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59: “Para reunir a la humanidad dispersa, Dios elige a Abram llamándolo “fuera de su tierra, de su patria y de su casa” (Gn 12,1), para hacer de él “Abraham”, es decir, “el padre de una multitud de naciones” (Gn 17,5): “En ti serán benditas todas las naciones de la tierra” (Gn 12,3; cf. Ga 3,8).”

Esa diferencia entre Abram y Abraham, recordaréis como en el capítulo 17 del Génesis, Yavé le cambia de nombre a Abram y de Abram pasa a Abraham le quiere como, nosotros le llamaríamos, rebautizar. Dándole también en ese nuevo nombre toda la significación a la que está llamado a ser, padre de una multitud de naciones. Esto nos suena mucho en el Nuevo Testamento como el Señor le cambia el nombre a Simón y le dice, tú eres Pedro, que significa piedra y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia. En el mundo semítico se tiene en cuenta que el nombre sea el significado de la vocación dada por Dios. Y por lo tanto cuando Dios sale al encuentro de Abraham o de Simón, de este pescador de Galilea, ese cambio de nombre, debe significar la llamada de Dios que se concreta en esta ocasión en ese nuevo nombre.

Fijémonos en lo que el nombre significa. Padre de una multitud de naciones para reunir a la humanidad dispersa. Aquí hay un misterio, el misterio de que Dios es uno y todo lo que nace de Dios tiende a la unidad y el pecado, por el contrario, fracciona, fractura. Si algo hace Satanás siempre es dividir. El tentador siempre divide, mientras que la gracia de Dios sana las heridas de la división. El pecado del hombre es el pecado de Babel, que es el de dividirnos entre nosotros. Por el contrario la gracia de Dios, el don del Espíritu Santo en pentecostés, es la gracia de hacer un solo pueblo que hable en todos los idiomas. Mientras que en Babel nos divide y cada uno se siente contrincante del otro y los idiomas son entendidos como la abscripción a un pueblo es entendida como una contraposición hacia al otro. Yo soy de este luego no soy de lo otro. Es curiosa esa tendencia que tenemos en nosotros. Los palestinos contra los hebreos, los serbios frente a los bosnios, los otros frente a los otros. Utus contra los Tutsis. Es así, tenemos marcada en nosotros esa especie de rivalidad. Y además generalmente las rivalidades suelen ser entre los que viven cerca. Los Utus y los Tutsis allí viven y los serbios y los bosnios y los croatas. Todas estas guerras tribales que tenemos entre nosotros son reflejo de esta herida del pecado original.

Lo que se dice es que frente a esa humanidad dispersa por el pecado original, porque el pecado original nos ha fracturado frente a Dios, nos ha fracturado con nosotros mismos y con el prójimo que nos rodea, Dios llama a Abraham para, en la providencia de Dios, ir avanzando en su terapia de sanación, en su búsqueda de la unidad. Y es curioso que le dice: sal de tu tierra y vete donde yo te mostraré. A mí por lo menos me llama la atención que para sanar la división y para sanar ese enfrentamiento de unos contra otros y todo el mundo quiere controlar al vecino y todo el mundo pretende ser el caudillo del lugar. Y todo el mundo pretende sacar pecho y demostrar que es más fuerte que el otro, para sanar eso, le dice a Abraham, sal de tu tierra y vete a donde yo te mostraré. Es como sanar el problema pero de la manera totalmente contraria a como suele hacerse. Generalmente quienes están imbuidos de ese espíritu de división lo que hacen es, yo emperador, yo conquistador, lo que voy a hacer es intentar someter a todos los pueblos bajo mi imperio y los pongo a mi servicio, serán mis esclavos. Es conseguir una unidad, una falsa unidad, por el sometimiento de los demás. Aquí mando yo. Es una unidad ficticia, eso es una unidad por sometimiento. La del César que invade todo el mundo y aquí no hay más ley que la del César. Es una unidad ficticia. Sin embargo fijémonos como el espíritu de Yavé, el Espíritu de Dios es bien distinto. Para buscar la unidad, no la busca mediante el camino de ser más fuerte y someter, sino que le dice a Abraham, sal de tu tierra. De momento desposéete de lo poco que tienes. En vez de hacerte fuerte y someter a los demás, sal de tu tierra. Y vete a donde yo te mostraré y además no en plan de conquistarlo, sino en plan de pedir instalarme aquí, instalarme allá. Para buscar la unidad hay que comenzar por salir de uno mismo. No pretender que todo el mundo venga a mí. Yo creo que aquí hay una lección de la que tenemos que extraer. Es la unidad buscada de otra manera, bajo otra perspectiva de salir de uno mismo. No pretender que todo el mundo venga a la mía. A la mía, me refiero a mi convicción, a mi falsa unidad. La búsqueda de unidad supone ceder, supone salir de uno mismo, supone renunciar a ese falso dominio. Y el caso es que Abraham va instalándose y fijaros que sin saber muy bien a donde le lleva Yavé, de una manera verdaderamente humilde. Incluso hay momentos en los que piensa, cómo se realizará la promesa, porque Yavé me dijo que nos daría una tierra y bueno no termino de verla realizada. Y cuando muere Sara, su esposa, él de alguna manera, para que la promesa se vea realizada, logra comprar un pequeño terreno en el que puede enterrar a su esposa Sara y al tener un pequeño terrenito, en ella ha podido enterarla y ve simbólicamente cumplida la promesa de Yavé que le iba a dar una tierra, porque ha podido enterrar a su esposa allí. Es curioso que para realizar la unidad de la humanidad dispersa, lo que Yavé  comienza haciendo es decirle a Abraham, despójate de lo que tienes, de tu seguridades, de tu tierra y vete a donde yo te voy a mostrar. Esa es una primera consideración para hacernos pensar las formas y los caminos de Dios.

