Feeds:
Entradas
Comentarios

DOMINGO DE LA SEMANA XVIII
De la Feria. Salterio II

1 de agosto 

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: QUIÉN ES ESTE QUE VIENE

¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?

Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su elegido.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección.

Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos.

Este es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su resurrección. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Salmo 118, 105-112 – HIMNO A LA LEY DIVINA

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.

Ant 2. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Salmo 15 – CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Ant 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   Col 1, 3-6a

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dios hizo llover maná para el pueblo, les dio pan del cielo. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios hizo llover maná para el pueblo, les dio pan del cielo. Aleluya.

PRECES

Demos gracias al Señor que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y recordando su amor para con nosotros supliquémosle diciendo:

Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

Padre lleno de amor, te pedimos por el papa Francisco y por nuestro obispo N.;
protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.

Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
para que así tengan también parte en su consuelo.

Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse
y haz que encuentren pronto el hogar que desean.

Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra
para que a nadie falte el pan de cada día.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, ten piedad de los difuntos
y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, danos tu misericordia y atiende a las súplicas de tus hijos; concede la tranquilidad y la paz a los que nos gloriamos de tenerte como creador y como guía, y consérvalas en nosotros para siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio divina 1 de agosto

Lectio: Sábado, 1 Agosto, 2015
Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 14,1-12
En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.» Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe. Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla.» Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta. Mas, llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.» Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy describe cómo Juan Bautista fue víctima de la corrupción y de la prepotencia del gobierno de Herodes. Fue condenado a muerte sin proceso, durante un banquete del rey con los grandes del reino. El texto nos da muchas informaciones sobre el tiempo en que Jesús vivía y sobre la manera en que los poderosos de aquel tiempo ejercían el poder.
• Mateo 14,1-2. Quién es Jesús para Herodes. El texto inicia informando sobre la opinión de Herodes respecto a Jesús: Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas. Herodes trataba de entender a Jesús desde los miedos que le asaltaban después del asesinato de Juan. Herodes era un grande supersticioso que escondía el miedo detrás de la ostentación de su riqueza y de su poder.
• Mateo 14,3-5: La causa escondida del asesinato de Juan.Galilea, la tierra de Jesús, estaba gobernada por Herodes Antipas, hijo del rey Herodes, el Grande, desde el 4 antes de Cristo. ¡43 años en todo! Durante el tiempo en que Jesús vivió, no hubo mudanza de gobierno en Galilea! Herodes era dueño absoluto de todo, no rendía cuenta a nadie, hacía lo que se le pasaba por la cabeza. ¡Prepotencia, falta de ética, poder absoluto, sin control por parte del pueblo! Pero quien mandaba en Palestina, desde el 62 antes de Cristo, era el Imperio Romano. Herodes, en Galilea, para no ser depuesto, procuraba agradar a Roma, en todo. Insistía sobre todo en una administración eficiente que diera lucro al Imperio. Su preocupación era su propia promoción y seguridad. Por ello, reprimía cualquier tipo de subversión. Mateo informa que el motivo del asesinato de Juan fue la denuncia que el Bautista hace a Herodes por haberse casado con Herodíades, mujer de su hermano Felipe. Flavio José, escritor judío de aquella época, informa que el motivo real de la prisión de Juan Bautista era el miedo que Herodes tenía a un levantamiento popular. A Herodes le gustaba ser llamado bienhechor del pueblo, pero en realidad era un tirano (Lc 22,25). La denuncia de Juan contra Herodes fue la gota que hizo rebosar el vaso: “No te está permitido casarte con ella”. Y Juan fue puesto en la cárcel.
• Mateo 14,6-12: La trama del asesinato. Aniversario y banquete de fiesta, ¡con danzas y orgías! Marcos informa que la fiesta contaba con la presencia “de los grandes de la corte, de los oficiales y de personas importantes en Galilea” (Mc 6,21). Es éste el ambiente en que se trama el asesinato de Juan Bautista. Juan, el profeta, era una denuncia viva de este sistema corrupto. Por esto fue eliminado bajo pretexto de un problema de venganza personal. Todo esto revela la flaqueza moral de Herodes. ¡Tanto poder acumulado en mano de un hombre sin control de sí! En el entusiasmo de la fiesta y del vino, Herodes hizo un juramento liviano a Salomé , la joven bailarina, hija de Herodíades. Supersticioso como era, pensaba que debía guardar ese juramento, atendiendo a los caprichos de la muchacha y mandó el soldado a traerle la cabeza de Juan sobre una bandeja y entregarla a la bailarina, que a su vez la entregó a su madre. Para Herodes, la vida de los súbditos no valía nada. Disponía de ellos como disponía de la posición de las sillas en la sala.
Las tres características del gobierno de Herodes: la nueva Capital, el latifundio y la clase de los funcionarios:
a) La Nueva Capital. Tiberíades fue inaugurada cuando Jesús tenía 20 años. Era llamada así para agradarle a Tiberio, el emperador de Roma. Allí moraban los dueños de la tierra, los soldados, la policía, los jueces muchas veces insensibles (Lc 18,1-4). Para allá llevaban los impuestos y el producto del pueblo. Allí Herodes hacía sus orgías de muerte (Mc 6,21-29). Tiberíades era la ciudad de los palacios del Rey, donde vivía el personal que viste con elegancia (cf Mt 11,8). No consta en los evangelios que Jesús hubiese entrado en esta ciudad.
b) El latifundio. Los estudiosos informan que, durante el largo gobierno de Herodes, el latifundio creció en prejuicio de las propiedades comunitarias. El libro de Henoc denuncia a los dueños de las tierras y expresa la esperanza de los pequeños: “¡Entonces los poderosos y los grandes dejarán de ser los dueños de la tierra!” (Hen 38,4). El ideal de los tiempos antiguos era éste: “Cada uno se sentaba a la sombra de su parra y de su higuera, y nadie lo inquietaba” (1 Mac 14,12; Miq 4,4; Zac 3,10). Pero la política del gobierno de Herodes volvía imposible la realización de este ideal.
c) La clase de los funcionarios. Herodes creó toda una clase de funcionarios fieles al proyecto del rey: escribas, comerciantes, dueños de tierras, fiscales del mercado, recaudadores de impuestos, militares, policías, jueces, promotores, jefes locales. En cada aldea o ciudad había un grupo de personas que apoyaban al gobierno. En los evangelios, algunos fariseos aparecen junto a los herodianos (Mc 3,6; 8,15; 12,13), lo cual refleja la alianza entre el poder religioso y el poder civil. La vida de la gente en las aldeas estaba muy controlada tanto por el gobierno como por la religión. Se necesitaba mucho valor para comenzar algo nuevo, ¡como lo hicieron Juan y Jesús! Era lo mismo que atraerse sobre sí la rabia de los privilegiados, tanto del poder religioso como del poder civil.

