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Archive for the ‘Recursos’ Category

Comienza un nuevo curso. Como educador, tienes una misión que llevar a cabo. El Maestro por excelencia, Jesús de Nazaret, te ha encomendado a un grupo de jóvenes. Malos o buenos, vagos o trabajadores, comprometidos o pasotas… ¡Es igual! Lo realmente importante es que Él te los ha enviado y un día te pedirá cuentas de cada uno de ellos…

Comienza un nuevo curso. El Maestro te está esperando… ¡Adelante!

I (Jn 6, 1-7)

Tras las vacaciones veraniegas, llegas a tu zona de trabajo. Comienzan nuevamente las prisas, los papeleos, el trabajo en grupo, los grandes disgustos y, por lo general, las pequeñas satisfacciones… Al ver el listado de tus chicos, su historial académico y, sobre todo, la experiencia de cursos pasados, te haces la misma pregunta que te atormenta todos los días (y si no es así, mal vamos) y a la que no consigues dar respuesta alguna:

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p style=”padding-left:30px;text-align:justify;”>– ¿Dónde podría conseguir “la fórmula mágica” para “tocar” la mente y el corazón de mis chicos? 


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p style=”padding-left:30px;text-align:justify;”>– ¿Dónde podría adquirir “el alimento nutritivo” (nada de comida basura) que despierte el apetito de mis jóvenes y les sacie su hambre por aprender las grandes lecciones de la vida? 


Es entonces cuando aparece tu yo más pesimista, tu colega de profesión más agorero, y te responde:

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p style=”padding-left:30px;text-align:justify;”>
- ¡Imposible! Lo mejor es dejar pasar las horas, los días, las semanas cuanto antes, y que lleguen nuevamente las vacaciones, pues con estos… (te dejo a ti poner el adjetivo que más 
te guste) no hay nada que hacer. 


II (Jn 6, 8-9)

Y empiezas a recopilar libros, a elaborar adaptaciones, a echar mano de los grandes maestros de la educación y… ¡Y nada! Sin embargo no te vienes abajo (¡tú eres un ganador!) y comienzas a pensar en tus chicos:

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p style=”padding-left:30px;text-align:justify;”>–  El que se sienta al final de la clase, ése es un líder, puede venirme bien… 


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p style=”padding-left:30px;text-align:justify;”>–  La chica que estuvo enferma el curso pasado, la encanta ayudar a los demás… 


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p style=”padding-left:30px;text-align:justify;”>–  ¡Puff!, está el que estropea mis reuniones, siempre hablando, siempre protestando…; si su deseo de llevar la voz cantante, su inconformismo, sus aires revolucionarios, los pusiera al servicio del grupo… 


Y sigues pensando en cada uno de tus chicos. Y cada uno tiene algo bueno, algo que puede favorecer al grupo. Y entonces te marcas el firme propósito de sacar de cada uno de ellos lo mejor que tienen (aunque no sea mucho, aunque sea poco, aunque no sea casi nada).

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p style=”text-align:center;”>III (Jn 6, 10-15)

Comienza un nuevo curso. No te preocupes, ¡has dado con “la fórmula mágica”! Los resultados llegarán, el Maestro se encargará de ello, no te quepa la menor duda… Tú a trabajar y a sacar de tus jóvenes lo mejor que tienen. Dios obrará el milagro, la multiplicación. Dios se ocupará de que el corazón y la mente de tu grupo quede saciado, rebosante, feliz.

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p style=”text-align:right;”>José María Escudero

 

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La vocación

La mayoría de nosotros empezamos a planificar nuestra vida durante la adolescencia y la primera juventud, por ejemplo si vamos a estudiar una carrera, o vamos a seguir una formación profesional. A lo largo de los años sucesivos vamos tomando decisiones, cada vez de mayor envergadura, en uno u otro sentido según los planes que nos hayamos hecho: qué trabajo deseamos, qué estado de vida queremos… Al llegar a la edad madura solemos decir que uno ya tiene “su vida hecha” en lo referente a los aspectos fundamentales, como pueden ser trabajo y familia. Pero a veces alguna circunstancia da un vuelco a la vida y hay que volver a replantearse todo, y sentimos que se nota el paso de los años, que hay cosas que es más fácil realizar cuando se es joven, que en la vida adulta.

Es necesario que hagamos planes, porque el ser humano no tiene “su vida hecha”. La persona, a diferencia de los animales, está llamada a ir construyendo su propia existencia, no puede limitarse a vivir “a salto de mata”, atendiendo las tareas y problemas que a diario vayan surgiendo, sino que debe tener una planificación, a más largo plazo, de lo que quiere ser y de lo que quiere conseguir.
Pero como creyentes, en esa planificación debemos tener en cuenta a Dios, y estar abiertos a lo que hemos escuchado en la 1ª lectura: Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos. Y estas palabras no debemos verlas como algo negativo, sino todo lo contrario: con Dios nuestros planes, nuestras expectativas, se amplían más allá de lo que podemos imaginar, por eso continúa diciendo el profeta Isaías: Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes. La fe cristiana afecta a todas las dimensiones de la vida y Dios, al ofrecernos esos “planes más altos”, lo que desea es que maduremos y crezcamos como personas.

Cuando tenemos en cuenta a Dios al planificar nuestra vida, estamos dando un paso fundamental: estamos entendiendo la propia vida como una vocación. Y la vocación no es algo reservado a “curas y monjas”; es la llamada que Dios hace a toda persona para que pueda descubrir el sentido profundo de su existencia. Y como cristianos respondemos a esa vocación con “nuestros” planes.
Y la vocación no afecta solamente a las grandes decisiones fundamentales; la vocación se concreta sobre todo en lo cotidiano, en lo pequeño, en cómo marca Dios mi vida diaria. Y en esa cotidianidad, vivida como vocación, experimentaremos como San Pablo: Para mí la vida es Cristo.

Además, la vocación tampoco es algo “cerrado”, no se produce sólo una vez en la vida. Como hemos dicho, a veces ocurren circunstancias que dan un vuelco a nuestra vida, y de nuevo hemos de plantearnos nuestro futuro, pero siempre como vocación, tengamos la edad que tengamos, porque aunque nuestros planes aparentemente se vayan al traste, Dios continúa llamándonos todos los días, como el propietario de la parábola del Evangelio, que sale a contratar jornaleros para su viña al amanecer, a media mañana, hacia mediodía y a media tarde, incluso al caer la tarde. Dios siempre nos va a llamar para ofrecernos “sus planes” que superan lo que nosotros podemos imaginar o desear.

¿Cómo fui planificando mi vida? ¿Cuáles son ahora mis planes a medio y largo plazo? ¿Creo que tengo ya mi vida hecha? ¿He sufrido algún vuelco en mi vida que me haya obligado a replanteármela casi desde el principio? ¿Entiendo mi vida como vocación? ¿Hago mi Proyecto Personal de Vida Cristiana para tener presente a Dios a la hora de elaborar “mis planes”? ¿Si “sus planes” fueran diferentes a los míos lo aceptaría?

La vocación llena y supera a la persona. Dios mismo nos llama a trabajar en su viña, y nunca es tarde para responderle. Dios no viene a truncar nuestros planes, sino a dar a nuestra vida el mayor contenido y sentido. Por eso, hemos de esforzarnos en entender nuestra vida como vocación y contar con Él en nuestro caminar y en nuestras decisiones.

Como indica el material de reflexión de ACG Laicos de parroquia caminando juntos: Nuestro reto es descubrir en nuestra vida la dinámica del amor de Dios y, desde ahí, ser capaces de tenerle siempre presente en lo que vemos y hacemos; pero no para hablar con Él sin más; sino para ponernos en sus manos y preguntarle constantemente: “Señor, ¿qué quieres de mí?”. En lo rutinario y en lo extraordinario, en lo imprevisto y en lo planificado, en lo que parece nimio y en lo importante. La vocación no es una cuestión puntual, es un estilo de vivir.

