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Si hay algo que se usa mal en nuestro mundo, es la autoridad. Por la sencilla razón de que los que la tienen la usan a veces, consciente o inconscientemente, más en su propio beneficio que en beneficio del interés común, de todos. Y, además, cuando dan explicaciones, si es que las dan, siempre revisten sus actos de buenas intenciones, de justificaciones. Son capaces de dar la vuelta a los hechos para justificarse y decir que ellos actúan bien y con buena intención. No vamos a poner ejemplos porque en el campo de las relaciones humanas esto pasa con demasiada frecuencia. Piensen en la empresa, la política, el sindicato, la familia y hasta los grupos de amigos. Seguro que pueden contar muchas historias sobre el tema. 

      Aquella gente que veía a Jesús hacer aquellas cosas ya había visto a muchas personas con autoridad. Quizá lo que les sorprendió no fue ver a uno más que tuviese autoridad sino ver a uno que ponía de verdad su autoridad al servicio del bien de todos y en concreto al servicio de aquel pobre hombre dominado por un espíritu inmundo. Ahí estaba la razón de su sorpresa. ¡Jesús no usaba su autoridad para su propio beneficio y bienestar! Eso era lo nuevo. 

      Es posible que nosotros no tengamos autoridad para expulsar demonios. Pero seguro que tenemos algún tipo de autoridad en nuestras vidas. Si eres padre o madre de familia porque tienes hijos o hijas. Si tienes una empresa porque tienes empleados. Si eres político de cualquier nivel porque la política es poder. Incluso es posible que dentro del grupo de amigos o amigas tengas poder y tus palabras sean escuchadas por los demás del grupo. 

      Hoy el Evangelio nos invita a usar nuestra autoridad, la que sea y al nivel que sea, siempre al servicio del bien común y sobre todo de los más necesitados. De los enfermos, de los que sufren, de los que les ha tocado la peor parte, de los que no tienen ninguna autoridad. Eso es hacer Reino de Dios. Un ejemplo sencillo. En el grupo de amigos siempre está ése o ésa del que todos se ríen, del que todos hacen mofa y se burlan. Alguien tiene que parar una historia en la que se está abusando de una persona. Y quizá eres tú el que lo puedes hacer. Ahora pasa el ejemplo a otros ámbitos. 

      Y, por cierto, mira muy bien cómo justificas tus acciones. No vaya a ser que ocultes tu propio interés y beneficio bajo capa de otras razones más “aceptables”.

Fernando Torres Pérez, cmf

Martes XXII del Tiempo Ordinario

Hoy es 2 de septiembre, martes de la XXII semana de Tiempo Ordinario.

Todo lo que forma parte de nuestra vida, puede ser materia y ocasión de oración. Un momento feliz, un dolor, un éxito, un fracaso, un problema que nos preocupa, algo que no hemos visto. Al hablar con Dios puedo dar gracias, recordar, pedir perdón, a veces hasta dudar y enfadarme. Hoy quiero dedicar otra vez, tiempo al encuentro con Jesús. Me preparo para escuchar, dejo que sus palabras me lleguen. Hoy tengo la oportunidad de poner mi hambre y mi sed, en manos de Dios. Él me conoce.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (4, 31-37):

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.

Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»

Jesús le intimó: «¡Cierra la boca y sal!»

El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño. Todos comentaban estupefactos: «¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.»

Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

Los paisanos de Jesús, como veíamos ayer, no quisieron escucharle; por eso, se va a los forasteros, y la gente de Cafarnaúm, por el contrario, se queda asombrada, escuchándole en la sinagoga, porque enseña con autoridad. Los escribas de la época apoyaban su enseñanza citando a grandes maestros. Jesús no cita a nadie, él habla desde su propia experiencia de Dios y de la vida. Jesús es Dios-que-habla-a-los-hombres. Y la palabra de Dios es fuerza creadora, renovadora… Señor, yo quiero escucharla, no sólo con el asombro de los de Cafarnaúm, sino con el gozo y la alegría de quien sabe que tu palabra es Palabra de un Dios que se me acerca para salvarme, para librarme del mal, y hacerme nuevo. Por eso, Señor, quiero acogerla en mi corazón y dejarme transformar por ella.

Hoy contemplamos el primer milagro que presenta san Lucas: Jesús libera a uno que estaba poseído por el espíritu del mal, “un demonio inmundo”, dice Lucas. Y lo hace por la fuerza de su palabra. El espíritu no puede soportar la presencia de Jesús, pues con él llega la ruina de los malos espíritus: “¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros?” En nuestro corazón ¿cuántos “demonios” hay que se resisten a la Palabra de Dios que quiere desalojarlos? Ahí están el orgullo, la soberbia, el egoísmo, el resentimiento, la sensualidad, el consumismo… ¿Por qué el temor a exponernos a la luz de Dios en la oración? ¿No será que sabemos que Dios quiere “acabar” con todo eso y nos da miedo? Señor, a pesar de mis resistencias, di tu palabra de autoridad sobre tanto “demonio” que me tiene alienado: “Cierra la boca y sal.” Y que, en adelante, viva en la libertad del amor.

Aquel demonio confesó: “Sé quién eres: el Santo de Dios .” Pero esa confesión Dios no la aceptó. Confesar con la palabra que Jesús es el Santo de Dios, si no va acompañada de obras, es fe muerta, como dice Santiago en su Carta, y de nada sirve. La confesión de fe que salva es la que va acompañada de las obras de amor que agradan a Dios. Señor, que no caiga en la trampa; que te confiese y te alabe con la palabra, sí, pero a la vez –y sobre todo- que, con mi vida, proclame que tú eres el Señor, haciendo las obras de amor que tú hacías, que son las que espera Dios de mí. Por otra parte, a cada uno de los miembros de la Iglesia, nos has confiado, Señor, la tarea de continuar tu obra liberadora en el hombre de hoy poseído por los demonios del tener, el acaparar y el consumir, del egoísmo y de la soberbia explotadora, de la insolidaridad y el desamor. El evangelio termina constatando que la gente estaba admirada de lo que hacías, Señor: “Todos comentaban estupefactos: -« ¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.” Hoy me pregunto, Señor, si mis actuaciones en los diferentes ambientes en que me muevo producen esa admiración en la gente.

Vuelvo a leer el texto de hoy. Me detengo en lo que más me ha llamado la atención. Vuelvo a leer la lectura como si presente me hallase, con atención y cariño. Dejo que su autoridad, sus palabras y sus gestos calen en mí.

Ahora para terminar, háblale tú a Jesús. Comparte con él las preguntas, los sentimientos, los deseos que halla despertado en ti su palabra. Con confianza habla con Jesús. Él es quien nos muestra cómo es Jesús.

Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad. Todo mi haber y poseer. Vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta.

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Ant. Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande!
¡Su caridad infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Cantemos sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo
el Dios que nos justifica!». Amén.

SALMODIA

Ant 1. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Salmo 42 – DESEO DEL TEMPLO.

Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
contra gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Señor, Dios mío.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Ant 2. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Cántico: ANGUSTIA DE UN MORIBUNDO Y ALEGRÍA DE LA CURACIÓN Is 38, 10-14. 17-20

Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»

Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me quiebras los huesos como un león,
día y noche me estas acabando.

Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió paz
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El Padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días en la casa del Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Ant 3. ¡Oh Dios!, tu mereces un himno en Sión.

Salmo 64 – SOLEMNE ACCIÓN DE GRACIAS.

¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión,
y a ti se te cumplen los votos,
porque tú escuchas las súplicas.

A ti acude todo mortal
a causa de sus culpas;
nuestros delitos nos abruman,
pero tú los perdonas.

Dichoso el que tú eliges y acercas
para que viva en tus atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados de tu templo.

Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, salvador nuestro;
tú, esperanza del confín de la tierra
y del océano remoto;

Tú que afianzas los montes con tu fuerza,
ceñido de poder;
tú que reprimes el estruendo del mar,
el estruendo de las olas
y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe
se sobrecogen ante tus signos,
y a las puertas de la aurora y del ocaso
las llenas de júbilo.

Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales;

riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes,
las rodadas de tu carro rezuman abundancia;

rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Oh Dios!, tu mereces un himno en Sión.

LECTURA BREVE 1Ts 5, 4-5

No viváis, hermanos, en tinieblas para que el día del Señor no os sorprenda como ladrón; porque todos sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas.

RESPONSORIO BREVE

V. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
R. Espero en tu palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.

PRECES

Bendigamos a nuestro Salvador, que con su resurrección ha iluminado el mundo, y digámosle suplicantes:

Haz, Señor, que caminemos por tu senda.

Señor Jesús, al consagrar nuestra oración matinal en memoria de tu santa resurrección,
te pedimos que la esperanza de participar de tu gloria ilumine todo nuestro día.

Te ofrecemos, Señor, los deseos y proyectos de nuestra jornada:
dígnate aceptarlos y bendecirlos como primicia de nuestro día.

Concédenos crecer hoy en tu amor,
a fin de que todo concurra para nuestro bien y el de nuestros hermanos.

Haz, Señor, que el ejemplo de nuestra vida resplandezca como una luz ante los hombres,
para que todos den gloria al Padre que está en los cielos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que su reino llegue a nosotros:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Jesucristo, luz verdadera que alumbras a todo hombre y le muestras el camino de la salvación: concédenos la abundancia de tu gracia para que preparemos, delante de ti, sendas de justicia y de paz. Tú que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

OFICIO DE LECTURA

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.
Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ESPADA DE DOS FILOS

¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra!
Penetra como fuego
y divide la entraña.

¡Nada como tu voz,
es terrible tu espada!
¡Nada como tu aliento,
es dulce tu palabra!

Tenemos que vivir
encendida la lámpara,
que para virgen necia
no es posible la entrada.
No basta con gritar
sólo palabras vanas,
ni tocar a la puerta
cuando ya está cerrada.

Espada de dos filos
que me cercena el alma,
que hiere a sangre y fuego
esta carne mimada,
que mata los ardores
para encender la gracia.

Vivir de tus incendios,
luchar por tus batallas,
dejar por los caminos
rumor de tus sandalias.
¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra! Amén.

SALMODIA

Ant 1. Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

Salmo 36 I – LA VERDADERA Y LA FALSA FELICIDAD

No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se agostarán.

Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón.

Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará brillar tu justicia como el amanecer;
tu derecho, como el mediodía.

Descansa en el Señor y espera en él,
no te exasperes por el hombre que triunfa
empleando la intriga:

cohíbe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.

Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio: ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz abundante.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

Ant 2. Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.

Salmo 36 II

El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.

Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para abatir a pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.

Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la opulencia;
pues al malvado se le romperán los brazos,
pero al honrado lo sostiene el Señor.

El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se saciarán;

pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.

El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y perdona.
Los que el Señor bendice poseen la tierra,
los que él maldice son excluidos.

El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano.

Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da prestado;
bendita será su descendencia.

Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus fieles.

Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se extinguirá;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.

Ant 3. Confía en el Señor y sigue su camino.

Salmo 36 III

La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan.

El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el juicio.

Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la tierra,
y verás la expulsión de los malvados.

Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo encontré.

Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados quedará truncado.

El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva,
porque se acogen a él.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Confía en el Señor y sigue su camino.

V. Enséñame Señor, a gustar y a comprender.
R. Porque me fío de tus mandatos.

PRIMERA LECTURA

De la primera carta a Timoteo 6, 11-21

LOS RICOS NO SEAN ALTANEROS, SINO GENEROSOS

Hermano: Como hombre de Dios que eres, huye de la codicia del dinero, corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste aquella solemne profesión delante de muchos testigos.

Te recomiendo en la presencia de Dios que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que ante Poncio Pilato rindió tan solemne testimonio, que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, manifestación que a su debido tiempo hará ostensible el bienaventurado y único monarca, Rey de reyes y Señor de los señores, el único inmortal, el que habita en la luz inaccesible, a quien ningún hombre vio ni puede ver. A él sea el honor y el imperio eterno. Amén.

A los ricos de este mundo incúlcales que no sean altaneros y que no tengan puesta su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, que nos provee espléndidamente de todo, para que lo disfrutemos. Que practiquen la beneficencia, que se hagan ricos en buenas obras, que sean generosos y dadivosos, y que vayan atesorando para sí un excelente caudal de bienes para el futuro, con el que podrán adquirir la vida verdadera.

Timoteo, guarda el depósito de la fe a ti confiado. Evita las inútiles y perniciosas discusiones y las objeciones de una falsa ciencia. Algunos que se adhirieron a ella se han desviado de la fe. La gracia sea con vosotros.

RESPONSORIO Col 2, 6. 7; Mt 6, 19. 20

R. Vivid según Cristo Jesús, el Señor, tal como os lo enseñaron, enraizados y cimentados en él y apoyados en la fe, como se os instruyó, * y rebosad en continua acción de gracias.
V. No alleguéis tesoros en la tierra, sino atesorad tesoros en el cielo.
R. Y rebosad en continua acción de gracias.

SEGUNDA LECTURA

del libro de la Imitación de Cristo
(Libro 3, 14)

LA FIDELIDAD DEL SEÑOR DURA POR SIEMPRE

Señor, tus juicios resuenan sobre mí con voz de trueno; el temor y el temblor agitan con violencia todos mis huesos, y mi alma está sobrecogida de espanto.

Me quedo atónito al considerar que ni aun el cielo es puro a tus ojos.

Y si en los ángeles hallaste maldad, y no fueron dignos de tu perdón, ¿qué será de mí? Cayeron las estrellas del cielo, y yo, que soy polvo, ¿qué puedo presumir?

