La misa del Domingo

Domingo IV de Pascua.
2 de abril de 2018

JESÚS, MODELO DE BUEN PASTOR

El relato del evangelio que acabamos de leer y escuchar está enmarcado en un contexto más amplio, el de la polémica entre Jesús y los fariseos, después de la curación del ciego de nacimiento. Quien no entra por la puerta, es ladrón y bandido. Quien no es dueño de las ovejas, sino un simple asalariado, se preocupa solo de su salario y no de las ovejas, y mucho menos está dispuesto a dar la vida por ellas.

Es un texto plenamente integrado en los relatos pascuales, pues el único mandato que Jesús recibe del Padre es dar Vida.

El problema que podemos tener hoy, sobre todo entre los más jóvenes y entre la gente urbana, es que apenas sabemos lo que es realmente un pastor, su conocimiento y dedicación al rebaño y a cada una de las ovejas.

En estos tiempos de ganadería industrial, de ‘pastores eléctricos’, de ‘pastores temporeros’, los pastores no conocen a cada oveja por su nombre, ni las ovejas reconocen a su pastor. En tiempos de Jesús, el pastor era, la mayoría de las veces, el dueño de las ovejas, a las que cuidaba con esmero, incluso, cobijándolas al lado de casa, llamándolas por su nombre propio. Y las cuidaba de tal manera porque de ellas dependía el sustento de la familia: leche, carne, lana, abono,…

La figura del pastor, dueño del rebaño, está en contraposición con la figura del asalariado, del mercenario. El pastor que es dueño de las ovejas, actúa por amor y no le importa arriesgar su propia vida por defenderlas de cualquier peligro. El asalariado, mercenario, actúa por dinero, las ovejas le traen sin cuidado.

La imagen del pastor es muy frecuente en el Antiguo Testamento. Se aplicó a los dirigentes judíos, muchas veces para llamar la atención de que no cumplían con su deber de cuidar como debían del pueblo. También se aplicó al mismo Dios que, cansado de los malos pastores, terminaría por apacentar Él mismo a su rebaño, su pueblo Israel.

Lo que hace Juan en este relato evangélico de hoy, es precisamente resaltar y conectar la vida de Jesús con el pastor que entrega su vida por las ovejas. Juan interpreta de la vida y muerte de Jesús como servicio total a los hombres. Hay que recordar una vez más, que no se trata de un discurso de Jesús, sino de una manera de trasmitir lo que los cristianos de aquella comunidad pensaron sobre Él durante setenta años, hasta que se escribió el texto.

Jesús es, pues, el pastor por excelencia, único. Pastores “buenos”, puede haber muchos. Pastor ideal solo puede haber uno, Jesús. Y es “Buen Pastor” porque la entrega a sus ovejas es hasta las últimas consecuencias, la propia muerte.

Esta disposición de Jesús a dar Vida es lo que celebramos en este tiempo de Pascua. Es mucho más que celebrar la muerte y creer en una vuelta a la vida. Se trata de descubrir que Jesús comunica a otros lo más valioso de sí mismo. Como los primeros cristianos, nosotros tenemos la misma posibilidad de hacer nuestra esa Vida. En la medida que cada uno de nosotros hayamos hecho nuestra esa Vida, estaremos dispuestos a desvivirnos por los demás. Es el mensaje nuclear del mensaje cristiano.

Agustín Fernández, sdb