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El Dios sorprendente

      A los lectores primerizos de la Biblia esta parábola les suele sorprender. No entienden como Jesús puede poner como ejemplo de comportamiento la injusticia patente en que incurre el propietario de la viña. Es una norma aceptada en nuestros días que el salario debe corresponder al trabajo realizado. Pero es que la parábola no habla de eso sino de Dios y de su modo de ser. Entonces, ¿es que Dios es injusto? ¿Es que no paga a cada uno según sus obras?

      Hay unas palabras al final de la parábola que nos facilitan entender el sentido del conjunto. Son las que el dueño de la viña dirige a los trabajadores que protestan por haber recibido menos de lo esperado: “¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. De alguna manera son palabras que Dios nos dirige a cada uno de nosotros. Es una frase que va desde la inmensidad del ser de Dios a la pequeñez de nuestro ser criaturas, a nuestra miopía. Denuncia nuestro afán de manipular a Dios, de querer que Dios actúe y sea como nosotros pensamos que debe actuar y ser. ¿Cuántas veces en la historia no le hemos hecho a Dios bendecir guerras y venganzas?

      Esta parábola insinúa que no tenemos mucha idea de cómo es Dios. Lo poco que sabemos de él es porque nos lo ha revelado Jesús. Y lo que Jesús nos dice es que es un Padre, o mejor un “papaíto” (eso es lo que significa “Abbá”). Que nos quiere y que nos mira siempre con ojos de cariño y misericordia. Más allá de eso sabemos muy poco o nada. Como dice la primera lectura, “como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros”. No hay forma de que podamos entender a Dios, introducirlo en nuestra mente y expresarlo en nuestras categorías y formas de hablar. Dios siempre nos sorprenderá con la infinitud de su amor. Por eso, Jesús no encontró modo mejor de hablar de él que usar estas historias. Así, por comparación, podríamos atisbar un poco lo que es Dios, el amor que nos tiene, su capacidad de acogida, su voluntad de darnos la vida plena. Por eso Pablo, que había abierto totalmente su corazón a Dios, pudo decir: “para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir”. Mejor es que no tratemos de manipular a Dios y que simplemente le aceptemos tal y como se nos reveló en Jesús. 

Para la reflexión

 ¿Cuántas veces hemos usado a Dios para justificar nuestras decisiones? ¿Y en la comunidad? Lo cierto es que sería mejor abrir bien los ojos a la sorpresa de Dios. Leyendo más la Biblia comprenderemos que sólo estaremos en onda con Dios cuando amemos, perdonemos y acojamos a nuestros hermanos como él lo hace.

Fernando Torres, cmf

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Esta parábola describe la suerte que puede correr la palabra de Dios, es decir, el mensaje que Jesús está proclamando por pueblos y aldeas. Frente al aparente fracaso actual, en el futuro producirá el ciento por uno. La palabra de Dios no puede fallar, como recuerda Isaías: “Como la lluvia y la nieve caen del cielo, y sólo vuelven allí después de haber empapado la tierra, de haberla fecundado y hecho germinar, para que dé semiente al que siempre y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío” (Is 55, 10-11).

Después de la parábola viene una explicación alegórica, reflejo de la interpretación que de ella hizo la iglesia primitiva, y que acentúa la diversidad de respuestas a la palabra. El designio de salvar a todos está condicionado por la actitud que cada uno adopta ante el mensaje de Jesús.

Lucas pone el acento en la semilla más que en el sembrador; y parece referirse no sólo a la predicación  histórica de Jesús, sino también a la proclamación que hace la iglesia de esa misma palabra a lo largo de la historia.

