Laudes – 23 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

DOMINGO IV SEMANA DE ADVIENTO

 

23 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

¡Cielos, lloved vuestra justicia!

¡Ábrete, tierra!

¡Haz germinar al Salvador!

 

Oh Señor, Pastor de la casa de Israel,

que conduces a tu pueblo,

ven a rescatarnos por el poder de tu brazo.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Sabiduría, salida de la boca del Padre,

anunciada por profetas,

ven a enseñarnos el camino de la salvación.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Hijo de David,

estandarte de los pueblos y los reyes,

a quien clama el mundo entero,

ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Llave de David y Cetro de la casa de Israel,

tú que reinas sobre el mundo,

ven a libertar a los que en tinieblas te esperan.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Sol naciente,

esplendor de la luz eterna

y sol de justicia,

ven a iluminar a los que yacen en sombras de muerte.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia,

tú que unes a los pueblos,

ven a libertar a los hombres que has creado.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Emmanuel,

nuestro rey, salvador de las naciones,

esperanza de los pueblos,

ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Tocad la trompeta en Sión, porque está cerca el día del Señor. Mirad: viene a salvarnos. Aleluya.

 

Salmo 117

 

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

 

Diga la casa de Israel:

eterna es su misericordia.

 

Digan los fieles del Señor:

eterna es su misericordia.

 

En el peligro grité al Señor,

y me escuchó poniéndome a salvo.

 

El Señor está conmigo: no temo;

¿qué podrá hacerme el hombre?

El Señor está conmigo y me auxilia,

veré la derrota de mis adversarios.

 

Mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse de los hombres,

mejor es refugiarse en el Señor

que confiar en los jefes.

 

Todos los pueblos me rodeaban,

en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban cerrando el cerco,

en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban como avispas,

ardiendo como fuego en las zarzas,

en el nombre del Señor los rechacé.

 

Empujaban y empujaban para derribarme,

pero el Señor me ayudó;

el Señor es mi fuerza y mi energía,

él es mi salvación.

 

Escuchad: hay cantos de victoria

en las tiendas de los justos:

“La diestra del Señor es poderosa,

la diestra del Señor es excelsa,

la diestra del Señor es poderosa.

 

“

No he de morir, viviré

para contar las hazañas del Señor.

Me castigó, me castigó el Señor,

pero no me entregó a la muerte.

 

Abridme las puertas del triunfo,

y entraré para dar gracias al Señor.

— Esta es la puerta del Señor:

los vencedores entrarán por ella.

 

— Te doy gracias porque me escuchaste

y fuiste mi salvación.

 

La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente.

 

Este es el día en que actuó el Señor:

sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Señor, danos la salvación;

Señor, danos prosperidad.

 

Bendito el que viene en nombre del Señor,

los bendecimos desde la casa del Señor;

el Señor es Dios: él nos ilumina.

 

Ordenad una procesión con ramos

hasta los ángulos del altar.

 

Tú eres mi Dios, te doy gracias;

Dios mío, yo te ensalzo.

 

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. Tocad la trompeta en Sión, porque está cerca el día del Señor. Mirad: viene a salvarnos. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Capaz eres, Señor, de liberarnos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.

 

Cántico: Dn 3, 52-57

 

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:

a ti gloria y alabanza por los siglos.

 

Bendito tu nombre, Santo y glorioso:

a Él gloria y alabanza por los siglos.

 

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:

a ti gloria y alabanza por los siglos.

 

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines

sondeas los abismos:

a ti gloria y alabanza por los siglos.

 

Bendito eres en la bóveda del cielo:

a ti honor y alabanza por los siglos.

 

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Capaz eres, Señor, de liberarnos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.

 

 

Ant. 3. Palabra omnipotente, Señor, vendrá desde su trono real. Aleluya.

 

Salmo 150

 

Alabad al Señor en su templo,

alabadlo en su fuerte firmamento.

 

Alabadlo por sus obras magníficas,

alabadlo por su inmensa grandeza.

 

Alabadlo tocando trompetas,

alabadlo con trompas y flautas,

 

alabadlo con platillos sonoros,

alabadlo con platillos vibrantes.

 

Todo ser que alienta alabe al Señor.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Palabra omnipotente, Señor, vendrá desde su trono real. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE           Jr 30, 21. 22

 

Esto dice el Señor: “Saldrá de Jacob un príncipe, su señor saldrá de en medio de él; me lo acercaré y se llegará a mí; vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios”.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Amanecerá el Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Se ha cumplido ya todo lo que el ángel dijo de la Virgen María.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Se ha cumplido ya todo lo que el ángel dijo de la Virgen María.

 

 

PRECES

 

Oremos, hermanos, a Cristo, nuestro redentor, que ha venido para darnos la justificación, y digámosle con júbilo:

Ven, Señor Jesús

 

Señor, cuya venida en la carne anunciaron los profetas,

haz germinar en nosotros la semilla de las virtudes.

 

Concede a los que anunciamos al mundo tu salvación

— que la encontremos también en ti.

 

Tú que viniste a librar a los oprimidos,

cura las dolencias de los que sufren.

 

Tú que reconciliaste al mundo con Dios en tu primera venida,

absuélvenos de toda condenación cuando vengas como juez.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo resucitado, acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos, diciendo:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso y eterno, al acercarnos a las fiestas de Navidad, te pedimos que tu Hijo, que se encarnó en las entrañas de la Virgen maría y quiso vivir entre nosotros, nos haga partícipes de la abundancia de su misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 22 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

SÁBADO III SEMANA DE ADVIENTO

 

22 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. El señor está cerca, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

La pena que la tierra soportaba,

a causa del pecado, se ha trocado

en canto que brota jubiloso,

en labios de María pronunciado.

 

El sí de las promesas ha llegado,

la alianza se cumple, poderosa,

el Verbo eterno de los cielos

con nuestra débil carne se desposa.

 

Misterio que sólo la fe alcanza,

María es nuevo templo de la gloria,

rocío matinal, nube que pasa,

luz nueva en presencia misteriosa.

 

A Dios sea la gloria eternamente,

y al Hijo suyo amado, Jesucristo,

que quiso nacer para nosotros

y darnos su Espíritu divino. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. El Señor viene del Líbano, su brillo es como el día.

 

Salmo 118, 145-152

 

Te invoco de todo corazón;

respóndeme Señor, y guardaré tus leyes;

a ti grito: sálvame,

y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,

esperando tus palabras.

 

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,

meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia,

con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores,

están lejos de tu voluntad.

 

Tú Señor, estás cerca,

y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos

los fundaste para siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. El Señor viene del Líbano, su brillo es como el día.

 

 

Ant. 2. Cielos, dejad caer el rocío; que las nubes lluevan al Justo, y la tierra germine al Salvador.

 

Cántico: Sb 9, 1-6. 9-11

 

Dios de los padres y Señor de la misericordia,

que con tu palabra hiciste todas las cosas,

y en tu sabiduría formaste al hombre,

para que dominase sobre tus creaturas,

y para regir el mundo con santidad y justicia

y para administrar justicia con rectitud de corazón.

 

Dame la sabiduría asistente de tu trono

y no me excluyas del número de tus siervos,

porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,

hombre débil y de pocos años,

demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

 

Pues, aunque uno sea perfecto

entre los hijos de los hombres,

sin la sabiduría, que procede de ti,

será estimado en nada.

 

Contigo está la sabiduría conocedora de tus obras,

que te asistió cuando hacías el mundo,

y que sabe lo que es grato a tus ojos

y lo que es recto según tus preceptos.

 

Mándala de tus santos cielos

y de tu trono de gloria envíala

para que me asista en mis trabajos

y venga yo a saber lo que te es grato.

 

Porque ella conoce y entiende todas las cosas,

y me guiará prudentemente en mis obras,

y me guardará en su esplendor.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Cielos, dejad caer el rocío; que las nubes lluevan al Justo, y la tierra germine al Salvador.

 

 

Ant. 3. Prepárate, Israel, y sal al encuentro de tu Salvador que se acerca.

 

Salmo 116

 

Alabad al Señor, todas las naciones,

aclamadlo, todos los pueblos.

 

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Prepárate, Israel, y sal al encuentro de tu Salvador que se acerca.

 

 

LECTURA BREVE           Is 45, 8

 

Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Amanecerá el Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Aleluya.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Aleluya.

 

 

PRECES

 

Imploremos, hermanos, a Dios Padre, que ha enviado a su Hijo para salvar al mundo, y digámosle suplicantes:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

 

Padre lleno de amor, no permitas que nuestra vida y nuestras obras rechacen a Cristo, tu enviado,

— pues nuestra lengua lo proclama con fe plena.

 

Tú que enviaste a tu Hijo para salvación de los hombres,

— aleja de nuestra nación y del mundo entero toda desgracia y todo dolor.

 

Que la tierra entera, que se alegra por la venida de tu Hijo,

— experimente más aún el júbilo de poseerte plenamente.

 

Concédenos, por tu misericordia, llevar ya desde ahora una vida sobria y religiosa,

— mientras aguardamos la dichosa esperanza, la aparición gloriosa de Jesucristo.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Concluyamos nuestras súplicas con la oración que el mismo Señor nos enseñó:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor Dios, que con la venida de tu Hijo has querido redimir al hombre sentenciado a muerte, concede a los que van a adorarlo, hecho niño en Belén, participar de los bienes de su redención. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 21 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

VIERNES III SEMANA DE ADVIENTO

 

21 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. El señor está cerca, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

¡Cielos, lloved vuestra justicia!

¡Ábrete, tierra!

¡Haz germinar al Salvador!

 

Oh Señor, Pastor de la casa de Israel,

que conduces a tu pueblo,

ven a rescatarnos por el poder de tu brazo.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Sabiduría, salida de la boca del Padre,

anunciada por profetas,

ven a enseñarnos el camino de la salvación.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Hijo de David,

estandarte de los pueblos y los reyes,

a quien clama el mundo entero,

ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Llave de David y Cetro de la casa de Israel,

tú que reinas sobre el mundo,

ven a libertar a los que en tinieblas te esperan.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Sol naciente,

esplendor de la luz eterna

y sol de justicia,

ven a iluminar a los que yacen en sombras de muerte.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia,

tú que unes a los pueblos,

ven a libertar a los hombres que has creado.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Emmanuel,

nuestro rey, salvador de las naciones,

esperanza de los pueblos,

ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

           

 

SALMODIA

 

Ant. 1. De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Enmanuel.

 

Salmo 50

 

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

 

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

 

En la sentencia tendrás razón,

en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

 

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

 

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

 

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

 

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,

Dios, Salvador mío!,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:

un corazón quebrantado y humillado

tú no lo desprecias.

 

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Enmanuel.

 

 

Ant. 2. Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.

 

Cántico: Jr 14, 17-21

 

Mis ojos se deshacen en lágrimas,

día y noche no cesan:

por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,

una herida de fuertes dolores.

 

Salgo al campo: muertos a espada;

entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;

tanto el profeta como el sacerdote

vagan sin sentido por el país.

 

¿Por qué has rechazado del todo a Judá?

¿Tiene asco tu garganta de Sión?

¿Por qué nos has herido sin remedio?

Se espera la paz, y no hay bienestar,

al tiempo de la cura sucede la turbación.

 

Señor, reconocemos nuestra impiedad,

la culpa de nuestros padres,

porque pecamos contra ti.

 

No nos rechaces, por tu nombre,

no desprestigies tu trono glorioso;

recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.

 

 

Ant. 3. Yo miro atento al Señor, espero en Dios, mi salvador.

 

Salmo 99

 

Aclama al Señor, tierra entera,

servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con vítores.

 

Sabed que el Señor es Dios:

que él nos hizo y somos suyos,

su pueblo y ovejas de su rebaño.

 

Entrad por sus puertas con acción de gracias,

por sus atrios con himnos,

dándole gracias y bendiciendo su nombre:

 

“El Señor es bueno,

su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades.”

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. Yo miro atento al Señor, espero en Dios, mi salvador.

 

 

LECTURA BREVE           Is 7, 14b-15

 

Mirad: la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa “Dios-con-nosotros”). Comerá requesón con miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Amanecerá el Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. No temáis, dentro de cinco días vendrá a vosotros el Señor.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. No temáis, dentro de cinco días vendrá a vosotros el Señor.

 

 

PRECES

 

Oremos, hermanos, a nuestro Señor Jesucristo, que en su misericordia nos visita, y digámosle con insistencia:

Ven, Señor Jesús.

 

Tú que viniste del seno del Padre para revestirte de nuestra carne mortal,

— libra de toda corrupción a nuestra naturaleza caída.

 

Tu que cuando vengas al final de los tiempos aparecerás glorioso entre tus elegidos,

— al venir ahora muéstrate clemente y compasivo con los pecadores.

 

Nuestra gloria, oh Cristo, es alabarte,

— visítanos, pues, con tu salvación.

 

Tú que por la fe nos has llevado a la luz,

— haz que te agrademos también con nuestras obras.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Llenos del Espíritu de Jesucristo, acudamos a nuestro Padre común, diciendo:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo, alegre por la venida de tu Hijo en carne mortal, y haz que cuando vuelva en su gloria, al final de los tiempos, podamos alegrarnos de escuchar de sus labios la invitación a poseer el reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 20 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

JUEVES III SEMANA DE ADVIENTO

 

20 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Ya muy cercano, Emmanuel,

hoy te presiente Israel,

que en triste exilio vive ahora

y redención de ti implora.

 

Ven ya, del cielo resplandor,

Sabiduría del Señor,

pues con tu luz, que el mundo ansía,

nos llegará nueva alegría.

 

Llegando estás, Dios y Señor,

del Sinaí legislador,

que la ley santa promulgaste

y tu poder allí mostraste.

 

Ven, Vara santa de Jesé,

contigo el pueblo a lo que fue

volver espera, pues aún gime

bajo el cruel yugo que lo oprime.

 

Ven, Llave de David, que al fin

el cielo abriste al hombre ruin

que hoy puede andar, libre su vía,

con la esperanza del gran día.

 

Aurora tú eres que, al nacer,

nos trae nuevo amanecer,

y, con tu luz, viva esperanza

el corazón del hombre alcanza.

 

Rey de la gloria, tu poder

al enemigo ha de vencer,

y, al ayudar nuestra flaqueza,

se manifiesta tu grandeza. Amén.

           

 

SALMODIA

 

Ant. 1. A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.

 

Salmo 86

 

Él la ha cimentado sobre el monte santo,

y el Señor prefiere las puertas de Sión

a todas las moradas de Jacob.

 

¡Qué pregón tan glorioso para ti,

ciudad de Dios!

“Contaré a Egipto y a Babilonia

entre mis fieles;

filisteos, tirios y etíopes

han nacido allí.”

 

Se dirá de Sión: “Uno por uno

todos han nacido en ella;

el Altísimo en persona la ha fundado.”

 

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:

“Éste ha nacido allí.”

Y cantarán mientras danzan:

“Todas mis fuentes están en ti.”

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.

 

 

Ant. 2. Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.

 

Cántico: Is 40, 10-17

 

Mirad, el Señor Dios llega con poder,

y su brazo manda.

Mirad, viene con él su salario

y su recompensa lo precede.

 

Como un pastor que apacienta el rebaño,

su brazo lo reúne,

toma en brazos los corderos

y hace recostar a las madres.

 

¿Quién ha medido a puñados el mar

o mensurado a palmos el cielo,

o a cuartillos el polvo de la tierra?

 

¡Quién ha pesado en la balanza los montes

y en la báscula las colinas?

¿Quién ha medido el aliento del Señor?

¿Quién le ha sugerido su proyecto?

 

¿Con quién se aconsejó para entenderlo,

para que le enseñara el camino exacto,

para que le enseñara el saber

y le sugiriese el método inteligente?

 

Mirad, las naciones son gotas de un cubo

y valen lo que el polvillo de balanza.

Mirad, las islas pesan lo que un grano,

el Líbano no basta para leña,

sus fieras no bastan para el holocausto.

 

En su presencia, las naciones todas, como si no existieran,

son ante él como nada y vacío.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.

 

 

Ant. 3. Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.

 

Salmo 98

 

El Señor reina, tiemblen las naciones;

sentado sobre querubines, vacile la tierra.

 

El Señor es grande en Sión,

encumbrado sobre todos los pueblos.

Reconozcan tu nombre, grande y terrible:

Él es Santo.

 

Reinas con poder y amas la justicia,

tú has establecido la rectitud;

tú administras la Justicia y el derecho,

tú actúas en Jacob.

 

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;

postraos ante el estrado de sus pies:

Él es Santo.

 

Moisés y Aarón con sus sacerdotes,

Samuel con los que invocan su nombre,

invocaban al Señor, y él respondía.

 

Dios les hablaba desde la columna de nube;

oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías,

tú eras para ellos un Dios de perdón

y un Dios vengador de sus maldades.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;

postraos ante su monte santo:

Santo es el Señor, nuestro Dios.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.

 

 

LECTURA BREVE           Gn 49, 10

 

No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Amanecerá el Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. El ángel Gabriel fue enviado a María Virgen, desposada con José.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. El ángel Gabriel fue enviado a María Virgen, desposada con José.

 

 

PRECES

 

Oremos, hermanos, a Cristo, el Señor, luz que alumbra a todo hombre, y digámosle con gozo:

Ven, Señor Jesús.

 

Que la luz de tu presencia disipe, Señor, nuestras tinieblas

— y nos haga dignos de recibir tus dones.

 

Sálvanos, Señor, Dios nuestro

— y durante todo el día daremos gracias a tu santo nombre.

 

Enciende nuestros corazones en tu amor,

— para que deseemos ardientemente tu venida y anhelamos vivir íntimamente unidos a ti.

 

Tú que quisiste experimentar nuestras dolencias,

— socorre a los enfermos y a los que morirán en el día de hoy.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Acudamos ahora a nuestro Padre celestial, diciendo:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Señor y Dios nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al anunciárselo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo: tú que la has transformado, por obra del Espíritu Santo, en templo de tu divinidad, concédenos, siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 19 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

MIÉRCOLES II SEMANA DE ADVIENTO

 

19 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. El señor está cerca, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

La pena que la tierra soportaba,

a causa del pecado, se ha trocado

en canto que brota jubiloso,

en labios de María pronunciado.

 

El sí de las promesas ha llegado,

la alianza se cumple, poderosa,

el Verbo eterno de los cielos

con nuestra débil carne se desposa.

 

Misterio que sólo la fe alcanza,

María es nuevo templo de la gloria,

rocío matinal, nube que pasa,

luz nueva en presencia misteriosa.

 

A Dios sea la gloria eternamente,

y al Hijo suyo amado, Jesucristo,

que quiso nacer para nosotros

y darnos su Espíritu divino. Amén.

 

           

SALMODIA

 

Ant. 1. Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.

 

Salmo 85

 

Inclina tu oído, Señor; escúchame,

que soy un pobre desamparado;

protege mi vida, que soy un fiel tuyo;

salva a tu siervo, que confía en ti.

 

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,

que a ti te estoy llamando todo el día;

alegra el alma de tu siervo,

pues levanto mi alma hacia ti;

 

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,

rico en misericordia con los que te invocan.

Señor, escucha mi oración,

atiende a la voz de mi súplica.

 

En el día del peligro te llamo,

y tú me escuchas.

No tienes igual entre los dioses, Señor,

ni hay obras como las tuyas.

 

Todos los pueblos vendrán

a postrarse en tu presencia, Señor;

bendecirán tu nombre:

«Grande eres tú, y haces maravillas;

tú eres el único Dios.»

 

Enséñame, Señor, tu camino,

para que siga tu verdad;

mantén mi corazón entero

en el temor de tu nombre.

 

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;

daré gloria a tu nombre por siempre,

por tu grande piedad para conmigo,

porque me salvaste del abismo profundo.

 

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,

una banda de insolentes atenta contra mi vida,

sin tenerte en cuenta a ti.

 

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,

lento a la cólera, rico en piedad y leal,

mírame, ten compasión de mí.

 

Da fuerza a tu siervo,

salva al hijo de tu esclava;

dame una señal propicia,

que la vean mis adversarios y se avergüencen,

porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 1. Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.

 

 

Ant. 2. Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca como una aurora su Justo.

 

Cántico: Is 33, 13-16

 

Los lejanos, escuchad lo que he hecho;

los cercanos, reconoced mi fuerza.

 

Temen en Sión los pecadores,

y un temblor se apodera de los perversos:

«¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador,

quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?».

 

El que procede con justicia y habla con rectitud

y rehúsa el lucro de la opresión;

el que sacude la mano rechazando el soborno

y tapa su oído a propuestas sanguinarias,

el que cierra los ojos para no ver la maldad:

ése habitará en lo alto,

tendrá su alcázar en un picacho rocoso,

con abasto de pan y provisión de agua.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 2. Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca como una aurora su Justo.

 

 

Ant. 3. El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.

 

Salmo 97

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

porque ha hecho maravillas:

su diestra le ha dado la victoria,

su santo brazo.

 

El Señor da a conocer su victoria,

revela a las naciones su justicia:

se acordó de su misericordia y su fidelidad

en favor de la casa de Israel.

 

Los confines de la tierra han contemplado

la victoria de nuestro Dios.

Aclama al Señor, tierra entera;

gritad, vitoread, tocad:

 

tocad la cítara para el Señor,

suenen los instrumentos:

con clarines y al son de trompetas

aclamad al Rey y Señor.

 

Retumbe el mar y cuanto contiene,

la tierra y cuantos la habitan;

aplaudan los ríos, aclamen los montes

al Señor, que llega para regir la tierra.

 

Regirá el orbe con justicia

y los pueblos con rectitud.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant. 3. El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.

 

 

LECTURA BREVE           Is 2, 3

 

Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Amanecerá el Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. El Salvador del mundo aparecerá como el sol naciente, y como la lluvia que empapa la tierra descenderá al seno de la Virgen. Aleluya.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. El Salvador del mundo aparecerá como el sol naciente, y como la lluvia que empapa la tierra descenderá al seno de la Virgen. Aleluya.

 

 

PRECES

 

Oremos, hermanos, a Cristo, el redentor, que viene a librar del poder de la muerte a los que se convierten a él, y digámosle:

Ven, Señor Jesús.

 

Que al anunciar tu venida, Señor,

— nuestro corazón se sienta libre de tu vanidad.

 

Que la iglesia, que tú fundaste,

— glorifique, Señor, tu nombre por todo el mundo.

 

Que tu ley, Señor, sea luz para nuestros ojos

— y sirva de protección a los pueblos que confiesan tu nombre.

 

Tú que por la Iglesia nos anuncias el gozo de tu venida,

— concédenos también el deseo de recibirte.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios y Señor nuestro, que en el parto de la Virgen María has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria, asístenos con tu gracia, para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la encarnación de tu Hijo. Que vive y reina contigo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 18 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

MARTES, III SEMANA DE ADVIENTO

 

18 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. El señor esta cerca, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

¡Cielos, lloved vuestra justicia!

¡Ábrete, tierra!

¡Haz germinar al Salvador!

