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Domingo V de Tiempo Ordinario

Toda la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, nos ofrece la historia de testigos vivos que dan testimonio de lo que han visto y oído, pero también de su propia experiencia espiritual. Vocación ésta de testigo que fue la de todo el Pueblo de Israel, llamado a ofrecer en presencia de las Naciones su testimonio de que Yahwe es el único Dios. En el seno del pueblo de Israel fue la vocación de Moisés, la de David y muy en especial la de los grandes profetas llamados a dar testimonio de su experiencia del Dios vivo, tanto en su propia vida como en la del pueblo.

Confrontado con semejante misión, reacciona cada uno de manera diferente, conforme a su carácter. Isaías, como acabamos de escucharlo en la primera lectura, se pone a disposición, al menos una vez que han sido purificados sus labios por el carbón ardiente: “Envíame”, es lo que él dice. Jeremías opone objeciones: “No soy más que un niño…” Moisés tiene necesidad de signos que prueben al pueblo, que es Yahwe quien en verdad lo ha enviado, y tratar de esquivar esa misión. En una palabra, todos obedecen y aceptan la misión que les ha sido encomendada: incluso Jonás, aun cuando para ello haya de dar un rodeo en el vientre de la ballena.

Jesús fue el testigo fiel, que dio testimonio a la humanidad de lo que había visto y oído en el Padre, y que dio asimismo testimonio del amor que el Padre le profesaba y nos profesa a todos nosotros. Y cuando les confió a los Doce su misión, los estableció simplemente como testigos de lo que habían visto y oído.

En el Evangelio que hemos escuchado hoy, Jesús se dirige a la multitud, y como ésta le apretuja, sube a una barca y se dirige a los que le están escuchando desde una cierta distancia. Tras de lo cual llama a Pedro a que sea su testigo. El día de Pentecostés, dirigiéndose a la multitud dirá Pedro: “Ese Jesús… del que somos nosotros testigos” Y cuando Pablo, a su vez, describe su misión, dice: “He recibido del Señor el ministerio de dar testimonio de la Buena Nueva”

Todos los ministerios que han ido desarrollándose en la Iglesia en el correr de los siglos, como respuesta a necesidades varias y cambiantes, son, de una u otra manera, ministerios de la Palabra. En un comienzo no eran más que los Doce que actuaban como testigos de la Resurrección, y como animadores del amor fraterno entre los fieles del Cristo. Más tarde, cuando brotaron tensiones entre los Helenistas y los Hebreos, instituyeron los Apóstoles a los diáconos para el servicio de las mesas, pero inmediatamente se pusieron éstos a anunciar la Palabra. Tras la primera persecución y la dispersión de los Cristianos. Marchó Felipe a predicar la Palabra en Samaria y posteriormente en Antioquía. Los Apóstoles enviaron a Pedro y Juan a Samaria y a Bernabé a Antioquia, de donde lo trajo Pablo, el Apóstol por excelencia, el testigo de la Palabra que había sido enviado no para bautizar, sino para predicar. Con posterioridad se desarrollaron los ministerios de sacerdotes y obispos, que son ante todo ministerios de la Palabra. 

En el curso de las primeras generaciones cristianas fue desarrollándose otro ministerio de la Palabra de un género diferente: la vida monástica. Hombres y mujeres se retiraron a la soledad para ponerse a la escucha de la palabra de Dios. Y más tarde por centenas y millares se llegaron a ellos discípulos que les decían: “Abba, dame una palabra”. Posteriormente fueron apareciendo nuevas formas de vida religiosa, como por ejemplo las de Francisco de Asís y Domingo de Guzmán, que liberaban la Palabra.

