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— Mi alma alaba la grandeza del Señor. Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava. (Lc 1, 46-48)

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: JESUCRISTO, PALABRA DEL PADRE.

Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven, Señor, porque ya se hace tarde,
ven y escucha la súplica ardiente.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor, tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo.

Ya madura la historia en promesas,
sólo anhela tu pronto regreso;
si el silencio madura la espera,
el amor no soporta el silencio.

Con María, la Iglesia te aguarda
con anhelos de esposa y de Madre
y reúne a sus hijos, los fieles,
para juntos poder esperarte.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Alégrate, Jerusalén, porque viene a ti el Salvador. Aleluya.

Salmo 112 – ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alégrate, Jerusalén, porque viene a ti el Salvador. Aleluya.

Ant 2. Yo soy el Señor: mi hora está cerca; mi salvación no tardará.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el Señor: mi hora está cerca; mi salvación no tardará.

Ant 3. Envía, Señor, al Cordero que dominará la tierra desde la peña del desierto al monte de Sión.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Envía, Señor, al Cordero que dominará la tierra desde la peña del desierto al monte de Sión.

LECTURA BREVE 1Ts 5, 23-24

Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser -espíritu, alma y cuerpo- sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.

RESPONSORIO BREVE

V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

V. Y danos tu salvación.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Antes de mí no existía ningún dios y después de mí ninguno habrá; porque ante mí se doblará toda rodilla y por mí jurará toda lengua.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Antes de mí no existía ningún dios y después de mí ninguno habrá; porque ante mí se doblará toda rodilla y por mí jurará toda lengua.

PRECES

Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle:

Ven, Señor, y no tardes más.

Esperamos alegres tu venida,
ven, Señor Jesús.

Tú que existes antes de los tiempos,
ven y salva a los que viven en el tiempo.

Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan,
ven a restaurar la obra de tus manos.

Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal,
ven y arráncanos del dominio de la muerte.

Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante,
ven y danos tu vida eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino,
ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.

Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, que ves a tu pueblo esperando con gran fe la solemnidad del nacimiento de tu Hijo, concédenos celebrar la obra tan grande de nuestra salvación con cánticos jubilosos de alabanza y con una inmensa alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina (10 de diciembre)

Lectio: Sábado, 10 Diciembre, 2016

1) Oración inicial

Dios todopoderoso: que amanezca en nuestros corazones el resplandor de tu gloria, Cristo, tu Hijo, para que su venida ahuyente las tinieblas del pecado y nos manifieste como hijos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 17,10-13
Sus discípulos le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?» Respondió él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo. Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos.» Entonces los discípulos entendieron que se refería a Juan el Bautista.

3) Reflexión

• Los discípulos acaban de ver a Moisés y a Elías ante Jesús en la transfiguración sobre el monte (Mt 17,3). La gente en general creía que Elías tenía que volver para preparar la llegada del Reino. El profeta Malaquías decía: “Les voy a mandar al profeta Elías antes que llegue el día de Yahvé, que será grande y temible. El reconciliará a los padres con los hijos y a éstos con sus padres, para que cuando yo llegue no tenga que maldecir a este país.” (Ml 3,23-24; cf. Eccl 48,10). Los discípulos quieren saber: “¿Qué significa la enseñanza de los doctores de la Ley, cuando dicen que Elías tiene que venir antes?” Ya que Jesús, el mesías, estaba ya allí, había llegado, y Elías no había llegado aún. ¿Cuál es el valor de esta enseñanza de la vuelta de Elías?” 
• Jesús contesta: “Elías ya vino y no le reconocieron, sino que lo trataron como se le antojó. Y también harán padecer al Hijo del hombre”. Y entonces los discípulos comprendieron que Jesús se refería a Juan Bautista. 
• En esa situación de dominación romana que desintegraba el clan y la convivencia familial, la gente esperaba que Elías volviera para reconstruir las comunidades: reconducir el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres. Esta era la gran esperanza de la gente. Hoy también, el sistema neoliberal desintegra las familias y promueve la masificación que destruye la vida. 
• Reconstruir y rehacer el tejido social y la convivencia comunitaria de las familias es peligroso, porque mima la base del sistema de dominio. Por esto mataron a Juan el Bautista. El tenía un proyecto de reforma de la convivencia humana (cf. Lc 3,7-14). Realizaba la misión de Elías (Lc 1,17). Por esto le mataron.
• Jesús continúa la misma misión que Juan: reconstruir la vida en comunidad. Porque Dios es Padre, y nosotros somos todos hermanos y hermanas. Jesús reúne dos amores: amor hacia Dios y amor hacia el prójimo y le da visibilidad en la nueva forma de convivencia. Por esto, al igual que Juan, le mataron. Por esto, Jesús, el Hijo del Hombre, será condenado a muerte.

