Comentario al evangelio – Miércoles XXV de Tiempo Ordinario

Es el “leit motiv” de Jesús: anunciar y curar. Anunciar la Buena Noticia y construir el Reino de paz, de justicia, de salud, de felicidad. Comenzó ya en la sinagoga de Nazaret donde Jesús hace suyas las palabras del Profeta: “El Señor me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres, proclamar la liberación de los cautivos y dar vista a los ciegos”. Precisamente hoy es  la Virgen de la Merced, advocación que es clamor de liberación, mensaje que se hizo carne tantas veces en la historia. Evocamos un grito subversivo del Obispo Casaldáliga: “Solo hay dos cosas absolutas, Dios y el hambre”. Su amigo y protector, Pablo VI, lo formuló en términos más ortodoxos; puso el  absoluto en Jesús y su Reino. Y nosotros lo pedimos en el padrenuestro. “Santificado sea tu nombre, danos el pan de cada día”.

Jesús lo repite tres veces en este texto de seis versículos: “Les dio poder para curar enfermedades… luego les envió a proclamar el Reino y a curar enfermos… fueron de aldea en aldea anunciando el Evangelio y curando en todas partes”. Curiosamente, coloca antes la sanación que el anuncio del Reino; ya sabemos que, en el Evangelio, enfermedad es sinónimo de todo mal, también el psicológico y espiritual. Dios quiere que “el hombre viva bien”. Como que su discurso programático es un discurso de “Bienaventuranzas”. Los discípulos son constituidos en la prolongación de Jesús, continúan su obra y su palabra. Pero no de cualquier manera; el Maestro les indica el estilo. Primero, ligeros de equipaje, como el poeta: “No llevéis nada para el camino”. El apóstol no se instala en los medios sino que mira el fin de su tarea, Dios y su Reino. Luego, insiste en la hospitalidad, que se queden en la casa donde entren. Seguro que habrán de encontrar dificultades, les previene Jesús. Pueden sufrir el rechazo y la falta de acogida, porque Dios deja intacta la libertad del hombre ante su propuesta. Libertad que, por supuesto, va acompañada de la responsabilidad: no puede ser lo mismo optar que no optar por el Reino de Dios y sus valores.

Todos los cristianos somos discípulos y apóstoles, somos misioneros. Es Jesús quien nos envía. Y, si la cosa viene de Jesús, esto nos llena de confianza y nos libera de miedos y preocupaciones. Podríamos señalar esta secuencia: somos elegidos, somos bendecidos, somos constituidos idóneos para el anuncio… y este anuncio nos deja trasformados. El contenido del anuncio es solo el Reino, no la Iglesia, no nosotros. Contenido de palabras y obras. Sin “curar”, nuestra misión carecerá de credibilidad; si anunciamos bien el Evangelio, ineluctablemente llegarán los milagros. Podríamos preguntarnos: ¿Cuáles son los milagros, los signos que hacen más transparente el mensaje de Jesús? El primer signo es nuestro porte apostólico: “sin bastón, sin alforja, sin pan, sin dinero”. No residirá la eficacia en los grandes alardes de medios de comunicación, de multitudinarias concentraciones, de figuras poderosas, sino en la sencillez que nos hace libres y confiados. ¿Qué gloria mayor podemos desear que participar con Jesús en su proyecto, en el sueño del Padre sobre los hombres?

Meditación – Miércoles XXV de Tiempo Ordinario

Hoy es miércoles XXV de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 9, 1-6):

En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos». Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.

Hoy vivimos unos tiempos en que nuevas enfermedades mentales alcanzan difusiones insospechadas, como nunca había habido en el curso de la historia. El ritmo de vida actual impone estrés a las personas, carrera para consumir y aparentar más que el vecino, todo ello aliñado con unas fuertes dosis de individualismo, que construyen una persona aislada del resto de los mortales. Esta soledad a la que muchos se ven obligados por conveniencias sociales, por la presión laboral, por convenciones esclavizantes, hace que muchos sucumban a la depresión, las neurosis, las histerias, las esquizofrenias u otros desequilibrios que marcan profundamente el futuro de aquella persona.

«Convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades» (Lc 9,1). Males, éstos, que podemos identificar en el mismo Evangelio como enfermedades mentales.

El encuentro con Cristo, que es la Persona completa y realizada, aporta un equilibrio y una paz que son capaces de serenar los ánimos y de hacer reencontrar a la persona con ella misma, aportándole claridad y luz en su vida, bueno para instruir y enseñar, educar a los jóvenes y a los mayores, y encaminar a las personas por el camino de la vida, aquella que nunca se ha de marchitar.

Los Apóstoles «recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva» (Lc 9,6). Es ésta también nuestra misión: vivir y meditar el Evangelio, la misma palabra de Jesús, a fin de dejarla penetrar en nuestro interior. Así, poco a poco, podremos encontrar el camino a seguir y la libertad a realizar. Como escribió san Juan Pablo II, «la paz ha de realizarse en la verdad (…); ha de hacerse en la libertad».

Que sea el mismo Jesucristo, que nos ha llamado a la fe y a la felicidad eterna, quien nos llene de su esperanza y amor, Él que nos ha dado una nueva vida y un futuro inagotable.

Rev. D. Jordi CASTELLET i Sala(Sant Hipòlit de Voltregà, Barcelona, España)

Liturgia – San Pío de Pietrelcina

MIÉRCOLES. SAN PÍO DE PIETRELCINA, presbítero, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: 1ª oración propia y el resto del común de pastores (para un pastor) o de santos (para religiosos), o de un domingo del Tiempo Ordinario; Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par

  • Prov 30, 5-9. No me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan.
  • Sal 118. Lámpara es tu palabra para mis pasos.
  • Lc 9, 1-6. Los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos.

Antífona de entrada
El Señor lo eligió sumo sacerdote y derramó sobre él todos los bienes.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, al celebrar la memoria de san Pío de Pietrelcina, conocido popularmente como el Padre Pío, religioso capuchino que, fiel al espíritu de san Francisco de Asís, entregó totalmente su vida al ministerio sacerdotal, abramos nuestro corazón a la misericordia de Dios al comenzar estos santos misterios y, pidiéndole perdón por nuestros pecados, dejémonos meter dentro de las llagas de Nuestro Señor.

Yo confieso…

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
que concediste a san Pío, presbítero,
la gracia singular de participar en la cruz de tu Hijo,
y por su ministerio renovaste las maravillas de tu misericordia,
concédenos, por su intercesión,
que, asociados siempre a los sufrimientos de Cristo,
lleguemos felizmente a la gloria de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos confiadamente a Dios nuestro Padre, que por medio de Jesucristo libera a todos los encarcelados por el pecado y las fuerzas del mal

1.- Por los que lo han dejado todo para seguir a Jesucristo y dar testimonio del Evangelio; para que vivan profundamente la alegría de su entrega. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones sacerdotales; para que nuestra diócesis cuente siempre con el número de sacerdotes que necesita para la evangelización. Roguemos al Señor.

3.- Por los que colaboran en entidades al servicio de la justicia y la paz; para que Dios les bendiga, y encuentren el apoyo que necesitan en su labor. Roguemos al Señor.

4.- Por los maestros y los educadores; para que con su labor ayuden a construir un mundo de hombres y mujeres libres, conscientes y generosos. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, los que nos hemos reunido en esta Eucaristía; para que abramos nuestros corazones para recibir el amor y la gracia del Señor. Roguemos al Señor.

Escucha, Señor nuestras súplicas, y concédenos un espíritu de pobreza que nos haga libres y disponibles para que así lleguemos a ser, como los apóstoles, auténticos testigos del evangelio. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA complacido, Señor, nuestras ofrendas
y concédenos que, dóciles a las enseñanzas de san Pío de Pietrelcina
celebremos con dignidad estos divinos misterios
y los recibamos con espíritu de fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Jn 15, 9
El buen pastor dio la vida por las ovejas.

Oración después de la comunión
AL celebrar la fiesta de san Pío de Pietrelcina,
te rogamos, Señor Dios nuestro,
que por la eficacia de la mesa celestial
seamos constantes en la fe
y vivamos concordes en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 23 de septiembre

BEATO ALONSO DE OROZCO, presbítero († 1591)

Oropesa es un pueblo toledano privilegiado. Las bendiciones de Nuestra Señora de Penitas llueven sobre él a raudales. Allí vivió San Juan de Dios, pasó algún tiempo San Pedro de Alcántara y parece ser que hasta Santa Teresa. En Oropesa está echando raíces la Fraternidad Reparadora, allí trabajan las Carmelitas Misioneras y se sacrifican por los sacerdotes las Oblatas. En Oropesa surgen vocaciones de almas generosas que van para santos. Y en Oropesa nació nuestro Beato.

El beato Alonso de Orozco y de Mena nació el 1500. Cuenta el Beato que su nombre lo recibió del cielo. Su madre María le refirió que estando encinta y pensando qué nombre le pondría, oyó una voz que le decía: “Le llamarás Alonso”. Entendió que la Virgen María le quería para capellán suyo, como siglos antes lo había sido San Ildefonso de Toledo.

Fue un niño de coro en Talavera seise en la catedral de Toledo. Allí debió nacer su afición a la música. Estudió en Salamanca, donde pidió el hábito de San Agustín. Hizo su profesión en manos de Santo Tomás de Villanueva. Más tarde trató también a Fray Luis de León.

Ordenado sacerdote, fue destinado al ministerio de la predicación. Consiguió espléndidos frutos de conversión. Carlos V lo nombró predicador real en 1554. Debió influir en ello Doña Juana, Gobernadora de España en las ausencias de su padre, Carlos V, y de su hermano, Felipe II. El Padre Orozco era entonces prior de Valladolid, donde residía Doña Juana, muy piadosa y la única mujer admitida por San Ignacio en la Compañía de Jesús.

Fue prior en Soria, Medina, Sevilla, Granada, Valladolid. Se ofrece para ir a México y tuvo que volverse desde Canarias por enfermo. Fundó un convento de Agustinas en Talavera y dos en Madrid. En 1560 marcha a Madrid, donde se ha trasladado la Corte, junto a Felipe II, que siempre le tuvo en gran estima. Vive humildemente en el convento de San Felipe.

Durante 31 años, desde 1560 hasta 1591, es el santo de Madrid, el hombre de mayor influencia y veneración, como predicador. ¡Qué fuego sobrenatural había en sus palabras! ¡Cuántos prodigios realizó! Todos van a él.

Es uno de los escritores espirituales más fecundos del siglo XVI. Sencillo, bíblico, seguro, con unción.
Entre sus obras sobresale un tema ya esbozado por San Bernardino de Siena y Fray Antonio de Aranda. Es el Tratado de las siete palabras de María Santísima, dedicado a Doña Juana.
Su vida estuvo llena de cruces y gracias del cielo. Sufre el escrúpulo. Se consuela en la oración. A veces se serena tocando el clavicordio. Se mortifica intensamente. Practica las virtudes en grado heroico. Renuncia por humildad a la mitra de Toledo. Fue devotísimo de la Virgen.
Los últimos años, junto a numerosas gracias del cielo, padeció dolorosas enfermedades. Felipe II, su hija Isabel Clara Eugenia, todos le visitan. Abrazado a la cruz y con su vela encendida en la mano, expiró, el 19 de septiembre de 1591, después de predicar media hora a los presentes. Tenía que morir predicando. León XIII lo beatificó en 1882.

Otros Santos de hoy: Lino, Tecla, Andrés, Juan, Pedro, Antonio, Constancio.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – San Pío de Pietrelcina

LAUDES

SAN PÍO DE PIELTRECINA, presbítero

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, pastor supremo.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso”.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cristo, cabeza, rey de los pastores,
el pueblo entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote
himnos sagrados.

Con abundancia de sagrado crisma,
la unción profunda de tu Santo Espíritu
le armó guerrero y le nombró en la Iglesia
jefe de tu pueblo.

Él fue pastor y forma del rebaño,
luz para el ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia providente,
todo de todos.

Tú que coronas sus merecimientos,
danos la gracia de imitar su vida,
y al fin, sumisos a su magisterio,
danos su gloria. Amén.

SALMO 35: DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS

Ant. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz

El malvado escucha en su interior
un oráculo del pecado:
«No tengo miedo a Dios,
ni en su presencia».
Porque se hace la ilusión de que su culpa
no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición,
renuncia a ser sensato y a obrar bien;
acostado medita el crimen,
se obstina en el mal camino,
no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las nubes;
tu justicia hasta las altas cordilleras,
tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva,
y tu luz nos hace ver la luz.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio,
que no me eche fuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores;
derribados no se pueden levantar.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz

CÁNTICO de JUDIT: DIOS, CREADOR DEL MUNDO Y PROTECTOR DE SU PUEBLO

Ant. Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

¡Alabad a mi Dios con tambores,
elevad cantos al Señor con cítaras,
ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,
ensalzad e invocad su nombre!
Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras,
su nombre es el Señor.

Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor, tú eres grande y glorioso,
admirable en tu fuerza, invencible.

Que te sirva toda la creación,
porque tú lo mandaste y existió;
enviaste tu aliento, y la construiste,
nada puede resistir a tu voz.

Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tu presencia se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

SALMO 46: EL SEÑOR ES REY DE TODAS LAS COSAS

Ant. Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.

Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

LECTURA: Hb 13, 7-9a

Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
V/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.

R/ Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor.
V/ He colocado centinelas.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

PRECES

Demos gracias a Cristo, el Buen Pastor, que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle, diciendo:

Apacienta a tu pueblo, Señor.

Señor Jesucristo, que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
— haz que por ellos continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.

Señor Jesucristo, que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu rebaño,
— no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.

Señor Jesucristo, que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
— haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor Jesucristo, que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
— haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

Contentos por sabernos hijos de Dios, digamos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que concediste a san Pío, presbítero, la gracia singular de participar en la cruz de tu Hijo, y por su ministerio renovaste las maravillas de tu misericordia, concédenos, por su intercesión, que, compartiendo los sufrimientos de Cristo, lleguemos felizmente a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Vísperas – Martes XXV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XXV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 19: ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión.

Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido.

SALMO 20: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuanto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: 1Jn 3, 1a.2

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Queridos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Alabemos a Cristo, que mora en medio de nosotros, el pueblo adquirido por él y supliquémosle, diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

Dueño y Señor de los pueblos, acude en ayuda de todas las naciones y de los que las gobiernan:
— que todos los hombres sean fieles a tu voluntad y trabajen por el bien y la paz.

Tú que hiciste cautiva nuestra cautividad,
— devuelve la libertad de los hijos de Dios a todos aquellos hermanos nuestros que sufren esclavitud en el cuerpo o en el espíritu.

Concede, Señor, a los jóvenes la realización de sus esperanzas
— y que sepan responder a tus llamadas en el transcurso de su vida.

Que los niños imiten tu ejemplo
— y crezcan siempre en sabiduría y en gracia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a los difuntos en tu reino,
— donde también nosotros esperamos reinar un día contigo.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, porque has permitido que llegáramos a esta noche; te pedimos quieras aceptar con agrado el alzar de nuestras manos como ofrenda de la tarde. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes XXV de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo; concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 8,19-21
Se le presentaron su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente. Le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.» Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos habla del episodio en que los padres de Jesús, inclusive su madre, quisieron conversar con é, pero Jesús no les presta atención. Jesús tuvo problemas con la familia. A veces, la familia ayuda a vivir mejor y a participar en la comunidad. Otras veces, dificulta esa convivencia. Así fue para Jesús, y así es para nosotros.
• Lucas 8,19-20: La familia busca a Jesús. Los parientes llegan a la casa donde estaba Jesús. Probablemente habían venido de Nazaret. De allí a Cafarnaúm hay sólo unos 40 km. Su madre estaba con ellos. No entran, pues había mucha gente, pero le mandan un recado: “Tu madre y tus hermanos están fuera ahí fuera, y quieren verte”. Según el evangelio de Marcos, los parientes no quieren ver a Jesús. Ellos quieren llevárselo y traérselo para casa (Mc 3,32). Pensaban que Jesús se había vuelto loco (Mc 3,21). Probablemente, tenían miedo, pues según nos informa la historia, la vigilancia de parte de los romanos con relación a todos los que de una forma o de otro tenían un cierto liderazgo popular, era enorme (cf. He 5,36-39). En Nazaret, en la sierra, estaría más al seguro que en la ciudad de Cafarnaúm.
• Lucas 8,21: La respuesta de Jesús. La reacción de Jesús es firme:”Mi madre y mis hermanos son los que oyen la Palabra de Dios, y la ponen en práctica.” En Marcos, la reacción de Jesús es más concreta. Marcos dice: “Entonces Jesús miró hacia las personas que estaban sentadas a su alrededor y dijo: Aquí están mi madre y mis hermanos. Aquel que hace la voluntad de Dios, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc 3,34-35). ¡Jesús ensancha la familia! No permite que la familia lo aleje de la misión: ni la familia (Jn 7,3-6), ni Pedro (Mc 8,33), ni los discípulos (Mc 1,36-38), ni Herodes (Lc 13,32), ni nadie (Jn 10,18).
• Es la palabra la que crea la nueva familia alrededor de Jesús: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios, y la ponen en práctica.”. Un buen comentario de este episodio es lo que dice el evangelio de Juan en el prólogo: “En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre sino que nacieron de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,10-14). La familia, los parientes, no entendieron a Jesús (Jn 7,3-5; Mc 3,21), no hacen parte de la nueva familia. Hacen parte de la nueva comunidad sólo aquellos y aquellas que reciben la Palabra, esto es, que creen en Jesús. Estos nacen de Dios y forman la Familia de Dios.
• La situación de la familia en el tiempo de Jesús. En el tiempo de Jesús, tanto la coyuntura política, social y económica como la ideología religiosa, todo conspiraba para el enflaquecimiento de los valores centrales del clan, de la comunidad. La preocupación con los problemas de la propia familia impedía que las personas se uniesen en comunidad. Ahora, para que el Reino de Dios pudiera manifestarse, de nuevo, en la convivencia comunitaria de la gente, las personas tenían que superar los límites estrechos de la pequeña familia y abrirse a la gran familia, a la Comunidad. Jesús dio el ejemplo. Cuando su familia trató de apoderarse de él, reaccionó y ensanchó la familia (Mc 3,33-35). Creó comunidad.
• Los hermanos y las hermanas de Jesús. La expresión “hermanos y hermanas de Jesús” es causa de mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros textos, los protestantes dicen que Jesús tenía más hermanos y que María tenía más hijos. Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de esto? En primer lugar, las dos posiciones, tanto de los católicos como de los protestantes, ambas tienen argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de sus respectivas iglesias. Por esto, no conviene pelearse ni discutir esta cuestión con argumentos sólo de la cabeza. Pues se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos. El argumento sólo de la cabeza no consigue deshacer una convicción del corazón. ¡Apenas irrita y aleja! Aún cuando no concuerdo con la opinión del otro, tengo que respetarla siempre. En segundo lugar, en vez de discutir alrededor de textos, nosotros todos, católicos y protestantes, deberíamos unirnos bien para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia, por la falta de fe. Deberíamos recordar alguna que otra frase de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia”(Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú, Padre, me has enviado”(Jn 17,21). “¡No se lo impidáis! Quien no está en contra está a favor nuestro”(Mc 10,39.40).

4) Para la reflexión personal

• La familia ¿ayuda o dificulta tu participación en la comunidad cristiana?
• ¿Cómo asumes tu compromiso en la comunidad cristiana sin perjudicar ni la familia ni la comunidad?

5) Oración final

Enséñame, Yahvé, el camino de tus preceptos,
lo quiero recorrer como recompensa.
Dame inteligencia para guardar tu ley
y observarla de todo corazón. (Sal 119,33-34)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

2.- EL HOMBRE DE LA MANO SECA. AGLOMERACIONES JUNTO AL MAR

Mt 12, 9-21; Mc 3, 1-12; Lc 6, 17-19

Otro sábado entró Jesús en una sinagoga. Se encontraba allí un hombre con una mano seca. San Lucas nos indica que era la derecha. Y todos le observaban de cerca por si lo curaba en sábado, para acusarle (Mt). No les interesaba mucho la curación en sí, sino la posible falta contra el descanso sabático.

Jesús dijo entonces a este hombre: Levántate y ponte en medio. Y se levantó y se puso en medio (Lc). El Señor preguntó a todos: ¿Es lícito curar en sábado? ¿Se puede hacer el bien, aunque por ello no se viva alguna de las prescripciones acerca del descanso? Y les propone algo de sentido común: ¿Quién de vosotros, si tiene una oveja y se le cae en día de sábado dentro de un hoyo, no la agarra y la saca? Y determina con toda claridad: por tanto, es lícito hacer el bien en sábado (Mt). El Señor debió de pronunciar estas palabras con mucha fuerza, porque a continuación, nos ha dejado escrito san Marcos, les dirigió una mirada airada. Y quedó entristecido por la ceguera de sus corazones. Todos pudieron darse cuenta de esta tristeza de Jesús y de la fuerza de su mirada. Esta es la única vez que los evangelistas aluden a la indignación en la mirada del Señor. Dijo entonces a aquel hombre: Extiende tu mano. Lo hizo y quedó curada.

Este hombre confió en el Señor y dejó a un lado su experiencia negativa anterior, que le hablaba de su incapacidad para mover la mano, y pudo extenderla ahora con soltura. Todo es posible con Jesús. La fe permite lograr metas que antes habrían parecido verdaderos imposibles, resolver viejos problemas personales insolubles…

La reacción ante el milagro fue sorprendente. Nos dice san Mateo que al salir tuvieron consejo contra Él para ver cómo perderle.

Los fariseos observaban cómo Jesús era muy superior a ellos: su doctrina tenía fuerza, su Persona era atrayente para todos, podía hacer milagros cuando lo deseaba… También comprobaban que la hondura de sus enseñanzas los dejaba empequeñecidos ante el pueblo y ante ellos mismos.

Los fariseos no poseían el sacerdocio ni tenían a su cargo el culto y los sacrificios del Templo; de esto se encargaban los saduceos. Sin embargo, dominaban en las sinagogas, que se encontraban en las principales ciudades y pueblos. Toda la vida religiosa estaba muy influida por ellos; después de la destrucción del Templo, solo los fariseos la conservaron[1]. Eran respetados por el pueblo, y ellos fomentaban este respeto (alargan sus filacterias… gustan de ser llamados rabí).

Su norma de vida era hacer la voluntad de Dios. Y para conocerla aceptaban no solo la Escritura, sino también los escritos de los comentaristas, los escribas. En estos escritos veían una continuación de las enseñanzas de Dios a los hombres. Por eso se sentían respaldados por una especial autoridad divina. Estas interpretaciones de los escribas daban al fariseísmo su sello especial.

Se explica bien que los grupos más religiosos e ilustrados del pueblo judío se situaran enfrente de Jesús. Despreocupados en conocer quién era Dios en sí mismo, a los escribas y fariseos no les quedaba otro camino que fijar su atención en los mandamientos y en reglas y deberes de los hombres hacia Él. Esto significaba más y más minuciosas regulaciones rituales y ceremoniales. Convertían los medios en fines en sí mismos.

De un modo creciente se fue perfilando la idea de que el Señor se hacía igual a Dios. Ya le habían visto perdonar pecados, y un poco más tarde le oirían decir: Yo y el Padre somos uno. No encontraban otro camino: o se convertían a Él o debían hacerle desaparecer. Realmente no había más opción. Algunos fariseos principales se convirtieron.

Después de la curación del hombre de la mano seca, se reunieron los fariseos con los herodianos. Estamos en territorio de Herodes, y estos amigos del partido del rey eran necesarios para acabar con Jesús. Los herodianos no eran un grupo religioso, como los fariseos o los saduceos; eran un partido que quería un Israel bajo el cetro de Herodes y en buena amistad con los romanos.

Al ver el peligro que corría, Jesús con sus discípulos se alejó hacia el mar (Mc).

Jesús se enteró de esta asechanza que tramaban los judíos contra Él y se alejó de allí (Mt), sin duda de los núcleos de más población; se aleja de un peligro real. Se retira también de las sinagogas; en ellas se había manifestado con palabras y obras, pero encontró siempre mucha oposición. Al aire libre parece hallarse mejor. San Marcos hace esta observación llena de los recuerdos de Pedro: Jesús se alejó con sus discípulos del lado del mar. Designa los lugares familiares que Jesús frecuentaba y se sabía de memoria. Se trata del mar de Galilea, donde muchos de sus amigos son pescadores.

A pesar de todo, le siguieron muchos, dice san Mateo. Entre ellos, según san Lucas, un grupo numeroso de sus discípulos y también una gran multitud de gente. La estación era agradable (nos encontramos en los meses posteriores a la Pascua), los caminos estaban transitables y el lago, fácil de atravesar. Jesús es conocido ya en todo el país. Acudió a Él una gran muchedumbre de Galilea y de Judea; también de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, vino hacia él una gran multitud al oír las cosas que hacía (Mc). Todo el mundo manifestaba de dónde venía, y a los discípulos no les fue difícil enterarse de que había gentes de todas partes. Lo comentarían con Jesús.

Mateo enumera detalladamente, por orden geográfico, los pueblos que se apiñan en torno a Jesús: Le seguían grandes multitudes de Galilea y de la Decápolis, los dos países más próximos, y de Jerusalén y de Judea, y también del otro lado del Jordán, donde vivían todavía muchos israelitas.

Lucas, menos preocupado por la geografía, resume y simplifica la situación escribiendo que había gentes venidas de toda Judea y de Jerusalén y hasta del litoral de Tiro y de Sidón. Ninguno de los tres evangelistas hace mención de Samaria. Tal vez no acudían a Galilea por las malas relaciones con los judíos.

Le traen de lejos a familiares y amigos con todo tipo de miserias y enfermedades. Mateo nos ha dejado un resumen: y le traían a todos los que se sentían mal, aquejados de diversas enfermedades y dolores, a los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curaba. San Marcos nos dice: sanaba a tantos, que se le echaban encima para tocarle todos los que tenían enfermedades. Y Lucas aclara que toda la multitud intentaba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Todos estos sucesos podían haber provocado una exaltación turbulenta. Por eso, Jesús les ordenaba que no le descubriesen. Tenía que cumplirse en Él el anuncio profético de Isaías[2] en el que se presentaba al Mesías lleno de misericordia, lejos de superficiales exaltaciones. San Mateo recoge esa profecía:

He aquí a mi Siervo a quien elegí,
mi amado en quien se complace mi alma.
Pondré mi Espíritu sobre él
y anunciará la justicia a las naciones.
No disputará ni vociferará,
nadie oirá sus gritos en las plazas.
No quebrará la caña cascada,
ni apagará la mecha humeante,
hasta que haga triunfar la justicia;
y en su nombre pondrán
su esperanza las naciones.

El Mesías había sido profetizado por Isaías, no como un rey conquistador, sino como alguien que sirve a los demás. Su misión se caracterizará por la mansedumbre, la fidelidad y la misericordia, que describe por medio de dos imágenes bellísimas: la caña cascada y la mecha humeante, que representan las miserias, dolencias y penalidades de la humanidad. No terminará de romper la caña ya cascada; al contrario, se inclina sobre ella, la endereza con sumo cuidado y le da la fortaleza y la vida que le faltan. Tampoco apagará la mecha de una lámpara que parece que se extingue; por el contrario, empleará todos los medios para que vuelva a iluminar con luz clara. Esta era la actitud de Jesús ante estas muchedumbres de todas partes que se le acercaban.


[1] Después de la destrucción del Templo en el año 70 d.C., los saduceos desaparecieron –al no existir el Templo, se acabaron los sacrificios y los sacerdotes que los ofrecían–; además, la humillación nacional que ello supuso no dejó sitio para una clase dominante hábil en pactar con los poderes extranjeros. Después de ser aplastada la rebelión de Bar Kokhba en el año 135, los fariseos fueron los únicos capaces de modelar y reorganizar la vida religiosa de un pueblo destrozado y disperso.

[2] Is 42, 1-4.

Comentario – Martes XXV de Tiempo Ordinario

El evangelio narra que en cierta ocasión la madre y los hermanos de Jesús se acercaron a verle, pero la gente que rodeaba al Maestro se lo impedía. En ese instante le dan un aviso: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.

La reacción de Jesús es desconcertante para todos, pero especialmente para esa “madre y esos hermanos” que quieren verle. Entienden que su “parentesco” les permite tomarse esta licencia. Pero ante su requerimiento Jesús responde con esta frase: Mi madre y mis hermanos son éstos(como si no fueran los otros, los que en razón de la sangre se creían con derecho a reclamar su presencia): los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.

Jesús parece anteponer la relación que ha establecido con éstos a la relación que tenía con los otros, su familia biológica, su “madre y sus parientes”. Estos han dejado de ser extraños, para convertirse en sus allegados (su familia) en virtud de la atención que han prestado a la palabra de Dios, que es su palabra, y en la disposición de que dan muestras para llevarla a la práctica. Sintonizan, pues, más con él los que le prestan esta atención que sus propios familiares. Se refuerzan los lazos que podríamos llamar “ideológicos” y afectivos y se debilitan los lazos biológicos o de sangre.

Jesús muestra su preferencia por quienes sintonizan con él y estiman lo que él estima: su pensamiento, sus deseos, sus aspiraciones, sus afectos, pues todo esto se expresa en su palabra, hasta el punto de hacer de ellos su familia, su nueva familia, ese círculo humano en el que él se encuentra más a gusto, con el que pude compartir más su vida y sus intereses. Su familia biológica parece quedar muy atrás en la estimación.

¿Es que su madre había dejado de ser su madre? ¿Es que había roto los vínculos naturales que le unían a su propia familia de sangre? El vínculo natural tenía que seguir vivo, al menos con su madre; de lo contrario, nos veríamos obligados a pensar que era un hijo poco agradecido.

Pero al vínculo natural se sobreponía un vínculo de otro signo (¿quizá sobrenatural?), un vínculo hecho de intereses o de estimaciones comunes, un vínculo surgido del común aprecio por la palabra de Dios, un vínculo que brotaba de la sintonía de pensamientos y de corazones. Para formar parte de este círculo familiar, la “madre y los hermanos” de Jesús tenían que dar este paso que les llevaba a sintonizar con su corazón. En María no había problema, puesto que no podemos pensar que no sintonizara con el pensamiento y los sentimientos de su hijo. Pero otros parientes que no se sumaron al discipulado de Jesús pudieron quedar alejados de él y de su plan de hacer de todos partícipes de su Reino.

Tan importante es la atención que le prestamos a la palabra de Dios, que su escucha atenta y bienintencionada nos convierte de inmediato en “madres y hermanos de Jesús”, es decir, nos hace miembros de su familia más próxima. Y si esto es así, no podrá decirnos en su día: No os conozco, alejaos de mí, malvados. Y una última puntualización. Supongo que no todos los oyentes que le rodeaban, no todos los que escuchaban la palabra de Dios, “la ponían por obra”. Pero Jesús al menos parece apreciar en ellos el deseo de hacerlo. Y esto ya es bastante para declararles “madre y hermanos” suyos.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Lumen Gentium – Documentos Concilio Vaticano II

La Bienaventurada Virgen y la Iglesia

53. Efectivamente, la Virgen María, que al anuncio del ángel recibió al Verbo de Dios en su alma y en su cuerpo y dio la Vida al mundo, es reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor. Redimida de modo eminente, en previsión de los méritos de su Hijo, y unida a El con un vínculo estrecho e indisoluble, está enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo; con el don de una gracia tan extraordinaria aventaja con creces a todas las otras criaturas, celestiales y terrenas. Pero a la vez está unida, en la estirpe de Adán, con todos los hombres que necesitan de la salvación; y no sólo eso, «sino que es verdadera madre de los miembros (de Cristo)…, por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza» [174]. Por ese motivo es también proclamada como miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo de la misma en la fe y en la caridad, y a quien la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, venera, como a madre amantísima, con afecto de piedad filial.