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Recursos Domingo II de Cuaresma

PRESENTACIÓN DE UN FAROL ENCENDIDO

(Hace esta ofrenda uno de los militantes de la comunidad o cualquiera de los adultos que está comprometido en alguna actividad política, sindical o cívica. Entrega el farol al Presidente, que lo deposita sobre la mesa del altar. Luego dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este farol encendido, en este domingo en el que estamos recordando la transfiguración de tu Hijo. Esta luz es el símbolo de Jesucristo. Es luz mortecina, porque tan sólo expresa una anticipación de su resurrección. Y te la ofrezco como expresión de mi lucha y de la lucha de tu Iglesia por la transformación del mundo. La queremos hacer según tu Hijo Jesucristo y a sabiendas de que la definitiva nos la regalarás Tú en tu Reino.

PRESENTACIÓN DE UNA CRUZ

(Puede hacer la ofrenda un enfermo o anciano de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, esta pequeña cruz, que es el símbolo de mi enfermedad y de cuantos sufren por cualquier motivo en este mundo. Te la ofrezco en la esperanza de que Tú la unas a la de Jesucristo, tu Hijo, por la cual nos llegó la salvación al ser el único sacrificio que te ha sido agradable. Ayúdame, Señor, a tomar cada vez más clara conciencia de que sólo la cruz es el germen de la vida, que espero compartir con tu Hijo resucitado. A través del testimonio de alegría de todos los enfermos y enfermas, ayuda a los sanos a que valoren la cruz como necesaria para su total transfiguración.

PRESENTACIÓN DE UN TRANSISTOR

(Lo puede hacer cualquier miembro de la comunidad. Tras entregárselo al Presidente, dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo este transistor, que me sirve para ponerme en contacto con uno de los medios de comunicación más populares y que utiliza el oído, como el sentido fundamental de la persona. Con él quiero expresar que todos nosotros y nosotras somos oyentes de tu Palabra, que queremos vivir a tu escucha en todo momento y así acoger a tu Hijo amado. Ayúdanos.

PRESENTACIÓN DE UNA ROCA

(Lo realiza una persona adulta de la Comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, esta roca, como signo de que te reconocemos como nuestro refugio y fortaleza. Es más, no queremos tener otro. Te pedimos que, si somos víctimas de la tentación y los cantos de sirena de este mundo, Tú nos abras los ojos y los oídos del corazón para no dejarnos enredar por ellos.

MATERIAL de un RETIRO COMUNITARIO o de un CURSO DE BIBLIA

(Algún miembro activo de la Comunidad Parroquial presenta la Carpeta del material del Retiro, o del Curso de Biblia)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor y Padre nuestro, Tú nos has invitado a mirar a tu Hijo amado y a escucharle atentamente. Lo queremos hacer, Señor. De ahí que te presentamos el material de trabajo del último RETIRO realizado en Comunidad (o el último Curso de Biblia). Nos sirvió para conocerle más, pero necesitamos seguir en el camino iniciado. Nos comprometemos a realizarlo también en esta Cuaresma.

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Elevemos, hermanos, a nuestro Padre Común nuestras preces en este día que Jesús se transfigura ante nosotros para que su cuerpo luminoso sea lámpara para nuestros pasos. Y respondemos:

QUE TU LUZ NOS MUESTRE EL CAMINO

1.- Por el Papa Francisco, por los nuevos cardenales, por los obispos, presbíteros, diáconos y por todo el pueblo de Dios, para que sepamos ver que Jesús, con su luz, su palabra y su pan nos conforta siempre. OREMOS

2.- Por los responsables de todas las naciones y en especial por los encargados de la economía y los administradores de todos los recursos, para que a nadie le falte el pan, la casa y la libertad. OREMOS

3.- Por los profesores y alumnos de todo el mundo y de todas las religiones para que sepan enseñar y aprender que el amor es el mejor medio para la paz y el bienestar. OREMOS

4.- Por los pobres, los huérfanos, las viudas sin recursos, los ancianos, los inmigrantes y los perseguidos, para que reciban el apoyo moral y económico de todos nosotros. OREMOS

5.- Por los niños y adolescentes que completan los diferentes ciclos de catequesis cristiana, para que el Espíritu les muestre el bello camino de seguir a Dios Padre y a su Hijo Único. OREMOS

6.- Por todos los presentes en la Eucaristía –y por los que no pudieron o no quisieron venir—, para que la mesa del Pan y la Palabra nos sirva, especialmente, en la subida de la Cuaresma hacia la Pascua. OREMOS

Recibe, Dios Nuestro, estas oraciones que te presentamos con fe y humildad. Por Jesucristo Nuestro Señor.

¡Qué mala es la apariencia! Sobre todo cuando uno se acostumbra a ella, pues te engaña a tí mismo antes que a los demás. No hay nada más falso que la apariencia ni nada que provoque más pena que ver a una persona esclavizada por este engaño de mostrar lo que no se es. ¡Cuidado! porque no estamos libres del todo. La tentación del quedar bien, de decir pero no hacer, siempre estará al acecho. Que duro sería si Jesús dijera de nosotros lo que critica hoy de los gentiles, que por hablar mucho…

Jesús nos llama a la autenticidad y a la sencillez en uno de los ejercicios esenciales en la vida cristiana y que en este tiempo somos llamados a intensificar: la oración. Para orar no son necesarias palabras bonitas ni muchas palabras; precisamente de lo que estamos necesitados en un mundo tan ruidoso y con tantos estímulos, es de silencio. Sobretodo del corazón, que es el más difícil de conseguir; acallar la cantidad de ruidos afectivos que nos impiden escuchar el susurro de Dios: rencores, afectos desordenados, heridas del pasado… Son los primeros fantasmas que acuden a la oración y que intentan desanimar nuestra práctica. Hay que dejarlos salir a escena, que fluyan, que se manifiesten aunque sean incómodos, porque aún siendo los primeros en aparecer cuando uno se pone a orar, no tienen la última palabra, y tras ellos surgen las mociones del Espíritu, la consolación de Dios.

Orar nunca ha sido fácil, pero es necesario. Para ello hay que sentarse y silenciar una y otra vez, las que hagan falta, sin desanimarse. “Velad y orar para no caer”, dice Jesús a sus discípulos la noche de Getsemaní. Sólo el ejercicio constante, paciente, abierto y sin ansiedad, nos lleva a saborear y gozar de la oración. Sin prisa, con paz, en confianza, diciendo: “Padre nuestro…”

Juan Lozano, cmf

Martes I de Cuaresma

Hoy es 20 de febrero.

Cuando empiezo mi oración, este tiempo para estar contigo, Señor, pienso que tú estás presente en mi vida y que por eso, toda mi vida es oración. Pero ahora me doy cuenta de que en realidad soy yo, somos nosotros, los que siempre estamos en tu presencia. Que estamos siempre ante ti, que nos miras con ternura, con lucidez, con comprensión, con mucho amor. Ante ti, Señor, quisiera sentir la claridad de tu mirada paternal llena de ternura, llena de amor.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 6, 7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: “Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.” Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Jesús, Señor, al escuchar cómo nos enseñas a rezar, sabes cuál es la palabra que más me ha llamado la atención, la palabra “nuestro”, así, en plural. Nos animas a dirigirnos a “nuestro Padre”, al de todos, los cristianos, los no cristianos, los creyentes y los no creyentes. Los hombres y mujeres de cualquier religión o confesión, los de cualquier país o región del planeta. Qué distinto habría sido si nos hubieras dicho: cuando recéis, dirigíos al Padre y decid: “Padre mío”.

Pero, Señor, lo más sorprendente es que las peticiones concretas, todas están en plural. El pan nuestro, nuestras ofensas, no nos dejes caer, líbranos del mal. ¿Será que no puedo desentenderme de nadie, de ningún hombre ni de ninguna mujer, sea cuál sea su situación? Yo comparto con los amados del Padre, la necesidad de pan, las ofensas, la caídas, el asedio del mal.

Cuando leo el evangelio, me doy cuenta de que tu vida, Señor Jesús, fue en todo buscar cuál era la voluntad de tu Padre para llevarla a cabo. Muchos agase tu voluntad.

  1. Padre nuestro, hra buscar en todo la voluntad de nuestro Padre, sinti. la encia. que ños sin darte a conocer, viviendo entre la gente, aquellos tiempos ilusionados en que con los discípulos y los que te seguían, anunciaste la buena nueva del Reino de Dios por tierras de Galilea. Aquella subida decidida a Jerusalén, tu pasión y muerte en cruz. Yo quisiera, Señor, acompañarte siempre para buscar en todo la voluntad de nuestro Padre, sintiéndome muy cerca de ti. Padre nuestro, hágase tu voluntad.