Hay como cuatro categorías de oyentes:

  1. Los incrédulos: Dios les da en su palabra luz, pero el diablo se la roba y así les impide la fe y la salvación;
  2. Los débiles: La semilla se seca por falta de agua; no tienen raíces, pues aunque al principio creen, es sólo de forma pasajera. Cuando llega la tentación sucumben, reniegan de la fe y caen en la apostasía definitiva;
  3. Los sofocados por las preocupaciones egocéntricas, por las riquezas y los placeres y comodidades de la vida. No es un fracaso repentino, sino que van decayendo lentamente. Están en el buen camino, pero no alcanzan nunca la meta fijada por Dios. Su fe no llega a madurar, ya que carece de perseverancia y su conducta se relaja.
  4. El éxito del ciento por uno es una cosecha milagrosa.

La actitud que se condena con mayor severidad es el apego a lo que se posee, por eso la adhesión a la palabra es lo que más adecuadamente  describe la vida cristiana, que consiste en caminar tras los pasos de Jesús.

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La violencia en familia

“Si me tocas suave y dulcemente,
Si me miras y me sonríes,
Si me escuchas algunas veces, antes de hablar tú…
Yo creceré, creceré de verdad.”
Bradley

Miguel es el más pequeño de cuatro hermanos, pertenece a una familia de clase media alta con un cierto nivel cultural y religioso. Su madre es una mujer bastante exigente con una especie de obsesión por cumplir y “hacer cumplir” a sus hijos sus propias normas morales.

Miguel, mientras era pequeño, fue un niño dócil, inteligente, alegre y abierto; no creaba ningún problema en la familia. Fue en la adolescencia, en la relación con su grupo de amigos y amigas cuando empezó a darse cuenta de que en él había algo diferente a los otros; le gustaba más estar con los chicos que con las chicas. Aunque esto en esa edad puede ser muy natural, poco a poco sentía también atracción sexual hacia ellos.

Comenzó una lucha en su interior y un gran desasosiego. Se hacía preguntas: “¿Por qué no soy como los demás?”, “¿quién soy yo?”. Se sentía inferior. Se recluyó en sí mismo y su carácter cambió. No podía estudiar y se volvió violento en sus respuestas.

Sus padres le preguntaban, pero el silencio era su respuesta. Un día, no pudiendo soportar más la tensión, decidió contarles la causa de su angustia. La reacción, sobre todo de su madre fue de indignación, rechazo e intolerancia. No quisieron escuchar ni preguntar más. Le decían que era el ambiente de los amigos el que le habría influído y que todo eso era reprochable y una depravación que no se podía consentir en una familia como la suya.

A partir de este momento su sufrimiento aumentó, se sintió solo e incomprendido y supo que no podía contar con ellos. Al poco tiempo entró en una crisis de ansiedad y depresión. Sus padres le convencieron para que fuera a un psiquiatra, pues pensaban que con una terapia se le cambiarían todas esas ideas. Él accedió solo por no contrariarlos más.

En los encuentros con el psiquiatra apenas hablaba. Tuvo la suerte de encontrarse con un gran profesional que supo empatizar con él. Poco a poco, Miguel empezó a sentir que alguien le escuchaba y que penetraba en su interior, comprendiendo su angustia y su problema. Fue abriendo su alma, rompió el dique que tanto le aprisionaba y llorando amargamente expresó que se sentía como una basura y con un gran sentimiento de culpa.

En la terapia planificaron un proceso de discernimiento, enfrentándose a su realidad sin temor. Fue largo pero con un final en el que vio claramente que era homosexual, que tenía que enfrentarse a aceptarlo y sobre todo a aceptarse a sí mismo con su peculiaridad. Como persona salió fortalecido y con una paz interior.

Unos días después sus padres fueron a visitar al psiquiatra, y quedaron sorprendidos cuando este les explicó: “vuestro hijo no tiene ningún problema con su identidad sexual; su principal fuente de sufrimiento y lo que le ha llevado a la depresión ha sido sentirse incomprendido por su familia, pensar que había dejado de ser amado y valorado”.

