Vísperas – San Cornelio y San Cipriano

VÍSPERAS

SAN CORNELIO, papa y SAN CIPRIANO, obispo, mártires

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Pléyade santa y noble de mártires insignes,
testigos inmortales del Cristo victimado;
dichosos, pues sufristeis la cruz de vuestro Amado
Señor, que a su dolor vuestro dolor ha unido.

Bebisteis por su amor el cáliz de la sangre,
dichosos cirineos, camino del Calvario,
seguisteis, no dejasteis a Jesús solitario,
llevasteis vuestra cruz junto a su cruz unida.

Rebosa ya el rosal de rosas escarlatas,
y la luz del sol tiñe de rojo el alto cielo,
la muerte estupefacta contempla vuestro vuelo,
enjambre de profetas y justos perseguidores.

Vuestro valor intrépido deshaga cobardías
de cuantos en la vida persigue la injusticia;
siguiendo vuestras huellas, hagamos la milicia,
sirviendo con amor la paz de Jesucristo. Amén.

SALMO 135: HIMNO PASCUAL

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.

Él afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

SALMO 135

Ant. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Él hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.

Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel su siervo:
porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación, se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Cuando llegó el momento culminante, Dios recapituló todas las cosas en Cristo.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cuando llegó el momento culminante, Dios recapituló todas las cosas en Cristo.

LECTURA: 1P 4, 13-14

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Alegraos, justos y gozad con el Señor.
V/ Alegraos, justos y gozad con el Señor.

R/ Aclamadlo, los de corazón sincero.
V/ Y gozad con el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Alegraos, justos y gozad con el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh muerte preciosa, que compra la inmortalidad al precio de su sangre.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh muerte preciosa, que compra la inmortalidad al precio de su sangre.

PRECES

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias diciendo:

Te glorificamos, Señor.

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
Te glorificamos, Señor

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu Reino:
Te glorificamos, Señor

Porque hoy hemos ofrecido la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor

Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina:
Te glorificamos, Señor

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que has puesto al frente de tu pueblo, como abnegados pastores y mártires intrépidos, a los santos Cipriano y Cornelio, concédenos, por su intercesión, fortaleza de ánimo y de fe para trabajar con empeño por la unidad de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

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Lectio Divina – 16 de septiembre

1. Oración

Santo Padre, por Jesús, tu Hijo, el Verbo hecho carne de la vida para nosotros, envíe a mí tu Espíritu Santo para abrir mis oídos a escuchar la “carta de amor” que escribió a mí y me ilumine mi mente para que pueda comprender en profundidad. Hacer domesticar mi corazón de alegría, ya que aceptar su voluntad y me ayudará a los testigos. Amén 

2. Lectura

Desde el Evangelio de Lucas (7, 1-10)

1Quando había terminado todas sus palabras al pedir a la gente que estaba escuchando, Jesús entró en Cafarnaún. 2La sirviente de un centurión estaba enfermo y moribundo. El centurión había muy caro. 3Perciò, después de haber oído hablar de Jesús y envió a algunos ancianos de los Judios para rogarle que venga a salvar a su siervo. 4Costoro, se acercaron a Jesús, le rogaron encarecidamente: “Se merece que se puede dar lo que pedía – dijo – 5perché ama a nuestro pueblo y fue él quien construyó la sinagoga”. 6Gesù fue con ellos. No estaba lejos de la casa cuando el centurión envió amigos a decirle: “Señor, no te molestes! Yo no soy digno de que entres bajo mi techo; 7por yo mismo no me atrevo a venir de ustedes, sino “una palabra y mi criado quedará sano. 8Anch’io hecho están en la posición de Asistente y tengo soldados a mis órdenes, y digo a uno: “Ve!” Y él va, y otro: “Ven”, y viene, ya mi siervo: ” hagas esto! “, y lo hace.” 9All’udire esto, Jesús admirado y, volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: “Yo te digo que ni en Israel he hallado tanta fe.” enviados 10E cuando llegaron a casa, encontró el criado sanó.  

