Piden los pobres y los mendigos. No piden los autosuficientes.

Buscar implica experimentar la atracción de algo que tira de nosotros, admitir que hay un tesoro por el que merece la pena arriesgarse, sentir el aguijoneo de muchas preguntas para las cuales no existen respuestas prefabricadas. No buscan los que han sucumbido a la rutina, los perezosos y los desesperanzados.

Llamar es dirigirse a alguien con la confianza de que vamos a ser escuchados, invocar una presencia que nos supera y que al mismo tiempo se hace cargo de nosotros. No llaman los que temen que no haya nadie al otro lado de la puerta, los que no está preparados para entrar en el caso de que se abra.

Insistentemente significa todos los días, a todas horas, no sólo en ciertos momentos críticos, o cuando no encontramos otra cosa mejor.

Estas lecciones esenciales se pueden explicar así, con un lenguaje un poco árido, o se pueden explicar diciendo: “Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene durante la medianoche …”. Evidentemente, Jesús elige el modo más eficaz. Y por eso nos remueve por dentro.

Cuando uno pide, recibe; cuando busca, encuentra; cuando llama, se le abre. ¿Qué recibimos y encontramos? La síntesis de todo lo que podemos recibir y encontrar es el Espíritu Santo; es decir, todo lo que necesitamos para decir “Abbá” y para reconocer con nuestros labios y nuestro corazón que “Jesús es Señor”.

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Hoy es 11 de octubre, jueves de la XXVII semana de Tiempo Ordinario.

Vengo a orar, un día más, para poner mi vida en tu presencia, Señor. Me dispongo a pedirte, a buscarte, a llamarte. Traigo conmigo muchos nombres, las circunstancias de cada día. Traigo palabras y silencios, preguntas, sentimientos. Todo esto lo pongo ahora ante ti. Te pido que seas luz en mi camino. Aquí estás, aquí estoy, preparando este encuentro.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 11, 5-13):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.” Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

Me invitas a insistir, a perseverar, a ser paciente cuando me asalte la impaciencia. Si la gente egoísta, a veces, cede por cansancio, ¿cómo no vas a responderme tú, que eres un Dios bueno y estás deseando ser guía en mi camino?

Me dices: pide y se te dará, llama y recibirás, busca y encontrarás. Pero, Señor, a veces no es así. a veces pido sin respuesta, busco sin descanso, llamo y sólo encuentro silencio. Es ahí donde tengo que perseverar o será quizás tu manera de responder. Es diferente de lo que yo imagino.

Respondo a tu invitación y te pido por lo que en este momento de la vida, me inquieta, me importa, me remueve. Tal vez tiene algo que ver conmigo o con el prójimo, con mi historia o con el mundo. Señor, abre una vez más, la puerta de tu casa, para darnos tu pan, tu paz y tu palabra.

Al volver a leer el evangelio, intento imaginar a Dios como ese padre bueno que está deseando dar lo mejor a sus hijos. Como ese amigo que busca cuidar del amigo. Como quien sabe, mejor que yo, lo que más necesito y le pido que me ayude a confiar en él.

Hay una petición que engloba a todas las demás: hágase tu voluntad. Con esa petición termino hoy mi oración. Te presento, Señor, mis inquietudes y anhelos, mis necesidades y proyectos. Mis gentes y mis miedos. Todo ello lo pongo a tu puerta y te pido que en todo se haga tu voluntad, que con eso me basta.

Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad. Todo mi haber y poseer. Vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta.

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Laudes – 11 de octubre

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Liturgia de las horas – 11 de octubre

LITURGIA DE LAS HORAS

JUEVES XXVII SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 

11 de octubre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Autor del cielo y el suelo,

que, por dejarlas más claras,

las grandes aguas separas,

Tú quedas cauce al riachuelo

y alzas la nube a la altura,

tú que en cristal de frescura

sueltas las aguas del río

sobre las tierras de estío,

sanando su quemadura,

danos tu gracia, piadoso,

para que el viejo pecado

no lleve al hombre engañado

a sucumbir a su acoso.

Hazle en al fe luminoso,

alegre en la austeridad,

y hágale tu claridad

salir de sus vanidades;

dale, Verdad de verdades,

el amor a tu verdad. Amén

           

 

SALMODIA

 

Ant. 1. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

 

Salmo 86

 

Él la ha cimentado sobre el monte santo,

y el Señor prefiere las puertas de Sión

a todas las moradas de Jacob.

 

¡Qué pregón tan glorioso para ti,

ciudad de Dios!

“Contaré a Egipto y a Babilonia

entre mis fieles;

filisteos, tirios y etíopes

han nacido allí.”

 

Se dirá de Sión: “Uno por uno

todos han nacido en ella;

el Altísimo en persona la ha fundado.”

 

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:

“Éste ha nacido allí.”

Y cantarán mientras danzan:

“Todas mis fuentes están en ti.”

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

 

 

Ant. 2. El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.

 

Cántico: Is 40, 10-17

 

Mirad, el Señor Dios llega con poder,

y su brazo manda.

Mirad, viene con él su salario

y su recompensa lo precede.

 

Como un pastor que apacienta el rebaño,

su brazo lo reúne,

toma en brazos los corderos

y hace recostar a las madres.

 

¿Quién ha medido a puñados el mar

o mensurado a palmos el cielo,

o a cuartillos el polvo de la tierra?

 

¡Quién ha pesado en la balanza los montes

y en la báscula las colinas?

¿Quién ha medido el aliento del Señor?

¿Quién le ha sugerido su proyecto?

 

¿Con quién se aconsejó para entenderlo,

para que le enseñara el camino exacto,

para que le enseñara el saber

y le sugiriese el método inteligente?

 

Mirad, las naciones son gotas de un cubo

y valen lo que el polvillo de balanza.

Mirad, las islas pesan lo que un grano,

el Líbano no basta para leña,

sus fieras no bastan para el holocausto.

 

En su presencia, las naciones todas, como si no existieran,

son ante él como nada y vacío.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.

 

 

Ant. 3. Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.

 

Salmo 98

 

El Señor reina, tiemblen las naciones;

sentado sobre querubines, vacile la tierra.

 

El Señor es grande en Sión,

encumbrado sobre todos los pueblos.

Reconozcan tu nombre, grande y terrible:

Él es Santo.

 

Reinas con poder y amas la justicia,

tú has establecido la rectitud;

tú administras la Justicia y el derecho,

tú actúas en Jacob.

 

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;

postraos ante el estrado de sus pies:

Él es Santo.

 

Moisés y Aarón con sus sacerdotes,

Samuel con los que invocan su nombre,

invocaban al Señor, y él respondía.

 

Dios les hablaba desde la columna de nube;

oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías,

tú eras para ellos un Dios de perdón

y un Dios vengador de sus maldades.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;

postraos ante su monte santo:

Santo es el Señor, nuestro Dios.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.

 

 

LECTURA BREVE           1P 4, 10-11

 

Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. El que toma la palabra, que hable palabra de Dios. El que se dedica al servicio, que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Te invoco de toco corazón, respóndeme, Señor.

R. Te invoco de toco corazón, respóndeme, Señor.

 

V. Guardaré tus leyes.

R. Respóndeme, Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Te invoco de toco corazón, respóndeme, Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Sirvamos al Señor con santidad, y nos librará de nuestros enemigos.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Sirvamos al Señor con santidad, y nos librará de nuestros enemigos.

 

 

PRECES

 

Demos gracias al Señor, que dirige y guía con amor a su pueblo, y digámosle:

Gloria a ti, Señor, por los siglos.

 

Padre clementísimo, te alabamos por tu amor,

— porque de manera admirable nos creaste, y más admirablemente aún nos redimiste.

 

Al comenzar este nuevo día, pon en nuestros corazones el anhelo de servirte,

— para que te glorifiquemos en todos nuestros pensamientos y acciones.

 

Purifica nuestros corazones de todo mal deseo,

— y haz que estemos siempre atentos a tu voluntad.

