Viernes Santo

Hoy es 19 de abril, Viernes Santo.

Señor, hoy, Viernes Santo, es un día para el silencio. Para acompañarte en el camino de la cruz, para orar, desde el dolor, por todas las cruces de nuestro mundo, donde los inocentes alzan un grito de abandono. Donde los profetas plantan cara hasta el final. Donde el mal parece imponer su lógica, pero encuentra frente a sí el amor capaz de perdonar hasta el extremo. Toda esta semana he estado caminando con tus discípulos. Hoy, intento acercarme a María, tu madre y con ella y con Juan y con las otras discípulas, compartir tu camino. María, madre, creyente, amiga, que hoy, viéndote pasar camino de la cruz, siente el dolor de aquellas espadas que un día le profetizó Simeón.

O Maria le sette spade chi nel cuore ti pianto?
Sono stato io l’ingrato O Maria perdon e pietà
O Maria quel tuo bel figlio chi l’uccise e massacro?
Sono stato io l’ingrato O Maria perdon e pietà
O Maria del caro figlio chi la morte addomando?
Sono stato io l’ingrato O Maria perdon e pietà
O Maria Gesù gia morto chi nel grimbo ti poso?
Sono stato io l’ingrato O Maria perdon e pietà

Maria O Maria perdono e pietà
Maria O Maria perdono e pietà 

O Maria presso la tomba di gesù che ti piago?
Sono stato io l’ingrato O Maria perdon e pietà
O Maria con tante pene chi ti opprese e ti strazio?
Sono stato io l’ingrato O Maria perdon e pietà
O Maria del caro figlio chi la morte addomando?
O Maria del caro figlio chi la morte addomando?
O Maria del caro figlio chi la morte addomando…

Maria le sette spade interpretado por Barbara Furtuna, «In Santa Pace»

La lectura de hoy es de la profecía de Isaías (Is 52, 13; 53,12):

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quien creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron.

Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomo el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Cuesta ver la grandeza en este siervo herido. Pero esa es la profecía de Isaías, que se cumple en Jesús. La lógica de Dios que supera nuestras formas de mirar. El Dios hecho hombre, despreciado, rechazado, justo ahí, en lo más herido y lo más frágil. Muestra, Señor, la grandeza de un amor que no se rinde. Enséñame a mirar.

¿Cómo entender que tu soportas nuestros errores y cargas con nuestras culpas? ¿Cómo entender esa expresión de que fuiste triturado por nuestros crímenes? ¿Es que acaso Dios necesitaba castigos? No puede ser. Más bien es que plantas cara al mal, al egoísmo, al pecado del mundo, negándote a entrar en su lógica. Ese es tu camino. Alzarte y decir no. Esa es la puerta para alcanzarnos la libertad.

Que hable mi cuerpo

No al odio, a la maldad y la venganza.
Sí al amor, a la paz, al perdón.
No al poder injusto, que oprime y domina.
Sí al poder que se hace fuerte en la debilidad.
No a la imposición por las armas o la violencia.
Sí a la palabra que desnuda la verdad.
No a los flashes que ciegan.
Sí a la luz del día que apaga las sombras y la noche.
No al egoísmo que levanta murallas para defenderse.
Sí a la pasión por cada ser humano.
No al escepticismo rampante, de quien está de vuelta de todo.
Sí a la búsqueda eterna, de respuestas, de sentido, de Dios.

(Rezandovoy)

¿Dónde estás, mi Dios,
dónde estás, dónde te olvidé?

¿Dónde estás, mi Dios,
dónde estás, dónde te abandoné?
 

¿Acaso no dejé que Tú solo murieras
cuando al callar di la razón a quien
justicia no predica ni habla de amar?

Quizás por no querer ponerme en las vidas
de quien sufre más, harto de mi pan
guardo y me convenzo que no puedo hacer más.
 

¿Acaso no clavé los clavos que sufriste
cuando fui capaz de hacer que el mundo
pase en mí cada día sin yo antes cambiar?

Mi Dios en una cruzinterpretado por Ixcís, «Beber los vientos»

Termino mi oración ante la cruz. Esa cruz en la que, desde su silencio atronador, habla el siervo de Yavé, el Señor de la vida. Y mirándote, Señor despojado, Señor de la vida, ahora arrebatada me pregunto y me te pido que me enseñes a responder. ¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué voy a hacer por Cristo?

Tomad Señor y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a vos Señor os lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.