Feeds:
Entradas
Comentarios

Amabilidad
Sed buenos y compasivos unos con otros, y perdonaos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo (Ef 4, 32).

244. Por otra parte, un gran número de Padres «subrayó la necesidad de hacer más accesibles y ágiles, posiblemente totalmente gratuitos, los procedimientos para el reconocimiento de los casos de nulidad»[263]. La lentitud de los procesos irrita y cansa a la gente. Mis dos recientes documentos sobre esta materia[264] han llevado a una simplificación de los procedimientos para una eventual declaración de nulidad matrimonial. A través de ellos también he querido «hacer evidente que el mismo Obispo en su Iglesia, de la que es constituido pastor y cabeza, es por eso mismo juez entre los fieles que se le han confiado»[265]. Por ello, «la aplicación de estos documentos es una gran responsabilidad para los Ordinarios diocesanos, llamados a juzgar ellos mismos algunas causas y a garantizar, en todos los modos, un acceso más fácil de los fieles a la justicia. Esto implica la preparación de un número suficiente de personal, integrado por clérigos y laicos, que se dedique de modo prioritario a este servicio eclesial. Por lo tanto, será, necesario poner a disposición de las personas separadas o de las parejas en crisis un servicio de información, consejo y mediación, vinculado a la pastoral familiar, que también podrá acoger a las personas en vista de la investigación preliminar del proceso matrimonial (cf. Mitis Iudex Dominus Iesus, art. 2-3)»[266].


[263] Ibíd., 48.
[264] Cf. Motu proprio Mitis Iudex Dominus Iesus (15 agosto 2015): L’Osservatore Romano, de septiembre de 2015 , pp. 3-4; Motu proprio Mitis et Misericors Iesus (15 agosto 2015), preámbulo, 3, 1: ibíd., pp. 5-6.
[265] Motu proprio Mitis Iudex Dominus Iesus (15 agosto 2015), preámbulo, 3: L’Osservatore Romano, 9 de septiembre de 2015, p. 3.
Descargar

Domingo IV de Tiempo Ordinario

«DIOS HA ESCOGIDO LO DÉBIL DEL MUNDO»

“El hombre que vive sin tacha y malicia
y echó de su casa la doble intención.
El hombre que nunca sospecha y recela,
tiene limpia la conciencia,

es limpio su corazón.
Esos sí verán a Dios”

(J.A. Olivar)

Ambientación musical: ”Aria de la suite en Re” de J. S. Bach en Momentos de Paz-12.

Dios quiere un pueblo humilde y amante de la justicia. La felicidad no está en el poder y las riquezas, sino en los valores perennes del Reino. Él escogió lo necio y débil del mundo para confundir a los poderosos. Fijémonos en nuestra propia asamblea: ricos, sabios, poderosos, aristócratas, no abundan, más bien todo lo contrario.

Canto de entrada: Comenzamos la celebración cantando las Bienaventuranzas con cualquiera de sus versiones y musicalizaciones. Por ejemplo “Bienaventurados” de E. V. Mateu CLN 736; o bien, “las Bienaventuranzas” (popular) MD 54; CLN 735.

Salmo responsorial: ”Bienaventurados los pobres en el espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”.

Santo: CLN I 4. Doxología: CLN K 3

Comunión: “Al atardecer de la vida” MD 97; CLN 739. “Pequeñas aclaraciones” MD 45; CLN 725.

Canto final: Despedimos a la asamblea pidiendo al Señor un corazón grande para amar y fuerte para luchar. Cantamos “Hombres nuevos” CLN 718; MD 59.

Antonio Alcalde Fernández

SENTIRNOS DICHOSOS
Los NIÑOS de la comunidad

La alegría –“dichosos”- es el leit-motiv de este domingo. Pero una alegría diferente de la alegría –la risa- de quienes se sienten seguros desde su posición privilegiada, que les permite estar despreocupados de la realidad del otro. Para Jesús, la alegría es otra cosa: es realmente la dicha que procede de vivirse desde los parámetros de la verdadera condición huma, que es la de la debilidad asumida que genera apertura, disponibilidad, compasión, solidaridad y compromiso con la dignidad de todo ser humano.

Esta alegría es privilegio únicamente de quienes se sienten libres, espontáneos, conectados directa- mente con su corazón de ser simplemente humanos. Aquellos que se han hecho “como niños”. Aquellos que, en su adultez, no han renunciado a ser lo que fueron desde el primer momento de la existencia, cuando todavía no se había instalado en su ser el poder corrosivo del egoísmo, marcadas estructuralmente por el mal.

Hoy, pues, como icono de las bienaventuranzas, ponemos en el centro de la asamblea a los niños de la comunidad, no por lo que son, sino por las posibilidades no contaminadas de lo que podemos ser: libertad, alegría, espontaneidad, sencillez, debilidad, sentido innato del compartir, que podríamos identificar con el “resto” que anuncia Sofonías y con el pueblo débil de Pablo. Dichosos, pues, los débiles por naturaleza, los niños, que todo lo necesitan y todo lo deben en su pobreza radical. Ellos son quienes pueden sentir misericordia, exigir la justicia y anunciar la paz

GESTO

Sobre todo en las “misas familiares”, que cada día más se convierten en la “misa parroquial”, pero también en otras muchas asambleas, hay niños. Como en muchas otras partes, hoy serán los niños los invitados a subir al altar en el momento de LA COMUNIÓN Y EL RITO DE LA PAZ.

