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VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HORA DE LA TARDE.

Hora de la tarde,
fin de las labores.
Amo de las viñas,
paga los trabajos
de tus viñadores.

Al romper el día
nos apalabraste.
Cuidamos tu viña
del alba a la tarde.

Ahora que nos pagas,
nos lo das de balde,
que a jornal de gloria
no hay trabajo grande.

Das al de la tarde
lo que al mañanero.
Son tuyas las horas
y tuyo el viñedo.

A lo que sembramos
dale crecimiento.
Tú que eres la viña,
cuida los sarmientos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Salmo 26 I – CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Ant 2. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

Salmo 26 II

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro.

Ant 3. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE   St 1, 22. 25

Llevad a la práctica la palabra y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en el estudio de la ley perfecta (la que hace libre) y es constante no como oyente olvidadizo, sino para ponerla por obra, éste encontrará la felicidad en practicarla.

RESPONSORIO BREVE

V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

V. No arrebates mi alma con los pecadores.
R. Ten misericordia de mí.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Oremos, hermanos, a Dios Padre, que en su amor nos mira como hijos, y digámosle:

Muéstranos, Señor, la abundancia de tu amor.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia: guárdala de todo mal
y haz que crezca en tu amor.

Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como al único Dios verdadero,
y a Jesucristo como al Salvador que tú has enviado.

A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus bienes
y que tu bondad les dé la vida eterna.

Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren: alivia sus dificultades
y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

En tu misericordia acoge a los que hoy han muerto
y dales posesión de tu reino.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos a nuestro Padre común:

Padre nuestro…

ORACION

Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la noche: tú que eres siempre inmutable, da firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y de las horas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Misa de la familia

Domingo 30º Tiempo Ordinario

EL MANDAMIENTO PRINCIPAL

26 de Octubre de 2014

 

Para preparar: balón; video de la canción; pódium el ofertorio

1. Monición de entrada:

Buenos días. Todos estos domingos estamos leyendo y comentando momentos de gran tensión entre Jesús y los poderes religiosos. Una buena ocasión para que domingo a domingo celebremos el día del Señor reflexionando y orando en torno a nuestra forma de vivir el cristianismo. Este domingo se va a acercar a Jesús una persona muy experta en leyes que sabía mucho de la Biblia. Y, a pesar de saber tanto, va a hacerle una pregunta a Jesús como maestro. Estaremos muy atentos para escuchar qué le pregunta y cuál es la respuesta de Jesús. Comenzamos ahora, como todos los domingos, de pie y cantando.

2. Saludo del sacerdote

Buenos días familias y niños. Otra vez juntos para acercarnos a Jesús y para aprender muchas cosas de Él. ¿Cuántos habéis venido acompañados de alguno de vuestros papás o familiares?… La Eucaristía se vive en familia. Y siempre comenzamos la Eucaristía haciendo un signo de saludo que nos gusta mucho a los cristianos. El signo se llama la señal de la Cruz, como ya vimos hace unos cuantos domingos, y cuando lo hacemos decimos que nos santiguamos. Todos empezamos con este saludo cariñoso: en el nombre…

3. Peticiones de perdón

Y como no siempre nos portamos bien en nuestras familias, hoy vamos a empezar las peticiones de perdón, de una forma especial: vamos a dar un beso a alguien de nuestra familia o a un amigo o amiga. Será signo de que queremos ser buenos con todos.

  • Señor: queremos ser buenos con todos, especialmente con nuestros padres y amigos, pero a veces no lo somos. Por eso te decimos: Señor, ten piedad.
  • Señor: sabemos que el mandamiento más importante es amarte a ti y a los demás, pero a veces fallamos porque somos egoístas. Por eso te decimos: Cristo, ten piedad.
  • Señor: perdónanos todas las cosas que hacemos mal en casa y en el colegio. Señor, ten piedad.

4. Monición al Evangelio 


Los fariseos y los saduceos eran judíos que se creían muy buenos y mandaban sobre el pueblo. Jesús les caía muy mal porque la gente escuchaba sus enseñanzas y le seguían en lugar de seguirles a ellos. En el Evangelio que vamos a leer, le hacen a Jesús una pregunta con trampa para ver si la respondía bien, como si fuera una pregunta de examen. Pero para Jesús era una pregunta muy fácil de responder. Escuchad su respuesta.

