Comentario – 5 de enero

(Jn 1, 43-51)

Este texto, que en realidad comienza en el versículo 35, narra bellamente el primer encuentro de Jesús con sus discípulos, encuentro que trasunta intimidad, alegría, entusiasmo, novedad.

Pero en realidad estos encuentros son una excusa para hablar de Jesús y mostrar quién es él. El único importante en este texto es Jesús, que así como se encontró con sus primeros discípulos, hoy quiere encontrarse con nosotros.

Porque de la boca de los discípulos van surgiendo distintos apelativos que describen la misión del Señor y van engrandeciendo su figura: Primero Juan lo llama “Cordero de Dios” (v. 36), luego lo llaman “Maestro” (v. 38), Andrés dice que es el Mesías (v. 41), Felipe lo presenta como el anunciado por Moisés y los profetas (v. 45), y finalmente Natanael lo confiesa como “Hijo de Dios, rey de Israel” (v. 49).

Podríamos preguntarnos si nosotros lo reconocemos como “Cordero de Dios”, si realmente nos interesa que él nos haya salvado con su propia sangre; podríamos mirar nuestro corazón para reconocer si lo hemos aceptado como Maestro, o si creemos que no tenemos nada que aprender; podríamos plantearnos si verdaderamente lo aceptamos como Mesías, porque advertimos que él es aquel a quien estaba esperando nuestro corazón necesitado; o si reconocemos que todo lo que hemos vivido nos ha estado hablando de él, si creemos de verdad que él no es uno más, sino el Hijo de Dios y el rey soberano de nuestras vidas.

Oración:

“Te doy gracias Señor, porque has querido manifestarte a nosotros, y delicadamente te adaptas a cada uno para mostrarle algo de tu precioso misterio. Te doy gracias por la intimidad que me ofreces, con la cual me haces descubrir tu belleza y tu gloria”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

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