A modo de síntesis

¿Cómo comienza entonces mi charla espiritual? ¿De quién hablo? A modo de síntesis de todo lo expuesto, cabría afirmar que quienes tienen espíritu de oración (diaria), pueden hacerlo comenzando por relatar si verdaderamente hicieron la oración todos los días, y si no fue así, aducir las razones: falta de tiempo, pereza o precipitación. Además, interesan los buenos propósitos que el buen Dios ha puesto en sus corazones; además de las inspiraciones o afectos que han movido el alma durante los ratos dedicados al Señor.
En esa misma oración, o también durante la presencia de Dios prolongada durante el día, la fe ha dado un perfil muy concreto a las diversas circunstancias de la vida. Son relevantes en dirección espiritual las que están influyendo (para bien o para mal) en el carácter, en el trabajo o en la misma vida de piedad. Preocupaciones, tristezas y alegrías, pero, sobre todo, lo que Dios opina de cada una de esas pasiones. Son las cosas que me llevan, que me pesan o me alegran, pero pasadas por Cristo, contadas a través de la fe, que son tema de oración, y por eso mismo, asunto de dirección espiritual.
Además, conviene poner al corriente al acompañante de las luchas más significativas, que hablan de si uno anda perezoso, criticón o lleno de envidas durante las últimas semanas. Y con ello, lo más importante: si se reconoce la mano de Dios en cada una de esas luchas.
Todo eso puede fortalecer o debilitar ocasionalmente la fe misma, que, en caso de verse zarandeada por las dificultades de la vida, también deberá ser puesta en común en el diálogo espiritual: si flaquea mi creencia, o bien si me veo confirmado por un montón de regalos de Dios.
Ya hemos comenzado la tarea de la dirección espiritual, y queda explícitamente claro que se trata de la apertura del alma, de extender el corazón. Estamos metidos de lleno en el único ambiente donde se puede poner al descubierto la intimidad del hombre con Dios, aquí y en ningún sitio más, porque, como afirma la Biblia Vulgata, secretum meum mihi, mi secreto es para mí (Is 24, 16).

Cuenta conmigo, Fulgencio Espa