Se precipitaron en la vorágine de los vicios aun aquellos cuyas obras parecían dignas de elogio; y a los que comían el pan de los ángeles los vi deleitarse con las bellotas de animales inmundos.

No es posible, pues, la santidad en el hombre, Señor, si retiras el apoyo de tu mano. No aprovecha sabiduría alguna, si tú dejas de gobernarlo. No hay fortaleza inquebrantable, capaz de sostenernos, si tú cesas de conservarla.

Porque, abandonados a nuestras propias fuerzas, nos hundimos y perecemos; mas, visitados por ti, salimos a flote y vivimos.

Y es que somos inestables, pero gracias a ti cobramos firmeza; somos tibios, pero tú nos inflamas de nuevo.

Toda vanagloria ha sido absorbida en la profundidad de tus juicios sobre mí.

¿Qué es toda carne en tu presencia? ¿Acaso podrá gloriarse el barro contra el que lo formó?

¿Cómo podrá la vana lisonja hacer que se engría el corazón de aquel que está verdaderamente sometido a Dios? No basta el mundo entero para hacer ensoberbecer a quien la verdad hizo que se humillara, ni la alabanza de todos los hombres juntos hará vacilar a quien puso toda su confianza en Dios.

Porque los mismos que alaban son nada, y pasarán con el sonido de sus palabras. En cambio, la fidelidad del Señor dura por siempre.

RESPONSORIO Sal 118, 114-115. 113

R. Tú eres mi refugio y mi escudo, yo espero en tu palabra. * Apartaos de mí los perversos, cumpliré los mandatos de mi Dios.
V. Detesto la doblez de corazón y amo tu voluntad.
R. Apartaos de mí los perversos, cumpliré los mandatos de mi Dios.

ORACIÓN.

OREMOS,
Oh Dios todopoderoso, de quien procede todo don perfecto, infunde en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, aumentes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: PRESENTEMOS A DIOS NUESTRAS TAREAS.

Presentemos a Dios nuestras tareas,
levantemos orantes nuestras manos,
porque hemos realizado nuestras vidas
por el trabajo.

Cuando la tarde pide ya descanso
y Dios está más cerca de nosotros,
es hora de encontrarnos en sus manos,
llenos de gozo.

En vano trabajamos la jornada,
hemos corrido en vano hora tras hora,
si la esperanza no enciende sus rayos
en nuestra sombra.

Hemos topado a Dios en el bullicio,
Dios se cansó conmigo en el trabajo;
es hora de buscar a Dios adentro,
enamorado.

La tarde es un trisagio de alabanza,
la tarde tiene fuego del Espíritu:
adoremos al Padre en nuestras obras,
adoremos al Hijo. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.

Salmo 44 I – LAS NUPCIAS DEL REY.

Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.

Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.

Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,
se acobardan los enemigos del rey.

Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de Ofir.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.

Ant 2. Llega el esposo, salid a recibirlo.

Salmo 44 II

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna:
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos buscan tu favor.

Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

«A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.»

Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Llega el esposo, salid a recibirlo.

Ant 3. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

LECTURA BREVE 1Ts 2, 13

Nosotros continuamente damos gracias a Dios; porque habiendo recibido la palabra de Dios predicada por nosotros, la acogisteis, no como palabra humana, sino – como es en realidad- como palabra de Dios, que ejerce su acción en vosotros, los creyentes.

RESPONSORIO BREVE

V. Suba, Señor, a ti mi oración.
R. Suba, Señor, a ti mi oración.

V. Como incienso en tu presencia.
R. A ti mi oración.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Suba, Señor, a ti mi oración.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.

PRECES

Alabemos a Cristo, que ama a la Iglesia y le da alimento y calor, y roguémosle confiados diciendo:

Atiende, Señor, los deseos de tu pueblo.

Haz, Señor, que todos los hombres se salven
y lleguen al conocimiento de la verdad.

Guarda con tu protección al papa Francisco y a nuestro obispo N.,
ayúdalos con el poder de tu brazo.

Ten compasión de los que no encuentran trabajo
y haz que consigan un empleo digno y estable.

Señor, sé refugio de los oprimidos
y protégelos en todas sus necesidades.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Te pedimos por el eterno descanso de los que durante su vida ejercieron el ministerio para el bien de tu iglesia:
que también te celebren eternamente en tu reino.

Fieles a la recomendación del Salvador nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que has querido asistirnos en el trabajo que nosotros, tus siervos inútiles, hemos realizado hoy, te pedimos que, al llegar al término de este día, acojas benignamente nuestro sacrificio vespertino de acción de gracias y recibas con bondad la alabanza que te dirigimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

El símbolo del pez

Son muchos los símbolos que desde los inicios del cristianismo se han utilizado para distinguir a sus miembros y que a lo largo de los tiempos han ido teniendo mayor o menor aceptación. Hoy día el símbolo por excelencia para el cristiano es la cruz, pero no siempre fue el más extendido.

Entre las primeras comunidades el símbolo del pez era muy aceptado y su significado era entendido por todos y, dado que su grafía es sencilla, incluso servía para darse a conocer y avivar la fe de sus miembros en el ambiente de persecución que existía sin más que unos simples trazos. Como anécdota cabe destacar que en alguna producción cinematográfica hay una secuencia que recoge la identificación entre dos cristianos perseguidos mediante el dibujo en la arena del pez.

El significado más extendido del pez como símbolo es su palabra griega: “ICHTHYS” cuyas letras representan las iniciales de la frase “Iesous Christos Theou Yios Soter”, que significa: Iesous: Jesús; Christos: Cristo; Theou: Dios; Yios: Hijo; Soter: Salvador.

El significado: “Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Salvador”

Era, pues, una auténtica profesión de fe con un gran contenido en la divinidad y mesianidad de Jesús, razón por la que lo adoraban y estaban dispuestos a entregar su vida por él. Por ello tanto el símbolo como el críptico aparecen con asiduidad en las catacumbas. No se trataba solo de un signo de identidad, era algo que iba más allá de la propia grafía.

Pero además de este símbolo puede tener otros significados. Tertuliano alude al bautismo cuando comenta el símbolo del pez. El cristiano nace en las aguas bautismales a la Vida y vive en las aguas de la gracia del Espíritu, y fuera de ellas, como un pez, muere.

También el pez nos trae a la memoria significados relacionados con la eucaristía: la multiplicación de los panes y los peces, el alimento que no termina nunca, que se da a todos. Este mismo alimento aparece de nuevo en la reunión de los apóstoles con Jesús Resucitado al borde del lago donde se recogió, siguiendo sus instrucciones, en abundancia.

La referencia escrita más antigua que tenemos del símbolo es de Clemente de Alejandría (nacido en el año 150). Pero en época de San Clemente (tercer papa después de Lino y Cleto, 93- 101) se estima que ya era muy conocido y aceptado de forma general su significado. En el siglo II ya se encuentra en numerosos frescos, sarcófagos y en las catacumbas como se observa en la Capella Greca y las Capillas del Sacramentro de la catacumba de San Calixto en Roma.

Actualmente hay testimonios que evidencian su uso en las iglesias perseguidas de algunos países y cuyos miembros han sido reprimidos con cárcel por utilizarlo.

Ez 33, 7-9

El texto en su contexto

Ezequiel vivió en dos momentos cruciales de la historia de Israel que desembocan de forma natural en dos etapas de su predicación. La primera etapa, marcada por la inminente destrucción de Jerusalén, es una llamada a la conversión del pueblo, esperando que el cambio radical de actitud vaya acompañado por un giro en la historia.

La segunda etapa, compartiendo la vida de los desterrados, es una llamada a tener esperanza; ya no vale con «quejarse» de que todos sufren por el pecado de los otros. Cada uno es responsable de su historia y de sus consecuencias. El profeta se siente llamado por Dios a ser «centinela», «vigía», «vocero» de esta nueva situación. Lo mismo que un centinela en la muralla tiene el encargo de avisar si hay un peligro inminente, así el profeta es el centinela que advierte al pueblo de un comportamiento desviado o peligroso que lo lleve a su destrucción.

El texto en la historia de la salvación

Estamos en un momento crucial en el desarrollo moral de la teología bíblica. Este texto es testigo de un cambio que supone el atribuir las desgracias del pueblo a una «culpa colectiva», como si de un destino fatal se tratara, a plantear la responsabilidad individual. Cada uno es responsable de sus actos. Esto no invalida la mirada atenta del profeta, haciendo su misión inútil, sino que le da un nuevo carácter: él es el responsable de proyectar una mirada lúcida y de tener una voz potente y clara que avise sobre todo a los incautos y menos perspicaces del peligro que se avecina.

Palabra de Dios para nosotros: sentido y celebración litúrgica

En todo grupo humano hay personas perspicaces, con una «inteligencia natural», que les hace ver con claridad las situaciones presentes y las futuras. Los profetas son estos hombres «clarividentes» que tienen que abrir los ojos de las personas encegadas y obstinadas en su error. Misión de entonces y de siempre.

Pedro Fraile Yécora

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