3. Meditación

    * El cap. 7, Lucas nos ayuda a aceptar la llamada dirigida a los gentiles para unirse a la fe en el Señor Jesús la figura del centurión está liderando el camino para aquellos que deseen aceptar la fe de Israel y luego encontrar y conocer el rostro de Dios en Jesús . En esta meditación del Evangelio, nosotros también se pondrá a la propuesta de abrirnos a la fe o para hacer más fuerte nuestra plena confianza en la Palabra de Dios. Vamos, pues, de seguir con el corazón, los pasos del centurión romano, ya que están presentes en él también.
* Tal vez el primer aspecto que se desprende de una lectura de la pieza, es el sufrimiento que es el centurión. Trato de escuchar más cuidadosamente todas las palabras que desea poner de relieve esta realidad. Capernaum, un pueblo fronterizo, fuera del alcance, en los márgenes, la ciudad donde la bendición de Dios parece difícil de alcanzar. La grave enfermedad, la muerte inminente de un ser querido.
* Pero ahora veo que el Señor entra en esta situación, es compartir, a vivir con su presencia amorosa. Subrayar todos los verbos que confirman esta verdad: “Por favor que venga”, “se fue con ellos” era “no muy lejos”. Es fantástico ver este movimiento en Jesús, que va a la persona que llama y le pide que busque la salvación. Lo hace bien con todos.
* Para mí es un contacto muy útil con la figura del centurión, que aquí es un poco como mi maestro, mi guía en el camino de la fe. “Después de haber oído acerca de Jesús.” Recibió el anuncio, la noticia buena interceptado y le rompió el corazón, no si el escape está hecho, no se cerraron los oídos y la vida. Se acordó de Jesús y ahora se pretende.
“Mandato”. Dos veces lo hace de esta acción, primero en enviar a Jesús a los ancianos del pueblo, las figuras de autoridad, a continuación, enviar a sus amigos. Lucas utiliza dos verbos diferentes, y esto me ayuda a entender aún más que este hombre ha hecho algo, había un paso: se ha abierto gradualmente más y más para el encuentro con Jesús a los amigos es un poco ‘enviar como ellos mismos. “Para pedirle que venga a salvarnos. Hermoso dos verbos que expresan la intensidad de su solicitud a Jesús que él quiere ser, lo más cerca, se pone en su pobre vida, es decir, para visitar a su dolor. Es una declaración de amor, fe, grandes, porque es como si dijera, “Yo sin ti no puedo vivir. Ven “. Y nadie pide ninguna salvación, la curación de superficie, tal como lo entendemos el verbo particular, que Lucas quiere. De hecho estamos hablando de una salvación cruz, capaz de atravesar toda su vida, toda la persona y capaces de llevar a la persona más, más allá de todos los obstáculos a cualquier esfuerzo o pruebas, incluso más allá de la muerte.
* “No soy digno”. Dos veces Lucas pone en boca de las palabras del centurión, que ayudan a comprender el gran paso que hizo a sí mismo. Él se siente indigno, incompetente, inadecuado, como la expresión de las dos palabras diferentes griega usada aquí. Tal vez el primer gran avance en el camino de fe con Jesús es la siguiente: el descubrimiento de nuestra gran necesidad de él, su presencia y la conciencia cada vez más seguros de que por sí sola no puede hacerlo porque somos pobres, somos pecadores. Pero para esto, estamos infinitamente amado!
* “La” palabra “. Aquí está el gran salto, el gran paso de fe. El centurión ahora creen de forma clara, serena confianza. Mientras caminaba hacia él, él también estaba haciendo su camino en el interior, estaba cambiando, se estaba convirtiendo en un hombre nuevo. Primero aceptó la persona de Jesús y luego también su palabra. Porque él es el Señor y, como tal, su palabra es eficaz, real, de gran alcance, capaz de operar lo que dice. Todas las dudas se han derrumbado, todo lo que queda es la fe que de cierta confianza en la salvación en Jesús 