4) Para la reflexión personal

• ¿Conoces a personas que murieron víctima de la corrupción y de la dominación de los poderosos? Y aquí entre nosotros, en nuestra comunidad y en nuestra iglesia, ¿hay víctimas de desmando y de autoritarismo?
• Herodes, el poderoso, que pensaba ser el dueño de la vida y de la muerte de la gente, era un cobarde ante los grandes y un adulador corrupto ante la muchacha. Cobardía y corrupción marcaban el ejercicio del poder de Herodes. Compáralo con el ejercicio del poder religioso y civil, hoy, en los diversos niveles de la sociedad y de la Iglesia.

5) Oración final

Lo han visto los humildes y se alegran,
animaros los que buscáis a Dios.
Porque Yahvé escucha a los pobres,
no desprecia a sus cautivos. (Sal 69,33-34)

El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed.

Naturalmente que  estas palabras de Jesús no hacen referencia ni al hambre ni a la sed física. Él mismo, como hombre que era,  tuvo  necesidad de comer y beber.

Jesús hace referencia a otras hambres y a otros tipos de sed  que experimentamos los humanos y que solamente pueden calmarse con alimentos y bebidas proporcionadas a la naturaleza de la necesidad.

Son necesidades espirituales como la paz, el sentirse comprendido y querido por los demás, entender el sentido de la vida, experimentar el perdón por las faltas cometidas, la seguridad, la intimidad, un futuro despejado, etc. etc.

Por otra parte  un sinfín de miedos nos acosan unas veces con rostro claramente definido y otras desde un angustioso anonimato. Tenemos miedo a la incertidumbre ante el futuro, a la inseguridad nacida del relativismo del todo vale, a ser excluidos porque ya no producimos, a ser eliminados por fuerzas ocultas de tipo terrorista, bandidaje, etc. etc. 

Con la época de las luces se pensó que la humanidad  había entrado ya en la madurez,  eliminadas las tinieblas que rodeaban a la humanidad,   como consecuencia de la nueva luz del progreso material.

Por desgracia no ha sido así.   Estos miedos, estas hambres y “seces” que hemos recordado son contemporáneas, son de nuestros tiempos, están en nosotros y entre nosotros como un claro mentís a las falsas promesas de la Ilustración.

El hundimiento del famoso Titanic, el mejor y más potente barco del mundo ocurrido en su primer viaje,  parece un trágico presagio de la gran esperanza del hombre puesta en el progreso indefinido.

Hoy, como hace dos mil años, Jesús se nos ofrece como la verdadera luz que puede iluminar nuestras vidas disipando en la raíz las tinieblas que amenazan con cubrirnos en el presente y en el futuro.