En nuestros días, la Palabra sigue teniendo necesidad de testigos que puedan rendir cuenta de su esperanza y que sepan proclamar por sus palabras y sus vidas, o sencillamente por sus vidas, el mensaje central del Evangelio – el mensaje eterno de amor, de esperanza y de gozo. La Palabra necesita hombres y mujeres que sean dar testimonio de su encuentro personal con Dios, que sepan gritar con alegría e incluso con exuberancia: “He visto al Dios vivo, y vivo”

A. Veilleux

II VÍSPERAS
Oración de la tarde

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: DIOS DE LA LUZ, PRESENCIA ARDIENTE.

Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas al sol con tu derecha.

Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.

Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas;
para tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.

Eres la luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la tiniebla:
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su ceguera.

Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Ant 2. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Salmo 113 A – ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO; LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Ant 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

LECTURA BREVE 2Co 1, 3-4

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

V. Digno de gloria y alabanza por los siglos.
R. En la bóveda del cielo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» «Ten ánimo, Simón. De hoy en adelante vas a ser pescador de hombres.»

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» «Ten ánimo, Simón. De hoy en adelante vas a ser pescador de hombres.»

PRECES

Adoremos a Cristo, Señor nuestro y cabeza de la Iglesia, y digámosle confiadamente:

Venga a nosotros tu reino, Señor.

Señor, amigo de los hombres, haz de tu Iglesia instrumento de concordia y unidad entre ellos
y signo de salvación para todos los pueblos.

Protege con tu brazo poderoso al Papa y a todos los obispos
y concédeles trabajar en unidad, amor y paz.

A los cristianos concédenos vivir íntimamente unidos a ti, nuestro Maestro,
y dar testimonio en nuestras vidas de la llegada de tu reino.

Concede, Señor, al mundo el don de la paz
y haz que en todos los pueblos reine la justicia y el bienestar.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Otorga, a los que han muerto, una resurrección gloriosa
y haz que los que aún vivimos en este mundo gocemos un día con ellos de la felicidad eterna.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, protege a tu pueblo con tu amor siempre fiel y, ya que sólo en ti hemos puesto nuestra esperanza, defiéndenos siempre con tu poder. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio divina 7 de febrero

Lectio: Domingo, 7 Febrero, 2016

La fe en la palabra de Jesús y la pesca milagrosa.
La llamada de los primeros discípulos.
Lucas 5, 1-11

1. Oración inicial

¡Padre mío! ¡Ahora tu Palabra está aquí! Se ha levantado como un sol después de obscura noche, vacía y solitaria: cuando ella falta, sucede siempre así, lo sé. Te ruego, soples desde el mar el dulce viento del Espíritu Santo que me recoja y me lleve a Cristo, tu Palabra viviente: Quiero escucharle. No me alejaré de esta playa, donde Él amaestra y habla, sino que permaneceré aquí, hasta que me tengas consigo; entonces lo seguiré y caminaré con Él, a donde me lleve.

2. Lectura

a) Para colocar el pasaje en su contexto:

Este relato, rico de una gran intensidad teológica, se pone como el centro de un recorrido de fe y de encuentro con el Señor Jesús, que nos conduce desde la sordera a la capacidad plena de escucha, de la enfermedad más paralizante a la curación salvífica, que nos vuelve capaces de ayudar a los hermanos a renacer con nosotros. Jesús ha inaugurado su predicación en la sinagoga de Nazaret, haciendo legibles y luminosas las letras del volumen de la Torah (4, 16 ss.), ha vencido el pecado (4, 31-37) y la enfermedad (4,38-41), alejándolo del corazón del hombre y ha anunciado aquella fuerza misteriosa que lo ha enviado a nosotros y por la cual Él debe moverse, correr como gigante, que llega a todos los ángulos de la tierra. Es aquí, en este momento, donde emerge la respuesta y comienza el seguimiento, la obediencia de la fe; es aquí donde nace ya la Iglesia y el nuevo pueblo, capaz de oír y de decir sí.

b) Para ayudar en la lectura del pasaje:

vv. 1-3: Jesús se encuentra en la orilla del mar de Genesaret y delante de Él está una gran muchedumbre, deseosa de escuchar la Palabra de Dios. Él sube sobre una barca y se aleja de tierra; como un maestro y como un valiente, Él se sienta sobre las aguas y las domina y desde allí ofrece su salvación, que nace de la Palabra, escuchada y acogida.
vv. 4-6: Jesús invita a pescar y Pedro se fía, cree en la Palabra del Maestro. Por fe, se adentra en el mar y echa sus redes; por esta misma fe la pesca es abundante, es milagrosa.
v.7: El encuentro con Jesús no está nunca cerrado, sino que por el contrario empuja a la comunicación, a la participación: el don, de hecho, es demasiado grande e incontenible para uno solo. Pedro llama a los compañeros de la otra barca y el don se duplica, continuamente crece.
vv. 8-11: Delante de Jesús, Pedro se arrodilla, adora y reconoce su pecado, su incapacidad, pero Él lo llama, con el mismo tono con el que ha removido las aguas de tantos mares, a lo largo de toda la Escritura: “¡No temáis!”. Dios se revela y se hace compañero del hombre. Pedro acepta la misión de sacar fuera del mar del mundo y del pecado a los hombres, sus hermanos, así como ha sido sacado fuera él; deja la barca, las redes, los peces y sigue a Jesús, junto a sus compañeros.

c) El texto:

Lucas 5, 1-111 Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios, 2 cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.» 5 Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» 6 Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. 7 Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
8 Al verlo, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» 9 Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. 10 Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.» 11 Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

3. Un momento de silencio orante

En este espacio de silencio y soledad que se me ha concedido para vivir con Él, me alejo un poco de la tierra, me adentro y, fiándome del Señor, lanzo la red hasta las profundidades y así espero…

4. Algunas preguntas

a) “Sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre” Jesús baja, se sienta, mora en medio de nosotros, se abaja hasta tocar nuestra tierra y desde esta pequeñez nos ofrece su enseñanza, su Palabra de salvación. Jesús me ofrece tiempo, espacio, disponibilidad plena para encontrarlo y conocerlo, pero ¿Sé quedarme, permanecer, radicarme en Él, delante de Él?

b) “Le rogó se alejara un poco de tierra” . La petición del Señor es progresiva. Después de separarse de tierra, Él pide que se adentre en el mar. “¡Aléjate de tierra! ¡Boga mar adentro!” Invitaciones dirigidas a todas las barcas de todos los hombres y mujeres. ¿Tengo fe, tengo confianza, confío en Él y por eso me dejo llevar, abandono la pesca? Me miro dentro con sinceridad y seriedad: ¿Dónde están plantados los anclajes de mi vida?

c) “Echaré las redes”. Pedro nos ofrece un ejemplo luminoso de fe en la Palabra del Señor. En este pasaje el verbo “echar” aparece en dos ocasiones: la primera está referido a las redes y la segunda a la misma persona de Pedro. El significado es fuerte y claro: delante del Señor podemos echar todo nuestro ser. Nosotros echamos, pero Él recoge. Siempre, con una fidelidad absoluta e infalible. ¿Me siento dispuesto a tomar mi vida tal como es hoy y arrojarla a los pies de Jesús, para que Él, una vez más, me recoja, me sane, me salve, haciendo de mí un hombre nuevo?

d) “Hicieron señas a los compañeros de la otra barca”. Pedro, de nuevo, me sirve de guía para mi camino y me indica la vía de apertura a los otros, de la participación, porque en la Iglesia no es posible estar aislados y cerrados. Todos somos enviados: “Ve a mis hermanos y diles” (Jn 20, 17) ¿Pero sé yo acercar mi barca a la de los demás? ¿Sé verter en la existencia de los otros hermanos y hermanas los dones y las riquezas, que el Señor ha querido confiarme en depósito?

5. Una clave de lectura

* El mar y el tema del éxodo:
Jesús está en pié, junto a la orilla del mar, está de pié no importa las obscuridades amenazadoras e ignoradas de las olas del mar y de la vida. Se pone de frente a este pueblo reunido, listo para la escucha y para el éxodo, Él , el buen pastor, con el cayado de su Palabra. Quiere conducirlo a través de los mares y de los océanos de este mundo, en un viaje de salvación que nos lleva siempre más cerca del Padre. El Señor habla y las aguas se separan delante de Él, como ya aconteció en el Mar Rojo (Ex 14, 21-23) y junto al río Jordán (Jos. 3, 14-17). También el mar de arena del desierto queda vencido por la fuerza de su Palabra y se abre, convirtiéndose en un jardín, una senda llana y enderezada (Is 43, 16-21) para cuantos deciden el viaje de retorno a Dios y por Él se dejan guiar. En estos pocos versículos del Evangelio, el Señor Jesús prepara, una vez más, para nosotros el gran milagro del éxodo, de la salida de las tinieblas de muerte por la travesía salvadora hacia pastos frescos de la amistad con Él, de la escucha de su voz. Todo está preparado: nuestro nombre ha sido pronunciado con infinito amor por el buen pastor, que nos conoce de siempre y nos guía por toda la eternidad, sin dejarnos abandonados nunca de su mano.

La escucha de la fe que nos conduce a la obediencia:
Es el segundo tramo del glorioso camino que el Señor Jesús nos ofrece a través de este pasaje de Lucas. La muchedumbre se apiña en torno a Jesús, llevada del deseo íntimo de “escuchar la Palabra de Dios”; es la respuesta a la invitación perenne del Padre, que invade toda la Escritura: “¡Escucha Israel!” (Dt. 6,4) y “¡Si mi pueblo me escuchase!” (Sal 80, 14). Es como si la muchedumbre dijese: “¡Sí, escucharé qué cosa dice Dios, el Señor!” (Sal 85, 9). Pero la escucha que se nos pide y sugiere es completa no superficial; es viva y vivificante, no muerta; es escucha de la fe, no de la incredulidad y de la dureza de corazón. Es la escucha que dice: Sí, Señor, sobre tu palabra echaré mi red”. La llamada que el Señor nos está dirigiendo en este momento es ante todo la llamada a la fe, a fiarse de Él y de toda palabra que sale de su boca, seguros y ciertos que todo esto que Él dice se realiza. Como Dios dijo a Abrahán: “¿Hay alguna cosa imposible para el Señor?” (Gen 18, 14) o en Jeremías: “¿Existe algo imposible para mí?” (Jer 32, 27); cfr. también Zac 8, 6. O como se le dijo a María: “ Nada hay imposible para Dios” (Lc 1, 37) y entonces Ella dijo: “Hágase en mí como has dicho”. Aquí es a donde debíamos llegar; como María, como Pedro. No podemos ser solamente oyentes, porque nos engañaremos a nosotros mismos, como dice Santiago (1, 19-25), quedaremos engañados por la poca memoria y nos perderemos. La palabra debe realizarse, cumplirse, puesta en práctica. Es una gran ruina para el que escucha, si no pone en práctica la Palabra; se necesita excavar profundamente y poner el fundamento sobre la roca, que es la fe operativa (cfr. Lc 6, 46-49).

* La pesca como misión de la Iglesia:
La adhesión a la fe lleva a la misión, esto es, a entrar en la comunidad instituida por Jesús para la difusión del Reino. Parece que Lucas quiere ya, en este pasaje, presentar la Iglesia que vive la experiencia post-pascual del encuentro con Jesús resucitado; conocido es, de hecho, las muchas llamadas al pasaje de Juan 21, 1-8. Jesús escoge una barca y escoge a Pedro y, desde la barca, llama a hombres y mujeres, hijos e hijas, a continuar su misión. Conocido es también que el verbo “boga mar adentro” está en singular, referido a Pedro que recibe el encargo de guía, pero la acción de la pesca es en plural: “¡Hechad las redes!”, referida a todos aquéllos, que quieran adherirse para participar en la misión. ¡Es bella y luminosa, es gozosa esta única misión y fatiga para todos! Es la misión apostólica, que empieza ahora, en obediencia a la Palabra del Señor y que llegará bogando por el mar a todos los rincones de la tierra (cfr. Mt 28, 19; Act 1, 8; Mc 16, 15; 13, 10; Lc 24, 45-48). 

Es interesante notar que el vocablo usado por Lucas para indicar la misión que Jesús confía Pedro y con él a todos nosotros , cuando le dice: “ No temas… tu serás pescador de hombres”. Aquí no se usa el mismo término que encontramos ya en Mt. 4, 18 ss., en Mc 1, 16 o también en este pasaje al vers. 2, simplemente pescador; aquí hay una palabra nueva, que aparece sólo dos veces en todo el Nuevo Testamento y que deriva del verbo “capturar”, en el sentido de “prender vivo y mantener con vida”. Los pescadores del Señor, en efecto, echan las redes en el mar del mundo para ofrecer a los hombres la Vida, para sacarlos de los abismos y hacerlos volver a la verdadera vida. Pedro y los otros, nosotros y nuestros compañeros de navegación en este mundo, podemos continuar, si queremos, en cualquier estado en que nos encontremos, aquella misma hermosa misión suya de enviados del Padre “a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19, 10).

6. Un momento de oración: Salmo 66

Canto de alabanza al Señor,
que ha abierto nuestro corazón a la fe.

Estr. Mi fuerza y mi canto es el Señor. ¡Él me ha salvado!

Aclama a Dios, tierra entera,
cantad a su nombre glorioso,
dadle honor con alabanzas,
decid a Dios: ¡Qué admirables tus obras!

La tierra entera se postra ante ti
y canta para ti, canta en tu honor.
Venid y ved las obras de Dios,
sus hazañas en favor del hombre:
convirtió el mar en tierra firme
y cruzaron el río a pie.
¡Alegrémonos en él por aquello!

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced que se oiga su alabanza;
él nos devuelve a la vida,
no deja que vacilen nuestros pies.
Tú nos probaste, oh Dios,
nos purgaste igual que a la plata;
tú nos condujiste a la trampa,
pusiste una correa a nuestros lomos,
cabalgadura de hombres nos hiciste;
pasamos por el fuego y el agua,
pero luego nos sacaste a la abundancia.

Entraré con víctimas en tu Casa,
cumpliré mis promesas,
las que hicieron mis labios
y en la angustia pronunció mi boca.

Venid, escuchad y os contaré,
vosotros, los que estáis por Dios,
todo lo que ha hecho por mí.
Mi boca lo invocó,
mi lengua lo ensalzó.
Pero Dios me ha escuchado,
atento a la voz de mi oración.
¡Bendito sea Dios,
que no ha rechazado mi oración
ni me ha retirado su amor!

7. Oración final

Señor, Tú has abierto el mar y has venido hasta mí; Tú has desvelado la noche y has inaugurado para mí un día nuevo. Tú me has dirigido tu Palabra y me has tocado el corazón: me has hecho subir contigo en la barca y me has llevado mar adentro. Señor, ¡Tú has hecho cosas grandes! Te alabo, te bendigo, de doy gracias, en tu Palabra, en tu Hijo Jesús, en el Espíritu Santo. Llévame siempre a bogar contigo, dentro de ti y Tú en mí, para echar las redes, las redes del amor, de la amistad, del compartir, de la búsqueda juntos de tu rostro y de tu reino ya en esta tierra. Señor, ¡soy pecador, lo sé! Pero también por esto te doy gracias, porque Tú no has venido a llamar a los justos, sino a los pecadores y yo escucho tu voz y te sigo. Mírame, Padre, lo dejo todo y me voy contigo…..

Dejar la barca

Para un pescador, la barca y las redes constituyen toda su vida, ya que representan su sustento diario y el de su familia; y el mayor desconsuelo sobreviene cuando, desgraciadamente, constata que no ha pescado nada en toda la noche… En este caso, Simón y Andrés en una barca, y Santiago y Juan en otra, son los protagonistas de la escena. La obra representada lleva por título “Dejar la barca” y su desarrollo transcurre en cuatro actos, breves pero enjundiosos.

En el primero, Jesús, la figura estelar del espectáculo, intenta impactar, deslumbrar a los cuatro trabajadores desalentados. Y, para ello, utiliza su poder milagroso haciendo que aquellas barcas, huérfanas de peces durante toda la noche, se vean deslumbradas por la espectacular abundancia de peces… El diálogo que precede al milagro es altamente significativo: “Echad ahí las redes”.”Maestro, hemos pasado toda la noche trabajando, sin pescar nada; pero, puesto que tú lo dices, echaré las redes”… Más adelante, Jesús lo aclarará definitivamente: “Sin mí, no podéis hacer nada”… Hay veces en que nos sentimos protagonistas únicos de nuestros éxitos y no reconocemos que Dios es quien da eficacia a nuestros esfuerzos, siendo -nosotros meros instrumentos en sus manos.

El acto segundo puede resumirse en una sola palabra: “Fascinación”Los cuatro pescadores sienten cómo Dios los ha ganado absolutamente y se ven atraídos por Jesús como por un poderoso imán irresistible… Esta acto tiene como función meditar, saborear, contemplar la metamorfosis mística que se produce en esas cuatro buenas personas que, de pronto, se plantean un nuevo modo de vivir que se promete maravilloso.

En el tercer acto, Jesús ya va a lo que va: ha captado al personal y anuncia el cometido que se proponía: “Si me seguís, yo os haré pescadores de hombres”. Jesús pide colaboradores para llevar a cabo su misión. Y esta colaboración consistirá en ser apóstoles, testigos vivos de la Buena noticia: con la palabra, con el ejemplo y con todo lo que esté a su alcance.

Y por último, el acto cuarto representa la apoteosis final, la respuesta unánime y decidida de los cuatro: “Y, después de sacar las barcas a tierra, lo dejaron todo y se fueron con Jesús”.

Este escenario nos interpela necesariamente, llama a la puerta de nuestra conciencia y nos provoca con toda su fuerza y sin miramientos: “Y tú, que pretendes ser mi colaborador, mi apóstol, mi testigo, ¿lo has dejado todo?Ciertamente, has dejado algo: algún aspecto de tu comportamiento…, pero ¿lo has dejado todo?”.

En casi todas las casas existe un cuarto oscuro, donde guardamos y ocultamos aquello que nos sonroja y no deseamos que lo vea nadie. Y Jesús es tan “curioso”, tan “amigo de saber”, que, cuando llama a la puerta de nuestra casa, la pregunta que nos hace con más interés es siempre: “¿Dónde tienes el cuarto oscuro de tu casa?, enséñamelo”. Él quiere que nos desprendamos definitivamente de lo que nos esclaviza y nos impide volar, porque constituye un lastre que nos paraliza y nos anula. Y su deseo más vehemente es que “lo dejemos todo”.

Pedro Mari Zalbide

Según este relato, Dios se manifiesta y se palpa en la abundanciaCuando los trabajados y cansados pescadores se encuentran, de pronto, con el hecho inesperado de las redes que revientan, repletas de peces, entonces (en el colmo de aquella abundancia) es cuando Pedro se echa a los pies de Jesús, dominado por el asombro, el profundo estupor que se apodera de una persona cuando asiste a una revelación divina (Ex 3, 5-6; Is 6, 1 ss). El éxito de tanta abundancia fue, para Pedro y sus compañeros, una auténtica teofanía. En Jesús vieron a Dios, presente allí, con ellos.

La abundancia, que satisface plenamente las carencias de los pobres, se presenta repetidamente en los evangelios como manifestación de “lo divino” en “lo humano”Así ocurre en esta pesca y en la que cuenta el IV evangelio (Jn 21, 6.11), en los relatos de multiplicación de panes (Mt 14, 20; Mc 6, 42; Lc 9, 17; Jn 6, 12; Mt 15, 37; Mc 8, 8), en la boda de Caná, con el agua (600 litros) convertida en el mejor vino (Jn 2, 6 ss), en la parábola del grano de mostaza (Mc 4, 30-32; Mt 13, 31-22; Lc 13, 18-19), en la del gran banquete del Reino (Mt 22, 1-10; Lc 14, 15-24) y en la comilona, que se le da al hijo extraviado en el hambre y la miseria, cuando vuelve a la casa del padre (Lc 15, 14-24).

Así las cosas, se puede asegurar que el capitalismo actual ha tomado el camino exactamente opuesto al camino del Evangelio. Según los últimos informes de Oxfam, en Estados Unidos (la economía que tira del resto de las economías), el 1% más rico ha acumulado el 95% del crecimiento total posterior a la crisis desde 2009. Ya sabemos a dónde vamos: un mundo de esclavos dominados y dirigidos por unos cuantos multimillonarios. La abundancia es solo para los ricos. Los demás, viviremos como a ellos les convenga.

José María Castillo

Laudato si – Francisco I

139. Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados. Las razones por las cuales un lugar se contamina exigen un análisis del funcionamiento de la sociedad, de su economía, de su comportamiento, de sus maneras de entender la realidad. Dada la magnitud de los cambios, ya no es posible encontrar una respuesta específica e independiente para cada parte del problema. Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.

V Domingo de Tiempo Ordinario

Palabra 

¿Cuándo se descubre quién es Jesús? Hay muchos que le conocen de oídas. Otros le entregan su tiempo y energías, pero no su corazón. Algunos se han encontrado con El, el Señor, y sienten, estremecidos, quién es (tan humanamente próximo y tan sobrecogedor, a un tiempo) y por qué tiene tales pretensiones con aquellos a los que llama (la fe incondicional y la misión de ser pescadores de hombres, nada menos).

La diferencia de contexto es total en la vocación de Isaías 6 (el templo, el fuego, la visión teofánica) y en la de Pedro (la tarea de la pesca, el abandono confiado en la palabra de Jesús y la sorpresa de una eficacia desproporcionada). La realidad es más densa y significativa en el caso de Pedro, aunque no lo parezca.

Vida

Con Jesús, el lugar de la misión no es el templo, sino el mundo. La teofanía más plena se da en la fe, y no necesita experiencias extraordinarias. El objeto de la misión abarca a la humanidad entera; no se limita a Israel.

Pero parece que, para constatar la eficacia de la misión, necesitamos signos especiales, como la pesca desproporcionada. Pedro, sin embargo, ha comprendido que el signo de la pesca muestra el signo portentoso de Dios, a Jesús, el Mesías, en quien se manifiesta la santidad de Dios en persona.

El creyente realiza su tarea del Reino lo más honradamente posible. Sabe que la eficacia depende de la fe, pues sólo ésta deja a Dios el éxito de nuestros esfuerzos. Cuando podemos recoger los frutos, nos alegramos; pero la verdad es que nos sorprende. Y a veces tanto, que se nos abren los ojos hasta quedarnos anonadados delante de Dios. ¿Quién es Dios para servirse de nuestra miseria?

¿Quién soy yo para que alguien crea en Dios a través de mí?

¿Por qué se ha fijado el Señor en mí para traer su Reino a la tierra?

La eficacia de Dios tiene poco que ver con nuestros esquemas y previsiones. Sólo con los años, cuando se es fiel a la tarea y se confía, a pesar de todo, se comprueban las maravillas de la acción de Dios.

J. Garrido

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