He rezado tantas veces el Padre nuestro y quizá tan rápidamente que ya no me conmueve. Si fuera capaz de entender con la cabeza y con el corazón el sentido profundo de cada una de las siete peticiones, probablemente en mi vida cambiaría.

Tantos años rezando el Padre nuestro, y quizás todavía no he descubierto que esa oración me hermana con todas y todos los amados del Padre. Tantos años rezando el Padre nuestro, y quizás todavía no he asumido nuestras ofensas, pensando que eso no va conmigo. Tantos años rezando el Padre nuestro, y quizás todavía no he querido darme cuenta de que el pan de cada día no llega a todos los hijos e hijas del Padre, pero a mí sí. Tantos años rezando el Padre nuestro y quizás todavía no he aprendido a perdonar de verdad, incluso a los que creo que tienen la culpa. Tantos años rezando el Padre nuestro y no he querido comprender, ni aceptar, mi debilidad y nuestra debilidad que nos hace caer en la tentación. Tantos años rezando el Padre nuestro, como si sólo fuera Padre mío. Tantos años rezando el Padre nuestro, tantos años, Señor.

<

p style=”text-align:justify;”>Padre nuestro,

que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.
Amén.

Liturgia 20 de febrero

MARTES DE LA I SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa de feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias, Prefacio de Cuaresma

Leccionario: Vol. II

  • Is 55, 10-11. Mi palabra cumplirá mi deseo.
  • Sal 33. Dios libra a los justos de sus angustias.
  • Mt 6, 7-15. Vosotros orad así.

Antífona de entrada          Sal 89, 1-2

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Oración colecta
Señor, mira, con amor a tu familia
y a los que moderan su cuerpo
con la penitencia,
aviva en su espíritu
el deseo de poseerte.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Dios y Señor nuestro, creador todopoderoso,

acepta los dones que tu mismo nos diste
y transforma en sacramento de vida eterna
el pan y el vino que has creado
para sustento temporal del hombre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma

Antífona de comunión          Sal 4, 2
Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío; tú, que en el aprieto me diste anchura, ten piedad de mí y escucha mi oración.

Oración después de la comunión
Que esta eucaristía nos ayude, Señor,
a vencer nuestro apego a los bienes de la tierra
y a desear los bienes del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

San Euquerio

Euquerio, obispo
(c.a. 690-743)

Natural de Francia y nacido de familia noble alrededor del año 690, en Orleáns.

Dice la leyenda que su madre era piadosísima y que poco antes de tener al hijo tuvo un sueño angelical. Sí, una criatura celeste le anunciaba que iba a ser madre de un futuro obispo muy santo. Y es que hubo un tiempo en que las biografías de santos tenían poco «gancho» si no se presentaba su figura con títulos de gran alcurnia y con abundancia de datos sobrenaturales.

Normalmente las cosas de Dios suelen ser más simples y sencillas y el santo se forja en el continuo juego de la correspondencia a la gracia, teniendo con frecuencia los altibajos que dependen tanto de los dones otorgados -y esto sólo lo puede medir el Espíritu Santo- como de la generosidad en la respuesta del que los recibe -siendo esto cosa muy difícil de calibrar.

El caso es que nació como todos los niños y con la acción de gracias de los padres, como es lo normal. De niño se inicia en el conocimiento de las letras y cuando joven le entusiasman los conocimientos propios del saber de la época; se adentra en las artes y en las ciencias; le gusta la filosofía y prefiere ante todo la teología. Al calor de la devoción sincera con la Virgen comienzan a señalarse rasgos de profundidad en la virtud.

Cuando Leodoberdo es obispo abraza el estado clerical. Luego se hace monje en el monasterio de Jumièges, a orillas del Sena, cerca de Ruan; al parecer es uno de los lugares santos de más estricta observancia. A la oración y la penitencia propia del monasterio añade el estudio de los sagrados cánones y de los santos Padres. Recibe el Orden Sacerdotal y se adentra en la Eucaristía con lágrimas en los ojos.

Muerto Severo, obispo de Orleáns, es propuesto para obispo de la sede vacante. Tiene que ser Carlos Martel, el rey merovingio hijo bastardo de Pipino de Heristal, quien casi le obligue a aceptar, una vez vencida la resistencia personal a abandonar el silencio del claustro y la compañía de sus hermanos monjes. Pensaba en aquel momento que las «dignidades» bien podrían ser causa de condenación.

Parece que le va bien el oficio de obispo, un tanto extraño para un monje. Desempeña su ministerio con un celo poco usual. Cuentan los cronicones que entra de lleno en cuidar la disciplina eclesiástica ya que está convencido de que el buen ejemplo es la primera predicación al pueblo. Y así sucedió. Con un clero bien dispuesto, llegan tempranos los frutos que pudo recoger: hay reforma en las costumbres del pueblo; se da una vuelta a la piedad sincera. Incluso se traspasan los límites de la diócesis de Orleáns que agradece de modo ostensible el recibimiento a su obispo-padre hasta en los lugares más remotos.

No iba a estar exenta esta santa vida y labor de cruces que purifican ni de la acción de los que padecen el tic de la envidia que siempre y en todo lugar fueron muchos. Aquí también. Soliviantan los ánimos de Carlos Martel, cuando regresa de Aquitania, volviéndolos en contra de su protegido de otro tiempo porque tuvo el valor de enfrentarse el rey franco defendiendo los bienes de la Iglesia al utilizarlos como fondos para sus campañas guerreras. Los envidiosos supieron aprovechar bien el momento y echaron leña al fuego hasta levantar una hoguera de tamaño natural. El resultado fue el destierro del obispo Euquerio que muere el 20 de febrero del año 743 en la abadía de Tron donde pasó en humilde y escondida santidad sus últimos seis años.

Laudes – Martes I de Cuaresma

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

Himno: EDIFICASTE UNA TORRE

Edificaste una torre
para tu huerta florida;
un lagar para tu vino
y, para el vino, una viña.

Y la viña no dio uvas,
ni el lagar buena bebida:
sólo racimos amargos
y zumos de amarga tinta.

Edificaste una torre,
Señor, para tu guarida;
un huerto de dulces frutos,
una noria de aguas limpias,
un blanco silencio de horas
y un verde beso de brisas.

Y esta casa que es tu torre,
este mi cuerpo de arcilla,
esta sangre que es tu sangre
y esta herida que es tu herida
te dieron frutos amargos,
amargas uvas y espinas.

¡Rompe, Señor, tu silencio,
rompe tu silencio y grita!
Que mi lagar enrojezca
cuando tu planta lo pise,
y que tu mesa se endulce
con el vino de tu viña. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.

Salmo 23 – ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
El la fundó sobre los mares,
El la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.

Ant 2. Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.

Cántico: ESPERANZA DE ISRAEL EN BABILONIA Tb 13, 1-10

Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano.

Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro Padre por todos los siglos.

Él nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre todas las naciones
por donde estáis dispersados.

Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro.

Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los siglos.

Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder
a un pueblo pecador.

Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.

Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su grandeza.
Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus elegidos en Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.

Ant 3. El Señor merece la alabanza de los buenos.

Salmo 32 – HIMNO AL PODER Y A LA PROVIDENCIA DE DIOS

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando vuestra música con aclamaciones:

que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales,
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano.

Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y existió;
él lo mandó, y surgió.

El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.

El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.

No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran ejército se salva.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros esperamos en el Señor:
él es nuestro auxilio y escudo,
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor merece la alabanza de los buenos.

LECTURA BREVE   Jl 2, 12-13

Convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad vuestros corazones y no vuestras vestiduras, y convertíos al Señor, vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.

RESPONSORIO BREVE

V. Él me librará de la red del cazador.
R. Él me librará de la red del cazador.

V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Él me librará de la red del cazador.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.

PRECES

Bendigamos a Cristo, pan vivo bajado del cielo, y digámosle:

Cristo, pan de las almas y salvación de los hombres, fortalece nuestra debilidad.

Señor, sacia nuestra hambre en el banquete de tu eucaristía
y danos participar plenamente de los bienes de tu sacrificio pascual.

Concédenos, Maestro bueno, escuchar tu palabra con corazón noble
y haz que perseveremos hasta dar fruto.

Que con nuestro trabajo, Señor, cooperemos contigo para mejorar el mundo,
para que así, por la acción de tu Iglesia, reine en él la paz.

Reconocemos, Señor, que hemos pecado;
perdona nuestras faltas por tu gran misericordia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Unidos fraternalmente, acudamos ahora al Padre de todos:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, mira con amor a tu pueblo, que trata de purificar su espíritu en estos días cuaresmales con la moderación en el uso de las cosas terrenas, y haz que esta sobriedad alimente en él el deseo de poseerte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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