Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 14, 53-54

«53Y condujeron a Jesús al sumo sacerdote, y se reúnen todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas.

54Y Pedro le siguió de lejos hasta el interior, el patio del sumo sacerdote, y estaba sentado con los sirvientes y calentándose junto a la luz.

• El prendimiento de Jesús va seguido inmediatamente por el proceso ante las autoridades judías, seguramente uno de los momentos trascendentales del evangelio y uno de los más ricos teológicamente. Nuestro pasaje se divide en tres partes: puesta en escena (14,53-54), acusación por las palabras contra el Templo (14,55-61a), y pregunta sobre la identidad mesiánica de Jesús (14,61b-65); las dos últimas subdivisiones contienen aproximadamente noventa vocablos cada una, mientras que la primera es aproximadamente la mitad. Como el pasaje anterior, las dos perícopas están estructuradas de modo similar: en cada caso Jesús es ante todo el objeto pasivo de las acciones de otros, pero rompe esa pasividad para hacer una declaración llamativa aproximadamente cuando se llega a las dos terceras partes del episodio (14,48-49.62). En el caso presente, este pronunciamiento es el punto culminante del pasaje y una de las declaraciones más cargadas cristológicamente del evangelio.

• 14,53-54: Los dos primeros versículos disponen la escena para la acción que seguirá: 14,53 para el proceso de Jesús ante las autoridades judías (14,55-65); y 14,54, para la negación de Pedro (14,66-72). En el primer versículo quedan identificados tres grupos de agentes hostiles: uno impersonal, «ellos», los que conducen a Jesús al sumo sacerdote (al parecer el grupo del prendimiento en el pasaje anterior), el sumo sacerdote mismo, los sumos sacerdotes, ancianos y los escribas que se reúnen para asistir al sumo sacerdote en sus deliberaciones.

A pesar de esta agrupación de fuerzas hostiles, el versículo siguiente revela que Jesús no ha sido abandonado totalmente por sus seguidores. Pedro está todavía allí, pues lo había seguido «de lejos» (apo makrothen), la misma expresión que se utilizará más tarde para las mujeres que ven morir a Jesús (15,40). Esta expresión implica una crítica, y este matiz crítico queda reforzado por el eco del Sal 38,11, donde el hablante se queja de que sus amigos más cercanos se mantienen a distancia (apo makrothen) de sus dolores. El salmista continúa diciendo que no abre su boca para quejarse (38,14), rasgo que aparece posteriormente en el relato marcano (14,61a). Visto en este contexto bíblico, Pedro es una figura oscura, que coquetea con la defección tratando aún de seguir a «la luz», tema sugerido por la opción insólita de phós para designar la hoguera al lado de la que intenta calentarse el apóstol. Pero está siendo arrastrado hacia el ámbito oscuro de los enemigos de su Maestro, tal como acentúa la doble expresión, típicamente marcana, «hasta el interior, el patio del sumo sacerdote».