Comentario Domingo V de Cuaresma

Oración

Señor Jesús: Tú eres la resurrección y la vida. Gracias porque nos concedes creer y confiar en Ti. Gracias a Ti:
– no hay ni enfermedad ni muerte que se resista a tu amor poderoso;

– no hay debilidad nuestra que se resista al poder de tu palabra de vida;

– no hay nada que hagamos que sea inútil, ni infecundo, ni absurdo;

Desde Ti, nos ponemos en pie cada día.
Desde Ti, nuestra debilidad se hace fuerte.
Desde Ti, nuestro cansancio se hace de nuevo aliento de vida.
Desde Ti, nuestro corazón herido se siente perdonado y sanado para la vida.

Jn 12,20-33

«20Había algunos griegos de los que subían para adorar en la fiesta. 21Así que éstos acudieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron diciendo: “Señor, queremos ver a Jesús”. 22Va Felipe y se lo dice a Andrés; van Andrés y Felipe y se lo dicen a Jesús.

23Jesús les responde diciendo: “Ha llegado la hora para que sea glorificado el Hijo del hombre. 24En verdad, en verdad os digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. 25El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. 26Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo estoy, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. 27Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué diré? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero si por esto he venido, para esta hora, 28Padre, glorifica tu Nombre”.

Vino entonces una voz del cielo: “Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré”.

29Así que la muchedumbre que estaba allí y oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: “Le ha hablado un ángel”.

30Respondió Jesús y dijo: “No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. 31Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. 32Y yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”.

33Esto decía para señalar de qué muerte iba a morir».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Según la estructura tradicional del cuarto evangelio, estamos al final del “libro de los signos” (Jn 1,19-12,50), justo antes del “libro de la gloria” (Jn 13,1-21,25). En esta forma de comprender el evangelio, que separa “los signos” de “la gloria” es bastante arbitrario, pues ya desde el principio “signos y gloria” van estrechamente unidos (cf. Jn 2,11). En todo caso, estamos al final de la sección en que se nos narran los signos de Jesús: el séptimo y último, la resucitación de Lázaro está en Jn 11, junto a la violenta reacción de las autoridades judías, que deciden la muerte de Jesús. Se está fraguando el destino de Jesús, que entra mesiánicamente en Jerusalén en 12,12. En ese contexto aparece este discurso de Jesús a Andrés y Felipe. Tras él, el evangelio recogerá la situación de incredulidad de los judíos, y sin más comenzará el relato de la Pasión con el episodio del lavatorio de los pies (13,1ss). La Cuaresma está avanzada y el evangelio nos prepara para la hora de Jesús.

 

TEXTO

Aunque la perícopa completa llega hasta el v. 36, podemos indicar para este texto una estructura en dos partes, con tres subdivisiones cada una. Los centros de cada parte están ocupados por sendas intervenciones de Jesús. Así, la primera parte (vv. 20- 28) se divide en: a) la introducción a la perícopa, donde los griegos, deseando ver a Jesús, se dirigen a Felipe, éste a Andrés y los dos a Jesús (vv. 20-22); b) las primeras palabras de Jesús, un discurso muy denso (vv. 23-28a); c) la voz del cielo (v. 23b). La segunda parte se divide en: a) la doble reacción de la gente ante la voz (v. 29); b) las segundas palabras de Jesús (vv. 30-32); c) la aclaración del evangelista (v. 33).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Todo el texto pende de una súplica: “Queremos ver a Jesús”. No es simple curiosidad. Hay señales (v. 19, el anterior / adorar / “señor”) que nos indican una búsqueda profunda de la verdad en aquellos griegos. El deseo necesita mediadores que lo lleven hasta Jesús: Felipe y Andrés son de Betsaida, una ciudad plural y mixta, como ellos mismos son plurales; Felipe es más judaizante (leed Jn 1,45) y Andrés más abierto a lo nuevo (leed Jn 1,41). En nuestras tierras y comunidades plurales, ¿cuáles son nuestros más hondos deseos? ¿cómo despertar el deseo por Jesús? ¿somos capaces de conducir hasta Jesús a las personas que buscan?

• Las primeras palabras de Jesús están llenas de antítesis y paradojas: el breve discurso se abre y se cierra con la mención a la hora de Jesús, que es su glorificación. Pero, contra lo que cabría esperar, esa hora y esa glorificación son el sufrimiento (la pasión) y la muerte (!). En el corazón (v. 25), una serie de juegos contradictorios: amar/odiar la vida; perder/guardar la vida; este mundo/vida eterna. Antes (v. 24) el ejemplo (¡real!) del grano de trigo que sólo muriendo es capaz de dar mucho fruto; después (v. 26), la llamada al seguimiento, como servicio a (la causa de) Jesús. La densidad del texto es extrema, pero no es una densidad académica o intelectual, sino existencial y experiencial. ¿Qué significa para nosotros, para nuestra fe en Jesús, para nuestro discipulado? ¿Cómo vivir y asumir ser granos que “se entierran” para fructificar?

• La voz de Dios habla de pasado y de futuro, pero no es entendida por los que la oyeron. ¿Entendemos hoy la voz de Dios cuando une glorificación y salvación con sufrimiento y muerte? ¿Qué tiene futuro para Dios? Y nosotros, ¿qué pensamos que tiene futuro?

• Dos movimientos contrarios: el “príncipe de este mundo” cae a tierra (movimiento descendente); Jesús, el Señor, es elevado (movimiento ascendente). En el evangelio de Juan, “ser elevado” es colgar de la cruz que, con la resurrección, forma parte de la glorificación del hijo de Dios. No es fácil asumir que el triunfo final pasa por el fracaso y la muerte, pero debemos reflexionar sobre los aspectos que, en nuestra vida de fe, tienen que caer, y los que tienen que ser elevados (con el consiguiente coste de pasión y muerte.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

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