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¡Señor Jesús qué desengaño, a lo mejor,
se llevará o nos llevaremos más de uno!
O ¡qué sorpresa más agradable
algunos tendrán en el momento
de encontrarse con Dios Padre!
Sí, unos se encontrarán con un billete
para el cielo sin, a lo mejor,
jamás pensar en ello!
Es cierto que la fe cristiana,
en muchos aspectos,
es complicada, no fácil de entender.
Pero en lo esencial
¡qué clarísima que es!
Todo está en amar.
Así de sencillo.
Todo está en solidarizarse
con los necesitados de nuestro mundo.
¡Qué bonito que lo has hecho,
Señor Jesús!
Este mundo es un gran carnaval,
en el que Tú estás disfrazado
permanentemente en los que sufren,
en los que se lo pasan mal.
Y es curioso que para Ti no cuenta
en este caso la bondad
o la malicia de las personas.
Esto no es fácil de entender.
Si te hubieses quedado,
en los que decimos que son buenos…,
pero no, Tú te quedas
en los que lo pasan mal
independientemente de si son tenidos
por buenos o por malos.
Tú, Señor Jesús, estás en el preso,
en el inmigrante, en el transeúnte,
en los que sufren la soledad,
en las personas del Tercer Mundo,
en el parado,
en los que vienen o intentan
llegar a Europa en cayucos,
en los que mueren en la travesía, etc.
¡Qué lección más bonita para la humanidad!
Gracias, Señor Jesús,
por esta ocurrencia tan llamativa,
gracias por esa presencia tuya tan próxima.
Perdón, Señor Jesús,
porque muchas veces este mundo
te maltrata ahora,
a lo mejor nosotros también,
como hicieron, en otro tiempo,
en el Calvario.
La Cruz, tu cruz, continúa plantada
en lo alto del mundo,
en todos los rincones del planta
y allí están los crucificados de ahora
y los que te ven pasan de largo…
Algunos o tal vez muchos, Tú lo sabes,
se acercan para acompañarte,
para curar tus heridas,
para cubrir tu cuerpo,
para defender tu dignidad.
Señor Jesús, haz que no seamos insensibles
a los sufrimientos humanos.
Pero al mismo tiempo, Señor,
que no nos contentemos con mirar,
con tomar conciencia
de las deshumanizaciones;
que como Tú hiciste y nos dices hoy
que nos atrevamos a visitar,
a vestir, a dar de comer, a escuchar,
a enseñar, a caminar con….
Así un día nos dirás:
Venid vosotros, benditos de mi Padre;
heredad el Reino
preparado para vosotros
desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber,
fui forastero y me hospedasteis,
estuve desnudo y me vestisteis,
enfermo y me visitasteis,
en la cárcel y vinisteis a verme.
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● Empezamos hoy la última semana del año cristiano con la fiesta de Cristo Rey.

● Las lecturas de este domingo nos presentan a Jesús como Señor de toda la Historia, como el pastor de la humanidad.

● Comienza la narración dibujando un escenario grandioso, muy solemne. Todo un relato impresionante.

● Como vemos el billete de entrada en el Reino que el Padre nos tiene preparado consiste en constatar si hemos dado o no de comer, si hemos visitado o no al necesitado, si hemos sido solidarios o no de los menesterosos de nuestro mundo.

● O sea que en ese examen final de nuestra vida seremos examinados de amor.

● Ese será la única asignatura de la que tendremos que dar cuenta.

● Por tanto seremos evaluados de actitudes, de gestos, de comportamientos muy concretos de nuestras vidas.

● Es aleccionador la revelación que hace Jesús: Él está en los demás, en especial Él está en los pobres y en los necesitados.

● Todos estos son un lugar teológico, en el que se encuentra Dios.

● Además de encontrarnos con Dios en la comunidad, en el ministro de los Sacramentos, en la Palabra de Dios, en los Sacramentos especialmente en la Eucaristía, Dios está en los pobres.

● Una razón más tenemos los creyentes en Jesús para fomentar nuestra solidaridad con los que sufren en este mundo.

● Según el relato ni los unos ni los otros cayeron en la cuenta de la presencia de Jesús en los que sufren.

● Según el evangelista lo que hacemos a los pobres lo hacemos al mismo Cristo

● El prójimo por tanto es también un camino directo para llegar a Dios. El rostro de Dios se encuentra en el dolor del mundo.

● ¿No es ese el camino, el estilo de vida, las actitudes que Jesús vivió en este mundo?

● Carlos de Foucauld decía que este texto era el que más le había impresionado de todo el Evangelio.

● Y todo esto la Iglesia nos lo recuerda el último domingo del Año Litúrgico, como una síntesis de todo el año.