 

Danos un corazón abierto a las necesidades de nuestros hermanos,

— para que a nadie falte la ayuda de nuestro amor.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Acudamos ahora a nuestro Padre celestial, diciendo:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso y eterno: a los pueblos que viven en tinieblas y en sombra de muerte, ilumínalos con tu luz, ya que con ella nos ha visitado el Sol que nace de lo alto, Jesucristo, nuestro Señor. Que vive y reina contigo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

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Laudes – 29 de julio

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LITURGIA DE LAS HORAS

DOMINGO XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

29 de julio

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Venid aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva. Aleluya.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Es domingo; una luz nueva

resucita la mañana

con su mirada inocente,

llena de gozo y de gracia.

 

Es domingo; la alegría

del mensaje de la Pascua

es la noticia que llega

siempre y que nunca se gasta.

 

Es domingo; la pureza

no sólo la tierra baña,

que ha penetrado en la vida

por las ventanas del alma.

 

Es domingo; la presencia

de Cristo llena la casa:

la Iglesia, misterio y fiesta,

por él y en él convocada.

 

Es domingo; “éste es el día

que hizo el Señor”, es la Pascua,

día de la creación

nueva y siempre renovada.

 

Es domingo; de su hoguera

brilla toda la semana

y vence oscuras tinieblas

en jornadas de esperanza.

 

Es domingo; un canto nuevo

toda la tierra le canta

al Padre, al Hijo, al Espíritu,

único Dios que se salva. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.

 

Salmo 62, 2-9

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.

 

 

Ant. 2. En medio de las llamas, los tres jóvenes, unánimes, cantaban: “Bendito sea el Señor.” Aleluya.

 

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

 

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

 

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

 

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

 

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

 

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

 

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

 

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

 

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

 

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

 

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

 

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

 

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

 

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

 

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

 

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

 

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

 

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

 

No se dice Gloria al Padre.

 

Ant. 2. En medio de las llamas, los tres jóvenes, unánimes, cantaban: “Bendito sea el Señor.” Aleluya.

 

 

Ant. 3. Que los hijos de Sión se alegren por su Rey. Aleluya.

 

Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Que los hijos de Sión se alegren por su Rey. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE         Ap 7, 10. 12

 

¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero! La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

R. Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

 

V. Tú que te has manifestado hoy.

R. Ten piedad de nosotros.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Un muchacho ofreció cinco panes de cebada y un par de peces. Jesús dijo la acción de gracias y los repartió, todo lo que quisieron.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Un muchacho ofreció cinco panes de cebada y un par de peces. Jesús dijo la acción de gracias y los repartió, todo lo que quisieron.

 

 

PRECES

 

Glorifiquemos al Señor Jesús, luz que alumbra a todo hombre y Sol de justicia que no conoce el ocaso, y digámosle:

¡Oh Señor, vida y salvación nuestra!

 

Creador del universo, al darte gracias por el nuevo día que ahora empieza,

— te pedimos que el recuerdo de tu santa resurrección sea nuestro gozo durante este domingo.

 

Que tu Espíritu Santo nos enseñe a cumplir tu voluntad.

— y que tu sabiduría dirija hoy nuestras acciones.

 

Que, al celebrar la eucaristía de este domingo, tu palabra nos llene de gozo,

— y la participación en tu banquete haga crecer nuestra esperanza.

 

Que sepamos contemplar las maravillas que tu generosidad nos concede,

— y vivamos durante todo el día en acción de gracias.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor.

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Oh Dios, protector de los que en ti esperan, sin ti nada es fuerte ni santo; multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros, que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

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VÍSPERAS

MARTES XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Estoy, Señor, en la ribera sola

del infinito afán. Un niño grita

entre las olas, contra el viento yermo:

 

A través de la nada,

van mis caminos

hacia el dolor más alto,

pidiendo asilo.

 

La espuma me sostiene,

y el verde frío

de las olas me lleva,

pidiendo asilo.

 

Hacia el amor más alto

que hay en mí mismo,

la esperanza me arrastra,

pidiendo asilo.

 

Gloria al Padre, y al Hijo,

y al Espíritu Santo. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. El Señor rodea a su pueblo.

 

Salmo 124

 

Los que confían en el Señor son como el monte Sión:

no tiemblan, está asentado para siempre.

 

Jerusalén está rodeada de montañas,

y el Señor rodea a su pueblo

ahora y por siempre.

 

No pesará el cetro de los malvados

sobre el lote de los justos,

no sea que los justos extiendan

su mano a la maldad.

 

Señor, concede bienes a los buenos,

a los sinceros de corazón;

y a los que se desvían por sendas tortuosas,

que los rechace el Señor con los malhechores.

¡Paz a Israel!

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. El Señor rodea a su pueblo.

 

 

Ant. 2. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

 

Salmo 130

 

Señor, mi corazón no es ambicioso,

ni mis ojos altaneros;

no pretendo grandezas

que superan mi capacidad;

sino que acallo y modero mis deseos,

como un niño en brazos de su madre.

 

Espere Israel en el Señor

ahora y por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

 

 

Ant. 3. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios

 

Cántico: Ap 4, 11; 5, 9. 10. 12

 

Eres digno, Señor Dios nuestro,

de recibir la gloria, el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

 

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y por tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes

y reinan sobre la tierra.

 

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,

la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

 

 

LECTURA BREVE         Rm 12, 9-12

 

Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

 

V. Tu fidelidad de generación en generación.

R. Más estable que el cielo.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

 

 

PRECES

 

Invoquemos a Dios, que ha infundido la esperanza en nuestros corazones, y digámosle:

Tú eres la esperanza de tu pueblo, Señor.

 

Te damos gracias, Señor, porque, en Cristo, tu Hijo, hemos sido enriquecidos en todo:

— en el hablar y en el saber.

 

En tus manos, Señor, están el corazón y la mente de los que gobiernan;

— dales, pues, acierto en sus decisiones, para que te sean gratos en su pensar y obrar.

 

Tú que concedes a los artistas inspiración para plasmar la belleza que de ti procede,

— haz que con sus obras aumente el gozo y la esperanza de los hombres.

 

Tú que no permites que la prueba supere nuestras fuerzas,

— da fortaleza a los débiles, levanta a los caídos.

 

Tú que, por boca de tu Hijo, nos has prometido la resurrección en el último día,

— no te olvides para siempre de los que ya han sido despojados de su cuerpo mortal.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Nuestra oración vespertina suba hasta ti, Padre de clemencia, y descienda sobre nosotros tu bendición; así, con tu ayuda, seremos salvados ahora y por siempre. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

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Hoy es 11 de junio, lunes de la X semana de Tiempo Ordinario.

Hoy celebramos la fiesta de San Bernabé, apóstol y compañero de San Pablo. Me dispongo para comenzar la oración. Intento hacer silencio en mi interior y prepararme para escuchar, un día más, la palabra de Dios. Hoy quiero dedicar otra vez, tiempo a este encuentro. Escucho y dejo que sus palabras me lleguen. Hoy tengo la oportunidad de poner mi hambre y mi sed en manos de Dios. Él me conoce.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 10, 7-13)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «ld y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.»

Jesús me llama. Jesús nos llama. Hace 2000 años, Jesús envió a sus discípulos y hoy es a mí a quien envía a acercar el reino de los cielos. Siento ese envío. Siento que hay misión en mi vida.

Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios, lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. Así es el reino de los cielos del que habla Jesús. Siento  su llamada a trabajar por este reino, en mi vida concreta, hoy, aquí.

Vuelve a escuchar estas palabras entre Jesús y sus apóstoles. Son los consejos de un amigo que habla con sus amigos. Es un diálogo de corazón a corazón. Puedes pedir a Jesús tener sus mismos sentimientos, su mismo corazón. Deja que sus palabras entren en ti. Él te elige y te envía: Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Esta palabra, hoy, se dirige a ti.

Puede que en tu oración, hayan surgido preguntas, sentimientos, deseos. Háblale tú a Jesús. Comparte con él esos sentimientos que hayan despertado en ti su palabra. ¿Qué te llama más la atención de este evangelio? ¿Qué te viene a la cabeza y al corazón al escuchar su palabra?

Ligero de equipaje
 
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Antonio Machado

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

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VÍSPERAS

MARTES DENTRO DE LA OCTAVA

 

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

HIMNO

 

Porque anochece ya,

porque es tarde, Dios mío,

porque temo perder

las huellas del camino,

no me dejes tan solo

y quédate conmigo.

 

Porque he sido rebelde

y he buscado el peligro

y escudriñé curioso

las cumbres y el abismo,

perdóname, Señor,

y quédate conmigo.

 

Porque ardo en sed de ti

y en hambre de tu trigo,

ven, siéntate a mi mesa,

bendice el pan y el vino.

¡Qué aprisa cae la tarde!

¡Quédate al fin conmigo! Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

 

Salmo 109, 1-5. 7

 

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies.»

 

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

 

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

 

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno

según el rito de Melquisedec.»

 

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

 

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

 

Salmo 113 A

 

Cuando Israel salió de Egipto,

los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,

Judá fue su santuario,

Israel fue su dominio.

 

El mar, al verlos, huyó,

el Jordán se echó atrás;

los montes saltaron como carneros;

las colinas, como corderos.

 

¿Qué te pasa, mar, que huyes,

y a ti, Jordán, que te echas atrás?

¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;

colinas, que saltáis como corderos?

 

En presencia del Señor se estremece la tierra,

en presencia del Dios de Jacob;

que transforma las peñas en estanques,

el pedernal en manantiales de agua.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Venid a ver el sitio donde yacía el Señor. Aleluya.

 

 

Ant. 3. Jesús dijo: “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis”. Aleluya.

 

Cántico: Ap 19, 1-7

 

Aleluya.

La salvación, y la gloria, y el poder son de nuestro Dios.

Aleluya.

Porque sus juicios son verdaderos y justos.

Aleluya.

 

Aleluya.

Alabad al Señor sus siervos todos.

Aleluya.

Los que le teméis pequeños y grandes.

Aleluya.

 

Aleluya.

Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.

Aleluya.

Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.

Aleluya.

 

Aleluya.

Llegó la boda del cordero.

Aleluya.

Su esposa se ha embellecido.

Aleluya.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Jesús dijo: “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me veréis”. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE           1P 2, 4-5

 

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Mientras estaba llorando, vi a mi Señor. Aleluya.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Mientras estaba llorando, vi a mi Señor. Aleluya.

 

 

PRECES

 

Aclamemos alegres a Cristo, que después de ser sepultado en el seno de la tierra resucitó gloriosamente a una vida nueva, y digámosle confiados:

Rey de la gloria, escúchanos.

 

Te rogamos Señor, por los obispos, los presbíteros y los diáconos: que sirvan con celo a tu pueblo

— y lo conduzcan por los caminos del bien.

 

Te rogamos, Señor, por los que sirven a la Iglesia con el estudio de tu palabra:

— que escudriñen tu doctrina con pureza de corazón y deseo de adoctrinar a tu pueblo.

 

Te rogamos, Señor, por todos los fieles de la Iglesia: que combatan bien el combate de la fe,

— y, habiendo corrido hasta la meta, alcancen la corona merecida.

 

Tú que en la cruz clavaste y borraste el protocolo que nos condenaba,

— destruye también en nosotros toda clase de esclavitud y líbranos de toda tiniebla

 

Tú que al bajar al lugar de los muertos abriste las puertas del abismo,

— recibe a nuestros hermanos difuntos en tu reino.

 

Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Señor nos enseñó:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Tú, Señor, que nos has salvado por el misterio pascual, continúa favoreciendo con dones celestes a tu pueblo, para que alcance la libertad verdadera y pueda gozar de la alegría del cielo, que ha empezado a gustar en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. Podéis ir en paz. Aleluya, aleluya.

R. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.

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