Monición

Hermanos. Dios escogió un pueblo sencillo, un “resto de Israel” para ser la cuna de la restauración de una nueva vida para el pueblo. La comunidad de Corinto, nos dice Pablo que era una comunidad de gente sencilla y pobre. Y Jesús declara dichos a los débiles. Hoy, a pesar de la sobreprotección que pesa sobre muchos de ellos, a pesar de cómo muchas veces son manipulados por los adultos, y en nombre de los miles que en el mundo son verdaderamente pobres y explotados, los niños son imagen de lo que siempre fuimos y nunca dejamos de ser. Son ellos, hoy, quienes pueden desearnos la paz, contagiarla, comunicarla.

Antes de que los niños comuniquen la paz a toda la asamblea, podrían cantar juntos la conocida canción “Somos ciudadanos de un mundo” (F. San Romualdo: https://www.youtube.com/watch?v=t1_ zoWjX8NE) y mejor si lo hacen con gestos…, o “Que canten los niños” (José Luis Perales: https://www. youtube.com/watch?v=p-3cwO4BbGA).

Acabada la canción, los niños se distribuyen por la asamblea dándoles a todos la paz.

SOMOS CIUDADANOS DE UN MUNDO

Somos ciudadanos de un mundo,
que necesita el vuelo de una paloma,
que necesita corazones abiertos

y está sediento de un agua nueva.

POR ESO ESTAMOS AQUÍ,
CONMIGO PUEDES CONTAR,
Y DEJARÉ MI EQUIPAJE A UN LADO,
PARA TENER BIEN ABIERTAS LAS MANOS,
Y EL CORAZÓN LLENO DE SOL.

Somos ciudadanos de un mundo,
que fue creado como casa de todos,
como el hogar de una gran familia
donde todos vivamos en paz.

Somos ciudadanos de un mundo,
que clama día y noche por su libertad,
que permanece en la oscura tiniebla del hambre,
el odio y la guerra.

QUE CANTEN LOS NIÑOS

QUE CANTEN LOS NIÑOS,
QUE ALCEN LA VOZ,
QUE HAGAN AL MUNDO ESCUCHAR;

QUE UNAN SUS VOCES Y LLEGUEN AL SOL;
EN ELLOS ESTÁ LA VERDAD.

QUE CANTEN LOS NIÑOS
QUE VIVEN EN PAZ
Y AQUELLOS QUE SUFREN DOLOR;

QUE CANTEN POR ESOS QUE NO CANTARÁN
PORQUE HAN APAGADO SU VOZ…

“Yo canto para que me dejen vivir”.
“Yo canto para que sonría mamá”.

“Yo canto por que sea el cielo azul
y yo para que no me ensucien el mar”.
“Yo canto para los que no tienen pan”.
“Yo canto para que respeten la or”.
“Yo canto por que el mundo sea feliz”.
“Yo canto para no escuchar el cañón”.

“Yo canto por que sea verde el jardín,
y yo para que no me apaguen el sol”.
“Yo canto por el que no sabe escribir,

y yo por el que escribe versos de amor”.
“Yo canto para que se escuche mi voz,
y yo para ver si les hago pensar”.

“Yo canto porque quiero un mundo feliz,
y yo por si alguien me quiere escuchar”.

Oremos al Padre, origen y garantía de la felicidad de los hombres:

VENGA A NOSOTROS TU REINO

• Para que la Iglesia experimente la libertad y la dicha de ser Iglesia pobre y de los pobres, el “resto” del que brote un pueblo nuevo.

• Por los que detentan y medios para que escuchen el clamor de los que sufren, de las víctimas de la violencia, de los que tienen sed de justicia.

• Por los creen en el poder de la no violencia activa encuentren espacios de paz y no se dejen tentar por la fuerza y la violencia.

• Para que la entrega de los que luchan por la causa de la justicia sea semilla de fraternidad.

• Por los que celebramos el triunfo de Jesús sobre las fuerzas de la muerte, para que trabajemos sin descanso por la paz y la reconciliación.

Atiende con tu misericordia a las víctimas del pecado de los hombres y haznos capaces de cooperar a la venida de tu Reino de vida, de justicia, de amor y de paz.

El sacerdocio de Cristo nos hace a todos los creyentes sacerdotes como Él, al darnos la posibilidad de ofrecer nuestras vidas en amor y servicio a Dios y a nuestros hermanos. Esa es  nuestra ofrenda. Así quedamos incorporados al sacrificio de Cristo. Esto es lo que queremos decir cuando afirmamos que somos miembros del Cuerpo de Cristo y sacerdotes con Él. 

Este «sacerdocio de los fieles», con todas sus consecuencias, ha sido redescubierto por el Concilio Vaticano II. Todos los creyentes, sin distinción y en virtud del bautismo recibido, somos sacerdotes; nuestra función sacerdotal es ofrecer nuestras vidas al servicio de Dios y de nuestros hermanos. Este sacerdocio común de todos es el que da sentido al ministerio ordenado –obispos, presbíteros y diáconos–, instituido por Jesucristo para estar al servicio de la comunidad. El alcance de este redescubrimiento está revolucionando poco a poco la vida de la Iglesia, convirtiendo a la hasta ahora masa silenciosa y pasiva del laicado en protagonistas, por derecho propio, en todo lo que concierne a la misión de la Iglesia en el mundo, en comunión de corresponsabilidad, no de obediencia ciega, con la jerarquía de la Iglesia. 

A lo largo de mi vida sacerdotal y misionera he dado infinitas gracias a Dios por el testimonio de los servidores de la comunidad, de los catequistas, de los líderes cristianos. ¡Cuánto tenemos que agradecer su amor a los hermanos,  sacrificio y desinterés para servir a todos en la comunidad y mantener viva la llama de la fe católica! Tanto hombres como mujeres…Ña Esperanza, Karai Hilario… Eran para nosotros, misioneros que veníamos a evangelizar, una “verdadera escuela de apostolado”. Estos humildes vecinos se comprometían con toda la ilusión  a ser las manos alargadas del sacerdote en las pequeñas comunidades rurales y en las barriadas.

Me acuerdo de los que llegaban a las reuniones en la zona de Raúl Arsenio Oviedo –Caaguazú, Paraguay- con los pies descalzos, con un bocado o “portijú”, como dicen en guaraní, para calmar el hambre y el cansancio. No les reportaba ningún beneficio económico ni ventajas de mando en la comunidad, pues sólo lo hacían por amor a Dios y al prójimo. Sentían el gozo de servir a Dios en los hermanos.

San Marcos nos recuerda cómo Jesús identificó a su verdadera familia: la escucha atenta de la palabra y el cumplimiento de la voluntad de Dios son los rasgos característicos de la madre y los hermanos de Jesús. Jesús aprovecha la visita de su familia para enseñar algo fundamental: no podemos ser egoístas atándonos a nuestra familia biológica. La verdadera familia de Jesús, la familia del reino, traspasa las fronteras biológicas y de raza, y la integran todos los hombres y mujeres que cumplen la voluntad de Dios. Ser católico significa tener un corazón abierto, universal.

Carlos Latorre, cmf

Hoy es martes, 24 de enero.

Profundizar en la oración es entrar en una relación personal con un Dios que nos va resultando más familiar. Con el que crece la confianza a la par que el asombro y la adoración, por quien es el Señor de la vida. Mientras dejo que el silencio se haga en mi interior, me hago consciente de que Dios está aquí, conmigo, guiando mi oración. Para tener un rato de intimidad y comunicación sencilla.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 3, 31-35):

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.»

Les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?»

Y, paseando la mirada por el corro, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.»

En este fragmento, es la propia familia de Jesús la que intenta frenarlo. Y es que la invitación de Jesús a seguirle, a menudo nos pone ante un conflicto con los más cercanos. Por decisiones que cambian la vida. Por gestos de gratuidad que no tienen sentido. ¿A qué me invita Jesús? ¿Me ha dado miedo alguna vez esa invitación que él me hace?

Jesús al escuchar que lo esperaban fuera, miró a aquellos que le rodeaban: discípulos, hambrientos, pobres, enfermos y buscadores sinceros de Dios. Con gran ternura, Jesús les dijo que sólo por seguirle, por cumplir con la voluntad de Dios, ya se habían convertido en su familia. Me detengo a mirar a los que me rodean, los que comparten conmigo la fe.

Jesús nos invita a vivir en comunidades y familias abiertas, que no se cierren sobre sí mismas en sus propios intereses. De algún modo los excluidos y los marginados y todos aquellos a quienes Jesús invita a seguirle, tienen las puertas abiertas para entrar. Y para mí, ¿cuál es el lugar de ellos en mi vida? ¿Se traduce en tiempo, en compromiso, en presencia, en dedicación?

Vuelvo a leer el texto. Ahora sintiéndome dentro de la escena. Como aquellos que estaban en el corro alrededor de Jesús. Escucho cómo Jesús pasa la mirada por quienes lo rodean. Y cómo se acerca a ellos haciéndoles formar parte de la intimidad de su familia, de su círculo más cercano. Siento la invitación a entrar en esa casa y en esa relación.

Gracias a Jesús sabemos que Dios es Padre y hoy descubrimos también que el mismo Dios se hace nuestro hermano. Puedo tener ahora un momento para dirigirme al Padre y darle gracias por esta oración, por la invitación a seguir a Jesús y por hacerlo con aquellos con los que comparto la fe. Puedo presentarle los nombres que forman parte de mi historia y pedir al Padre por cada uno de ellos.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

A %d blogueros les gusta esto: