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Archive for the ‘San Gregorio Magno’ Category

GREGORIO MAGNO, DE LA FAMILIA DE LOS ANICIOS 

Familia profundamente cristiana de la que ha llegdo a los altares; sus padres y sus dos tías, Társila y Emiliana. En este ambiente de religiosidad se desarrolló su espíritu mientras Roma llegaba a lo más bajo de la curva de su caída. Cuando el poder imperial fue restablecido en Roma, en manos ya de Constantinopla, Gregorio comienza su formación cultural. No sobresale en la literatura, pero sí en los estudios jurídicos, donde encuentra una magnífica preparación para sus futuras actividades. Terminada su carrera de Derecho, acepta del emperador Justino II el cargo de prefecto de Roma, con todas las funciones administrativas y judiciales.

GREGORIO MONJE

Per su corazón aspiraba a cosas más altas, y tras una desgarradora lucha interior, que manifiesta en una carta a su amigo San Leandro de Sevilla, Roma ve un día cómo su prefecto cambia sus ricas vestiduras por los austeros hábitos de los campesinos que San Benito había adoptado para sus monjes. Su mismo palacio del monte Celio fue transformado en monasterio. Gregorio es feliz en la paz del claustro, aunque pronto será arrancado de ella por el mismo Sumo Pontífice, que le envía como Nuncio a Constantinopla. De aquí en adelante añorará siempre aquellos cuatro años de vida monacal.

EL MONJE GREGORIO, PAPA

En 586, llega a Roma cuando las aguas del Tíber se desbordan y siembran la desolación. Personas ahogadas, palacios destruidos, hambre y la peste. Una de las víctimas de la peste es el Papa Pelagio II. Y Gregorio es elegido Papa para suderer a Pelagio, quedando apartado de la soledad que buscaba en el monasterio. Ya no vivirá más la paz de la vida monacal, pero la espiritualidad de aquellos hombres entregados a la oración le marcará para siempre. En su fecundo Pontificado, destaca su celo por la liturgia, la organización definitiva del canto litúrgico, que se conoce aún con el nombre de “canto gregoriano”. Era el “Psalite sapienter” del salmo y de San Benito, cuyo estilo y estética litúrgicos, ha heredado también Benedicto XVI, a más del nombre del Fundador de los Monjes de Occidente y Patrono de Europa: San Benito.

Gregorio es el pastor auténtico, que quiere lo mejor para sus ovejas que viven en la unidad del mismo Amor. No ahorrará para ello trabajos ni sacrificios. Su voz se levanta potente y su pluma escribe sin descanso; el que no había sobresalido en sus estudios literarios nos ha legado un tesoro inagotable en sus escritos, de estilo sencillo y cordial. Y no se contenta con las ovejas que ya están en el verdadero redil; su corazón se lanza a la conquista de Inglaterra, ganándola para el catolicismo. Para todos es el padre amante, cuyas preocupaciones son las de sus hijos. Su honor es el de la Iglesia universal y su grandeza el ser y llamarse “Siervo de los siervos de Dios”, título que pasarán a utilizar desde entonces todos los Papas.

VIRTUDES DEL PASTOR

“Importa que el pastor sea puro en sus pensamientos, intachable en sus obras, discreto en el silencio, provechoso en las palabras, compasivo con todos, más que todos levantado en la contemplación, compañero de los buenos por la humildad y firme en velar por la justicia contra los vicios de los delincuentes. Que la ocupación de las cosas exteriores no le disminuya el cuidado de las interiores y el cuidado de las interiores no le impida el proveer a las exteriores”, escribe San Gregorio Magno en su “Regla Pastoral”, y éste fue el programa de su actuación. Genio práctico en la acción, fue ante todo el buen pastor cuya solicitud se extiende a toda su grey. No es tan sólo Roma la que merece sus cuidados, sino todas las Iglesias España, Galia, Inglaterra, Armenia, el Oriente, toda Italia, especialmente las diez provincias dependientes de la metrópoli romana. Fue incansable restaurador de la disciplina católica. En su tiempo se convirtió Inglaterra y los visigodos abjuraron el arrianismo.

EL CULTO Y LA CARIDAD

Renovó el culto y la liturgia y reorganizó la caridad en la Iglesia. Sus obras teológicas y la autoridad de las mismas fueron indiscutidas hasta la llegada del protestantismo. Dio al pontificado un gran prestigio. Su voz era buscada y escuchada en toda la cristiandad. Su obra fue curar, socorrer, ayudar, enseñar, cicatrizar las llagas sangrantes de una sociedad en ruinas. No tuvo que luchar con desviaciones dogmáticas, sino con la desesperación de los pueblos vencidos y la soberbia de los vencedores.

La obra realizada por San Gregorio Magno fue inmensa; aune con su gran humildad, había procurado por todos los medios no aceptar el mando supremo de la Iglesia. Pero una vez elegido Papa por el clero, el senado y el pueblo fiel, y bien vista su elección por el emperador, se entregó a aquella tarea para la que toda su vida anterior había sido una providencial preparación.