Ya recuperado, Miguel siguió sus estudios. Cuando terminó, comprendió que tanto su familia como su entorno social le impedían realizarse como persona. Se fue al extranjero y allí encontró trabajo. El precio que pagó fue alto al dejar sus lazos afectivos y su país. Fue la única salida que encontró para poder sentirse en armonía consigo mismo.

REFLEXIÓN

La idea equivocada de que ser homosexual es anti-natural y una patología aberrante ha creado un prejuicio social que impide a muchas personas vivir aceptando su realidad y ser felices. Ha creado en muchos casos trastornos mentales al no saber resolver el conflicto. La homosexualidad es una característica más del ser humano aunque se dé en porcentajes más pequeños. La orientación sexual no determina la valía de las personas.

INTERROGANTES

• ¿Podemos ignorar este problema como si no existiese?

•¿Le damos en nuestra sociedad más importancia a los conceptos que a las personas?

•¿Deberíamos informarnos mejor sobre este hecho?

• El caso que ilustramos tuvo un final positivo debido a las características de este chico, pues era psicológicamente fuerte, y la ayuda acertada que recibió. Pero, ¿qué final podría haber tenido si no se hubiesen dado estas condiciones como ocurre en muchos casos?

•¿Podemos describir este caso como violencia de la familia?

•¿Cómo se hubiera sentido Miguel si sus padres le hubiesen comprendido y ayudado dejando a un lado los prejuicios y conceptos?

Conchita Calderón Aguilar

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No hace falta ser una teóloga feminista para vibrar con el evangelio de hoy. Los elementos sustanciales forman parte de nuestro acervo bíblico. Hay un paralelismo entre lo que Lucas dice del grupo de los doce varones en el capítulo 5 y lo que dice en el capítulo 8 que hoy leemos del grupo de las tres mujeres (María Magdalena, Juana, Susana) y el resto de sus compañeras.

El “curriculum” de estas mujeres, sus méritos para entrar a formar parte de la comunidad de discípulos, es desconcertante. No se alude a cualidades especiales, ni a títulos de ningún tipo. Lo que estas mujeres tienen en común, y lo que a Lucas le interesa subrayar, es que “habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades”. Son mujeres que se sienten curadas por Jesús. Responden entregando sus personas (“lo acompañan por el camino”) y sus bienes.

Quizás sea posible extraer conclusiones enérgicas sobre el papel de la mujer en la iglesia de Jesús, sobre el paralelismo entre los doce y el grupo de mujeres. La teología contemporánea ya ha explorado varias vías en este sentido. Pero lo que en ningún caso debe pasar a segundo plano es el hecho más resaltado por Lucas: las seguidoras son mujeres curadas por Jesús.

La experiencia de la curación es la puerta de ingreso en la comunidad discipular. ¿No os parece que este hecho nos brinda una clave para entender por qué a menudo somos remisos en nuestra entrega?

Si nunca hemos tomado conciencia de nuestras heridas y enfermedades, si no hemos experimentado el toque sanador de Jesús, ¿en virtud de qué extraño voluntarismo vamos a entregarnos con total dedicación a su persona y a su causa?

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Nace en Balsareny, comarca del Bages, el 16 de febrero de 1928. De muy joven ingresa en el seminario menor de la diócesis de Vic. El deseo de ir a “misiones” hace que ingrese en la congregación claretiana, los Misioneros del Inmaculado Corazón de María. En 1968, es enviado al Mato Grosso (Brasil). La Misión tiene 150.000 km2, de ríos, “sertão” y floresta, al noreste del Mato Grosso, dentro de la Amazonia llamada “legal”, entre los ríos Araguaia y Xingu, lugar de extrema pobreza, sin médico, correo, luz, teléfono, telégrafo… La Misión se convierte en Prelatura: Prelatura de Sao Félix do Araguaia.

En 1970 escribe un informe-denuncia sobre la situación de explotación y abusos que reciben los peones. Comienza a recibir advertencias de los terratenientes y latifundistas. La policía federal controla sus pasos.

A pesar de los enemigos que va ganando, el Papa Pablo VI decide nombrarlo obispo.. El 23 de octubre de 1971 es consagrado obispo de la nueva prelatura de Sao Felix. Su mitra es un sombrero de paja, su báculo un remo de madera, su anillo episcopal lo envía a su madre… En su primera carta pastoral denuncia la realidad que vive: hechos, estafas, chantajes, invasiones, malos tratos, torturas… Estos son los Objetivos y líneas básicas de la pastoral de la Prelatura: la encarnación en la pobreza, en la lucha y en la esperanza del pueblo, la educación liberadora por la

concienciación y la promoción humana y la denuncia profética, pero dejando que sea el pueblo protagonista de su propia historia.

Las amenazas a la vida de Casaldáliga y su equipo han sido permanentes. En la lista de pequeños mártires de la lucha de cada día por la defensa de los derechos de todos, se añadió un nombre: Joao Bosco Burnier, sacerdote jesuita, asesinado por la policía confundiéndole con él.

En 1988, en su primera visita “ad limina” a la Santa Sede, se entrevista con Juan Pablo II y se hacen evidentes las discrepancias con Roma. En 2003 Pedro cumple los 75 años y presenta la renuncia al Papa, que es aceptada. Casaldáliga continúa siendo una voz referente de las causas de los más pobres. Actualmente, recluido en casa de un amigo misionero, a más de mil kilómetros de distancia de su gente, y soportando pacientemente su enfermedad, a los 89 años de edad.

SU ESPIRITUALIDAD

“Vamos hacia la vida. Venceremos hasta la muerte. A nosotros nos toca esperanzar a ese mundo desesperanzado”. “Canta y camina”, exhortaba san Agustín, mientras se venía abajo el Imperio Romano. Cantemos y caminemos, que otros imperios se vendrán abajo también. Mientras el Reino prosigue”.

ALGUNAS FRASES SUYAS

«Nunca he defendido ni defiendo la lucha ar- mada ni la caída del régimen. Ni las guerrillas. Soy, eso sí, totalmente contrario a toda dictadura, capitalista o comunista, militar o civil. Estoy contra toda violencia y contra todo lo que atenta contra los derechos humanos, sea en América Latina o en la Siberia.» (Declaraciones a la revista Yelda, año 1977).

“Solamente amo al prójimo en la medida en que salgo, libre, abierto, solidario, al encuentro del próximo, aproximándome a él, aproximándole a mi.”

“Causas específicamente de nuestra América: la tierra, el agua, la ecología; las naciones indígenas; el pueblo negro; la solidaridad; la verdadera integración continental; la erradicación de toda marginación, de todo imperialismo, de todo colonialismo; el diálogo interreligioso, e intercultural; la superación de ese estado de esquizofrenia humana que es la existencia de un primer mundo y un tercer mundo (y un cuarto mundo también) cuando somos un solo mundo, la gran familia humana, hija del Dios de la vida. (…) El objetivo y la mediación de to- das esas causas nuestras se pueden formular en este postulado: Humanizar la Humanidad, practicando la proximidad”.

Vídeos:

https://www.youtube.com/watch?v=xJQYXqKuqyQ (biografía: 4’17)
https://www.youtube.com/watch?v=Xnzy4y44kZs (entrevista: 8’25)
Referencia: http://servicioskoinonia.org/

PARA GRAFITEAR

“Vamos hacia la vida. Venceremos hasta la muerte”

UNA ORACIÓN

Mi fuerza y mi fracaso, eres tú.
Mi herencia y pobreza, eres tú.
Tú, mi justicia, Jesús,

mi guerra y mi paz,
mi libre libertad.
Mi muerte y mi vida, tú.
Palabras de mis gritos,
silencio de mi espera,
testigo de mi sueños,

cruz de mi cruz, tú.
Perdón de mis pecados,
juez de mi pobre llanto,
razón de mi esperanza,

mi tierra prometida,
tú, Jesús.

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