4) Para la reflexión personal

• Me pongo en el lugar de los discípulos: ¿la ideología del consumismo tiene poder sobre mí? 
• Me pongo en el lugar de Jesús: ¿Tengo fuerza para reaccionar y crear una nueva convivencia humana?

5) Oración final

Que tu mano defienda a tu elegido,
al hombre que para ti fortaleciste.
Ya no volveremos a apartarnos de ti,
nos darás vida e invocaremos tu nombre. (Sal 80,18-19)

Homilía Domingo III de Adviento

Situación 

Quizá la mayor dificultad para convertirnos a la esperanza resida en nuestro corazón estrecho y miedoso. Nos resulta más fácil soñar que creer, pues creer significa aceptar la posibilidad real de que nuestra condición humana (¡cuántas servidumbres: en lo físico, en lo síquico, en la relación con los demás, con Dios…!) alcanzará una plenitud insospechada.

Somos cobardes de corazón porque estamos replegados sobre nosotros mismos.

Vivimos, además, en una sociedad que ha renunciado a utopías, a valores incondicionales y a todo lo que suponga aplazar el logro inmediato de nuestros deseos.

Añadamos que la vida misma con sus limitaciones se encarga de chafar nuestros mejores ideales de adolescencia y juventud.
 

Contemplación

Piensa en la Eucaristía del domingo, en las personas que vais a reuniros, en el mundo en que te has movido durante la semana… ¿No es extraño oír las cosas que dice Is 35? ¿Quién puede creérselas si es mínimamente realista?

La primera generación cristiana creyó que la venida gloriosa del Señor iba a darse de un momento a otro. No es extraño que Santiago exhorte a la paciencia.

A nosotros nos ocurre igual: si no nos dan inmediatamente lo que deseamos, nos parece que nos engañan.

¡Gracias a Dios hay testigos, como los profetas, como Juan el Bautista, que nos enseñan a confiar! ¡Menos mal que Jesús mismo nos enseña a ver la presencia misteriosamente eficaz de aquello mismo que esperamos! Que «los ciegos ven y los inválidos andan, que los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia» (Mt 1 1 , 2-1 1 ).

3. Celebración penitencial

Es costumbre entre los cristianos hacer una celebración penitencial en este tiempo de Adviento. Responde a la nueva sensibilidad, suscitada por el Concilio Vaticano II, de vivir la conversión y de celebrarla en comunidad.

Recordemos algunos aspectos importantes:

Que la fe en las Promesas se da en la Iglesia 

A nosotros, personalmente, nos cuesta mucho vivir de una esperanza tan grande como la que supone el Adviento. Pero nos sentimos apoyados por la fe de los sencillos y, al reunirnos, tomamos conciencia de ser el pueblo de Dios, que El convoca para darle la Buena Noticia.

Que celebramos la fidelidad de Dios 

Precisamente le pedimos perdón porque no terminamos de creer en la Salvación que nos trae. Ciegos a su presencia salvadora en la historia, sordos a su palabra de aliento, inválidos asentados en nuestras seguridades, de corazón egoísta e impuro, muertos que se creen vivos…

¡Ojalá la celebración nos ayude a ensanchar el corazón y a volver a poner en marcha la utopía de los profetas y de Jesús, a renovar los valores que dieron sentido a nuestra vida, a pesar de, o mejor, con nuestros miedos, y conscientes de nuestras limitaciones!

Se trata de fidelidad de Dios, y El no cuenta con superdotados ni con héroes, sino contigo, con tu pobreza.

La necesaria síntesis entre ideal futuro y presente

La promesa de Dios es a lo grande, a lo absoluto; pero el amor de Dios se hace a nuestra finitud y a nuestro ritmo.

Hemos de aprender a creer en lo imposible, fiándonos del Señor, y a caminar como hombres, en el respeto al proceso y a nuestras posibilidades reales, aquí y ahora.

Procura que la celebración penitencial termine, por tu parte, en un propósito sabio, que combine la renovación del corazón lleno de esperanza y tu tarea cotidiana, paciente y tenaz.

Javier Garrido

Domingo III de Adviento

La pregunta de San Juan Bautista a Jesús hace más de dos mil años puede centrar perfectamente nuestra reflexión a día de hoy, en pleno siglo XXI. 

JESÚS ¿ERES TU QUIEN PUEDE SALVARNOS O TENEMOS QUE ESPERAR A OTRO?

Basta ojear cualquier periódico, escuchar alguna radio o ver un telediario para considerar perfectamente justificada la pregunta. 

Hambre, ignorancia, violencia de género y de no género, asesinatos, ludopatías en niños de 14 años, comas etílicos en niñas de 12 años, corrupción en los gobernantes, abortos, infidelidades matrimoniales, abusos sexuales sobre niños de 3 años, acoso escolar hasta con sadismo, maquiavelismo en los políticos, empleo sistemático de todo tipo de sofismas con total olvido de la verdad, exhibicionismo enfermizo de acciones brutales a través de las redes sociales, pesimismo generalizado, etc. etc. son los ingredientes de la mayor parte de las informaciones.

Un texto de la famosa literata del siglo XX Virginia Woolf es especialmente significativo por su tremendismo. “Uno no puede traer hijos a un mundo como este; uno no se puede plantear perpetuar el sufrimiento”.

Tal es el desastre, que por todas regiones de España y del mundo se habla de los populismos como actitudes tendentes a destruir el sistema actual junto a la pretensión de ser la salvación del caos que domina toda la tierra. Hoy surgen por todas partes “salvadores”, redentores de la humanidad, profetas de nuevos tiempos.

¿Tenemos que esperar a “esos salvadores”? ¿Son esos los verdaderos salvadores de la humanidad?

Es la pregunta que domina los informativos de todos los países de derechas, de izquierdas, de centro, ricos, pobres, medianos. 

¿Se deberá esto a que los cristianos, en todas sus diversas formulaciones, protestantes, católicos, ortodoxos, no hemos sabido ofrecer al mundo al verdadero y único Salvador de verdad? ¿Le habremos presentado tan mal, que la humanidad espantada anda preguntando por “otro” salvador? 

Si leemos y releemos el Evangelio en profundidad, sin prejuicios de ningún tipo, todos tendremos que confesar que el Evangelio no ha fracasado porque en realidad el Evangelio de Jesús, no el que los diversos cristianismos han, hemos, medio inventado, ESTÁ TODAVÍA POR ESTRENAR.

El mensaje de las bienaventuranzas ni lo hemos olido a distancia. Los bienaventurados de Jesús siguen estando ausentes en las valoraciones de la civilización contemporánea. Sin embargo, aquellos considerados y VALORADOS como desgraciados en el imperio romano siguen siéndolo llenando nuestras calles y plazas en la “tenida” como civilización cristiana. Los débiles siguen siendo débiles, menesterosos, ninguneados y, en muchos casos, hasta repudiados. 

Aquel precepto que debía distinguirnos a los cristianos, el del amor, “amaos los unos a los otro…en esto conocerán que sois mis discípulos”, lo hemos convertido en pleno siglo XXI en el gran ideal de los pueblos bárbaros: armaos, armaos hasta los dientes los unos contra los otros.

La familia, que en el proyecto de Dios es la patria del amor más entrañable, creador de nuevas vidas, ha quedado reducido, en muchas ocasiones y legislaciones, en “contactos de capricho”, muchas veces ni siquiera contratos por despecho hacia los documentos considerados como “los papeles”, que acaban convirtiéndose en decadentes nidos de víboras donde cada uno va a lo suyo sin pensar en los demás, como no sea para aprovecharse de ellos. A cualquier cosa se le llama amor con tal de camuflar posturas de sumo egoísmo en las que las estratagemas, pasiones, mentiras e intereses están a la orden del día. 

La sociedad, en lugar de una agrupación de centros de vida y desarrollo posibilitando la consecución del “Bien Común”, sigue siendo, como en los peores tiempos de la brutalidad bárbara, el feudo donde los poderosos se nutren de dinero y placeres de los súbditos, ahora llamados ciudadanos libres, pisando a quien sea necesario cuando lo exijan sus egoístas proyectos. 

La vida, lejos de ser contemplada como en el proyecto de Dios, como un caminar hacia nuestro definitivo destino en la casa del padre, es muchas veces, demasiadas veces, considerada como la única oportunidad que se ofrece para vivir a tope sin pensar en trascendencia alguna. 

La muerte, lejos, tremendamente lejos de la idea cristiana que la transforma en la puerta a la vida definitiva, se sigue manifestando con su aspecto trágico, propio del paganismo, como la justificante para una vida desenfrenada dispuesta a aprovechar todas las oportunidades para el desenfreno más aniquilador, hasta físicamente. 

Las grandes virtudes como la justicia, la prudencia, la fortaleza, la templanza se desprecian como elementos que recortan la libertad y la grandeza del ser humano. Esas virtudes que ya un pagano, pero un hombre sabio si los hay, Platón, las consideraba como los “cardos” los goznes, las bisagras sobre las que debe girar la vida humana, la vida racional, y que el cristianismo las valoró como “virtudes cardinales”, son las grandes ausentes en el quehacer humano, si es que así se le puede denominar a la barbarie que padecemos.

No es una visión pesimista la que estamos teniendo. Está plenamente justificada desde cualquier medio de información de los que nos llegan todos los días .

Para un cristiano consciente puede ser la visión más esperanzadora, más alentadora si en lugar de desesperarnos y rasgarnos las vestiduras o enfadarnos por una posible tendenciosidad en el diagnóstico, recordamos el mensaje del domingo pasado: NADA ESTÁ PERDIDO, SI SOMOS CAPACES DE ARREPENTIRNOS DE NUESTRAS OMISIONES O COMISIONES Y NOS CONVERTIMOS AL EVANGELIO, si nos acercamos a Jesús y entendemos el sentido profundo de la contestación de Jesús a los emisarios del Bautista: “los cojos andan, los ciegos ven, los sordos oyen, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan”, es decir, todo cambia con mi presencia, todo puede enmendarse radicalmente, todo tiene solución satisfactoria si sabéis contémplame como lo que soy: el SALVADOR del mundo. “Yo para eso he venido, para que tengáis vida y vida abundante” 

Jesús es la Resurrección; nos resucita y por eso es también la vida, la nueva vida que nos ofrece a partir de la resurrección de nuestra muerte moral, espiritual. Sobre esta idea volveremos. Dios mediante, el próximo domingo.

Seamos conscientes de que Jesús tiene mucho que decir en favor del verdadero progreso de la humanidad. No hay “remedio” que pueda igualarse con el amor que Él nos propuso como elemento vertebrador de todas las relaciones humanas. El amor es el único que puede abrir de verdad las puertas de la esperanza a nuestra dolida humanidad, tan poco humana. Pensemos en Jesús. Comprometámonos con Él. AMÉN.

Pedro Sáez

Amoris laetitia – Francisco I

ALGUNAS PERSPECTIVAS PASTORALES

199. El diálogo del camino sinodal llevaron a plantear la necesidad de desarrollar nuevos caminos pastorales, que procuraré recoger ahora de manera general. Serán las distintas comunidades quienes deberán elaborar propuestas más prácticas y eficaces, que tengan en cuenta tanto las enseñanzas de la Iglesia como las necesidades y los desafíos locales. Sin pretender presentar aquí una pastoral de la familia, quiero detenerme sólo a recoger algunos de los grandes desafíos pastorales.

El proyecto evangélico

1. El «precursor» prepara, rotura, siembra… Está en función del que va a llegar o de lo que se pretende instaurar. Su tentación es la de suplantar, predicarse a sí mismo, adecuar a sus intereses lo que va a venir, olvidar que su servicio no se centra en sí mismo… A veces puede sentir que su misión ha fracasado, sobre todo si se encuentra solo, sin el aprecio de los demás, en la cárcel… Es natural que entonces se pregunte uno por el sentido de su vida. Así le ocurrió a Juan Bautista, al comprobar que las obras de Jesús no acreditaban su mesianidad, sino que decepcionaban a sus compatriotas; que el pueblo no se convertía; que crecían los conflictos con los jefes del sistema… Juan, como precursor, se sintió dubitativo y angustiado.
 

2. El Antiguo Testamento está pendiente del que «ha de venir». Será el Mesías, que vendrá a dar vida, a curar al pueblo de sus enfermedades y heridas. La respuesta de Jesús, como respuesta evangélica, orienta a Juan y a todos los cristianos. Nos gustaría a veces que el cristianismo fuera de otra manera: apocalíptico, prepotente, lleno de milagros, avasallador… Pero no lo es. La era mesiánica, según el libro de Isaías, se caracteriza por las obras de liberación y salvación. Jesús se remite a sus obras. La respuesta del Señor puede defraudar —y, de hecho, defrauda—, ya que el cristianismo no es aplastamiento, sino recomposición; no es desquite, sino perdón. Así lo entiende la primera lectura de Isaías.
 

3. Como consecuencia, la actitud cristiana es actitud activa y operante, de espera y de esperanza. Se proclama el evangelio cuando a los pobres les llega de verdad la buena noticia, a saber, cuando son defendidos y reconocidos. Sin liberación no hay evangelización. El cristiano es un precursor que prepara la llegada del reino de Dios y del Dios del reino.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Cómo evangelizamos hoy? 

¿Somos precursores del Señor?

Casiano Floristán

Evangelizar a los pobres

Pese a la pobreza, las guerras, la exclusión de tantos, el tiempo de adviento sigue despertando nuestra esperanza y nos llama a encarnarla en nuestra vida diaria.

Jesús es el Cristo

Las cosas que Juan Bautista ha oído decir de Jesús han creado en él cierta perplejidad, pero también han hecho nacer una esperanza. Le envía a dos de sus discípulos (igualmente Jn 1, 39-45) para indagar si Jesús es el Mesías (el Cristo) o si es necesario esperar a otro ( Mt 11, 3) La respuesta de Jesús se mueve al nivel de lo concreto y testimonial, los discípulos deben contar lo que han visto y oído (v. 4). La pregunta sobre su identidad será respondida por sus obras; ellas corresponden a las anunciadas por Is 61, 1-2 (e Is 35, 5-6), texto muy presente en los evangelios a propósito de la misión de Jesús. Todas ellas consisten en dar vida.

Las obras en favor de los pobres y necesitados identifican a Jesús como el Mesías. El Hijo del hombre, que no tiene donde reposar su cabeza, vive en esas obras que expresan la irrupción del reino de Dios en el tiempo presente. Reino destinado preferentemente a los pobres y a través de ellos a toda persona humana. Las curaciones de que habla nuestro texto de Mateo son anticipo y prenda de ese Reino. Los gestos de amor al prójimo alimentan la esperanza de la llegada final del Señor y la hacen cercana y palpitante (Sant 5, 7-8).

Un testimonio de vida

El alivio del sufrimiento de unos cuantos pobres en el tiempo de Jesús es un signo. Signo de la promesa firme de que la buena nueva del reinado de Dios es anunciada a todos los pobres de la historia. Anuncio a través de palabras y gestos liberadores. El evangelio es proclamado a los pobres por medio de acciones concretas: hacer ver, andar, oír, en una palabra dar vida. Jesús da el ejemplo en sus días para que entendamos que es mandato para todos sus seguidores a lo largo de la historia. Hoy también nuestros gestos de solidaridad ante el hambre y la pobreza de tantos en la humanidad deben comunicar que el Reino está entre nosotros.

Las curaciones de Jesús dan pleno sentido a la buena nueva a los pobres prometida en Isaías y que ahora, ante los ojos de los discípulos de Juan, es cumplida por la acción mesiánica de Jesús. Lo han visto y oído, pero no es fácil entenderlo, por eso el texto termina con una bienaventuranza: «Dichoso el que no sienta defraudado por de mí» (v. 6). Juan Bautista no se escandalizará al recibir el testimonio de sus discípulos, por eso Jesús lo elogia (v. 7-11); como él todos debemos ser mensajeros del Señor.

Gustavo Gutiérrez

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