Laudes – Jueves X de Tiempo Ordinario

JUEVES X SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

SAN ANTONIO DE PADUA

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Entrad en la presencia del Señor con vítores.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Alfarero del hombre, mano trabajadora

que, de los hondos limos iniciales,

convocas a los pájaros a la primera aurora,

al pasto los primeros animales.

 

De mañana te busco, hecho de luz concreta,

de espacio puro y tierra amanecida.

De mañana te encuentro, vigor, origen, meta

de los profundos ríos de la vida.

 

El árbol toma cuerpo, y el agua melodía;

tus manos son recientes en la rosa;

se espera la abundancia del mundo a mediodía,

y estás de corazón en cada cosa.

 

No hay brisa si no alientas, montes si no estás dentro,

ni soledad en que no te hagas fuerte.

Todo es presencia y gracia; vivir es este encuentro:

tú, por la luz; el hombre, por la muerte.

 

¡Que se acabe el pecado! ¡Mira que es desdecirte

dejar tanta hermosura en tanta guerra!

Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte

de haberte dado un día las llaves de la tierra. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

 

Salmo 79

 

Pastor de Israel, escucha,

tu que guías a José como a un rebaño;

tu que te sientas sobre querubines,

resplandece ante Efraím, Benjamín y Manasés;

despierta tu poder y ven a salvarnos.

 

¡Oh Dios!,

restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

 

Señor Dios de los ejércitos,

¿hasta cuando estarás airado

mientras tu pueblo te suplica?

 

Le diste a comer llanto,

a beber lágrimas a tragos;

nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos,

nuestros enemigos se burlan de nosotros.

 

Dios de los ejércitos, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.

 

Sacaste una vid de Egipto,

expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;

le preparaste el terreno y echó rices

hasta llenar el país;

 

su sombra cubría las montañas,

y sus pámpanos, los cedros altísimos;

extendió sus sarmientos hasta el mar,

y sus brotes hasta el Gran Río.

 

¿Por que has derribado su cerca

paras que la saqueen los viandantes,

la pisoteen los jabalíes

y se la coman las alimañas?

 

Dios de los ejércitos, vuélvete:

mira desde el cielo, fíjate,

ven a visitar tu viña,

la cepa que tu diestra plantó,

y que tu hiciste vigorosa.

 

La han talado y le han prendido fuego:

con un bramido hazlos perecer.

Que tu mano proteja a tu escogido,

al hombre que tu fortaleciste.

No nos alegaremos de ti:

danos vida, para que invoquemos tu nombre.

 

Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

 

Ant. 2. Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

 

Cántico: Is 12, 1-6

 

Te doy, gracias, Señor,

porque estabas airado contra mí,

pero ha cesado tu ira

y me has consolado.

 

Él es mí Dios salvador:

confiare y no temeré,

porque mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación.

Sacaréis aguas con gozo

de las fuentes de salvación.

 

Aquel día, diréis:

dad gracias al Señor,

invocad su nombre,

contad a los pueblos sus hazañas,

proclamad que su nombre es excelso.

 

Tañed para el Señor, que hizo proezas; anunciadlas a toda la tierra;

gritad jubilosos, habitantes de Sión:

“¡Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel!”

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Ant. 2. Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

 

 

Ant. 3. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

 

Salmo 80

 

Aclamad a Dios, nuestra fuerza:

dad vítores al Dios de Jacob:

 

acompañad, tocad los panderos,

las cítaras templadas y las arpas;

tocad las trompetas por la luna nueva,

por la luna llena que es nuestra fiesta;

 

Porque es una ley de Israel,

un precepto del Dios de Jacob,

una norma establecida para José

al salir de Egipto.

 

Oigo un lenguaje desconocido:

“retiré los hombros de sus cargas,

y sus manos dejaron la espuerta:

 

Clamaste en la aflicción, y te libré,

te respondí oculto entre los truenos,

te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

 

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti:

¡ojalá me escuchases, Israel!

 

No tendrás un Dios extraño,

no adoraras un dios extranjero:

yo soy el Señor Dios tuyo,

que te saqué del país de Egipto:

abre tu boca y yo la saciaré.

 

Pero mi pueblo no escuchó mi voz,

Israel no quiso obedecer:

los entregué a su corazón obstinados,

para que anduviesen según sus antojos.

 

¡Ojalá me escuchase mi pueblo

y caminase Israel por mi camino!

En un momento humillaría a sus enemigos

y volvería mi mano contra sus adversarios.

 

Los que aborrecen al Señor te adularían,

y su suerte quedaría fijada;

te alimentaría con flor de harina,

te saciaría con miel silvestre.”

