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Archive for the ‘San José’ Category

Se cristianizó una fiesta que había sido hasta el momento la ocasión anual del trabajador para manifestar sus reivindicaciones, su descontento y hasta sus anhelos. Fácilmente en las grandes ciudades se observaba un paro general y con no menos frecuencia se podían observar las consecuencias sociales que llevan consigo la envidia, el odio y las bajas pasiones repetidamente soliviantadas por los agitadores de turno. En nuestro occidente se aprovechaba también ese momento para lanzar reiteradas calumnias contra la Iglesia que era presentada como fuerza aliada con el capitalismo y consecuentemente como el enemigo de los trabajadores.

Fue después de la época de la industrialización cuando toma cuerpo la fiesta del trabajo. Las grandes masas obreras han salido perjudicadas con el cambio y aparecen extensas masas de proletarios. También hay otros elementos que ayudan a echar leña al fuego del odio: la propaganda socialista-comunista de la lucha de clases.

Era entonces una fiesta basada en el odio de clases con el ingrediente del odio a la religión. Calumnia dicha por los que, en su injusticia, quizá tengan vergüenza de que en otro tiempo fuera la Iglesia la que se ocupó de prestar asistencia a sus antepasados en la cama del hospital en que murieron; o quizá lanzaron esas afirmaciones aquellos que un tanto frágiles de memoria olvidaron que los cuidados de la enseñanza primera los recibieron de unas monjas que no les cobraban a sus padres ni la comida que recibían por caridad; o posiblemente repetían lo que oían a otros sin enterarse de que son la Iglesia aquellas y aquellos que, sin esperar ningún tipo de aplauso humano, queman sus vidas ayudando en todos los campos que pueden a los que aún son más desafortunados en el ancho mundo, como Calcuta, territorios africanos pandemiados de sida, o tierras americanas plenas de abandono y de miseria; allí estuvieron y están, dando del amor que disfrutan, ayudando con lo que tienen y con lo que otros les dan, consolando lo que pueden y siendo testigos del que enseñó que el amor al hombre era la única regla a observar. Y son bien conscientes de que han sido siempre y son hoy los débiles los que están en el punto próximo de mira de la Iglesia. Quizá sean inconscientes, pero el resultado obvio es que su mala propaganda daña a quien hace el bien, aunque con defectos, y, desde luego, deseando mejorar.

El día 1 de Mayo del año 1955, el Papa Pío XII, instituyó la fiesta de San José Obrero. Una fiesta bien distinta que ha de celebrarse desde el punto de partida del amor a Dios y de ahí pasar a la vigilancia por la responsabilidad de todos y de cada uno al amplísimo y complejo mundo de la relación con el prójimo basada en el amor: desde el trabajador al empresario y del trabajo al capital, pasando por poner de relieve y bien manifiesta la dignidad del trabajo -don de Dios- y del trabajador -imagen de Dios-, los derechos a una vivienda digna, a formar familia, al salario justo para alimentarla y a la asistencia social para atenderla, al ocio y a practicar la religión que su conciencia le dicte; además, se recuerda la responsabilidad de los sindicatos para logro de mejoras sociales de los distintos grupos, habida cuenta de las exigencias del bien de toda la colectividad y se aviva también la responsabilidad política del gobernante. Todo esto incluye ¡y mucho más! la doctrina social de la Iglesia porque se toca al hombre al que ella debe anunciar el Evangelio y llevarle la Salvación; así mantuvo siempre su voz la Iglesia y quien tenga voluntad y ojos limpios lo puede leer sin tapujos ni retoques en Rerum novarum, Mater et magistra, Populorum progressio, Laborem exercens, Solicitudo rei socialis, entre otros documentos. Dar doctrina, enseñar donde está la justicia y señalar los límites de la moral; recordar la prioridad del hombre sobre el trabajo, el derecho a un puesto en el tajo común, animar a la revisión de comportamientos abusivos y atentatorios contra la dignidad humana… es su cometido para bien de toda la humanidad; y son principios aplicables al campo y a la industria, al comercio y a la universidad, a la labor manual y a la alta investigación científica, es decir, a todo el variadísimo campo donde se desarrolle la actividad humana.

Nada más natural que fuera el titular de la nueva fiesta cristiana José, esposo de María y padre en funciones de Jesús, el trabajador que no lo tuvo nada fácil a pesar de la nobilísima misión recibida de Dios para la Salvación definitiva y completa de todo hombre; es uno más del pueblo, el trabajador nato que entendió de carencias, supo de estrecheces en su familia y las llevó con dignidad, sufrió emigración forzada, conoció el cansancio del cuerpo por su esfuerzo, sacó adelante su responsabilidad familiar; es decir, vivió como vive cualquier trabajador y probablemente tuvo dificultades laborales mayores que muchos de ellos; se le conoce en su tiempo como José «el artesano» y a Jesús se le da el nombre descriptivo de «el hijo del artesano». Y, por si fuera poco, los designios de Dios cubrían todo su compromiso.

Fiesta sugiere honra a Dios, descanso y regocijo. Pues, ánimo. Honremos a Dios santificando el trabajo diario con el que nos ganamos el pan, descansemos hoy de la labor y disfrutemos la alegría que conlleva compartir lo nuestro con los demás.

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Jesús se encarnó y quiso ser como nosotros en todo menos en el pecado. Como nosotros, siendo niño, dependió completamente sus padres. María su madre no estaba sola. Tenía José, su esposo. 

Meditemos sobre la virtud de San José, custodio de la Sagrada Familia.

Sin San José, Jesús hubiese muerto en el vientre de su madre. Pero San José reconoció a María como su mujer, aun sabiendo que aquel niño no era su hijo. El creyó que era del Espíritu Santo. ¿Cuantos hombres lo hubiesen hecho?

Sin San José, Jesús hubiese muerto, asesinado por Herodes junto a los otros niños de Belén. Cuantos pequeños corazones fueron traspasados aquel día. Cuantas madres desconsoladas. Pero Gracias a José. Jesús y María pudieron llegar al día del Calvario. ¿Cuantos hombres hubiesen sacrificado todo para llevar a la Madre y al niño a una tierra extranjera y vivir allí sin saber hasta cuando?

¿Como habrá sido aquella huida a Egipto?
-José protegiendo a María y al niño Jesús.
-Habrá pasado hambre, dándoles lo poco que encontrase para comer.
-Estaría agotado, cargando con lo poco que tenían sin saber por cierto a donde iban.
-Pasaría noches sin dormir, ya que acampaban al raso, en caminos muy peligrosos. El estaría al tanto, despertando al menor ruido…
-Sufriría humillaciones, tratando de buscar algún trabajo sin siquiera conocer el idioma…

La Sagrada Familia sufrió como toda familia de inmigrantes, viviendo día a día sin saber el próximo paso de la providencia.

¿Como habrá correspondido María?, con que agradecimiento y dulzura. María no se quejaba por las dificultades, mas bien las pasaba de alto. Su forma de ser, llena del Espíritu Santo le daría a José la fuerza para seguir adelante. Sí José cobraba fuerza al contemplar a María con el niño. Todo trabajo y sufrimiento tenía entonces sentido para el.   

José y María confiaron en Dios sin poder entender las difíciles circunstancias en que debían vivir. CONFIAZA PLENA EN DIOS les llevó a vivirlo todo con amor. 

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San José

Las fuentes biográficas que se refieren a san José son, exclusivamente, los pocos pasajes de los Evangelios de Mateo y de Lucas. Los evangelios apócrifos no nos sirven, porque no son sino leyendas. “José, hijo de David”, así lo llama el ángel. El hecho sobresaliente de la vida de este hombre “justo” es el matrimonio con María. La tradición popular imagina a san José en competencia con otros jóvenes aspirantes a la mano de María. La elección cayó sobre él porque, siempre según la tradición, el bastón que tenía floreció prodigiosamente, mientras el de los otros quedó seco. La simpática leyenda tiene un significado místico: del tronco ya seco del Antiguo Testamento refloreció la gracia ante el nuevo sol de la redención.