4. Cualquier pregunta

    * Me escucha mi oración dirigida al centurión a Jesús que venga a salvarnos? Estoy preparado, también, para darle al Señor mi malestar, mi necesidad de Él? Estoy avergonzado de las enfermedades, la muerte que vive en mi casa en mi vida? Lo que parece tomar este primer paso de confianza?
* Y si abro mi corazón a la oración, la invocación, si invitas a la venida del Señor, ¿cuál es la actitud de mi corazón? Hay dentro de mí, como el centurión, el sentimiento de ser inútil, no es suficiente para mí, no ser capaz de hacer demandas? Yo me pregunto ante el Señor con humildad que proviene del amor, de la serena confianza en él?
* Sólo tengo su palabra? Nunca he escuchado hasta el final, con cuidado, con respeto, aunque tal vez no pude comprender en su integridad? Y ahora, ¿qué es la palabra que quiero escuchar de la boca del Señor para mí? ¿Qué debo saber de él?
* Una fe como el centurión había cargado … y yo, que soy cristiano, tengo esa fe? Tal vez yo debería rezar: “Señor, yo creo, pero me ayuda en mi incredulidad” (Mc 9, 24).

5. Oración Final

Para mis pies antorcha es tu palabra, Señor!
¿Cómo puede un joven su camino?
En cuanto a tu palabra.
Con todo mi corazón yo te busco:
no dejes que me apartan de tus mandatos.

Recursos – Para la semana

1. La liturgia meditada a lo largo de la semana.

A lo largo de los días de la semana anterior al Domingo 25 del Tiempo Ordinario, intentad meditar la Palabra de Dios de este domingo. Meditadla personalmente, una lectura cada día, por ejemplo. Elegid un día de la semana para la meditación comunitaria de la Palabra: en un grupo parroquial, en un grupo de padres, en un grupo de un movimiento eclesial, en una comunidad religiosa.

2. Es necesario no culpabilizar.

El dinero o Dios. En el momento de la oración penitencial, sería bueno evitar algunas expresiones que provocan la culpabilidad y demasiado fáciles contra el dinero que corrompe, que explota.
La tercera fórmula del rito penitencia invita a aclamar al Dios bueno y misericordioso.

3. Oración en la lectio divina.

En la meditación de la Palabra de Dios (lectio divina), se puede prolongar el momento de la acogida de las lecturas con una oración.

Al terminar la primera lectura: Padre de los pobres, justicia de los oprimidos, te bendecimos por el Espíritu Santo que diste a los profetas encargándoles el proclamar siempre y en todo lugar las exigencias de la justicia. Te pedimos que él purifique nuestros pensamientos y corazones. ¡Somos testigos de tantas injusticias! Que él nos inspire las iniciativas que sean necesarias.

Después de la segunda lectura: Dios y Padre nuestro, tú eres el único Dios y quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, te damos gracias por Jesús, al que nos revelaste como único mediador fiable entre ti y la humanidad. Unidos a todos los cristianos que elevan hasta ti sus manos y te dirigen sus oraciones, intercedemos por todos los hombres, y te pedimos por la paz.

Al finalizar el Evangelio: Dios Padre, único maestro digno de ser servido, te damos gracias por la confianza que depositas en nosotros; tú nos confías el Reino, que es infinitamente más precioso que todos los bienes de la tierra. Te pedimos, por tu Espíritu, que nos hagas hijos de la luz, que nos inspires el buen uso de los bienes de la tierra y la aptitud que conviene a tu Reino.

4. Plegaria Eucarística.

Se puede utilizar la Plegaria Eucarística III para Misas de Niños. Parte de la oración ilustra la situación evocada por el Evangelio.

5. Palabra para el camino.

¿Dios o el dinero?
Amós y Lucas nos invitan a un serio examen de conciencia sobre nuestra manera de practicar la justicia social y de utilizar el dinero.
¿Cuántos pobres, hoy en el mundo, son explotados por algunos que se enriquecen apoyándose en su miseria?
¡No acusemos a nadie! En esta semana, retomemos estos textos para comprender la situación en toda su verdad.
A qué maestro nos unimos: ¿a Dios o al Dinero?

Comentario del 16 de septiembre

El evangelista narra que al entrar Jesús en Cafarnaúm un centurión romano, que tenía enfermo de gravedad a un criado a quien estimaba mucho, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que fuera a curar a su criado. Los judíos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente que atendiera a la petición del centurión romano porque había mostrado mucho afecto al pueblo judío y les había construido la sinagoga.