JUAN PABLO I SE PROPUSO IMITARLE

Al tomar posesión de la Catedral de San Juan de Letrán, pronunció estas palabras Juan Pablo I: “En Roma, estudiaré en la escuela de San Gregorio Magno, que dice: «Esté cercano el pastor a cada uno de sus súbditos con la compasión. Y olvidando su grado, considérese igual a los súbditos buenos, pero no tenga temor en ejercer, contra los malos, el derecho de su autoridad. Recuerde que mientras todos los súbditos dan gracias a Dios por cuanto el pastor ha hecho de bueno, no se atreven a censurar lo que ha hecho mal; cuando reprime los vicios, no deje de reconocerse, humildemente, igual que los hermanos a quienes ha corregido y siéntase ante Dios tanto más deudor cuanto más impunes resulten sus acciones ante los hombres » (Reg. past. parte II, 5 y 6). Murió el 12 de marzo de 604.

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Gregorio Magno

Gregorio Magno

SAN GREGORIO EL GRANDE (590-604)

Había nacido hacia el 540, de una familia de la alta nobleza romana; antes de ser papa había sido sucesivamente prefecto de Roma, monje cerca de Roma, legado del papa en Constantinopla y consejero del papa. Hombre de gobierno, su figura tiene una importancia menor en el desarrollo del dogma, sin que por esto deje de tener alguna. En cambio, reorganizó la administración de los bienes de la Iglesia romana; protegió Roma de los lombardos, que atrajo después hacia el catolicismo; estableció o mejoró las relaciones con los francos y con los visigodos; dio solución al cisma de Aquileia; y envió misioneros a Inglaterra. Continuó sin embargo la tensión con la sede de Constantinopla, y en contraste con su patriarca, que se llamaba a sí mismo universal comenzó a utilizar el título de servus servorum Dei.

Se conservan de él unas 850 cartas, de gran interés religioso, histórico y aun literario. También nos ha llegado su Libro de la regla pastoral, escrito al poco tiempo de su accesión a la cátedra de Pedro, en que habla de lo que debe pretender el pastor de almas, de las virtudes que le son necesarias, de cómo realizar esta función y de la necesidad del examen de conciencia diario; se difundió muy pronto, fue traducido al griego y al sajón, y en la edad media se consideró como la norma ideal para el clero secular. Las Morales sobre Job, un comentario sobre este libro del Viejo Testamento, viene a ser un tratado de moral y ascética. Tenemos también unas 40 homilías y unos Diálogos sobre la vida y milagros de los Padres italianos que son en parte responsables de la afición medieval por lo milagroso. Fue Gregorio quien dio al canon de la misa la forma que aún conserva la anáfora primera, llamada canon romano, del misal de Pablo VI, y promovió la preparación del nuevo misal; el Sacramentario gregoriano, que como tal no nos ha llegado, aunque sí es posible conocer muchas de sus características. Dio gran importancia al canto en la liturgia, y promovió eficazmente su uso, pero no es seguro que en sentido estricto se le pueda atribuir el canto gregoriano.

MOLINÉ

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San Gregorio Magno

San Gregorio Magno

SAN GREGORIO MAGNO

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p style=”text-align:justify;”>San Gregorio Magno nació en Roma, alrededor del año 
540, en el seno de una familia patricia, de donde salieron 
varios Papas y numerosos santos. En el 572 fue nombrado 
prefecto de la Urbe. Dos años después abandonó la carrera 
política para abrazar el estado religioso. Ordenado diácono 
por el Papa Pelagio II en el 579, fue enviado a 
Constantinopla como Nuncio. De vuelta a Roma, San 
Gregorio ejerció las funciones de consejero y secretario del 
Romano Pontífice. En el 590 la Ciudad Eterna sufrió el azote 
de la peste. Una de las primeras víctimas fue el Papa Pelagio 
II. El clero, senado y pueblo romano reunidos eligieron 
unánimemente al antiguo prefecto para que ocupara la 
cátedra de San Pedro. 

San Gregorio Magno es considerado uno de los grandes 
maestros de la espiritualidad clásica occidental. Hombre de 
inteligencia privilegiada y de amplia cultura, ha dejado una 
profunda huella como Papa y como Padre de la Iglesia. Su 
celo apostólico tuvo una amplia proyección en la labor de 
evangelización realizada durante su pontificado, que tuvo 
como fruto la conversión de los longobardos y de los 
anglosajones. Además, con su actuación contribuyó a la 
reafirmación de la unidad de la Iglesia y del Primado del 
Romano Pontífice. 

Además de varios libros de carácter exegético, histórico y 
moral (es famoso su Comentario al libro de Job, conocido 
con el nombre de Moralia, y la Regla pastoral, un clásico en 
la historia de la Iglesia sobre el modo de comportarse los 
pastores), se conservan cuarenta Homilías sobre los 
Evangelios. Las veinte primeras fueron leídas al pueblo por 
un notario de la Iglesia romana en presencia de San 
Gregorio, que no podía predicar a causa de una 
enfermedad. Las otras veinte las predicó personalmente, no 
sin esfuerzo, al pueblo romano, reunido en las basílicas para 
celebrar las festividades litúrgicas del año 591. San Gregorio 
se manifiesta en todas ellas como un predicador popular 
habilísimo. Habla al pueblo de forma sencilla y paternal. No 
toma como materia problemas teologícos profundos ni abusa 
de la interpretación alegórica. Expone los pasajes escogidos 
con claridad y los aplica con feliz intuición a los casos 
prácticos de la vida. 

San Gregorio Magno fue, por su formación y su genio, el 
último de los grandes espíritus romanos de la antigüedad. 
Falleció en el año 604. 

LOARTE

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