Disposición y no solo esfuerzo

1.- Normalmente se nos educa a valorar, medir y pagar todo según lo realizado. Por el contrario, la matemática de Dios, no deja de ser desconcertante: mira la disposición en el cómo se hacen las cosas, y no tanto las horas que se invierten en ellas.

Acostumbrados a la siembra y cosecha, golpe y efecto, el evangelio de este domingo nos debe de infundir por lo menos, también a los agentes de la pastoral, un cierto aire de optimismo: Dios, al final, es quien sabe lo que hace y porque lo hace.

“Nunca es tarde cuando la dicha es buena”, canta el viejo refrán. Necesitamos abrir, ingenio y esquemas, para que la gran viña del Señor, siga fortaleciéndose y dando el fruto del Espíritu.

2.- “¿Quién ha dicho que la iglesia es vieja?” decía Benedicto ante la presencia entusiasta de un millón de jóvenes en Colonia. ¿Os imagináis que ocurriría, si estos jóvenes allá donde luego estén, fuesen profetas y valientes testigos de Jesús?

Lo que importa, y sobre todo en estos tiempos tan decisivos para la iglesia, es que existan personas dispuestas a transmitir, una y otra vez, el estilo de Jesús de Nazaret. Uno de los grandes inconvenientes de muchos cristianos, es que piensan que la dedicación a la iglesia ha de ser eventual, puntual y no constante. Cuando uno mira a la duración del esfuerzo que realiza, no vive con intensidad su dedicación. Cuando uno se siente comprometido con la causa de Jesús, con su iglesia, con su parroquia, lejos de matar el tiempo, contabilizar o llevar cuenta los momentos invertidos lo llena de buena disposición y los asume como propia realización. Como don y tarea de Dios.

3.- Resulta llamativo cómo 2000 jóvenes, y como consecuencia del encuentro de JMJ, dijeron estar dispuestos a “ir” a la viña del Señor. También nosotros, en cada eucaristía, tendríamos que sentir ese impulso que nos invita a trabajar por el reino de Dios allá donde nos encontramos. No podemos ni debemos dejar pasar la ocasión para dar testimonio de nuestra fe. En el entorno donde nos movemos, es donde hemos de aprender a santificarnos y a santificar lo que nos rodea. Allá donde Dios nos ha hecho nacer es donde hemos de caer en la cuenta de que somos planta del Señor, fruto del Espíritu, trabajo que nos edifica.

Uno de los problemas que tenemos actualmente en la iglesia es lo que la parábola de los viñadores nos narra. Estamos tan excesivamente centrados en aquello que otros hacen que olvidamos de llevar adelante con entusiasmo lo que nosotros llevamos entre manos.

4.- Comienza el nuevo curso pastoral. Esto nos exige a todos, incluidos los animadores de la pastoral, a revisar aquello que obstaculizó el crecimiento de la viña del Señor y replantear si nuestra dedicación (medios, tiempo, dinámicas, etc.,) es la adecuada para que, aquello que la Iglesia nos ha confiado, siga dando sus frutos o quede frenada por nuestra falta de responsabilidad. Al fin y al cabo… ¡curso nuevo bríos nuevos!

Javier Leoz