El mundo actual camina en la incertidumbre. Estamos amenazados hasta por la misma naturaleza que no hemos sabido usar correctamente. La encíclica “Laudato Si”  del papa actual es una magnífica denuncia de esta situación, confirmada por todos los especialistas de la materia en el mundo. El Papa Francisco   nos invita a pensar en un hombre nuevo que establezca nuevas relaciones con la naturaleza y con los demás. Es a lo que ya hace dos mil años nos invitaba San Pablo en la Epístola: “Vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios”

Jesús puede quitarnos los miedos porque nos da el remedio contra la principal causa de ellos: el amor

El amor que Dios nos pide es, puede serlo todavía, el  eliminador del odio y del egoísmo. El Amor del que Dios nos habla es  la tabla de salvación a la que todavía el hombre del siglo XXI puede agarrarse. No dejemos pasar el tiempo, no entremos en la hora 25 de la famosa obra de Gheorghiu. Podemos estar, si sabemos actuar a tiempo,  en la hora 1 de una nueva era de la humanidad.

Pidamos a Dios ver claro en estas materias porque nos va en ello el futuro y con él  la posibilidad de ser felices en este mundo. AMÉN.

Pedro Saez

1. Con frecuencia, el pueblo busca un líder que le ahorre esfuerzo y el milagro de resolverle todas sus dificultades, si es comida, «la gente» buscaba a Jesús: no como liberador, salvador, sino como solucionador milagroso de problemas. Pero la respuesta de Jesús es inesperada: para tener vida se requiere «adhesión» al proyecto de Dios y pan que «dé vida al mundo», signo revelador de la justicia del reino. Comer con fe el pan de Dios es seguir a Jesús.

2. En definitiva, hay que hacer «el trabajo que Dios quiere», es decir, ganarse el sustento, el provisional y el definitivo. El pan, amasado con el esfuerzo del hombre y de la mujer y compartido fraternalmente con los pobres, es símbolo de justicia y de caridad. Pero con frecuencia vemos el pan sin amor, del mismo modo que vemos el cuerpo de Jesús sin su Espíritu.

3. La Eucaristía, bajo la figura de banquete, es comunión con Jesús hecho carne, con su persona, su palabra y su obra. Es memorial de la muerte y resurrección de Jesús. Es sacramento de la fe. Y es símbolo comunitario.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Son nuestras eucaristías banquetes de vida? 

¿Qué significa, de hecho, la comunión?

Casiano Floristan

Lumen Fidei – Francisco I

La plenitud de la fe cristiana

15. « Abrahán […] saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría » (Jn 8,56). Según estas palabras de Jesús, la fe de Abrahán estaba orientada ya a él; en cierto sentido, era una visión anticipada de su misterio. Así lo entiende san Agustín, al afirmar que los patriarcas se salvaron por la fe, pero no la fe en el Cristo ya venido, sino la fe en el Cristo que había de venir, una fe en tensión hacia el acontecimiento futuro de Jesús[13]. La fe cristiana está centrada en Cristo, es confesar que Jesús es el Señor, y Dios lo ha resucitado de entre los muertos (cf. Rm 10,9). Todas las líneas del Antiguo Testamento convergen en Cristo; él es el « sí » definitivo a todas las promesas, el fundamento de nuestro « amén » último a Dios (cf. 2 Co 1,20). La historia de Jesús es la manifestación plena de la fiabilidad de Dios. Si Israel recordaba las grandes muestras de amor de Dios, que constituían el centro de su confesión y abrían la mirada de su fe, ahora la vida de Jesús se presenta como la intervención definitiva de Dios, la manifestación suprema de su amor por nosotros. La Palabra que Dios nos dirige en Jesús no es una más entre otras, sino su Palabra eterna (cf. Hb 1,1-2). No hay garantía más grande que Dios nos pueda dar para asegurarnos su amor, como recuerda san Pablo (cf. Rm 8,31-39). La fe cristiana es, por tanto, fe en el Amor pleno, en su poder eficaz, en su capacidad de transformar el mundo e iluminar el tiempo. « Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él » (1Jn 4,16). La fe reconoce el amor de Dios manifestado en Jesús como el fundamento sobre el que se asienta la realidad y su destino último.


[13] Cf. In Ioh. Evang., 45, 9: PL 35, 1722-1723.

La obra que Dios quiere

Conocer a Dios implica un largo proceso que requiere una fidelidad profunda para evitar temores y la tentación de quedarnos a mitad de camino.

El pan de vida

El capítulo sexto de Juan se abre con el relato de la multiplicación de los panes. El texto de hoy profundiza el sentido de este gesto de Jesús. Se trata, como siempre para Juan, de un «signo» que apunta hacia realidades más globales (cf. Jn 6, 26). Las acciones del Señor expresan el amor gratuito de Dios. Todo el pasaje está centrado en el tema de las obras.

La gente busca a Jesús, pero el Señor desea que comprendan la totalidad de su mensaje en el que Dios, el Padre, ha puesto su sello (cf. v. 27). El pueblo se muestra abierto a esta enseñanza. Tal vez inicialmente lo siguieron sólo porque les daba el alimento que necesitaban, están dispuestos sin embargo a hacer las obras exigidas por Dios (cf. v. 28). Jesús les hace ver que esto debe comenzar por el reconocimiento de él como «enviado» de Dios (v. 29). Esa es la obra que Dios quiere: la fe en Cristo, de ella reciben las demás obras su pleno sentido. El Señor se presenta entonces como «el pan de vida» (v. 35). De toda la vidaEl maná del desierto que comieron sus padres (v. 31-32), el alimento que recibieron de mano de Jesús son obras, «signos», que expresan el pan que «da vida al mundo» (v. 33). En él debemos creer. El resto del largo capítulo sexto girará alrededor de esta idea.

El miedo a la libertad

El camino hacia el Dios de la vida no es fácil. Tendemos a perdernos en recodos, nos desalienta el esfuerzo por hacer. El pueblo judío en su marcha a la tierra prometida se volvió en un momento contra Moisés (cf. Ex 16, 2). Las dificultades les hicieron añorar una existencia mediocre, pero conocida. La libertad les dio miedo, quisieron regresar a la seguridad de la opresión y del maltrato. Es la tentación de todo creyente. Por esa razón Jesús repite a sus discípulos: «No tengáis miedo» (Jn 6, 20).

El miedo es lo propio del «hombre viejo» (Ef 4, 22). Las circunstancias que vivimos pueden ser tormentosas, tal vez sentimos que el piso se nos mueve, las fuerzas de la muerte parecen tenerlo todo en la mano, y se pensaría que el malvado está a punto de asfixiar al justo, como dice la Biblia. Pese a esto, si no queremos ir hacia nuestra propia destrucción (cf. v. 22) debemos aceptar la acción renovadora del Espíritu (cf. v. 23). Aunque no veamos claro el camino, Dios trabaja para que nos revistamos del hombre nuevo (cf. v. 24) y mantengamos alta la esperanza.

Las obras de Jesús nos hacen conocer que Dios es vida. Nuestras propias obras harán saber a otros que creer en él es no tener miedo y que es necesario seguir caminando hacia la promesa de libertad y vida.

Gustavo Gutiérrez

¿Creer desde el bienestar?

Probablemente, son mayoría los hombres y mujeres que, consciente o inconscientemente, aspiran como ideal último de su existencia al bienestar y al bien-vivir.

Lo importante es vivir cada vez mejor, tener dinero y disfrutar de una seguridad. El dinero parece ser la fuente de todas las posibilidades.

El que posee una seguridad económica, puede aspirar a lograr el reconocimiento de los demás, la autoafirmación personal y, en definitiva, la felicidad.

Naturalmente, cuando el bienestar se convierte en el objetivo de nuestra vida, ya no importan demasiado los demás. Entonces es normal que se desate la competitividad, la insolidaridad, el acaparamiento injusto.

Alguien ha dicho que en esta sociedad, «nos hemos quedado sin noticias de Dios». Dios es superfluo. No hace falta ni combatirlo. Sencillamente se prescinde de él. ¿Por qué?

El ideal del bienestar crea un modo de vivir tan superficial y tan insensible y ciego para las dimensiones más profundas del hombre, que ya no parece haber sitio para Dios.

O quizás, algo que no es mucho mejor. Sólo queda sitio para una religión «rebajada» al plano individual y privado, donde la religioso se convierte, con frecuencia, en mero alivio de frustración y problemas individuales.

Entonces, y aún sin ser conscientes de ello, la religión viene a ser un elemento más de seguridad personal, al servicio de ese ideal último que es el bienestar.

¿No debemos escuchar hoy más que nunca los cristianos la queja y las palabras de Jesús junto al Tiberíades?: «Vosotros me buscáis porque comisteis hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna».

No basta alimentar nuestra vida de cualquier manera. No es suficiente un bienestar material. Todos necesitamos un alimento capaz de llevarlo hasta nuestra verdadera plenitud. Y ese alimento, lo creamos o no, es sólo el amor.

Es una equivocación mutilar nuestra existencia, poniendo toda nuestra esperanza en un bienestar que se acaba en el momento en que perece nuestra vida.

Sólo el amor da vida definitiva. Sólo el que sabe ver el dolor de los que sufren y escuchar los gritos de los maltratados, puede escapar del engañoso atractivo del bienestar y buscar una vida nuevaUna vida que nos lleva a nuestra plenitud.

 

José Antonio Pagola

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 446 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: