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Archive for the ‘Vida consagrada’ Category

José Cristo Rey García Paredes

Frederic Laloux ha publicado una excelente obra que me ha llamado la atención. La titula “Re-inventing organizations” (re-inventar las organizaciones). Ofrece en ella una visión holística, y por lo tanto, espiritual también. Responde a las ansias de no pocas personas de pertenecer a organizaciones con alma, con espíritu, dedicadas a luchar por una causa, en las que todos se sientan co-protagonistas. Me ha parecido una excelente propuesta ante el panorama político, eclesial en que nos encontramos hoy. Y también, una propuesta alternativa a ciertas formas de gobierno, de liderazgo religioso ambiguas y sincretistas. Se trata de las “organizaciones turquesa”. Por eso, comencemos por preguntarnos: ¿de qué color es la organización a la que pertenezco? ¿Disponemos de líderes “turquesa” o rojo, ámbar, naranja, verde?

“Construye un nuevo modelo que vuelva obsoleto el modelo actual” ¿Existe algún modo nuevo de formar una comunidad dinámica, sea ésta familiar, religiosa, política, económica? ¿Es posible in-ventar, es decir, en-contrar formas nuevas -y más poderosas- de estar juntos y colaborar juntos? ¿Podemos poner en acto organizaciones con alma, con sentido?

Sí, pero es necesario que expandamos nuestra conciencia. Cuando la conciencia permanece en un estadio primitivo, nos organizamos “a lo primitivo”; cuando la conciencia alcanza el estadio más avanzado, nos organizamos de forma más compleja y contando con muchos más recursos.

Los avances que se han producido en la historia humana han sido posibles porque hemos sabido salir o escapar de nuestros cotos privados, de nuestros individualismos y hemos aprendido a estar juntos, a colaborar con otros, a expandir nuestra conciencia, a compartir nuestros saberes. De ahí han brotado nuevos modelos de organización.

Hay organizaciones marcadas por la desilusión de quienes pertenecen a ellas. Hay grupos organizados pero que apenas tienen alma, que no sueñan, que se mantienen en una rutina aburrida y sin expectativa. La programación de actividades frenéticas –que caracterizan a no pocas organizaciones – son con frecuencia la tapadera de un profundo sentido de vacío.

I. En la conciencia se inicia el cambio

En la Iglesia y en la vida consagrada estamos intentando “re-organizarnos”. Se habla de la “reorganización de la Curia romana”, de la “reorganización de los institutos religiosos, de la “re-organización de la pastoral”, de las iglesias locales…. Y me pregunto: ¿somos conscientes de lo que se trata? ¿Estamos acertando con el modelo de organización y con el camino para llegar a él? El debate político que existe actualmente en España tiene que ver mucho con esto. Aquí se enfrentan paradigmas diversos a la hora de pensar en la “organización” de nuestro país en los próximos años. Lo mismo sucede en la iglesia, en la vida consagrada, aunque de forma más solapada

Estamos en un cambio de época, que afecta –sobre todo- a nuestra conciencia. En ella se produce el cambio; en ella surgen las ideas innovadoras o los deseos de colaborar en su puesta en práctica. La conciencia humana contemporánea consideraría un retroceso el retorno a formas absolutistas, imperiales o aristocráticas de organización.

Por eso, surgen nuevas propuestas. Los partidos políticos, por ejemplo, asumen nuevos estilos, intentan organizarse con estructuras que respondan a una visión más compleja de la sociedad. Pero, sobre todo, esto acontece en el mundo de la empresa y de los negocios, de las comunicaciones. En las organizaciones de tipo tradicional (como la Iglesia y sus organizaciones internas) esta sensibilidad contemporánea no se impone tan fácilmente y encuentra topes y límites. No obstante, hay energías que nadie puede detener: “Nunca minusvalores el poder de unos pocos entregados a cambiar el mundo” (Margaret Meade, antropóloga).

Cada vez que la humanidad ha dado un paso hacia delante, hacia una nueva y más amplia conciencia de la realidad, ha inventado nuevas formas de organización. Estas nuevas formas coexisten con las anteriores. Por eso, las encontramos en la misma nación, ciudad, Iglesia, grupo religioso, familia. Son formas de organización que trabajan codo con codo y también se contradicen.

II. Modelos organizativos

Hay autores que han intentado describir los diversos tipos de organizaciones que siguen co-existiendo con el “nuevo paradigma organizativo” que ya se está implantando en nuestra humanidad (1).

Fréderic Laloux ha ofrecido una interesante lista de paradigmas organizativos que han ido apareciendo a lo largo de la historia de la humanidad y aún persisten. Califica a cada uno de ellos con un adjetivo y le asigna un color: el paradigma rojo es impulsivo, el ámbar es conformista, el naranja es no-identificado y el verde es el plural:

Paradigma rojo-impulsivo: en este tipo de organización el jefe ejerce constantemente el poder para mantener a raya a sus súbditos; el miedo es el aglutinante; la reacción violenta es la respuesta a cualquier ataque; todo se consigue a corto plazo. En este grupo encontramos regímenes absolutistas, dictaduras, asociaciones para el crimen (bandas, mafias, milicias). La organización es concebida como una Esta forma dictatorial existe también en las sectas religiosas y en los grupos más cerrados y conservadores.

Paradigma ámbar-conformista: este tipo de organización es liderado por una pirámide jerárquica que da normas desde arriba y controla el qué y el cómo; favorece la estabilidad, hace las cosas como siempre se han hecho, opta por el “largo plazo”; concibe el futuro como repetición del pasado. Es el paradigma de asociaciones como agencias de gobierno, militares, organizaciones religiosas, ciertos sistemas educativos. La organización es concebida como una armada o ejército. La Iglesia se ha sentido a gusto en este modelo organizativo: el grupo dirigente (los pastores) no se ha visto precisado a contar con la opinión y colaboración de todos; sino a ofrecer “lo mejor” para que todos lo sigan y obedezcan.

Paradigma naranja-no-identificado: este tipo de organización tiene un solo objetivo: ser competitivos en los negocios, el lucro, el crecimiento económico (Wall Street, Main Street), el éxito, la fama. La innovación es la clave para lograrlo y superar a los posibles competidores. Se actúa por objetivos, que son “el qué”; pero se da absoluta libertad en “el cómo” o modo de conseguirlos; funciona la meritocracia y se premia a quien más obtiene. Así son las empresas multinacionales. (empresas multinacionales) – el color “naranja”. La organización es concebida como una máquina. También ha habido instituciones eclesiales y religiosas que han utilizado ingentes medios económicos para favorecer un modelo de presencial social exitosa, triunfante; se han organizado eventos en los cuales lo más valorado ha sido el número y no la calidad religiosa o espiritual del evento.

Paradigma verde-pluralista: en este tipo de organizaciones no se tiene el lucro o el éxito como objetivo; el foco se pone en la generación de una cultura común, en la motivación y empoderamiento de los empleados; al contar con muchos puntos de vista e iniciativas plurales la organización crece y se vuelve más poderosa y extensa. La organización es concebida como una familia extendida. Este modelo democrático se ha desmarcado de los anteriores y se ha ido implantando, sin ser capaz de frenar las tendencias individualistas y la pérdida de identidad colectiva.

Estos diversos modelos o paradigmas de organización reflejan etapas evolutivas del ser humano. Por eso, no deben ser calificadas con el baremos de “peor” o “mejor”. La etapa de un niño que está aprendiendo a andar no es peor que la de aquel que puede caminar y sostenerse. Se trata de momentos diferentes dentro de la evolución de la persona. Lo mismo ocurre con los modelos de organización. Lo importante es que se esté en proceso, en camino evolutivo. Cada cual está donde está. Cualquier nivel de desarrollo es bueno y adecuado para un determinado momento. Lo que sí es cierto es que -con la evolución- las etapas se vuelven más complejas y que su perspectiva es más enriquecedora.

III. Hacia el nuevo paradigma organizativo: “Turquesa”

Surge un nuevo modelo de organización cuando se descubren interpelaciones vitales nuevas, que no pueden ser respondidas con la visión y las prácticas que todavía persisten. Nada hay tan poderoso como una idea, cuando ha llegado su momento (Víctor Hugo).

1. Características del nuevo paradigma “turquesa”

¿Cuáles serían hoy las características de las organizaciones más evolucionadas y que mejor responden al momento presente? ¿Cuál sería su denominación y su color? Frederic Laloux lo denomina “el paradigma turquesa-holístico integral” (2).

El turquesa es un color envolvente, refrescante, relajante y tranquilizante. Y por eso, es aconsejable, para el estrés mental, el cansancio y el sentimiento de necesidad de purificación. Se utiliza para aumentar el sistema inmunológico, elimina la inflamación, las infecciones, problemas de tiroides, problemas de garganta. Es un color, que nos anima a empezar de nuevo con fuerzas renovadas e ideas nuevas. Las palabras claves del turquesa son: conocimiento, lo mental, integridad, poder, seriedad, generosidad, salud, curación, frescor, limpieza.

En este paradigma turquesa la organización es considerada como un sistema viviente, un organismo vivo, en contraposición a los paradigmas anteriores (manada, ejército, máquina, familia). En cuanto organismo vivo está siempre en proceso de cambio y desarrollo, adquiriendo mayor belleza y complejidad. Los cambios provienen de todas las células, de todos los miembros, sin necesidad de un mandato central ni un control. En este paradigma de organización:

  • se establecen relaciones de iguales;no son necesarias jerarquías ni consensos a los que con dificultad se llega.
  • son organizaciones auto-gobernadas;
  • y son organizaciones holísticas: es decir, nos piden que nos contemplemos
  • dentro de un “todo” y que descubramos la función de la parte en el todo;
  • pertenecer a estas organizaciones no es sólo ofrecer un trabajo, sino que
  • reclaman nuestra interioridad y y nos hacen llevar a ellas lo que somos:
  • con ellas no se pretende predecir, ni controlar el futuro; están abiertas al misterioso porvenir; por eso, aceptan sueños, visiones y se cree en la exuberancia de la vida; se posterga el miedo.

En los paradigmas anteriores el cambio a nivel personal se siente como una amenaza; en el paradigma turquesa-holístico el cambio se desea porque hacer crecer a la persona. En este paradigma se conjugan el “yo” y el “nosotros”, el “esto” y “aquello”: no hay alternativas, sino el ansia de la interrelación, de la necesidad mutua, de la integración. Confiesa que “somos parte de un gran todo”.

En el paradigma turquesa es holístico. Contempla la vida como un camino hacia la realización personal y grupal. Y si es camino, ello nos permite mirar con más serenidad y realismo nuestras limitaciones, errores y desvíos, estar en paz con aquello que nos rodea y tratar amigablemente con la adversidad. En el paradigma “turquesa-holístico” los obstáculos son contemplados como camino de vida que nos enseña sobre nosotros mismos y sobre el mundo.

No somos problemas que han de ser resueltos, sino potencial que espera desarrollarse. Se tiene conciencia de que la Vida quiere vivirse a través de nosotros. ¡Deja que tu Vida hable!

Este modelo organizativo favorece la vida con espíritu, con alma. Se trata de una vida diferente del “Yo” de nuestra conciencia diaria; se trata de una vida que trata de vivir a través del “Yo”, el cual es su recipiente. Gente que llega a esta etapa comienza a practicar la meditación, la concentración, las artes marciales, el yoga, o el caminar en la naturaleza para encontrar un lugar tranquilo donde interiorizar. El ego está entonces bajo control. “Una persona que tiene ambición pero no es ambiciosa”

2. Recrear las comunidades desde un nuevo fundamento

Esta nueva conciencia nos ofrece la oportunidad de recrear la comunidad, las organizaciones, desde un nuevo fundamento: la escucha mutua desde lo que somos y la visión de totalidad, en comunión con la vida y la naturaleza. Nos descubrimos entonces como expresión de algo que nos supera, como seres interconectados, inmersos en múltiples relaciones que nutren nuestra alma.