Jesús, respondiendo positivamente y con prontitud a la solicitud, se fue con ellos en dirección a la casa del solicitante. Cuando se acercaban a la casa, les salieron al paso un grupo de personas enviadas por el centurión para decirle: Señor, no te molestes; no soy yo quien para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: “ve” y va; al otro: “ven”, y viene; y a mi criado: Haz esto, y lo hace.

Llama la atención que un militar del ejército invasor solicite un favor de un judío, es decir, de alguien que pertenece al pueblo sometido, aunque lo haga sirviéndose de legados. Pero no es el orgullo el que le hace recurrir a estos intermediarios, sino su humildad. El centurión no se siente digno de presentarse personalmente ante Jesús para solicitarle el favor que suplica.

Es un hombre que tiene buen crédito entre los judíos, porque ha hecho cosas importantes por ellos. Entre esas cosas está la construcción de la sinagoga de Cafarnaúm. Por eso los judíos de la ciudad se sienten agradecidos e interceden ante Jesús en su favor. En su última embajada, el centurión, probablemente consciente de las prevenciones que tiene todo judío a pisar suelo pagano, porque esto le haría incurrir en impureza, le hace saber que no es necesario que cruce el umbral de su casa y entre bajo su techo; basta que pronuncie una palabra de esas que llevan la carga de su extraordinario poder para que su criado recupere la salud.

La humildad del centurión se hace todavía más manifiesta. Y de esa humildad brota también su fe. Confía tanto en el poder de su palabra, que no necesita siquiera del contacto físico para obtener el beneficio solicitado. Aquel centurión había oído hablar de Jesús y de su poder milagroso para curar; de lo contrario, no habría acudido a él. Tal vez le había visto actuar con sus propios ojos, acercarse a un ciego o a un sordo, tocarle, pronunciar una palabra y devolverle la vista o el oído. Ahora entiende que no necesita siquiera la cercanía del enfermo, el contacto físico con él, para devolverle la salud. Su palabra, incluso en la distancia, es suficientemente poderosa para lograr el efecto curativo. Y así se lo hace saber.

Él vive en la disciplina militar: acata órdenes y da órdenes. Y cuando da órdenes a sus subordinados, estos las ejecutan, porque su palabra tiene eficacia, como la tiene también la palabra de sus superiores en él. Pues cuánta mayor eficacia habrá de tener la palabra “misteriosa” de un profeta como Jesús, que ya ha demostrado en numerosas ocasiones su capacidad de mando o su eficacia sobre los espíritus inmundos o las fuerzas de la naturaleza. Se trata, pues, de alguien que confía en el poder de la palabra dicha con autoridad y que a Jesús le concede mucha autoridad, al menos en materia de salud. Por eso, le basta con su palabra para que su criado recobre la movilidad. Si él le dice: «Levántate», su criado se levantará; porque la palabra de Jesús tiene más fuerza que la suya propia, que también tiene fuerza para mover a sus soldados.

Cuando Jesús, nos dice el evangelista, oyó esta declaración de intenciones, quedó admirado, y no era para menos: admirado por aquel de quien procedían, admirado por su fuerza de convicción. Y dijo a los que le seguían, con afán de instruir: Os aseguro que ni en Israel he encontrado tanta fe. La versión de Mateo añade algo más: Os digo que vendrán muchos de Oriente y de Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos.

Son palabras muy elogiosas y consoladoras para un pagano, que es colocado por encima del judío en aquello en lo que el judío debía estar muy por encima de él. Jesús manifiesta no haber encontrado entre los israelitas, pueblo elegido de Dios, una fe como la que ha encontrado en este militar extranjero y pagano. Por eso profetiza que vendrán muchos de lejos, de Oriente y de Occidente, y ocuparán puestos de honor en el Reino de los cielos; porque para ocupar este rango sólo se requiere tener fe, la fe que ha mostrado tener el centurión de Cafarnaúm.

Jesús, que tan bien conoce el corazón humano, se dejó admirar sin embargo por esta fe. Si nos ceñimos al texto evangélico, tenemos que pensar que realmente le sorprendió la actitud confiada y humilde de aquel centurión. Hay actitudes que realmente sorprenden al descubrirlas en ciertas personas, porque no esperábamos encontrarlas en ellas.

Pero Dios hace continuamente milagros. Por eso podemos ver cambiar la actitud de algunas personas a las que creíamos muy alejadas de Hay actitudes que nos sorprenden por su bondad o por su fe procediendo de quién proceden. Pero insisto, Dios puede cambiar los corazones con relativa facilidad. Nuestra fe no tendría que resultar sorprendente a ninguno de los que nos contemplan, porque estamos bautizados, porque somos cristianos, porque acudimos a misa y procuramos hacer el bien, y sin embargo quizá mereciera la pena que alguna vez provocáramos sorpresa o admiración por nuestra fe, por el grado de fe, por la calidad de esa fe.

La fe, como la del centurión, tiene un enorme componente de confianza: confianza en la bondad, confianza en el poder, confianza en la eficacia de alguien, confianza en Dios. Sin confianza no podemos andar por la vida. No podemos movernos en la arena movediza de la sospecha o de la desconfianza. Y hay finalmente hombres y situaciones que no pueden garantizar nuestra confianza, porque se muestran tan frágiles como nosotros para afrontar el problema. Entonces, ¿en quién confiar? Sólo Dios es fundamento suficiente de nuestra confianza. Sólo Él puede sostener últimamente nuestra fe. Y sólo esta fe le permite actuar en nuestro favor y en el de todos aquellos por quienes intercedemos.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

123. Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez.

Homilía – Domingo XXV de Tiempo Ordinario

LA MEJOR INVERSIÓN

 

ACLARACIÓN IMPRESCINDIBLE

Es preciso aclarar que Jesús, en la parábola, no hace un elogio de la corrupción al alabar la sagacidad del administrador negligente y malversador. El administrador no es un corrupto, sino un mal gestor. Como comúnmente ocurre en su tiempo, el administrador no cobra sueldo, sino que su ganancia consiste en quedarse con un porcentaje de lo vendido; cobra en especie. Los cincuenta barriles de aceite y las veinte fanegas de trigo que perdona a los deudores de su amo son su propia ganancia, no son bienes del amo. Jesús alaba la previsión, la buena inversión del administrador, que con pequeñas donaciones sabe granjearse amigos en los que confiar y a los que poder acudir en tiempos de dificultad.

Que éste es el verdadero sentido de la parábola, se deduce de la conclusión de Jesús, que viene a decir en resumidas cuentas: “Ganaos amigos con el dinero para que cuando ya no podáis disponer de él, vuestros socorridos os echen una mano y sean vuestros abogados para entrar en la vida eterna”.

 

Los “MUNDANOS” Y LOS HIJOS DE LA LUZ

Jesús hace una acusación bastante dura a los “hijos de la luz”, a sus seguidores: “Los hijos de este mundo (los mundanos) son más astutos que los hijos de la luz”. Ciertamente, a cualquier responsable de parroquia o de una comunidad cristiana le provoca envidia ver el entusiasmo de muchas personas por causas temporales: negocio, carrera, partido político, deporte… Se rompen por ellos.

Los hombres son mucho más diligentes y cuidadosos en las organizaciones temporales que cuando se trata de las instituciones de Iglesia. En la cooperativa, en la comunidad de vecinos, a nivel de intereses laborales, la gente se preocupa,

participa, se mueve, incluso a nivel de organizaciones deportivas. Para las causas humanitarias y para las organizaciones de Iglesia querría yo el entusiasmo de muchos por su club deportivo. ¡Qué ardor, qué sacrificios, cuánto tiempo gastado pendientes del triunfo del propio equipo! Con respecto a las instituciones humanas, proyectamos y hacemos balance; cuando se trata de instituciones de Iglesia, con frecuencia, todo se hace a la buena de Dios, pecamos de chapuceros. No proyectamos con la debida seriedad, no revisamos con exigencia a lo largo del curso, no hacemos balance. A mucha gente cualquier tiempo empleado para trabajar por el Reino, le parece excesivo. ¿Cuál es “mi”, “nuestro” nivel de corresponsabilidad en la colaboración con instituciones u organizaciones eclesiales, humanitarias o promocionales?

Un pensador de nuestros días afirma rotundamente: “Cuando alguien no es capaz de morir por una causa es porque: o la causa es mezquina o es mezquino el que la defiende”. Sabemos que la causa que defendemos, de mezquina, nada, ya que está garantizada por el mismo Dios.

“MENS SANA IN CORPORE SANO”

Quizás en nosotros se da también ese desequilibrio en el sentido de que nos ocupamos y preocupamos mucho más de aspectos económicos, laborales, corporales, que de lo que afecta a nuestro espíritu. Es encomiable preocuparse por superarse profesionalmente pero no podemos olvidar que al menos esta misma solicitud hemos de tener para crecer como personas interiormente, como cristianos. ¿Aprovechamos las ocasiones que se nos brindan? Es loable luchar por tener, por producir, por ser eficaces, pero mucho más interés hemos de poner por ser cada día más y mejores.

Sin duda, es encomiable el cuidado del cuerpo, de su belleza, de la salud. Es una urgencia cristiana. Y generalmente se es consecuente con ella. ¡Cómo se vigila el peso! ¡Cuánta preocupación en muchos por la gimnasia, por el footing, por el deporte, por mantener equilibrados los elementos del cuerpo! Cuidamos el colesterol, la diabetes, la tensión, el corazón.

Insistentemente vamos al médico, tomamos las medicinas, guardamos el régimen, nos atenemos a la dieta… Este mismo esmero, preocupación y control hemos de tener con respecto a la salud del espíritu, que en definitiva es la que más importa. ¡No me importaría demasiado tener un cuerpo enclenque y una salud quebradiza como en el caso de Juan de la Cruz o de Teresa de Lisieux, si es que tuviera un espíritu lleno de vida. Ya santa Teresa lamentaba: “Con qué esmero cuidamos nuestros cuerpos que un día se han de corromper y qué poco cuidado tenemos del alma que es incorruptible”.

Debe ser mayor el cuidado por la salud de nuestro espíritu que por la salud del cuerpo. ¿Nos preocupamos de hacer análisis, radiografías de nuestro espíritu para reconocer las enfermedades, las patologías que nos aquejan? ¿Qué “deformaciones” sufrimos? ¿Qué intoxicaciones padecemos? ¿Qué reúmas del alma nos tienen entorpecidos? ¿Qué grado de vitalidad hay en nosotros?

“GANAOS AMIGOS CON EL DINERO”

Jesús no sólo invita a tener al menos la misma preocupación de las cosas del Reino, de la salud de nuestro espíritu, de los valores transcendentales, que de los bienes temporales y corporales, sino que nos invita a invertir éstos en favor de los imperecederos. “Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, cuando en la vida trascendente no circule, os reciban en las moradas eternas”. Es la inversión más lucrativa: comprar los bienes eternos con bienes temporales, como aquel que con escaso gasto compró un gran tesoro, una perla de gran valor (Mt 13,44).

Cuando habla Jesús de adquirir bienes eternos con bienes temporales no se refiere exclusivamente al dinero, sino a todos los bienes a nuestro alcance: bienes económicos, tiempo, esfuerzos, salud, comodidad. ¿No es algo verdaderamente fascinante que entregando el tiempo al servicio de los demás, a colaborar en causas humanitarias, crezca yo por dentro, ayude a los demás a crecer y crezca el Reino? ¿No es verdaderamente impresionante que dando una ayuda económica me enriquezca yo interiormente?

¡Qué gran sabiduría y acierto los del beato Damián que se juega la salud en servicio de los leprosos! ¡Qué gran sabiduría y acierto los de R. Follereau que entregó sus bienes, tiempo y energías para erradicar la lepra! ¡Qué gran sabiduría y acierto los de la madre Teresa de Calcuta que gastó su corazón y acortó su vida terrena en servicio a los pobres más pobres! ¡Qué gran sabiduría y acierto los de tantos cercanos a nosotros que hacen lo mismo en el más absoluto silencio y anonimato! Jesús, el Maestro, nos invita a la sensatez: “Procuraos tesoros que no roban los ladrones…”.

La conclusión de esta parábola es absolutamente seria. Por eso se añaden dos advertencias que aplican y mantienen su sentido. La primera indica que es preciso ser fieles en lo poco a fin de recibir después lo grande. Dios nos ha encomendado lo pequeño de la tierra, los bienes materiales; como buenos administradores tenemos que utilizar ese depósito de acuerdo a la voluntad de su dueño, como un medio de amor y de servicio. Sólo entonces vendrán a confiarnos el auténtico tesoro, el verdadero don de Dios, el Reino. Esto significa que la plenitud escatológica (o Reino) no se encuentra separada de la vida; se realizará a través de nuestro encuentro con los otros, de acuerdo con el uso que hagamos del dinero.

Por lo demás, la parábola pone de relieve la presteza con que el mayordomo se puso a actuar, aprovechando el plazo de tiempo que le dio su señor. En esta indicación hay que descubrir una llamada a aprovechar urgentemente el tiempo que se nos da para asegurar nuestro futuro en la culminación de la vida.

Juan de Dios recorría la ciudad de Granada con dos ollas colgando de un yugo recogiendo alimentos para los pobres del hospital que había fundado. Gritaba: ¿Quién quiere hacerse bien a sí mismo? Esto es lo que nos pregunta ahora el Señor: “¿Quién quiere hacerse bien a sí mismo?”. Él, desde luego, nos promete: “Ni un simple vaso de agua quedará sin recompensa” (Mt 10,42). Que a la hora de la verdad no tengamos que decir dándonos un manotazo en la frente: ¡Qué tonto he sido! ¿Por qué no habré invertido más en valores evangélicos?

Atilano Aláiz

Lc 16, 1-13 (Evangelio – Domingo XXV Tiempo Ordinario)

El Evangelio que se nos presenta nos propone dar un paso más en el “camino hacia Jerusalén”.

Esta vez, Jesús no se dirige a los fariseos, sino a los discípulos y, a través de ellos, a los creyentes de todos los tiempos.

Con una historia que presenta contornos de caso real, sacado de la vida, Jesús instruye a los discípulos acerca de la forma cómo se han de situar frente a los bienes de este mundo.

El mensaje esencial aquí presentado gira, por tanto, alrededor de la sabia utilización de los bienes de este mundo: deben servir para garantizar los otros bienes, los más duraderos.

En la primera parte de nuestro texto (vv. 1-9) se presenta la parábola de un administrador sagaz. La parábola nos cuenta la historia de un hombre que es acusado de administrar de forma incompetente (posiblemente deshonesta) los bienes de su patrón. Llamado a dar cuentas y al ser despedido, este hombre siente la preocupación de asegurarse el futuro. Llama a los deudores de su patrón y les reduce considerablemente la cuantía de sus deudas. De esa forma, supone él, los deudores beneficiados no olvidarán su generosidad y, más tarde, le manifestarán su gratitud y le acogerán en su casa.

¿Cómo justificar el proceder de este administrador, que asegura su futuro a costa de los bienes de su señor? ¿Por qué el señor, perjudicado en sus intereses, no tiene una palabra de reprobación al enterarse del perjuicio recibido? ¿Cómo puede Jesús poner como ejemplo para los discípulos los engaños de un administrador así?

Estas dificultades desaparecen si entendemos la historia teniendo en cuenta las leyes y costumbres de Palestina en tiempos de Jesús.

El administrador de una propiedad actuaba en nombre y en lugar de su señor; como no recibía remuneración, podía resarcirse de sus gastos a expensas de los deudores.

Habitualmente, él prestaba un número determinado de bienes, pero el deudor dejaba a deber mucho más; la diferencia era la “comisión” del administrador. Debe ser eso lo que sirve de base a nuestra historia.

De los cien barriles de aceite (unos 3.700 litros) consignados en el recibo (v. 6), sólo unos cincuenta habrían sido, en realidad, prestados; los otros cincuenta constituían el reembolso de los gastos del administrador y la exorbitante “comisión” que le debía ser pagada por la operación.

Probablemente, lo que este administrador sagaz hizo fue renunciar al lucro que le era debido, a fin de asegurar la gratitud de los deudores: renunciando al lucro inmediato, se aseguraba su futuro.

Este administrador (se le llama “injusto”, v. 8, no lo es por este gesto, sino por los hechos anteriores, que empujaron al patrón a despedirlo) es un ejemplo por su habilidad y sagacidad: él sabe que el dinero tiene un valor relativo y lo cambia por otros valores más significativos, la amistad, la gratitud.

Jesús concluye la historia invitando a los discípulos a ser tan hábiles como este administrador (v. 9): los discípulos deben utilizar los bienes de este mundo, no como un fin en sí mismos, sino para conseguir algo más importante y más duradero (lo que, en la lógica de Jesús, tiene que ver con los valores del “Reino”).

En la segunda parte del texto (vv. 10-13), Lucas nos presenta una serie de “sentencias” de Jesús sobre la utilización del dinero (originariamente, estas “sentencias” no tendrían nada que ver con el contexto de esta parábola). En general, esas “sentencias” avisan a los discípulos para el buen uso de los bienes materiales: si sabemos utilizarlos teniendo en cuenta las exigencias del “Reino”, seremos dignos de recibir el verdadero bien, cuando nos encontremos definitivamente con el Señor resucitado.

Nuestro texto termina con un aviso de Jesús acerca de la divinización del dinero (v. 13): Dios y el dinero representan mundos contrarios e intentar conjugarlos es imposible. Los discípulos están, por tanto, invitados a realizar su opción entre un mundo de egoísmo, de intereses mezquinos, de explotación, de injusticia (dinero) y un mundo de amor, de donación, de compartir, de fraternidad (Dios y el “Reino”).

La reflexión y el compartir pueden tener en cuenta lo siguiente:

El mundo en el que vivimos ha decidido que el dinero es el dios fundamental y que todo deja de tener importancia, desde el momento en el que se puedan aumentar las cifras de la cuenta bancaria.
Para ganar más dinero, hay quien trabaja doce o quince horas al día, con un ritmo de esclavo, y prescinde de la familia y de los amigos.

Por dinero, hay quien sacrifica su dignidad y está dispuesto a mostrar, ante una cámara de televisión, su intimidad y su privacidad.
Por dinero, hay quien entierra su conciencia y renuncia a los principios en los que cree.

Por dinero, hay quien no tiene escrúpulos en sacrificar la vida de sus hermanos y vende drogas y armas que matan.
Por dinero, hay quien es injusto, explota a sus empleados, se niega a pagar el salario debido porque el trabajador es ilegal y no puede denunciar esta situación.

¿Qué pensamos de esto?
¿Ser esclavo de los bienes, es algo que sólo les sucede a los demás?
Tal vez no lleguemos nunca a estos casos extremos, pero, ¿hasta dónde seríamos capaces de llegar por dinero?

Jesús avisa a los discípulos de que la apuesta obsesiva por el “dios dinero” no es el camino más seguro para encontrar valores duraderos, generadores de vida plena y de felicidad. Es preciso, les sugiere, que comprendamos en qué debemos apostar. ¿Qué es, para nosotros, más importante: los valores del “Reino” o el dinero?

En nuestra actividad profesional, ¿qué es lo que nos mueve: el dinero, o el servicio que prestamos y la ayuda que damos a nuestros hermanos?
¿Qué es lo que nos hace más libres, más humanos y más felices: la esclavitud de los bienes o el amor y el compartir?

Todo este discurso no significa que el dinero sea una cosa despreciable e inmoral, de la que debamos huir a toda costa. El dinero (es preciso tener los pies bien asentados en tierra) es algo imprescindible para vivir en este mundo y para tener una vida de calidad y digna. Sin embargo, Jesús recomienda que el dinero no se tome como una obsesión, una esclavitud, pues no nos asegura (y muchas veces hasta nos estorba) la consecución de los valores duraderos y de vida plena.