 

Este pasaje se sitúa en la sección del ministerio de Jesús en Jerusalén, que es el destino de su larga peregrinación. Tras la entrada mesiánica viene esta “lamentación por Jerusalén”. Jesús llora sobre la ciudad. Algunos detalles del texto:

  1. Contraste entre la alegría de la escena anterior y el llanto de Jesús. Festivamente es aclamado Mesías a la entrada en la ciudad, Jesús llora de pena por la ciudad.
  2. Juego con el nombre de Jerusalén que teológicamente significa “visión de paz”.
  3. La expresión “vendrán días” es de tenor apocalíptico y el texto está lleno de reminiscencias proféticas.
  4. Evoca la ruina de Jerusalén que puede hacer alusión a la del año 587 o a la del año 70 de nuestra era, de la cual no describe ninguno de sus rasgos característicos.
  5. La profecía está llena de realismo.

El motivo del llanto de Jesús es la destrucción de la ciudad, que Jesús contemplaría en visión profética. Pero esa realidad histórica sería el signo de algo más profundo: Jerusalén no reconoce en este día la presencia en ella de su salvador. Ese es el gran contraste. Ese es el misterio. Los representantes religiosos de la ciudad rechazan al Mesías de la paz. No reconocen que es su momento decisivo, que es su gran oportunidad. No conocen el tiempo de la visita de la gracia. Rechazan a su salvador. Esa es la gran paradoja: lo tienen delante y no lo ven. Le es enviado y no lo reconocen. Está oculto a sus ojos, es decir, como si Dios ocultase la salvación cuando los hombres la rechazan.

El motivo del llanto de Jesús no es simplemente la suerte de la ciudad con toda su belleza y esplendor; no está pensando sólo en el sufrimiento de su habitantes; está pensando en la negativa humana a recibir la gran liberación. Pero Jesús sabe también que ese poder de rechazar no va impedir el amor salvador de Dios. Simplemente la historia de la salvación seguirá otros caminos.

Bonifacio Fernández cmf.

Jueves XXXIII de Tiempo Ordinario

Hoy es 23 de noviembre, jueves de la XXXIII semana de Tiempo Ordinario.

El deseo de encuentro con el Señor, te trae hasta espacio de amor y libertad. Da gracias por ese deseo. Contacta con los sentimientos que en este momento te habitan, ponles nombre y preséntaselos al Señor. Él te recibe con todo lo que traes, con todo lo que te ocupa y te preocupa, con todo lo que tú eres.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 19, 41-44):

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: «¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida.»

Jerusalén significa “casa de paz”. Sin embargo Jesús, al contemplarla, llora conmovido por la ceguera de su pueblo. Porque estando llamada a la paz, va a ser conducida a la destrucción y a la guerra. Contempla a este Jesús que se deja tocar y afectar, que siente como propia la suerte de sus hermanos.

Tal vez, también tú, experimentes la turbación, viviendo situaciones que te roban la paz, y que en ocasiones te angustian y te dejan expuesto y a la intemperie. Nombra esas situaciones y suplican andar el camino que te conducen a la paz. Presenta confiado tu propia ceguera al Señor. Suplica sostenerte con confianza sobre la roca firme de Dios.

Trae hasta aquí tantos pueblos que viven en la guerra, que son destruidos y arrasados. Imagina a sus ancianos, a sus mujeres y niños, a tantas víctimas inocentes. Como Jesús, déjate conmover por su dolor.

Dios llega hasta ti en cada acontecimiento, en cada persona, en tu realidad cotidiana. Al acoger de nuevo la lectura del evangelio, pide reconocer el momento de su venida, pide comprender lo que te conduce a la paz. Pide que su presencia no se esconda a tus ojos.

Pero el dolor y la destrucción, no tienen la última palabra. Dios también reconstruye ciudades, y levanta las ruinas. Cierra este tiempo de oración con tu confianza puesta en Dios. Recoge aquello que se ha movido en tu interior. Aquellas luces que abren en ti caminos a la paz, a una mayor entrega, a un mayor reconocimiento de la acción de Dios en tu vida y en la realidad.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Liturgia 23 de noviembre

JUEVES XXXIII DE TIEMPO ORDINARIO, SAN CLEMENTE I, papa y mártir, memoria libre.

Antífona de entrada
Este santo luchó hasta la muerte en defensa de la ley de Dios, y no temió las palabras de los malvados; estaba afianzado sobre roca firme.
Oración colecta

DIOS todopoderoso y eterno,
admirable en la fortaleza de todos tus santos,
concédenos alegramos
en la memoria anual de san Clemente,
sacerdote y mártir de tu Hijo,
que con su muerte dio testimonio
de lo que realizaba sacramentalmente
y confirmó con el ejemplo lo que predicaba con la palabra.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Señor, santifica con tu bendición
estas ofrendas que te presentamos,
y concédenos la gracia
de vivir encendidos en el fuego de tu amor
que dio fuerza al mártir san Clemente.
para soportar los tormentos.
Por Jesucristo nuestro Señor.

O bien:

Acepta, Señor, los dones que te presentamos
en honor del mártir san Clemente.
y sean a tus ojos ofrenda tan preciosa
como el derramamiento de su sangre.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Antífona de comunión          Mt 16, 24
El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga –dice el Señor.

Oración después de la comunión
Señor, que el sacramento que hemos recibido
nos dé la fortaleza con que el mártir san Clemente.
se mostró siempre fiel a tu servicio
y vencedor en el tormento.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Beato Miguel Agustín Pro

Miguel Agustín Pro Juárez, nació el 13 de enero de 1891 en la población minera de Guadalupe, Zacatecas, tercero de once hermanos e hijo de Miguel Pro y Josefa Juárez. El 19 de agosto de 1911, ingresa al Noviciado de la Compañía de Jesús en El Llano, Michoacán, luego de unos Ejercicios hechos con jesuitas y de haber madurado lentamente la decisión. Ya la familia había dado antes dos vocaciones religiosas en la persona de dos hermanas mayores de Miguel. Luego del Noviciado, continúa sus estudios en Los Gatos, California, obligados los jesuitas a abandonar Los Llanos a causa de la presencia de fuerzas carrancistas. Estudia después retórica y filosofía en España. Desempeña el oficio de profesor en el colegio de la Compañía en Granada, Nicaragua y hace la teología en Enghien, Bélgica, donde recibe el presbiterado. Un juicio imparcial sobre la vida de formación del P. Miguel nos inclina a admitir que gozaba en alto grado de talento práctico, pero que carecía de facilidad para los estudios especulativos, quizá debido a la deficiente enseñanza de sus primeros años.

Una úlcera estomacal, la oclusión del píloro y toda la ruina del organismo hicieron prever un desenlace rápido al final de sus estudios en Bélgica. “Los dolores no cesan -escribe en una carta íntima-. Disminuyo de peso, 200 a 400 gramos cada semana, y a fuerza de embaular porquerías de botica, tengo descarriado el estómago… Las dos operaciones últimas estuvieron mal hechas y otro médico ve probable la cuarta”. Luego detalla el insoportable régimen dietético que se le hace sufrir. Su organismo se reduce a tal extremo que sus superiores en Enghien tratan de apresurar el regreso a México, para que la muerte no lo recoja fuera de su patria.

En esta situación realiza su anhelo de viajar a Lourdes, al pie del Pirineo, donde espera una intervención de la Virgen que le devuelva las fuerzas que necesitará en México para ayudar a los católicos entonces vejados por una persecución. La prisión, el fusilamiento y el destierro están a la orden del día. De la visita a la célebre gruta, escribe: “Ha sido uno de los días más felices de mi vida… No me pregunte lo que hice o qué dije. Sólo sé que estaba a los pies de mi Madre y que yo sentí muy dentro de mí su presencia bendita y su acción”. Esa experiencia mística es para leerse entera en su vida. Sabemos por ella que la Virgen le prometió salud para trabajar en México. El exorbitante trabajo que tuvo los meses que vivió en la capital desde su llegada en julio de 1926, realizado además mientras huía de casa en casa para despistar a los sabuesos que seguían sus pasos, no hubiera podido ser ejercido por un individuo de mediana salud, y menos por uno tan maltratado como Miguel Agustín, de no haber sido por la intervención de la Madre de Jesucristo.

Así le sorprende el fracasado intento de Segura Vilchis para acabar con Obregón, el presidente electo. Las bombas de aquel católico exasperado estaban tan mal hechas que ni siquiera causaron desperfectos graves en el coche abierto del prócer. El lng. Segura había procedido con todo sigilo para preparar y ejecutar el acto. Nadie, sino el chofer y dos obreros estaban enterados. La liga de Defensa Religiosa, y por tanto Humberto y Roberto Pro, hermanos del Padre, y el mismo Padre, fueron ajenos al plan magnicida. El Papa Pío XI había defendido a los católicos mexicanos y había condenado la injusta persecución en tres ocasiones a través de documentos públicos dirigidos al mundo. Calles, el perseguidor, estaba irritadísimo contra él; pero no pudiendo descargar sus iras contra un enemigo tan distante las descargó contra un eclesiástico, el P. Pro, al que la indiscreción de una mujer y un niño hizo caer en las garras de la policía mientras cometía sus cotidianos delitos de llevar la comunión, de confesar o socorrer a los indigentes. Calles se vengaría del Papa en un cura… Y aprovechando que el P. Pro estaba en los sótanos de la Inspección de Policía atribuyó a él y a sus hermanos la responsabilidad de un acto cuyo verdadero autor no había podido ser descubierto.

El autor verdadero, el lng. Segura Vilchis, había ágilmente saltado del automóvil desde el que arrojó la fallida bomba. Luego siguió caminando impertérrito por la banqueta mientras preparaba una coartada admirable. Obregón se dirigía a los toros. Segura Vilchis, sin ser reconocido por los esbirros, entró a la plaza detrás del general, buscó su palco y encontró el modo de hacerse bien visible y reconocible por éste. Así podía citarlo como testigo de que él se hallaba en los toros pocos minutos después del atentado. No obstante, enterado por las extras de los periódicos de que acusaban al padre Pro y a sus hermanos Humberto y Roberto del lanzamiento de la bomba, Segura Vilchis resolvió su caso de conciencia y corrió a la Inspección de Policía para presentarse al general Roberto Cruz, Inspector General y, previa palabra de honor de que soltaría a los Pro, que nada tenían que ver con el delito, se ofreció a decir quién era el verdadero autor. Se delató a sí mismo y probó con toda facilidad que lo era. Con todo, de la Presidencia de la República llegó la orden directa de fusilar a los Pro y a Segura Vilchis, sin sombra de investigación judicial.

Así el 23 de noviembre de 1927, a la puerta del fatídico sótano, y minutos después de la diez de la mañana, un policía llamo a gritos al preso: “¡Miguel Agustín Pro!” Salió el padre y pudo ver el patio lleno de ropa y de invitados como a un espectáculo de toros, a multitud de gente, a unos seis fotógrafos por lo menos y a varios miembros del Cuerpo Diplomático “para que se enteraran de cómo el gobierno castigaba la rebeldía de los católicos”. El padre Pro caminó sereno y tuvo tiempo de oír a uno de sus aprehensores, que le susurraba:

-Padre, perdóneme.
-No sólo te perdono -le respondió-; te doy las gracias.
-¿Su última voluntad? -le preguntaron ya delante del pelotón de fusilamiento.
-Que me dejen rezar.

Se hincó delante de todos y, con los brazos cruzados, estuvo unos momentos ofreciendo sin duda su vida por México, por el cese de la persecución, y reiterando el ofrecimiento de su vida por Calles, como ya lo solía hacer antes… Se levantó, abrió los brazos en cruz, pronunció claramente, sin gritar.- ¡Viva Cristo Rey! y cayó al suelo para recibir luego el tiro de gracia.

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

Himno: CRECE LA LUZ BAJO TU HERMOSA MANO.

Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primogénito.

El hizo amanecer ante tus ojos
y enalteció la aurora,
cuando aún no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.

El es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él rejuvenece.

Él es quien nos reanima y fortalece,
y hace posible el himno
que, ante las maravillas de tus manos,
cantamos jubilosos.

He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aquí, en la claridad de la mañana,
el signo de tu rostro.

Envía, Padre eterno, sobre el mundo
el soplo de tu Hijo,
potencia de tu diestra y primogénito
de todos los que mueren. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.

Salmo 56 – ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO.

Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.

Ant 2. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

Cántico: FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO Jr 31, 10-14

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.»

Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a desfallecer.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con manjares sustanciosos,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

Ant 3. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

Salmo 47 – HIMNO A LA GLORIA DE JERUSALÉN

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra:

el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.

Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;

allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.

Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para siempre.

¡Oh Dios!, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, ¡oh Dios!, tu alabanza
llega al confín de la tierra;

tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se alegra,
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.

Dad la vuelta en torno a Sión,
contando sus torreones;
fijaos en sus baluartes,
observad sus palacios,

para poder decirle a la próxima generación:
«Este es el Señor, nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

LECTURA BREVE   Is 66,1-2

Así dice el Señor: «El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme?; ¿o qué lugar para mi descanso? Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío -oráculo del Señor-. En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.»

RESPONSORIO BREVE

V. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.
R. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

V. Guardaré tus leyes.
R. Respóndeme, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sirvamos al Señor con santidad y nos librará de la mano de nuestros enemigos.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sirvamos al Señor con santidad y nos librará de la mano de nuestros enemigos.

PRECES

Demos gracias a Cristo que nos ha dado la luz del día y supliquémosle diciendo:

Bendícenos y santifícanos, Señor.

Tú que te entregaste como víctima por nuestros pecados,
acepta los deseos y las acciones de este día.

Tú que nos alegras con la claridad del nuevo día,
sé tú mismo el lucero brillante de nuestros corazones.

Haz que seamos bondadosos y comprensivos con los que nos rodean
para que logremos así ser imágenes de tu bondad.

En la mañana haznos escuchar tu gracia
y que tu gozo sea hoy nuestra fortaleza.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Fieles a la recomendación del salvador, digamos llenos de confianza filial:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, humildemente acudimos a ti, al empezar el día, a media jornada y al atardecer, para pedirte que, alejando de nosotros las tinieblas del pecado, nos hagas alcanzar la luz verdadera que es Cristo. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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