En esta mentalidad turquesa-holística se encuentran más soluciones a los problemas porque se respetan todas las opiniones, mucho más que en los anteriores paradigmas. Cuanto más compleja es nuestra visión y conocimiento del mundo, más efectivamente podemos tratar los problemas que enfrentamos. Muchos de los problemas corporativos de hoy se deben a conductas demasiado centradas en los “egos”.

Las organizaciones creadas en ambiente turquesa-holístico no se programan desde reglas burocráticas, no se gestionan con procesos y reuniones interminables, no se bloquean con análisis que nunca concluyen, ni con recabar excesiva información y mantener un interesado secretismo… Hay formas más sencillas de hacer funcionar una organización: cuando los miedos del “ego” no entran en ella.

Aunque este paradigma organizativo parezca utópico e irrealizable, sin embargo, es aquel que en este momento más se adecua a la concepción cristiana del ser humano y, de una manera especial, a lo que debe ser la comunidad de Jesús, la comunidad del Espíritu y una comunidad religiosa.

Sé que muchos creerán que con este modelo nos cargamos la autoridad, el gobierno, el liderazgo. Y no es así. El liderazgo es más necesario incluso que en los otros modelos; pero responde a un nuevo modelo de liderazgo.

Es fácil que también alguien se cuestione si es posible la transformación de comunidades de vieja tradición en el nuevo modelo y cuál es el camino. Son cuestiones justas a las que hay que responder

IV. Hacía la creación de organizaciones turquesa

La organización turquesa funciona desde el interior. No puede ser impuesta a nadie. No es una organización que se despliega desde el control y la imposición. Su icono no es la manada, el ejército, la máquina, o la familia, sino el organismo vivo que se expresa con la ecológica de la Vida.

1. Supuestos generales en la organización turquesa

Para explicar el “porqué” de esta determinada forma de organización y de las prácticas que conlleva –que ordinariamente parecen contraculturales, porque no corresponden al modo habitual de hacer las cosas- es necesario reconocer ciertos supuestos o presupuestos. Éstos son “piedras de toque” para que el proceso se inicie. En la organización turquesa se parte de estos supuestos:

• todos somos iguales, todos tenemos la misma dignidad;
• todos somos, en principio, buenas personas mientras no se pruebe lo contrario;
• no existe una sola manera de abordar los temas corporativos que nos afectan;
• hemos de trabajar juntos, de forma responsable, pero sin utilizar la violencia, la fuerza, la coacción;
• en el trabajo y compromiso compartido siempre hay gozo y creatividad.

Este paradigma opta por la auto-gestión, la visión holística y la aspiración a un objetivo o causa común.

La autogestión: significa que cada miembro de la organización es responsable del proceso de asesoramiento y de decisión en lo que le concierne; que en la resolución de conflictos el directivo no es un mediador, sino un facilitador para que quienes han hecho surgir el conflicto lo solucionen; que en el proceso de evaluación todos se sientan iguales.

La visión holística: es importante ofrecer una visión de conjunto, de interconexión. Pero al mismo tiempo, hay que cuidar los detalles, los símbolos unificadores, el estilo, los rasgos característicos, el clima cálido, sorprendente, la acogida y el cuidado.

Objetivo o causa común: es necesario que la organización responda a una pasión, a un objetivo entusiasmante; se trata de identificarse no sólo “el qué”, ni el “cómo” de la organización, sino con el “porqué”(3); de modo que quienes se vayan agregando a la organización tengan bien claro el porqué; ese porqué es la razón que ha de presidir todo lo que se piensa, se inventa, se hace.

2. La función del liderazgo: el salto hacia un nuevo paradigma

Para que este salto sea posible hay que actuar, ante todo, en el nivel de la conciencia. Cuando quienes tienen responsabilidad de liderazgo comparten el nuevo paradigma y lo apoyan, entonces estamos de suerte. Eso es una buena noticia. Además, hay caminos para conseguirlo. ¿Por dónde comenzar? ¿En qué aspectos hemos de enfocar nuestras decisiones?

Es normalmente bien acogido por quienes se encuentran en niveles inferiores de decisión, que se confíe en ellos y que se les amplíe el espacio de toma de decisiones. Sin embargo, están acostumbrados a que les digan lo que tienen que hacer y no se sienten demasiado motivados para sentirse totalmente identificados con la organización. La transición puede llevar su tiempo para que se produzca la “conversión” al nuevo modelo y estilo.

La red del liderazgo tiene la responsabilidad de anunciar la buena noticia, hacerla creíble con gestos anticipadores y esperar milagros: como dar vista a los ciegos, hacer que caminen los cojos, hacer que oigan los sordos, que tomen decisiones los indecisos.

“Se ha valorado en exceso el liderazgo que lleva al éxito económico y minusvalorado mucho el impacto del liderazgo moral en la vida y éxito de una organización” (Dennis Bakke) (4).

El liderazgo moral es sumamente necesario para que la organización se auto- gobierne. Es un liderazgo que resiste, cuida y protege la nueva conciencia, que abre espacios para la auto-organización y renuncia a ser controlador. El líder no busca el poder jerárquico, pero sí se preocupa de cargarse con autoridad moral. Sabe que su conducta influye profundamente en la organización

Cuando surge un problema este liderazgo confía en la capacidad de quienes se sienten afectados: convoca para que se intenten y ofrezcan soluciones. Esta confianza es hoy contracultural, pero es un paso cualitativo hacia adelante.

Lo que afecta a todos, debe ser tratado por todos (“quod omnes similiter tangit, ab omnibus comprobetur”): este principio del antiguo derecho de Justiniano, es reinterpretado por el nuevo liderazgo como un principio fundamental de autogestión. Hay que tener paciencia; aceptar posible errores; luchar contra la tendencia interior a controlar. Una y otra vez se han de recordar de la necesidad de confiar: “quien te cree, te crea”. El líder no es un hércules que carga con el mundo. Es, ante todo, un facilitador que energiza y empodera a los demás.

