La misa del domingo

DOMINGO II de CUARESMA (A)
8 de marzo de 2020

Subir al monte…

Jesús subió al monte con tres apóstoles, Pedro, Santiago y Juan, para orar.

En nuestra vida, parar, tomar perspectiva, vivir desde Dios es imprescindible para cuidar que nuestra vida siga siendo sal y luz para los demás, para vivir desde Dios.

En el trato de amistad con Dios, Él va transformando nuestro corazón, recuperando su imagen en nosotros.

Transfigurarse

Jesús va camino de Jerusalén. Sabe qué le espera allí. La transfiguración puede ser como un alto en el camino, un adelanto de lo que Jesús es: el Hijo de Dios.

Pero también nos revela lo que somos nosotros, hijos en el Hijo. Somos los hijos amados de Dios siempre. Vivir infelices, sin amor, llenos de oscuridades es no reconocer nuestra identidad más profunda: Dios nos ha creado para vivir plenos, transfigurados, felices.

Ojalá que Dios nos conceda transfigurarnos a imagen de su Hijo para que a nuestra vez podamos transfigurar el mundo según los valores del Reino.

Echarse al monte

A veces tenemos la tentación de huir al monte, bajarnos de la vida, desertar de la realidad que cada uno vivimos…

Se está tan bien aquí, que podemos hacer tres tiendas y quedarnos para siempre…

Sin embargo, es la realidad que cada uno vivimos el campo que Dios nos tiene preparados. No hay otro.

Nuestros ojos y nuestro corazón transfigurados miran la vida como el espacio donde Dios nos espera.

Es bajando a la arena de la vida, luchando en las circunstancias de cada día, dando la vida por el Reino, donde reconocemos a Jesús como Hijo de Dios.

Sergio Huerta, sdb