El matrimonio de José con María fue un verdadero matrimonio, aunque virginal. Poco después del compromiso, José se percató de la maternidad de María y, aunque no dudaba de su integridad, pensó “repudiarla en secreto”. Siendo “hombre justo”, añade el Evangelio -el adjetivo usado en esta dramática situación es como el relámpago deslumbrador que ilumina toda la figura del santo-, no quiso admitir sospechas, pero tampoco avalar con su presencia un hecho inexplicable. La palabra del ángel aclara el angustioso dilema. Así él “tomó consigo a su esposa” y con ella fue a Belén para el censo, y allí el Verbo eterno apareció en este mundo, acogido por el homenaje de los humildes pastores y de los sabios y ricos magos; pero también por la hostilidad de Herodes, que obligó a la Sagrada Familia a huir a Egipto. Después regresaron a la tranquilidad de Nazaret, hasta los doce años, cuando hubo el paréntesis de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo.

Después de este episodio, el Evangelio parece despedirse de José con una sugestiva imagen de la Sagrada Familia: Jesús obedecía a María y a José y crecía bajo su mirada “en sabiduría, en estatura y en gracia”. San José vivió en humildad el extraordinario privilegio de ser el padre putativo de Jesús, y probablemente murió antes del comienzo de la vida pública del Redentor.

Su imagen permaneció en la sombra aun después de la muerte. Su culto, en efecto, comenzó sólo durante el siglo IX. En 1621 Gregorio V declaró el 19 de marzo fiesta de precepto (celebración que se mantuvo hasta la reforma litúrgica del Vaticano II) y Pío IX proclamó a san José Patrono de la Iglesia universal. El último homenaje se lo tributó Juan XXIII, que introdujo su nombre en el canon de la misa.

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San José,
hombre justo,
protector de las familias,
hombre de fe.

Intercede ante Dios
por todos nosotros:
en el compromiso
por nuestras familias,
en nuestro empeño
por ser personas justas,
en la esperanza y en la fe.

Amén.

Rezar un Padrenuestro

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Para los peques…

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San José Obrero

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Todo cristiano, deseoso de reconocer en la vida el puesto que José ocupa en el evangelio, no puede menos de estar de acuerdo en que en la teología y la devoción relativas a san José “es preciso efectuar un cambio de muchos grados y entrar de lleno por los senderos bíblicos”. El retorno a la Escritura es necesario para superar las construcciones doctrinales caducas, para juzgar las formas de culto e insertarlas en el plano global de la salvación, para corregir las desviaciones por exceso o por defecto. Comoquiera que el gran peligro que amenaza a la presencia de José —igual que a la de María— en la iglesia es la pérdida de significado en el nuevo contexto cultural, será preciso confrontar nuestras “concesiones antropológicas y los problemas que derivan de ellas” (MC 37) con la figura del santo, tal como la propone el evangelio. En otras palabras, la renovación del culto y la doctrina sobre san José tendrá todas las de ganar si entra por los caminos indicados en la Marialis cultus, asumiendo la nota trinitaria, cristológica y eclesial y siguiendo las “orientaciones bíblicas, litúrgicas, ecuménicas y antropológicas” (MC 25-39). De este doble movimiento de retorno a las fuentes bíblicas y de atención a las exigencias eclesiales de nuestro tiempo depende el futuro del pensamiento y del culto relativo a José. Naturalmente, el proceso de renovación y recuperación no ha de entenderse como camino racionalista, cortado por la experiencia de fe y por la comunión con la comunidad eclesial. De modo especial no habrá de excluir a los pertenecientes a la cultura popular, que en su simplicidad y profundidad de fe son los más aptos para sintonizar con José y comprenderlo

Sin descender a la aplicación separada de cada uno de los criterios de renovación enumerados, nos urge tenerlos presentes globalmente al exponer las líneas orientadoras en el campo de la reflexión teológica y de la respuesta cultural por lo que respecta a san José.