 

Oh Señor, Pastor de la casa de Israel,

que conduces a tu pueblo,

ven a rescatarnos por el poder de tu brazo.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Sabiduría, salida de la boca del Padre,

anunciada por profetas,

ven a enseñarnos el camino de la salvación.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Hijo de David,

estandarte de los pueblos y los reyes,

a quien clama el mundo entero,

ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Llave de David y Cetro de la casa de Israel,

tú que reinas sobre el mundo,

ven a libertar a los que en tinieblas te esperan.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Sol naciente,

esplendor de la luz eterna

y sol de justicia,

ven a iluminar a los que yacen en sombras de muerte.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia,

tú que unes a los pueblos,

ven a libertar a los hombres que has creado.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Emmanuel,

nuestro rey, salvador de las naciones,

esperanza de los pueblos,

ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.

Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.

 

Salmo 84

 

Señor, has sido bueno con tu tierra,

has restaurado la suerte de Jacob,

has perdonado la culpa de tu pueblo,

has reprimido tu cólera,

has frenado el incendio de tu ira.

 

Restáuranos, Dios, salvador nuestro;

cesa en tu rencor contra nosotros.

¿Vas ha estar siempre enojado,

o a prolongar tu ira de edad en edad?

 

¿No vas a devolvernos la vida,

para que tu pueblo se alegre contigo?.

Muéstranos, Señor, tu misericordia

y danos tu salvación.

 

Voy a escuchar lo que dice el Señor:

“Dios anuncia la paz

a su pueblo y a sus amigos

y a los que se convierten de corazón.”

 

La salvación está ya cerca de sus fieles,

y la gloria habitará en nuestra tierra;

la misericordia y la fidelidad se encuentran,

la justicia y la paz se besan;

 

la fidelidad brota de la tierra,

y la justicia mira desde el cielo;

el Señor dará la lluvia

y nuestra tierra dará su fruto.

 

La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.

 

 

Ant. 2. Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluarte; abrid las puertas, que con nosotros está Dios. Aleluya.

 

Cántico: Is 26, 1-4. 7-9. 12

 

Tenemos una ciudad fuerte,

ha puesto para salvarla murallas y baluartes:

Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,

que observa la lealtad;

su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti.

 

Confiad siempre en el Señor,

porque el Señor es la Roca perpetua:

 

La senda del justo es recta.

Tú allanas el sendero del justo;

en la senda de tus juicios, Señor,

te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo.

 

Mi alma te ansía de noche,

mi espíritu en mi interior madruga por ti,

porque tus juicios son luz de la tierra,

y aprenden justicia los habitantes del orbe.

 

Señor, tú nos darás la paz,

porque todas nuestras empresas nos las realizas tú.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluarte; abrid las puertas, que con nosotros está Dios. Aleluya.

 

 

Ant. 3. Conozca la tierra, Señor, tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

 

Salmo 66

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos,

todos los pueblos tu salvación.

 

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

 

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

 

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

 

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Conozca la tierra, Señor, tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

 

 

LECTURA BREVE           Rm 13, 11b-12

 

Ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

 

V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Amanecerá el Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. No dejéis de velar: pronto llegará el Señor, nuestro Dios.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. No dejéis de velar: pronto llegará el Señor, nuestro Dios.

 

 

PRECES

 

Roguemos, hermanos, al Señor Jesús, juez de vivos y muertos, y digámosle:

Ven, Señor Jesús.

 

Señor Jesucristo, que viniste a salvar a los pecadores,

— líbranos de caer en la tentación.

 

Tú que vendrás con gloria para juzgar a tu pueblo,

— muestra en nosotros tu poder salvador.

 

Ayúdanos a cumplir con fortaleza de espíritu los preceptos de tu ley,

— para que podamos esperar tu venida sin temor.

 

Tú que eres bendito por los siglos,

— concédenos por tu misericordia, que, llevando ya desde ahora una vida sobria y religiosa, esperemos con gozo tu gloriosa aparición.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Ya que deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que a todos llegue el reino de su Hijo:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Concede, Señor, a los que vivimos oprimidos por la antigua esclavitud del pecado ser liberados por el nuevo y esperado nacimiento de tu Hijo. Que vive y reina contigo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 17 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

LUNES III SEMANA DE ADVIENTO

 

17 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. El Señor esta cerca, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Ya muy cercano, Emmanuel,

hoy te presiente Israel,

que en triste exilio vive ahora

y redención de ti implora.

 

Ven ya, del cielo resplandor,

Sabiduría del Señor,

pues con tu luz, que el mundo ansía,

nos llegará nueva alegría.

 

Llegando estás, Dios y Señor,

del Sinaí legislador,

que la ley santa promulgaste

y tu poder allí mostraste.

 

Ven, Vara santa de Jesé,

contigo el pueblo a lo que fue

volver espera, pues aún gime

bajo el cruel yugo que lo oprime.

 

Ven, Llave de David, que al fin

el cielo abriste al hombre ruin

que hoy puede andar, libre su vía,

con la esperanza del gran día.

 

Aurora tú eres que, al nacer,

nos trae nuevo amanecer,

y, con tu luz, viva esperanza

el corazón del hombre alcanza.

 

Rey de la gloria, tu poder

al enemigo ha de vencer,

y, al ayudar nuestra flaqueza,

se manifiesta tu grandeza. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra: ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!

 

Salmo 83

 

¡Qué deseables son tus moradas,

Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela

los atrios del Señor,

mi corazón y mi carne

se alegran por el Dios vivo.

 

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;

la golondrina, un nido

donde colocar sus polluelos:

tus altares, Señor de los ejércitos,

Rey mío y Dios mío.

 

Dichosos los que viven en tu casa

alabándote siempre.

Dichosos los que encuentran en ti su fuerza

al preparar su peregrinación:

 

cuando atraviesan áridos valles,

los convierten en oasis,

como si la lluvia temprana

los cubriera de bendiciones,

caminan de altura en altura

hasta ver a Dios en Sión.

 

Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;

atiéndeme, Dios de Jacob.

Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,

mira el rostro de tu Ungido.

 

Un sólo día en tu casa

vales más que otros mil,

y prefiero el umbral de la casa de Dios

a vivir con los malvados.

 

Porque el Señor es sol y escudo,

él da la gracia y la gloria,

el Señor no niega sus bienes

a los de conducta intachable.

 

¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre

que confía en ti!

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra: ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!

 

 

Ant. 2. Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.

 

Cántico: Is 2, 2-5

 

Al final de los días estará firme

el monte de la casa del Señor,

en la cima de los montes,

encumbrado sobre las montañas.

 

Hacia él confluirán los gentiles,

caminarán pueblos numerosos.

Dirán: “Venid, subamos al monte del Señor,

a la casa del Dios de Jacob:

 

Él nos instruirá en sus caminos,

y marcharemos por sus sendas;

porque de Sión saldrá la Ley,

de Jerusalén la palabra del Señor.”

 

Será el árbitro de las naciones,

el juez de los pueblos numerosos.

 

De las espadas forjarán arados,

de las lanzas, podaderas.

No alzará la espada pueblo contra pueblo,

No se adiestrarán para la guerra.

 

Casa de Jacob, ven:

caminemos a la luz del Señor.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.

 

 

Ant. 3. Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?

 

Salmo 95

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor, toda la tierra;

cantad al Señor, bendecid su nombre,

proclamad día tras días su victoria.

 

Contad a los pueblos su gloria,

sus maravillas a todas las naciones;

porque es grande el Señor,

y muy digno de alabanza

más temible que todo los dioses.

 

Pues los dioses de los gentiles son apariencia,

mientras que el Señor ha hecho el cielo;

honor y majestad lo preceden,

fuerza y esplendor están en su templo.

 

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.

 

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,

tiemble en su presencia la tierra toda;

decid a los pueblos: “El Señor es rey,

él afianzó el orbe, y no se moverá;

él gobierna a los pueblos rectamente.”

 

Alégrense el cielo, goce la tierra,

retumbe el mar y cuanto lo llena;

vitoreen los campos y cuanto hay y en ellos,

aclamen los árboles del bosque,

 

delante del Señor, que ya llega,

ya llega a regir la tierra:

regirá el orbe con justicia

y los pueblos con fidelidad.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?

 

 

LECTURA BREVE           Is 11, 1-3a

 

Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Amanecerá el Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Sabed que está cerca el reino de Dios; os aseguro que no tardará.

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Sabed que está cerca el reino de Dios; os aseguro que no tardará.

 

 

PRECES

 

Oremos a Dios Padre, que trazó desde antiguo un plan de salvación para su pueblo, y digámosle:

Guarda a tu pueblo, Señor.

 

Oh Dios, que prometiste a tu pueblo un vástago que haría justicia,

— vela por la santidad de tu Iglesia.

 

Inclina, oh Dios, el corazón de los hombres a tu palabra

— y afianza la santidad de tus fieles.

 

Por tu espíritu consérvanos en el amor,

— para que podamos recibir la misericordia de tu Hijo que se acerca.

 

Haz que nos mantengamos firmes, Dios de clemencia,

— hasta el día de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Llenos de alegría por nuestra condición de hijos de Dios, digamos confiadamente:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios, creador y restaurador del hombre, que has querido que tu Hijo, Palabra eterna, se encarnase en el seno de María, siempre Virgen, escucha nuestras súplicas, y que Cristo, tu Unigénito, hecho hombre por nosotros, se digne hacernos partícipes de su condición divina. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 16 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

DOMINGO, III SEMANA ADVIENTO

 

16 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Al rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

De luz nueva se viste la tierra,

porque el Sol que del cielo ha venido

en el seno feliz de la Virgen

de su carne se ha revestido.

 

El amor hizo nuevas las cosas,

el Espíritu ha descendido

y la sombra del que es poderoso

en la Virgen su luz ha encendido.

 

Ya la tierra reclama su fruto

y de bodas se anuncia alegría,

el Señor que en los cielos moraba

se hizo carne en la Virgen María.

 

Gloria a Dios, el Señor poderoso,

a su Hijo y Espíritu Santo,

que en su gracia y su amor nos bendijo

y a su reino nos ha destinado. Amén.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Vendrá el Señor y no tardará: iluminará lo escondido en las tinieblas y se manifestará a todos los hombres. Aleluya.

 

Salmo 92

 

El Señor reina, vestido de majestad,

el Señor, vestido y ceñido de poder:

así está firme el orbe y no vacila.

 

Tu trono está firme desde siempre,

y tú eres eterno.

 

Levantan los ríos, Señor,

levantan los ríos su voz,

levantan los ríos su fragor;

 

pero más que la voz de aguas caudalosas,

más potente que el oleaje del mar,

más potente en el cielo es el Señor.

 

Tus mandatos son fieles y seguros;

la santidad es el adorno de tu casa,

Señor, por días sin término.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Vendrá el Señor y no tardará: iluminará lo escondido en las tinieblas y se manifestará a todos los hombres. Aleluya.

 

 

Ant. 2. Los montes y las colinas se abajarán, lo torcido se enderezará y lo escabroso se igualará; ven, Señor, no tardes. Aleluya.

 

Cántico: Dn 3, 57-88. 56

 

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

 

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

 

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

 

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

 

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

 

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

 

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

 

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

 

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

 

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

 

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

 

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

 

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

 

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

 

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

 

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

 

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

 

No se dice Gloria al Padre.

 

Ant. 2. Los montes y las colinas se abajarán, lo torcido se enderezará y lo escabroso se igualará; ven, Señor, no tardes. Aleluya.

 

 

Ant. 3. Salvaré a Sión y mostraré mi gloria en Jerusalén. Aleluya.

 

Salmo 148

 

Alabad al Señor en el cielo,

alabad al Señor en lo alto.

 

Alabadlo todos sus ángeles,

alabadlo todos sus ejércitos.

 

Alabadlo, sol y luna;

alabadlo, estrellas lucientes.

 

Alabadlo, espacios celestes,

y aguas que cuelgan en el cielo.

 

Alaben el nombre del Señor,

porque él lo mandó, y existieron.

 

Les dio consistencia perpetua

y una ley que no pasará.

 

Alabad al Señor en la tierra,

cetáceos y abismos del mar.

 

Rayos, granizo, nieve y bruma,

viento huracanado que cumple sus órdenes.

 

Montes y todas las sierras,

árboles frutales y cedros.

 

Fieras y animales domésticos,

reptiles y pájaros que vuelan.

 

Reyes y pueblos del orbe,

príncipes y jefes del mundo.

 

Los jóvenes y también las doncellas,

los viejos junto con los niños.

 

Alaben el nombre del Señor,

el único nombre sublime.

 

Su majestad sobre el cielo y la tierra;

él acrece el vigor de su pueblo.

 

Alabanza de todos sus fieles,

de Israel, su pueblo escogido.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Salvaré a Sión y mostraré mi gloria en Jerusalén. Aleluya.

 

 

LECTURA BREVE         Rm 13, 11b-12

 

Ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

 

V. Tú que ha de venir al mundo.

R. Ten piedad de nosotros.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Juan, habiendo oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”

 

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Juan, habiendo oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”

 

 

PRECES

 

Oremos a Dios Padre, que nos concede la gracia de esperar la revelación de nuestro Señor Jesucristo, y digámosle confiados:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

 

Santifica, Señor, todo nuestro espíritu, alma y cuerpo,

— y guárdanos sin reproche hasta el día de la venida de tu Hijo.

 

Haz que durante este día caminemos en santidad,

— y llevemos una vida sobria, honrada y religiosa.

 

Ayúdanos a vestirnos del Señor Jesucristo,

— y a llenarnos del Espíritu Santo.

 

Haz, Señor, que estemos preparados

— el día de la manifestación gloriosa de tu Hijo.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a decir:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 15 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

SÁBADO II SEMANA DE ADVIENTO

 

15 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

INVITATORIO

 

Ant. Al rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Ruega por nosotros,

Madre de la Iglesia.

 

Virgen del Adviento,

esperanza nuestra,

de Jesús la aurora,

del cielo la puerta.

 

Madre de los hombres,

de la mar estrella,

llévanos a Cristo,

danos sus promesas.

 

Eres, Virgen Madre,

la de gracia llena,

del Señor la esclava,

del mundo la reina.

 

Alza nuestros ojos

hacia tu belleza,

guía nuestros pasos

a la vida eterna.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

 

Salmo 91

 

Es bueno dar gracias al Señor

y tocar para tu nombre, oh Altísimo,

proclamar por la mañana tu misericordia

y de noche tu fidelidad,

con arpas de diez cuerdas y laúdes

sobre arpegios de cítaras.

 

Tus acciones, Señor, son mi alegría,

y mi júbilo, las obras de tus manos.

¡Qué magníficas son tus obras, Señor,

qué profundos tus designios!

El ignorante no los entiende

ni el necio se da cuenta.

 

Aunque germinen como hierba los malvados

y florezcan los malhechores,

serán destruidos para siempre.

Tú, en cambio, Señor,

eres excelso por los siglos.

 

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,

los malhechores serán dispersados;

pero a mí me das la fuerza de un búfalo

y me unges con aceite nuevo.

Mis ojos no temerán a mis enemigos,

mis oídos escucharán su derrota.

 

El justo crecerá como una palmera

y se alzará como un cedro del Líbano:

plantado en la casa del Señor,

crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto

y estará lozano y frondoso,

para proclamar que el Señor es justo,

que en mi roca no existe la maldad.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

 

 

Ant. 2. Dad gloria a nuestro Dios.

 

Cántico: Dt 32, 1-12

 

Escuchad, cielos, y hablaré;

oye, tierra, los dichos de mi boca;

descienda como lluvia mi doctrina,

destile como rocío mi palabra;

como llovizna sobre la hierba,

como sereno sobre el césped;

voy a proclamar el nombre del Señor:

dad gloria a nuestro Dios.

 

Él es la Roca, sus obras son perfectas,

sus caminos son justos,

es un Dios fiel, sin maldad;

es justo y recto.

 

Hijos degenerados,

se portaron mal con él, generación malvada y pervertida.

¿Así le pagas al Señor,

pueblo necio e insensato?

¿no es él tu padre y tu creador,

el que te hizo y te constituyó?

 

Acuérdate de los días remotos,

considera las edades pretéritas,

pregunta a tu padre y te lo contará,

a tus ancianos y te lo dirán:

 

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad,

y distribuía a los hijos de Adán,

trazando las fronteras de las naciones,

según el número de los hijos de Dios,

la porción del Señor fue su pueblo,

Jacob fue la parte de su heredad.

 

Lo encontró en una tierra desierta,

en una soledad poblada de aullidos:

lo rodeó cuidando de él,

lo guardó como a las niñas de sus ojos.

 

Como el águila incita a su nidada,

revolando sobre los polluelos,

así extendió sus alas, los tomó

y los llevó sobre sus plumas.

 

El Señor solo los condujo no hubo dioses extraños con él.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Dad gloria a nuestro Dios.

 

 

Ant. 3. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

 

Salmo 8

 

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre

en toda la tierra!

 

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.

De la boca de los niños de pecho

has sacado una alabanza contra tus enemigos,

para reprimir al adversario y al rebelde.

 

Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;

la luna y las estrellas que has creado,

¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él?

¿el ser humano, para darle poder?

 

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y dignidad,

le diste el mando sobre las obras de tus manos,

todo lo sometiste bajo sus pies:

 

rebaños de ovejas y toros,

y hasta las bestias del campo,

las aves del cielo, los peces del mar,

que trazan sendas por las aguas.