5. Evangelio: Mt 22, 34-40

Lectura del santo Evangelio según San Mateo: En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había dejado sin palabra a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ver si podían cogerle con su respuesta:

- Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
Él le dijo:
- Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

¡Palabra del Señor!

6. Representación

Representar la acción muy lenta y gesticulando mucho. Sale un niño con un balón y le dice a otro:

Niño 1: Yo soy más importante que tú, porque juego mejor al fútbol y meto goles…

Niño 2: ¡Eso que te lo crees tú! Mentira, yo soy más importante que tú, porque mi papá tiene mucho más dinero que el tuyo.

Niño 1: ¡El mío también tiene mucho dinero! (Viene un tercero)

Niño 3 (Burlón): ¡Ja, ja!… Yo os gano a todos, porque tengo más fuerza (Lo agarra a uno por los hombros. Viene un cuarto)


Niño 4 (Burlón): ¡Eso digo yo… ja, ja!… ¿Quién saca mejores notas? (Saca el pecho chulico)

Sale Jesús con sus amigos y se quedan mirando el espectáculo

Discípulo: Jesús, ¿oyes lo que dicen? ¿Quién tiene razón?


Jesús: Esperad. (A sus amigos) Ponedlos vosotros en orden de importancia. (Los van poniendo por orden de estatura y luego miran a Jesús a ver qué dice).


Jesús (Hace gesto con el dedo de que no, y luego se dirige a todos los niños de los bancos): ¿Están bien puestos así, por orden de importancia? ¿Qué decís vosotros? (El sacerdote coge el relevo con diálogo y las preguntas, retomando la pregunta de Jesús, para decirle a Él al final la respuesta de los niños)

Sacerdote: A ver qué le respondemos a Jesús: ¿lo más importante es la estatura?… ¿Jugar muy bien al balón?… ¿Tener mucho dinero?… ¿Ser el más fuerte?… ¿Ser el más listo?… ¿Entonces?… ¿Y qué respondemos a la pregunta que nos ha hecho Jesús?… (Un niño responde a Jesús de parte de todos)

7. A los niños:

  • Jesús nos acaba decir el mandamiento más importante: ¿Cuál es?
  • 
 Pero a veces damos más importancia a otras cosas. Estad atentos para ver a qué le dan importancia estos chicos:

8. A los padres:


 Muchos enfados y tensiones en los hogares, vienen de dar excesiva importancia a pequeñas cosas que (aunque sean importantes) las ponemos por encima de valores superiores de cara a una sana convivencia y a una buena salud personal. El orden, la palabra que me han dicho, la comida, el dinero, la tele,… ¡Si fuésemos capaces de vivir conscientemente y consecuentemente de acuerdo a una escala cristiana de valores, seríamos mucho más felices!

  • ¿Qué cosas tenemos que plantear en casa como menos importantes?
  • ¿Qué importancia damos a los hijos traducida en horas de estar con ellos?
  • ¿Qué importancia damos en casa a los abuelos y mayores de edad?
  • ¿Qué importancia le damos a Dios, vivo y presente en mi hogar?

9. Ofertorio 
Un pódium con el amor encima
Señor: Te presentamos este pódium. Es el pódium del amor. Porque queremos que el amor sea lo más importante de nuestra vida. 
Mientras la colecta, se puede poner esta canción “Cristo te necesita para amar”: 
http://www.youtube.com/watch?v=8P2Fh2vd-tI&feature=related

 

10. Peticiones

  • Señor, ayúdanos a que lo más importante de nuestra vida sea el amor a ti y a los demás. Roguemos al Señor.
  • Te pedimos que lo más importante para los cristianos sea querer a los pobres como Tú les querías. Roguemos al Señor.
  • Te pedimos que los cristianos sepamos compartir nuestras cosas y nuestro cariño. Roguemos al Señor.
  • Te pedimos que los políticos quieran más el bien de los demás que el poder y el dinero. Roguemos al Señor.
  • Te pedimos, Señor, que entre todos hagamos un mundo más bonito. Roguemos al Señor.

11. Oración final

Querido amigo Jesús, necesitamos crecer

y dar más amor a los demás.

Sabemos que tenemos muchas cosas buenas para dar.
Enséñanos ofrecérselas a los demás.

Que ayudemos en casa,

que colaboremos en el colegio,

que echemos una mano a los amigos,

que ayudemos siempre y en todas partes.

Porque el amor es lo más grande que hay, Señor,

y un corazón lleno de amor tú lo tienes muy en cuenta.
Queremos vivir como tú, Jesús, amando a los demás.

Mt 22, 34-40

El texto nos presenta un diálogo en torno a cuál es el mayor mandamiento de la ley. La escena aparece también en Marcos y en Lucas. El matiz propio de Mateo es convertirla en una confrontación con los fariseos, que prepara la durísima crítica que Jesús hará de ellos en el siguiente capítulo. A la pregunta que le hacen, Jesús responde combinando los mandamientos de amar a Dios (Dt 6,5) y al prójimo (Lev 19,18). Además añade que el segundo está en el mismo nivel que el primero y que de los dos dependen toda la Ley y los Profetas.

En el judaísmo, la existencia de 613 mandatos en la Ley o Torá – los cinco primeros libros de la Biblia – no dejaba de ser en cierta manera problemática dada la dificultad de prestar atención al cumplimiento de todos ellos. Para conducirse en medio de esta compleja realidad se introducía, por una parte, la distinción entre mandamientos más «serios» como honrar padre y madre (Dt 5,16) y otros más «ligeros» como dejar marchar a la madre cuando se encuentra un nido con huevos o con polluelos (Dt 22,6-7). En cualquier caso todos debían cumplirse y la recompensa por hacerlo era la misma: en palabras de Jesús, la persona «será grande en el Reino de los cielos» (Mt 5,19). Por otra, era habitual que los maestros más relevantes ofrecieran alguna formulación que sirviera como resumen de la Torá. Así el Talmud de Babilonia recoge la afirmación de rabí Hillel: «No hagas a otro lo que no te gusta para ti; esto es toda la Ley, el resto es comentario. Ve y apréndelo».

En ese contexto el dicho de Jesús resulta completamente ortodoxo pues recoge dos mandamientos de la Ley. Su originalidad hay que buscarla en la combinación que realiza de los dos. El hecho de que de ellos dependan toda la Ley y los Profetas supone que ambos corpus siguen en vigor, pero que los dos enunciados proveen un principio para ponderar el resto de mandamientos. Tras la destrucción del templo de Jerusalén por los romanos en el año 70 d.C. la Tora se hizo aún más significativa en la vida judía. Mateo presenta en este pasaje la perspectiva de su comunidad judeo-cristiana: conciben el mandamiento del amor dando sentido a toda la Ley.

Pablo Alonso Vicente, si

Llevamos toda la semana en un ambiente escatológico, o sea, reflexionando acerca del fin de los tiempos. Y hoy el Evangelio da una vuelta de tuerca más. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá. Casi nada. Este Evangelio es especialmente doloroso para las personas religiosas. Porque algunos hemos recibido mucho, desde pequeñitos, en la familia, con el Bautismo, con la fe, con una buena educación, con unos amigos agradables, con diversas experiencias, con una vocación especial por parte de Dios… Y, por eso, hay que devolver mucho también.

El tiempo no es como la gasolina, que, si usamos menos el coche, la ahorramos, o como el dinero, que cuanto menos lo utilizamos, más tenemos. El tiempo, lo usemos o no, se gasta.

Estamos en la vida yendo. Vamos de ida, y no sabemos cuánto tiempo nos queda. Quiera Dios que muchos, muchos años. De ti depende hacer uso de ese tiempo. Puedes perderlo, pero no volverá.

Somos administradores de la gracia de Dios, y no podemos actuar como queramos, sino como Dios quiere. Vivir para los demás, no para uno mismo, y obrando con amor, sin violencia. Si Pedro esperaba una respuesta diferente, le quedó claro que el único privilegio del seguidor de Jesús es el privilegio del servicio. Si vivimos así, estaremos más cerca del Maestro, cada uno con su vocación específica, pero todos dentro del mismo espíritu. Puede ser que tú no tengas muchos cargos o muchas cargas, pero sí has recibido muchos dones, materiales o espirituales, de parte de Dios. Ahí te juegas mucho de tu respuesta a Él.

De ti depende, por tanto, dedicarle un poco de tiempo a Dios, cada día. Se nos acaba el año litúrgico, y empieza, dentro de un mes, el Adviento. Estamos llamados a vivir en espera, en esperanza. Tienes el tiempo en tus manos. ¿Qué vas a hacer? Piénsalo, y reparte las 24 horas de cada día entre todo lo necesario (estudio, trabajo, familia, amigos, descanso, hobbies) y reserva algunos minutos para Él. No te olvides, mañana será tarde para arrepentirse por el tiempo perdido. Que el Señor nos encuentre preparados.

Alejandro J. Carbajo, cmf

Hoy es 22 de octubre, miércoles de la XXIX semana de Tiempo Ordinario.

Un día más tenemos la oportunidad de experimentar nuestra vida abierta a Dios, tendida hacia él. Lo vivido hoy, lo que está por venir, los rostros que aparecen en el horizonte, las experiencias, todo podemos recibirlo como una jornada sagrada. Respira profundamente y deja que el evangelio, te acompañe y te de puntos de luz en este día.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 12, 39-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Insiste hoy el Señor en la vigilancia. Dice: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete» Sería una necedad, saber que el ladrón va venir y dejarle el campo libre para que asalte la casa impunemente. Pues así de necios seremos nosotros, si sabiendo que el Señor puede venir en cualquier momento, vivimos despistados, en vez de estar vigilantes, haciendo vida el evangelio, obrando el bien, para que nos encuentre preparados. Constantemente vemos que la muerte llega sorpresivamente a gente que nos es más o menos cercana, jóvenes y ancianos, ricos y pobres…. Y ¿qué hacemos nosotros? Continuamos viviendo como si eso no fuera con nosotros, como si tuviéramos asegurados muchos años de vida. Y continuamos en nuestra vida de tibieza y hasta de pecado, pensando que ya habrá tiempo para cambiar, para empezar a vivir amando a Dios y a los hermanos. Pero ¿podremos hacerlo? Dice el Señor: ”Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”. Señor, despiértame del sueño, que cada día y cada momento lo aproveche para preparar el encuentro contigo, obrando el bien.

Pedro, haciéndose portavoz de los apóstoles como en otras ocasiones, pregunta: “Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?” Jesús responde con otra parábola: “¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?” Cuando venga el amo, si ha sido fiel y ha cumplido el encargo que se le ha hecho, será dichoso y premiado; pero, si, pensando que el amo tarda, en vez de cuidar a los siervos, se dedica a maltratarlos y a malgastar en juergas y borracheras, cuando llegue el amo inesperadamente, lo despedirá, “condenándolo a la pena de los que no son fieles.” Esto lo decía Jesús directamente para los responsables de la comunidad; pero todos tenemos que aplicárnoslo, porque, de alguna manera, todos somos responsables de los demás. El tiempo de la espera es tiempo de servicio, de entrega, de preocupación, de ayuda para que los otros crezcan como creyentes y como personas. Si no lo hacemos, no cumplimos el encargo del Señor… Señor, que sea consciente de ello. Que piense que no me vale ser bueno, vivir tu mensaje yo. Me ha de preocupar que lo vivan también los que me has encargado. Así cuando vengas me mirarás con complacencia, y te recibiré con el gozo de haber cumplido tu encargo de cuidar solícita y fielmente de mis hermanos.

“Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá” . ¿Quién no se estremece ante estas palabras del Señor? A mí, Señor, me has dado mucho, ¿qué es lo que me vas a pedir, y yo qué voy a poder darte? Hazme, Señor, «administrador fiel y solícito» de todos los dones inmerecidos que me has dado: el don de la vida, de la fe, de una familia cristiana, el conocimiento de ti que he podido adquirir, y tantas otras gracias que me has concedido… Haz que utilice todos esos dones, todas las cualidades que he recibido de ti en una vida fructífera para el Reino de Dios, en una vida de servicio, de amor y de entrega a ti y a los demás; que administre con responsabilidad los dones y gracias que me has dado. En definitiva, que sea siempre y en todo fiel a mi vocación cristiana, de hijo de Dios y hermano de los hombres.

Termino mi oración poniéndome en tus manos como el criado del evangelio. Te ofrezco lo que soy, lo que tengo, lo que puedo dar, para ser, también yo, administrador de tu buena noticia. Tú que me has enriquecido tanto, Dios mío, permíteme también dar manos llenas.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Ant. Adoremos a Dios, porque él nos ha creado. 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: SENTENCIA DE DIOS AL HOMBRE

Sentencia de Dios al hombre
antes que el día comience:
«Que el pan no venga a tu mesa
sin el sudor de tu frente.

Ni el sol se te da de balde,
ni el aire por ser quien eres:
las cosas son herramientas
y buscan quien las maneje.

El mar les pone corazas
de sal amarga a los peces;
el hondo sol campesino
madura a fuego las mieses.

La piedra, con ser la piedra,
guarda una chispa caliente;
y en el rumor de la nube
combaten el rayo y la nieve.

A ti te inventé las manos
y un corazón que no duerme;
puse en tu boca palabras
y pensamiento en tu frente.

No basta con dar las gracias
sin dar lo que las merece:
a fuerza de gratitudes
se vuelve la tierra estéril.» Amén.

SALMODIA

Ant 1. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Salmo 35 – DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS.

El malvado escucha en su interior
un oráculo del pecado:
«No tengo miedo a Dios,
ni en su presencia.»
Porque se hace la ilusión de que su culpa
no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición,
renuncia a ser sensato y a obrar bien;
acostado medita el crimen,
se obstina en el mal camino,
no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las nubes,
tu justicia hasta las altas cordilleras;
tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!;
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva
y tu luz nos hace ver la luz.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio,
que no me eche fuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores;
derribados, no se pueden levantar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Ant 2. Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR DEL MUNDO Y PROTECTOR DE SU PUEBLO Jdt 16, 2-3. 15-19

¡Alabad a mi Dios con tambores,
elevad cantos al Señor con cítaras,
ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,
ensalzad e invocad su nombre!
porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras,
su nombre es el Señor.

Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor, tú eres grande y glorioso,
admirable en tu fuerza, invencible.

Que te sirva toda la creación,
porque tú lo mandaste y existió;
enviaste tu aliento y la construiste,
nada puede resistir a tu voz.

Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tu presencia se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

Ant 3. Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

Salmo 46 – ENTRONIZACIÓN DEL DIOS DE ISRAEL.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.

El nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
El nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

LECTURA BREVE   Tb 4, 16-17. 19-20

No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan. Da de tu pan al hambriento y da tus vestidos al desnudo. Busca el consejo de los prudentes. Bendice al Señor en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos y que lleguen a buen fin todas tus sendas y proyectos.

RESPONSORIO BREVE

V. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

V. Dame vida con tu palabra.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza.

PRECES

Demos gracias a Cristo y alabémoslo porque ha querido santificarnos y llamarnos hermanos suyos; digámosle, pues, confiados:

Santifica, Señor, a tus hermanos.

Concédenos, Señor, consagrar el principio de este día en honor de tu resurrección
y haz que todos los trabajos que realicemos durante esta jornada te sean agradables.

Haz que sepamos descubrirte a ti en todos nuestros hermanos,
sobre todo en los tristes, en los más pobres y en los que son menos útiles a los ojos del mundo.

Tú que para aumentar nuestra alegría y afianzar nuestra salvación nos das el nuevo dia, signo de tu amor,
renuévanos hoy y siempre para gloria de tu nombre.

Haz que durante este dia estemos en paz con todo el mundo
y que a nadie devolvamos mal por mal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tal como Cristo nos enseñó, terminemos nuestra oración diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, salvador nuestro, danos tu ayuda para que siempre deseemos las obras de la luz y realicemos la verdad: así, los que de ti hemos nacido en el bautismo, seremos tus testigos ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Adoremos a Dios, porque él nos ha creado.


Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: CON ENTREGA, SEÑOR, A TI VENIMOS

Con entrega, Señor, a ti venimos,
escuchar tu palabra deseamos;
que el Espíritu ponga en nuestros labios
la alabanza al Padre de los cielos.

Se convierta en nosotros la palabra
en la luz que a los hombres ilumina,
en la fuente que salta hasta la vida,
en el pan que repara nuestras fuerzas;

en el himno de amor y de alabanza
que se canta en el cielo eternamente,
y en la carne de Cristo se hizo canto
de la tierra y del cielo juntamente.

Gloria a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo,
el Señor Jesucristo, nuestro hermano,
y al Espíritu Santo, que, en nosotros,
glorifica tu nombre por los siglos. Amén

SALMODIA

Ant 1. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Salmo 17, 2-30 I- ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.

Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte.

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz
y mi grito llegó a sus oídos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Ant 2. El Señor me libró porque me amaba.

Salmo 17 II

Entonces tembló y retembló la tierra,
vacilaron los cimientos de los montes,
sacudidos por su cólera;
de su rostro se alzaba una humareda,
de su boca un fuego voraz,
y lanzaba carbones ardiendo.

Inclinó el cielo y bajó
con nubarrones debajo de sus pies;
volaba sobre un querubín
cerniéndose sobre las alas del viento,
envuelto en un manto de oscuridad:

como un toldo, lo rodeaban
oscuro aguacero y nubes espesas;
al fulgor de su presencia, las nubes
se deshicieron en granizo y centellas;

y el Señor tronaba desde el cielo,
el Altísimo hacía oír su voz:
disparando sus saetas, los dispersaba,
y sus contínuos relámpagos los enloquecían.

El fondo del mar apareció,
y se vieron los cimientos del orbe,
cuando tú, Señor, lanzaste el fragor de tu voz,
al soplo de tu ira.

Desde el cielo alargó la mano y me sostuvo,
me sacó de las aguas caudalosas,
me libró de un enemigo poderoso,
de adversarios más fuertes que yo.

Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor me libró porque me amaba.

Ant 3. Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.

Salmo 17 III

El Señor retribuyó mi justicia,
retribuyó la pureza de mis manos,
porque seguí los caminos del Señor
y no me rebelé contra mi Dios;
porque tuve presentes sus mandamientos
y no me aparté de sus preceptos;

Le fui enteramente fiel,
guardándome de toda culpa;
el Señor retribuyó mi justicia,
la pureza de mis manos en su presencia.

Con el fiel, tú eres fiel;
con el íntegro, tú eres íntegro;
con el sincero, tú eres sincero;
con el astuto, tú eres sagaz.
Tú salvas al pueblo afligido
y humillas los ojos soberbios.

Señor, tú eres mi lámpara;
Dios mío, tú alumbras mis tinieblas.
Fiado en ti, me meto en la refriega;
fiado en mi Dios, asalto la muralla.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.

V. Todos quedaban maravillados.
R. De las palabras que salían de la boca de Dios. 

PRIMERA LECTURA

Del libro de Ben Sirá 35, 1-21

SINCERIDAD EN EL CULTO A DIOS

Observar la ley es hacer una buena ofrenda, guardar los mandamientos es ofrecer sacrificios de comunión; hacer favores es ofrendar flor de harina, dar limosna equivale a ofrecer sacrificios de alabanza. Apartarse del mal es complacer al Señor, apartarse de la injusticia es expiación. No te presentes a Dios con las manos vacías: esto es lo que pide la ley. La ofrenda del justo enriquece el altar, y su aroma llega hasta el Altísimo. El sacrificio del justo es aceptado, su ofrenda memorial no se olvidará.

Honra al Señor con generosidad y no seas mezquino en tus ofrendas; al hacer tus dones, pon buena cara, y paga de buena gana los diezmos. Da al Altísimo como el te ha dado a ti, generosamente, según tus posibilidades, porque el Señor sabe pagar y te dará siete veces más.

No lo sobornes, porque no lo acepta, no confíes en sacrificios injustos; porque es un Dios justo que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; mientras le corren las lágrimas por las mejillas y el gemido se añade a las lágrimas, sus penas consiguen su favor y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.

RESPONSORIO    Cf. Sir 35, 14. 21. 15; cf. Lc 18, 14

R. Dios no acepta sacrificios injustos, pero los gritos del pobre atraviesan las nubes. * Porque es un Dios justo que no puede ser parcial.
V. El publicano bajó justificado a su casa, pero no el fariseo; porque el que se humilla será ensalzado.
R. Porque es un Dios justo que no puede ser parcial.

SEGUNDA LECTURA

De los Sermones de san Bernardo, abad
(Sermón 5 sobre diversas materias, 1-4: Opera omnia, edición cisterciense, 6,1 [1970], 98-103)

ME PONDRÉ DE CENTINELA PARA ESCUCHAR LO QUE ME DICE EL SEÑOR

Leemos en el Evangelio que, predicando en cierta ocasión el Salvador y habiendo afirmado que daría a comer su carne sacramental para que así sus discípulos pudieran participar de su pasión, algunos exclamaron: ¡Duras son estas palabras! Y se alejaron de él. A vista de ello, preguntó el Señor a sus discípulos si también ellos querían dejarlo; ellos entonces respondieron: Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna.

Pues bien, hermanos, es manifiesto que en nuestros días las palabras de Jesús son también espíritu y vida para algunos y, por ello, éstos lo siguen; pero, en cambio, a otros estas mismas palabras les parecen duras, por lo cual no faltan quienes van a buscar en otra parte un consuelo miserable. La sabiduría no deja de levantar su voz en las plazas, anunciando que el camino que conduce a la muerte es ancho y espacioso, a fin de que cuantos andan por él vuelvan sobre sus pasos.

Durante cuarenta años -dice- aquella generación me repugnó, y dije: «Es un pueblo de corazón extraviado.» Y en otro salmo añade: Una sola vez habló Dios; es cierto que Dios habló una sola vez, pues está hablando siempre, ya que su locución es continua y eterna, y nunca se interrumpe.

Esta voz invita sin cesar a los pecadores, exhortándoles a meditar en su corazón y reprendiendo los errores de este corazón, pues es la voz de aquel que habita en el corazón del hombre y habla en su interior, realizando así lo que ya dijo por boca del profeta: Hablad al corazón de Jerusalén.

Ya véis, hermanos, cuán saludablemente nos amonesta el profeta a fin de que si hoy escuchamos su voz no endurezcamos el corazón. Las palabras que leemos en el profeta son casi las mismas que hallamos también en el Evangelio. En efecto, en el Evangelio dice el Señor: Mis ovejas oyen mi voz, y en el salmo afirma el profeta: Nosotros, su pueblo (el del Señor, ciertamente), el rebaño que él guía, ojalá escuchemos hoy su voz y no endurezcamos el corazón.

Escucha, finalmente, al profeta Habacuc; él no disimula la increpación del Señor, sino que la medita asiduamente y por ello exclama: Me pondré de centinela, me plantaré en la atalaya, velaré para escuchar lo que me dice, lo que responde a mis quejas. Procuremos, hermanos, ponernos también nosotros de centinela, porque la vida presente es tiempo de lucha.

Que nuestra vida tenga su centro en nuestro interior, donde Cristo habita, y que nuestros actos sean reflexivos y nuestras obras según los dictados de la razón; pero de tal forma que no confiemos excesivamente en nuestros actos ni nos fiemos excesivamente de nuestras simples reflexiones.

RESPONSORIO    Sal 17, 23; 18, 9; 1Jn 2, 5

R. Tuve presentes los mandamientos del Señor y no me aparté de sus preceptos. * Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.
V. Quien guarda su palabra posee el perfecto amor de Dios.
R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios todopoderoso y eterno, haz que nuestra voluntad sea siempre dócil a la tuya y que te sirvamos con un corazón sincero. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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