 

  1. LA FIGURA BÍBLICA DE JOSÉ EN SU SIGNIFICADO VITAL PARA NUESTRO TIEMPO.

Los cristianos de hoy que se acercan a los evangelios, posiblemente ayudados por las aportaciones de la exégesis, tienen la oportunidad de descubrir una figura inédita de José, en nada semejante a ciertos estereotipos tradicionales. Caen en la cuenta de algunos datos grandemente funcionales en orden a la superación de enfoques erróneos o ambiguos:

 

  1. a) José: un verdadero padre, aunque no generador.

Puede que la dificultad de caracterizar sin equívocos la paternidad de José para con Jesús haya impulsado a varios autores a orientarse a su condición de verdadero esposo de María para establecer sus prerrogativas y misión. “Él es el esposo de María —exclamaba en 1700 G.B. Bovio—, lo cual basta para suponer en él cualquier perfección. En este nombre de esposo de María santísima se resumen las dotes más singulares y las virtudes más heroicas que pueda tener una simple criatura”. Incluso en nuestro siglo, A. M. Lépicier afirma que el matrimonio de José con la madre de Dios “es la razón y el fundamento de todas las dignidades y privilegios de este santo patriarca”.

El recurso a la Escritura nos coloca ante la comprobación de que está directamente orientada a exponer quién es Jesús. A través de los relatos de los evangelios de la infancia, “Lucas ha querido hacernos comprender que Jesús es Cristo Señor, el Hijo de Dios, la luz de las naciones”, y Mateo ha pretendido representarnos a “Jesús en su calidad de Cristo, de mesías… No obstante la impresión contraria de una primera lectura apresurada, el contenido es ante todo cristológico; los persona)es que aparecen y desaparecen de la escena son figuras menores de ambientación y disposición”. Según esta finalidad primaria de los evangelios, la definición más auténtica de José no se toma de su relación con María —si bien esto conserva un notable valor—, sino de su relación a Jesucristo, centro del plan salvífico: “José es aquel por medio del cual Jesucristo es engendrado [virginalmente] como hijo de David”.

Indudablemente, el matrimonio de José con María tiene su importancia porque hace posible la paternidad legal de José, además de exigir una elevada santidad en ambos cónyuges. Sin embargo, es una realidad funcional en orden a la inserción de Cristo en el pueblo de la alianza y a su revelación como “hijo de David” (Mt 1,1; Lc 1,32). Jesús es, en último análisis, la fuente y el fin de la misión y santidad de José.

No es tarea fácil para los teólogos determinar en qué consiste la paternidad de José. Se han avanzado varios calificativos: padre putativo, adoptivo, legal, nutricio, virginal.., aun estando convencidos de que la paternidad de José no se puede encasillar en ninguno de ellos. El acercamiento a la biblia nos pone frente a una concepción de la paternidad diversa de las corrientes en la cultura occidental. Encontramos el reconocimiento como hijos legítimos de los nacidos de la relación del marido con la esclava, cedida a él por la mujer a fin de tener descendencia (Gén 30,1-13). También la ley del levirato considera perteneciente a un padre diverso del real el hijo nacido de la viuda y el hermano del marido difunto (Gén 38,8; Dt 25,5-6). La paternidad de José se inserta en una tradición semita, que relativiza la generación biológica en favor de una paternidad real en otro plano. El relato de Mateo autoriza a concebir a José como padre de Jesús, aun manteniendo el hecho de su concepción virginal, en un sentido que no encuentra categorías occidentales idóneas para expresarlo. R.E. Brown opta por la expresión “padre legal” como “designación mejor que la de padrastro o padre adoptivo”. En efecto, “no es que José adopte como hijo suyo a otro, sino que reconoce como hijo legítimo propio al hijo de su mujer haciendo uso de la misma fórmula con la cual otros padres judíos reconocían a sus propios hijos legítimos”. Esto ocurrió en el caso de José mediante el ejercicio del derecho paterno de imponer el nombre al niño: así lo reconoce como propio y se convierte en su padre legal (Mt 1,21.25). Quizá hoy el psicoanálisis pueda ayudar a expresar la verdadera paternidad de José cuando invita a evitar “la confusión entre padre y genitor. Le bastan tres segundos al hombre para ser genitor. Ser padre es una aventura… Existen sólo padres adoptivos”. Sin desconocer el hecho de ser genitor responsable, esta perspectiva psicológica valora la función de José, que podría ser llamado en sentido profundo padre (adoptivo y legal) de Jesús sin ser su genitor.

 

  1. b) José: un esposo más allá del “eros”.

Este dato resulta incontrovertible en los evangelios de Mateo y Lucas, que describen los dos momentos del matrimonio judío: los esponsales o noviazgo, que convierten a María en “esposa prometida” de José (Lc 1,27; Mt 1,18), y las nupcias o introducción de la esposa en la casa del esposo (Mt 1,24). José realiza los actos legales prescritos por el derecho entonces en uso: consiente en admitir a María en su casa como esposa (Mt 1,20-24) e inicia una vida de convivencia virginal con ella (Mt 1 18.25). Si la iconografía se ha complacido en representar a José como un anciano con generosas entradas que custodia la virginidad de María, nada en los evangelios autoriza semejante representación. José no aparece en él como un “eunuco”, frío protector de una esposa ajena, sino como “compañero ideal de vida, guía seguro y amoroso, defensa y sostén en todas las eventualidades de una existencia difícil, vivida en la pobreza y a veces a merced de las persecuciones. Cuando, en Lucas, María se dirige al niño de doce años diciéndole: Mira, tu padre y yo te buscábamos angustiados, la expresión deja intuir una unión profundísima, que el dolor común llena de ternura. Nada de frío o convencional en la vida de Nazaret”. José está, pues, ligado con un vinculo indisoluble con su esposa María; vinculo aceptado con un consentimiento explicito y una actitud de obediencia de fe ante un misterio que le ha sido revelado por Dios. Su matrimonio comporta una convivencia con María que resulta paradójica y difícil de creer para cuantos conocen la fuerza humanamente irresistible del eros. Se trata, en efecto, de un matrimonio vivido en la virginidad, de una comunidad de vida que implica un amor profundo, pero no orientado al sexo y a la generación. Es una situación conyugal nueva, anticipo de la condición escatológica (Lc 20,35), cuya función es de suma actualidad en el mundo contemporáneo: “El carácter virginal del matrimonio de José y María, p. ej., conserva aún su significado purificador y a la vez normativo en un mundo en el que las exigencias de la sexualidad se exaltan de tal manera que hacen olvidar la exigencia más esencial de una comunión de espíritus y corazones”.

Si el matrimonio pone directamente en relación a José con María y los une de un modo único por expresa voluntad de Dios, es evidente que constituye un fin intermedio y un medio en orden al misterio de la encarnación y a la relación de José con Cristo. “Este matrimonio —afirma santo Tomás— fue ordenado especialmente a recibir la prole”, es decir Jesús, al que se puede llamar en el contexto histórico-salvífico “el fruto de aquel matrimonio”. Cristo es, por tanto, el motivo final del matrimonio de José y María, que asume el carácter de opción virginal por Cristo y por el reino de los cielos.

 

  1. c) José: una vida al ritmo de Dios.

El contacto con el evangelio descubre, por encima de los títulos que la tradición ha atribuido a José la prerrogativa fundamental de éste según el plan de la salvación: “padre” de Jesús (Lc 2,27.33.41.43.48), “esposo de María” (Mt I,24, Lc 1,27) “hijo de David” (Mt I 20, Lc 1 27) “hombre justo” (Mt 1,i9). Esta última expresión, con la que Mateo caracteriza la personalidad de José, lleva a su recuperación como modelo en un contexto de comunión con los justos de la antigua alianza. La palabra justo, “profundamente arraigada en la espiritualidad judía del tiempo, evoca la rectitud moral, la adhesión sincera a la práctica de la ley, la afectividad religiosa totalmente orientada hacia Dios”. Podríamos decir que José es justo en cuanto hombre profundamente religioso, que no se arroga el derecho de intervenir en el plan de Dios sin recibir una vocación. JUSTO/QUIEN-ES: Es el hombre que respeta en silencio el misterio y se deja guiar por Dios. “El hombre justo —afirma H. Cazelles— es el que vive y camina de acuerdo con Dios, que da la vida y conduce al mundo. El justo camina por los senderos de Dios, a su ritmo, podríamos decir”. ¿Qué es lo que necesita el mundo actual y los mismos cristianos preocupados por actuar, sino un modelo de hombre religioso y místico, como José, que busca ante todo sintonizar con el Dios de la salvación? JOSE/IMAGEN-DELA-I: Este aspecto fundamental de san José es aceptado en el campo ecuménico, al menos en K. Barth, que en una entrevista ha afirmado: “Del mismo modo que soy hostil al desarrollo de la mariología, me muestro favorable al de la josefología. Porque José, a mi entender, realizó con Cristo la misma tarea que debería ejercer la iglesia. Soy consciente de que la iglesia romana prefiere parangonar su misión a la más gloriosa de María. Ella ofrece al mundo su mensaje de la misma forma con que la Virgen nos ha dado a Cristo. Pero la comparación engaña. La iglesia es incapaz de alumbrar al Redentor, pero puede y debe servirle con humildad y modestia. Y ésta fue precisamente la misión de José, que se mantiene siempre en segundo plano dejando toda la gloria a Jesús. Tal debe ser la función de la iglesia, si queremos que el mundo descubra de nuevo el esplendor de la palabra de Dios”. Aparte del exagerado contraste entre José y María, como si ésta no se hubiese declarado una pobre “esclava del Señor” (Lc 1,38), y no obstante la reducción eclesiológica minimista de la maternidad de la iglesia, la declaración de K. Barth muestra cómo José es una figura que hace posible un consenso ecuménico. En él, según lo presenta el evangelio, no hay pretensión alguna de poder, sino una autoridad familiar servicial, a veces obligada a huir debido al poder sanguinario de Herodes. Por lo demás su humilde oficio en un oscuro pueblo de Galilea le hace objeto del desprecio de los pueblos circunvecinos y accesible a los trabajadores y marginados. José en su existencia terrena aparece vitalmente abismado en la adoración de Dios, en el que confía totalmente, y al mismo tiempo dedicado a diario al duro trabajo manual: un ejemplo de fe inserta en la monotonía de lo cotidiano, dispuesta siempre a ponerse en camino, ya hacia las incomodidades de Belén y del destierro en Egipto, ya a las metas festivas de Jerusalén o la vuelta a la kenosis nazaretana. De esta espiritualidad de José están sumamente necesitados los cristianos de hoy.

 

  1. RENOVACIÓN DEL CULTO A SAN JOSÉ.

Varias prácticas de piedad han surgido en el curso de los siglos en honor de san José: la devoción de los siete dolores y gozos, el culto perpetuo, el sagrado manto, el mes de marzo y todos los miércoles, letanías, oraciones, novenas… Tal cúmulo de oraciones dirigidas a san José induciría a los cristianos de hoy a oponer un neto rechazo a todo ello, considerándolo un peso y clasificándolo como devocionalismo que complica la vida. Un comportamiento responsable asume, en cambio, un doble cometido:

 

  1. a) Interiorización y equilibrio.

El Vat II amonesta sabiamente: SANTOS/DEVOCION: “Enseñen a los fieles que el auténtico culto a los santos no consiste tanto en la multiplicidad de los actos exteriores cuanto en la intensidad de un amor práctico, por el cual, para mayor bien nuestro y de la iglesia, buscamos en los santos el ejemplo de su vida, la participación de su intimidad y la ayuda de su intercesión” (LG 51). Aplicándolo a san José hay que preferir, a la acumulación de fórmulas de oración, la profundidad de un afecto fraterno hacia él en un contexto de comunión, estima y confianza. En esta relación personal que se hace posible cuando el sentido del contacto con el mundo de los bienaventurados no está atrofiado, se insertan las actitudes clásicas de la imitación y de la oración unidas en un necesario equilibrio. Si san José es únicamente aquel al que se ha rezado para que alcance con su intercesión las gracias de la salvación, se corre el riesgo de anular el reto que nos lanza su vida. Si, en cambio, el santo es sólo motivo inspirador de conducta cristiana, se corre el peligro de despersonalizarlo y reducirlo a una función. Veneración orante y aceptación de su ejemplaridad deben caminar juntas, en un equilibrio que será dictado por la norma evangélica y por el carisma de los individuos y de los grupos.

 

  1. b) Renovación e impulso creador.

Para que las formas cultuales en honor de san José, transmitidas por el pasado y características de las distintas épocas, puedan aceptarse en nuestro tiempo, han de someterse a una seria revisión. Siempre que sea necesario, hay que librar a esas oraciones de una concentración en el santo que no se resuelve en el culto de la Trinidad. Es necesario también que adquieran un contenido bíblico y una dimensión eclesial. Sobre todo hay que tener en cuenta la liturgia, que es “cima y fuente” (cf SC 10) de la vida de la iglesia evitando que piedad popular y culto litúrgico sigan caminos paralelos. Finalmente, el lenguaje y los contenidos de las oraciones dirigidas a san José han de estar en consonancia con la teología, con la vida de la iglesia y con la cultura local. Ritos, cantos y prácticas de piedad del pasado aportarán sus valores en el presente, con tal de que ofrezcan un rostro renovado.

Sería, sin embargo, señal de exigua vitalidad un culto de san José que no encontrase modos y formas nuevos. El impulso creador desembocará en resultados satisfactorios si se descubre la figura de san José a la luz de la biblia y de la experiencia espiritual cargada de sentido para la vida cristiana y rica de estímulos para la solución de los problemas de la comunidad contemporánea. Lo que queda señalado ofrece algunas pistas para una recuperación de la presencia de san José en la vida de la iglesia. Él no ocultará a Cristo ni a la Virgen, su esposa, porque dice relación a ellos en una actitud de amor y servicio. En particular el culto a María, si por su parte ayuda a una renovación de la devoción a José, recibirá también de ésta nuevo impulso para una función humilde a la par que eficaz de servicio y para un sentido más vivo de la comunión de los santos.

S. DE FIORES
DICCIONARIO DE MARIOLOGIA.
Págs. 1004-1009

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Perspectivas para una renovación

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La devoción a San José se fundamenta en que este hombre “justo” fue escogido por Dios para ser el esposo de María Santísima y hacer las veces de padre de Jesús en la tierra. Durante los primeros siglos de la Iglesia la veneración se dirigía principalmente a los mártires. Quizás se veneraba poco a San José para enfatizar la paternidad divina de Jesús. Pero, así todo, los Padres (San Agustín, San Jerónimo y San Juan Crisóstomo, entre otros), ya nos hablan de San José.

Según San Callistus, esta devoción comenzó en el Oriente donde existe desde el siglo IV, relata también que la gran basílica construida en Belén por Santa Elena había un hermoso oratorio dedicado a nuestro santo. San Pedro Crisólogo: “José fue un hombre perfecto, que posee todo género de virtudes”

El nombre de José en hebreo significa “el que va en aumento. Y así se desarrollaba el carácter de José, crecía “de virtud en virtud” hasta llegar a una excelsa santidad.

Amor virginal: El matrimonio fue auténtico, pero al mismo tiempo, según San Agustín y otros, los esposos tenían la intención de permanecer en el estado virginal. Pronto la fe de San José fue probada con el misterioso embarazo de María. No conociendo el misterio de la Encarnación y no queriendo exponerla al repudio y su posible condena a lapidación, pensaba retirarse cuando el ángel del Señor se le apareció en sueño: “Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.” (Mat. 1:19-20, 24). Unos meses mas tarde, llegó el momento para S. José y María de partir hacia Belén para empadronarse según el decreto de Cesar Augustus. Esto vino en muy difícil momento ya que ella estaba en cinta. (cf. Lucas 2:1-7). En Belén tuvo que sufrir con La Virgen la carencia de albergue hasta tener que tomar refugio en un establo. Allí nació el hijo de la Virgen. El atendía a los dos como si fuese el verdadero padre. Cual sería su estado de admiración a la llegada de los pastores, los ángeles y mas tarde los magos de Oriente.

Referente a la Presentación de Jesús en el Templo, San Lucas nos dice: “Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él”.(Lucas 2:33). San José tuvo que vivir unos años con la Virgen y el Niño en el exilio de Egipto. Después la Sagrada Familia regresó a Nazaret. Desde entonces el único evento que conocemos relacionado con San José es la “pérdida” de Jesús al regreso de la anual peregrinación a Jerusalén (cf. Lucas 2, 42-51). San José y la Virgen lo buscaban por tres angustiosos días hasta encontrarlo en el Templo.

Dios quiso que este santo varón nos diera ejemplo de humildad en la vida escondida de su sagrada familia y su taller de carpintería. San José, patrón de los trabajadores.

 

Oración del Papa Juan XXIII: Oh José, tú que sufriste el peso del cansancio y la fatiga para procurar el sustento de Jesús y María, protege nuestro trabajo, aleja todo peligro; no permitas que nos falte el medio de alimentar dignamente a la familia. Alivia la angustia de los desempleados y la ansiedad de los inmigrantes; haz que en el respeto de los derechos y en la dignidad del trabajo, podamos imitar con tu ejemplo en nuestra vida los designios ocultos que Dios nos ha reservado.

 

Oración para pedir una buena muerte: Escucha Señor nuestra súplica, que te presentamos por intercesión de San José, esposo de la Virgen María, Madre de tu Hijo Jesucristo. Concédenos que desde el cielo interceda por nosotros ya que en la tierra lo veneramos como protector de toda la Iglesia. Que él, que cumplió fielmente la misión de padre de tu único Hijo, nos acompañe ahora y siempre hasta el día de nuestra muerte, para que podamos salir de este mundo sin pecado y podamos descansar con alegría sin fin en el seno de tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Patronazgo: San José es por excelencia el patrón de los carpinteros, ya que ejerció esta profesión según nos narra el Evangelio de Mateo (Mt 13,54-55) y por extensión, lo es también de todas aquellas personas que trabajan en oficios manuales. Así mismo, el Papa Pío IX lo declaró en 1870, patrón de la Iglesia Católica universal. También es el patrón de los seminarios católicos, de ahí que la Iglesia Católica celebre el domingo después a esta festividad el “Día del Seminario”. Este patronazgo es fácil de entender, ya que como padre, educó a su hijo Jesús en Nazaret y le preparó durante muchos años para su ministerio. ¿Quien mejor que San José para que proteja a los que serán futuros sacerdotes?.

En 1955 otro Papa, en este caso Pío XII, instituyó la fiesta de San José Obrero el día primero de mayo para cristianizar la Fiesta del Trabajo que había nacido en 1889. Es por tanto, el patrón de todos los trabajadores (incluso para los que hacen ver que trabajan!). La devoción popular ha creído que José murió en brazos de Jesús y de María, sin duda falleció en buena compañía!. Es por este motivo que se le pide auxilio para tener una buena muerte.

 

La vara de San José. Esta es otra de las tradiciones que van ligadas con nuestro santo. Se cuenta que mientras José estaba en el templo junto a los otros jefes de las 12 familias para encontrar esposo a María en profunda oración, su vara (bastón) seca que sostenía entre sus manos floreció y al mismo tiempo una paloma blanca descendió sobre su cabeza. Este acto, simboliza el deseo de Dios en que José fuera el esposo de María.

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La devoción a San José

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