El líder no se oculta bajo la máscara de su rol. Sus mejores virtudes son la humildad, la confianza, la osadía, el candor, la vulnerabilidad y la autenticidad. Con su forma de ser invita a todos a asumir riesgos. Vulnerabilidad y fuerza no están en contradicción, sino que son polaridades que se refuerzan mutuamente. Por eso, el líder no necesita llevar una agenda loca. Él no debe tomar todas las decisiones. No debe estar en todo. No necesita reunirse tantas veces. Desecha la pirámide organizacional.

El líder está al servicio de un proyecto, de una causa y no de su propio proyecto, de su propia causa, de su “ego”. Y se lo recuerda a sí mismo y a los demás. Y debe estar muy atento para que no sea el éxito, la competitividad, su proyecto oculto de acción.

El líder turquesa encuentra hoy modos para conectar con todos. Los blogs lo facilitan enormemente. Hay que utilizar para ello las nuevas tecnologías.

En su libro The living Organization: Transforming business to create extraordinary results, Norman Wolfe (5) habla de cómo la energía que necesitan las organizaciones para la transformación emerge en la actividad, las relaciones y el contexto:

  • Hay energía en la acción: el “qué hacemos y cómo lo hacemos”.
  • Hay energía en la relación: lo que decimos y cómo lo decimos, cómo nos relacionamos entre nosotros.
  • Hay energía en el contexto: es la energía del significado y el objetivo, de la conexión con un todo más amplio, que nos sobrepasa.

Esta energía desplegada en tres direcciones nos abre el camino hacia lo mágico: la magia de las organizaciones. Cuando el campo energético del contexto es sano y poderoso, las relaciones son sanas y poderosas también. Y entonces lo que en otras circunstancias causa pérdida de tiempo y energía en el campo de la actividad, aquí desaparece.

“Lo que hagas o sueñes que puedes hacer ¡comiénzalo! La audacia tiene genialidad y poder y magia en ella” (Johann Wolfgang von Goethe).

Ésta es la línea de liderazgo y de organizaciones que el Papa Francisco sueña para la Iglesia, pueblo de Dios. Con motivo de la celebración de los 50 años de la institución del Sínodo de los Obispos, habló de la “sinodalidad” en esta clave. El Papa Francisco nos estaba hablando de una Iglesia organizada en color turquesa. En los siguientes extractos de su discurso se puede apreciar.

«Debemos proseguir por este camino. El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el potenciamiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra “Sínodo”. Caminar juntos – Laicos, Pastores, Obispo de Roma – es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica.».

El sensus fidei impide separar rígidamente entre Ecclesia docens ed Ecclesia dicens, ya que también la Grey posee un “instinto” propio para discernir los nuevos caminos que el Señor abre a la Iglesia. Ha sido esta convicción a guiarme cuando he deseado que el Pueblo de Dios viniera consultado en la preparación de la doble cita sinodal sobre la familia… Pero, ¿cómo sería posible hablar de la familia sin interpelar las familias, escuchando sus alegrías y sus esperanzas, sus dolores y sus angustias?

Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia que escuchar “es más que oír”. Es una escucha reciproca en la cual cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, Colegio Episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el “Espíritu de verdad” (Jn 14,17), para conocer lo que Él “dice a las Iglesias” (Ap 2,7).

Pero en esta Iglesia, como en una pirámide dada vuelta, la cima se encuentra por debajo de la base. Por esto quienes ejercen la autoridad se llaman “ministros”: porque, según el significado originario de la palabra, son los más pequeños de todos.


1 Cf. Frederic Laloux, Reinventing Organizations: A Guide to Creating Organizations Inspired by the Next Stage of Human Consciousness, Nelson Parker, Brussels, 2014. Cf. Parte 1, capítulo 3: “Evolutionary- Teal”, donde desarrolla este modelo paradigmático, que después verificará con no pocos ejemplos en la parte 2: “The structures, practices and cultures”.

2 Ira, vergüenza, culpa son frecuentemente escudos de nuestro “ego”, pero pobres maestros para el alma.

3 Cf. Simon Sinek, Start with why: How great leaders inspire everyone to take action, Portfolio Pinguin, New York 2009. Él es el autor del “círculo de oro” (el qué, el cómo y el porqué).

4 “Una transformación interior radical y la elevación a un nuevo nivel conciencia puede ser la única esperanza real que tenemos en la actual crisis global traída por el paradigma occidental dominante mecanicista (Stanislav Grof).

5 Norman Wolfe, The living Organization: Transforming business to create extraordinary results, Quantum Leaders, 2011.

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Testimonios de las catorce obras de misericordia

Si «el nombre de Dios es Misericordia», como dice el Papa, sus apellidos bien pueden ser los 14 modos que desde hace siglos propone la Iglesia para vivir y practicar el amor de Dios: las obras de misericordia. Estos son testimonios reales de cómo se puede vivir el Año de la Misericordia.

1. Dar de comer al hambriento

El comedor que las Siervas de Jesús tienen en el barrio de Vallecas (Madrid) sirve 500 comidas diarias, más las que reparte en tuppers a familias que, con toda lógica, prefieren dar de comer a sus hijos en casa. Y aunque el menú cambia, el cariño de las monjas y de los voluntarios es aquí el pan nuestro de cada día. Aquí se da de “comer al hambriento” Sor Encarnación, responsable del comedor, explica que “en el comedor se ven todos los tipos de miseria que hacen sufrir a las personas. Esas miserias las metemos en el corazón de Jesús, que siempre mira por los pobres. En su vida pública, Jesús no dejó de dar de comer a los hambrientos, y hoy lo sigue haciendo y pidiéndonos que lo hagamos en su nombre”. Por lo que ve cada día, saber que “hay mucha gente que pasa hambre en España, familias enteras, aunque no lo digan por vergüenza. Y los católicos no podemos vivir como si no lo supiésemos”. “El Año de la Misericordia es un buen momento para que quien pueda ayude en un comedor, o dando comida. Así daremos de comer al hambriento en nombre de Dios, y daremos de comer a Cristo, que dijo que cuando ayudábamos al necesitado, con Él lo hacemos”, concluye.

2. Dar de beber al sediento

“El agua es fuente de vida para la naturaleza y para las personas. Y al revés: cuando no se tiene acceso a ella, es sinónimo de esterilidad, de enfermedad y de muerte, sobre todo para los más indefensos y los más débiles, como los pobres y los niños”. Las palabras de Ángel Berna, un aragonés que lleva 40 años en Guatemala, suenan con la convicción de quien habla desde la experiencia diaria. A través de la ONG MejorHa, socia local de Manos Unidas, en el departamento de Chiquimula, en el llamado Corredor Seco de Guatemala, Berna coordina un proyecto para recuperar y aprovechar el agua de lluvia. A través de una infraestructura sencilla, varias comunidades tienen, por primera vez en años, acceso al agua “para usos tan elementales como regar los cultivos, asearse, lavar los alimentos antes de consumirlos, limpiar los hogares, tratar sus excretas, e incluso beber”. Ni una gota se desperdicia. Porque en Ciiquimula “hay más niños que se mueren por las diarreas y los vómitos que les causa la falta de higiene y por comer alimentos sin lavarlos que por falta de comida”. “Y no sabes cómo le ha cambiando la vida a estas personas – dice Berna: la limpieza y el acceso al agua no solo han reducido la basura acumulada, las moscas y las enfermedades; les ha devuelto su dignidad, se sienten más persona”.

Cuidar del agua para dar de beber al sediento no es solo ayudar a canalizarla o no malgastarla, sino cuidar del medio ambiente: “El cambio climático es una realidad y los empobrecidos lo sufren más, porque se están alterando los ciclos de las cosechas, y los efectos de las sequias y de fenómenos como el Niño y la Niña están acabando con cosechas enteras de maíz y frijol, que son el principal sustento de estas comunidades”, dice Berna. Por eso, “cuidar del agua y del medio ambiente, y apoyar a quienes trabajamos en ello, es hacer que la misericordia de Dios restaure la dignidad de los pobres”.

3. Dar posada al peregrino

Por si fuese poco complicada la vida de un matrimonio con cuatro hijos (una, «algo pachucha») y en el que los dos cónyuges son enfermeros (con sus horarios, sus guardias…), Daniel y su mujer han remodelado su casa y su vida para acoger al peregrino. Literalmente: «Los dos somos laicos de espiritualidad comboniana, y cuando vimos que ya no podíamos irnos de misiones por nuestra situación familiar, pedimos a Dios que nos mostrase cómo le podíamos ayudar a trabajar por la justicia». Y el Espíritu Santo movió ficha. Como si explicase que ha hecho unas reformillas en casa, Daniel cuenta que «vimos la necesidad de acoger a inmigrantes africanos que llegaban saltando la Verja, porque eran los que peor lo tenían por su situación legal, sanitaria y psicológica. Y abrimos una casa de acogida para subsaharianos». Casa en la que ellos vivían hasta hace unos meses, y que ahora visitan cada día junto a 15 voluntarios que ayudan a los inmigrantes a aprender español, a trabajar, a arreglar sus papeles… «Son parte de la familia y les ayudamos en lo que podemos, pero sin paternalismos: están con nosotros año y medio, y después les ayudamos a buscar una salida laboral. Pero se lo tienen que currar ellos». Porque dar techo es, según dice, «ayudar al hermano ante lo que pueda venir».

4. Vestir al desnudo

A quienes viven en la calle o están atravesando graves dificultades económicas, las ofertas del Black Friday y de las rebajas navideñas les suenan a ecos imposibles. Sin embargo, a esas personas «también les gusta elegir un tipo de ropa concreto, probársela y ver si les sienta bien. Es algo tan elemental como vestir conforme a la edad y al gusto de cada uno». Así lo explica Raquel Saiz, responsable del proyecto Arrropa de Cáritas Burgos, una empresa de inserción laboral que ha dado una vuelta

de tuerca al tradicional ropero de parroquia. «En Arrropa recogemos ropa de segunda mano que la gente deja en contendores especiales situados en la calle, la tratamos, la etiquetamos y la ponemos a la venta a precios que van desde los 50 céntimos hasta los ocho euros. Así, quien tiene necesidad viene a una tienda, elige su ropa como cualquier otra persona y no tiene la sensación de estar viviendo solo de la caridad, porque aporta una pequeña cantidad que en ocasiones es para ellos un esfuerzo». Este modo de trabajar ha permitido que se creen varios puestos de trabajo para personas con dificultades de inserción en el mercado laboral, derivadas de la bolsa de trabajo de Cáritas Burgos. «Aquí no solo vestimos al desnudo, sino que revestimos a la persona con el valor humano que tiene como criatura de Dios».

5. Visitar al enfermo

Elena lleva casi 20 años (más de la mitad de su vida) vinculada a la atención desinteresada de personas mayores e impedidas. Una obra de misericordia –la de visitar al enfermo–, que en los últimos años lleva a cabo junto a otros voluntarios de la parroquia de Nuestra Señora de la Visitación, en el distrito madrileño de Moratalaz, una zona cada vez más envejecida de la capital.

Una tarde por semana, Elena recorre las calles de su barrio para visitar a personas ancianas que viven solas o tienen sus capacidades muy mermadas. Entre este grupo «de jóvenes de entre 86 y 95 años» hay feligreses habituales, y también «personas que no creen en Dios pero que piden esta visita porque se lo recomienda un vecino que sí va a la parroquia». Elena lleva a cabo una labor de acompañamiento personal y espiritual: «Queremos que vean que no están solos, que siguen formando parte de la vida de un barrio en el que viven desde hace años. También rezamos con ellos, les leemos el Evangelio, escuchamos lo que nos cuentan, charlamos de todo…». En resumen, «estamos con ellos para que nos sientan cercanos y para que sientan cerca a Dios. No maquillamos su realidad, que a veces es bastante dura, sino que intentamos que la vivan desde Dios». Una tarde de visita es capaz de alegrar toda la semana de quien la recibe, pero Elena se quita méritos: «Es un deber de justicia para restaurar el respeto que todo mayor o enfermo se merece. Es lo que nos pide Dios».

6. Socorrer a los presos

Una cárcel no es, por definición, la clase de lugar al que una persona va voluntaria y gustosamente. A no ser que esa persona sea un mercedario como el padre José Juan Galve, superior en la Provincia de Aragón de la Orden de la Merced, cuyo carisma original es socorrer a los presos. «El trabajo de la Iglesia en la cárcel –dice el padre Galve– tiene muy mala prensa, porque es un entorno que parece muy agresivo para una persona normal». Y es verdad que «en la cárcel hay gente mala y peligrosa, que no quiere cambiar», pero «sobre todo hay pobreza material e indigencia afectiva, espiritual y psicológica». Cada vez que visita una prisión, como la cárcel Modelo de Barcelona, tanto él como los voluntarios de pastoral penitenciaria «llevamos la misericordia de Dios, su amor que es más fuerte que todos nuestros delitos, y la dignidad que nos da ser hijos de Dios, a personas que no han sabido lo que es ser amados, que se dan por perdidos o que pensaban que nadie podría perdonarles». Y cuando la Iglesia socorre a los presos, tanto en la cárcel como con los ya exconvictos, «es impresionante ver lo que Dios hace en un corazón que se le entrega: restaura su vida, devuelve esperanza, sana heridas y adicciones, hace madurar y ver que todo acto tiene consecuencias, y levanta la mirada del que siente vergüenza. Solo la misericordia de Dios es capaz de hacer algo así».

7. Enterrar a los muertos

¿De qué sirve la misericordia con el cuerpo, cuando uno ya está muerto? ¿Por qué la Iglesia dice que enterrar a los difuntos es una obra de misericordia? «Pues porque la muerte es un momento tan esencial de la vida, del que nadie se libra y que abre la puerta a la eternidad, que es necesario hacer presente el amor de Dios; y porque al cuerpo, que ha sido creado por Dios y ha sido templo del Espíritu Santo, hay que tratarlo con dignidad». La explicación es del hermano Hermenegildo, superior de la comunidad de Hermanos Fossores de la Misericordia de Guadix. El carisma de los fossores es cuidar los cementerios (en España lo hacen en Logroño y Guadix) para ocuparse de las exequias y consolar a las familias.

«Algunas personas –explica– dicen que lo que hacemos nosotros ellos no lo harían ni por todo el dinero del mundo. Y yo respondo que por todo el dinero del mundo tampoco lo haríamos. Lo hacemos para llevar el amor de Dios a otros en el momento del duelo». Porque «ante la muerte, sobre todo si es de alguien cercano, lo natural es que aflore el dolor, pero la presencia de un católico en un entierro o en un funeral debe ser garantía de calor humano, de acompañamiento, de esperanza y de oración».

8. Enseñar al que no sabe

Algo especial tendrá la enseñanza cuando el mismo Jesucristo se dejó llamar «Maestro». Acaso por eso la Iglesia considera que enseñar al que no sabe es una obra de misericordia de primer orden. La primera de las siete obras espirituales, y que Ana María Pérez vive de forma poliédrica. Y decimos poliédrica porque Ana ejerce como profesora de Matemáticas para adultos en Guadalajara, aunque antes ha dado clase a adolescentes en varios institutos públicos, además de impartir cursos y talleres organizados por el Instituto Bíblico Oriental de Cistierna, en León, para menores y mayores de edad, en los que mezcla Matemáticas, copto, cultura egipcia y Sagradas Escrituras. «Sin la enseñanza –explica–, el ser humano no tiene verdadera libertad, no crece por dentro. Y si el surco de la fe no lo abonamos con razones y con el patrimonio del conocimiento que los hombres han ido construyendo durante siglos, la vida interior queda inmóvil». Algo que se aplica lo mismo al sustrato semítico del Evangelio que a una ecuación de segundo grado, pues «enseñar algo a quien lo desconoce ayuda a construir a la persona para que vaya siendo más como Dios la ha pensado, si se enseña desde el amor al otro, desde la humildad de quien entrega lo mejor que tiene, y con una visión trascendente del educando, en quien el educador reconoce un signo de la misericordia divina».

9. Dar consejo al que lo necesita

«La vida familiar es preciosa, pero chico, el matrimonio y la paternidad tienen muchos recovecos, y hay momentos en los que parece que solo hay problemas… Es ahí donde muchas parejas tiran la toalla, y es ahí donde nosotros entramos para mostrar que casi todos tenemos los mismos problemas, para rebajar la tensión y el dramatismo, y para explicar cómo se pueden salvar los escollos». Así resume Joaquín Chacón lo que, junto a su mujer Catalina Aguilera, hacen desde el Centro de Orientación Familiar Juan Pablo II, de Lucena, en Córdoba. «Nuestra labor –afirma– es acompañar como matrimonio a otras familias que buscan solucionar sus problemas. Quedamos con ellos, les escuchamos, intentamos detectar lo que les pasa y les aconsejamos, desde nuestra experiencia y desde la formación que recibimos en el COF, sobre el mejor modo de salvar sus obstáculos; o bien los derivamos a un especialista si es necesario». Porque, en esencia, «ante una persona que necesita un consejo, cualquier católico puede seguir esos pasos: vencer la indiferencia ante sus problemas, ponerte en la piel del otro, evitar juzgar, y aconsejar si estás seguro de algo, o derivarlo a quien pueda ayudarle mejor que tú». Y así, la misericordia de Dios le gana el terreno al aislamiento, al egoísmo y a la desorientación.

10. Corregir al que está en error

El juez de menores Emilio Calatayud se le conoce por sus sentencias ejemplares, como por ejemplo cuando ha condenado a un ladrón de 16 años a aprender a leer, o a otro menor a terminar la Secundaria. Porque aunque su cargo en los juzgados de Granada le brinda la ocasión de castigar impasiblemente al que delinque, Calatayud prefiere apostar por una justicia que «muestre al chaval por qué y en qué se ha equivocado, cuáles son las consecuencias de sus actos, y les dé una oportunidad para enmendarse y para enmendar el daño que han causado».

Según Calatayud, «el 80% de los menores que yo juzgo no son en rigor delincuentes, sino chicos y chicas que han hecho algo mal por inmadurez y a los que les han pillado. Hay otro 20% que sí, que obra mal conscientemente, pero la mayoría son carne de cañón». El juez granadino aplica unas pautas que valen para cualquier situación en la que se deba corregir al que yerra: «Para no perder la perspectiva, conviene pensar qué habría hecho yo si hubiese vivido su situación personal, familiar, afectiva… Luego, considerar que no hay nadie que esté absolutamente perdido, sobre todo si es joven. Después, no ahorrarle la verdad: todos los actos tienen consecuencias y obrar mal lleva a un mal camino». Y por último, «escoger la mejor consecuencia para él, de la que pueda extraer la mejor lección, dándole oportunidades para cambiar y sin menospreciarlo como persona». Algo que es más fácil cuando se ve en el que yerra un sujeto de la misericordia de Dios…

11. Perdonar las injuria

Tener un hermano es sinónimo de tener un compañero de juegos, un confidente de secretos, un cómplice para travesuras, un apoyo en los problemas…, y un contrincante para peleas, discusiones y piques varios. Que se lo digan a Mariano y a Alfonso, de 8 y 5 años, que como buenos hermanos pasan del amor a la colleja, y de la colleja al abrazo, en un abrir y cerrar de ojos. Mejor no preguntamos qué cosas hace el otro para que se enfaden con él, y pasamos directamente a por qué se piden perdón después de una trifulca: «Pues porque si no perdono –dice Alfonso–, sigo enfadado y con rabia, y me quedo peor. Y encima él también se queda triste y salimos perdiendo todos». A Mariano se le nota la catequesis con la que la diócesis de Alcalá de Henares le prepara para la Comunión: «A veces perdonar me cuesta, porque estoy demasiado enfadado, y no quiero reconocer que a lo mejor he hecho algo mal. Pero cuando pides perdón, se lo estás pidiendo también a Jesús, que nos enseña que no perdonar es malo». «Lo que dice mi hermano es verdad –añade Alfonso–, porque Jesús nos va ayudando a que no nos volvamos a pelear, y a que si lo hacemos, nos cueste menos ir pidiendo perdón». Unas palabras que cualquier adulto puede hacer suyas cada vez que tenga que perdonar… si quiere «hacerse como un niño».

12. Consolar al triste

Envuelta en mantas y con los signos que tiñen el rostro de quien se pasa el día pidiendo en la calle, Dori es una figura habitual para quien transita por la calle Arenal, de Madrid. Pero, lejos de lo que pintan las apariencias, Dori da mucho más de lo que recibe: conoce y se ocupa de algunas personas sin hogar; dio techo a un hombre que mendigaba en la calle con la vida familiar rota; y pregunta a los feligreses habituales por sus problemas, sus enfermedades y sus familias. «Es lo que nos dijo Nuestro Señor: que todos tenemos problemas y que tenemos que cuidarnos unos a otros. Como yo he tenido muchos problemas –Dori arrastra un largo historial familiar y personal de enfermedades, maltratos y desequilibrios–, me figuro lo que piensa y lo que sufre la gente, y puedo hablarles mejor, y decirles que pasen a la iglesia a hablar con Dios, que les quiere mucho», dice arrebujándose en sus mantas. Y da un consejo evangélico, de cita libre, para consolar al triste: «No juzgar mal al otro. Lo decía Jesús: “Que tire la primera piedra el que tenga una mota en el ojo y no una viga”».

13. Soportar con paciencia los defectos del otro

El entorno laboral es terreno abonado para roces y discusiones, donde los defectos propios y ajenos pueden aliarse en una combinación fatal. «En casi todos los trabajos suelen darse los mismos problemas –dice Rafael Jiménez, responsable de Recursos Humanos del grupo hotelero NH–: egoísmo, prepotencia, pereza, falta de colaboración, guerrillas internas… Y lo importante es no dejar que esos defectos, esos fallos y esos pecados, que son muy humanos, ganen terreno». Por eso, Jiménez explica que «la paciencia con los compañeros, los jefes y los empleados es clave para crear un clima positivo, en el que se valore más al otro por lo que tiene de bueno que por lo que no me gusta». Y del mismo modo que pasa «en el matrimonio, en la familia o con los amigos», en ocasiones «la paciencia tiene que ir de la mano de la mansedumbre y de la humildad, para saber pedir perdón incluso cuando uno no tiene la culpa». Solo cuando la miseria humana se ve acorralada por el buen corazón, «que es reflejo del amor de Dios, el que falla logra ir venciendo sus defectos, y el que está a su lado, ir venciendo su impaciencia».

14. Rogar por vivos y difuntos

«Ninguna de las obras de misericordia, ni las espirituales ni las corporales, pueden vivirse ni practicarse sin la oración. Aunque la Iglesia la ponga la última de la lista, rogar al Señor por vivos y difuntos es la base de todas las obras buenas que el Espíritu inspira en el mundo». La voz serena del hermano Alfonso Lora, superior de la comunidad de cistercienses contemplativos de Oseira, en Orense, remarca cada palabra para subrayar que «todas las cosas importantes de la vida tienen que ver con Cristo». «Nuestra vida de monjes, como la de cualquier contemplativo, no tiene otro objetivo que entregarnos por entero a Dios con el trabajo y la oración. Sin embargo, que el mundo viva de la oración es responsabilidad de todos los católicos», recuerda. Porque «cada vez que rezamos, acudimos a la fuente de la misericordia: Cristo. Él intercede por nosotros ante el Padre, nos escucha, nos va cambiando el corazón, y nos une a los hermanos vivos, purgantes o victoriosos en el cielo». En este Año de la Misericordia, «la llave que nos abrirá el corazón a las otras trece obras de misericordia es la vida de la gracia que surge de la oración», concluye.


Reportaje del semanario Alfa y Omega.

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CICSVA

La Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica ha presentado esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede el documento “Identidad y misión del religioso hermano en la Iglesia”, y ha ilustrado además las manifestaciones conclusivas del Año de la Vida Consagrada. Han participado en el acto el cardenal João Braz de Aviz, Prefecto de ese dicasterio y el arzobispo José Rodríguez Carballo, O.F.M., Secretario de la misma congregación.

“El documento -explicó el cardenal Braz de Aviz- pone de relieve la gran riqueza y la actualidad de la vocación de los hermanos y su contenido es muy válido e innovador a la luz del Concilio Vaticano II. La vocación del hermano religioso es, en primer lugar, la vocación cristiana… y el rasgo de la persona de Cristo que el hermano religioso subraya especialmente con su forma de vida no es otro que el de la fraternidad… que refleja el rostro de Cristo-Hermano, sencillo, bueno, cercano a la gente, acogedor, generoso, servidor”.

La identidad y la misión del hermano religioso, como indica el texto, se resumen en la fraternidad entendida como don que el hermano recibe de Dios Trinidad, comunión de personas; don que comparte con sus hermanos en la vida fraternal en la comunidad y don que ofrece al mundo para la construcción de un mundo de hijos de Dios y de hermanos.

A continuación el purpurado ilustró el tema de la fraternidad como don que el hermano religioso recibe de Dios Uno y Trino. “El hermano religioso- dijo- llega a ser tal porque el Espíritu hace que conozca a Dios que en Jesús se revela como Padre lleno de amor, de ternura y misericordia. Junto con Jesús se siente amado y con El se ofrece para ser en su vida todo por el Padre y todo para sus hijos e hijas de este mundo. Una característica de la identidad del hermano religioso es la exigencia de la fraternidad como confesión de la Trinidad; una fraternidad abierta a todos, especialmente a los más pequeños, humildes, oprimidos, a los no amados, en definitiva a los más pobres, para convertirse en fraternidad universal”.

Esa fraternidad es un don que el hermano religioso comparte con sus hermanos en la vida de la comunidad. “Decir vida fraternal en la comunidad -aclaró el cardenal- equivale a decir relaciones armoniosas entre hermanos, conocimiento recíproco, aceptación…apoyo mutuo… división de talentos…., olvido de sí, perdón… colaboración en la misión eclesial, apertura a las necesidades de la Iglesia, del mundo y sobre todo de los más necesitados.. Todo esto es muy hermoso pero no brota espontáneamente…El alimento que sostiene a la comunidad es el don de la fraternidad que los hermanos religiosos reciben. El hermano necesita apoyar sus relaciones fraternales desarrollando su dimensión espiritual, mística y teologal”.

La fraternidad es, por último, un don que el hermano religioso ofrece al mundo y que se transforma en misión. Así, “los hermanos realizan la misión de contribuir a la construcción del Reino de fraternidad mediante la oración incesante, el testimonio de vida fraternal y la dedicación comunitaria al servicio de la Iglesia y del mundo… La fraternidad de los hermanos religiosos no es autoreferente o encerrada en sí misma; es una fraternidad ?. en perfecta sintonía… con una Iglesia en éxodo, en salida hacia las periferias de este mundo, llamada a lanzar puentes, abierta a todos los hombres contemporáneos de cualquier raza, cultura o credo”.

El amor fraternal se concreta en la Iglesia y en la vida de los hermanos religiosos en numerosos servicios que constituyen verdaderos ministerios, desde la educación a la atención a los enfermos y a los presos, pasando por la acogida de los refugiados y la catequesis etc… “De esta forma -finalizó el Prefecto- el hermano religioso señala a Dios en las realidades seculares de la cultura, la ciencia, la salud humana, el mundo del trabajo, el cuidado de los débiles y desfavorecidos. Y simultáneamente señala que hay que salvar al ser humano, hombre y mujer, todo entero, cuerpo, mente y espíritu, ya que cuanta afecta a la persona humana forma parte del plan salvador de Dios”.

En su intervención el arzobispo Rodríguez Carballo expresó su doble agradecimiento al Papa emérito Benedicto XVI que en 2008 fue el primero en impulsar la redacción del documento presentado hoy y al Papa Francisco, que leyó el borrador cuando era cardenal arzobispo de Buenos Aires y alentó en 2013, cuando ya era Pontífice, a retomarlo, perfeccionarlo y publicarlo.


Información del 14 de diciembre de 2015 del 14 de diciembre de 2015.

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158. En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres. Esta opción implica sacar las consecuencias del destino común de los bienes de la tierra, pero, como he intentado expresar en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium[123], exige contemplar ante todo la inmensa dignidad del pobre a la luz de las más hondas convicciones creyentes. Basta mirar la realidad para entender que esta opción hoy es una exigencia ética fundamental para la realización efectiva del bien común.


[123] Cf. n. 186-201: AAS 105 (2013), 1098-1105.

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139. Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados. Las razones por las cuales un lugar se contamina exigen un análisis del funcionamiento de la sociedad, de su economía, de su comportamiento, de sus maneras de entender la realidad. Dada la magnitud de los cambios, ya no es posible encontrar una respuesta específica e independiente para cada parte del problema. Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.

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I. Ecología ambiental, económica y social

138. La ecología estudia las relaciones entre los organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan. También exige sentarse a pensar y a discutir acerca de las condiciones de vida y de supervivencia de una sociedad, con la honestidad para poner en duda modelos de desarrollo, producción y consumo. No está de más insistir en que todo está conectado. El tiempo y el espacio no son independientes entre sí, y ni siquiera los átomos o las partículas subatómicas se pueden considerar por separado. Así como los distintos componentes del planeta –físicos, químicos y biológicos– están relacionados entre sí, también las especies vivas conforman una red que nunca terminamos de reconocer y comprender. Buena parte de nuestra información genética se comparte con muchos seres vivos. Por eso, los conocimientos fragmentarios y aislados pueden convertirse en una forma de ignorancia si se resisten a integrarse en una visión más amplia de la realidad.

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UNA ECOLOGÍA INTEGRAL

137. Dado que todo está íntimamente relacionado, y que los problemas actuales requieren una mirada que tenga en cuenta todos los factores de la crisis mundial, propongo que nos detengamos ahora a pensar en los distintos aspectos de una ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales.

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