 

Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre,

Señor, en toda la tierra!

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

 

 

LECTURA BREVE           Is 11, 1-3a

 

Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Amanecerá el Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. El Señor izará una enseña para las naciones, para reunir a los dispersos de Israel.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. El Señor izará una enseña para las naciones, para reunir a los dispersos de Israel.

 

PRECES

 

Oremos, hermanos, con todo nuestro espíritu a Cristo redentor, que vendrá con gran poder y gloria, y digámosle:

Ven, Señor Jesús.

 

Señor Jesucristo, que vendrás con poder desde el cielo,

— mira nuestra pequeñez y haznos dignos de tus dones.

 

Tú que viniste a anunciar la Buena Noticia a los hombres,

— danos fuerza para que también nosotros anunciemos el Evangelio a nuestros hermanos.

 

Tú que desde el trono del Padre todo lo gobiernas,

— haz que aguardemos con alegría la dicha que esperamos, tu aparición gloriosa.

 

Consuela, Señor, con los dones de tu divinidad,

— a los que anhelamos la gracia de tu venida.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Con la confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios todopoderoso, que amanezca en nuestros corazones el resplandor de tu gloria, Cristo, tu Hijo, para que su venida ahuyente las tinieblas del pecado y nos manifieste como hijos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Laudes – 14 de diciembre

LITURGIA DE LAS HORAS

VIERNES II SEMANA DE ADVIENTO

Memoria de San Juan de la Cruz

 

14 de diciembre

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Señor, abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

INVITATORIO

 

Ant. Al rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

 

Salmo 94

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

HIMNO

 

Preparemos los caminos

-ya se acerca el Salvador-

y salgamos, peregrinos,

al encuentro del Señor.

 

Ven, Señor, a libertarnos,

ven, tu pueblo a redimir;

purifica nuestras vidas

y no tardes en venir.

 

El rocío de los cielos

sobre el mundo va a caer,

el Mesías prometido,

hecho niño, va a nacer.

 

De los montes la dulzura,

de los ríos leche y miel,

de la noche será aurora

la venida de Emmanuel.

 

Te esperamos anhelantes

y sabemos que vendrás;

deseamos ver tu rostro

y que vengas a reinar.

 

Consolaos y alegraos,

desterrados de Sión,

que ya viene, ya está cerca,

él es nuestra salvación.

 

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

 

 

Salmo 50

 

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

 

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

 

En la sentencia tendrás razón,

en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

 

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

 

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

 

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

 

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,

Dios, Salvador mío!,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:

un corazón quebrantado y humillado

tú no lo desprecias.

 

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

 

 

Ant. 2. En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

 

Cántico: Ha 3, 2-4. 13a. 15-19

 

¡Señor, he oído tu fama,

me ha impresionado tu obra!

En medio de los años, realízala;

en medio de los años, manifiéstala;

en el terremoto acuérdate de la misericordia.

 

El Señor viene de Temán;

el Santo, del monte Farán:

su resplandor eclipsa el cielo,

la tierra se llena de su alabanza;

su brillo es como el día,

su mano destella velando su poder.

 

Sales a salvar a tu pueblo,

a salvar a tu ungido;

pisas el mar con tus caballos,

revolviendo las aguas del océano.

 

Lo escuché y temblaron mis entrañas,

al oírlo se estremecieron mis labios;

me entró un escalofrío por los huesos,

vacilaban mis piernas al andar.

Tranquilo espero el día de la angustia

que sobreviene al pueblo que nos oprime.

 

Aunque la higuera no echa yemas

y las viñas no tienen fruto,

aunque el olivo olvida su aceituna

y los campos no dan cosechas,

aunque se acaban las ovejas del redil

y no quedan vacas en el establo,

yo exultaré con el Señor,

me gloriaré en Dios mi salvador.

 

El Señor soberano es mi fuerza,

él me da piernas de gacela

y me hace caminar por las alturas.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

 

 

Ant. 3. Glorifica al Señor, Jerusalén.

 

Salmo 147

 

Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios, Sión:

que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;

ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

 

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz;

manda la nieve como lana,

esparce la escarcha como ceniza;

 

hace car el hielo como migajas

y con el río congela las aguas;

envía una orden, y se derriten;

sopla su aliento, y corren.

 

Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

Con ninguna nación obró así,

Ni les dio a conocer sus mandatos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Glorifica al Señor, Jerusalén.

 

 

LECTURA BREVE           Jr 30, 21.22

 

Esto dice el Señor: “Saldrá de Jacob un príncipe, su señor saldrá de en medio de él; me lo acercaré y se llegará a mí; vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.

 

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Amanecerá el Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Decid a los cobardes de corazón: “Sed fuertes. Mirad que viene el Señor, nuestro Dios”.

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas:

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Decid a los cobardes de corazón: “Sed fuertes. Mirad que viene el Señor, nuestro Dios”.

 

 

PRECES

 

Oremos hermanos, a Cristo, nuestro redentor, que ha venido para darnos la justificación, y digámosle con júbilo:

Ven, Señor Jesús.

 

Señor, cuya venida en la carne anunciaron los profetas,

— haz germinar en nosotros la semilla de las virtudes.

 

Concede a los que anunciamos al mundo tu salvación

— que la encontremos también en ti.

 

Tú que viniste a librar a los oprimidos,

— cura las dolencias de los que sufren.

 

Tú que reconciliaste al mundo con Dios en tu primera venida,

— absuélvenos de toda condenación cuando vengas como juez.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Con el gozo que nos da el sabernos hijos de Dios, digamos con confianza:

 

Padre nuestro…

 

 

ORACIÓN

 

Dios, Padre nuestro, que hiciste a tu presbítero san Juan de la Cruz modelo perfecto de negación de sí mismo y de amor a la cruz, ayúdanos a imitar su vida en la tierra para llegar a gozar de tu gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.