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

 

 

LECTURA BREVE           Rm 14, 17-19

 

No reina Dios por lo que uno come o bebe, sino por la justicia, la paz y la alegría que da el Espíritu Santo; y el que sirve así a Cristo agrada a Dios, y lo aprueban los hombres. En resumen: esmerémonos en lo que favorece la paz y construye la vida común.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Velando medito en ti, Señor.

R. Velando medito en ti, Señor.

 

V. Porque fuiste mi auxilio.

R. Medito en ti, Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Velando medito en ti, Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Anuncia a tu pueblo, Señor, la salvación y perdónanos nuestros pecados.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Anuncia a tu pueblo, Señor, la salvación y perdónanos nuestros pecados.

 

 

 

PRECES

 

Bendito sea Dios, nuestro Padre, que mira siempre con amor a sus hijos y nunca desatiende sus súplicas; digámosle con humildad:

Ilumina nuestros ojos, Señor.

 

Te damos gracias, Señor, porque nos has alumbrado con la luz de Jesucristo;

— que esa claridad ilumine hoy todos nuestros actos.

 

Que tu sabiduría nos guíe en nuestra jornada;

— así andaremos en una vida nueva.

 

Que tu amor nos haga superar con fortaleza las adversidades,

— para que te sirvamos con generosidad de espíritu.

 

Dirige y santifica nuestros pensamientos, palabras y obras en este día.

— y danos un espíritu dócil a tus inspiraciones.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre, y digámosle:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso y eterno, tú que has dado a tu pueblo en la persona de san Antonio de Padua un predicador insigne y un intercesor poderoso, concédenos seguir fielmente los principios de la vida cristiana, para que merezcamos tenerte como protector en todas las adversidades. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

 

Laudes – 31 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

TIEMPO DE NAVIDAD

OCTAVA DE NAVIDAD

 

31 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO

 

Ant. A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

 

Entonad los aires

con voz celestial:

“Dios niño ha nacido

pobre en un portal”.

 

Anúnciale el ángel

la nueva al pastor,

que niño ha nacido

nuestro Salvador.

 

Adoran pastores

en sombras al Sol,

que niño ha nacido,

de una Virgen, Dios.

 

Haciéndose hombre,

al hombre salvó.

Un niño ha nacido.

ha nacido Dios. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo. ¿Quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

 

Salmo 62

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo. ¿Quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

 

Ant. 2. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

 

 

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

 

 

Ant. 2. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

 

Ant. 3. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios fuerte. Aleluya.

 

Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios fuerte. Aleluya.

 

LECTURA BREVE           Is 4, 2-3

 

Aquel día, el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento para los supervivientes de Israel. A los que queden en Sión, a los restantes en Jerusalén, los llamarán santos: los inscritos en Jerusalén entre los vivos.

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. El Señor ha revelado, Aleluya, aleluya.

R. El Señor ha revelado, Aleluya, aleluya.

 

 

V. Su salvación.

R. Aleluya, aleluya.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor ha revelado, Aleluya, aleluya.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. En torno al ángel apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.” Aleluya.

 

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. En torno al ángel apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.” Aleluya.

 

PRECES

 

Oremos a Cristo, cuya gracia ha aparecido a todos los hombres, y digámosle con humilde confianza:

Señor, ten piedad de nosotros

 

Oh Cristo, nacido del Padre antes de todos los siglos, reflejo de su gloria e impronta de su ser, que sostienes el universo con tu palabra,

— te pedimos que vivifiques nuestro día con tu Evangelio.

 

Tú que naciste en el momento culminante de la historia, para la salvación del género humano y liberación de toda creatura,

— concede a todos los hombres la verdadera libertad.

 

Oh Cristo, Hijo consubstancial del Padre, engendrado antes de la aurora, que naciste en Belén para que se cumplieran las Escrituras,

— haz que tu Iglesia realice los planes del Padre viviendo en pobreza.

 

Tu, Señor, eres Dios y hombres, Señor de David y también hijo suyo, y en ti se han cumplido todas tus profecías;

— haz que Israel te reconozca como su Mesías.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Alegres porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digámosle:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso y eterno, que has establecido el principio y la plenitud de toda religión en el nacimiento de tu Hijo Jesucristo, te suplicamos nos concedas la gracia de ser contados entre los miembros vivos de su Cuerpo, porque sólo en él radica la salvación del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 30 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

TIEMPO DE NAVIDAD

LA SAGRADA FAMILIA

 

30 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO

 

Ant. A Cristo, Hijo de Dios, que vivió bajo la autoridad de María y José, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

 

Mirad qué aposentadores

tuvo la divina cámara:

verdín por tapicerías

y por cortinajes zarzas.

 

Pobre, desnudo, sin fuego,

quien con fuegos nos abasta,

está aquí el Niño. Un pesebre

de humildes bestias por cama.

 

Ved, puro Amor, que sois fuego

y estáis sobre un haz de pajas.

La Virgen, llanto en los ojos:

a incendio tal, tales aguas.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las fiestas de la Pascua.

 

SALMO 62

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las fiestas de la Pascua.

 

 

Ant. 2. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

 

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

 

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

 

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

 

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

 

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

 

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

 

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

 

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

 

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

 

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

 

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

 

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

 

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

 

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

 

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

 

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

 

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

 

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

 

No se dice Gloria al Padre.

 

Ant. 2. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

 

 

Ant. 3. Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía de él.

 

Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía de él.

 

LECTURA BREVE           Dt 5, 16

 

Honra a tu padre y a tu madre: así se prolongarán tus días, y te irá bien en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

 

V. Tú que fuiste obediente a María y a José.

R. Ten piedad de nosotros.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Ilumínanos, Señor, con los ejemplos de tu familia, y dirige nuestros pasos por el camino de la paz.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Ilumínanos, Señor, con los ejemplos de tu familia, y dirige nuestros pasos por el camino de la paz.

 

PRECES

 

Adoremos a Cristo, Hijo de Dios vivo, que quiso ser también hijo de una familia humana, y supliquémosle, diciendo:

Señor Jesús, tú que quisiste ser obediente, santifícanos.

Oh Jesús, Palabra eterna del Padre, que quisiste vivir bajo la autoridad de María y de José,

— enséñanos a vivir en la humildad y en la obediencia.

 

Maestro de los hombres, que quisiste que María tu madre conservara en su corazón tus palabras y tus acciones,

— enséñanos a escuchar con corazón puro y bueno las palabras de tu boca.

 

Oh Cristo, tú que creaste el universo y quisiste ser llamado hijo del carpintero,

— enséñanos a trabajar con empeño y conciencia, en nuestras propias tareas.

 

Oh Jesús, que en el seno de tu familia de Nazaret creciste en sabiduría, estatura y gracia ante Dios y los hombres,

— concédenos crecer siempre en ti, que eres nuestra cabeza.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Gracias a Jesucristo somos hijos de Dios, por eso nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 29 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

TIEMPO DE NAVIDAD

 

29 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO

 

Ant. A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

 

No lloréis, mis ojos,

niño Dios, callad;

que si llora el cielo,

¿quién podrá cantar?

 

Vuestra Madre hermosa,

que cantando está,

llorará también,

si ve que lloráis.

 

O es fuego o es frío

la causa que os dan:

si es amor, mis ojos,

muy pequeño amáis.

 

Enjugad las perlas,

nácar celestial;

que si llora el cielo,

¿quién podrá cantar?

 

Los ángeles bellos

cantad que les dais

a los cielos gloria

y a la tierra paz.

 

De aquestas montañas

descendiendo van

pastores, cantando

por daros solaz.

 

Niño de mis ojos,

ea, no hay más;

que si llora el cielo,

¿quién podrá cantar? Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo. ¿Quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

 

Salmo 62

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo. ¿Quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

 

Ant. 2. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

 

 

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

 

 

Ant. 2. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

 

Ant. 3. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios fuerte. Aleluya.

 

Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios fuerte. Aleluya.

 

LECTURA BREVE           Hb 1, 1-2

 

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo.

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. El Señor ha revelado, Aleluya, aleluya

R. El Señor ha revelado, Aleluya, aleluya

 

V. Su salvación.

R. Aleluya, aleluya

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor ha revelado, Aleluya, aleluya.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Los pastores se decían unos a otros: “Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor.”

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Los pastores se decían unos a otros: “Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor.”

 

PRECES

 

Ya que Dios en su misericordia nos ha enviado a Cristo príncipe de la paz, digamos con toda confianza:

Concede, Señor, la paz a todos los hombres.

 

Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en estos días en que la Iglesia celebra tu amor salvífico,

— dígnate acoger nuestras alabanzas.

 

Tú que desde el principio prometiste que, por Cristo, darías tu victoria a los hombres,

— haz que todos los pueblos sean iluminados por la luz del Evangelio.

 

Para gloria de tu Hijo, cuyo día Abraham contempló lleno de alegría, los patriarcas esperaron, los profetas anunciaron y todos los pueblos desearon,

— haz que el pueblo de Israel alcance la salvación.

 

Tú que quisiste que el nacimiento de tu Hijo fuera anunciado por los espíritus celestiales y celebrado por los apóstoles, los mártires y los fieles de todos los siglos,

— concede a la tierra aquella paz que anunciaron los ángeles.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Con el deseo que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres y que su amor se extienda por toda la tierra, pidamos al Padre que su reino venga a nosotros:

 

Padre nuestro…

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso, a quien nadie ha visto nunca, tú que has disipado las tinieblas del mundo con la venida de Cristo, la luz verdadera, míranos complacido, para que podamos cantar dignamente la gloria del nacimiento de tu Hijo. Que vives y reina contigo.

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 28 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

TIEMPO DE NAVIDAD

LOS SANTOS INOCENTES, MÁRTIRES

 

28 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO

 

Ant. Venid, adoremos a Cristo, recién nacido, que ha coronado a los mártires Inocentes.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

 

Tanto al tirano le place

hacer de su orgullo ley,

que por deshacer a un Rey

un millar de reyes hace.

 

Hace reyes de excelencia

con cabezas coronadas,

pues son coronas logradas

el martirio y la inocencia.

 

Con los niños desvalidos

hace de su fuerza alarde

y, como es sólo un cobarde,

no espera a verlos crecidos.

Por matar a un enemigo

siembra de sangre Belén,

y en Belén, casa del trigo,

no muere un Rey, nacen cien.

 

Y así su cólera loca

no puede implantar su ley,

pues quiere matar a un Rey

y corona a cuantos toca.

 

La furia del mar así

no puede vencer jamás,

pues, cuando me hiere a mí,

estás tú, Señor, detrás.

 

Estás para convertir

en corona cada muerte,

para decirnos que el fuerte

es el que sabe morir. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. “Caminarán conmigo, porque son dignos”, dice el Señor.

 

Salmo 62

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. “Caminarán conmigo, porque son dignos”, dice el Señor.

 

 

Ant. 2. Los niños alaban al Señor; muertos, proclaman lo que en la vida no pudieron decir.

 

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

 

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

 

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

 

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

 

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

 

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

 

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

 

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

 

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

 

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

 

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

 

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

 

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

 

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

 

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

 

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

 

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

 

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

 

No se dice Gloria al Padre.

 

Ant. 2. Los niños alaban al Señor; muertos, proclaman lo que en la vida no pudieron decir.

 

 

Ant. 3. De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos.

 

Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos.

 

LECTURA BREVE           Jr 31, 15

 

Una voz se escucha en Ramá, gemidos y llanto amargo: Raquel está llorando a sus hijos, y no se consuela, porque ya no existen.

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Los santos y los justos viven eternamente.

R. Los santos y los justos viven eternamente.

 

V. Reciben de Dios su recompensa

R. Viven eternamente.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Los santos y los justos viven eternamente.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Niños inocentes murieron por Cristo. Por orden de un rey cruel, fueron ejecutados niños de pecho. Ahora siguen al Cordero sin mancha y cantan sin cesar: “Gloria a ti, Señor”.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Niños inocentes murieron por Cristo. Por orden de un rey cruel, fueron ejecutados niños de pecho. Ahora siguen al Cordero sin mancha y cantan sin cesar: “Gloria a ti, Señor”.

 

PRECES

 

Celebremos la gloria de Cristo, que, sin escuadrones de hombres armados, sino sólo con una blanca milicia de niños, venció al tirano, y aclamemos:

Te ensalza, Señor, el blanco ejército de los mártires.

 

Cristo, de quien los Inocentes, no de palabra, sino con su sangre, dieron testimonio,

— concédenos confesarte, de palabra y de obra, ante los hombres.

 

Tú que hiciste dignos del laurel de la victoria a los que aún no estaban preparados para la lucha,

— no nos dejes caer a los que hemos recibido tanto ayuda para vencer.

 

Tú que lavaste con tu sangre los vestidos de los Inocentes,

— líbranos de todo pecado.

 

Tú que has colocado a los niños los primeros en el reino de los cielos,

— no nos excluyas del banquete eterno.

 

Tú que en a infancia sufriste persecución y destierro,

— guarda a los niños que hoy sufren por el hambre, la guerra o la injusticia de los mayores.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Elevemos nuestra voz al Padre celestial, ante el cual todos nos sentimos como niños pequeños, y digámosle confiadamente:

 

Padre nuestro…

 

ORACIÓN

 

Los mártires Inocentes proclaman tu gloria en este día, Señor, no de palabra, sino con su muerte; concédenos, por su intercesión, testimoniar con nuestra vida la fe que confesamos de palabra. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 27 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

TIEMPO DE NAVIDAD

SAN JUAN, APÓSTOL Y EVANGELISTA

 

27 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO

 

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

 

Tú que revelaste a Juan

tus altísimos decretos

y los íntimos secretos

de hechos que sucederán,

haz que yo logre entender

cuanto Juan ha contado.

 

Déjame, Señor, poner

mi cabeza en tu costado.

Tú que en la cena le abriste

la puerta del corazón,

y en la transfiguración

junto a ti lo condujiste,

permíteme penetrar

en tu misterio sagrado.

 

Déjame, Señor, posar

mi cabeza en tu costado.

Tú que en el monte Calvario

entre tus manos dejaste

el más santo relicario:

la carne donde habitaste;

tú que le dejaste ser

el hijo bien adoptado.

 

Déjame, Señor, poner

mi cabeza en tu costado.

Y tú, Juan, que a tanto amor

con amor correspondiste

y la vida entera diste

por tu Dios y tu Señor,

enséñame a caminar

por donde a tú has caminado.

Enséñame a colocar

la cabeza en su costado. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Juan, apóstol y evangelista, fue elegido virgen por el Señor y preferido entre los demás apóstoles.

 

SALMO 62

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Juan, apóstol y evangelista, fue elegido virgen por el Señor y preferido entre los demás apóstoles.

 

 

Ant. 2. Éste es Juan, a quien Cristo en la cruz encomendó su madre, la Virgen.

 

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

 

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

 

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

 

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

 

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

 

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

 

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

 

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

 

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

 

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

 

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

 

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

 

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

 

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

 

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

 

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

 

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

 

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

 

No se dice Gloria al Padre.

 

Ant. 2. Éste es Juan, a quien Cristo en la cruz encomendó su madre, la Virgen.

 

 

Ant. 3. Dijo el discípulo a quien Jesús amaba: “Es el Señor.” Aleluya.

 

Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Dijo el discípulo a quien Jesús amaba: “Es el Señor.” Aleluya.

 

LECTURA BREVE         Hch 4, 19-20

 

Pedro y Juan replicaron: “¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él? Juzgadlo vosotros. Nosotros no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído.”

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.

R. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.

 

V. Harán memorable tu nombre, Señor.

R. Sobre toda la tierra.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria. Aleluya.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria. Aleluya.

 

PRECES

 

Hermanos, edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

 

Padre nuestro, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles,

— haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

 

Padre nuestro, que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,

— haz que sepamos proclamar el Evangelio a todas las creaturas.

 

Padre nuestro, que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,

haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.

 

Padre nuestro, que enviaste a tu Hijo para que reconciliara al mundo contigo,

— haz que también nosotros cooperemos a la reconstrucción de los hombres.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Sintiéndonos asociados a Cristo en su obra redentora, sintámonos también unidos con él en su filiación divina, y digamos:

Padre nuestro…

 

ORACIÓN

 

Dios y Señor nuestro, que nos has revelado por medio del apóstol san Juan el misterio de tu Palabra hecha carne, concédenos, te rogamos, llegar a comprender y a amar de corazón lo que tu apóstol nos dio a conocer. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 26 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

TIEMPO DE NAVIDAD

SAN ESTEBAN

 

26 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO

 

Ant. Venid, adoremos a Cristo, recién nacido, que ha coronado a San Esteban.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

 

Cristo es la vida que, viniendo al mundo,

con sus heridas extirpó la muerte,

y, vuelto al Padre, a su derecha goza

reino perene.

 

A él sigue Esteban, su primer discípulo,

galardonado de gloriosa suerte,

aquella que al morir le dio el Espíritu

benignamente.

 

Nube de piedras su existencia apaga,

sin que la rabia de los malos cese,

piadoso acaba perdonando a aquellos

sayones crueles.

 

Oh, te pedimos, santo protomártir,

hoy habitante de la paz celeste,

que desde el alto empíreo, nos depares

gratas mercedes.

 

Gloria a la Trinidad hoy entonemos,

que a Esteban coronó en dichosa muerte:

luchó el mártir, triunfó, y reina en los cielos gloriosamente. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Mi alma está unida a ti, Dios mío, pues me apedrearon por ti.

 

SALMO 62

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Mi alma está unida a ti, Dios mío, pues me apedrearon por ti.

 

 

Ant. 2. Esteban vio el cielo abierto; lo vio, y entró en él. Dichoso el hombre a quien se le abrían los cielos.

 

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

 

 

Ant. 2. Esteban vio el cielo abierto; lo vio, y entró en él. Dichoso el hombre a quien se le abrían los cielos.

 

 

Ant. 3. Estoy contemplando los cielos abiertos y a Jesús a la derecha de Dios.

 

Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Estoy contemplando los cielos abiertos y a Jesús a la derecha de Dios.

 

LECTURA BREVE         Hch 6, 2b-5a

 

“No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.” La propuesta les pareció bien a todos.

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. El Señor es mi fuerza y mi energía.

R. El Señor es mi fuerza y mi energía.

 

V. Él es mi salvación.

R. Y mi energía.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor es mi fuerza y mi energía.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. A Esteban, primero de los mártires, se le abrieron las puertas del cielo.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. A Esteban, primero de los mártires, se le abrieron las puertas del cielo.

 

PRECES

 

Celebremos, amados hermanos, a nuestro Salvador, el testigo fiel y, al recordar hoy a los santos mártires que murieron a causa de la palabra de Dios, aclamémoslo, diciendo:

Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

 

Por la intercesión de los santos mártires que entregaron libremente su vida como testimonio de la fe,

concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.

 

Por la intercesión de los santos mártires que proclamaron la fe hasta derramar su sangre,

— 
concédenos, Señor, la integridad y constancia de la fe.

 

Por la intercesión de los santos mártires que soportando la cruz siguieron tus pasos,

concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.

 

Por la intercesión de los santos mártires que blanquearon su manto en la sangre del Cordero,

— 
concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Con la confianza de que Cristo ha abierto también los cielos para nosotros con su muerte, digamos la oración que él nos enseñó:

 

Padre nuestro…

 

ORACIÓN

 

Concédenos, Señor, la gracia de imitar a tu mártir san Esteban y de amar a nuestros enemigos, ya que celebramos la muerte de quien supo orar por sus perseguidores. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Vísperas – 25 de diciembre

II VÍSPERAS

Oración de la tarde

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

Himno

 

Te diré mi amor, Rey mío,

en la quietud de la tarde,

cuando se cierran los ojos

y los corazones se abren.

 

Te diré mi amor, Rey mío,

con una mirada suave,

te lo diré contemplando

tu cuerpo que en pajas yace.

 

Te diré mi amor, Rey mío,

adorándote en la carne,

te lo diré con mis besos,

quizá con gotas de sangre.

 

Te diré mi amor, Rey mío,

con los hombres y los ángeles,

con el aliento del cielo

que espiran los animales.

 

Te diré mi amor, Rey mío,

con el amor de tu Madre,

con los labios de tu Esposa

y con la fe de tus mártires.

 

Te diré mi amor, Rey mío,

¡oh Dios del amor más grande!

¡Bendito en la Trinidad,

que has venido a nuestro valle! Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

 

Salmo 109, 1-5. 7

 

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies.»

 

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

 

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

 

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno

según el rito de Melquisedec.»

 

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

 

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

 

Ant. 2. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

 

Salmo 129

 

Desde lo hondo a ti grito, Señor;

Señor, escucha mi voz;

estén tus oídos atentos

a la voz de mi súplica.

 

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,

¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,

y así infundes respeto.

 

Mi alma espera en el Señor,

espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor,

más que el centinela la aurora.

 

Aguarde Israel al Señor,

como el centinela la aurora;

porque del Señor viene la misericordia,

la redención copiosa;

y él redimirá a Israel

de todos sus delitos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

 

Ant. 3. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

 

Cántico: Cf. Col 1, 12-20

 

Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

 

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

 

Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda creatura;

pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

 

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

 

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:

haciendo la paz por la sangre de su cruz

con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

 

LECTURA BREVE 1Jn 1, 1-3

 

Lo que existía desde un principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y lo que tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida (porque la vida se ha manifestado, y nosotros hemos visto y testificamos y os anunciamos esta vida eterna, la que estaba con el Padre y se nos ha manifestado): lo que hemos visto y oído os lo anunciamos, a fin de que viváis en comunión con nosotros. Y esta nuestra comunión de vida es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

 

V. Y puso su morada entre nosotros.

R. Aleluya, aleluya.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Hoy ha nacido Jesucristo; hoy ha aparecido el Salvador; hoy en la tierra cantan los ángeles, se alegran los arcángeles; hoy saltan de gozo los justos, diciendo: «Gloria a Dios en el cielo.» Aleluya.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Hoy ha nacido Jesucristo; hoy ha aparecido el Salvador; hoy en la tierra cantan los ángeles, se alegran los arcángeles; hoy saltan de gozo los justos, diciendo: «Gloria a Dios en el cielo.» Aleluya.

 

PRECES

 

Aclamemos alegres a Cristo, ante cuyo nacimiento los ángeles anunciaron la paz a la tierra, y supliquémosle, diciendo:

Que tu nacimiento, Señor, traiga la paz a todos los hombres.

 

Tú que con el misterio de tu nacimiento consuelas a la Iglesia,

— cólmala también de todos tus bienes.

 

Tú que has venido como pastor supremo y obispo de nuestras vidas,

— haz que el papa y todos los obispos sean buenos administradores de la múltiple gracia de Dios.

 

Rey de la eternidad, tú que al nacer quisiste experimentar las limitaciones humanas, sometiéndote a la brevedad de una vida como la nuestra,

— haz que nosotros, caducos y mortales, seamos partícipes de tu vida eterna.

 

Tú que, esperado durante largos siglos, viniste en el momento culminante de la historia,

— manifiesta tu presencia a los que todavía te están esperando.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Tú que, hecho carne, restauraste la naturaleza humana deteriorada por la muerte,

— concede la plena salvación a los difuntos.

 

Ya que somos la familia de Dios, digamos con grande confianza a nuestro Padre del cielo:

 

Padre nuestro…

 

ORACIÓN

 

Oh Dios, que de modo admirable has creado al hombre a tu imagen y semejanza, y de un modo más admirable todavía restableciste su dignidad por Jesucristo, concédenos compartir la vida divina de aquel que hoy se ha dignado compartir con el hombre la condición humana. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 25 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

TIEMPO DE NAVIDAD

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

 

25 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO

 

Ant. A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

 

Hermanos, Dios ha nacido

sobre un pesebre. Aleluya.

Hermanos, cantad conmigo:

“Gloria a Dios en las alturas”

 

Desde su cielo ha traído

mi alas hasta su cuna.

Hermanos, cantad conmigo:

“Gloria a Dios en las alturas”.

 

Hoy mueren todos los odios

y renacen las ternuras.

Hermanos, cantad conmigo:

“Gloria a Dios en las alturas”.

 

El corazón más perdido

ya sabe que alguien le busca.

Hermanos, cantad conmigo:

“Gloria a Dios en las alturas”.

 

El cielo ya no está solo

la tierra ya no está a oscuras.

Hermanos, cantad conmigo:

“Gloria a Dios en las alturas”. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo. ¿Quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

 

Salmo 62

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. «¿A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo. ¿Quién se ha aparecido en la tierra?» «Hemos visto al recién nacido y a los coros de ángeles alabando al Señor.» Aleluya.

 

Ant. 2. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

 

 

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

 

 

Ant. 2. El ángel dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido el Salvador del mundo.» Aleluya.

 

Ant. 3. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios fuerte. Aleluya.

 

Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

 

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

 

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

 

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

 

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Hoy nos ha nacido un niño que se llamará Dios fuerte. Aleluya.

 

LECTURA BREVE           Hb 1, 1-2

 

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo.

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. El Señor ha revelado, aleluya, aleluya.

R. El Señor ha revelado, aleluya, aleluya.

 

V. Su salvación.

R. Aleluya, aleluya.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor ha revelado, aleluya, aleluya.

 

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Aleluya.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Aleluya.

 

PRECES

 

Glorifiquemos a Cristo, Palabra eterna del Padre, engendrado antes de los siglos y nacido por nosotros en el tiempo, y aclamémoslo, diciendo:

Que se goce la tierra, Señor, ante tu venida.

 

Cristo, Palabra eterna, que al venir al mundo anunciaste la alegría a la tierra,

— alegra nuestros corazones con la gracia de tu visita.

 

Salvador del mundo, que con tu nacimiento nos has revelado la fidelidad de Dios,

— haz que nosotros seamos también fieles a las promesas de nuestro bautismo.

 

Rey del cielo y de la tierra, que por tus ángeles anunciaste la paz a los hombres,

— conserva nuestras vidas en tu paz.

 

Señor, tú que viniste para ser la vid verdadera que nos diera el fruto de vida,

— haz que permanezcamos siempre en ti y demos fruto abundante.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Con el deseo de que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres y que su amor se extienda por toda la tierra, pidamos al Padre que su reino venga a nosotros:

 

Padre nuestro…

 

ORACIÓN

 

Concede, Señor todopoderoso, a los que vivimos inmersos en la luz de tu Palabra hecha carne, que resplandezca en nuestras obras la fe que haces brillar en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 24 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

LUNES IV SEMANA DE ADVIENTO

 

24 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Hoy sabréis que viene el Señor, y mañana contemplaréis su gloria.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

¡Cielos, lloved vuestra justicia!

¡Ábrete, tierra!

¡Haz germinar al Salvador!

 

Oh Señor, Pastor de la casa de Israel,

que conduces a tu pueblo,

ven a rescatarnos por el poder de tu brazo.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Sabiduría, salida de la boca del Padre,

anunciada por profetas,

ven a enseñarnos el camino de la salvación.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Hijo de David,

estandarte de los pueblos y los reyes,

a quien clama el mundo entero,

ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Llave de David y Cetro de la casa de Israel,

tú que reinas sobre el mundo,

ven a libertar a los que en tinieblas te esperan.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Sol naciente,

esplendor de la luz eterna

y sol de justicia,

ven a iluminar a los que yacen en sombras de muerte.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia,

tú que unes a los pueblos,

ven a libertar a los hombres que has creado.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Emmanuel,

nuestro rey, salvador de las naciones,

esperanza de los pueblos,

ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo de Israel.

 

Salmo 89

 

Señor, tú has sido nuestro refugio

de generación en generación.

 

Antes que naciesen los montes

o fuera engendrado el orbe de la tierra,

desde siempre y por siempre tú eres Dios.

 

Tú reduces el hombre a polvo,

diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»

Mil años en tu presencia

son un ayer, que pasó;

una vigilia nocturna.

 

Los siembras año por año,

como hierba que se renueva:

que florece y se renueva por la mañana,

y por la tarde la siegan y se seca.

 

¡Cómo nos ha consumido tu cólera

y nos ha trastornado tu indignación!

Pusiste nuestras culpas ante ti,

nuestros secretos ante la luz de tu mirada:

y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,

y nuestros años se acabaron como un suspiro.

 

Aunque uno viva setenta años,

y el más robusto hasta ochenta,

la mayor parte son fatiga inútil,

porque pasan aprisa y vuelan.

 

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,

quién ha sentido el peso de tu cólera?

Enséñanos a calcular nuestros años,

para que adquiramos un corazón sensato.

 

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?

Ten compasión de tus siervos;

por la mañana sácianos de tu misericordia,

y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

 

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,

por los años en que sufrimos desdichas.

Que tus siervos vean tu acción,

y sus hijos tu gloria.

 

Baje a nosotros la bondad del Señor

y haga prósperas las obras de nuestras manos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo de Israel.

 

 

Ant. 2. Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

 

Cántico: Is 42, 10-16

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

llegue su alabanza hasta el confín de la tierra;

muja el mar y lo que contiene,

las islas y sus habitantes;

 

alégrese el desierto con sus tiendas,

los cercados que habita Cadar;

exulten los habitantes de Petra,

clamen desde la cumbre de las montañas;

den gloria al Señor,

anuncien su alabanza en las islas.

 

El Señor sale como un héroe,

excita su ardor como un guerrero,

lanza el alarido,

mostrándose valiente frente al enemigo.

 

«Desde antiguo guardé silencio,

me callaba y aguantaba;

mas ahora grito como la mujer cuando da a luz,

jadeo y resuello.

 

Agostaré montes y collados,

secaré toda su hierba,

convertiré los ríos en yermo,

desecaré los estanques;

conduciré a los ciegos

por el camino que no conocen,

los guiaré por senderos que ignoran.

Ante ellos convertiré la tiniebla en luz,

lo escabroso en llano.»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

 

 

Ant. 3. “Mañana será el día de vuestra salvación”, dice el Señor de los ejércitos.

 

Salmo 134, 1-12

 

Alabad el nombre del Señor,

alabadlo, siervos del Señor,

que estáis en la casa del Señor,

en los atrios de la casa de nuestro Dios.

 

Alabad al Señor porque es bueno,

tañed para su nombre, que es amable.

Porque él se escogió a Jacob,

a Israel en posesión suya.

 

Yo sé que el Señor es grande,

nuestro dueño más que todos los dioses.

El Señor todo lo que quiere lo hace:

en el cielo y en la tierra,

en los mares y en los océanos.

 

Hace subir las nubes desde el horizonte,

con los relámpagos desata la lluvia,

suelta a los vientos de sus silos.

 

Él hirió a los primogénitos de Egipto,

desde los hombres hasta los animales.

Envió signos y prodigios

-en medio de ti, Egipto-

contra el Faraón y sus ministros.

 

Hirió de muerte a pueblos numerosos,

mató a reyes poderosos:

a Sijón, rey de los amorreos;

a Hog, rey de Basán,

y a todos los reyes de Canaán.

Y dio su tierra en heredad,

en heredad a Israel, su pueblo.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. “Mañana será el día de vuestra salvación”, dice el Señor de los ejércitos.

 

 

LECTURA BREVE           Is 11, 1-3a

 

Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Mañana quedará borrada la iniquidad de la tierra.

R. Mañana quedará borrada la iniquidad de la tierra.

 

V. Y sobre nosotros reinará el Salvador del mundo.

R. Quedará borrada la iniquidad de la tierra.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Mañana quedará borrada la iniquidad de la tierra.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. A María le llegó el tiempo de dar a luz a su Hijo primogénito.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. A María le llegó el tiempo de dar a luz a su Hijo primogénito.

 

 

PRECES

 

Oremos, hermanos, con todo nuestro espíritu a Cristo redentor, que vendrá con gran poder y gloria, y digámosle:

Ven, Señor Jesús.

 

Señor Jesucristo, que vendrás con poder desde el cielo,

— mira nuestra pequeñez y haznos dignos de tus dones.

 

Tú que viniste a anunciar a Buena Noticia a los hombres,

— danos fuerza para que también nosotros anunciemos el Evangelio a nuestros hermanos.

 

Tú que desde el trono del Padre todo lo gobiernas,

— haz que aguardemos con alegría la dicha que esperamos, tu aparición gloriosa.

 

Consuela, Señor, con los dones de tu divinidad,

— a los que anhelamos la gracia de tu venida.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Apresúrate, Señor Jesús, y no tardes, para que tu venida consuele y fortalezca a los que esperan todo de tu amor. Tú que vives y reinas.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.