En segundo lugar también hay otra consideración y se ve que hay dos maneras de hacer la unión. Si con Noé se había hecho un pacto y al ver la división, al ver el pecado, cuenta la Sagrada Escritura que Yavé se había enfurecido, Yavé se había llenado de cólera. Ya sabemos que estamos hablando en forma humana, porque cuando decimos que Yavé se arrepintió de haber creado la humanidad, etc., son formas humanas de hablar. Dios no se arrepiente, Dios es omnisciente, conoce el pasado, presente y futuro. Tengamos en cuenta que la Sagrada Escritura cuando habla de Dios, no hay que olvidar nunca que utilizamos términos que proyectamos en Dios términos humanos. Dice que Yavé se arrepintió de haber creado a la humanidad y entonces mandó un diluvio. Un diluvio, para entendernos, para eliminar la maldad de la tierra, para eliminar a los malos, para eliminar la maldad. Y Yavé se arrepintió, dice, de haber intentado eliminar la maldad de la tierra, repito que estamos hablando bajo una imagen de Dios humana y que entonces envió ese signo del arcoíris como una imagen del pacto, de la alianza que Dios haría con nosotros. Es decir que ya Yavé no volvería a mandar un castigo para eliminar a la humanidad. Este es el signo del arcoíris, el signo de la alianza. Es decir, que Dios renuncia a buscar la unidad del género humano eliminando la maldad, eliminando los malos, sino que más bien lo va a hacer de otra forma, haciendo que la bondad, haciendo que la santidad se multiplique. Eso es lo que hace primero con Noé y luego con Abraham, haciéndolo padre de una multitud. Hay dos maneras de buscar la unidad, eliminando a los malos o multiplicando a los buenos. ¿Cuál elegimos nosotros? Dios ha elegido  la de multiplicar a los buenos más que eliminar a los malos. Esto, si os dais cuenta, conecta con ese pasaje, con esa parábola del evangelio en la que le dicen Señor, es que alguien junto al trigo ha sembrado cizaña. ¿Me permites que vaya a arrancar la cizaña? No, no arranques la cizaña, no vaya a ser que, como todavía no se distingue bien qué es trigo y qué es cizaña, pues, igual queriendo arrancar la cizaña, arrancas también el trigo. Déjalas que crezcan juntos, ya llegará el tiempo de la siega y entonces mi padre celestial ya distinguirá, ya separará el trigo de la cizaña. Dios no busca la unidad del género humano eliminando a los malos, sino suscitando el bien, haciendo que el bien crezca. Que crezca el bien entre nosotros. Como veis pues es un punto de partida que nos debe de conmover, nos tiene que emocionar. ¿Cuál es estilo de hacer las cosas que tiene nuestro Padre, que tiene Yavé?

Jueves II de Adviento

JUEVES II de ADVIENTO

(13 de diciembre)

La voz del profeta Isaías tiene que despertar en nosotros la esperanza cristiana, una esperanza de tiempos nuevos y mejores. La idea del tiempo nuevo es motivo de esperanza, pero también de esfuerzo humano.

El adviento nos hace reflexionar sobre lo peculiar que es la esperanza cristiana. Hoy en día la esperanza cristiana pretende transformar las relaciones entre TODAS las personas que poblamos este mundo.

Como cristianos nuestra tarea es cuetionar la sociedad actual y hacernos solidarios con la esperanza huaman al amparo de cualquier transformación en los hombres o en la sociedad, teniendo como meta final la construcción del Reino de Dios.

El reino de Dios no es sólo algo social y externo, sino interior y profundo. La venida del Mesías constituye el anuncio del gran gozo para el pueblo, de una alegría que conmueve hasta los mismos cielos cuando el pecador se arrepiente. El adviento nos enseña a conocer que Cristo, es la fiesta segura y definitiva de la nueva humanidad.

165. La corrupción espiritual es peor que la caída de un pecador, porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que «el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Co 11,14). Así acabó sus días Salomón, mientras el gran pecador David supo remontar su miseria. En un relato, Jesús nos advirtió acerca de esta tentación engañosa que nos va deslizando hacia la corrupción: menciona una persona liberada del demonio que, pensando que su vida ya estaba limpia, terminó poseída por otros siete espíritus malignos (cf. Lc 11,24-26). Otro texto bíblico utiliza una imagen fuerte: «El perro vuelve a su propio vómito» (2 P2,22; cf. Pr 26,11).

1.- Hermanos: alegraos siempre en el Señor, os lo repito. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Es el domingo “gaudete”, que, en latín significa: alegraos, repitiendo las palabras del apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses. Cuando el apóstol dice que el Señor está cerca se refiere a la segunda venida del Señor, porque creía en aquel momento que la segunda venida del Señor estaba realmente muy cerca en el tiempo. Nosotros, ahora, no repetimos esta frase del apóstol dándole un sentido corporal, sino un sentido vital, existencial. No sabemos cuándo será temporalmente la segunda venida del Señor, pero los cristianos creemos firmemente que el Señor Jesús está siempre realmente muy cerca de todos nosotros. Vive junto a cada uno de nosotros, habita en nuestro interior, nos guía con su luz y con su amor. Si realmente amamos a Dios, Dios vive en nosotros y, como se nos dice también en esta misma carta, “la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús”. En este tercer domingo de Adviento debemos, pues, manifestar litúrgicamente nuestra alegría, nuestra paz y nuestro entusiasmo religioso. Los cristianos debemos ser personas alegres, no con una alegría bullanguera y aturdidora, sino con una alegría interior, manifestada en nuestro comportamiento y en nuestras relaciones con los demás. Así debemos celebrar en concreto este domingo <gaudete>.

2.. Alégrate hija de Sion, El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti, no temas mal alguno… se alegra y goza contigo, te renueva con su amor. El profeta Sofonías da a estas palabras un sentido histórico: en medio de una Jerusalén amenazada por los asirios, el profeta dice a su pueblo que el Señor les defenderá. Este mensaje del profeta Sofonías es, pues, un mensaje de confianza en Dios, de esperanza y de alegría. También hoy nosotros, especialmente en este tiempo de Adviento, debemos ser cristianos llenos de esperanza en el Mesías que ha venido a liberarnos, de confianza en él, de alegría espiritual. También nosotros podemos tener dificultades materiales, sociales, políticas, espirituales, pero nunca debemos desanimarnos, debemos pedir todos los días del Adviento a nuestro Mesías que el amor de Dios inunde un día sí y otro también nuestros corazones. Precisamente en esto se basa la alegría del Adviento, en la certeza de que nuestro Señor Jesús, nuestro Mesías, ha venido a salvarnos y a liberarnos. Y seamos también nosotros en todo lo posible salvadores y liberadores de los demás, con nuestro ejemplo, con nuestra palabra y con todos los medios que tengamos a nuestro alcance.

3.- En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: entonces, ¿qué debemos hacer? Él contestaba: Juan respondió a todos: yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Realmente, la figura del Bautista, del que hablaremos en más de una ocasión durante este Adviento, es una figura excelsa. Leyendo este texto del evangelista san Lucas vemos que san Juan Bautista puede y debe ser un modelo de humildad, de justicia, de generosidad y de lucha contra cualquier clase de corrupción. En este tiempo nuestro en el que tanto abunda el egoísmo, la corrupción social y política, la falta de sobriedad y la poca fidelidad al compromiso social y personal, la figura de san Juan Bautista es un modelo maravilloso. Anunciemos también nosotros el evangelio de Jesús y seamos un ejemplo para la sociedad en la que nos ha tocado vivir, como lo hizo san Juan. Debemos seguir a nuestro Maestro, Cristo Jesús, con la misma humildad y con la misma valentía con que lo hizo el Precursor y preparémonos para recibir plenamente durante este Adviento el bautismo de Jesús, dejándonos llenar de su Espíritu Santo. Y terminemos diciendo con el salmo responsorial: “confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor”.

Gabriel González del Estal

¿Qué tenemos que hacer?

“La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?» Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo.» Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado.» Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada.» Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.» Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.”

Lucas 3, 10-18

 

Comentario del Evangelio

La gente seguía a San Juan Bautista, y él les iba preparando para la llegada de Jesús, diciéndoles que repartieran sus cosas con los demás y que fueran justos con todas las personas.

Pero a San Juan Bautista nunca se le subió todo esto a la cabeza. No se creyó mejor que nadie, ni llegó a pensar que las personas le seguían a él y no a Jesús. Por eso dice que él no es digno de destarle la correa de las sandalias, para que la gente pudiese entender que él no es nada más que alguien enviado por Dios para anunciar la Buenas Nueva. Nosotros también tenemos que ser sencillos y humildes anunciando a Dios a los demás.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe el nombre de alguna persona que conozcas y que se parezca a San Juan Bautista, es decir, que anuncia la Buena Noticia de Jesús.

• ¿Por qué has elegido a esta persona? ¿Por qué debemos los cristianos anunciar la Buena Noticia a los demás?

• Escribe un compromiso para que en la próxima semana le puedas anunciar a otra persona la Buena Noticia que es Jesús.

 

Oración

Quiero saber seguir tus pistas de vida,
pero me pego a mis túnicas,

incluso creo que no puedo vivir sin ellas.
Y busco la seguridad de mis libros,
almaceno comida,

colecciono músicas,
y tengo mil caprichos…
que sólo Tú conoces.
Quiero estar desprendido, ser libre,
no apegarme a las cosas,
que no se hagan mis dueñas…
Pero para eso necesito estar más lleno de Ti
más cerca de tus hijos necesitados,
más atento a tu mensaje,

más convencido de que Tú
eres lo único que llena,
el que calma las ansiedades y deseos.

Quiero vivir como Tú, Jesús

Quiero saber seguir tus pistas de vida,
pero me pego a mis túnicas,
incluso creo que no puedo vivir sin ellas.
Y busco la seguridad de mis libros,
almaceno comida,
colecciono músicas,
y tengo mil caprichos…
que sólo Tú conoces.

Quiero estar desprendido, ser libre,
no apegarme a las cosas,
que no se hagan mis dueñas…
Pero para eso necesito estar más lleno de Ti
más cerca de tus hijos necesitados,
más atento a tu mensaje,

más convencido de que Tú
eres lo único que llena,
el que calma las ansiedades y deseos.

Quiero dejarme enseñar por Ti,
a mirar, a gustar, a tocar, a escuchar,
a contemplar, a admirar, a agradecer,
a sorprenderme, a necesitar menos,
a provocar encuentros, a generar fiesta,
a celebrar la vida, a Amar como Tú.
Quiero disfrutar de tu presencia
en el silencio y vaciarme,
para dejarme llenar del todo por Ti

Mari Patxi Ayerra

• El texto de hoy, está centrado en una pregunta –“¿qué tenemos que hacer?” (10.12.14)– y en las respuestas que Juan Bautista da adaptándose a cada caso y situación. La pregunta es la propia de la persona que se ha dado cuenta que hace falta cambiar, que quiere cambiar su propia vida y que quiere transformar el mundo en el que vive, el medio, su ambiente.

Fijémonos en Juan:

• Esta situación de búsqueda del cambio ha estado provocada por la acción profética de Juan (Lc 3,1-9). Ahora elmismo Juan da pistas bien concretas para cambiar (11.13.14). Y las da –dice el Evangelio (18)– sobre todo con el testigo de vida. Las respuestas que hace parten de la realidad del entorno: hay gente en su entorno que no tiene vestido ni comida.

•  “Juan anunciaba al pueblo la buena nueva” (18) a partir de esta acción profética. El Evangelio es Palabra eficaz (Hch 4,12) cuándo se encarna (Jn 1,14). Es la misma experiencia que hacemos en las Comunidades Parroquiales, en las Asociaciones y Movimientos evangelizadores: “encarnados” en el medio podemos transmitir la fe que vivimos cuando trabajamos por transformar lo que es injusto.

• Aunque el tono de Juan es muy imperativo, lo que dice son pistas, propuestas. Seguir los caminos que muestran los profetas, los caminos que muestra Jesús con su vida y su Palabra, sólo se puede hacer en libertad. No se puede hacer por imposición, ni de modo voluntarista.

Fijémonos en el pueblo

• El texto habla del “pueblo”, que “vivía en la expectación” (15). También Juantiene esta actitud: “viene…” (16-17). El pueblo manifiesta la expectación buscando algo de Dios en aquel que ven activo, transformador. Y Juan la manifiesta con su acción y su palabra profética.

Fijémonos en Jesús

• También se nos dicen cosas de Jesús: Juan, por aclarar que él no es “el Mesías” (15), nos anuncia su venida. Dice que quien “viene” es quien “bautizará con el Espíritu Santo y con fuego” (16). Jesús es quien hace soplar suviento porque distinguimos entre el “grano” y la “paja” (17), entre una manera de vivir que vale la pena y otra que no vale la pena (16-17).

• Es por el don de este “Espíritu Santo” (16) que podremos seguir a Jesús, que podremos compartir vestido, comida (11), que podremos ser honrados y no abusar de los demás (13.14). Es por este don que podremos hacer todo esto, que podremos ser militantes porqué estimamos como él nos ha estimado (Jn 13,34-35; o todos los capítulos 13-17 de Jn).

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