Feeds:
Entradas
Comentarios

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: YA NO TEMO, SEÑOR, LA TRISTEZA

Ya no temo, Señor, la tristeza,
ya no temo, Señor, la soledad;
porque eres, Señor, mi alegría,
tengo siempre tu amistad.

Ya no temo, Señor, a la noche,
ya no temo, Señor, la oscuridad;
porque brilla tu luz en las sombras,
ya no hay noche, tú eres luz.

Ya no temo, Señor, los fracasos,
ya no temo, Señor, la ingratitud;
porque el triunfo, Señor, en la vida,
tú lo tienes, tú lo das.

Ya no temo, Señor, los abismos,
ya no temo, Señor, la inmensidad;
porque eres, Señor, el camino
y la vida, la verdad. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Salmo 135 I – HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL ÉXODO.

Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.

El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Ant 2. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Salmo 135 II

El hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.

Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Ant 3. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

LECTURA BREVE   1Ts 3, 12- 13

Que el Señor os haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros y con todos, así como os amamos nosotros, para que conservéis vuestros corazones intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.

RESPONSORIO BREVE

V. Suba, Señor, a ti mi oración.
R. Suba, Señor, a ti mi oración.

V. Como incienso en tu presencia.
R. A ti mi oración.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Suba, Señor, a ti mi oración.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.

PRECES

Llenos de confianza en el Señor Jesús que no abandona nunca a los que se acogen a él, invoquémosle diciendo:

Escúchanos, Señor, Dios nuestro.

Señor Jesucristo, tú eres nuestra luz; ilumina a tu Iglesia
para que proclame a todas las naciones el gran misterio de piedad manifestado en tu encarnación.

Guarda a los sacerdotes y ministros de la Iglesia,
y haz que con su palabra y su ejemplo edifiquen tu pueblo santo.

Tú que, por tu sangre, pacificaste el mundo,
aparta de nosotros el pecado de discordia y el azote de la guerra.

Ayuda, Señor, a los que uniste con la gracia del matrimonio,
para que su unión sea efectivamente signo del misterio de la Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede, por tu misericordia, a todos los difuntos el perdón de sus faltas,
para que sean contados entre tus elegidos.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:

Padre nuestro…

ORACION

Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque el día ya se acaba; sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra esperanza; así nosotros, junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la fracción del pan. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Evangelii Gaudium: Comunión en las diferencias

“De este modo, se hace posible desarrollar una comunión en las diferencias, que sólo pueden facilitar esas grandes personas que se animan a ir más allá de la superficie conflictiva y miran a los demás en su dignidad más profunda. Por eso hace falta postular un principio que es indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. No es apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna”. (228).

UN POEMA: ¡Qué hermosa es tu casa!
¡Qué hermosa es la Comunión que queremos:
en la casa de la Fraternidad!
En comunión con los que no creen igual,
con los que no celebran igual,
con los que no piensan igual.
Entre los que buscamos
un mismo sentir fundamental.

Una comunión que no se rompa
por las tensiones, sino que las asuma.
Una comunión que no se quiebre
por las divergencias, sino que las haga converger.
Una comunión que no encubra
las discordias, sino que las afronte y supere.
¡Qué hermosura de Comunión!

[Qué hermosa es la Unidad que queremos:
una Iglesia plural en una Casa Común!
Donde cada creyente tenga su palabra,
su carisma y su compromiso;
el teólogo, su aclaración;
el profeta, su denuncia.
y cada comunidad, su estilo,
su expresión de la fe.

Casa universal: cada uno
con su creencia y sus dudas,
con sus ideas y sus vivencias,
con su pecado y sus esperanzas
y con su buena voluntad.
¡Qué hermosura de Unidad!

¡Qué hermosa es la Iglesia que queremos:
casa siempre abierta de puertas
y ventanales transparentes,
soleados, aireados!
Hogar de los que buscan,
familia de familias,
comunidad de comunidades,
iglesia de iglesias.
¡Qué hermosura de Iglesia!

¡Qué hermosa es la Comunidad que queremos:
residencia de Dios en la tierra,
presencia de Dios en el barrio,
lugar de comunión eclesial,
espacio de encuentro comunitario!
Casa siempre en construcción,
siempre reformándose,
según los planos del Maestro de obras.
¡Qué hermosura de Comunidad!

Joaquín Suárez

Llamados a ser imagen del Dios comunidad y conscientes de que sólo con su ayuda podemos restaurar la imagen desfigurada que ofrecemos, le pedimos:

AYÚDANOS, SEÑOR

• Pedimos por la Iglesia universal, para que sus comunidades sean alegres y servidoras y ofrezcan al mundo el testimonio limpio de familia de los hijos de Dios. Oremos.

• Por los representantes de las religiones, para que el Espíritu de Dios que sopla donde quiere les guíe al encuentro y la colaboración mutua en el servicio a todo lo humano. Oremos.

• Por los que se encuentran alejados de Dios, para que la gracia del Señor y el testimonio de los creyentes les ayuden a encontrar la luz que necesitan para abrirse al Espíritu de Dios. Oremos.

• Por cuantos son excluidos del cuerpo social, para que su clamor desde los márgenes sea la llamada que movilice la responsabilidad de los cristianos y descubran la fuente del amor que es Dios. Oremos.

• Por los cristianos y cristianas que han seguido la vocación a la vida contemplativa, para que su oración y estilo de vida sean testimonio de las relaciones gratuitas con el Señor de la vida y fecunden al mundo de gratuidad. Oremos.

• Por cuantos hemos sido bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, para que no invoquemos el nombre de Dios en vano, sino que acojamos al Dios vivo y a Él sólo adoremos en espíritu y en verdad. Oremos.

Que tu bondad, oh Dios Padre, ilumine nuestra vida; que la Palabra de tu Hijo brille en nuestras palabras y en nuestras acciones; y que el amor y el fuego de tu Espíritu nos haga crecer cada día en el amor y en la fe.

Para la homilía

Un Dios solo, pero no solitario

Desde la sociología se afirma que somos desde los demás en un tanto por ciento muy elevado de nuestro ser personal. No podemos ser sin los otros. Y esto no es una debilidad sino un signo de la riqueza de nuestro ser social y comunitario. Por eso nos entendemos divinamente cuando miramos a Dios en su trinidad.

Es cierto que creemos en un solo Dios, pero no en un Dios solitario. Él se nos ha manifestado en la historia de la salvación como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Su quehacer nos ha mostrado su esencia amorosa y relacional, que ha sido expresada y derramada en la comunión con todos nosotros. Por eso nos sentimos Hijos del Padre en el Hijo, hermanos en Cristo, y parte de ese amor trinitario en el que nos adentra la acción del Espíritu. Ahí enraíza nuestra Iglesia llamada a la comunión y a ser sacramento de unidad de los hombres entre sí y de éstos con Dios.

Creemos nuestro credo Creemos nuestro credo cuando, a imagen cuando creamos la comunidad de nuestro Dios trinitario, creamos la comunidad universal fundada en la fraternidad de una sangre que nos habla de la alianza nueva y eterna. Toda la creación y, con ella, toda la humanidad, estamos llamados a explotar en el corazón trinitario y amoroso de lo Divino. Celebrar la Trinidad es celebrar nuestra comunión y nuestro horizonte amoroso y divino, el que se nos ha manifestado en la historia de la salvación:

  • Gratuitamente escogió a un pueblo de entre el resto de los pueblos (I lectura)
  • En su Hijo nos ha hecho hijos suyos (II lectura)
  • Y cuyo Espíritu nos acompaña en nuestro caminar por la vida (Evangelio)

Es en esta experiencia de revelación salvífica de Dios donde Él se nos ha manifestado como uno y trino, como único y comunitario. La palabra de Dios proclamada hoy nos ayuda a entrar esa contemplación:

Creemos en un Dios Único (I lectura)
– Un Dios celoso
– Que no acepta la presencia de otros dioses
– Pues él es el único que nos ha salvado

Es, pues, un Dios que nos invita a
– No crear otros dioses
– Hacernos presentes en la historia salvando, liberando

Creemos en un Dios Comunidad (Evangelio)
– “Un Dios solo, pero no solitario”, como dijeron nuestros antepasados en la fe
– Un Dios que es “amor compartido”
– Y cuyo “amor compartido” se ha derramado en nosotros

Es, pues, un Dios que nos invita a
– Construir la fraternidad
– Compartiendo con los demás nuestra vida

Creemos en un Dios Apertura-Acogida (II lectura)
– En su Hijo nos ha hecho-acogido (como) hijos
– Por puro amor, gratuitamente, hacia nosotros
– Para que salgamos de toda esclavitud

Es, pues, un Dios que nos invita a
– Acoger gratuitamente a todos
– Ser espacio de encuentro para todos
– En especial para todos los que no se sienten acogidos

José Moreno Losada

En coro en la statio orante

17. El horizonte está abierto, mientras estamos invitados a la vigilancia orante que intercede por el mundo. En ella seguimos vislumbrando pequeños signos que presagian benéfica lluvia sobre nuestra aridez, susurros ligeros de una presencia fiel.

El camino a recorrer para seguir la nube no es siempre fácil; el discernimiento exige a veces largas esperas que cansan; el yugo suave y dulce (cf. Mt 11,30) puede volverse pesado. El desierto es también un lugar de soledad, de vacío. Un lugar donde falta todo lo fundamental para vivir: el agua, la vegetación, la compañía de otras personas, el calor de un amigo, incluso la vida misma. Cada uno en el desierto, en silencio y soledad, toca su imagen más auténtica: se mide a sí mismo y al infinito, su fragilidad como grano de arena y la solidez de la roca como misterio de Dios.

Los israelitas permanecían acampados, hasta que la nube se paraba sobre la tienda; volvían a partir por el camino cuando la nube se alzaba y dejaba la morada. Pararse y volver a partir: una vida guiada, reglamentada, ritmada por la nube del Espíritu. Una vida para vivir en atenta vigilia.

Elías, acurrucado sobre sí mismo, aplastado por el dolor y la infidelidad del pueblo, lleva sobre los hombros y en el corazón el sufrimiento y la traición. Él mismo se convierte en oración, súplica orante, entrañas que interceden. A su lado y por él, el chico escruta el cielo, para ver si del mar aparece la señal de respuesta a la promesa de Dios.

Es el paradigma del itinerario espiritual de cada uno, mediante el cual el hombre se convierte realmente en amigo de Dios, instrumento de su plan de salvación divino, y toma conciencia de su vocación y misión para beneficio de todos los débiles de la tierra.

La vida consagrada en el momento presente está llamada a vivir con especial intensidad la statio de la intercesión. Somos conscientes de nuestro límite y de nuestra finitud, mientras nuestro espíritu atraviesa el desierto y la consolación buscando a Dios y los signos de su gracia, tiniebla y luz. En esta statio orante nos jugamos la rebelde obediencia de la profecía de la vida consagrada, que se hace voz de pasión para la humanidad. Plenitud y vacío – como percepción profunda del misterio de Dios, del mundo y de lo humano– son experiencias que atravesamos a lo largo del camino con la misma intensidad.

El papa Francisco nos interpela: «¿Tú luchas con el Señor por tu pueblo, como Abrahán luchó (cf. Gn 18, 22-33)? Esa oración valiente de intercesión. Nosotros hablamos de parresia, de valor apostólico, y pensamos en los proyectos pastorales, esto está bien, pero la parresia misma es necesaria también en la oración»134.

La intercesión se hace voz de las pobrezas humanas, adventus y eventus: preparación a la respuesta de la gracia, a la fecundidad de la tierra árida, a la mística del encuentro en el signo de lo pequeño.

La capacidad de sentarse en coro hace a los consagrados y las consagradas no profetas solitarios, sino hombres y mujeres de comunión, de escucha común de la Palabra, capaces de elaborar juntos significados y signos nuevos, pensados y construidos incluso en el momento de las persecuciones y del martirio. Se trata de un camino hacia la comunión de diferencias: signo del Espíritu que sopla en nuestros corazones la pasión para que todos sean uno (Jn 17,21). Así se manifiesta una Iglesia que –sentada a la mesa después de un camino de dudas y de comentarios tristes y sin esperanza– reconoce a su Señor al partir el pan (Lc 24,13-35), revestida de esencialidad evangélica.


134 FRANCISCO, Discurso a los párrocos de Roma, Roma (6 de marzo de 2014).

Mt 28, 16-20

El encuentro de Jesús con los Once en el monte de Galilea cierra el evangelio de Mateo. La narración no describe, propiamente, una apa- rición del Resucitado. El interés se centra en la declaración de Jesús, el encargo que hará a los discípulos. La afirmación final del texto cierra la “gran inclusión” del evangelio, que comenzó con el anuncio del nacimiento del “Emmanuel, Dios con nosotros”, y concluye con la promesa de Je- sús: «estaré con vosotros todos los días…».

El texto se presenta como una especie de “tes- tamento del resucitado”. Él ha sido exaltado tras la resurrección, ha recibido todo el Señorío del Padre. Sus palabras revelan el misterio de su persona: el que obedeció hasta las últimas consecuencias en fidelidad a la misión recibida del Padre, es quien ahora goza de «toda fuerza/poder sobre el cielo y la tierra». Dios legitima y valida la enseñanza y actuación de Jesús, haciéndole Señor-vencedor sobre toda la creación.

Es importante notar el carácter solemne de las palabras de Jesús. En apenas tres versículos utiliza cuatro veces el término “todo/a”: «todo poder – todos los pueblos – todas las cosas – todos los días». El carácter de sus palabras es absoluto y abarca la totalidad. Tanto su encargo como su promesa son definitivos: el poder-autoridad recibido es el fundamento del mandato y garantía de su presencia en medio de ellos.

El encargo que reciben los Once recuerda el envío misionero. Es necesario salir, ponerse en camino, ir de un lugar a otro. El imperativo, «haced discípulos», domina el mandato recibido. No se tata, en este momento, de predicar ni anunciar el evangelio. Su misión es construir el nuevo pueblo de Dios, un pueblo de discípulos que acogen la enseñanza del Maestro, y la ponen en práctica. El alcance de esta tarea es universal: «todas las naciones» son destinatarias del encargo recibido. La apertura universal de la enseñanza de Jesús se hace ya definitiva. Abarca tanto a los judíos, destinatarios de la primera alianza, como a todo el mundo “pagano”.

«Bautizar y enseñar» dependen del imperativo «haced discípulos». Son dos verbos que explican el sentido del verbo principal. El bautismo al que se refiere no se debe entender en el sentido que tiene actualmente en la Iglesia. Más que como “rito de iniciación”, se entiende como “signo de pertenencia a la comunidad cristiana”. Los bautizados son el grupo de los que tratan de vivir como discípulos, obedientes a la voluntad del Padre.

La segunda aclaración, «enseñando a guardar todo», dirige la mirada a la vida terrena de Jesús, sus obras y palabras, manifestación de su mesianismo. Él es el único y definitivo Maestro del que aprender. «Guardar las enseñanzas» no tiene un sentido de “conservación”, sino más bien de “cumplimiento”. Es una invitación a la praxis, a vivir como Jesús vivió; es decir, cumplir la voluntad del Padre, en obras y palabras.

La declaración final del evangelio es la garantía de que todo lo que Jesús ha prometido se realizará. Su presencia constante, definitiva, recuerda al “Dios que está” junto al pueblo, en todo momento, y al mismo Jesús que ha estado al lado de los suyos. Jesús se compromete a no olvidarse de los suyos, a acompañar el caminar, no siempre fácil de la Iglesia. Esta presencia permanente se desvela en otras palabras: «Estaré con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos»… porque «cuando hicisteis estas cosas a los pequeños… a mí me lo hicisteis» (cfr. Mt 25,31ss).

Óscar de la Fuente

Rom 8, 14-17

El mecanismo de rehabilitación que Dios ha ideado para el bien de la historia en la sangre de Jesús y que libra de las grandes construcciones (pecado, Ley, muerte adámica) posibilita el llevar una nueva vida, la vida según el Espíritu. Pablo cree realmente que la opción cristiana es el camino de una nueva vida. La ruptura religiosa y, sobre todo, existencial que el apóstol ha experimentado en su vida le lleva a la certeza de que el estilo de vida del cristiano es, en realidad, un camino de vida nuevo. El presente texto quiere describir el horizonte de tal estilo de vida, el de quienes “se dejan llevar por el Espíritu de Dios”. Esos tales han orientado su vida al logro de la filiación porque “son hijos de Dios”. Es decir, el logro de una vida nueva tiene su arranque en el corazón mismo del Padre, en su Espíritu. El logro de la filiación no es, pues, un mero empeño humano sino, sobre todo, una obra del amor de Dios sobre la historia. Esta fontalidad espiritual es decisiva a la hora de comprender la posibilidad de un nuevo modo de vida.

El nuevo estilo de vida es el de la filiación. Cuando Pablo dice que somos “hijos adoptivos… que pueden gritar ¡Abbá!” está poniendo el acento no en la diferencia hijos adoptivos-hijos naturales, sino en la semejanza. El hijo adoptado y el “natural”, Jesús, dan el mismo grito porque ambos están en el mismo nivel, en el de la filiación. Este argumento de la semejanza es la base de la vida nueva: la conciencia de que se es hijo, de que al ser creada se le otorga a la persona la posibilidad de vivir en la vida nueva de los hijos (Jn 1,12). Estamos en la hondura del ser cristiano.

Esto es en lo que están concordes el Espíritu, el anhelo de Dios, y nuestro espíritu, nuestro propio anhelo. La nueva vida de la filiación hace que el Espíritu de Dios, espíritu de amor, se plenifique y logra que nuestro espíritu humano llegue a un horizonte impensado, el estilo nuevo en libertad y en amor. La filiación trae beneficios para todos.

La prueba de que la filiación es real consiste, dice Pablo, en que el creyente hereda como Jesús. En tiempos en que no heredaba sino el primogénito, se viene a decir, en el lenguaje de la paradoja, que todos heredamos, que todos somos “primogénitos” como Jesús. Los beneficios de la filiación nos afectan profundamente y nuestra vida puede aspirar a la dicha plena, a los bienes duraderos, al amor sin sombras.

El sufrimiento con él, con Jesús, las pruebas que no se le van a ahorrar al cristiano en su nuevo estilo de vida, son también puerta para la herencia, como ha ocurrido en el caso de Cristo que ha tenido que encajar las debilidades del hecho histórico. De esa manera, las dificultades adquieren un horizonte distinto: ya no son meramente situaciones humillantes, sino que en su interior se halla el brillo oscuro de lo pobre, pero brillo al fin y al cabo.

Fidel Aizpurúa Donázar

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 417 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: